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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

jueves, 31 de marzo de 2011

"Axiomático" de Greg egan



Segunda experiencia de lectura de Greg Egan. Y por segunda vez la experiencia ha sido tremendamente positiva. La publicidad dice que se trata de la mejor antología de relatos de los últimos 20 años. No puedo estar seguro, no he leído suficientes antologías de relatos, lo que es una pena, pero desde luego, este libro es muy bueno. Me ha devuelto a los tiempos en que era un adolescente que devoraba los cuentos de Asimov y Clarke. Al comienzo de cada relato, no tengo ni idea de cual será el argumento, pero sé que además de imprevisible, será interesante, me hará pensar en temas que habitualmente ignoro o que desconozco, por más que puedan resultar inquietantes, y ampliará mis puntos de vista.



Greg Egan es además lo que se llama un "escritor comprometido", y muy pendiente de la actualidad, para lo que se espera de escritor de ciencia ficción hard. La mayoría de los relatos transcurren en futuros de pasado mañana, escasamente discernibles del presente. Por las páginas de este libro se encuentran alegatos contra la intolerancia ideológica ("Orbitas inestables en el espacio de mentiras", y sobre todo "El virólogo virtuoso", en la que además critica la actitud que mostraron los extremistas religiosos ante la aparición del sida), contra la xenofobia y a favor de los derechos de los inmigrantes ("El foso"), una tremenda desconfianza hacia las compañías farmaceúticas y la sanidad privada ("Hermanas de sangre","Amor apropiado"), o ese conmovedor canto a la responsabilidad individual que es "El diario de cien años luz".



Todo ello junto al terror y la maravilla de "Asesino infinito" y "Hacia la oscuridad", con odiseas solipsistas sobre la naturaleza de la identidad y las relaciones de pareja, "Aprendiendo a ser yo","Cercania". En fin una gran variedad de temas, hábilmente desarrollados. Con alguna excepción, sus personajes suelen estar bien descritos, sus narradores siempre hablan en primera persona, por lo general son personas normales, atrapadas en circunstancias extraordinarias, aunque en ocasiones tengan problemas mentales, y en otro par de ocasiones estén al comienzo del siguiente hito evolutivo. Reseñar un libro de relatos es …… un trabajo de mil demonios. El único modo coherente de lograrlo seria reseñarlos uno a uno, y cada relato es merecedor de una reseña tan extensa como una novela. Esa es la razón, y no algún tipo de vergüenza ajena, por la que nunca he reseñado ninguno de los numerosos libros de Robert E. Howard que leo, y dada la complejidad del presente volumen, la tarea seria extenuante. Así que sintiéndome un poco cretino, diré que en "El paseo" y "Ver" he pillado la premisa, pero no acabo de entender el final y que "La caricia", me ha parecido algo mas flojo a pesar del atractivo paralelismo entre las manipulaciones psicológicas y fisiológicas que una especie de supervillano megalómano somete a sus víctimas y las que sufre desde su infancia el policía protagonista para realizar mejor su labor.



En fin, que hay que leer mas relatos, (ojalá se publiquen mas antologías), y que por lo que llevo leído, Greg Egan es un escritor cojonudo. E inquietante.

lunes, 28 de marzo de 2011

El experimento Terminal



Bueno, aquí estoy de nuevo. Hay que ver lo bueno que es mi trabajo para este blog. En esta ocasión, no se trata solamente de que esta reseña haya sido escrita durante los tiempos muertos del trabajo, sino que el libro entero fue leido durante los mismos.¿Que libro es?, una novela de Robert Sawyer, autor canadiense con el que no me hubiese iniciado de no ser por las circunstancias que han marcado su lectura. Es decir, ¿que tipo de libro leirias mientras tienes que estar pendiente de abandonarlo si se acerca tu jefe o pasan detras tuyo?. Pues uno que tenga algo de interés, sino, no lo tragarias, pero que no te interese demasiado.

Robert Sawyer es un autor ligeramente polémico, debe de vender bien, porque se publican, o publicaban, muchos libros suyos, (al menos hasta la publicación de “StarPlex”, que probablemente causó que la factoría de ideas le condenara al ostracismo). Pero no tanto, porque no se publican fuera del gueto, y la crítica especializada, es decir, los cuatro frikis que cuelgan reseñas en sus blogs suelen ponerle bastante mal.



¿El argumento?, bueno un científico que se dedica a desarrollar escáneres neuronales anda muy jodido porque su mujer se ha acostado con otro. Descubre que existe una onda electromagnética o algo generado en el cerebro que abandona el cuerpo después de su muerte, hace unas simulaciones informáticas de su personalidad, una idéntica (el grupo de control del experimento), otra sin estímulos corporales (todavía me pregunto como podría tenerlos una simulación informática) para estudiar como podría ser la otra vida, y la otra sin ninguna de las características del declive físico. En seguida se escapan por Internet y una se las apaña para contratar a un asesino, para que mate al ex amante de la mujer.



Con esto ya he contado el 60 o el 70 por ciento de la novela, que, hay que agradecerlo, es bastante breve. Contiene algunas ideas interesantes, al estilo de la tradición de grandes historias de ciencia ficción que nos cuentan como un descubrimiento o un invento transforman nuestro mundo, podría haber sido la crónica de la transformación social e ideológica que provoca la demostración de la existencia de la vida después de la muerte. Pero ese aspecto es completamente desaprovechado, limitándose a incluir de vez en cuando algún noticiario con entradas irónicas, pero menos descabelladas que las que se pueden encontrar buceando por la red. Sawyer controla los aspectos científicos y además se explica muy bien, lo que le hace fácil de entender. Las partes de la novela en la que los personajes especulan sobre la composición de la personalidad, los factores que la alteran, la inteligencia artificial y ese tipo de cosas son amenas y agradables. Pero son una parte pequeña de la narración.



La historia de terror que parece prometer la contraportada y que nos pasan por delante de las narices en el prologo para hacer las funciones de zanahoria que incite a la lectura, supone como mucho el treinta o siendo generosos el cuarenta por ciento de la novela. Es previsible, esta narrada con torpeza, y no tiene auténtico suspense o emoción. ¿Qué nos queda entonces? Pues la historia del protagonista y su mujer. En ella Sawyer demuestra la atención y el estudio que ha dedicado a sus venerados maestros: los esforzados guionistas de esas películas para televisión que suelen poner en la tele a la hora de la siesta. Los diálogos, las escenas presuntamente emotivas son de juzgado de guardia, acumula tópico tras tópico, a cual mas sonrojante. Casi se pueden predecir las palabras que van a usar en los diálogos, en algunos momentos parece una parodia de los culebrones de estados unidos.



La verdad es cuando en un artículo de opinión me encuentro que alguien suelta una de esas perogrulladas del estilo “para mí lo primero son los personajes, si estos no están bien construidos lo demás ya no importa”, me carcajeo, pensando algo ruin, como, "aquí no hay un gafapasta, hay, o un mentiroso, o alguien que no sabe disfrutar de la lectura", existen cientos, que digo miles, de novelas policiacas, de aventuras de terror, prácticamente todas las de fantasía heroica, y si, de ciencia ficción, en las que los personajes no valen mucho, pero que son plenamente disfrutables. Soy capaz de perdonar mucho, literariamente hablando, cuando me entretienen. Pero Sawyer no lo ha hecho, incumple el sagrado mandamiento de "no aburrirás", ha escrito una narración basada en los sentimientos y las relaciones de sus protagonistas, lo que muchos creen que es de por sí algo bueno, pero lo ha hecho rematadamente mal, sin emoción, ni sentimiento, ni credibilidad, no pierdan el tiempo con ella. Bueno, pueden ojear las partes en que habla de redes neuronales.

martes, 1 de marzo de 2011

Una luz en la noche, de Daniel Mares


Encontrarse un libro de Daniel Mares siempre es una grata sorpresa. Por dos razones: al menos de momento, es mas escritor de relatos que de novelas y además, según indica la introducción de León Arsenal, no pretende llegar a ganarse nunca la vida con eto de scribir, es mas que nada una aficción.

Cuando este libro salió, lo rehuí como la peste, pues me daba miedo engancharme a otro autor español, y tener que pasar el resto de mis días rebuscando sus escritos y añadiendo sus tomos a la curiosa escultura en forma de torreón que estoy erigiendo en mi habitación, y que cualquier día aparecerá en el piso del vecino de abajo.

Nueve años después, mis peores temores se han cumplido, y no había modo de localizar esta obra.

Demos gracias a los chicos de Cyberdark y continuemos.

Cuando pienso en Daniel Mares me viene a la mente aquel comentario de Ballard sobre que Ian Watson era el único escritor británico con ideas. Por supuesto es un comentario excesivamente restrictivo, aunque me guste lo que intenta decir, denominar a la ciencia ficción “literatura de ideas”, me parece tan mal como llamar “fantasía” a los pastiches Tolkenianos, pero esa es una historia que deberá ser contada en otra ocasión, preferiblemente en otro post.

Divago. Todo esto que no viene a cuento lo decía porque en todos los cuentos de Daniel Mares hay alguna idea más o menos original, en ocasiones brillante, otras simplemente curiosa. A ello hay que añadir su predilección por los antihéroes. Siempre huye de los personajes esquemáticos completamente buenos o completamente malos. En ocasiones más logrados o más complejos que en otras, sus personajes siempre están cuajados de defectos, pero no necesariamente exentos de virtudes. Este doble volumen no es una excepción a estas normas.

El primero de ellos y que da título a la obra es una historia de “primer contacto”. Una expedición científica a una peculiar y remota estrella descubre que esta tiene un planeta, y que además está habitado. Resulta que Daniel Mares es astrofísico, cosa que jamás habría adivinado a juzgar por su obra, pues nunca he visto que prestara una atención particular a los aspectos científicos. En este caso hace una excepción, y estos están sorprendentemente trabajados.

De todos modos lo que más llama la atención es la elección de su protagonista. Un peculiar programa de rehabilitación hace que criminales convictos sean enrolados a la fuerza en misiones de exploración al espacio profundo, a pesar de que no tengan conocimientos ni entrenamiento adecuado. Aunque la premisa no me parece muy creíble, permite que el punto de vista de estos, en principio maravillosos acontecimientos, resida en un hombre barriobajero, inculto, violento y no demasiado brillante. Tipo de personajes que abundan mucho en la obra de Daniel Mares. En ocasiones el relato es interrumpido por breves exclamaciones de Marcelo, como si estuviera escuchando al narrador e interviniera, recurso brillante que tiene bastante gracia.

Los alienígenas resultan curiosos, aunque las descripciones de su aspecto no se hacen muy claros, ahí resulta importante la aportación del ilustrador Daniel Sangorrín, para ayudar a entender su aspecto. Una trama paralela cuenta la historia desde su punto de vista, articulando un discurso irónico sobre la imposibilidad de comunicación entre especies. Al final, los protagonistas no llegan a resolver los múltiples enigmas que el planeta les plantea, aunque el lector si tendrá un vislumbre de las respuestas.

Aunque los aspectos fantásticos están bien trabajados, lo que más me ha llamado la atención de este relato es el llamémoslo aspecto humano. Daniel Mares consigue que Marelo llegue a hacérsenos simpático, a pesar de tratarse de un asesino múltiple. El aislamiento y el aburrimiento, seguidos de la curiosidad y la sensación de maravilla que vivimos con él, hacen comprensible y conmovedor su deseo de no abandonar el planeta, así como sus fútiles intentos de redención y al final, su arrepentimiento. Los demás personajes, aunque cuidadosamente falibles y mediocres, me han resultado menos logrados, pero también consiguen sus momentos de empatía.

La segunda parte “La vigésima tierra”, por estructura y extensión, es mas bien una novela, con lo que adelantaría a “Madrid”, como primera novela publicada. Existe algo llamado el río, una especie de corriente energética o espacio-temporal de un solo sentido en el que los viajes espaciales son factibles, sin las grandes cantidades de tiempo provocadas por el límite de la velocidad de la luz. La religión predominante es el budismo, que ha dado forma a la sociedad. De manera análoga a los diferentes níveles de perfeccioamiento espiritual que hay que atravesar hasta llegar al nirvana (o eso intuyo, no sé nada de budismo), la humanidad se va depurando a si misma través de sucesivos tránsitos por el rio. Cada nuevo planeta al que llegan se denomina una tierra, y la humanidad se va desplazando a lo largo del rio de una a otra tierra. La acción transcurre en la tierra 19, que es la penúltima hasta ahora.

Centrándose mas en los personajes y su modo de pensar que en las descripciones externas, Daniel Mares crea un mundo fascinante, quizá no lo suficientemente aprovechado, en el que transcurre una historia de intriga, que recuerda a los clásicos de la serie negra tanto como a “Expediente X”, que involucra principalmente a un pequeño funcionario con problemas para las relaciones humanas, Sariputra y a una mujer policia. Sariputra, es un personaje muy logrado, y un gran acierto de la novela, a la que se le hechan en falta mas páginas, y mira que está mal que yo lo diga, pues le tengo alergía a la paja. Creo que esta historia habría neceistado mas espacio para desarrollar adecuadamente las relaciones entre los pesonajes y su evolución. Muchos no tienen tiempo a ser desarrollados, de modo que el narrador tiene que definirlos explícitamente, hay escenas tan breves que no se entiende su función, del tipo “He-venido-a-hablar-de-algo-muy-importante-con-usted.-Bueno,-adios” y situaciones que parecen muy precipitadas. A pesar de ello resulta muy amena y el final bastante devastador.

En fin un volumen imperfecto, como todo en esta vida, pero muy estimulante, que me hace desear que Daniel Mares no abandone la ciencia ficción. Por desgracia, una breve búsqueda por Internet indica que sus proximas novelas, previstas para el 2010 según la wikipedia ¿? y al menos una para abril del 2011, tendrán mas que ver con asesinos en serie que con especulaciones tecnológicas. Así es la vida.