"Nucleogénesis Déuteros" de Víctor Conde
Este libro se compone de dos novelas de unas cien páginas cada una, completamente independientes entre si. Las dos novelas tienen sus puntos fuertes y sus flaquezas, que curiosamente se complementan, lo que explica su publicación conjunta.
La primera de ellas “Nucleogénesis” consiste, casi íntegramente, en la descripción del ecosistema que Victor Conde imagina en el interior de una enana roja. Si en “Huevo de dragón” Robert L Forward se limitaba a narrar la historia de la única especie inteligente de su estrella, prácticamente sin describir su entorno, en “Nucleogénesis” Víctor Conde coge el toro por los cuernos y plantea un complejo tapiz de relaciones entre especies: fotóvoros, magnetóvoros, metalóvoros, datavoros … todos ellos poseedores de cierto grado de inteligencia o, al menos, capaces de comunicarse entre sí.
Las ideas tratadas son portentosas en alcance y escala, tanto en lo que se refiere a esta ecología imaginaria como a las comunicaciones (la onda-Simp, con sus indeterminaciones y la onda-Comp que elimina de la memoria del emisor la información transmitida) o las transformaciones que el ambiente provoca en los cuerpos de sus personajes y sus mentes, la cosmología de la información .. Podría escribir un centenar de líneas enumerando los conceptos que pueblan la novela, cada uno más increíble que el anterior. Su “sentido de maravilla” es infinito. Pero ello rebela su principal problema: que no tiene apenas argumento. En comparación con los escenarios que atraviesa, la peripecia del pequeño magnetóvoro Uxe en post del conocimiento carece de interés. “Nucleogénesis” es más un atlas de lugares y criaturas imaginarias que una novela. Dependiendo de las preferencias del lector, la sensación predominante que provocará su lectura será el arrobo o la irritación. En su favor, cuenta su brevedad, que evita que se haga demasiado cansina. En su contra, la prosa de Victor Conde no facilita precisamente la comprensión de lo que describe: sería fácil pensar que intenta colarnos milongas sin sentido, amparándose en el exceso de tecnojerga. Después de haberle escuchado en varias entrevistas, no creo que sea el caso, pero, por más atractivas que sean sus ideas, a veces parece esforzarse conscientemente en que sean incomprensibles.
Por el contrario “Déuteros” transcurre en un futuro más o menos cercano, en la Luna y es una lectura mucho más accesible. También una historia típica y tópica: se centra en la crisis que sufre una base lunar cuando a sus ocupantes les da por perforar a demasiada profundidad en nuestro satélite. Sus puntos fuertes son una ambientación que trata de ser lo más realista posible y unos personajes, sobre todo el principal, completamente falibles y humanos. También hay un vislumbre de otro “ecosistema” imposible, poblado por unas alucinantes “formas de vida” muy atípicas. Culmina con uno de los rescates más improbables que ha dado la ciencia ficción, que se ganará el corazón de los lectores viejunos, entre los que me incluyo.

Debo reconocer que las últimas páginas de "Déuteros" me han dejado a cuadros. No por ninguna revelación portentosa, si no porque contiene no una, si no dos referencias culturales que he sido incapaz de pillar, una canción de surfistas y un videojuego de Sinclair.
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