"El rito" de Larid Barron
“El rito” es la única novela de Laird Barron publicada en España, a pesar de que, en general, fue muy bien recibida por los aficionados a la literatura fantástica. Cuenta la historia de Don Miller, un geólogo jubilado y octogenario, con dos hijos ya cuarentones. Don padece de nictofobia, tiene grandes lagunas en su memoria y, a veces, le parece advertir inconsistencias en el mundo que le rodea: objetos que desaparecen, puertas cerradas que amanecen abiertas, cosas así. Esto le hace temer que se encuentre en las primeras fases de la demencia senil. Pero también podría ser que ocurra algo mucho más siniestro, algo en lo que estuviera involucrada su esposa Michelle, la madre de sus hijos y compañera de su vida.
Lo que acabo de escribir es una falacia porque imposta una estructura de la que carece esta inconexa novela.
“El rito” empieza, sin previo aviso y sin que tenga, aparentemente, nada que ver con Don, con una versión en clave de terror del cuento del enano saltarín, que, además, queda algo inconclusa.
A continuación, nos encontramos con Don y Michelle viviendo una especie de segunda luna de miel en México. Ella se va a visitar unas ruinas (es antropóloga) y desaparece misteriosamente. Ante la pasividad de las autoridades locales y la universidad, los esfuerzos de Don por encontrarla le llevan a caer en manos de dos mercenarios que están a punto de convertirlo en un sacrificio humano, provocándole su primer trauma y su primera amnesia.
Estas dos piezas están bastante bien. Parece que Laird Barron sabe manejarse en las distancias cortas. Pero las cosas no tardarán en empeorar. A continuación, el autor la emprende con la descripción de la localidad en que vive Don. Si ustedes son lo bastante mayores como para haber tenido que empollar la lección de los límites de España, tendrán una sensación de deja vu. La propiedad de Don Miller limita a este con tal granja, al oeste con la propiedad de tal familia, al norte con las montañas, al sur con esta carretera… Acompañada por la genealogía: el dueño de la granja es fulanito, la familia de fulanito lleva más de seis generaciones en esta tierra, el actual cabeza de familia tiene 3 hijos, le gustan las latas de berberechos en su salsa, lee el Washington Post y su familia lleva cuatro generaciones enemistada con la familia butanito. El cabeza de familia de los butanito desapareció hace tres años, se rumoreaba que encontraba atractivas a las cabras montesas …
Párrafo tras párrafo de tedio. Si alguna vez me he quejado de los “infodumps” como mal endémico de las novelas de ciencia ficción, presento mis excusas. En el peor de los casos, en esas novelas, un personaje se pone a contarle a otro cosas que, evidentemente, ya saben los dos, para presentar la información de un modo más ameno al lector, pero hasta eso es demasiado sutil para Laird Barron. Página tras página de información gratuita e inútil, que no aporta nada útil al libro, salvo aumentar el grosor del lomo. Creo que al final aparece uno de los personajes que se mencionan en esta parte (y del que luego no se vuelve a decir nada) pero sólo lo supongo, debido a que Don le trata como si supiera quien es, pero yo no tuve fuerzas para volver atrás las páginas y buscarlo. Y por en medio se menciona a otra mujer de esta introducción, pero ésta sí que no pinta absolutamente nada.
Este exceso de información irrelevante se propaga durante la mayor parte del libro: Don va al cementerio a poner flores en la tumba de su abuelo y te cuenta la historia de su relación con su abuelo y la mitad de la vida de éste. Pero fuera de un par de menciones de que el abuelo sabía más de lo que parecía, el abuelo tampoco pinta nada en el libro. El hijo de Don cuenta una historia sobre que una vez vio una bruja, o un fantasma. Pero antes de llegar a la aparición, te cuenta con pelos y señales la historia de un amigo suyo al que su padre le pegaba. Uno pensará que el amigo tendrá algo que ver al final con la historia que está contando, pero que va …
“El rito” no es una novela muy larga, pero se me ha hecho muy larga.
Don, por otra parte, ni es muy carismático ni inspira simpatía, no hay una ligazón sentimental fuerte entre lector y personaje que haga que el primero se preocupe por el segundo. Y como, salvo un par de interludios, el libro transcurre íntegramente desde su punto de vista, parece rematadamente idiota, puesto que se da cuenta de todos los detalles inquietantes (si él no lo hiciera, tampoco lo haría el lector), pero, a pesar de su acumulación, nunca les da importancia. Además, aunque nunca se de cuenta de nada, o se esfuerce por no hacerlo, se pasa la vida asustado y a la que salta, como en esas películas malas de miedo, en la que de te dan tres sustos falsos, antes de entrar en vereda.
Como siempre en las novelas de terror, las cosas se animan al final, donde se retoma la conexión con Rumpelstiltskin y todo encaja más o menos, pero no me ha acabado de convencer. Las entidades preternaturales resultan mucho más aterradoras cuando son incomprensibles e ignotas y, en esta novela, parecen una villano de James Bond explicando sus planes y eso quita mucho efecto a sus fúnebres propósitos, que son rematadamente horribles, no bromeemos con el asesinato de bebes.
En fin, no sé que tal estarán los relatos de Laird Barron, que son los que le han dado la fama, pero para mí está es una novela mal construida, que ha supuesto una tremenda decepción.

Si he estado bastante tiempo ausente, es que se han concatenado una par de lecturas extensas que no me he decidido a reseñar. Por un lado, estuve leyendo “Las crónicas Nemedias”, el magno proyecto de recopilación y traudcción de las aventuras originales de Conan de Cimeria, emprendido por Rodolfo Martinez. El problema es que no lo he terminado, decidí descansar antes de leer “La hora del dragón”, la única novela que llegó a escribir Robert E. Howard con el personaje, aunque eso sea discutible.
ResponderEliminarPor otro, decidí adentrarme en el universo de Unicorp, de Eduardo Gallego y Guillem Sánchez, a lo bestía y por orden cronólogico .. y dicha tarea resultó excesiva para hacerse de una sola sentada. A la hora de hacer una reseña, sin embargo, entre relatos y novelas cortas, cada pieza, por separado se me antojó demasiado breve y el total demasiado difuso para hacer una reseña genérica.