“La maldición de los Dain” por Dashiell Hammett


 
El libro empieza cuando el detective protagonista, el agente de la Continental, entra en una casa de la que han sido sustraídos unos diamantes … y a partir de ahí se lía la gorda. Cada vez mas y mas personajes, cada uno jugando a varias bandas, guardando secretos sobre secretos y mostrando tantas caras que es imposible saber cual es la verdadera, mientras se satura la capacidad de almacenamiento de los cementerios y se acumulan los giros inesperados y las revelaciones, de un modo casi incoherente y recalco lo de “casi”, porque al final todo parece tener sentido. Y debería recalcar lo de “parece”.

Quizá, como he leído sobre “Cosecha roja” también protagonizada por el agente de la Continental, se trate de un fix-up de varios cuentos, que quien sabe si serían publicados antes de las obras más famosas de Hammett, pues “La maldición de los Dain” está estructurada en 3 partes y las dos primeras terminan de la misma forma, con el detective discutiendo los pormenores del caso que aparentemente acaba de resolver con un amigo y explicando sus dudas sobre si realmente lo ha hecho. Y la verdad, hasta la tercera parte parecen casi reflexiones filosóficas sobre la imposibilidad de conocer la verdad de la realidad.

Diría que este libro es un entretenimiento de primero orden, excepto por lo difícil de seguir que puede llegar a ser. Ocurren tantas cosas, hay tantos personajes y se comportan de un modo aparentemente tan contradictoria, que no es lo ideal para leer un rato antes de dormir. A ello contribuye que muchos personajes se presenten con apenas una frase o una breve descripción, para luego volver a aparecer 20 o 30 páginas después y que el narrador se comporte como si los conociera de toda la vida, llamándoles por su nombre de pila en vez de por su apellido o cargo.

El estilo, transparente y nunca lo suficientemente valorado de Hammett, brilla en los diálogos y en los silencios del protagonista, un sabueso implacable al que sólo le importa cumplir con su trabajo, que a menudo desprecia a sus interlocutores, a los que escupe con indiferencia las verdades más despiadadas.

De pocos autores se puede decir que han creado un género con sus propias manos. Dashiell Hammett es el indiscutido creador de la serie negra. La novela presenta algunos aspectos que presagian el futuro del género, como son: el indiferente realismo con que describe las condiciones de vida de los mexicanos, la poca favorecedora imagen que muestra de las fuerzas del orden de una pequeña población, la descripción del síndrome de abstinencia de un drogadicto en rehabilitación, que seguro que en su día fue estremecedora, pero leída hoy parece quedarse corta.

A pesar de ello, no debemos no debemos olvidar que, cuando la escribió, la novela negra estaba todavía en pañales y que nació como una evolución del relato de misterio tradicional. Pues bien, eso es lo que parece “La maldición de los Dain”, un relato que podría haber salido de las mentes de Agatha Christie o Conan Doyle, una de esas historias en las que el detective se enfrenta a un supuesto misterio sobrenatural, en esta ocasión una maldición que multiplica las muertes alrededor de las mujeres de una familia, y descubre la impostura que se oculta tras el aparente maleficio. Una impostura, en verdad complicada, cuyo esclarecimiento llena de explicaciones muy poco sutiles todo el capítulo final, que hay que leer con bastante atención y que, a pesar de todo, tiene sentido y encaja bastante bien con lo que sabemos de cada personaje. El libro tiene casi hasta un hálito pulp, el segundo acto transcurre íntegramente en una misma casa, sede de una especie de secta, casi por completo en una sola noche, en medio de pasillos a oscuras y escaleras, con flores narcotizantes, cadáveres que aparecen y desaparecen ¡Y hasta un intento de sacrificio humano!

Hay varios detalles más que recuerdan estas obras, más ingenuas, como son las largas cartas de confesión, que dejan los moribundos antes de fallecer y el folletinesco pasado de un personaje, con condena en la isla del Diablo incluido

Y en medio de ese misterio clásico, Hammet lanza al agente de la Continental, el detective sin nombre, abuelo de todos los pistoleros sin nombre, que en el cine han sido, que irrumpe como un rinoceronte en una cacharrería contra las convenciones de un género que empezaba a acartonarse, para revelar las miserias mucho más mundanas que se esconden detrás de los criminales y agentes de la ley.

Para mi gusto, es ese contraste, entre argumento y protagonista, entre la forma y el contenido, lo que aporta su encanto a “La maldición de los Dain”. En ausencia de “El hombre delgado” diría que “La maldición de los Dain” es la más floja de las novelas de Hammet que he leído, pero también la más divertida.

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