"Terminal world" de Alastair Reynolds




Ante la ausencia de novelas en español de Alastair Reynolds, me veo obligado a seguir leyéndolas en inglés. Tampoco hay novedades editoriales de Greg Egan y, al menos de momento, no le leo, pero es que el autor australiano me da más miedo.

En “Terminal World”, Alastair Reynolds abandona el espacio profundo y las naves espaciales. En esta ocasión, la novela transcurre en un futuro muy lejano, en el que, por motivos que se nos escapan, la Tierra está dividida en zonas en las que las leyes físicas son ligeramente distintas. La mayor parte de la población vive en una ciudad en forma de espiral, en cuyo pináculo viven los post-humanos más evolucionados, los ángeles, que tienen alas que les permiten volar, cuyos cuerpos están repletos de nanomaquinaria, que no funciona en los niveles inferiores, puesto que, cuanto más se acerca uno a la superficie del planeta, menor es el número de tecnologías que funcionan. De este modo, “Neon Heights” tiene un nivel tecnológico similar al de los años cincuenta, en “Steamville” todo funciona a vapor y “Horsetown”.., bueno, ya me entienden. El cruce entre zonas es muy dañino para los seres vivos, puede ser incluso letal y sus efectos sólo pueden paliarse con unos misteriosos medicamentos llamados “antizonales” que nunca se explica como funcionan. Para colmo de males, los límites entre zonas son borrosos y se modifican cada cierto tiempo.

El protagonista de la novela es Quillon, un ángel con formación médica que tomó parte en un experimento para lograr que su especie pudiera vivir en zonas menos tecnológicas. Quillon se separó de los suyos cuando descubrió que el objetivo del experimento era la invasión y ocupación de las zonas inferiores. Al comienzo del libro, lleva ya bastante tiempo viviendo de incógnito en Neon Heights. La tecnología que se lo permite está empezando a fallar y tiene que recurrir constantemente a los antizonales, aparte de esconder sus ojos con gafas de sol y recortarse periódicamente los brotes de sus alas. Cuando descubre que su paradero ha sido descubierto por sus congéneres, sus contactos con el bajo mundo le ponen en contacto con Meroka, una especialista en extracciones para que lo saque de la ciudad, al frío desierto en que parece consistir el resto del mundo.

A partir de aquí, Reynold convierte la novela en una coctelera de todas las referencias que le son gratas, principalmente cinematográficas. George Lucas hizo algo parecido y le salió “La guerra de las galaxias”. Empieza como una historia de espionaje durante la guerra fría, se transforma en un western con elementos “MadMaxianos”. Hay una especie de “quest” en la que un grupo de compañeros protege a un elegido destinado a salvar el mundo y viajes y batallas entre dirigibles. Casi toda la novela tiene un aire a “buddy movie” entre Meroka y Quillon. Meroka habla como si fuera la agresividad hecha, siempre dispuesta a liarse a tiros a la menor ocasión, mientras que Quillon, a pesar de algunas cosas de su pasado que recalca constantemente al comienzo, es un dechado de buena educación y flema británica, que para si quisiera James Bond, que responde a los intentos de asesinato en curso con puyas educadas. Se pasa toda la novela intentando prestar atención médica a cualquiera con el que se cruce, aunque haya intentado matarle minutos antes. Quizá el nombre elegido por Reynolds para sus transhumanos sea una ironía.

Así y todo, Quiron no es mal personaje. No es un héroe mesiánico, ni un sabelotodo que siempre tiene la razón, ni una picadora de carne, ni un antihéroe graciosillo. Es, simplemente, un ser humano decente que siempre intenta hacer lo correcto, dentro de sus limitaciones. Me ha parecido refrescante. Meroka es algo más limitada una “kickass” de manual. Pero no me parece que la química entre los dos personajes funcione del todo, en sus conversaciones, siempre adoptan los mismos papels uno bien intencionado y otra agresiva. Los dos están siempre tocando la misma nota, lo que puede hacerse monótono.

No es el principal problema de la novela.

Voy a matizar tanto la siguiente frase que me veo obligado a gritarla para que quede claro ¡TERMINAL WORLD ME HA GUSTADO! Es una novela muy amena que me ha tenido muy enganchado mientras la leía. Es un libro muy entretenido, con una ambientación interesante. Ahora bien …

Sé lo grandilocuente y pagado de mi mismo que suena lo que voy a decir y, en el fondo, es una mentira, porque escribir una novela requiere un esfuerzo y una tenacidad impresionantes, pero a la hora de valorar y disfrutar una novela, busco libros que yo sería incapaz de escribir No suele ser demasiado difícil, basta con un autor que se documente, o sea ingenioso, o tire de habilidad literaria o profundidad psicológica. No es el caso de "Terminal world", en el que nada es demasiado original. Si lo de las zonas es curioso, pero, si me pongo, yo también soy capaz de plagiar a Vernor Vinge. Y en cuanto a la habilidad literaria ...

No parece que Reynolds termine de aprender bien a sujetar bien los hilos de una trama. O quizás es que no le gusta plegarse a las convenciones narrativas, yo que sé. Actualmente, lo que se estila es que las diferentes subtramas de una historia avancen a similar velocidad para acabar confluyendo y terminando en el gran final. Es lo que yo considero el modo correcto de hacer las cosas. Julio Verne, por ejemplo, no planificaba así sus historias. Sus personajes iban saliendo y metiéndose en problemas. Les ocurría una cosa, luego otra, luego otra y así … Reynolds parece que tire más por el modelo de Verne. Pondré un ejemplo, en determinado momento, nos encontramos con el que parece que va a ser el villano definitivo de la novela. Efectivamente, se comporta como el malo de la película. Comete sus maldades, intriga, traiciona y, cuando su gambito por el poder concluye, todavía queda más de un centenar de páginas por leer.

Eso parece una mala planificación, o una ausencia total de planificación, porque, cuando llega el final …



AVISO DE SPOILERS

No se resuelve la situación general del mundo.

No se descubre como el mundo ha terminado en esta situación.

No se resuelven las situaciones personales de los protagonistas.



En resumen, “Terminal World” termina porque se acaban sus páginas, pero no porque se llegue a ninguna resolución. Miré en la Wikipedia y Alastair Reynolds ha dicho que se planteó incorporar el material de “Terminal World” en una serie mientras la planeaba, pero que la novela está completa y no planea escribir ninguna secuela. Nuestro autor tiene ideas muy peculiares sobre lo que significa “estar completo”. Supongo que los finales y las conclusiones le parecerán cosas muy burguesas, indignas de un artista …

Aparte de eso, al final los personajes empiezan a hacer gala de poderes precognitivos superiores a los de los atreides, especialmente Quillon: se cuentan unos a otros cosas que es imposible que sepan. En un par de ocasiones, Reynolds lo justifica con que Quillon se lo están inventando para intentar tranquilizar a otra persona, pero está claro que el narrador está apoyando implícitamente lo que dice. Es un medio muy burdo de introducir información.

Por último, algunas de las invenciones de Reynolds atraviesan el umbral del tópico para caer en el abismo del ridículo. Los skullboys, una horda de zumbados nómadas y agresivos, que atacan a todo el que se encuentran y que decoran sus carros, aeronaves y armaduras con huesos humanos. Tienen algo de los reavers de Fire Fly, pero parecen sacados directamente de una película de Mad Max. Pero es que los skullboys son tan crueles y agresivos porque están hasta arriba de drogas. De drogas antizonales defectuosas que les proporcionan unos cyborgs, a cambio de cautivos de los que puedan extraer los tejidos cerebrales que necesitan para funcionar.

¿Cómo se les ha quedado el cuerpo?

Cyborgs caníbales hambrientos de cerebros vivos.

¿Son capaces de repetirlo en voz alta sin soltar la carcajada?

Señor Reynolds ¿es que no tiene ningún amigo que le haga de lector beta para que le avise de estas cosas?

Comentarios

  1. Un pequeño detalle que dejo en los comentarios, para evitar spoilers. Reynolds ha confesado que la acción de la novela transcurre en Marte. Eso explica algunas cosas, como la facilidad con la que los personajes salen indemnes de caídas bastante grandes, la altura de niños con pocos años, o las veces en que se habla de las dos mitades de la luna brillando en la noche, o del tiempo anterior a que la luna se partiera en dos. Parece que los auténticos frikis del planeta rojo son capaces de reconocer los paisajes. No es mi caso. Me fastidia mucho que recurriera pistas falsas, en un capítulo habla de “el ojo rojo de Marte alzándose sobre el horizonte”, pero la verdad es que, en el fondo, es bastante irrelevante.

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