"GNP" de Eduardo Vaquerizo
GNP: siglas de gel neural protésico, una nueva tecnología imaginada por Eduardo Vaquerizo en esta novela. Si lo he entendido bien, son una especie de neuronas sintéticas conectadas a una base de datos encriptada de mapas neuronales, de modo que pueden reconstruir cerebros dañados o enfermos para ajustarlos a la media de sus datos.
Se trata de una de esas novelas basadas en el desarrollo de una premisa, en este caso, como transformaría el mundo la aparición del GNP. Vaquerizo narra esta transformación a través de breves instantáneas de la vida de un amplio grupo de personajes implantados con GNP por diversos motivos: un niño con síndrome de Down, una enferma de depresión crónica (creo), un veterano de guerra con lesiones cerebrales, un psicopata, a los que hay que añadir al investigador principal del proyecto GNP, Peter Milton. No elude ninguno de los dilemas que el GNP podría plantear, Peter está siempre cuidando de que la base de datos de modelos neuronales no se use para generar modelos predictivos de como se toman las decisiones, que puedan usarse en la publicidad y la política. Se explora en qué casos es lícito utilizar el GNP, hasta qué punto las personas implantadas siguen siendo las mismas personas que eran antes de su implantación y cuanto las ha transformado. Como la subordinación a una media puede podar tanto aspectos negativos como positivos o, simplemente, no ser una panacea que permita afrontar una vida normal, la disyuntiva entre libertad y tranquilidad, la creación de nuevas minorías y, cuando su uso empieza a parecer que provoca mejoras inesperadas, la difusión de las ventajas tecnológicas y los extremos a los que se algunos podrían llegar para obtenerlas, o proporcionárselas a los suyos, para terminar con un final terriblemente inquietante y desolador.
Todo ello envuelto en el buen hacer literario del que viene haciendo gala su autor. Hay diálogos excelentes, magníficas descripciones y una gran concisión, aunque alguna explicación se me hizo un poco repetitiva.
Teniendo mucho de bueno y siendo lo bueno muy bueno, me quedo con la sensación de que Eduardo Vaquerizo no le ha sacado a su idea todo el provecho que podría. Para empezar, desde mi punto de vista, resulta absurdo tener a tantos personajes, que además, no se relacionan entre sí, si no tienes preparado un arco para cada uno de ellos. Su presencia debería obedecer a una función y cada uno debería tener un desenlace, no necesariamente feliz, pero si significativo. En cambio, la mayoría se acaban desvaneciendo sin haber aportado casi nada. Los capítulos del veterano de guerra, para lo que aportan, podrían haberse eliminado. Aunque su trama empezaba a hacerse muy pulpera, justo cuando empezaba a ponerse interesante, el niño se esfuma, igual que le ocurre al resto de personajes, quedándonos sólo con Peter Milton, que por su categoría profesional tiene una posición privilegiada que le permite ser testigo de excepción del aterrador desenlace.

2026-06-17
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