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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

martes, 29 de agosto de 2017

“Trilogía del abismo: Los botes del Glen Carrig” de William Hope Hodgson


Esta novelita me inspiraba algunas reticencias, porque la información de la que disponía me indicaba que en ella Hodgson imitaba el lenguaje de los autores del siglo dieciocho. Temí encontrarme con algo similar al comienzo de “El reino de la noche”. Afortunadamente, no ha sido así. “Los botes del Glen Carrig” se lee sin ningún problema.
Cuenta las aventuras de un grupo de náufragos supervivientes de un naufragio. Hay algunos detalles que me resultaron extraños en la estructura de la novela. Lo mas llamativo, es que los diálogos brillan por su ausencia. Esto es muy realista, se supone que es la narración que el protagonista hace a su hijo de sucesos vividos muchos antes, pero no contribuye a la inmersión profunda del lector en lo narrado y hace algo fatigosa la lectura, aunque se compense por su ritmo y brevedad.
Los otros detalles son que jamás se menciona el naufragio del Glen Carrig jamas se relata ni se menciona, pareciera que fuera un suceso insignificante que no afectara los protagonistas. Esto permite ir directamente al grano, pero me resulta algo chocante. Por último, el comienzo de la historia, que transcurre en una especie de isla desierta, no parece tener mucho que ver con el resto. Es como si Hodgson tuviera dos historias independientes sobre las terroríficas tribulaciones de unos náufragos y las hubiera empalmado, aunque no fueran concebidas así originalmente.

El mar por el que navegan los supervivientes del Glen Carrig es el mar de la literatura de William Hope Hodgson. Es decir, un mar poblado de misterio, horrores nocturnos y barcos abandonados. Probablemente ésta sea su narración más larga referida al mar de los sargazos, aunque nunca se usa ese nombre, descrito como un inmenso continente de algas en el que los barcos quedan atrapados, por el que circulan cangrejos y pulpos gigantes, entre otros horrores. (China Mieville dijo que Hodgson es el autor que enseñó a Lovecraft a temer a los pulpos)

El conjunto se asemeja a una de esas historias de Julio Verne, como “La isla misteriosa” o “Dos años de vacaciones”, que cuentan las andanzas de un grupo de náufragos, al que se le han añadido elementos terroríficos. Un Robinson Crusoe con monstruos. El resultado es dispar. Ninguno de los personajes es digno de tal nombre, apenas se distingue al contramaestre de los demás. Sus relaciones son inexistentes, incluso la historia de amor, que la hay, es patética y no por su dramatismo, sino porque parece apenas un esbozo de una historia de amor, los personajes se enamoran porque sí, como si fueran un par de líneas incluidas en un borrador. La parte “robinsoniana” de la historia, es aburrida, Hodgson no consigue hacer interesantes la reparación de un tablón ni la construcción de un arco o una cometa.

Por otro lado, la parte terrorífica es muy buena. Hodgson era un gran creador de escenarios, ambientes y criaturas monstruosas. Las dos islas en las que recaban los náufragos permanecerán en mi cabeza mucho tiempo. El modo en el que insinúa las amenazas y como, poco a poco, estas pasan de ser una vaga sensación de intranquilidad en la cabeza del narrador hasta hacerse reales, es genial.

Por cierto, que menudo gafe, que casualidad que todas los ataques ocurran siempre durante su guardia.
En fin, una obra muy entretenida, con algunas partes mediocres y otras geniales.

viernes, 25 de agosto de 2017

“Domori” de Sofía Rhei

 

Me va a costar escribir esta reseña, sin soltar spoilers como loco. “Domori” parte de una idea idea imaginativa y bien desarrollada, de esas que sirven perfectamente para ambientar largas trilogía, para contar la típica historia de descubrimiento y auto-descubrimiento, en la que un personaje joven aprende los recovecos de su mundo y empieza a entenderse a sí mismo. Lo hace muy bien. “Domori” es una novelita fresca y agradable de leer, con la que he disfrutado mucho. Está bien escrita, dosifica adecuadamente la intriga y la acción y contiene algunas vueltas de tuercas inesperadas.

La idea principal, esa que me muero de ganas de revelar, es, como ya he dicho, brillante y me ha recordado algunos detalles que he oído mencionar, de una obra reciente mucho más publicitada, aunque como no la he leído y no hay nada nuevo bajo el sol, omitiré decir más.

En este mundo no hay nada perfecto, sin embargo, y hay un par de detalles que me han chirriado un poco.

Uno es que hay un par de conversaciones que no me han resultado naturales, de esas en las que los personajes desnudan su alma con una habilidad expresiva que parece exceder sus capacidades. Es un defecto que he encontrado a menudo en obras destinadas a un público juvenil. ¿Es esta una de ellas? No sabría decirlo, aunque sigue uno de sus esquemas clásicos, el contenido sexual del pasaje “azul” (los que la hayan leído me entenderán) y algún otro no pegan con esa etiqueta. De la violencia y la muerte no hablo, la literatura juvenil ya no es lo que era.

Y el otro es uno de esos temas tan personales, que me hacen parecer tan tiquismiquis, que entendería que la autora o sus fans me corrieran a gorrazos por la calle. Es el siguiente: no me ha gustado el uso metafórico que se da del término “terraformación” en el libro. Para los aficionados a la ciencia ficción, es demasiado evidente, para el resto del público es incomprensible. Si soy capaz de usar bien internet, no es un término que haya sido todavía aceptado por la RAE, si lo empleo delante de la mayoría de mis conocidos, se quedarán mirándome, preguntándose que me pasa en la boca. Además, suena raro, tiene muchas sílabas, no me parece un palabra que pasase con facilidad al lenguaje. ¿Cual usar en su lugar? Ah, esa es una buena pregunta. Es mucho mas fácil quejarse de las cosas que ofrecer alternativas.

domingo, 20 de agosto de 2017

“Luna: Luna de lobos” de Ian McDonald


Esperadísima continuación de “Luna: Luna nueva”, continúa las aventuras de la familia Corta. “Luna de lobos” tiene el típico problema de las continuaciones: el elemento sorpresa se ha perdido, por más interesante que sea el mundo en el que transcurre, ya nos lo conocemos. Por otro lado, cuenta con la ventaja de que la historia ya está en marcha, puede ir al grano sin perder tiempo en presentaciones ni explicaciones.

Bueno, un poco explicaciones y presentaciones sí que hay, ha pasado un año y medio y en la primera parte del libro se recapitula que ha sido de los personajes y, con hábil y sádica mano, Ian McDonald se guarda para el final aquellos por los que el lector estará más interesado. Algunos ganan en humanidad y otros son dejados de lado. Por ejemplo, el personaje de Marina Calzaghe , tenía como función en “Luna nueva” ser los ojos del lector, que descubría a través de ellos el mundo lunar. Eso, y también salvar el día, de vez en cuando, con su rapidez de reacción y su valor. Como el mundo ya está presentado, en “Luna de lobos” ha perdido su función principal y pasa un discreto, no segundo, sino tercer plano, aunque deje a su paso una escena conmovedora.

Por el contrario, tenemos mucho más del lobo Wagner, con una cierta profundización en la cultura lobuna, a Lucasinho, personaje al que al principio tenia cierta tirria, pero que, a base de acumular tantos y tantos defectos, al final me es casi imposible no quererlo y, además, protagoniza uno de esos “momentos McDonald” para el recuerdo: párrafos y párrafos hablando de tartas. Puede hacerse cansino, pero acabó haciéndome gracia. Y, por supuesto, tenemos a Lucas, cuyo periplo terrestre nos permite conocer un poco mas la Tierra de este mundo futuro, analizado desde un punto de vista selenita, lo que nos permite comprender mejor la Luna ficticia y satirizar el mundo real.

Mas que una continuación, casi podríamos hablar de una prolongación, “Luna de lobos” no tiene sentido sin “Luna nueva” y es absurdo intentar leerla sin haber leído la anterior. Por otra parte, es casi de obligada lectura para los que la leyeron, como lo será una hipotética tercera parte. El estilo de la narración es coherente con la primera parte y no sorprenderá a los lectores, aunque algunas decisiones de Ian McDonald siempre resulten peculiares: dedica más tiempo a los recuerdos de infancia de un personaje que a un golpe de estado, a la música que escucha Lucas durante su entrenamiento para aclimatarse a la gravedad terrestre que al propio entrenamiento, dedica varios capítulos a presentar un personaje nuevo, que, aparentemente, no tiene nada que ver con la trama (aunque acabará siendo vital), se centra en los que padecen una crisis (bien por su ética) en lugar de en los que la provocan o gestionan, lo que tiene el inconveniente de que el lector no sabe lo que está pasando. Y dedica muchas, muchas frases a describir un aparato sexual masculino.

Diría que en comparación con el primer volumen, hay menos ideas y pasan menos cosas, pero las que ocurren se viven con mas intensidad. En este volumen, la aventura prima sobre la intriga. Ya he mencionado una cierta crisis. Gran parte de la novela consiste en los protagonistas intentando sobrevivir a esa crisis. Esta parte de la novela, cuajada de escenas espectaculares y dramáticas, aventaja a su predecesora en emoción y en acción. Sin duda el hecho de haberlo leído durante el periodo de jornada continua de mi trabajo ha influido en ello, pero hacía tiempo que no me veía tan absorto por la lectura de una novela, mas que leerla, la he devorado.

Recuerdo que en los comentarios de mi reseña de la primera parte Alb definía “Luna: Luna nueva” como “Un culebrón, sí, pero de primerísima.” Bueno, pues después de consumir la segunda temporada, me temo que ya estoy absoluta y completamente enganchado.
 

martes, 15 de agosto de 2017

“Jagannath” de Karin Tidbeck



Personalísima e inclasificable colección de relatos, que me confieso incapaz de enjuiciar.

Por un lado, reconozco mi admiración por el buen hacer de su autora. En estos relatos no sobra ni una coma. Son relatos breves que llegan a su conclusión ¿lógica? ¿apropiada?, sin que, a pesar de su brevedad, se produzca sensación de alguna de apresuramiento. Todo fluye al ritmo adecuado para lo que se está contando. Su estilo es transparente, sutil. No hace alardes ni subrayados: aparentemente se limita contar objetivamente lo que está sucediendo y crear esta ilusión de objetividad es uno de los mayores desafíos a los que se puede enfrentar un escritor. Su imaginación es portentosa. Prácticamente todos los relatos son sorprendentes, nunca utiliza clichés ni tópicos y algunos de sus ideas son asombrosas. También me encanta el modo en que Karin Tidbeck es capaz de dar la vuelta a sus argumentos, la sencillez con la que se las arregla para introducir el elemento fantástico en un relato costumbrista, para lo que, en una ocasión, le basta el sonido de unas campanillas.

Pero por otro lado, entre tantas cosas buenas, a veces tengo la sensación de que me están tomando el pelo. Si todos los relatos son desconcertantes, algunos de ellos lo resultan demasiado para mi gusto, como el que abre el volumen, que contiene la famosa descripción erótica de un dirigible, o el insustancial Her Cederberg, para mi gusto el peor del libro, que basculan en la delgada línea que a veces separa la genialidad de la chorrada.

lunes, 7 de agosto de 2017

“36” de Nieves Delgado


Historia de la vida y la evolución personal de una inteligencia artificial, “36” es un brillante alegato en contra de los prejuicios y la estrechez de miras de la raza humana. Nieves Delgado propone un mundo en que las inteligencias artificiales conviven con la raza humana sin llegar a estar a la altura de sus expectativas. Aunque súper inteligentes, su modo de pensar es tan ajeno al humano que no comparten nuestras motivaciones ni objetivos. Al contrario que en Star Trek, su objetivo no es ser humano, ni piensan que ser humano sea algo extraordinario. No les preocupa el éxito social, ni la riqueza, ni el sexo, ni el afán de conocimiento, ni, a la postre, la auto preservación. Y los seres humanos no pueden soportar que no compartan sus puntos de vista.

Es una especulación muy interesante y está muy bien explicada. El problema es que fuera del desarrollo de esa especulación, el volumen carece de interés. El hilo narrativo que lo sostiene es muy frágil, no logra involucrar al lector y cuando, finalmente, empieza a ponerse interesante con un misterio, es cortado en seco, interrumpido por listados de hilos de redes sociales.

“36” contiene algunos ataques muy certeros a las obsesiones del ser humano, como son la comida y el arte. En algún momento se habla de la adicción al melodrama de nuestra especie. Sin embargo, para ser mas disfrutable, esta novelita habría necesitado de un poco más de melodrama.