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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

domingo, 24 de noviembre de 2013

"Los guerreros de Dios" de Andrzej Sapkowski





Si tuviera que ponerme a buscarle pegas a “Los guerreros de Dios”, lo crean o no, lo primero que señalaría es la dificultad de recordar los nombres de los personajes. Soy consciente de que parece una soberana tontería, pero hay tantos y tantos personajes, y sus nombres suenan tan raros a los oídos de un lector español, que es muy fácil perderles la pista, sobre todo cuando ha pasado tanto tiempo desde que se publicó la anterior entrega de la serie, y muchos de ellos son viejos conocidos. Justo es reconocer, sin embargo, que cuando esto ocurre suelen ser someramente presentados, y que no suele necesitarse mas. Es decir, si te dicen que tal personaje es "un viejo conocido", problamente eso sea lo único que necesites saber de él.

El lector nacional tiene otros problemas, el desconocimiento en nuestro país de los hechos y de la época que se nos narra. Antes de leer estos libros, había oído en algún lado hablar de que habían existido unas guerras husitas, pero no tenía nada claro lo que era. Estas novelas me han revelado que hubo auténticas cruzadas en pleno centro de Europa y que Checoslovaquia (si no me equivoco, putas fronteras que no se quedan quietas), se convirtió en un estado herético que resistió a las fuerzas papales y papistas durante un buen puñado de años. Sólo por eso ya merece la pena la lectura. Sin embargo, parece que no es tan desconocido en Polonia. Sapkowski cuenta con el conocimiento previo de sus lectores. Si no, no se explica que dedique tanto tiempo a describir a unos personajes, al principio de la novela, ¡que luego no vuelven a salir! Lo único que se hace es vaticinar su negro futuro. Está claro que los ha colocado porque asume que el lector estaba esperando su aparición, y que no se explaya sobre ellos porque asume que el lector ya conoce lo suficiente sobre sus vidas. No es mi caso. De igual modo, algunos chistes o referencias son imposibles de pillar, incluso con la esforzada ayuda de los traductores (A la referencia a una oración en el capítulo vigésimo primero me remito).

En otras ocasiones hablaría sobre la magnífica recreación histórica y esas cosas. Todavía me lo parece. No cabe duda, dada la cantidad nombres de figuras históricas y citas que aparecen, que la tarea de documentación ha sido ingente. Pero ¿ha sido bien plasmada en la novela? Pues no tengo ni idea, porque es un tema que no domino. A menos que algún día aparezca analizada en "Novela anti histórica", blog por cierto muy recomendable, cerraré mi enorme bocaza y me reservaré ese tipo de juicios de valor. En todo caso, salvo las partes relacionadas con magos, una visión muy idealizada del culto a la Diosa Madre, también presente en "Narrenturm" que me resulta demasiado new age, los cambia formas y los salta cuerpos, todo lo demás me ha resultado muy verósimil.

Por otro lado, en los primeros capítulos, hay un cierto "mareo de perdiz", como viene siendo habitual en Sapkowski hay un exceso de flashbacks y saltos temporales, adelante, atrás, vuelta adelante. Una estructura narrativa excesivamente compleja, ya que esa complejidad no aporta nada de por sí. Mención aparte merece el capítulo quinto. Bastante entretenido, funciona como una especie de resumen de los hechos ocurridos en "Narreturm" que vamos a necesitar saber para entender la historía. ¿idea genial o mera paja? He ahí la cuestión. Aunque es largo, se lee bien, y gracias a él se repescan los hechos importantes. El problema es que no hace avanzar la historía, al final del capítulo, todo está mas o menos igual que al principio, apenas tiene consecuencia. Una persona que acabara de leer el primer libro o que tuviera memoría fotográficia tendría la sensación de que se le está tomando el pelo.

En cuanto a las virtudes, son la que cabe esperar de un autor como Sapkowski, personajes bien definidos y llenos de humanidad, con comportamientos creíbles, un gran sentido del humor y una maestría absoluta en los diálogos.  Sapkowski es uno de los mejores escritores que he catado en los últimos diez años y su maestría literaria se deja ver en cada página. Leerle ya sería un placer, sólo por lo bien que escribe, sin contar con que lo que cuente sea interesante que lo es. Una vez el relato coge velocidad de crucero, las aventuras y desventuras de Reynevan de Bielau se hacen apasionantes. Es casi imposible soltar el libro mientras escapa de un captor para caer en manos de otro, una y otra vez, hasta que perdemos la cuenta.  Asistimos con él a los entresijos del conflicto husita, vemos la trastienda de las revoluciones, y tal vez de tdoas las guerras. las campañas de propaganda y antipropaganda, los saqueos, los estragos de la guerra, la conducta cruel y fanática que se da en ambos bandos., todo ello aderezado con periodos de calma, en los que avanza la situación personal de Reynevan.

Reynevan ya sabe pelear, ha comprendido algunas verdades de la vida, es mas tolerante, pero sigue siendo, en el fondo, tan ingenuo como en la anterior. Ahora ha abrazado por los motivos erróneos y con fervor casi fanático la causa husita, aunque, realmente, lo desconozca todo sobre ella. Esta serie me recuerda un poco a algunos cómics de Goscinny, en los que el personaje principal que da nombre a la serie es el menos interesante de los personajes de la serie, deslucido frente al puñado de locos que le rodean. Reynevan es menos interesante que Scharley y sobre todo, menos interesante que Sansón Melies, ese pedazo de hallazgo capaz de comerse toda la novela, si el autor le dejaran.


En fin, terminemos que empiezo a divagar, los que ya hayan leído a Sapkowski ya pueden esperarse lo que se encontraran, momentos divertidos, momentos emocionantes o terribles, intervalos tranquilos y una visión mas bien pesimista y desesperanzada de la vida en la que  la injusticia y las calamidades campan a sus anchas por el mundo. Dicho a si, suena muy lúgubre y sin embargo poco hay mas luminoso que leer a Sapkowski reflexionar sobre el mundo actual mientras nos cuenta sus historias de magos y hechiceros, ya sean situadas en el universo de la leyenda o en el del pasado histórico. Pues la vida puede ser terrible pero tan bien gozosa y leer a  Sapkowski es uno de esos gozos. Los que no lo hayan hecho, deberían probarlo.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

"La sombra de Ender" de Orson Scott Card

“Orson Scott Card me demostró que un escritor de CF podía ser un autor completo. A él le debo, sin la menor duda, que me empezara a preocupar porque mis personajes fueran algo más que meros actores y comenzaran a tener relieve y profundidad”

Orson Scott Card y yo

Son palabras de Rodolfo Martínez, en el prólogo de Jormungand: Tierra de nadie, le edición de NOVA. Orson Scott Card es un autor de antaño gran éxito y prestigio que ha sido muy importante para mucha gente, incluyéndome a mi mismo. “La saga de Worthing”, “Traición”, “El juego de Ender” y “La voz de los muertos” permanece muy vivos en mi recuerdo y es un recuerdo dorado. Prefiero no volver a visitarlos por temor a encontrarme una casa que ya no es la mía. En aquella época le consideraba uno de los autores más chiripitiflaúticos que ha habido y habrá. “Wyrms” me pareció un poco más flojo pero no estaba mal, “Maestro Cantor” se me hizo excesivamente trágico y melodramático y eché de menos elementos más fantásticos o espectaculares, pero me conmovió.

Las cosas empezaron a torcerse con “Ender el xenocida”, que aunque me pareció que tenía partes magníficas, juzgué que su anticlimático y desconcertante final la echaba a perder. Ingenuo de mí. “Hijos de la mente de Ender” si que tuvo un final anticlimático y, en su mayor parte, decepcionante. Pero al menos se había acabado.

“La saga del retorno”, me pareció una historia emocionante, muy agradable de leer, pero, básicamente, más de lo mismo, ya había perdido la capacidad de sorpresa, veía venir al autor. Una vez mas, el último volumen de la serie, fue el peor de todos, agravado por lo mucho que se hizo esperar (a mi al menos me costó mucho encontrarlo).

¿Y que decir de “Niños perdidos”? Un cuento de fantasmas de, digamos, unas treinta páginas, alargado a novela mediante la estrategia de contar la vida cotidiana de la familia protagonista, a modo de prologo, durante trescientas páginas. Hay a quien le gusta, concretamente, creo habérselo leído a Rodolfo Martínez, de nuevo, no sé donde, quien apreciaba el retrato de personajes de la familia y de la vida en una empresa de juegos de ordenador. A mí me aburrió mortalmente.

Peor aún, si siempre había apreciado el detalle y la sensibilidad con la que describía los sentimientos de sus personajes, de hecho era el principal atractivo de la prosa de Card, en “Nacidos en la tierra” y “Niños perdidos”, me cansaron, y me pareció que había caído en lo ñoño y sensiblero.

Con Orson Scott Card me pasa como con Frank Miller, tras años de ser su mayor fan y devorar todas sus obras, ahora evito todo lo que publica, porque me supone decepción tras decepción.

La sombra de Ender

El caso es que el inminente estreno de la adaptación cinematográfica de “El juego de Ender”, me ha animado a leer la novela que nos ocupa, sobre todo porque la maquinaria mediática que la acompaña dice que en la película se incluiría material de “La sombra de Ender”. Aparte de eso Miquel Barceló y el propio Card tienen esta novela en alta estima. Siempre que un grupo de frikis se detiene en Internet a debatir sobre “El juego de Ender”, alguien acaba diciendo que cree que es incluso mejor que la novela original. Recuerdo incluso haberle leído a Rodolfo Martínez algo así como que con “La sombra de Ender” había recuperado parte del nivel de antaño. (No me acuerdo bien de las palabras exactas, y ya le he citado tres veces, debe estar a punto de salir del monitor de mi PC para degollarme con un garfio)

Bien vayamos a mi opinión personal. Para los que no lo sepan, esta novela cuenta la historia de Bean, uno de los compañeros de Ender en la escuela de batalla, el más joven de todos y al que Ender trataba como los profesores le trataban a él. En su mayor parte es un remake de “El juego de Ender”, cuenta exactamente la misma historia, pero desde otro punto de vista. La cosa empieza bien, la historia de la supervivencia de Bean en las calles es dura y sin concesiones. Luego Bean va a la escuela de batalla y allí se acabó todo.

En el prólogo Card hablaba de que su reto era conseguir que la novela se sostuviera por si sola independientemente de la novela original. ¿Lo consigue? Yo creo que no.

Mi opinión, y subrayo que es mi opinión, es que “La sombra de Ender” solo tiene interés para los fanáticos de “El juego de Ender”. Su principal objetivo es responder a incógnitas que les han atormentado desde que se publicó, como ¿si había que ser tan inteligente para ingresar en la escuela de batalla, como es que todos los niños menos Ender parecen tan pardillos? ¿Cómo una amiga de Ender, supuestamente inteligente, pudo estar a punto de conseguir que lo mataran?, y pequeños detalles por el estilo.

El propio Bean no se libra del revisionismo. En esta novela resulta que es mucho más inteligente de lo que parecía en “El juego de Ender”, lo que vuelve difícil de comprender algunas de sus acciones, a pesar de las largas y pormenorizadas explicaciones que nos da Card.

Las explicaciones. Otro punto flaco de la novela. Decía Alberto Cairo en “Ese repelente niño Vicente” “Ender piensa a lo bruto, estruja los axones de sus neuronas hasta que escupen neuropéptidos a los cuatro vientos, pero siempre piensa lo mismo durante todo el libro, lo que resulta increíblemente agotador para cualquiera” No recuerdo que “El juego de Ender” me causara esa impresión, pero “La sombra de Ender” si me la ha causado. No es sólo que Bean se repita lo mismo a sí mismo una y otra vez, sino que tiene que analizarlo todo. Es como si cada capítulo se compusiera de dos partes: acción y análisis. Bean tiene una conversación., a continuación Bean reflexiona durante quince páginas sobre el significado de esa conversación. Se produce un altercado, Bean reflexiona durante veinte páginas sobre los motivos del altercado, las causas ocultas que se esconden tras las acciones de sus participantes y así. Card se esfuerza tanto en que el lector se meta en la piel de sus personajes y les comprenda perfectamente, que tiene que explicar hasta el menor de sus actos, con puntos y comas, repetirlo para que quede claro y concluir con un epígrafe.

Dicho esto, he de reconocer que ha habido algunas cosas que me han gustado. Por ejemplo, al contrario que Ender, la mentalidad de Bean es completamente civil. Curioso, puesto que termina la novela decidido a seguir la senda militar, pero es así. Bean se ríe o se toma con ironía los exagerados y cabezotas comportamientos militares y les rompe los esquemas a sus profesores, que, al revés que en el caso de Ender no son capaces de manipularle. Bean descubre por donde van los tiros, actúa a sabiendas y, aunque mas inteligente, no es un líder carismático. Por desgracia, aunque se acerca, no por ello Card consigue dotar de mayor humanidad y empatia a esta máquina de calcular con patas, al menos, no en la novela presente, aunque tal vez si lo haga en las secuelas.

En fin es una novela mas o menos agradable de leer, quizá en otro momento de mi vida me hubiera resultado mas emocionante, sin embargo, los momentos que supuestamente deberían resultarme mas intensos, el enfrentamiento con Aquiles, me resultaron rutinarios. Me ha producido una cierta sensación de perder el tiempo. Si no estuviera el nombre de Orson Scott Card en la portada, lo habría tomado por un fan-fiction escrito por alguno de sus fanáticos. Mejor que las secuelas y precuelas de Dune que han perpetrado Brian Herbert y Kevin J. Anderson, de una calidad similar a las novelas de Star Wars de Timothy Zahn e inferior a las de “Warhammer 40K” de Dan Abnett.

Si tenéis curiosidad, el artículo de Alberto Cairo sobre "El juego de Ender" puede encontrarse aquí Es un punto de vista tan respetable como cualquier otro y dice algunas verdades como puños, pero esta escrito de un modo que me resulta fatigosos y aburrido.