"Los habitantes del espejismo" de Abraham Merritt
Otra novela de Merritt de la temática de los “mundos perdidos”. Es una novela, en general, entretenida y eficaz. Tiene un nivel medio bastante por encima de lo que Merritt acostumbraba, por el contrario, quizás sus mejores partes no estén a la altura de las mejores partes de otras obras del mismo autor, más desiguales. Empieza con una rememoración: dos amigos, de acampada por las rocosas, oyen extraños ruidos en la noche, como de fraguas y martilleos, lo que activa los recuerdos del protagonista, Leif Langdon, que comparte con su compañero sus experiencias en Mongolia, como parte de una expedición arqueológica. Esta parte, sin tener nada sorprendente, me ha gustado mucho, por lo bien que dosifica la información y como va incrementando poco a poco la tensión, desde el encuentro con unos misteriosos habitantes del desierto de Gobi, hasta el hallazgo de una civilización perdida y la contemplación del inevitable sacrificio humano, que ha dejado marcado a Langdon para siempre.
Como veremos más adelante, quizá lo más interesantes es la parte de “memoria ancestral” de la novela. En Mongolia, Langdon fue reconocido como la reencarnación de Dwayanu , su remoto antepasado, cuyo regreso es añorado por los restos de su pueblo. Pero como veremos, Dwayanu dista mucho de ser un héroe y Langdon ha sido tocado por el mal en el desierto de Gobi. Dicho contacto no puede ser olvidado.
Poco después, la pareja de excursionistas encuentra un valle, al que un más que improbable espejismo permanente mantiene aislado del mundo, en el que encontrarán dos civilizaciones enfrentadas: un pueblo de pigmeos y un pueblo de descendientes de vikingos dominados por mujeres guerreras que adoran al dios pulpo al que Langdon encontró en Gobi. Si ya han leído algunas novelas de este estilo, se imaginarán lo que van a encontrar: el protagonista liga y se convierte en el caudillo militar que transformará este mundo perdido. Merritt escribía para conversos, que esperaban y deseaban la aparición de estos tópicos.
El detalle más original es que Dwayanu permanece agazapado en la mente de Langdon, haciendo oscilar al personaje entre el héroe y el villano. Y el villano parece una persona más decidida, con más capacidad de reacción y que disfruta mucho más de la vida. En efecto, los capítulos en los que Dwayanu se apodera de la acción son muy superiores a los que narran las costumbres y la vida cotidiana de los pigmeos, bastante aburridos. Para que luego hablen de la mediocridad del mal.
Merritt está más comedido que en otras obras suyas, para bien y para mal. En la parte positiva, no he detectado el habitual abuso de puntos suspensivos y signos de admiración, que tan irritante llegó a volverse en “La nave de Ishtar”. En lo negativo, en esta obra no se deja llevar tanto por su imaginación. Donde “La nave de Ishtar” era pura alucinación, en “Los habitantes del espejismo” hay puro cálculo. Su creatividad está más sujeta por la historia que quiere contar, pero ello le resta parte de su encanto, puesto que Merritt carece tanto de la épica y el sobresalto de Howard, como del romanticismo de Haggart, a quien intenta emular.
Se trata de una novela popular y muy antigua. Es inevitable que esté llena de convencionalismos y actitudes que han envejecido muy mal, pero no creo que sea algo que pille desprevenido a nadie que se embarque en su lectura, que encontrará en ella un entretenimiento más que correcto.

25-03-2026
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