"Ningun viajero vuelve" de Juan Miguel Aguilera

 




Luis Cortes un pintor y dibujante de sesenta años, enfermo de cáncer, viaja a Suiza con la intención de recurrir al suicidio asistido. Allí, es reclutado para participar en un experimento que pueda revelar lo que existe, después de la muerte. Esta es la información que aparece en la contraportada de "Ningún viajero vuelve" y mucho más no se debe decir. La novela es básicamente la narración del experimento y de sus consecuencias, para los supervivientes del mismo y, en menor medida, para el resto del mundo.

Por supuesto se tratan temas como la permanencia de la consciencia tras el deceso y la existencia material del alma, aunque los personajes científicos rechinan los dientes cada vez que escuchan la palabra "alma". La justificación de todo se encuentra en la mecánica cuántica: parece ser que la información cuántica no puede ser destruida, no se entra en excesivo detalle y no lo he entendido demasiado.

El tema es abrumador y parece imposible tratarlo en toda su complejidad. Una especulación plausible sólo sería posible si el autor fuera una especie de iluminado que quiere fundar una secta y, entonces, sólo sería plausible para él. Afortunadamente, no es el caso. Las otras opciones posibles son centrarse en el aspecto emocional de la situación (algo de eso hay) o usarlo como punto de partida irrelevante para una historia aventurera (si Luis hubiera despertado en otro mundo, en el cuerpo de un tío cachas con una espada y se hubiera dedicado a decapitar Tyrannosaurus)

Juan Miguel Aguilera empieza recurriendo a las armas del thriller científico relacionando a Luis con personajes misteriosos y dosificando con cuidado la información sobre ellos y él experimento en el que va a participar, para crear intriga. La dilación irrita un poco: "Si ya se que le prometí explicarle todo, pero mejor se lo explico mañana por la mañana", pero muy poco, no llega a los extremos que acabaron matando el interés de tantas series de televisión. Por el contrario, el relato fluye envidiablemente bien durante más de la mitad de la novela y es de agradecer que los personajes están bien delineados, actuando de modo coherente a unas motivaciones bien definidas. Quizá están demasiado abiertos a hablar de su situación con personas que acaba de conocer, aunque sospecho que eso puede ser común entre personas a punto de morir y, desde luego, hablan con demasiada exactitud y eficacia de sus sentimientos, pero bueno, ese es un mal común de series televisión, comics, película, novelas y, en fin, de la ficción en general. Si tuviéramos que aguantar a personajes que hablaran con la torpeza con la que las personas reales hablamos de nuestros sentimientos, probablemente no los aguantaríamos.

Sin llegar a padecer de "paginitis" menudean los detalles innecesarios, por ejemplo, sobre el mobiliario de las habitaciones de hotel o, cuando la acción se traslada a Australia, sobre los hábitos y relaciones entre personajes que, mayormente, no tienen ningún papel importante. Por otro lado, no se puede negar que estos detalles contribuyen a dar mayor verosimilitud a lo relatado. También hay un flashback de la juventud de Luis, que, en el desenlace, demostrará tener su importancia, pero que me parece de una longitud desmesurada, para la cantidad de información que proporciona. En realidad se podría haber eliminado, ya que la información relevante se desvela en la conversiones con el personaje de Sophie. Finalmente, uno de los "personajes misteriosos" ejerce de Mcguffin durante media novela, para luego desaparecer por completo, sin que sus actos hayan tenido "tantas" consecuencias, (lo que provoca podría haber ocurrido sin su intervención) y la explicación de su misterio resulta un poco desconcertante.

Pero lo que, de verdad resulta muy desconcertante es que, de repente, la novela cambia de género, o al menos de subgénero y de thriller tecnológico pasa a ser una historia de exploración de otros mundos. Tal cual. Sin ser la mejor que he leído, Juan Miguel Aguilera demuestra tener buena mano para pintar paisajes alienígenas, ya sea con palabras o literalmente. El mundo que se explora tiene su interés: se describen paisajes fascinante y tecnologías intrigantes, podría haber dado para una novela independiente. Pero, aparte de que pueda dejar a cuadros a algunos lectores, tampoco veo que se le saca todo el partido que debiera. Se presentan nuevos personajes y sus relaciones entre ellos, que luego no vuelven a aparecer. De este modo, al final todo queda pendiente de la revelación final ... que sinceramente, no es para tanto. Incluso me ha recordado a una película, aunque hay era mucho más new age.

Y bueno, esa es la impresión general que me ha producido esta extensa y amena novela. Todo está bien hilado y bien trabajado, desde los personajes a los escenarios, pero no hay nada excesivamente original ni emocionante. Es buena ciencia ficción, pero no ciencia ficción brillante; literatura amena, pero no apasionante.




Comentarios

  1. Me está dando la impresión de que el regreso a la escritura de Juan Miguel Aguilera está pasando un poco desapercibido y me parece injusto, puesto que, quieras que no, se trata de uno de los autores que más importantes han sido para la literatura fantástica en español. Espero que no sea porque se esté producciendo dentro de la editorial "Reino de Cordelia", que parece ajena al fandom. Aunque igual es cosa mía y no me entero de nada porque no uso las redes sociales.

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