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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

sábado, 17 de agosto de 2019

“Proyecto Marte” de L.J. Salart



Ha tardado, desde que lektu empezó a agobiarme con este librito, pero por fin me lo he leído. “Proyecto Marte” se publicó originalmente en el blog del autor y causó bastante revuelo en internet con su recopilación en forma de novela.

Es la historia de como un sueño une y transforma a la humanidad. El sueño: la terraformación de Marte, la construcción de un nuevo hogar para hombres y mujeres. El libro se compone de infinidad de testimonios, en primera persona, sin repetir nunca el mismo narrador, en los que múltiples personajes relatan sus vidas o sus creencias. Empieza con el momento en que Usha Leber se convierte en la primera persona que respira de forma oficial la atmósfera de Marte y, a partir de ahí, se bifurca, alternando momentos anteriores y posteriores, hasta llegar al comienzo del proceso de terraformación y a.. bueno, mejor no digo nada.

A lo largo del libro contemplaremos, o intuiremos, a partir de las voces de los innumerables protagonistas, como la humanidad se recupera de una gran catástrofe, unificada por el sueño de Marte, el precio a pagar por mantener vivo dicho sueño, la generalización de los bioimplantes, la coexistencia con inteligencias cibernéticas... y más de un paso atrás, inevitable supongo. Tragedias personales y universales, fundamentalismos y extremismos, que parecen a punto de acabar con el proyecto y con la humanidad, viejos errores que se repiten y algún error nuevo.

Con todo, es una visión fundamentalmente optimista del futuro y de la humanidad y una vindicación de la tolerancia y la diversidad. A continuación copio las palabras de uno de los personajes:

“No quiero ser tratada nunca más como una rara. No quiero que me digan qué no puedo ser. Quiero ser quien yo quiera ser.“

Me ha gustado mucho la estructura de la novela, con esa bifurcación simultánea hacia el pasado y el futuro. También me ha gustado mucho ese final tan cíclico (si quieren saber a que me refiero tendrán que comprar el libro) que cierra la historia de un modo redondo. Y, por supuesto, me gusta mucho el mensaje, o los valores que desprenden la mayor parte de los relatos. Sin embargo, no comparto el entusiasmo que ha despertado en otros. Le pongo dos pegas:

Una, cuesta mucho distinguir a un narrador de otro. Con pequeñas variaciones, todos hablan prácticamente igual. Dotar a cada personaje de una voz propia y característica es algo a lo que debería aspirar todo autor, aunque, desgraciadamente, está fuera del alcance de la inmensa mayoría. Ese defecto generalizado es demasiado evidente en “Proyecto Marte” en el que se supone que cada capítulo ha sido escrito por una persona diferente.

Y dos, ninguno de los relatos que componen el libro es demasiado memorable. No hay ninguno muy malo, es verdad, pero tampoco ninguno que te haga dar vueltas a la cabeza, ni llorar a moco tendido. Se leen con agrado, con una cierta tristeza a menudo, pero se olvidan fácilmente. Diría que es una obra en la que la cantidad prima sobre la calidad.

domingo, 11 de agosto de 2019

“Buscando a Jake y otros relatos” de China Mieville




Toca reseña de antología de relatos. ¡Ay Dios! ¿Porqué me meto en estos follones?

Vale, está muy bien este libro. Adiós.

¿Qué quieren algo más? Vale, de nuevo. China Mieville demuestra que es tan bueno en la distancias cortas que en las largas. De hecho, es mucho mejor en las distancias cortas que en las distancias muuuyyyy laaaaaaargas. Eso ha sido una referencia poco sutil a “La estación de la calle Perdido”. Adiós.

No pienso ponerme a comentar relato a relato.







Vale, diré algo más, pero esto es la última vez.

El contenido es bastante variado.

Incluye una reedición de “El azogue” que ya leí en su día y que me he saltado.

Un pequeño regreso al mundo de Nueva Crobuzón en “Jack”.

Un cómic que no me ha resultado demasiado interesante “Rumbo al frente”. Cómo si no hubiera tenido bastante con los guiones de China Mieville en “Dial H for heroe”

“Noche de paz”, una sátira descacharrante y muy divertida. Algo de eso hay también en “Acaba con el hambre”.

Unos cuantos cuentos que oscilan entre lo inquietante y lo escalofriantes, dignos de episodios de “Twilight zone”: “El parque de bolas”, “Detalles” y “Cielos diferentes”. Tal vez el propio “Buscando a Jake” entraría en esta categoría, aunque es más expositivo y quizá también “Mensajero”, aunque a este lo he encontrado mas Kafkiano. Todos ellos son excelentes.

Excelentes son también “Informes sobre diversos sucesos acaecidos en Londres” y “Entrada extraída de una enciclopedia médica”, aunque estos dos son relatos muy especiales, puesto que no tienen casi argumento. Consisten básicamente en la exposición de una idea. ¿Qué porque los considero excelentes entonces? ¡Porque que pedazo de ideas que son! ¡Que ocurrencias más imaginativas, insólitas, brillantes y cautivadoras! Me quedo sin adjetivos. Y luego dicen que la ciencia ficción es el género de las ideas.

Por último, “Cimiento” y “Familiar” me han parecido los más flojos, aunque el punto de partida de los dos es interesante.

La principal pega que se le puede poner, es que los finales impactantes no son la especialidad del autor. Varios relatos, no sólo “Informes sobre diversos sucesos acaecidos en Londres” y “Entrada extraída de una enciclopedia médica”, sino también “Familiar” no parecen tener un final claro y en otros los finales no están a la altura. Ello no me ha impedido disfrutarlos. Es más, creo que he disfrutado esta antología incluso más que alguna de sus novelas.

Todas las virtudes del China Mieville novelista están aquí: su desconfianza del mundo capitalista, la mezcla de admiración y aversión que siente hacia las grandes ciudades, la simpatía hacía los revolucionarios, pero sin justificar jamás la violencia, pero sobre todo su increíble imaginación. Pero si en muchas de sus novelas parece que se limita a acumular idea improbable sobre idea más improbable todavía, sin otro objetivo aparente que erigir una pila lo más alta posible, la longitud de los relatos le permite hacer desarrollos más adecuados, en los que dedica a cada idea el tiempo necesario y suficiente.

Un volumen imprescindible para los admiradores de China Mieville. Sobre todo, para los que no hayan leído “El azogue”.

domingo, 4 de agosto de 2019

“Arena” de Víctor Conde









Segunda y última novela que Víctor Conde dedicó al personaje de Piscis de Zhintra, a pesar de que concluye con un fragmento de una hipotética continuación que nunca llegó a concretarse.

En esta ocasión, el infortunado rescate que realiza la heroína en una nave espacial recién atacada, la involucrará en las intrigas entre clanes de familias aristocráticas que compiten por los favores de las grandes empresas en unos bestiales juegos de gladiadores a gran escala, cuya estética recuerda un poco a las películas de Mad Max.

Víctor Conde prescinde casi por completo del sentido del humor que, en mi opinión, tan mal funcionaba en la novela anterior y, en general, se muestra algo más contenido que en ella, aunque se permite extravagancias como un planeta cúbico con una geología de lo más peculiar. “Arena” es más coherente y tiene más sentido que su predecesora, pero algunas de las tecnologías “mágicas” que resultan vitales para la trama requerirían de una mejor presentación. No se trata de que tenga que explicarlas con cuidado, esto no es ciencia ficción hard ni lo pretende, sino que de que no queda nada claro que se supone que son, aparte de un deux ex machine como la copa de un pino. También digo esto EN MI OPINIÓN. Por otro lado, los fragmentos oníricos, que transcurren en una especie de mundo paralelo tampoco me parece que funcionen bien. Su relación con lo que está ocurriendo tarda demasiado en hacerse evidente y no aportan mucho… hasta el epílogo, que es escalofriante.
Por lo demás, el desarrollo del relato sigue un crescendo más que correcto: engancha y va enganchando progresivamente más, hasta culminar en un desenlace espectacular y emocionante.

Creo ver en esta novelita el germen de futuras creaciones del autor (¿universos oníricos? ¿un demente al que una tecnología extraña convierte en un una máquina de matar imparable y feroz?)

Las reacciones de Piscis me resultan desconcertantes. A veces se comporta como una veterana que lleva a sus espaldas cientos de aventuras espaciales y otras como si fuera una niña de doce años. Pienso que esto puede ser algo intencionado, porque la contraportada nos indica que, en realidad ¡Piscis es una niña de doce años! Lo que vuelve todavía más horrible su ya de por si horrible pasado y todavía más terribles los ultrajes que sufre a lo largo de la obra.

La novela cumple con su objetivo principal, entretener y, aunque parece tratarse de un producto alimenticio, el autor logra imbuirle su personal toque característico. Debido a ello, gustará a los admiradores de Víctor Conde, mientras que sus detractores no la soportarán, aunque la aborrecerán menos que a “Piscis de Zhintra”.

martes, 30 de julio de 2019

“La quema de Cíbola” de James S.A. Corey


Nuevo ejemplar de la saga “The expanse”, universo realmente expandido desde el volumen anterior. AVISO: este post estará plagado de spoilers de las anteriores entregas de la saga y puede que de alguno de esta.

El punto de partida de “La quema de Cíbola” es realmente atractivo. Una empresa adquiere los derechos de exploración-explotación de uno de los innumerables planetas que quedaron accesibles a la humanidad después de “La puerta de Abadón”. Cuando su primera expedición científica llega allí, se encuentra con que ya existe un asentamiento ilegal, formado por refugiados de las guerras y catástrofes que han asolado el sistema solar en las anteriores entregas de la saga. No tardan en producirse conflictos entre las dos comunidades y muertes. James Holden y la tripulación de la Rocinante son enviados como mediadores.

De modo que tenemos a los protagonistas sentados en medio de un auténtico polvorín, entre dos bandos deseosos de usar la violencia, en un planeta que no acaban de entender, cuya biología puede guardarles alguna sorpresa desagradable y que tal vez no esté tan abandonado como parece.
Como ya digo, una situación muy interesante, que dará pie a conflictos éticos, reflexiones sobre la habitabilidad y la investigación de entornos alienígenas y la mezcla de biologías y un poquito de física y mecánica orbital para principiantes (muy poquito, todo hay que decirlo) . De este modo, los talibanes del género, entre los que me incluyo, encontrarán suficiente sustento como para no considerarla una lectura inútil, mientras que el resto del público disfrutarán con la acción, el peligro y el suspense. A estas alturas de la saga, ya es evidente que el objetivo de los autores es que sus lectores pasen un rato emocionante, más que entregarse a sesudas especulaciones, aunque no las eviten. Ese objetivo principal lo cumplen estupendamente en “La quema de Cíbola”. Incluso diría que lo hacen mucho mejor que en entregas anteriores.

El sentido del ritmo es apabullante, los desastres se suceden uno detrás de otro y una situación ya bastante comprometida desde el comienzo se va tornando cada vez más desesperada. Por el contrario, el desarrollo de los personajes me ha decepcionado un poco. No espero gran profundidad psicológica en estas novelas, la tripulación de la Rocinante, Amos incluido, es un puñado de chicos buenos que siempre hacen lo correcto, pase lo que pase. Los intentos anteriores de dar más profundidad a Holden rondaban lo patético. Pero, aunque tópicos, los personajes secundarios creados, en principio, para una sola novela, solían ser bastante más interesantes. En ésta, el malo que es malo porque es malo y llega a oponerse a los intentos de salvar a todos los personajes, él incluido, por motivos tan inconsistentes que no hay quien se lo crea. Y de la groupie de Holden no hablemos.

También podría quejarme de que los autores evitan desarrollar ideas muy interesantes que ellos mismos han planteado, que algunas soluciones se ven venir, que el final es un deux ex machine, que no se avanza en el misterio de la desaparición de los creadores de la proto-molécula y de lo superfluo del prólogo y el epílogo, protagonizados por un personaje que no aporta nada a la historia, en lo que supongo que se trata de un anuncio del próximo volumen.

Sería en vano y no empañaría el hecho de que “La quema de Cíbola” es lo que sus autores pretendían que fuera, una historia de ciencia ficción de aventuras, en la que la aventura prima sobre la ciencia ficción pero no la eclipsa, destinada a lectores adultos que buscan una diversión inteligente, pero no demasiado trascendente. 

martes, 16 de julio de 2019

“Muero por dentro” de Robert Silverberg


 
“Muero por dentro” es una de las novelas más famosas de Robert Silverberg. Al igual que “El libro de los cráneos” resulta de difícil clasificación. No está ambientada en el futuro sino en el momento en que se escribió y no tiene más elementos fantásticos que la telepatía del protagonista. Sería factible clasificarla como realismo mágico o algo parecido.

David Selig es un hombre de mediana edad, obsesionado con la literatura, sin pareja ni más familia que una hermana adoptiva, sin empleo estable ni vivienda propia que sobrevive escribiéndoles por dinero los trabajos a los estudiantes universitarios. David es telépata. Aunque nunca ha sido capaz de utilizarlo para su propio beneficio, el acto de introducirse en las mentes de otras personas es su mayor gozo y lo único que da sentido a su existencia, si bien le hace sentirse culpable por la violación de la intimidad y ha estropeado sus relaciones más serias.

Ahora ese don, que es su bendición y su maldición está empezando a desaparecer. La novela sigue el día a día de David Selig, durante los últimos estertores de su poder, salpicándolos con recuerdos de su vida, intercalados, no de manera cronológica, sino aleatoria.

Es una novela tremendamente bien escrita y esa es la principal razón para leerla. Tiene algunos momentos de lo más impactante, el mejor de todos, para mí, en el que Selig se ve atrapado en el “viaje” de su novia cuando esta toma LSD o la triste relación con la única mujer a la que nunca pudo leerle la mente, abocada al fracaso precisamente por esa imposibilidad.

El principal problema que tiene, es que en “Muero por dentro” no ocurre prácticamente nada. El grueso de la novela es un estudio del personaje principal y David Selig se hace pronto muy cargante desde que hace su primera aparición, enfundado en sus pantalones de campana. He leído a quién escribe que su don le ha hecho que odie a todo el mundo, al ser consciente de sus miserias y sus bajezas. Personalmente discrepo, más que odiar David Selig es condescendiente: desde sus alturas de fracasado de la vida, mira por encima del hombro a los hispanos, los negros, los homosexuales y, sobre todo, a las mujeres. A todos ellos dedica comentarios despectivos, junto con los que no sean judíos ni licenciados en literatura. Además es pretencioso y pedante. Sinceramente, no creo que la telepatía le haya convertido en un paria, creo que lo que le convierte en un paria es que no hay nadie que lo aguante.

Y los lectores tenemos que conocerlo íntimamente durante, afortunadamente, no demasiadas páginas.
Bien, sobre gustos no hay nada escrito y yo mismo he dicho muchas veces que los personajes de una novela no tienen que parecer personas agradables, simplemente, tienen que parecer personas.

No se muy bien que decir de esta novela. Está muy bien escrita y las partes buenas son muy buenas. Leerla merece la pena por esas partes, por la perfección de los aspectos técnicos. Creo que en algunos momentos me ha impactado seriamente y el personaje principal está muy bien desarrollado. Por desgracia, como ya he dicho, en la novela no hay más que el desarrollo de ese personaje y es un personaje inaguantable. No es poca hazaña que Robert Silverberg lograra tenerme en vilo con algo que no me interesaba lo más mínimo y que sospecho que carece de interés.

martes, 9 de julio de 2019

“El espartano” de Javier Negrete


“El espartano” es, al parecer, una obra que Javier Negrete venía acariciando desde que escribió “Salamina” y que sirve como complemento a la misma. Incluso aparecen como secundarios algunos de los personajes de “Salamina” como es el caso de Artemisia, la reina de Halicarnaso o el propio Temístocles. El objetivo era contar las guerras médicas desde el punto de vista de Esparta.

La novela narra la vida de Perseo, hijo de uno de los dos reyes espartanos y destinado a sucederle, al que los azares de la vida le arrebatarán todas sus posesiones y amores, pero lo convertirán en un gran guerrero que jugará un importante papel en la guerra contra el imperio Persa.

A través de su atribulada vida, Javier Negrete reconstruye las costumbres de Esparta, el modo de pensar de griegos y persas, sus mitos, las intrigas de la época y las principales batallas del conflicto, insertándolo todo en las peripecias de los protagonistas con tal habilidad, que el lector nunca es consciente de estar recibiendo una lección de historia, sino simplemente de estar inmerso en una memorable novela de aventuras.

El estilo es el habitual de su autor, con esa aparente sencillez que resulta tan fácil de leer y que cierra sus garras sobre el lector, poco a poco, sin que este se de cuenta, hasta dejarlo atrapado sin remedio.

Baste con decir que es un libro muy largo y que no se hace largo.

Si hago alguna matización, esta se debe a mis gustos personales:

Perseo es uno de esos personajes cuya máximas virtudes es que son muy guapos y pelean muy bien. No es particularmente astuto, ni tiene una personalidad muy carismática o profunda, aunque reconozco que es un buen chico. Para que se hagan una idea, el momento en que lo he encontrado más atractivo como personaje, es durante su fase “memento” o de “Soldado en la niebla”.

Algunas escenas las he encontrado forzadas, poco creíbles, cómo debidas a "exigencias del guion". La automutilación del protagonista, para ser exactos.

No me acaban de gustar esas historias que consisten en seguir la ristra de desgracias que le van ocurriendo un personaje a lo largo de su vida, sin descanso, aunque, para compensar y apaciguar al lector, se le ofrezca algún triunfo, hacia el final de la novela. Aunque reconozco que es de lo que tratan el noventa por ciento de las novelas que se han escrito alguna vez.

Tampoco me gusta que un misterioso adivino aparezca continuamente para anudar los hilos del destino. No porque la idea sea mala, ni porque esté mal ejecutada, Javier Negrete la lleva muy bien, sino porque es muy poco original, casi un tópico.

¡Pero lo que menos me ha gustado de todo es que Javier Negrete se guarde algunos ases en la manga y deja entrever que todavía queda más tela que cortar en la historia de Perseo! ¿Es que ya no puede escribirse un libro que acabe por completo?

Por el contrario, tengo que agradecerle que me haya revelado la existencia del fenómeno de la superfecundación heteroparental, fenómeno raro, pero al parecer real, del que no tenía la más mínima idea y que consideraba un mito. El saber nunca ocupa lugar.

Otra buena novela de su autor, que se ha convertido en una apuesta segura, en esto de disfrutar de la lectura.

Cuando por fin me decido a ponerme al día con su obra, va Javier Negrete y saca “Odisea”. ¡No me cunde, no me cunde!

viernes, 28 de junio de 2019

“La estrella de los gitanos” de Robert Silverberg




La premisa principal de esta novela, es que los gitanos son extraterrestres y que fueron los constructores de la Atlántida, antes de que su caída los convirtiera en los exiliados de la Tierra.















¿Hola? ¿Queda alguien ahí? ¿Han recogido ya su mandíbula del suelo? ¿Remitieron las carcajadas compulsivas? ¿Pueden seguir leyendo?

Hay cierta tendencia en la ciencia ficción a elegir las hipótesis o ideas más improbables, estrambótica o absurdas. Por eso el género es tan pródigo en alternativas “creativas” a la teoría de la evolución. Hasta cierto punto, es lo que quiere el lector, pero esto… Está claro que el propio Silverberg no se lo tomaba en serio, pero no logro concebir que pretendía con semejante … patochada.

Al tajo. Tenemos que los gitanos tienen un don particular para pilotar las naves espaciales, lo que los convierte al pueblo Rom en uno de los pilares principales de un futuro imperio galáctico. El protagonista y narrador de la historia es el rey de los gitanos, que ha abdicado y se ha retirado a un planeta helado y desértico. La primera parte de la novela consiste en que varios personajes vienen a visitarlo, para rogarle que vuelva a ocupar el trono y él se niega.

Esta parte es estupenda para conciliar el sueño.

No estoy diciendo, exactamente que sea aburrida. El lenguaje de Silverberg logra que los capítulos se sostengan por sí solos y son bastante cortos, así que resultan una lectura relajante. Lees uno, disfrutas con la prosa del autor y la lectura te aporta una especie de serenidad que facilita el sueño. El problema es que son unos cuantos y todos iguales. Pensándolo bien, quizá esta parte si que sea aburrida.

Finalmente, se entera de que su trono ha sido ocupado por su hijo mayor, un asesino brutal y de pésimos modales, totalmente inapropiado para el trono y decide recuperar su corona.

A partir de aquí la narración se ve interrumpida por flashbacks en los que recuerda su vida. Lo extraño es que esos flashbacks no siempre son secuenciales, es como si Silverberg optara por omitir las partes menos interesantes de la vida de su héroe y otras las mete con calzador, a regañadientes, como si fuera un deber que tiene que cumplir porque el narrador las ha anticipado. Para embrollar un poco más la narración, los gitanos son capaces de “espectrar” viajar mentalmente al pasado, donde pueden ser reconocidos por el resto de miembros de su especie y conversar con ellos. El propio Yacoub, el protagonista, ha sido visitado toda su vida por sus yoes futuros y los de sus amigos y aliados.

Lo de “espectrar” me resulta lo más atractivo de un libro muy irregular, que a pesar de todo, tiene sus virtudes. Para empezar, no aburre, que es lo fundamental, o al menos a mi no me ha aburrido. Algunos de los mundos que visita Yacoub durante su vida son muy atractivos, aunque no necesariamente originales (siempre es divertido encontrarse con un mar que en realidad es un organismo vivo) El fragmento en que Yacoub es vendido como esclavo por primera vez es estremecedor, al mostrar que a pesar de lo civilizada y moderna que es la esclavitud que describe, en el fondo, sigue siendo una barbarie. Las referencias históricas, a Roma o probablemente Bizancio, son interesantes y lo de “espectrar” es una gran idea, al igual que algunos de los viajes de Yacoub al pasado. Pero sobre todo, el libro se sostiene por la prosa de Silverberg. Es un caso claro de la forma por encima del contenido.

En el lado negativo, hay demasiados viajes al pasado, algunos de ellos y algunas de las vivencias de Yacoub no son más que paja. Al libro le sobran muchas páginas y para ser una space opera con cierto aire de cuento de hadas, le falta acción. Yacoub es un personaje muy logrado y carismático, pero sus estrategias son de peón caminero: consisten, básicamente, en no hacer nada hasta que alguien viene a rescatarlo. Y lo repite varias veces. Los demás personajes por el contrario, están mucho menos perfilados. Silverberg los presenta muy bien, es decir, cada uno tiene un fragmento en que Yacoub describe su aspecto y su personalidad. Esos fragmentos son muy buenos, pero son un caso de contar en vez de mostrar, el mayor de los defectos de Silverberg como escritor: siempre tiene que verbalizarlo todo, parece incapaz de transmitirlo. Y la mayoría de los personajes no se comportan como se les describen.

Que demonios, la mayoría de ellos no se comportan y punto. No tienen la menor importancia en la trama. Decir que son meros comparsas es dedicarles un cumplido. Hay un capítulo en que Yacoub describe a varios de sus camaradas y, a menos que retrocedas a ese capítulo cuando luego alguno de ellos habla, es imposible acordarse de quien demonios era cada uno, porque nada en su comportamiento o su habla sirven para distinguirlos. Tampoco es un gran problema, como ya dije no pintan nada. Lástima de páginas desperdiciadas.

Tampoco hay un discurso claro en la novela. Si todo lo que Silverberg pretendía era divertirse escribiendo una novela de aventuras, le sobran págins y le falta acción. Si pretendía algo más, no queda nada claro el qué, aparte de un magnífico estudió de un personaje y la glorificación de la cultura romaní.

Defectos estos que lastran esta estrambótica historia, de modo que ningún ejercicio de estilo puede salvar.

Una tontería magníficamente escrita.

sábado, 22 de junio de 2019

“La esfera luminosa” de Cixin Liu



Con su trilogía de “El problema de los tres cuerpos”, Cixin Liu se convirtió por derecho propio en un lector que debía ser leído por los aficionados a la ciencia ficción, a pesar de sus innegables defectos. El lector que se asome a “La esfera luminosa” encontrará en esta novela todos sus defectos, pero muy pocas de sus virtudes.

La historia de un científico obsesionado por descubrir la explicación de las “esferas luminosas” del título, un extraño fenómeno meteorológico con aspecto de globo de luz que todavía hoy tiene perplejos a los científicos, desde que presenció de niño como una de ellas reducía a cenizas a sus padres, discurre a bandazos, sin terminar de encontrar una dirección clara.

Sus lectores seguimos los estudios del doctor Chen, sus primeras investigaciones y cómo se alía con una militar, decidida a convertir las esferas luminosas en armas. sin demasiado interés. La trama carece de un objetivo claro, no hay un motivo incite al lector a seguir leyendo el libro. Los personajes, por supuesto, carecen de interés, esto es una obra de Cixin Liu, a fin de cuentas, pero en esta ocasión parecen tener más peso que en obras anteriores, lo que contribuye a empobrecer la lectura, puesto que son infantiles, superficiales o absurdos. Para que se hagan una idea, el momento “cumbre” de la novela, es cuando uno de ellos explica sus motivaciones en un largo y prescindible soliloquio, que no consigue captar la atención del lector mejor intencionado.

Personajes aparte, lo que les ocurre tampoco es particularmente entretenido,, aunque al final Cixin Liu intente animar la cosa un poco, con, guerra, batallas y catástrofes, para mi gusto sin conseguirlo. El punto fuerte del autor es su capacidad para especular y sus especulaciones en “La esfera luminosa” son muy comedidas. Aunque nunca estuviera seguro de cuan exacta era la ciencia que aparecía en el tercer tomo de su trilogía, no podía dejar de asombrarme ante lo aventurado de sus aplicaciones. Podía ser que la tecnología que describiera nunca llegara a existir, pero, si lo hiciera, era muy probable que cambiara el mundo del modo en que describía.

Es “La esfera luminosa”, se hace un gran descubrimiento científico, pero no se describe como ese descubrimiento afecta al mundo, lo que venía siendo el punto fuerte del autor. Y ante la probabilidad de ese “descubrimiento”...

Si en mi reseña de “El fin de la muerte” comentaba que me quedaba la duda de si con todo aquel rollo de las dimensiones estaba diciendo gilipolleces o realizando un brillante juego especulativo con teorías científicas, con la tesis central de “La esfera luminosa” no me queda ninguna duda: está diciendo gilipolleces. Y la mayor parte del tiempo, no son gilipolleces asombrosas, ni siquiera divertidas.

Recalco lo de “la mayor parte del tiempo”. Aquí y allá hay destellos del Cixin Liu que encandiló a los lectores occidentales. Desperdigadas a lo largo del libro hay alguna especulación cautivadora, los capítulos de “fenómenos extraños” son intrigantes y captan la atención del lector y el modo en que aplica a objetos macroscópicos las reglas de la mecánica cuántica es… curioso. También hay una reflexión, muy tímida y superficial, sobre las relaciones entre la ciencia y el desarrollo de armamento y el final, el último par de páginas, es bastante bueno. Además, no es demasiado larga y la cantidad de sucesos puede compensar la irrelevancia de la mayoría. Factores estos que pueden bastar para justificar su lectura, si no al común de los lectores, si a los fans de Cixin Liu.

En el epílogo, el autor afirma que cuando escribió “La esfera luminosa” ya tenía casi terminada la trilogía de los Tres Cuerpos, pero que la publicó primero porque pensó que sería más accesible al lector chino y que es una especie de precuela. No tengo motivos para dudar de su palabra, a fin de cuentas la cabeza de un escritor puede ser un auténtico caos en el que todas sus obras, nacidas de sus experiencias e intereses personales, se relacionan unas con otras, pero a mi no me lo parece. Es más, esas declaraciones lo que me parecen es un burdo truco publicitario, para intentar atraer a los lectores de obras anteriores.

En una palabra: floja.








viernes, 14 de junio de 2019

“El pescador” de John Langan


Vamos a empezar con advertencias. He disfrutado mucho con la lectura de “El pescador” pero quienes se embarquen en su lectura deben tener algunas cosas claras.

Los dos primeros capítulos, 73 páginas, son la historia de como un empleado de IBM se sobrepone del fallecimiento de su joven esposa al obsesionarse con la pesca y de su relación con un compañero más joven, que acaba de perder a toda su familia. Con “sobreponer” no quiero decir superar, esas cosas nunca se superan y con “obsesionar” no quiero decir “apasionar”, la pasión llega luego, pero inicialmente la pesca le da solamente una actividad en la que emplear el tiempo, le impone una rutina, una disciplina, una dieta, cualidades que acaban sacando al protagonista del pozo en el que se encontraba hundido.

Esas cuestiones son un poco irrelevantes. Lo que quiero decir con lo de las advertencias es que durante todo ese tiempo, fuera de algún presagio ominoso y alguna cosa que el narrador anticipa, no hay ningún acontecimiento terrorífico ni sobrenatural.

Luego, nuestros dos pescadores de fin de semana se van a un arroyo misterioso, paran a desayunar en una cafetería y el dueño les cuenta una historia.

Esa historia supone más de la mitad del libro.

Hay miles de novelas que siguen la estructura prólogo-novela-epílogo. El narrador expone las circunstancias que le convirtieron en oyente o lector de la verdadera historia y luego, cuando esta concluye, nos cuenta brevemente como esta le afectó, cambió su vida o su percepción de la realidad.

No es el caso. En “El pescador” el epílogo no tiene nada de breve y junto con el prólogo forma una novela de extensión aceptable. Esto convierte a “El pescador”, en su conjunto, en una novela con grandes problemas estructurales. En mi opinión.

La interrupción de la historia inicial, justo cuando parecía que estaba a punto de ponerse interesante, resulta anticlimática, sobre todo porque el relato que escuchan en la cafetería, que es apasionante, tarda mucho en encontrar a sus propios protagonistas.

Dicho relato, transcurre fundamentalmente durante la construcción de un gran embalse en las afueras de Nueva York, a comienzos del siglo pasado, aunque también se tarda en llegar a ese punto. Incluye difuntos que se levantan de sus tumbas, brujería y universos paralelos. La ambientación me parece muy lograda, o al menos creíble, al igual que los personajes. Su atmósfera está impregnada de intriga, secretos y oscuridad. En líneas generales me ha parecido excelente. Sólo le veo dos defectos: uno, que en determinado momento ocurre algo que se parece mucho a una pelea entre dos magos, tirándose hechizos y rayos por las manos, escena que rompe el tono de la novela y que me saca de lo que estoy leyendo.

El otro es otro problema estructural. Se sabe de uno de los personajes que es más de lo que parece y que guarda un terrible secreto en su biografiá. Cuando esta parte del libro ya casi ha terminado, le da por confesar con pelos y señales todo su pasado.

Este cuento, dentro del cuento, dentro del cuento, también es muy atractivo. Mas que de terror, lo clasificaría de fantasía oscura. Podría publicarse por separado y ojalá lo hubiera hecho. Me alegro de que esté ahí, la curiosidad me consumía por saber lo que pasaba con este tipo, pero llega cuando la gran crisis ha pasado y no hay mucha motivación para seguir leyendo. El momento en que, si fuera una película, mis padres se habrían apresurado a irse a la cama.

Finalmente, retomamos a nuestros dos pescadores y retomarles, después de tanto tiempo, supone un nuevo esfuerzo. Tras tanto tiempo, su peripecia ha perdido bastante interés e incluso resulta algo tópica. Pese a todo, tienen momentos muy buenos, muy sugerentes y evocadores y no poca emoción. Pero acaba… y todavía queda un capítulo de 22 páginas, la mayor parte de ellas prescindibles. Las últimas cuatro o cinco páginas son infumables y tópicas. Parecen sacadas de una película mala de terror, aunque el último párrafo es estremecedor y supongo que habrá a quien le parezca que compensa las páginas precedentes y todo el capítulo. No es mi caso.

En el epílogo, John Langan comenta que esta novela fue un proyecto largo, que le costó mucho sacar adelante. Me da la sensación de que durante ese tiempo se le ocurrieron muchas ideas, que juzgó buenas y quizá lo sean y no pudo resistir la tentación de incluirlas todas. Un escritor más disciplinado hubiera hecho el sacrificio de elegir entre los hijos de su mente y podar aquellos que en vez de sumar emoción, restaban y hacían el relato menos interesante.

Después de esta parrafada, imagino que he vuelto a dar una impresión equivocada de lo que me ha parecido esta novela. Para empezar John Langan es un buen escritor, de esos que no distinguen entre alta y baja literatura y que consideran que no hay género chico y tienen que hacerlo lo mejor posible en lo que sea que escriben.

En el epílogo también comenta que le costó encontrar una editorial que publicara la obra: las especializadas en terror la encontraron demasiado literaria, las literarias demasiado de género. Existe un placer estético en leer a John Langan. Su estilo es atractivo, sin ser pedante, adopta voces distintas en cada uno de los relatos y se permite pequeños experimentos, pero todos sus artificios están puestos al servicio de la historia, como debe ser. Sabe crear personajes creíbles y sabe hacer que se conduzcan como gente normal. Es fácil sentir empatía por ellos. Su visión de la vida en pareja y la familia, positiva pero en el fondo pesimista no carece de interés. Su cansado y destrozado narrador se mete al lector en el bolsillo desde el primer capítulo y, como ya dije, es un buen creador de atmósferas. Sabe mantener la intriga y convertirla en las espina dorsal que vertebra el relato y tiene “sentido de maravilla”.

Cumplido, supongo, hasta cierto punto inhabitual en escritores de terror, aunque no estoy seguro, Lovecraft mismamente, estaba lleno de “sense of wonder”. El caso es que Langan lo tiene, hay algunas imágenes realmente potentes y evocadoras en este libro: la presa del pescador y los métodos de este, esas ciudades misteriosas, apenas entrevistas, la logia de magos, las alteraciones que sufren los ecos…

El libro también contiene una de las ideas más cautivadoras que me he encontrado últimamente. La del relato que se transfiere de una persona a otra como si fuera una enfermedad y, una vez inoculado, crece dentro de su nuevo huésped, llenándose con más y más detalles de los que tenía inicialmente.

Aunque en el fondo no se más que una excusa para justificar su longitud y que contenga infinidad de detalles que sea imposible que el narrador pudiera conocer. 

jueves, 6 de junio de 2019

“Lago negro de tus ojos” de Guillem Lopez

 
Después del incidente (sea lo que sea), el mundo se ha llenado de misteriosos lagos negros que reflejan en sus aguas otros rincones del sistema solar. El más grande de ellos se encuentra en El Clot, pueblo valenciano en el que se crió la periodista Carla al que regresa para investigar la desaparición de una famosa.

El narrador de la novela es Bernat, un antiguo amigo de Carla, aficionado al dibujo, al cómic y a adultas reflexiones pesimistas, brillantemente expresadas en un lenguaje que sobrepasa su aparente nivel cultural. La mayor parte del libro está escrito como si fuera el guión del cómic que Bernat está dibujando, como parte de su terapia para superar los traumáticos acontecimientos que está a punto de narrar. Es un modo de contar la historia original y muy llamativo, en el que el lenguaje escrito se esfuerza por emular el lenguaje visual. No sé como resultará la lectura para las personas que no sean aficionadas al cómic, aunque supongo que enseguida acabarán cogiéndole el tranquilo. A mi me ha dado el problema de que, en vez de maginar lo que está pasando, tiendo a imaginármelo… como un cómic.

Bernat es el narrador y es un narrado poco fiable.

En muchas novelas es habitual que el narrador sea uno de los personajes y que tenga por costumbre relatar acontecimientos en los que no estuvo presente o dar explicaciones que no podía conocer. Es algo muy típico en la literatura antigua y normalmente uno se resigna, “suspende su incredulidad”. Bernat describe escenas en las que no estuvo presente y admite abiertamente que se las está inventando. Normalmente sería un modo elaborado del escritor de dar gato por liebre, de decir “Hey, sé que Bernat no puede saber que ocurrió esto, pero me da lo mismo, necesito esta escena para la historia”. No es el caso de Guillem López. Guillem López. quiere que desconfiemos de lo que se nos está contando. Para empezar, no olvidemos que Bernat está trastornado. Continuamente hace referencias a las conversaciones con su psiquiatra, algunas de las cosas que dice suenan a delirio desquiciado y cuando llega el momento culmen del relato…

Bueno, mejor no digo nada, pero parece claro que puede interpretarse de muchos modos y que el propio Bernat lo interpreta de muchos modos. Está claro que ocurrió algo, pero los lectores no llegamos a saber exactamente que. El autor quiere que interpretemos la novela y lleguemos a nuestra propia conclusión.

O quizá no. Mi propia conclusión es que es imposible saber que es lo que ocurrió realmente en El Clot, como, en el fondo, es imposible saber la verdad absoluta sobre cualquier evento en que intervienen seres humanos. Es una interpretación, de las múltiples posibles.

Lo curioso es que esa ambigüedad supone el verdadero atractivo de la obra. Esa incertidumbre, ese vacío que da forma al libro. Si ilumináramos los rincones oscuros y estos fueran lo que parecen, nos encontraríamos con el típico relato pulp que hemos leído mil veces.

Aún no sé muy bien que pensar de sus experimentos, o de sus ¿argumentos? Pero no hay duda de que el estilo del autor es excelente. En algún sitio leí a alguien decir que Guillem López. era un “mago de las palabras”. Lo corroboro.

Es una novelita corta, la he leído en un suspiro y me mantuvo enganchado durante su lectura. Sin embargo, en mi caso supuso una pequeña decepción. Y no porque no sea lo bastante “experimental” como escriben algunos, ¡Por Dios no! El motivo es mucho más terrenal, e infinitamente más personal: las expectativas. Me había visto el video de la presentación del libro. Es un hecho bien conocido que las intenciones de un autor siempre aventajan a sus resultados o que las cosas siempre parecen mejor cuando te las explican. En aquel video, daba la sensación de que “Lago negro de tus ojos” iba a ser la hostia y mal desde luego no está, pero no tanto como parecía. La culpa es de Guillem López, por explicarse tan bien. Luego lo leo y algunas de las cosas que mencionó no me aparecen apenas desarrollados. Pienso en los “lugares de paso” y en que no paraba de hablar de Carla, cuando Carla apenas aparece en la novela, para mi, el verdadero protagonista es Bernat, Carla es apenas el sueño de una joven que una vez conoció.

O esa es mi interpretación.

viernes, 31 de mayo de 2019

“Ora:cle” de kevin o'donnell jr




Kevin O'Donnell Jr. supone para mi un enigma. La colección de ciencia ficción de Ultramar publicó dos novelas suyas. Las dos novelas fueron bien recibidas, a juzgar por lo que he podido leer en las reseñas, pero nunca más se volvió a saber de él en España. Es un autor al que nunca se menciona en ningún artículo sobre la ciencia ficción que he encontrado por internet y a lo largo de los años he acabado encontrando muchos. Su entrada en la wikipedia es bastante somera, no se menciona, por ejemplo, cuales son los temas que solía tratar o cuales son sus obras mas famosas. Ninguna de sus novelas ha merecido su propia entrada en la wikipedia. Parece un escritor de ciencia ficción de escasa influencia que no pasó a la historia del género. ¿Qué pudo llevar entonces a Domingo Santos a publicar dos de sus obras? Sospecho que debió de tener un gran éxito, probablemente este “Ora:cle” que estoy reseñando, lo que animó a publicar una novela suya anterior, pero que su tirón popular no acabó de cuajar. O quizá, simplemente, a Domingo Santos le gustaron esas dos novelas.

“Ora:cle” se publicó originalmente en 1984, tenebrosa fecha. El mismo año que se publicó “Neuromante”. El año de la pesadilla Orwelliana, William Gibson y Kevin O'Donnell Jr escribieron sus propios vaticinios. “Ora:cle” sorprende por su fuerza visionaria y su ingenuidad. Presenta un mundo hiperconectado, con unas redes de comunicación asombrosas, con una población dependiente de la tecnología, adicta a la información instantánea, con un alto nivel cultural, desinterés por las cuestiones graves, beligerante para causas intrascendentes, con pereza crónica para las importantes y que jamás abandona los edificios en que reside. Toda la novela transcurre en un mismo edificio y la mayor parte de ella en el mismo apartamento.

El protagonista de la novela, Ael Elochenta (los nombre de los personajes son códigos de números y letras con significado) es un erudito de historia oriental, felizmente casado y apasionado de la jardinería. No es un paria ni un rebelde, es lo más opuesto a lo que solemos encontrar en las novelas de ciencia ficción y es sintomático de la novela. “Ora:cle” es principalmente una sátira, una sátira amable en la que el autor creó un “presente exacerbado” exagerando las tendencias del momento en que la escribió. Unas exageraciones que se han convertido en buena parte de nuestra vida. Sin embargo, no es una obra tecnófoba. Policías y médicos trabajan principalmente a través de robots que dirigen por control remoto y las relaciones que no incumben a los vecinos se hacen a distancia, pero nunca parece que las relaciones se hayan vuelto frías y deshumanizadas por ello. Los personajes no parecen alienados, más bien parecen demasiado humanos, con tendencia a creerse el centro del mundo. A lo largo de la obra hay incluso una revolución que luego se devora a si misma, todo ello sin salir de casa y casi sin violencia.

En el lado ingenuo, bueno, ese aislamiento ha sido impuesto por el gobierno, por problemas con el anhídrido carbónico, en vez de por los propios hábitos de la población. Es un futuro ultra cercano, y sin embargo existe una base en la Luna, los vuelos espaciales son habituales, las compras que se hacen por el equivalente a internet, en vez de llegar casa por mensajero se teletransportan… y la tierra está cohabitada por unos alienígenas con aspecto de pterodáctilo que se niegan a comunicarse con los humanos, excepto para matar a todo aquel que pillan fuera de su casa. Situación interesante pero que no encaja mucho con el tono del resto de la obra.

La narración en tercera persona se complementa con extractos de los titulares de los servicios de noticias a los que tan adictos son los protagonistas, que ayudan a construir mejor el escenario de este mundo futuro y constituyen una especie de microrelatos que transcurren paralelos al devenir de Ael Elochenta . Funcionan bien, pero la letanía de que si quiere saber más pulse aquí y le descontaremos el pago de la cuenta bancaria, termina haciéndose un poco pesada.

Los mayores peros que se le pueden poner a la novela es que los personajes son demasiado caricaturescos (quizá sea intencionado) y que ocurren muchas, muchas cosas. Lo que por un lado es bueno, porque impide el aburrimiento, pero por otro, el interminable desfile de acontecimientos acaba aturdiendo, si la lectura se prolonga durante mucho tiempo. Eso no quita que sea una obra amena y divertida, no de echar carcajadas, pero si de mantener la sonrisa pegada a la cara y que plantea bastantes interrogantes inquietantes a la mente del lector.

viernes, 24 de mayo de 2019

“La costilla de Dios y otros relatos del final” de Miguel Santander


Esta antología se compone de los siguientes escritos:

La costilla de Dios

Novela corta que da título al libro. En un mundo devastado, la humanidad está dividida en pequeñas comunidades, cada una de las cuales adora a su “Dios” particular, construido a partir de órganos de sus feligreses. Uno de estos dioses, recién nacido y ya adulto, explora su entorno y busca respuestas a las preguntas que se hace sobre si mismo. La premisa de partida es alucinante, la novela es, como poco, entretenida y tiene algunas sorpresas y al menos un recurso estilístico interesante: el narrador siempre habla del protagonista como de “Él”, a fin de cuentas es Dios.

Apocalipsis

Pequeña historia de uno de los participantes en un tratamiento experimental de parkinson. Para mi gusto, Miguel Santander no es un buen corredor de distancias cortas.

Eva

Entrelaza dos historias paralelas que transcurren en diferente líneas temporales, la de una mujer que asiste a la tragedia del fracaso de los intentos de sus hijos por concebir su propia descendencia y la de un experimento secreto llevado a cabo sobre niños. Muy buena historia.

Anomalía

Las conversaciones entre un físico y su psiquiatra revelan un terrible secreto sobre la naturaleza del universo. Leyendo el resto de relatos, a veces he lamentado que, tratándose de un astro físico, que debe tener unos conocimientos científicos que al escritor de ciencia ficción común le costaría mucho obtener y todavía más, comprender, no tire más de su saber profesional en sus relatos. Aquí lo hace, pero el resultando no me parece demasiado brillante, la física sirve de sustento a una historia mil veces leída. Es corto, cuanto menos.

El gen olvidado

Gran vuelta de tuerca al clásico tema del enfermo criogenizado que despierta en un lejano futuro. Cuanto menos revele del argumento mejor. Me ha gustado mucho.

La ultima huella.

Historia de la primera mujer en colonizar Marte. Es dramática, pero su drama no llega a afectarme.

Fin

El más breve de todos los cuentos. Sorprendente que tan pocas páginas puedan cabrearme tanto. El cuento parte de una premisa idéntica a la del cuento del mismo título de Fredric Brown, incluido en “Luna de miel en el infierno y otros cuentos de marcianos”, sólo que este último es todavía más breve y, a su modo, una genialidad. Cuando se me pasó el cabreo, racionalicé que tampoco es una idea tan original, más bien es una chorrada y lo digo sin ánimo de ofender a nadie, los cuentos de género fantástico a menudo son auténticas chorradas y benditas sean, cuando están bien ejecutadas. Honestamente, no creo que Miguel Santander haya plagiado a Fredric Brown, aunque fue lo primero que cruzó por mi cabeza. Debió ser un caso de evolución convergente. Podríamos decir que las mentes enfermas piensan igual. Pero la versión de Fredric Brown me gustó mucho más. Y que cabreo cogí leyéndolo.

Miguel Santander parece muy interesado por la religión y no acabo de tener claro su punto de vista, si la deplora o la considera algo consustancial al ser humano.

Si tuviera que hacer una valoración general, diría que es una colección de relatos interesante. La palabra que viene a mi boca para definir el estilo de Miguel Santander es “eficiente”. Sus historias no están mal escritas pero no destacan por su brillantez literaria, ni creo que lo pretendan, aunque ya digo que malas no son. La fuerza está en los argumentos. Algunos son más atractivos que otros. Ya he dicho que “La costilla de Dios”, “Eva” y “El gen olvidado” me han gustado mucho. Lástima de “Fin”.

 

miércoles, 15 de mayo de 2019

Los hijos del odio y otros cuentos de weird detectives ( Los detectives de Robert E. Howard 3)


Con este libro concluye la recopilación de los relatos de detectives de Robert E. Howard.

De los relatos aquí contenidos, dos están protagonizados por la pareja de detectives privados formada por Butch Gorman y Brent Kirby. Uno, “Lágrimas escarlata” está protagonizado en solitario por Brent Kirby, aunque en realidad es una reedición, escrita por Lin Carter, de la segunda de sus aventuras, que da título a la antología. Otro de los relatos “Los huéspedes de la habitación maldita” está protagonizada por un nuevo detective, Butch Cronin, una especie de Steve Harrison reconvertido en detective después de haber abandonado la policía.

En el resto de los relatos, no hay detectives, propiamente dichos, salvo un personaje secundario en “Zarpas negras”. El veterano lector de Robert E. Howard se llevará la desagradable sorpresa de encontrar que entre ellos se encuentra incluido “El ídolo de bronce” ¡Otra vez! Uno de los relatos incluidos en más antología del autor, y eso que no se trata de uno de los mejores. Curiosamente, hasta lo he leído en cómic, convertido en relato de Conan el bárbaro, a pesar de que, trasladado a una prehistoria de ficción, pierde toda su gracia. Y siempre me resulto ridículo eso de unos adoradores del demonio que veneran a un pavo real.

Con algunas variaciones, casi todos los relatos siguen un mismo esquema, el personaje principal se ve mezclado en la venganza que una tenebrosa secta extranjera viene a cobrarse contra algún tipo de conocido, generalmente desagradable.

La excepción es el ya citado “Los huéspedes de la habitación maldita” que empieza con un caso de mendigos desaparecidos, continua con una historia de falso culpable y termina con una especie de secta de cuyos rituales es mejor no hablar. Probablemente sea el mejor relato del volumen.

Los cuentos de Butch Gorman y Brent Kirby son historias similares, centradas en asedios a modernas mansiones, narrados con buen ritmo y algo olvidables.

“Zarpas negras”, “Huracán negro” y “Los demonios del lago tenebroso” (que no del lago negro, si me permiten el chascarrillo a costa de la falta de variedad en los adjetivos utilizado por el escritor texano) son relatos típicos del autor, empiezan de un modo impactante y luego van subiendo la intriga y la emoción hasta llegar a un desenlace emocionante en que todo se resuelve a hostias, en medio de un sacrificio humano, un asesinato ritual o algo parecido. “Huracán negro” es el que más me ha gustado porque tienen momentos de intriga y suspense realmente buenos. En todos ellos, empero, hay un cierto sadismo que no había encontrado hasta hora en la obra de Howard, un refocilarse en los tormentos que los malvados aplican o pretender aplicar a sus víctimas. Además los cachivaches y trajes que emplean los malvados pueden resultar algo ridículos.

Finalmente “Lágrimas escarlata”. Como ya dije, escrito en realidad por Lin Carter. Su inclusión es lógica, cómo también lo fue de la de “La guerra del opio del Tong negro” en el volumen anterior, para completar la antología de todos los relatos de Butch Gorman y Brent Kirby, pero, una vez más, vuelve a parecerme el más flojo el único relato que en realidad no ha sido escrito por Robert E. Howard. Su estilo efectivo y efectista debería ser fácil de imitar, pero habitualmente los imitadores no logran producir obras de calidad. Por algo será.

Con las desigualdades comentadas, concluyo que se trata de un puñado de relatos emocionantes, que complacerá sin duda a los fans del autor.

viernes, 10 de mayo de 2019

“El secreto de la tumba y otros casos de Steve Harrison” (Los detectives de Robert E. Howard 2)


Este segundo número de la zona criminal de la colección “Los libros de Barsoom” recoge el resto de los casos del aguerrido Steve Harrison. Tras un primer relato en todo similar a los del volumen anterior, el tono de los cuentos da un giro de 180 grados, abandonando el barrio del east river, con sus misteriosas sectas chinas y sus templos y mazmorras escondidos en el subsuelo de los bajos fondos, a historias más siniestras, cercanas al género de terror.

El cambio le sienta de maravilla a las aventuras de Steve Harrison que incluso parece más inteligente y menos racista. La atmósfera se convierte en el verdadero protagonista de la narración y Rober E. Howard tenía un talento único para generar atmósferas siniestras y climas de tensión y amenaza. A ello se le añaden sus otras virtudes de narrador nato: comienzos impactantes, giros atractivos y un ritmo enloquecedor.

Con estos mimbres, el escritor texano confecciona tres pequeñas joyas: “La morada de la sospecha” que destaca por su ambiente de sospecha y paranoia, aunque la conclusión no esté a la altura, “Fauces doradas”, un prodigio de atmósfera y suspense y “Las ratas del cementerio”, a todos los efectos, una obra maestra.

Por supuesto, mis comentarios elogiosos deben tomarse con la misma distancia con la que uno debe tomarse estos relatos. Me explico, los tiempos han cambiado y lo mismo las convenciones de los géneros, que, por otro lado, Rober E. Howard no estaba intentando transcender. Por poner un ejemplo, en la actualidad, que un asesino se disfrace de fantasma para cometer sus crímenes es algo digno de Scooby Doo, que no encontraremos más que en ficción destinada a un público infantil, y ya me extraña. Cuando Robert E. Howard escribió estos relatos, eran las reglas del juego con las que se jugaba en la revistas criminales, lo que los lectores estaban esperando.

Para disfrutar de estos relatos hay que hacer un esfuerzo de distanciamiento y aceptar estos lugares comunes, en vez de burlarse de lo ridículos que resultan a un lector moderno. Si se hace así, “El secreto de la tumba y otros casos de Steve Harrison” resulta un libro muy disfrutable, aunque el conjunto final queda algo deslucido por la inclusión de “La guerra del opio del Tong negro” un pastiche de Robert M. Price, protagonizado también por Steve Harrison, en el que incluso se hacen referencia a Solomon Kane. Comprendo perfectamente su inclusión, a fin de disponer de una colección completa de todos los relatos protagonizados por Steve Harrison, pero su calidad resulta muy inferior a la del resto del volumen.

Y el trabajo del variopinto equipo de ilustradores no se puede comparar con el de G. Duncan Eagleson. 

miércoles, 1 de mayo de 2019

“El señor de la muerte y otros casos de Steve Harrison” (Los detectives de Robert E. Howard 1)


Reseñar este libro me crea un problema. Todo lo que pueda decir coincidirá con la introducción de Javier Jiménez Barco. Aún así, lo intentaré aunque poco pueda aportar. Los cuentos de misterio eran muy populares a comienzos del siglo pasado. Robert E. Howard escribía para revistas populares y, aunque era un escritor vocacional, lo hacía con el sano propósito de ganarse la vida, lo que le llevó a intentar escribir este tipo de cuentos, aunque ni le gustaban ni se le daban bien.

El más prolífico de sus detectives fue Steve Harrison, un policía de una ciudad innominada, que podría ser San Francisco, que patrulla en solitario el barrio del East River, una zona poblada por orientales, principalmente chinos, aunque Howard meta en el mismo saco a árabes o indios, a los que impone las leyes del hombre blanco.

El racismo consustancial a todas las obras de Howard es más acusado que nunca en estos relatos.

El libro se compone de 5 cuentos. El primero, “El tacón de plata” es un relato policíaco al uso, en el que no paran de amontonarse cadáveres. Howard se nota incómodo con esta trama, a la que le cuesta dar sentido y Harrison no se muestra como un cerebro demasiado brillante, siendo sus especulaciones y deducciones bastante retorcidas e inverosímiles. Así y todo es una buena presentación del personaje y su ritmo es impecable.

En los demás relatos, Howard consigue llevar a Harrison al terreno que le es más cómodo. Crea una némesis para Harrison, “El señor de la muerte” del título, una especie de Fu Manchu, que gobierna en secreto el East River, barrio cuyas profundidades Howard siembra de mazmorras, palacios y templos ocultos. Si yo hubiera leído a Sax Rohmer, diría que es una gran influencia en estos relatos. Harrison resuelve los casos más con sus puños que con su cerebro y sucumbe a menudo al frenesí berseker de los personajes howardianos. Además, su creador le hace arrastrarse a menudo por oscuros callejones y pasadizos secretos y hay que decir que Howard es para mí el autor que mejor narra como pasean sus héroes por sitios oscuros.

Resulta un libro entretenido, pero a pesar de todo, me ha gustado menos que otras obras del autor. El genio para la creación de atmósferas de Howard no brilla a la altura acostumbrada. La grandilocuencia de algunos diálogos resulta muy impostada en un entorno moderno, igual que la costumbre de sus personajes de decir en voz alta lo que hacen, han hecho o piensan hacer.

Eso sí, merecen destacarse las ilustraciones de G. Duncan Eagleson, a mi entender magníficas y apropiadas.

sábado, 27 de abril de 2019

“El largo viaje a un pequeño planeta iracundo” de Becky Chambers

Esta novela cuenta las vivencias de la tripulación multi especie de una nave espacial. Una fórmula que ha sido explotada con eficacia en innumerables series de televisión, no todas ellas de Star Trek. La originalidad de la novela reside en dos puntos:

En primer lugar, la Peregrina no es una nave de guerra, ni un buque científico, ni el arca que acoge a los supervivientes de una hecatombe, ni el refugio de unos náufragos estelares. Por no ser, ni siquiera es el hogar de una banda de fugitivos, atracadores y contrabandistas. Es simplemente una “tuneladora” que construye los agujeros de gusano que usan otras naves para circular por la galaxia, tripulada por un variopinto grupo de curritos.

En segundo lugar, en el universo la novela, los humanos no somos ni los reyes del de la creación ni una plaga a exterminar por civilizaciones de máquinas avanzadas. Existe una confederación galáctica y la especie humana forma parte de ella, pero es una especie de segunda fila, sin importancia política, militar o científica. En otras palabras, somos irrelevantes.

El atractivo de la novela reside en los personajes y su facilidad para hacerse entrañables. La pega que se le puede poner es que todos ellos son demasiado majos. No me entiendan mal, no hay absolutamente nada aburrido en la bondad y la tolerancia. Pero esa tolerancia y comprensión que se dispensan unos a otros, elimina cualquier posibilidad de conflicto. Los protagonistas me caen bien, me gustaría irme de copas con ellos o incluso de vacaciones, pero me cuesta mucho encontrar un motivo para seguir leyendo ellos y sobre lo que les pasa. Sobre todo porque no les pasa demasiado.

La situación se corrige parcialmente en la segunda mitad de la novela, en la que se producen revelaciones interesantes sobre algunos de ellos y Becky Chambers nos cuela sutilmente algunas reflexiones interesantes sobre las relaciones entre especies y las relaciones personales, a secas. Además, casi al final, hay un, un ÚNICO, momento de peligro que anima la movida, aunque el adversario, introducido únicamente para provocarlo y que luego no vuelve a aparecer, parece un personaje pegote, improvisado a última hora.

La alarmas, las luces que se encienden en los paneles de mandos como si fueran un árbol de navidad, los zarandeos y las averías detectadas, cantadas a voz en grito en medio de chapuzas heroicas y sin sentido, son recursos que funcionan bien en el cine y la televisión, pero no tanto sobre el papel. Aún así, cumplen su cometido.

Un mensaje tolerante, incluso pacífico, algunos alienígenas muy chulos y unos personajes simpáticos, cofiguran una novela agradable y fácil de leer, a pesar de la falta de acción, a la que sólo se le puede objetar que no deja demasiado poso.

jueves, 18 de abril de 2019

“Al final del invierno” de Robert Silverberg


Suele considerarse que el periodo dulce de la obra de Robert Silverberg fue el que transcurrió entre 1966 y 1976. “Al final del invierno” se publicó en 1988 y en casi todas las webs que he consultado se la considera una obra estimable, pero inferior a las de ese tiempo. A pesar de ello, es de las obras del autor que más he disfrutado durante este año. Cuenta la historia de una comunidad de seres humanos (seres humanos con pelaje, dotados del don de la telepatía, que reside en el “órgano sensorial”, que tiene todo el aspecto de ser una cola). La comunidad ha vivido encerrada en un refugio subterráneo durante milenios, después que una catástrofe sumiera la Tierra en una nueva era glacial. La novela sigue su odisea cuando salen al mundo de la superficie.

Es la historia de un pueblo que afronta el desafío de cambiar por completo su forma de vida, a través de los ojos de un buen puñado de personajes, todos ellos muy bien definidos y, a su modo, muy humanos. Mi favorito es el protagonista principal, Hresh el de las preguntas, devenido con el tiempo en Hresh el de las respuestas, consumido desde niño por el ansía de conocimiento, siempre desesperado por aprender más, muy sabio para su edad en algunos aspectos y muy inmaduro en otros. Incluso su tendencia a monopolizar el conocimiento adquirido me resulta muy humana.

Condición esta, la de la humanidad, muy importante en la novela. La revelación de la verdadera naturaleza del pueblo y como afecta a los protagonistas, es excelente. También me ha gustado que la novela transcurre en un futuro, tan, tan, pero que tan lejano, que la fauna de la Tierra ya no se parece prácticamente en nada a la actual y que en la época mítica anterior a la catástrofe, estaba habitada por más razas que la humana y, en principio, ésta no era la dirigente.

El libro está muy bien escrito, la prosa de Silverberg brilla especialmente en los momentos oníricos y visionarios, como tiene por costumbre. Cierto que, como también tiene por costumbre, son un poco artificiosos. Exudan sentido de maravilla, pero también son un recurso facilón para hacer avanzar la historia o solventar un problema. En ese sentido, lo que menos me ha gustado es el final. Hresh resuelve la situación más desesperada a la que su pueblo se ha enfrentado jamás con poco más que pase mágico de manos. Literalmente, se saca un conejo del sombrero que lo arregla todo.

Existe una continuación, inédita en España. Parece que Silverberg tenía prevista una trilogía que abandonó a causa de la poca recepción obtenida, lo que es un poco injusto, puesto que he leído trilogías, tetralogías y hexalogías mucho peores. Es fácil inferir por donde irían los tiros de la continuación y un vistazo a Internet confirma dicha suposición. Aún así, el desenlace es lo suficientemente cerrado para hacerla innecesaria.

Por último, añadiré que no he encontrado nada demasiado sexista en el libro. Los personajes femeninos positivos superan a los masculinos (aunque en el fondo sólo haya uno auténticamente negativo) y la sociedad del pueblo es un matriarcado.

Con tanto a su favor ¿porqué esta obra ha sido tan minusvalorada que nunca se la incluye entra las listas de lo mejor de Silverberg mientras que “El libro de los cráneos” si? Creo que se debe a su longitud y a su ritmo. Me ha llevado mucho tiempo leer “Al final del invierno”. Es un libro largo, que está narrado de un modo muy pausado, con lo que no sería de extrañar que muchos lectores se aburran. Quizá la razón de mi entusiasmo se deba a que he tenido la suerte de leerlo precisamente al ritmo que la obra requiere.

viernes, 12 de abril de 2019

“El último argumento de los reyes” de Joe Abercrombie



Con esta novela, Joe Abercrombie pone punto final a su trilogía de “La primera ley”, aunque existen otras tres novelas auto conclusivas ubicadas en el mismo mundo, un libro de relatos y está previsto que este año se publique el primer ejemplar de otra trilogía, de cuyas continuaciones ya ha escrito el borrador.
La novela mantiene las mismas características de sus predecesoras, es un libro orientado a personajes, de ritmo sosegado, salpicado por explosiones de violencia.

En “El último argumento de los reyes” el círculo se cierra, los protagonistas exponen sus verdaderos rostros y afrontan su destino. El arco de Logen me ha resultado el más impactante de todos. Hasta llegar a este libro, no había comprendido bien lo de que el único modo de convertirte en otra persona es viajar a lugares donde nadie haya oído hablar de ti. En cierto modo, el Logen que conocemos hasta ahora es el Logen que se ha reinventado a sí mismo y el lector ha aprendido a quererlo, incluso a ser indulgente con su “problemilla”, que aparecía en los momentos más críticos como un Hulk surgido del cuerpo de Bruce Banner. Pero ahora Logen vuelve al norte, a su hogar y el lector le ve a través de los ojos de los que de verdad le conocen y es testigo del tipo de actos por los que ganó el sobrenombre de “el sanguinario”. No es agradable.

Siendo, en líneas generales, un buen libro, “El último argumento de los reyes” para mi gusto es demasiado largo. Sus casi mil páginas se consiguen a fuerza de acumular acontecimientos, pero no todos igual de interesantes. Si bien lo relativo a la guerra del norte es excelente, los problemas personales de Jezal , aunque no carezcan de interés, parecen poca cosa en comparación y Ferro carece de su propio arco dramático, se limita a acumular escenas de combate, hasta que llega su hora decisiva. Me parece el personaje más desaprovechado de la saga. Los aspectos mágicos del relato cobran mayor importancia en este libro que en los anteriores. Lo malo es que son de escaso interés, a Joe Abercrombie ni se le dan muy bien ni le interesan. Su objetivo es más bien retratar la crudeza de la vida real, aunque sea desde el interior de un relato fantástico y eso si que lo consigue, aunque regodeándose con exceso en la tortura y el asesinato.

Para mi gusto, hay una cierta bajada de interés en el tercio final. Cada vez estoy más convencido de que es casi imposible narrar más de una gran batalla en el mismo libro, sin provocar el cansancio del lector. Después de la brillantez con la que se ha descrito la guerra del norte, el asedio de Adua, que debería ser el momento cumbre de toda la saga, resulta flojo. El modo en que cada personaje resulta vital para su desenlace y el punto de vista del narrador salta de uno a otro, abandonándolos siempre en medio de un colosal cliffhanger, suena a algo ya visto, o leído. Me ha parecido rutinario y manido.

Lo peor viene cuando termina la batalla final. Entonces Abercrombie dedica nada menos de cien páginas a atar cabos sueltos, desvelar las maniobras y motivaciones ocultas de cada personaje y guiar a cada uno hacia su destino. No son escenas aburridas, están bien contadas y lo que se descubre es interesante. Lo malo es que lo hace cuando la historia, a todas luces, ya ha terminado y al lector no le queda motivo alguno para seguir leyendo. Y si, se que Tolkien hizo exactamente lo mismo, pero tampoco me gustó en su momento.

viernes, 5 de abril de 2019

Posibles nueva entrega del Metaverso


El pasado día 24 de Marzo, Víctor Conde tuvo a bien pasarse por este blog. Como de pasada comentó que tiene ya escritas otras dos novelas del Metaverso, que están esperando en la cola, a ver si son publicadas por Alamut.

Curioso los vaivenes editoriales que está teniendo esta saga.

He tenido mis mas y mis menos con la obra de Víctor Conde, pero siempre he disfrutado su creatividad y admirado su profesionalidad. El ritmo de producción y publicación de este hombre es apabullante. 

Lo he pasado muy bien con las dos últimas entregas del Metaverso, así que espero que lo mismo le ocurra a Luis G. Prado.

sábado, 30 de marzo de 2019

Grandes directores malos: Baltasar Kormákur


Recupero brevemente esta sección, con la novedad de referirme a un director todavía vivo y en activo. Baltasar Kormákur es un actor y director islandés., de quién me acabo de dar cuenta de que he visto un buen puñado de películas. “Las marismas”, “Medidas extremas”, “Verdades ocultas”, “Inhale”, “Contraband”, “Two guns”, “Everest” y “A la deriva”. Lo que voy a decir se basa en estas, no he visto “101 Reykjavik” ni “El mar”. Con la excepción de “Medidas extremas” que me pareció un thriller más que correcto, en sus películas se muestra como un cineasta por encima de la media del cine actual. Sus personajes están bien definidos y sus argumentos son correctos, sin errores de bulto. No toma al espectador por tonto. Su cine resulta entretenido, pero ¡ay! deja muy poco poso.

Cada vez que he terminado una película suya mi estado de ánimo es satisfecho, pero no entusiasmado. Con el tiempo, termino olvidándolas. Al revisar su filmografía, me ha resultado sorprenderte descubrir que son del mismo director y que muchas de ellas ya las habías visto.

Me recuerda mucho un comentario que leí sobre Joseph H. Lewis, que decía de este maestros de la serie b, que jamás hizo una película mala, pero nunca rodó una obra maestra. Baltasar Kormáku aún está a tiempo de rodar su “El demonio de las armas”.

sábado, 23 de marzo de 2019

“Herederos del tiempo” de Adrian Tchaikovsky



A pesar de su apellido de compositor ruso de música clásica, Adrian Tchaikovsky es un abogado y escritor inglés. La mayor parte de su obra está orientada hacia la fantasía, aunque su mayor éxito lo ha conseguido con su primera incursión en la ciencia ficción, este “Herederos del tiempo” que ha terminado siendo su primera novela publicada en España. Es un autor bastante seguido en los blogs y sitios web que suelo visitar, por lo que tengo la sensación de que había bastante expectación por su obra y, sinceramente, opino que esta novela habría tenido más repercusión si se hubiera distribuido de forma más clásica. No me sorprendería que “Spiderlight”, cuya publicación también está prevista para este año, terminara ganándola en recaudación.

En “Herederos del tiempo” un virus diseñado para acelerar la evolución en un planeta terraformado tiene un éxito inesperado sobre las arañas. La novela se compone de dos tramas paralelas. En una seguimos las desventuras de la tripulación de una nave arca que transporta los últimos restos de la humanidad, supervivientes de una guerra fratricida. En la otra seguimos el ascenso de la civilización arácnida. Unos capítulos están escritos en el pretérito tradicional y otros en presente. Aunque separadas por grandes espacios de tiempo, los personajes de las arañas protagonistas tienen siempre los mismos nombres (Portia, Viola...) y personalidades similares, lo que está relacionado con las características de su especie.

He leído a mucha gente quejarse de la parte de los humanos. No es para tanto. La historia de la Gilgamesh es amena y tiene un cierto regusto pulp que la hace simpática. Pero, en “Herederos del tiempo” las estrellas de la función son, definitivamente, las arañas.

Tchaikovsky consigue que el lector se sumerja en el interior de una forma de vida completamente extraña y describir su sociedad y su biología desde dentro. Una forma de vida en la que el lenguaje y gran parte de la percepción se realizan por el tacto, en la que no existen las relaciones familiares, tal y como nosotros las entendemos, totalmente ajena a la nuestra, aunque en ocasiones, sorprendentemente parecida.

Estoy seguro de que habrá algún crítico que se quejará de que en demasiadas ocasiones.

La recreación de este mundo arácnido es... sorprendente, fantástica. Me quedo sin adjetivos. La narración está llena de efectos ¡atiza! , como le gusta denominarlos a Rodolfo Martínez. Si las arañas son pasmosas, las hormigas no se quedan atrás. Para mi gusto, la parte del libro que narra el conflicto entre ambas especies se ha ganado a pulso un lugar en el Olimpo de los mejores momentos del género. Poco a poco, las arañas van comprendiendo su mundo, haciendo frente a nuevos peligros a nuevos desafíos y a conflictos internos, algunos de los cuales parecen un reflejo de nuestra propia historia y otros no. Y poco a poco, las arañas se van ganando el corazoncito del lector, con su sed insaciable de conocimientos, sus ansías de exploración y su capacidad para cuestionárselo todo, incluso a ellas mismas.

Al contrario que los seres humanos, las arañas de “Herederos del tiempo” tienen un Dios que se comunica con ellas, o lo intenta, alentándolas continuamente a progresar y mejorar sus capacidades científicas y tecnológicas y ni siquiera ese Dios se librará de su cuestionamiento, ni conseguirá imponerles su voluntad.

Puestos a buscarle alguna pega, vicio que encuentro irresistible, diré que el virus “evolucionador” por muy de diseño que sea, me resulta demasiado eficaz, sus efectos son tan grandes que lindan con la magia y que el final me ha parecido demasiado fácil, quizá algo improvisado. Aunque sin duda, el viaje para llegar a él haya valido la pena.

Una de las cosas más bonitas de la ciencia ficción, que raramente encuentro cuando leo ficción de otros géneros, es su capacidad de dirigir mi atención hacia temas en los que nunca antes me había fijado, desvelándome lo apasionantes que pueden llegar a ser cosas que consideraba aburridas o sin interés. Antes de leer “Herederos del tiempo”, nunca hubiera imaginado que las arañas pudieran ser tan fascinantes.

jueves, 14 de marzo de 2019

Ecos, homenajes, guiños…


Nada me molesta más en las reseñas, ya sean de novela, cine o cómic, que la ceguera de considerar una obra sólo como la suma de sus influencias, en vez de intentar analizar el valor que tienen por sí mismas. Es algo muy extendido y, lo triste, es que a veces se hace con buena intención. En el cómic, todo dibujante parece ser una amalgama de Jack Kirby, Mike Mignola y Frank Miller. No hay cineasta comercial, con un mínimo de profesionalidad, que no muestre “ecos” de Sergio Leone, salvo, en el género del terror, los múltiples aprendices de John Carpenter. En la literatura fantástica todo era Lovecraft, Tolkien y Howard. Cualquier drama de época centrado en las intrigas cortesanas es ahora juego de tronos. (cualquier día, alguien dirá que “Falcon Crest” era “Juego de Tronos” en la actualidad. El día en que digan que “Yo, Claudio” era “Juego de tronos” en la antigua Roma, cogeré un hacha y saldré en las noticias)

Hay autores que entran en el juego y efectivamente se dedican a llenar sus obras de guiños, a continuar a sus ídolos o a recrear sus temas o tramas en ambientes diferentes. Nada que objetar, no juzgo a los creadores si no a los reseñadores, que no se les ocurre nada más interesante que comentar que a lo que les recuerda un libro o una novela. Lo que les recuerda a ellos, porque muchas veces se empeñan en ver homenajes o influencias a obras que son culturalmente imposibles. Cada persona es la suma de sus influencias. Y de su cultura y su educación, su vida personal, del momento histórico en que nació… Pero sí, es la suma de sus influencias. Especialmente los supuestos críticos, empeñados en compartir SUS influencias, que no las del autor de la obra que reseñan.

Por supuesto que yo no estoy libre de ese pecado. Esta diatriba a venido al caso porque estoy leyendo “Herederos del tiempo” de Adrian Tchaikovsky. Cuando empecé a leer pensé: La historia de una civilización de arañas inteligentes, en paralelo con unos humanos con problemas de supervivencia… ¡Esto es “Un abismo en el cielo”!. Aunque empañado por los años, tengo un magnífico recuerdo de esta novela de Vernor Vinge, pero “Herederos del tiempo” no tiene nada que ver con ella. Lo que más recuerdo de “Un abismo en el cielo” era la historia de los humanos y el concepto del “enfoque” mientras que en “Herederos del tiempo” lo mejor es la parte de las arañas.

Luego pensé: la historia de una civilización alienígena. Eso me recuerda a la saga Cheela de Robert L. Forward, al “Crisol del tiempo” de John Brunner, a la novela “Incandescence” de Greg Egan, todavía inédita en España (2019 va a ser otro año sin que se publique nada nuevo de Greg Egan en España ¿Cuántos van ya?). Todas ellas obras que tienen en común que yo no las he leído. Ahora que lo pienso, igual es una temática que no me interesa demasiado.

Pero entonces tuve una revelación. A lo que más me recuerda "Herederos del tiempo”, es al argumento del manga “Terra Formars” (Del que sólo leí el primer tomo y me pareció muy malo, pero no tanto como la lamentable película de Takeshi Miike) ¡Es como si Adrian Tchaikovsky se hubiera empeñado en tomarse el argumento en serio y contarlo bien, cambiando a las cucarachas por arañas!

Cosa que no me planteo ni por un momento. Estas referencias que surgen en mi cerebro, hablan de mí y de mis aficiones, pero no tienen nada que ver con las intenciones o ambiciones de Adrian Tchaikovsky.

Al menos, al volcarlas en este post mis lectores se librarán de encontrarlas en la reseña, cuando la escriba.

Me decía a mi mismo que ya no tenía humor para este tipo de posts ombliguistas que escribo cuando no tengo nada que reseñar, pero se ve que me equivocaba.

jueves, 7 de marzo de 2019

“La deriva” de José Antonio Cotrina


“La deriva” se trata de una de esas novelas de Cotrina orientadas a un público juvenil, que pueden ser perfectamente disfrutadas por un lector adulto. Mucho más breve que “La canción secreta del mundo” y con menos intriga y acción, pero también apasionante, a su modo. José Antonio Cotrina ha escrito la novela post apocalíptica más original que he leído, merced a su insólito narrador: Daniel, el fantasma de un adolescente que murió cuando cayeron las bombas.

A través de los ojos de Daniel asistiremos al comienzo de su “segunda vida”, su adaptación a la prolongación de su existencia y sus relaciones con otros fantasmas y, con el tiempo, al renacimiento de la civilización. o a su comienzo. También tendremos, hasta cierto punto, el inevitable triángulo amoroso, aunque la relación con uno de sus vértices esté hecha más de ensoñación que de realidad. Y es que, aunque tiene el aspecto de un chico, Daniel no es tan crio como parece, a fin de cuentas tiene más de cien años. Al comienzo de la novela se encuentra sumido en un estado melancólico y depresivo. A medida que pasan sus páginas, gracias al revulsivo que supone el contacto con los vivos, evoluciona de pasivo a activo, recobra el entusiasmo y va tomando cada vez más iniciativas hasta revolucionar toda su sociedad de ultratumba.

Si, no se me escapa la ironía, esta es la historia de como un muerto recupera la ilusión y las ganas de vivir (y también una historia de amor, de fraternidad y de guerra) Algo de lo que también había en “La canción secreta del mundo”: la reivindicación de la alegría de vivir y el sentido de la existencia, a pesar de su brevedad e insignificancia.

Está escrita con el buen hacer acostumbrado del autor. El hecho de que esté destinada a un público juvenil, también como de costumbre, no impide que haya escenas violentas cuando debe haberlas, ni que masacre sin piedad a personajes, vivos y muertos.

Lo peor para mí, son curiosamente, las escenas de acción, tipo enfrentamiento entre súper héroes, que no acaban de convencerme y que algún personaje secundario está tan poco perfilado que, cuando reaparecen por segunda o tercera vez y se les menciona solamente por su nombre, no se sabe de quien están hablando.

Lo mejor, muchas cosas. Para mi gusto, el capítulo “Un mar de estrellas” cuando Daniel se sumerge en la consciencia de Melmoth. Una preciosidad oigan, sólo por esas pocas páginas me hubiera valido la pena desembolsar el importe de todo el libro, me ha parecido un momento de quitarse el sombrero. Y el final, por supuesto. Es el final “feliz” más escalofriante que he leído. 

jueves, 28 de febrero de 2019

“Normal” de Warren Ellis.


Warren Ellis es un prolífico guionista de comics. Siempre que se publica una novela de un guionista de comics que conozco, siento curiosidad por saber como será. En el caso de Warren Ellis mi curiosidad era doble. En primer lugar, porque es un guionista al que sigo desde hace años, incluso utilizo una imagen de Spider Jerusalem en mi whatsupp (aplicación que utilizo desde hace muy pocos meses). Siempre entretenido, Warren Ellis es a veces genial, a veces infame. Siente preferencia por las ideas alocadas, la ciencia ficción y las teorías conspirativas. También la magia, las catástrofes, los estallidos de ultra violencia y los personajes chulescos e insensibles que fardan de su eficiencia.

La segunda razón por la que sentía curiosidad es que la narrativa de Warren Ellis es muy cinematográfica, tiende a prescindir de los textos de apoyo y a volcar todo su peso en los diálogos y las escenas mudas. Es decir, es de lo menos literario que se pueda pensar.

Aún así, a lo tonto, a lo tonto, esta es ya la tercera novela de Warren Ellis que se publica en España.

La acción transcurre en una especie de hospital psiquiátrico especializado en tratar a prospectores de futuro, gente que trata de anticiparse a futuros problemas mundiales y proponer soluciones, que inevitablemente, terminan volviéndose locos, ante lo horrible del futuro que aguarda a la humanidad.

El protagonista es un interno recién llegado al centro, que es testigo de la brusca desaparición de otro, en el interior, cerrado a cal y canto, de su propia habitación, dejando como único rastro un montón de insectos.

¿Una novela policíaca? ¿Un típico caso de habitación cerrada?

Si y no. En realidad, el misterio importa muy poco a Warren Ellis. La supuesta investigación supone una excusa para concatenar entre si una serie de diálogos entre varios de los enfermos, en los que ellos pueden exhibir sus puntos de vista y su personalidad, que es lo que realmente interesa a Ellis, como en muchos de sus one-shots y limitadas. Los diálogos son divertidos, las ideas que se plantean son bastante alocadas y la resolución del caso es satisfactoria, sin exagerar.

En esta incursión en el mundo literario, Warren Ellis mantiene un buen pulso narrativo y no pierde la atención del lector, pero no profundiza en ninguno de los aspectos tratados, la trama es apenas un esbozo y abandona a los personajes bruscamente cuando se cansa de ellos para pasar al siguiente. Además, ignoro si es cosa de la traducción o si el problema es del propio autor, pero sus metáforas y símiles suenan raros y con poco sentido. Aunque estos inconvenientes no pasan desapercibidos, el ritmo es tan vertiginoso que el lector apenas tienen tiempo de fijarse en ellos.

A la fluidez del relato constituye su poca extensión, porque esto, más que un libro, es un relato. Parece que el mercado editorial empieza a moverse sólo entre dos extremos: los mamotretos de varias toneladas, a menudo pertenecientes a sagas de la longitud de enciclopedias y la encuadernación de extractos de antologías. Normalmente, lo consideraría una ventaja. Siempre estaré a favor de la brevedad, pero en este caso la relación precio / (calidad X cantidad) no sale rentable.

viernes, 22 de febrero de 2019

“Imperio / Crónicas del multiverso” de Víctor Conde



Continuación de “Crónicas del multiverso” en la que el monje guerrero Jan Delvián y la capitana independiente Lina Kolbrand vuelven a cruzar sus destinos.

Tras una serie de lecturas mayormente insatisfactorias, “Imperio” ha resultado ser justo el libro que necesitaba leer y que ha reanimado mi entusiasmo. Los lectores que se aventuren por sus páginas encontrarán las escenas de acción más espectaculares, los escenarios más asombrosos y conceptos a cual más asombroso y desquiciado, muchos de los cuales darían para relatos o para sus propias novelas. Esos lectores asistirán a enfrentamientos con monstruos que se guían por radar o telepatía, a violentas carreras de exoesqueletos robóticos, a batallas espaciales (muchas batallas espaciales), duelos con espadas y rituales esotéricos, que transcurren en las ruinas de ciudades alienígenas, en megalópolis verticales, en ciudades equilibradas sobre un eje, como los dos platos de una balanza, o colgadas de acantilados, en edificios que se sostienen en el aire, sin cimientos, planetas eternamente cubiertos por brumas y nieblas de las que sobresalen gigantescas estatuas, en las cimas de sus montañas y el interior de enanas rojas y agujeros negros. Escenarios en los que confluyen inteligencias inorgánicas que se moldean a si mismas, obsesionadas con la locura, intervencionismo temporal, materializaciones físicas de elementos de realidad virtual, ecosistemas basados en la luz y la energía, el despertar de un Dios y alambicadas teorías sobre la evolución y el destino del universo.

Esta novela es un derroche de creatividad, una inyección en vena de sentido de maravilla en estado puro. Me he entusiasmado mucho con este libro, que quede bien claro, por si alguno de los párrafos posteriores crean alguna duda sobre ello.

Y es que uno se va volviendo un cascarrabias y noto que últimamente, en mis reseñas, me concentró más en lo que no me ha gustado de un libro que en lo que sí, lo que puede dar lugar a confusión sobre mi auténtica opinión.

Habiendo dejado claro ese punto, vayamos con lo que no me ha gustado.

Para empezar, este libro es muy dependiente de “Crónicas del multiverso”, la novela con la que Víctor Conde ganó el premio Minotauro, en una época en la que su prestigio todavía no era una broma entre los aficionados a la literatura fantástica. También tiene múltiples referencias a “El tercer nombre del emperador”. Puede seguirse sin haber leído esta última, pero no tiene mucho sentido leerla si no has leído “Crónicas del multiverso”.

Hacia el final, Víctor Conde toma una decisión muy arriesgada. El clímax de la novela, la batalla final o como queramos llamarlo, se presenta como la rememoración de un espectador, narrada desde el futuro, en tono de gesta heroica. Víctor Conde ha empleado mucho esfuerzo en bucear en los arquetipos de la mitología heroica que se remontan a Homero. El fruto principal de ese trabajo es su novela “La Orfíada”. Tengo la sensación de que, inconsciente o conscientemente, esa investigación se ha filtrado en la presente. Jan Delvián llega a reconocerse a sí mismo como heredero de una larga tradición de héroes legendarios. El autor está en su derecho a hacer lo que quiera y el capítulo está bien escrito, pero el cambio de perspectiva y de lenguaje a mí me ha resultado negativo, distanciándome de lo relatado en el momento más inadecuado posible.

Para remate, el último de los epílogos… A ver, es un epílogo, o sea, algo que aparece cuando ya ha concluido lo principal. Pero aparece después de varios epílogos más relacionados con la trama. O sea que uno ya está un poco cansado: la novela está terminada y requeterminada y se empeña en continuar y continua con un … yo que sé. Fui incapaz de seguir prestando atención a esas divagaciones sobre el final del universo. El recuerdo de “La redención del tiempo” todavía está fresco en mi memoria, el final de “Imperio” parece más meditado que aquel cúmulo de insensateces, me gustaría volver a leerlo, pero la verdad es que, mientras lo leía, lo pasé por encima, consciente de que ya no afectaría para nada a los protagonistas. Además, creo que para entenderlo del todo hay que leer la cronología que viene al final.

Lamento decir que eso ocurre en algún otro momento. La descripción final del ecosistema de la enana roja, por ejemplo. Es un ecosistema muy imaginativo, el autor se lo ha currado, pero su relación con los personajes es tan tangencial, que no sentí el menor interés por ella. Creo que sólo se describe para encajar con ese epílogo y esa cronología que tan poco me interesaron. El autor tiene tantas ideas que contar, que algunas las mete con calzador y no consigue hacerlas interesantes. Ni comprensibles.

El uso que Víctor Conde hace de las diferentes subtramas no termina de convencerme. Introduce a un personaje nuevo justo antes de comenzar el último tramo, (bueno, en realidad lo recupera de “Crónicas del multiverso”) Como odio que me hagan eso y que error más grande de planificación me parece. Mientras el resto de los personajes están envueltos en una crisis intergaláctica de colosales dimensiones, la parte del libro dedicada a Lina Kolbrand no parece tener nada que ver con el resto, hasta que es discretamente apartada en el rincón más remoto del argumento, en espera de su espectacular reaparición final. Pero mucho más grave me parece lo del personaje de Altea. Diré lo menos posible por el tema de los spoilers, pero es un personaje, en principio, muy importante en la novela. Un buen número de páginas se dedican a su relación con Jan y sus peripecias juntos. La escena de su primer duelo de ¿entrenamiento? es magistral. Sin embargo, llegados al final, consigno con sorpresa que su relevancia es completamente nula. Nada de lo que hace o dice resulta de importancia ni tiene consecuencias. Al final, la novela habría sido casi la misma si no hubiera aparecido. ¿Qué pinta en ella entonces?

Por último, el texto está salpicado de notas a pie de página. Esas notas a pie de página, no es que puedan ser perfectamente ignoradas, sin que por ello peligre la inteligibilidad de la historia si no que DEBEN SER IGNORADAS. Su único fin parece ser interrumpir la lectura, porque no aportan información relevante, útil o interesante. Si no lo he soñado, recuerdo haber leído a Rodolfo Martínez quejándose de la costumbre de Jack Vance de incluir notas a pie de página en sus obras, diciendo que jamás se debe de interrumpir de ese modo la narración y que si la información que aparece en las notas es importante, el autor tiene que buscarse la vida para incluirla en lo narrado, sin forzar esas interrupciones. Jack Vance al menos decía cosas curiosas. No sé que puede haber movido a Víctor Conde a incluirlas. Hasta donde me alcanzan mis lecturas, son las peores notas a pie de página que jamás un autor haya incluido en su propia novela.

Vaya, parece que mi yo cascarrabias y egocéntrico ha vuelto a tomar el control y he dedicado casi más tiempo a lo que no me ha gustado que a lo que sí. Bueno, concluiré que no es una obra adecuada para todos los paladares, pero si que es muy emocionante y adictiva. Ratifico mis palabras: un derroche de creatividad, una inyección en vena de sentido de maravilla en estado puro.