"La tierra larga" de Stephen Baxter y Terry Pratchett


Cuando por primera vez ví un ejemplar de esta saga, pensé que debía ser un extraño truco publicitario, porque no me entraba en la cabeza que dos autores tan distintos pudieran trabajar juntos. Principalmente famoso por su saga de “Mundo disco”, Terry Pratchett escribía fantasía humorística y algún que otro libro para niños y Stephen Baxter da la impresión de carecer por completo de sentido del humor. Escribe ciencia ficción dura, a menudo más interesado en desarrollar minuciosamente una especulación que en contar una historia. Mientras que uno consigue hacer a sus personajes simpáticos y entrañables, al otro como que le preocupan poco sus personajes, salvo cuando los putea, llevado por cierta tendencia al melodrama barato. Y mientras que uno ve a la especie humana con cierta benevolencia, el otro es de lo más cenizo y pesimista.

De su colaboración surge una primera novela que decepcionará por igual a los fans de ambos autores (si es que Baxter tiene otros aficionados que le lean en español, aparte de mí, que no he perdido la esperanza de que sus obras inéditas en mi lengua natal estén mejor, sobre todo la saga Xeelee)

La premisa es que, desde tiempos inmemoriales, han existido personas capaces de viajar a universos paralelos. Dichos universos parecen abarcar todas las posibilidades de cómo podría ser la Tierra, si no existiera la especie humana. Un inventor chiflado diseña unos artefactos, fabricados manualmente, que permiten viajar a estos universos y cuelga los planos de los aparatos en internet. Como consecuencia, se produce un éxodo masivo a estas tierras alternativas, nuestro mundo original queda despoblado y la economía se tambalea por la devaluación de las materias primas. La parte principal de la novela consiste en un largo viaje a través de estos mundos alternativos “La tierra larga” del título.

Los admiradores de Pratchett no encontrarán mucho con lo que disfrutar en esta novela. Hay un par de personajes secundarios curiosos, una IA que afirma ser un mecánico nepalí que se ha reencarnado en un ordenador y una monja motera. Y la fuente de energía de las cruzadoras es una patata, lo que tiene la inmensa ventaja de que, si pasas estrecheces, puedes comértela. También hay una curiosa historia sobre un soldado de la primera guerra mundial, que vivió la mayor parte de su vida integrado en una tribu de salta mundos no humanos, convencido de que se trataba de rusos.

Baxter tampoco está muy lucido. Si en otras novelas, como su colaboración con Clarke “Luz de otros días” se dedica a desarrollar lógicamente una premisa hasta sus últimas consecuencias, aquí creo que erró el tiro. Tomando como referencia la colonización de América, asume que, si fuera posible viajar a otros mundos, habría una migración masiva, especialmente de esos jóvenes sin futuro abocados a la cola del paro. El problema es que los mundos a los que se viaja están despoblados y no se puede transportar a ellos hierro o acero. Vivimos en la época de la despoblación agraria, los pueblos se vacían, nadie quiere vivir en el campo. Esos universos que parecen consistir en bosques enormes están muy bien para un picnic o para pasar un fin de semana pero ¿Cuántos de nosotros querrían realmente irse a vivir a un mundo sin médicos, colegios, supermercados ni Internet? No dudo que hubiera gente que lo haría y que su número aumentaría a medida que los primeros empezaran a construir unas instalaciones decentes, pero no creo que fuera el fenómeno casi apocalíptico que representa la novela. Aún más, diría que históricamente, el aliciente principal de los colonos ha sido la adquisición de tierras, pues la posesión de terrenos siempre ha sido una fuente de prestigio y seguridad económica, pero cuando el número de tierras disponibles se vuelve infinito, es evidente que su valor de devaluaría, como lo hace en las novelas el de las materias primas.

Estas cuestiones son interesantes para un debate, pero ni quitan ni suman sobre el valor de la novela. Su principal problema es que carece de un timón firme. Tarda mucho en encontrar una dirección clara (un viaje de exploración a través del multiverso) Da la sensación de que los autores habían escrito varios minirelatos ambientados en el mismo escenario y decidieron incluirlos todos, aunque no peguen ni con cola. Son cortos y no son aburridos, pero interrumpen la historia y no aportan nada. Es como si un personaje dijera: “ha habido avistamientos de ovnis!. Entonces, el narrador te presenta a varios adolescentes que quedan un sábado por la noche y mientras miran al cielo ven una luz rara. Y ya está. Hay varios momentos así. También está el diario de un niña que se muda con sus padres a otro mundo. Y ya está. No tiene nada que ver con el resto de la historia, aunque, al menos, a la niña se la encuentren al final. También hay una policía que no hace nada hasta casi el último capítulo. No sé si serán importantes en futuras entregas de la serie, es difícil decirlo, pero como novela individual, en “La tierra larga”, sobran. Todo queda un poco inconexo y deslavazado.

Ojo, no es ni de lejos el peor libro que he leído. Es una lectura agradable. Hay una sana ironía en su estilo, ausente normalmente en las novelas de Baxter y mucho “sense of wonder” y habilidad para concebir sociedades y mundos diferentes, ausente normalmente en las novelas de Pratchett. Además, llegado cierto punto, los autores tienen el acierto de poner en peligro a sus protagonistas cada pocas páginas, de modo que la cosa no resulta aburrida, pero como ya dije antes, toda la novela es un poco inconexa y deslavazada.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

"Los Idus de Enero" de Javier Negrete

“El fin de la muerte” de Cixin Liu

"El bosque oscuro" de Liu Cixin