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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

domingo, 21 de junio de 2015

“El día de la estrella negra” de Frederik Pohl



Ya iba siendo hora de que Pohl apareciese por aquí. A fin de cuentas, se trata de uno de mis autores favoritos. A menudo se habla de los tres grandes, refiriéndose a los autores más importantes de la época dorada de la ciencia ficción: Robert A. Henlein, Isaac Asimos y Arthur C. Clarke. A mí, personalmente, me gusta hablar de los cuatro grandes: Isaac Asimos, Arthur C Clarke, Frederik Pohl y Poul Anderson. Con una cultura científica que podía rivalizar con la de sus colegas, Pohl destaca por sus preocupaciones medioambientales y sociales. Las catástrofes ecológicas, el agotamiento de los recursos naturales y la superpoblación eran temas habituales suyos y a su capacidad de sátira no era inmune el sistema capitalista, lo que resulta sorprendente en un autor originario de Estados Unidos.

Su escritura era irónica y escéptica, propia de alguien que conoce bien a la especie humana, pero que, a pesar de ello, no ha perdido la esperanza. A la hora de elegir sus personajes sentía predilección por pobres diablos, tipos no especialmente carismáticos ni heroicos, atrapados, o más bien aplastados, por situaciones que les sobrepasaban.

“El día de la estrella negra”, una novela escrita en 1985 cuando ya contaba con sesenta y seis años, me ha resultado desconcertante. No por el argumento, que se entiende perfectamente: Después de una guerra nuclear entre EE UU y Rusia, ambas naciones quedaron aniquiladas y la China y la India se repartieron el mundo. Los antiguos EE UU fueron colonizados por China, que organizó a los escasos supervivientes, junto con los ciudadanos del país que en el momento de la catástrofe se encontraban en China, siguiendo el patrón de la república popular. Así que tenemos a estadounidenses agrupados en comunidades agrícolas que cultivan arrozales. Durante la primera mitad de la novela se nos describe esta sociedad con detalle, lo que le permite a Pohl poner de vuelta y media a las sociedades comunistas, demostrando que ningún sistema político estaba libre de sus dardos. Y hay que reconocer que lo hace sin demonizar y sin propaganda. La mayoría de las personas que aparecen se comportan de modo mezquino y egoísta… de igual modo que lo hacen en una sociedad capitalista. No sólo dispara contra el comunismo, en una hábil pirueta, se las arregla para darle la vuelta a la sociedad actual y convierte a China en el primer mundo: los turistas chinos son una gran fuente de ingresos y les gusta hacerse fotos junto a los pintorescos campesinos estadounidenses. Es decir, hace que los ciudadanos de EE UU sean tratados exactamente como ellos tratan al tercer mundo.

En esas aparece en el cielo una nave extraterrestre, creada por una especie que entró en contacto con la humana gracias a unos astronautas de EE UU, abandonados tras la catástrofe… y que está decidida a ayudar a sus descendientes a liberar la nación de sus antepasados.

Poco más se puede decir sin destrozar la historia. Sinceramente, ya he dicho demasiado. Es una novela muy agradable de leer. Ocurren cosas lo suficientemente a menudo como para que uno no pueda aburrirse y además, cosas cada vez más gordas. Tanto esos EE UU colonizados por China como el mundo en que conviven humanos y Erks son escenarios muy trabajados, que satisfarán plenamente a ese ramo de los aficionados a la ciencia ficción que buscan sumergirse en mundos extraños y exóticos, descritos con el suficiente detalle para hacerlos cercanos, y Pohl lo hace sin necesitar tres libros.

La estructura del libro es conocida: Los capítulos se componen de capítulos pequeñitos que componen uno grande. Cada capítulo grande esta contado desde el punto de vista de uno de los protagonista y empiezan con su nombre en letras mayúsculas y grandes, aunque, cosa curiosa, el nombre forma parte de una frase.

Los personajes son lo que menos me ha convencido, porque los he encontrado demasiado caricaturescos. Muchascaras parece directamente salido de un episodio de Futurama y no comprendo la inclusión de tal personaje, a menos que sirva para reírse un poco de la propia ciencia ficción, lo que es sano. Pettyman Castor me resultaría muy creíble si fuera un adolescente de trece años. Ya en otras ocasiones Pohl ha utilizado el punto de vista de un adolescente en sus novelas y suele quedarle bastante bien. El problema es que tiene veintidós años y unos estudios autodidactas inmensos. De Feng Miranda no hablo, porque es tan unidimensional que me cuesta considerarla un personaje.

No descarto que este tratamiento de los personajes sea algo intencionado, que se haya hecho aposta para resultar más cómico y ridículo.

Se tratan muchas ideas y temas interesantes. Dice Domingo Santos que es una novela que admite muchas capas de lectura. No seré yo quien lo niegue. A lo ya comentado, hay una clara crítica a la guerra, el militarismo y el revanchismo y a ese defecto tan humano de obsesionarse tanto con las ideas que se defienden que se pierden de vista los medios con los que se hace y las consecuencias que producen. Probablemente haya detectado muchos más, que no me vienen ahora a la cabeza. Tal vez demasiados. Por eso mismo esta novela me ha resultado desconcertante. Al igual que en “El mundo al final del tiempo”, no acabo de entender que era lo que Pohl pretendía exactamente con este libro. ¿Hacer pasar unos ratos entretenidos a sus lectores, obligándoles a pensar además? Si es así, premio, pero si había algo más en sus intenciones, no lo pillo.

Plantea tantas ideas, que no termina de desarrollar en profundidad ninguna de ellas. Parece más un esbozo de las preocupaciones de su autor, que una plasmación de las mismas. Seguramente por eso se la considera una obra menor, un fracaso, quizá, aunque un fracaso interesante, entretenido y agradable de leer.

domingo, 14 de junio de 2015

“Sondela” de Rodolfo Martínez



Un día, a principios del siglo XXI, por algún motivo que se desconoce, la Atlántida "reapareció" en mitad del Atlántico y en los siguientes años el mundo fue cambiando, como si dos concepciones distintas del universo se estuvieran mezclando. En las zonas de influencia atlante, la magia funcionaba, pero cualquier tecnología más compleja que el vapor, no. En las zonas de influencia "terrana" funcionaba la tecnología pero no la magia. ¿Y que pasaba en aquellas zonas sometidas a ambas influencias?

Copiado de la ficha de la Casa del Libro. Que vago me estoy volviendo, y pensar que antiguamente yo sólo leía estas cosas por lo que pudiera sacar en claro del argumento. En fin, la historia, si historia puede llamarse, gira en torno a tres personajes, cuatro si contamos a Campos. Los principales son Quirón, Akademos y Nerea. Los dos primeros son dos pilotos que se estrellaron en la Atlántida mientras probaban un prototipo de avión espía, murieron y resucitaron como atlantes, con todo el conocimiento de sus vidas pasadas, pero separado emocionalmente de sus mentes, como si perteneciera a otra persona, y no tardaron en integrarse en su nueva sociedad. Nerea es la hija del preceptor que les enseñó a vivir en su nuevo mundo y el objeto de los sentimientos amorosos de los dos.

A la hora de enjuiciar la obra, resulta muy interesante leer la entrada que escribió en su sitio el autor, en el momento de terminarla (2005, hay que ver como pasa el tiempo):


Todo empezó con una idea de mi amigo Sergio Iglesias para un escenario de futuro cercano en el que magia y tecnología conviven de forma incómoda en un mundo que está cambiando de un modo imprevisible. Sergio fue lo bastante amable para ofrecer su escenario a quien quisiese usarlo [..]De aquella primera novela corta surgieron nuevas historias y cada relato que escribía me iba dando pistas para el siguiente. Cada nueva pieza de información que aportaba sobre el pasado, las relaciones, los movimientos de mis personajes, me hacían descubrir cuál sería el siguiente paso del camino. De ese modo, en algo menos de mes y medio fui escribiendo una serie de relatos entrelazados (poco más de trescientas páginas en total)”

Es justificable considerar “Sondela” una novela. Se hace algo parecido a contarnos una historia, pero, como el mismo autor reconoce, en realidad es más bien una serie de relatos entrelazados. Como tales, cada uno de ellos tiene cierta independencia de argumento y, sobre todo, de estilo. El punto de vista cambia continuamente, y el estilo del lenguaje cambia con él. Las rememoraciones se mezclan con los recuerdos e incluso con las fantasías de los protagonistas. Eso puede suponer un desafío a algunos lectores, pero no a los experimentados. Todo está lo suficientemente bien realizado para que pueda entenderse sin esfuerzo excesivo. La estructura del libro es atractiva y está implementada con habilidad. ¿Está lo que se cuenta a la altura de esta brillante estructura?

Bueno, es cuestión de opiniones. La mía es que, en realidad, no se cuenta demasiado. El núcleo de la novela es la relación entre Quirón, Akademos y Nerea. Los dos primeros competían por la tercera. Quirón se retiró de la competición y se dedicó a recorrer el mundo fuera de la Atlántida, dejando a los tres privados de una necesaria conclusión, lo que acabará convirtiéndose en una herida abierta en sus vidas, especialmente cuando, al cabo de un tiempo, Nerea deje a Akademos y también se dedique a vagabundear. Esto que acabo de decir, con mejores palabras y expresado mucho mas bellamente, se repite hasta la saciedad a lo largo del libro. Parece que el autor siga la teoría de que profundizar en un personaje consiste en que éste se repita a si mismo las mismas cosas, o que otros se las repitan a él. O que otros personajes se las digan a si mismos, cuando piensan en el primero.

El capítulo dedicado al oráculo de Delfos, “El largo y tortuoso camino”, me ha parecido especialmente irrelevante. Martínez hace un gran trabajo al reflejar del punto de vista de un narrador que está formado por diferentes personalidades en conflictos, pero, por lo demás, no recuerdo que aportara absolutamente nada. En cuanto a las personalidades de este trío, Quirón está siempre envuelto por un aire de perplejidad. Esto también se repite a menudo. Akademos es uno de esos tipos que tanto abundan en las novelas de Rodolfo Martínez, que se nos describen como muy inteligentes, maquinadores y manipuladores supremos, pero cuyos actos nunca están a la altura de lo descrito, aunque Akademos, al menos, es capaz de quitar de en medio algún rival y Nerea…Nerea … Pues, como que no se puede decir mucho de la personalidad de Nerea.

El mundo de la Atlántida, poblado de centauros, faunos y dríades, donde perviven los cultos a los dioses griegos y estos intervienen en la vida de cada día, prácticamente no se nos describe. El mundo terrano tampoco se nos describe demasiado. El mediterráneo fue tomado por la Atlántida y en el resto del globo, la gente se injerta chips en la cabeza. No hay la menor concesión al exotismo. Esto es totalmente intencionado y coherente con el resto de las obras de Rodolfo Martínez. Las historias se pueden disfrutar por completo a pesar de ello, pero no deja de parecerme una pena, porque es un escenario muy fascinante, ese por el que no paseamos.

Esta falta de descripción se aplica también a la acción, que es prácticamente inexistente. Durante la mayor parte del tiempo, en el libro se habla, se recuerda, se reflexiona, se evoca y solo de vez en cuando ocurre algo, e incluso entonces, el autor pasa de puntillas y a toda velocidad sobre los fragmentos que se prestarían mas a la peripecia aventurera, o lo que normalmente se considera emocionante. Si, estoy hablando del capítulo 14, “Nacerán leyendas”. Aunque sería injusto negar lo emocionantes que me resultaron “La vuelta a casa” y “El juicio de tus pares” en donde, por cierto, logra recrear magistralmente el mundo helénico gracias a su uso del lenguaje. Podría decirse que, en este libro, lo que no se ve es más importante que lo que se ve. Aunque sospecho que, en realidad, lo que pasa es que esos fragmentos no le interesan mucho a Rodolfo Martínez, o que no se le dan bien, porque si aparecen en “Las cosas en su sitio” y no logran retener la atención del lector particularmente.

Hay algunas reflexiones muy interesantes sobre los conflictos de culturas y la aparente imposibilidad de conciliar visiones del mundo incompatibles, pero coexistentes y sobre la tolerancia, pero no se profundiza demasiado en ellas. Aunque muy atractiva, me ha parecido una obra en la que la forma se impone sobre el contenido, en la que lo que se cuenta es menos importante que como se cuenta, en la que se dedica más interés en jugar con el lenguaje y con los mecanismos de la narración que en contar una historia.

jueves, 4 de junio de 2015

“Las aventuras de Eric John Stark” de Leigh Brackett



Recuerdo que un día, saliendo de un examen de la Facultad, me pasé por Espasa antes de volver a mi casa y me encontré una enorme cantidad de saldos de Miraguano. Aunque me habían llamado la atención, no me había comprado ninguno porque me parecía que la relación número de paginas / precio era desproporcionada. Aquel día me puse las botas y me reencontré con Leigh Brackett, autora por la que sentía curiosidad desde que leí “La espada de Rhiannon”.

Miraguano publicó tres libros de esta autora, “La estrella escarlata”, “Los perros de Skaith” y “Los piratas de Skaith”. El protagonista de aquella trilogía era Eric John Stark. Un terrestre criado por los aborígenes de Mercurio, considerados bestias por los mineros humanos, que los habían exterminado y le habían metido en una jaula. Su nuevo padre adoptivo Simon Asthon conseguiría integrarle en la humanidad, aunque Eric sería siempre más bestia que hombre y tendría tendencia a revertir a su estado animal en los momentos de tensión. Al público actual le recordará a Lobezno, cuya influencia es imposible, dado el golfo de años que les separan. Más probable es la de Tarzán, puesto que Brackett estaba muy influenciada por Burroughs.

Eric John Stark se gana la vida como mercenario, normalmente en lugares poco civilizados como Marte y Venus, donde todavía es habitual luchar con lanzas y espadas y siempre toma partido por los bárbaros que se defienden de la explotación del mundo civilizado.

Aunque aquel fuese mi primer contacto con este héroe sombrío, no eran las primeras narraciones que protagonizaba. Este volumen reúne el resto de las obras de Leigh Brackett sobre Eric John Stark. Son historias que me recuerdan un poco a las clásicas aventuras de Alex Raymond de Flash Gordon, aunque el personaje que nos ocupa sea moralmente mas ambiguo. En el mundo de la estrella escarlata incluso había hombres marinos y hombres alados (más o menos) y lo mismo ocurre con sus habitantes de Marte. Los argumentos son sencillos. Hay grandes batallas y hay mujeres hermosas y todas se sienten instantáneamente atraídas por el protagonista. Al menos una vez, en cada una de los aventuras, se nos recuerda lo fuerte, lo duro y lo atractivo que es Eric, aunque en este aspecto Brackett sea menos repetitiva que Robert E. Howard. Los malos son muy malos y lo son porque sí, sin complicidades psicológicas, y Stark acaba con sus ambiciones a hostias, sin estrategias complicadas ni ideas ingeniosas.

Si eres de los que consideran este tipo de historias infantiles, estereotipadas, desfasadas y,  probablemente, ideológicamente ofensivas, no sigas leyendo, este libro no es para ti. No es alta literatura. No se puede decir que haya gran profundidad en sus personajes. No es el tipo de libro que conseguirá que la literatura fantástica o la ciencia ficción sean aceptadas por los intelectuales y el gran público. Es más, reúne todos los defectos que presuponen esos bobos que afirman que no les gusta la ciencia ficción, a pesar de que jamás han leído una novela del género. (Y, aunque no tiene elementos sobrenaturales, no creo que se le pueda llamar ciencia ficción, es más bien, aventura pura y dura).

A estos defectos añadiré que la cuarta historia “Stark y los reyes de las estrellas” es con mucho la peor de las cuatro. Muy inferior a las otras tres, se trata de una colaboración de Brackett con su marido, Edmon Hamilton y un crossover con su saga “Los reyes de las estrellas” y se nota. Sólo he leído una novela de dicha saga, puede que no se hayan publicado más en España y, aunque entretenida, me pareció, básicamente, basura. Afortunadamente, esta historia apenas abarca un 17% del libro.

Dicho, esto, el libro me ha encantado. Las tres historias restantes rozan el umbral de obra maestra. La autora maneja el sentido del ritmo de la peripecia aventurera con maestría y además, están muy bien escritas, o al menos con un gran oficio. Tengo poco que decir de “La reina de las catacumbas marcianas” aparte de que es un prodigio de ritmo y de las magníficas escenas del desierto. “La amazona negra de Marte” contiene varios pasajes que permanecerán mucho tiempo en mi memoria, el magnífico uso del suspense y la expectación del capítulo V, cuando se aguarda el ataque de ese ejército que parece que no va a llegar nunca, el misterio que embarga la descripción del paso de Kushat y su inerte guardián y, por supuesto las descripciones llenas de maravilla del pueblo del hielo. Pero incluso esas descripciones palidecen ante las del fondo del mar gaseoso de “La encantadora de Venus”, las inmersiones en este mar respirable y envuelto en llamas, con su fondo repleto de ciudades abandonadas y bosques muertos perfectamente conservados. La sensación de amenaza que envuelve el comienzo de esta última historia y su melancólica atmósfera de decadencia la convierten en una obra inolvidable.

No puedo decir mucho más, esta no es una obra para analizarla, sino para experimentarla y disfrutarla.