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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

jueves, 7 de diciembre de 2017

En defensa de Stephen Baxter


Tuve un compañero de trabajo, forofo de Neil Gaiman y Terry Pratchet, al que un día vi con un ejemplar de “La Tierra Larga”. Le pregunté que tal estaba y me contestó que era muy flojo, que tenía algún momento bueno, pero que era un intento de un escritor joven de aprovecharse de la fama del maestro Pratchet.

Ante esto, tuve que manifestar mi perplejidad. ¿Stephen Baxter un escritor principiante que intenta aprovecharse de la fama de otros? ¡Si lleva treinta años escribiendo y es uno de los escritores de ciencia ficción hard más respetados que existen! ¡Si le llevan llamando el nuevo Arthur C. Clarke o el sucesor de Arthur C. Clarke prácticamente desde que empezó su carrera! (Stephen Baxter es inglés y tiene una formación científica muy sólida)

Esta reflexión me llevó a plantearme porqué Stephen Baxter puede ser tan poco conocido o infravalorado en España, sobre todo cuando tiene un buen montón de obras publicadas en nuestro idioma. Repasándolas, sin embargo, me di cuenta de que el problema pueda estar en lo poco representativo de su obra que son los libros publicados en España y en que, además, son obras cuyo interés mediático no está relacionado con la autoría de Stephen Baxter, hecho que incluso conviene minimizar, por motivos publicitarios.

Me explico. Empecemos con la ya citada colaboración con Terry Pratchet. Terry Pratchet es un autor MUY famoso. Rematadamente más famoso que Stephen Baxter. Si esas novelas se han publicado en castellano, ha sido porque aparece en sus portadas el nombre de Terry Pratchet. La mayor parte de la gente que se las compre, serán forofos de Terry Pratchet. Y probablemente salgan decepcionados, por los comentarios que he oído. Personalmente, no las he leído, así que no tengo opinión.

Lo mismo ocurre con las colaboraciones con Arthur C. Clarke. En la primera edición española de “Luz de otros días” el nombre de Baxter aparecía minimizado en la portada y era casi inexistente en la contraportada, que, sin embargo, se explayaba sobre la carrera de Clarke. Curiosamente, las colaboraciones entre Clarke y Baxter son las mejoras obras que Clarke escribió en colaboración, mil veces mejores que sus aburridas colaboraciones con Gentry Lee y mucho más consistentes que las “colaboraciones” con Paul Preuss (que al menos eran entretenidas) Opino, incluso, que son las mejores obras que Clarke publicó al final de su carrera y tengo la sospecha que los editores ingleses utilizaron como reclamo la presencia de los dos autores, fue algo así como “juntemos a Arthur C. Clarke y al nuevo Arthur C. Clarke”.

Sin embargo, en España pasaron como colaboraciones de un maestro con un joven advenedizo que se aprovecha de su nombre.

La venerable Nova Ciencia Ficción, de Miquel Barceló, publicó dos novelas de Stephen Baxter. Una fue “Las naves del tiempo” que tampoco he leído. “Las naves del tiempo” tiene una fama acojonante y no es raro encontrársela en las listas de las mejores novelas de ciencia ficción del siglo pasado. Sin embargo, no deja de ser una continuación de “La máquina del tiempo” de H.G. Wells. Aquí el reclamo está en la obra de Wells, a pesar de sus indudables méritos.


La otra novela que publicó Nova es “Antihielo”. Esa si la he leído y la tengo junto al teclado en estos momentos. Es una buena novela, pero no es una gran novela, ni mucho menos una magnífica novela. Mas bien correcta y, una vez más, poco representativa de la obra de Baxter. Con esta breve selección, Nova dio la sensación de que Baxter era un autor especializado en homenajes, lo que dista mucho de ser cierto. Miquel Barceló tenía intención de publicar más obras de Baxter, pero nunca llegó a hacerlo.

La Factoría de ideas si que apostó fuerte por Baxter. Reeditó o editó sus colaboraciones con Clarke y publicó tres novelas exclusivamente suyas. “Evolución”, “Inundación” y “Arca”, ignoro con qué resultados comerciales. Tengo la sensación de que pasaron bastante desapercibidas. Sospecho que la Factoría cometió un error muy típico, se volcó en publicar sus obras mas recientes, que no tienen porque ser las mejores ni las mas comerciales. “Evolución” tiene pinta de ser un buen libro, pero tiene aspecto de veneno para las ventas y probablemente sea difícil de leer. “Inundación” es una de catástrofes. “Arca” parece una obra más típica de Baxter.

Finalmente, por ahí existe el comienzo de una serie ucrónica, “Emperador”, de la que no sé absolutamente nada, excepto que no se llegaron a publicar sus tres continuaciones.

De modo que en casi toda la obra de Stephen Baxter publicada en España, el reclamo comercial era cualquier cosa menos él. Cierto es que, con una bibliografía tan dilatada como la suya, es imposible que todas sus obras tengan un nivel de calidad muy alto, pero resulta de lo más frustrante repasarla y ver como, aunque tiene una afición a las ucronias que yo no comparto, lo más atractivo de su obra, inevitablemente, jamás llega a España. Parece mentira que nunca hayamos visto una edición de la saga Xeelee por ejemplo, que es una señora obra de culto, pero seguro que acabaremos viendo “The massacre of the Manking”, su continuación de “La guerra de los mundos” que por cierto viene precedida de críticas muy negativas.

Es tan frustrante, que me dan ganas de afirmar que si alguien propusiera una campaña de crowfunding para traducir la saga Xeelee les daría todos mis ahorros y, si no lo hago, es solo por el miedo a que alguien me tome la palabra. 

viernes, 1 de diciembre de 2017

"Mil millones de años hasta el fin del mundo. Un manuscrito hallado en extrañas circunstancias.” de Arkady y Borís Strugatski.

 


Voy a hacer una cosa extraña con esta reseña. La voy a dividir en apartados, no porque sea larga (espero que no) sino porque así es como se ha estructurado en mi cabeza

La edición.

Al contrario de lo que dice la contraportada, aunque posiblemente si sea la primera vez que se publica esta novela en España, no es la primera vez que se publica en castellano. Buceando por Internet es fácil encontrar información sobre una edición antigua que se tituló “Decididamente tal vez”, probablemente argentina.
 
La que nos ocupa es muy buena, con mención especial de la traducción de Fernando Otero Macías. El único pero es el exceso de notas a pie de página. Algo inevitable, si tenemos en cuenta que los Strugatski eran autores tan rusos como Stephen King estadounidense. Las referencias a aspectos de la cultura rusa completamente desconocidos para el lector medio son tantas, que, la única alternativa posible hubiera sido sustituirlas por referencias similares de la cultura española, con lo que eso hubiera significado de desviación del original. Las notas son interesantes, pero hay tantas que el lector acaba teniendo que elegir entre leerlas o leer la novela, elección bastante fácil, créanme. Yo llegué a un compromiso, las echaba un vistazo rápido y seguía con lo que estaba leyendo.

La estructura.

La estructura es un poco peculiar. Los capítulos se componen de extractos. ¿Extractos de qué, exactamente? Nunca queda claro, supongo que del “manuscrito hallado en extrañas circunstancias”, al que alude el subtitulo. Extrañas circunstancias que tampoco se aclaran. Los extractos suelen empezar con puntos suspensivos, como en medio de una frase, y, a veces, se acaban convenientemente, en medio de un suceso interesante, dejando al lector comiéndose las uñas.

Además, como el traductor avisa justo al comienzo, la novela empieza en tercera persona y termina en primera, cambiando de modo paulatino, con lo que hay pasajes que alternan las dos personas.

Esto suena más complicado de lo que es. Aunque pueda resultar chocante, la verdad es que este juego con las personas gramaticales no dificulta la lectura, más bien al contrario.

El argumento.

El argumento de “Mil millones de años hasta el fin del mundo” bien podría ser el guión de una obra de teatro. Transcurre íntegramente en el interior del mismo edificio, un bloque de apartamentos, la mayor parte del tiempo en la misma vivienda. Dmitri Maliánov un astrofísico que ha enviado a su familia de vacaciones para poder centrarse en su trabajo, no puede dedicarse a él porque es interrumpido constantemente. Llamadas telefónicas equivocadas, recepciones de pedidos imposibles, visitas inesperadas. Cuando la situación empieza a ser desesperante, descubre que varios conocidos suyos no pueden avanzar en sus trabajos por encontrarse en la misma situación.

Valoración personal.

Me ha encantado. Pocas veces me he encontrado con una historia cuya lectura me haya resultado tan absolutamente imprevisible, y eso que la contraportada hace bastantes spoilers. Los hermanos Strugatski se las apañan para hacer ciencia ficción de altos vuelos, ambientada en el presente, sin alienígenas, ni meteoritos, ni artefactos todopoderosos, ni inventos estrafalarios. Sin siquiera salir de casa, ni más acción que una conversación.

“Mil millones de años hasta el fin del mundo” empieza como una comedia y termina como una pesadilla, a la que todo reseñador compara, con razón, con la obra de Kafka y Philip K. Dick. Divertida e inquietante a partes iguales, (al parecer mezclar momentos cómicos y dramáticos era una especialidad de sus autores) se lee con una facilidad pasmosa, a la que sin duda contribuye su brevedad. No sé que me ha gustado más, si la paranoica e inmensa chaladura de la premisa de partida o la humanidad que destilan sus personajes. Brillantes científicos o bufones, o ambas cosas a la vez, resulta imposible no identificarse con ellos. Su comportamiento cuando se toman unas copas, por ejemplo, me hacía recordar situaciones que yo había vivido personalmente o, tristemente, protagonizado. Son personas absolutamente normales, que meten la pata y hacen el ridículo. Pobres pringados atrapadas en una situación que los sobrepasa, lo que hace más terrible, si cabe, su destino final.

Hay algo muy sentido y muy conmovedor en sus reflexiones finales sobre la derrota y la rendición. Verdades a las que a uno no le gusta mirar, pero inevitables, a la vez que también hay algo muy conmovedor en la resistencia, callada y pertinaz, de Vecherovski.

Desde que los reyes magos me regalaron, hace más de una década, quien sabe si dos, la edición de Acervo de “Qué difícil es ser Dios” tenía ganas de leer algo más de los Strugatski. Después de leer este libro, debería ser inevitable.
 
Otras opiniones.
 

viernes, 24 de noviembre de 2017

"Tormenta solar” de Arthurc C. Clarke y Stephen Baxter


Es esta una peculiar continuación de “El ojo del tiempo”. Lo digo porque “El ojo del tiempo” y “Tormenta solar” son completamente distintas. “El ojo del tiempo” consistía básicamente en la creación y exploración de un escenario, el parcheado mundo de Mir. “Tormenta solar” es una novela catastrofista. De por sí, no hay nada malo en ello, pero resulta un modo extraño de construir una saga. ¿Decidirían los autores unificar dos historias independientes para aprovechar el efecto reclamo de las sagas? Nadie puede decirlo con certeza.

Las dos novelas se unifican por el personaje de Bisesa, como ya quedaba insinuado al final de “El ojo del tiempo”. El problema es que Bisesa es un personaje muy poco importante en “Tormenta solar”. De los principales personajes, es el único que podría eliminarse por completo sin que por ello el argumento se resintiese.

Como su nombre indica, la novela empieza con una gravísima tormenta solar, de catastróficas dimensiones, pero sólo un preludio del acontecimiento de extinción masiva que tendrá lugar unos años más tarde. En ese comienzo, los autores hacen un gran trabajo exponiendo las posibles consecuencias de una tormenta solar de tal magnitud y las interrelaciones que existen entre las formas de vida que pueblan la Tierra y el astro rey, algunas no tan evidentes como parece. No lo harán también en otras partes de la novela. Hay varios interludios en los que se explica el comportamiento interno de una estrella, que no resultan de fácil comprensión. Baxter y Clarke parecen divididos entre el miedo a resultar aburridos, dando demasiados detalles y el miedo a no resultar atractivos literariamente. La consecuencia de esta huida del didactismo es que resultan vagos e imprecisos y que no consiguen hacer comprensibles los conceptos que manejan a un lector lego en la materia.

Después del inicio vienen los esfuerzos para salvar a la humanidad, embarcándose en titánicos proyectos, el fundamental la construcción de un inmenso escudo, de diámetro superior al de la Tierra. Toda la parte central adolece de un grave problema: la absoluta falta de empatía que despiertan sus personajes. Son tan esquemáticos que no hay modo de sentir la menor simpatía o preocupación por su suerte. Son meros vehículos para exponer los proyectos de salvamento de la humanidad, hasta tal punto que los mejores momentos de los secundarios sean cuando alguno muere, pues las escenas de muerte están bien narradas, al contrario que en las que participaban cuando estaban vivos.

Durante toda la parte central, es la ciencia la que tira del relato, no la ficción. Uno sigue leyendo porque está fascinado por las ingentes obras de ingeniería, por el espacio exterior, por las estrellas y por el reto que afrontan los protagonistas, pero no por los protagonistas en sí mismos.

La cosa mejora mucho en el clímax final, cuando la catástrofe se abate sobre la Tierra. Esta parte si que es emocionante y si que captura la atención del lector. Ominosa al principio, luego aterradora, trágica y épica a partes iguales, da la sensación de que esta era realmente la historia que los autores querían contar y que el resto de la novela haya sido un compromiso ineludible.

Recomendable para los amantes del cine de Roland Emmerich y del cine de catástrofes en general, al que se hace un divertido guiño en el epílogo. Para los demás lectores, una novela entretenida y desigual, con algunas partes brillantes, de no ser por las cuales diría que se lee tan fácilmente como se olvida.

jueves, 16 de noviembre de 2017

"Profundo" de Alberto Moreno Pérez


Acabo de leer el número 10 de la colección Soyuz de Ediciones El Transbordador. Sorprendente, y bien recibido, el boom de la narrativa breve de género que parece que estamos viviendo. Procuraré que mi reseña sea más breve que la obra.

Me ha gustado mucho la ambientación de “Profundo”, eso que llaman worldbuilding o construcción de escenarios y me ha gustado mucho como Alberto Moreno se las ha arreglado para definirla, sin explicaciones explícitas, todo directamente a través de los ojos del protagonista, Rojas. En concreto me ha sorprendido mucho el tema de la evolución del lenguaje escrito, con uso de emoticonos, algo que nunca se me había ocurrido hasta que lo leí, pero que una vez leído parece inevitable. Y los trajes configurables me encantan

Alguna descripción se me hizo algo difícil de entender, la de la primera vez que Rojas mira al cielo sobre todo. Entiendo que lo que el autor esta intentando es asumir el punto de vista de una persona que no tiene nuestros referentes culturales, cuyo idioma no dispone de las palabras que nosotros emplearíamos para esos objetos y conceptos, por lo que tiene que sugerir lo que son sin nombrarlos. Normalmente Alberto Moreno sale victorioso de este reto y resulta comprensible al lector, pero a veces he perdido el hilo de la narración.

Odio el final, pero eso está bien, es lo que el autor pretendía, malo hubiera sido que me gustase. Lo que no me gusta es que se ve venir desde el momento en que Rojas se da cuenta de la alteración de una constante de toda su vida. A partir de ahí es evidente lo que está pasando y eso hizo que se me alargara mucho todo lo que viene después, el paseo hasta la sección del Colector donde Rojas tendrá la revelación que el lector ya ha anticipado.

Al terminar la lectura, no puedo negar que me ha dejado una sensación un poco insatisfactoria, un ansia del tipo: ¿en serio? ¿esto es todo? Si me hubiera encontrado “Profundo” en una antología de relatos o una revista, no me habría importado, pero al ser una pieza individual, puede decirse que me ha dejado con hambre.

En cualquier caso, sigue admirándome lo distintas que son las historias de Alberto Moreno Pérez entre sí y lo poco convencionales que resultan. Espero que nunca se seque la fuente de su creatividad.

viernes, 10 de noviembre de 2017

"El sueño de los dioses! de Javier Negrete


 En mi reseña de “El espíritu del mago”, que por cierto, ahora encuentro repleta de faltas de ortografía y errores sintácticos, decía que esperaba tardar menos en decidirme a leer “Atlántida” de lo que había tardado en decidirme a leer aquella novela. Pues bien, tardé dos años en hacerlo, que ya es bastante, pero es que he tardado siete en decidirme a leer la continuación de “El espíritu del mago”. Parece mentira que haya pasado tanto tiempo, sobre todo porque Javier Negrete ha terminado por convertirse en uno de los autores a los que más disfruto leyendo.

En mi arrogancia, normalmente me creo capaz de descifrar que es lo que hace que una novela funcione, cuales son los puntos fuertes del autor que hacen que su libro me guste. Con Javier Negrete me confieso incapaz. Supongo que lo principal es que sabe componer buenas historias, que son entretenidas e interesantes, porque, al final, por muy importantes que sean las formas, lo que cuenta es la historia que se está contando. Puedo intuir algunos aciertos evidentes: el sentido del ritmo, la habilidad en la dosificación de información, los giros inesperados, pero , sinceramente, soy incapaz de descifrar las claves de Javier Negrete. Y sin embargo, sus novelas funcionan. Y como.

Dicho esto, “El sueño de los dioses” es el libro más insatisfactorio de Javier Negrete que he leído en diecisiete años. Los motivos hay que buscarlos en su propio origen. Según leí en una entrevista, Javier Negrete tenía previsto escribir una trilogía, pero cuando vio que la longitud del tercer tomo empezaba a írsele de las manos, pidió permiso a la editorial para terminar la serie en dos. La editorial accedió encantada y él, sabiendo ya que no iba a ser el último libro, incluyó muchas mas información y escenas de las que tenía previstas.

Eso se nota mucho. “El sueño de los dioses” empieza con un largo flashback en el que se cuentan de nuevo acontecimientos que tenían lugar al final de “El espíritu del mago”, sin aportar ninguna información nueva relevante. Recuerdo que en aquella entrevista Javier Negrete comentó que, de haber escrito un único libro, no lo habría incluido. Así mismo, son continuos los párrafos en los que el narrador recuerda lo que le ocurrió a algún personaje en los libros precedentes.

Nada de esto me ha molestado a mí, pero, como ya he dicho, habían pasado siete años. Yo lo necesitaba, pero, probablemente, no la mayoría de los lectores. Esta morosidad y este volver atrás hacen que la trama tarde mucho en avanzar y, lo peor para mí, es que no ocurre nada hasta casi la mitad del libro.

Imagino que muchos se estarán rasgando las vestiduras ante mis palabras, diciendo que ocurren muchas cosas. Si que ocurren, si, pero son un trámite. Prácticamente la mitad del libro se va en que ocurra lo que tiene que ocurrir. ¿A que me refiero con eso? A ver, es un punto de vista personal, lo explicaré con algunos ejemplos frikis. ¿No habéis leído algún cómic de superhéroes en el que los protagonistas malgastan páginas y páginas intentando evitar que algún villano llegue a nuestra dimensión o lo que sea? Son páginas que a mí me hacen bostezar, porque sabes desde el primer momento que van a fracasar, el villano tiene que llegar, porque, si no llega, los héroes no pelearán contra él y no tendremos cómic. Me suena que hubo también alguna saga de Dragon Ball, en la que los secundarios se pasaron un montón de tiempo intentando evitar que un malo volviera o se hiciera superpoderoso. ¡Menuda tontería! El malo tiene que hacerse superpoderoso, porque, si no lo hace, la pelea con Son Goku no tendrá emoción.

Por eso digo que es un trámite. Los personajes tienen que cruzar una gran extensión de terreno y, además, hay que explicar porque alguno de ellos hará algo que jamás haría de corazón. Eso requiere su tiempo, pero en el fondo no es más que un trámite que hay que pasar, para que la historia pueda empezar. Un gran mal se va a desatar sobre Tramorea y nadie podrá evitarlo. La culpa no es del destino, ni de la dialéctica de la historia, sino de la reglas de la composición dramática. La amenaza debe llegar, para que los héroes se enfrenten a ella. La habilidad de Javier Negrete consiguió que no me aburriera, pero no que me abandonara la sensación de estar perdiendo el tiempo.

Una vez pasado el trámite, las cosas mejoran mucho. Hay excelentes escenas, marca de la casa, de guerra y de catástrofes, para llegar rápidamente a un final abierto, que deja absolutamente todo en el aire. Al final, “El sueño de los dioses” resulta no ser más que un largo prefacio a “El corazón de Tramorea”

Me he quedado con tantas ganas de saber como acaba, que espero leerlo antes de que acabe el año. El año 2018, quiero decir.
 

jueves, 2 de noviembre de 2017

"El bosque oscuro" de Liu Cixin

 
En la continuación de “El problema de los tres cuerpos” se percibe un atenuamiento de los defectos y virtudes de dicha obra. Los desajustes formales de la primera entrega de la serie se reducen hasta casi desaparecer, aunque los personajes siguen hablando demasiado y mantienen esa tendencia molesta a contarse unos a otros lo que ya saben, pero no el lector, y a dar explicaciones exageradamente pormenorizadas. Por desgracia, parte del encanto de su predecesora se ha perdido. En “El problema de los tres cuerpos” había al menos un momento “atiza” (algunos dicen que dos) impresionante, de lo mejor que he leído en años. En “El bosque oscuro” hay muchos momentos muy buenos y se tratan con seriedad temas muy interesantes, pero el lector que esperase que Liu Cixin rizase el rizo con un “más difícil todavía”, se llevará una desilusión.

Los grandes perdedores, siguen siendo los personajes. El protagonista, Luo Jin, está un poco mejor que el resto. No se puede negar que sus acciones son bastante creíbles. El resto de personajes resultan planos, esquemáticos o poco desarrollados. Hay un personaje femenino, en concreto, que me ha resultado completamente desconcertante. Lo hace porque se plantea como la exaltación del ideal femenino decimonónico, dulce, bondadosa, ingenua e inocente. Lo desconcertante es que dicho personaje no me ha resultado empalagoso. Ello se debe a que el personaje es descrito así, pero no hace gala de sus supuestas virtudes, no lo vemos en acción. Todo lo que sabemos de él es lo que nos han contado, no lo que contemplamos nosotros mismos, que es más bien poco. Ese es el motivo de que no resulte odioso. No sé si esto es una demostración del genio de Liu Cixin o de su incompetencia

Por cierto que la extrañeza de los nombres de los personajes, para el lector occidental, puede causar alguna mala pasada con los secundarios. En concreto, yo no me dí cuenta de un personaje que aparecía en dos tramas distintas era el mismo, hasta que se contó explícitamente.

En lo que si destaca Liu Cixin es en el uso de imágenes y símiles, de inusitada belleza y eficacia. Son abundantes los momentos del estilo “se sintió como si estuviera mirando en el interior de una cueva, en lo alto de una montaña”… me lo estoy inventando, que quede claro. Los de Liu Cixin son mucho mejores. Ignoro si se debe a la extrañeza, por venir de diferentes tradiciones culturales y si en su propia cultura esas imágenes resultarían tópicas o anodinas, pero a mí me impresionan y sorprenden. Por desgracia es casi su único recurso. El autor se da cuenta de que se le da bien y lo usa hasta la extenuación, lo que baja considerablemente su eficacia.

Pero en mi interior, no puedo mas que perdonar a Liu Cixin todos sus posibles pecados estilísticos cuando revela su lado más friki. El escritor chino es un fan de la ciencia ficción clásica y se nota. Sólo puedo sentir simpatía, por alguien que cita alegremente a Arthur C. Clarke o hace que dos personajes se enfrasquen a hablar sobre la saga de las Fundaciones, de Isaac Asimov.

Con todo lo anterior no quiero decir que sea un mal libro. “El bosque oscuro” es una novela muy interesante, de cuya lectura he disfrutado mucho y que me ha ayudado a soportar una mala racha laboral. Tratando de reducir los spoilers al mínimo, recordaré que, al final de “El problema de los tres cuerpos” la humanidad se enfrentaba a un terrible desafío. En “El bosque oscuro” se nos cuentan las diversas estrategia empleadas para ello, la mayoría planes a largo plazo de una escala inusitada.

Para ello se recurre a los “vallados”, personas cuidadosamente elegidas a las que la humanidad da plenos poderes para que busquen soluciones y dirijan sus propios proyectos, manteniendo en secreto sus verdaderos objetivos, tanto para enemigos como aliados. Aquí creo que Liu Cixin ha desperdiciado una idea brillante. Los “vallados” podrían haber dado más de sí en un escritor más competente o retorcido. Liu Cixin nunca intenta meterse en el pellejo de unos personajes que no pueden confiar en nadie, ni revelar sus verdaderos propósitos y tienen que conseguirlos simulando hacer otra cosa. Liu Cixin ni siquiera intenta reflejar la paranoia y la esquizofrenia de la situación.

De los planes de los cuatro vallados, el de Tyler es un poco tonto, el de Hines tiene pocos dobleces y el de Rey Diaz es una chaladura grandiosa, aunque, en mi opinión, inverosímil. El protagonista, Luo Jin prefiere usar los recursos de los vallados para darse la gran vida. ¿No dije ya que me resultaba el más humano?

A lo largo de la novela se suceden las décadas y la humanidad experimenta grandes transformaciones sociales y tecnológicas. El recurso a la hibernación permite mantener a los mismos protagonistas. El mundo hiperconectado al que despiertan tras su sueño es encantador y la aparición de un mortal virus informático, aunque breve, es casi tan genial como los mejores momentos de “El problema de los tres cuerpos”.

Acostumbrado a las novelas anglosajonas, el contraste resulta divertido. Por ejemplo, en la ciencia ficción norteamericana suele ocurrir que, aunque aparezcan organismos supuestamente internacionales, como una flota espacial, los personajes protagonistas siempre sean mayoritariamente americanos, o como mucho ingleses. En “El bosque oscuro”, por supuesto, son orientales, normalmente chinos. También resulta llamativo la importancia que se le da al “espíritu de combate”, el protagonismo que se da a los comisarios políticos y como se persigue el derrotismo en el ejército, como si fuera un crimen, mientras que uno está acostumbrado a leer historias de héroes desengañados que luchan batallas perdidas por pura integridad personal, aquí se considera que un soldado, especialmente si es un alto mando, jamás puede dudar de la derrota. Incluso se considera la posibilidad de utilizar la tecnología para inducir artificialmente esta convicción. Esta posibilidad es desarrollada inteligentemente, dando lugar a otro de los mejores momentos de la novela.

La novela trata una gran variedad de temas. A los ya expuestos habría que añadir la paradoja de Fermi, que la abre y la cierra. Cada uno de ellos podría dar para una novela completa. Quizá demasiados. En ocasiones, “El bosque oscuro” me ha resultado algo dispersa. A veces la narración se bifurca, sigue un determinado tiempo a algún personaje que parece poco relacionado con la trama principal y luego vuelve a ella, sin que esta bifurcación haya tenido una importancia significativa. Me pasó con los capítulos dedicados a tres jubilados, que aunque sirven para ver como los cambios que sacuden al mundo afectan a la vida de la gente normal, me resultaron bastante prescindibles. Me ocurrió lo mismo con la historia de amor, bastante bella, entre Luo Jin y un personaje de ficción inventado por el mismo y con la historia que transcurre en el espacio que termina con “La batalla de la oscuridad”. Esta historia, con muy pocos cambios, se podría haber publicado independientemente. Enterarme de que en la antología “Planetas invisibles” uno de los relatos de Liu Cixin era en realidad un fragmento de “El problema de los tres cuerpos” me puso la mosca detrás de la oreja. A saber si Liu Cixin no estará incluyendo otros relatos en esta novela, a modo de “fix-up”. De publicarse independientemente, habría sido un buen relato, por cierto.

En suma, Liu Cixin plantea muchos sub argumentos y trata muchos temas y, aunque no lo hace mal, no profundiza demasiado en ninguno de ellos. Dispara dardos afilados en muchas direcciones. Alcanzan su blanco, pero no se hunden a gran profundidad. Con la trama pasa un poco lo mismo, ocurren muchas cosas, algunas muy graves y hay grandes sorpresas, pero el lector las vive con poca emoción, salvo algún instante tremendamente bueno. Eso la vuelve, como poco, entretenida y, aunque solo fuera por los temas e ideas tratados, una lectura estimulante para el cerebro. Así que si, es una buena novela de ciencia ficción y una secuela digna de “El problema de los tres cuerpos”, quizá un poco inferior.

Secuela que ata casi todos los cabos sueltos de su predecesora. Me pregunto como podrá seguir la saga después de esto. Bueno, supongo que “El bosque oscuro” tendrá algo que ver.

Lástima de la cursilería del epílogo. Afortunadamente sólo son cuatro páginas.

jueves, 26 de octubre de 2017

"Neuromante" de William Gibson



Hay libros que sólo deberían leerse en un momento determinado. “Neuromante” se publicó en 1984 y se convirtió en una obra de culto. Prácticamente, creó un subgénero de la ciencia ficción, el cyberpunk, cuya influencia traspasó la literatura para convertirse en un fenómeno cultural. Se ha repetido hasta la saciedad que en ella aparece por primera vez la palabra “cyberespacio”, aunque la realidad es que William Gibson y la había usado en algunos relatos anteriores. David Pringle incluye “Neuromante” entre sus “100 mejores novelas de ciencia ficción” y no escatima halagos hacia ella.

Todo eso me pilló muy joven, más que adolescente todavía era un niño. Excepto cuando la escribe Rodolfo Martínez, la cyberpunk nunca ha supuesto el menor interés para mí, ausencia de sense of wonder, supongo. Desde mi desconocimiento, tengo el prejuicio de que el género no ha evolucionado, sino que sigue repitiendo los mismos clichés que ya se han vuelto tópicos, incluso en el cine y la televisión y me he cansado de oír y leer comentarios del estilo de “Neuromante está bien, pero el resto de la obra de Gibson me ha decepcionado".

Con estos mimbres, es comprensible que haya tardado tanto en acercarme a la novela. ¿Qué me he encontrado? Sin duda, su gran baza es la ambientación, pero lo que en su día fue novedoso, hoy ya no llama la atención, excepto por esos impretendidos toques retro que aparecen aquí y allá, unos disquetes, algún láser disc, unas cabinas de teléfonos…

La trama es bastante entretenida: un hacker al que unos jefes rencorosos desposeyeron de su medio de vida, inhabilitándolo para operar cerebralmente en la red, es reclutado por un tipo misterioso para que realice una serie de asaltos, junto con una guardaespaldas cyborg, a cambio de su restauración, terminando en una estación espacial regida por aristócratas decadentes, en medio de un conflicto entre inteligencias artificiales.

A pesar de ello, tarda demasiado en arrancar y cuando lo hace, tarda en ponerse interesante. Durante demasiadas páginas Case y Molly, los protagonistas, se limitan a deambular por el mundo sin objetivo claro. Gibson prefiere sugerir a explicar, lo que es bueno, pero se mantiene siempre en el filo de la navaja de la incomprensibilidad. A mi mismo, en ocasiones, me costaba seguir el hilo, aunque debo confesar que no he prestado a esta novela la atención debida. A ello no ayuda lo ya comentado, momentos que en su día debieron resultar brillantes y originales, como cuando Case queda atrapado en un mundo virtual, han devenido en tópicos.

Si la trama no me llamaba la atención, tampoco lo hacían los personajes. Rara vez siento empatía por los personajes drogadictos y autodestructivos como Case, pero no es imposible y aunque no la sienta, pueden resultarme interesantes. No es el caso, Case tiene el carisma de un tempano de hielo, nada en su personalidad me resulta atractivo. Molly tiene bastante más carácter, si, a fin de cuenta es peleona, leal y activa sexualmente, a pesar de lo cual termina convertida en una dama en apuros durante el clímax de la obra.

Literariamente, Gibson apuesta demasiado por descripciones chocantes, repletas de imágenes raras, como el famoso cielo del color de una televisión no sintonizada, que las más de las veces encuentro farragosas y, a menudo, difíciles de entender.

Así que me temo que no me he convertido en uno de los admiradores de William Gibson y no es probables que vuelva a él.

Pero, ¿qué hubiera pasado si la hubiera leído en el momento de su publicación? Si mi frágil yo adolescente hubiera estado expuesto al impacto de su creatividad, puede que ahora estuviera escribiendo una reseña muy diferente.

viernes, 20 de octubre de 2017

“Mobtel” de Rafa Marín


Esta novela juvenil de Rafa Marín empieza con un autodeclarado mcGuffin de primera categoría, su joven protagonista Tomás, herido y escondido en un depósito de agua. Cumple su cometido, incita a seguir leyendo, pero puede dar una impresión equivocada de la novela. “Mobtel” es principalmente la historia de un chaval español viviendo en Inglaterra y buscándose la vida, lo que se complica mucho cuando su madre tiene que volver a España para cuidar de su abuela paterna. La trama criminal tarda mucho en aparecer y, aunque correcta, tampoco es gran cosa.

Es mérito innegable de su autor que un lector tan alejado como soy yo de su público potencial haya podido disfrutarla sin problemas. “Mobtel” está bien escrita, es entretenida y contiene algunas reflexiones muy interesantes sobre el paso del tiempo y las relaciones entre las personas. Los personajes son sólidos y perfilados con brevedad y eficacia. El principal Tomás, que además es el narrador, es simpático y pronto se hace querer por el lector. La única pega es que en ocasiones resulta demasiado adulto, en vez de un adolescente parece una persona madura figurándose lo que pensará un adolescente y, aunque supongo que es inevitable, a través de él resuena la típica voz del narrador sentencioso de las obras de Rafa Marín, tan aficionado a explicar las grandes verdades de la vida y a terminar todas sus disertaciones con un retruécano, un juego de palabras, o alguna otra gracia.

Lectura muy agradable, no me quejo de lo que es, sino de lo que no es. Los momentos de humor, por ejemplo, son simpáticos, consiguen que el lector esboce una sonrisa, pero no una carcajada. Ocurre lo mismo con todo, los momentos de acción son entretenidos, pero no te tienen con el corazón en un puño, los momentos sentimentales no te harán llorar. En una buena novela y me ha gustado leerla , pero pienso que podría haber estado mejor.

lunes, 16 de octubre de 2017

“Rachel rising” de Terry Moore


Me considero un gran aficionado al cómic. No suelo postear sobre ello, por la sencilla razón de que tardo mucho menos en leer un cómic. que un libro, lo que se traduce en que si reseñara cada cómic. que me leo, mi vida privada consistiría únicamente en actualizar este blog. Lo que no me daría tiempo para leer cómics, pero eso es otra historia …

El puente del 12 de Octubre me ha dejado mas tiempo libre y he decidido saltarme esta norma.
El caso es que tenía un gran agujero en mi curriculum lector, no había leído nada de Terry Moore, autor de culto desde que publicara “Strangers in Paradise”. No he empezado con esta obra, como sería lógico y he preferido tirarme a algo más comercial.
“Rachel Rising”, teóricamente, cuenta la historia de una joven que, después de ser asesinada, se levanta de su tumba anónima en medio de un bosque, decidida a buscar a su asesino.
Premisa impactante, ¿verdad? ¡PUES ES MENTIRA! “Rachel Rising” no va de eso. En realidad va de una niña, llamada Zoe, que no para de matar gente. Las motivaciones son complejas, en realidad no es exactamente una niña y muchos de sus asesinatos, no todos, están justificados. En prácticamente cada capítulo, Zoe mata a alguien. El resto de las páginas se ocupan con alguna escena de los supuestos protagonistas conversando, sin hacer nada y con algún acontecimiento ominoso, generalmente un ridículo ritual de brujería o algún presagio. Para terminar, cada capítulo termina con un golpe de efecto que te incita a leer el siguiente, a pesar de que la historia global no ha avanzado nada.
Me ha parecido un Seinfield siniestro, una serie que no va sobre nada y en la que, en el fondo, no pasa nada. ¿Nunca has estado enganchado a alguna serie de televisión que en cada capítulo te tiene comiéndote las uñas, pero, cuando terminan, te das cuenta de que, en el fondo, no ha pasado nada? Pues eso es “Rachel Rising”.
Aunque eso sí, muy bien contado. Terry Moore es un gran dibujante, aunque me da la sensación de que todos sus personajes se parecen mucho, un gran dialoguista y un gran narrador, que sabe capturar la atención del lector en cada episodio, aunque la historia global no se dirija hacia ninguna parte. Su habilidad narrativa, es parte del problema en el fondo. Pongamos por ejemplo que quiere presentar a un nuevo personaje y quiere que su aparición resulte impactante. Pues hacer que aparezca le lleva tres o cuatro páginas, mínimo y sí, resulta impactante, pero en el número queda poco espacio para algo más.
Para colmo de males, da la sensación de que Terry Moore se hartó de la serie, o ésta empezó a darle problemas económicos, y la termina de cualquier manera, en un número final bastante bueno, pero que deja un montón de cabos sueltos, entre ellos unos cuantos personajes que han aparecido intermitentemente por la trama, sin llegar a pintar nada en ella y que entra en conflicto con lo que se iba preparando en los números anteriores.
Lo que mas me sorprende es que Terry Moore se supone que es un autor independiente y alabado por la crítica y este cómic. casi lo podía haber escrito Brian Michael Bendis.¡Que viva el decompressive storytelling!
Me lo he pasado muy bien, pero es una lectura que me ha dejado muy frío. El caso es que, algún día, volveré a leer algo de Terry Moore, porque es un gran dibujante y un gran narrador.

Evasión

Escribir en mi blog exige una cierta tranquilidad, la tranquilidad de que puedo darme el lujo de gastar tiempo en mis aficiones, de que en medio del batiburrillo de confusión y malas noticias de cada día, merece la pena emplear algo de tiempo para exponer mis opiniones, normalmente sobre novela, a través del gran escaparte de internet.

Sinceramente, estos últimos días estoy perdiendo esa tranquilidad. Parece que, en España, nos dirigimos directos, sino a una guerra civil, al menos a OTRA crisis económica, cuando decir que hemos salido de la anterior es mucho decir. En estas circunstancia ¿a quién pude importarle lo que opino de la última novela de marcianitos que he leído? Parecería que lo único de lo que se puede hablar es del GRAN TEMA omnipresente. A mi mismo, empieza a obsesionarme cuanto más durará mi propio puesto de trabajo, aunque en este terreno sea mi propio peor enemigo.

En este ambiente, este blog más que un medio de expresión, o una diversión, está empezando a convertirse en un medio de evasión, un modo de abstraerme de la realidad que me rodea.

jueves, 12 de octubre de 2017

“Cena en el palacio de la discordia” de Tim Powers




Ignoro si está en los planes de Gigamesh reeditar esta novela, pero he tenido la fortuna de encontrarla en mi biblioteca.

Antes que nada, un minuto de silencio. Una nota a pie de página en la bibliografía indica que su información ha sido proporcionada por Juan Carlos Planells. Hacia seis años que nada me recordaba su nombre. El mundo puede ser un lugar muy perro y el tiempo no espera a nadie.

En fin...

Imagino que “Cena en el palacio de la discordia” debe ser considerada una obra menor de Tim Powers. Como mínimo, su extensión es bastante reducida y es una obra atípica. Para empezar, tiene un único protagonista, la trama es lineal y no transcurre en ningún momento de la historia, ni siquiera en el presente, sino en un futuro post nuclear. Además, no busca su inspiración en el pasado, en el folclore o en la ciencia. Eso elimina algo del placer intelectual que suponen las obras de Tim Powers: no hay encaje de bolillos para insertar las peripecias de los protagonistas en medio de acontecimientos reales, ni explicaciones descabelladas a acontecimientos históricos, ni reinterpretaciones peculiares de mitos y creencias. Por una vez en la vida, Tim Powers no intenta rehacer nuestro mundo.

¿Qué nos queda entonces?

El placer de narrar. La aventura pura y dura. “Cena en el palacio de la discordia” es una novela basada en la acción, de corta extensión extensión (son 238 páginas y transcurre en apenas diez días) en la que difícilmente podrían caber mas peripecias y que, a pesar de ello, en ningún momento causa la sensación de apresuramiento o compresión. A cada acontecimiento y cada incidente se le dedica el tiempo justo, ni más ni menos.

Narra la historia de Gregorio Rivas, un músico de un club nocturno que antaño había trabajado como “redentor”, lo que ahora llamaríamos un “desprogramador”, aunque no es exactamente lo mismo. Oficio que consiste en secuestrar a jóvenes adeptos del culto de Norton Jaybush. Dicho culto, más que una secta, es un auténtico estado. Para realizar sus misiones los redentores tienen que infiltrarse en su país, uniéndose al culto y compartiendo sus sacramentos, lo que incluye una imposición de manos que deja a los adeptos reducidos a idiotas babeantes.

Rivas era el mejor en este peligroso trabajo, gracias a lo aprendido cuando él mismo formó parte del culto Jaybush. Ya retirado, es contratado a cambio de una cantidad exorbitante por el padre de Urania, su primer amor para que la rescate, pues se ha unido a los Jay. Durante esta búsqueda, a Gregorio le ocurrirá, como ya he dicho, de todo. Todo saldrá mal, quebrantará sus propias reglas, correrá todo los riesgos que juró no correr y vivirá un auténtico calvario, físico y psíquico, que incluye alguna mutilación.

A pesar de la corta extensión, Powers tiene tiempo de desarrollar un mundo complejo, con algunos escenarios y personajes fascinantes. El “hemoglobin”, por ejemplo, es una creación cien por cien powersiana, de esas que uno piensa que sólo se le pueden ocurrir a Tim Powers y lo mismo ocurre con el propio Norton Jaybush, cuya verdadera naturaleza y el modo en que se revela, son uno de los grandes aciertos de la novela. El final es emocionante. El epílogo, o último capítulo, según se interprete, puede parecer que queda abierto o que cierra perfectamente la historia, con Gregorio Rivas convirtiéndose en la encarnación del heroísmo según Frank Miller. A mi, la verdad, me ha gustado.

Si hay algo que no me ha convencido, sin embargo, ha sido la evolución de Gregorio Rivas. Se supone que es un egocéntrico que sólo piensa en sí mismo que recupera la humanidad a fuerza de traumas y pesares. El problema es que nunca parece tan egoísta. Lo único que nos apunta esa naturaleza es que procura esquivar a las chicas con las que rompe y que regatea por el rescate de la supuesta mujer de su vida. Una vez en marcha, aunque discuta sus motivos y tenga dudas, se comporta como cabría esperar de un héroe arquetípico, cosa que, en el fondo, el personaje es. Eso deja su supuesta evolución en nada. Es difícil que el lector duda de su respuesta, cuando es tentado por el mal, ya que lleva toda la novela viéndolo tomar decisiones éticamente correctas, que lo único que hacen es perjudicarlo.

Si en mi reseña de “La última partida”, me quejaba de que las obras de Tim Powers seguían un patrón que se estaba volviendo predecible, leer “Cena en el palacio de la discordia” ha resultado una experiencia refrescante, pues en ella todavía no han aparecido los esquemas que mas tarde jalonarán sus obras. No hay la primera escena, que aparentemente no tiene nada que ver con el resto del libro y que tardaremos mucho en comprender, ni la ruptura con la pareja justo antes del clímax del libro, por ejemplo. En vez de seguir una formula definida, Tim Powers se suelta el pelo y se deja llevar por el placer de narrar.

A la altura de “Esencia oscura”, aunque para mi gusto un poquito mejor, “Cena en el palacio de la discordia” es, ciertamente, una novela menor, mucho menos compleja y ambiciosa que las que habrían de seguirla, pero muy entretenida y para mi gusto, completamente disfrutable.

Con su lectura, acabo de concluir toda la obra traducida al castellano de Tim Powers, así que me declaro a mi mismo gran maestre de la orden del poder y me otorgo la medalla del lector impenitente e incrédulo.

viernes, 6 de octubre de 2017

“Ese mundo desaparecido” de Dennis Lehane


Años después del trágico final de “Vivir de noche” Joe Coughlin acude a su cita con el destino en “Ese mundo desaparecido”. Mafioso retirado que ya ejerce sólo de consigliere, padre afectuoso y entregado, su vida empieza a volverse patas arriba cuando empieza a tener visiones de un niño fantasmal, que podría ser tanto el espíritu del hijo que esperaba su mujer cuando fue asesinada como él mismo, durante su infancia. Poco después, recibe el soplo de que alguien pretende matarlo. A la vez que avanza en las indagaciones de su propio asesinato, la paz que reinaba entre las diferentes bandas de Tampa se quebrará y sus calles volverán a teñirse de sangre.

El final de "Vivir de noche" parece el de un cuento de hadas, comparado con el de este libro.
Las virtudes que encontré en “Vivir de noche” siguen presentes en “Ese mundo desaparecido”, aunque quizá su calidad esté haya disminuido un punto. Bajo la aparente sencillez de la escritura de Dennis Lehane se esconde un gran constructor de personajes y un magnífico dialoguista, que atrapa al lector con suma facilidad, a pesar de su profundo pesimismo. Por si estas virtudes fueran pocas, en esta novela utiliza recursos del género fantástico, a los que me referiré más adelante. He estado a punto de incluir entre la etiquetas de este post “Terror”.

Cualquiera que haya visto “Mystic River” sabrá que hay mucho de tragedia en la narrativa de Dennis Lehane. “Ese mundo desaparecido” es, en el fondo, justamente eso, una tragedia presidida por la muerte. La fatalidad, el destino o como queramos llamarlo, lleva a la muerte a prácticamente todo el reparto, a menudo en contra de los deseos de los propios verdugos, como algo inevitable contra lo que no se puede luchar.

La muerte está siempre presente en el relato, acechando y obsesionando a todos los protagonistas, al igual que la violencia, pero en el universo Lehane, la violencia es como en la vida real: deja secuelas. Nadie escapa a las consecuencias de sus actos y, tanto las víctimas como sus verdugos, quedan marcados para el resto de sus vidas.

Sin embargo, hay algunas pequeñas pegas que poner a “Ese mundo desaparecido”. Primero, la intriga, por llamarlo de algún modo, es bastante previsible. Segundo, hay algunos fragmentos en los que he detectado lo que yo llamaría un “exceso de virtuosismo”. Uno es la visita que hace Joe al peculiar director de una agencia de asesinos a sueldo, en una casa flotante. Es un fragmento escalofriante, pero muy exagerado y ,a la postre, baldío. Es como si Dennis Lehane se hubiera propuesto en él demostrar todo lo lejos que es capaz de llegar, en cuanto a crear atmósferas amenazantes y personajes siniestros. Lo consigue, hasta cierto punto, aunque a mí no me parezca creíble, pero no tiene consecuencias. Ese tipo tan horrible no vuelve a salir en la novela y casi no se le vuelve a mencionar. ¿A qué ha venido entonces todo este capítulo?

El otro es el capítulo que narra la historia del doctor Lenox, mientras éste hace un reconocimiento a Joe. Con sinceridad, es un capítulo magnífico. Merecería ser publicado individualmente en una antología de relatos de fantasmas y llevarse todos los premios habidos y por haber a relatos de terror, pero, una vez más, no tiene nada que ver con el resto de la trama.

“Ese mundo desaparecido” es una novela bastante breve. ¿Consideró Dennis Lehane que necesitaba una ración de “paginitis” para mejorar su suerte editorial o tuvo un ataque del conocido síndrome de “Mira mamá, que bien escribo”?

En fin, no son consideraciones muy importantes. Sus defectos, no quitan que sea un libro muy bueno.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

“Yabarí” de Lola Robles


Historia de la investigación que lleva a cabo una periodista sobre el maltrato a los nativos del planeta Yabarí por parte de las empresas explotadoras que están deforestando su jungla, “Yabarí” es una novela que me ha dejado indiferente.
Terminada la lectura, aún me pregunto que pretendía exactamente su autora.
Hay una crítica evidente a la explotación a la que son sometidas las poblaciones aborígenes, sobre todo cuando tienen la desgracia de vivir en una zona rica en materias primas y al agotamiento de los recursos naturales. Aunque acertada o no es demasiado profunda o Lola Robles no ha sabido vendérmela. No me provoca indignación, no sacude mis creencias. No me hace pensar.
Por otra parte, dicha crítica viene envuelta en una especie de aventura selvática, no demasiado interesante. La ambientación no es destacable. Los personajes no despiertan interés ni empatía, lo que les ocurre, con ser terrible, lo he visto o leído mil veces. La autora no consigue transmitirme su miedo y desesperación. No hay un destello de originalidad que dote a la historia de personalidad propia.
Con todo esto no quiero decir que la novela esté mal escrita, ni mucho menos. Su estilo es más que correcto. Aunque el fragmento que más me haya gustado sea la cita de “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, que abre el volumen, le encuentro todavía menos defectos al estilo que virtudes en el librito. Es sólo que no hay nada en él que me llame la atención. Es corto y es ameno, leerlo no supone ningún esfuerzo, pero me pregunto porque tomarse la molestia de escribirlo.

domingo, 24 de septiembre de 2017

“Las aventuras de un cadáver” de Robert Louis Stevenson


Curiosidad cómica, enredo, vodevil, todos ellos son apelativos que podrían darse a esta novelita. Tras un accidente de ferrocarril, las condiciones de una herencia y una confusión de identidades hacen que una pareja de hermanos intenten deshacerse de un cadáver que ha quedado irreconocible, empezando un juego de casualidades y coincidencias en el que el cuerpo va pasando de casa en casa, a la vez que sus dueños se apresuran a intentar librarse de él, sin plantearse siquiera llamar a la policía.
 
Todo en esta novela es exagerado. Los personajes son cómicos y en ocasiones su comportamiento no tiene mucho sentido, el recurso a las coincidencias, no es que sea inverosímil, es que es absolutamente increíble y el narrador se permite alguna pirulas léxico-sintácticas de aúpa. Y sin embargo, funciona. El lector se divierte con los apuros de los personajes y con sus rarezas y acaba cogiéndolos cariño. Una vez concluida la presentación de los mismos y entrados en faena es muy difícil soltar el libro. La narración avanza como un buque bien dirigido, a pesar de lo revuelto del cauce que sigue, a lo que sin duda contribuye su brevedad. Puede que el lector moderno no suelte grandes carcajadas, pero sin duda que tendrá una buena sonrisa plantada en la cara mientras dure su lectura.

Sin duda, al escribir “Las aventuras de un cadáver” Robert Louis Stevenson no se propuso más que hacer pasar un rato divertido al lector y vive Dios que lo consiguió.

viernes, 22 de septiembre de 2017

¡COMO ODIO PINTAR LA CASA! (2)

Pero lo que mas odio, es volver a colocar las estanterías y colocar en ellas los libros.
Y colocar los libros que van encima de los libros.
Y los libros que van encima del armario.
Y los que van en el hueco entre el armario y la pared ...

miércoles, 20 de septiembre de 2017

¡COMO ODIO PINTAR LA CASA!

Si, sé que esto no tiene nada que ver con la literatura o la ciencia ficción y no creo que le interese a nadie, pero tenía que decirlo.

viernes, 15 de septiembre de 2017

“El ojo del tiempo (Una odisea en el tiempo 01)” de Arthur C. Clarke y Stephen Baxter


Nueva colaboración entre Arthur Clarke y Stephen Baxter. En “El ojo del tiempo” diferentes personas, en diferentes momentos de la historia, experimentan la “discontinuidad” un parpadeo de confusión, el sol parece bailar y se encuentran en un nuevo planeta Tierra, compuesta por parches del nuestro, procedentes de diferentes periodos del tiempo.

Una idea que parece mas propia de Philip José Farmer que de Clarke o Baxter y que no es demasiado original, pero que está bien desarrollada. Los autores demuestran estar tan bien versados en las ciencias físicas como en historia: no sólo hacen un buen trabajo imaginando las posibles consecuencias de la “discontinuidad” sobre el clima y la ecología, sino que también aportan mucha información sobre el funcionamiento de los ejércitos imperiales británicos, macedonios y mongoles, además de los inevitables conflictos culturales, que desembocarán en una épica batalla entre los ejércitos de Alejandro Magno y Gengis Kan.

(Batalla épica, sí, pero que no puede compararse al combate del mismo Alejandro contra las legiones romanas en “Alejandro Magno y las águilas de Roma”, de Javier Negrete. ¿Veremos algún día la segunda parte?)

Narración aventurera de supervivencia, exploración y guerra, “El ojo del tiempo” es una novela muy amena y una buena obra de ciencia ficción, pero no excepcional. El conjunto se ve lastrado por dos problemas narrativos.

Primero, los personajes son demasiado tópicos. Los mejores son, con diferencia, los personajes históricos. Alejandro y Ruyard Kipling, sobre todo este último, tienen personalidades atractivas, pero, los que son de creación propia de los autores, resultan meros esbozos. Ellos lo intentan, si, hay que reconocer que, por lo menos, han hecho el esfuerzo. Les han buscado motivaciones plausibles y han procurado que no sean personajes de una sola pieza, que cuenten con sus defectos y virtudes. A pesar de ello, no han conseguido dotarlos de voz propia y en pocas ocasiones consiguen que nos preocupen sus destinos o nos conmuevan. La muerte de Kipling es una excepción.

Hay un personaje en concreto que es un desperdicio increíble. Es un personaje que no es de fiar, porque los que lo conocen no paran de repetirlo, pero que en ningún momento se muestra sospechoso. Al final comete una traición. El lector no presencia esa traición y tampoco se puede decir que tenga mucho efecto en la historia. El lector tampoco presencia las consecuencias que tuvo dicha traición sobre el traidor. Todo el tema de la traición no ocupa más que un par de frases. ¿A cuento de qué viene entonces? ¿Porqué no suprimir, no ya la parte de la traición, sino el propio personaje de la novela? Bueno, sabía griego.

El otro defecto principal, es la última parte del libro, que resulta larga y anticlimática. Una vez la batalla ha concluido, la novela pierde fuelle y los supervivientes se limitan a vagabundear de un lado a otro, sin objetivo aparente, más que describir un poco más el mundo creado por sus autores.

Hasta aquí las pegas literarias. En el terreno personal, la novela se me ha hecho demasiado british para mi gusto. Subyace en él una exaltación de Kipling, del ejército de su época y el convencimiento de lo gloriosa e importante que ha sido siempre Inglaterra, que ya me pareció detectar en “Luz de otros días”, pero más diluida.

Dado el intrigante cliffhanger con el que termina, tendré que leer la continuación, pero aunque, en general, me ha dejado un buen sabor de boca, creo que se podía esperar más de los autores.

jueves, 7 de septiembre de 2017

“El hacedor de estrellas” de Olaf Stapledon.


Permítanme que me ponga nostálgico. Uno de mis primeros libros de ciencia ficción, es decir, uno de los primeros que me regalaron, fue el número cuatro de la antología “Imperios Galácticos” recopilada por el recientemente fallecido Brian Aldiss. En ella, cada sección en la que el antologista agrupaba los relatos venía precedida por una cita de “El hacedor de estrellas” de Olaf Stapledon. Recuerdo la sensación que me produjo la lectura de aquellos párrafos grandilocuentes y alucinados. Pensaba que aquella novela debía ser un tremendo coñazo.

Sin embargo, aquellas pequeñas píldoras de pretenciosidad tenían algo que encendía la imaginación y que despertó mi curiosidad. Por eso ahora, tantos años después, he decidido darle una oportunidad. ¿Que opinión merece ahora la obra completa, ante los ojos de un hombre madura, tan distinto del adolescente que fui?

Bueno, en el prólogo de Jorge Luis Borges éste dice:

Hacia 1930, ya bien cumplidos los cuarenta años. William Olaf Stapledon abordó por primera vez el ejercicio de la literatura. A esta iniciación tardía se debe el hecho de que no aprendió nunca ciertas destrezas técnicas y de que no había contraído ciertas malas costumbres. El examen de su estilo, en el que se advierte un exceso de palabras abstractas, sugiere que antes de escribir había leído mucha filosofía y pocas novelas o poemas.

O dicho en otras palabras, el estilo de Olaf Stapledon es mas árido que la superficie de un desierto y convierte la lectura de sus obras en una auténtica travesía del Sahara. A ello hay que añadir que llamar a este libro novela es bastante inexacto. Veamos su argumento. Una noche, el narrador sube a una colina y se queda traspuesto, cual San Juan. En ese rapto místico, su alma se interna en las profundidades del espacio y el tiempo, vagando de mundo en mundo y fusionándose con las de otros viajeros mentales como él, lo que le permite ser testigo de la existencia de mas o menos toda la vida inteligente del universo, hasta su total existencia.

Esto si que es “literatura de ideas” y no lo que entendemos normalmente como tal. El protagonismo se da a las especies y a las sociedades, los individuos brillan por su ausencia. No es que los personajes carezcan de interés, es que no hay. El “Hacedor de estrellas”, al que hace referencia el título, la voluntad oculta y el poder definitivo que creó las estrellas, otra vez hablando en plata, es Dios, que también aparece hacia el final del libro.

Es un libro ambicioso hasta alturas astronómicas, mas cercano a un tratado filosófico que a una novela. Difícil de leer y, sí, aburrido, muy aburrido. Sin embargo, la desbordante imaginación de su autor hace que la travesía no resulte completamente infructuosa para el lector. Aunque algunas de sus ideas ya resulten muy ingenuas a un lector moderno, otras son muy atractivas y en sus muchas e interminables descripciones de otras especies, probablemente aparezcan algunos de los alienígenas más originales de la historia de la ciencia ficción.

viernes, 1 de septiembre de 2017

“Trilogía del abismo: Los piratas fantasmas” de William Hope Hodgson


Nos encontramos aquí con una pequeña obra maestra dentro de la temática de los barcos malditos o embrujados. Si ese es el caso. Enigmática como deben ser estas historias, nunca queda claro que es lo que realmente está pasando. La sugerente hipótesis que hace el protagonista es que el mundo encierra varias realidades y, por algún motivo, el buque de la narración es accesible para los seres de una de estas otras realidades que conviven con la nuestra. Pero es solo eso, una hipótesis.

La novela cuenta meticulosamente como las noches de la tripulación se convierten en una pesadilla, a medida que esta va perdiendo progresivamente el control de su propio barco. Empezando con misteriosas apariciones, entrevistas por el rabillo del ojo, que suben a bordo desde el fondo del mar, siguiendo por accidentes inexplicables y la pérdida de contacto con el resto del mundo, hasta llegar al gran y terrible final.

La narración avanza con un pulso excelente, aumentando progresivamente la tensión, conforme los protagonistas recorren todo el camino que pasa desde el escepticismo al pánico y la desesperación. Ninguno de ellos está muy perfilado, pero en este caso me parece permisible, puesto que todo el relato está subordinado a la narración y no hay tiempo ni necesidad de grandes complejidades psicológicas.

Mis únicas pegas, me parecen innecesarios los dos epílogos finales, el cuento ya había terminado. Puedo aceptar uno, por el cambio de punto de vista, que es relevante, pero dos ya es exagerado y, extrañamente, lo que se cuenta no acaba de encajar del todo con lo leído previamente. Además, el uso y abuso de términos náuticos vuelve incomprensibles párrafos y casi páginas enteras.

PD: Con esta reseña termino la trilogía del abismo de Hodgson, no tengo intención de reseñar “La casa en el confín de la tierra”, aunque probablemente sea la mejor de las tres narraciones, básicamente porque ya le he leído y no tengo ganas de volver a hacerlo.

martes, 29 de agosto de 2017

“Trilogía del abismo: Los botes del Glen Carrig” de William Hope Hodgson


Esta novelita me inspiraba algunas reticencias, porque la información de la que disponía me indicaba que en ella Hodgson imitaba el lenguaje de los autores del siglo dieciocho. Temí encontrarme con algo similar al comienzo de “El reino de la noche”. Afortunadamente, no ha sido así. “Los botes del Glen Carrig” se lee sin ningún problema.
Cuenta las aventuras de un grupo de náufragos supervivientes de un naufragio. Hay algunos detalles que me resultaron extraños en la estructura de la novela. Lo mas llamativo, es que los diálogos brillan por su ausencia. Esto es muy realista, se supone que es la narración que el protagonista hace a su hijo de sucesos vividos muchos antes, pero no contribuye a la inmersión profunda del lector en lo narrado y hace algo fatigosa la lectura, aunque se compense por su ritmo y brevedad.
Los otros detalles son que jamás se menciona el naufragio del Glen Carrig jamas se relata ni se menciona, pareciera que fuera un suceso insignificante que no afectara los protagonistas. Esto permite ir directamente al grano, pero me resulta algo chocante. Por último, el comienzo de la historia, que transcurre en una especie de isla desierta, no parece tener mucho que ver con el resto. Es como si Hodgson tuviera dos historias independientes sobre las terroríficas tribulaciones de unos náufragos y las hubiera empalmado, aunque no fueran concebidas así originalmente.

El mar por el que navegan los supervivientes del Glen Carrig es el mar de la literatura de William Hope Hodgson. Es decir, un mar poblado de misterio, horrores nocturnos y barcos abandonados. Probablemente ésta sea su narración más larga referida al mar de los sargazos, aunque nunca se usa ese nombre, descrito como un inmenso continente de algas en el que los barcos quedan atrapados, por el que circulan cangrejos y pulpos gigantes, entre otros horrores. (China Mieville dijo que Hodgson es el autor que enseñó a Lovecraft a temer a los pulpos)

El conjunto se asemeja a una de esas historias de Julio Verne, como “La isla misteriosa” o “Dos años de vacaciones”, que cuentan las andanzas de un grupo de náufragos, al que se le han añadido elementos terroríficos. Un Robinson Crusoe con monstruos. El resultado es dispar. Ninguno de los personajes es digno de tal nombre, apenas se distingue al contramaestre de los demás. Sus relaciones son inexistentes, incluso la historia de amor, que la hay, es patética y no por su dramatismo, sino porque parece apenas un esbozo de una historia de amor, los personajes se enamoran porque sí, como si fueran un par de líneas incluidas en un borrador. La parte “robinsoniana” de la historia, es aburrida, Hodgson no consigue hacer interesantes la reparación de un tablón ni la construcción de un arco o una cometa.

Por otro lado, la parte terrorífica es muy buena. Hodgson era un gran creador de escenarios, ambientes y criaturas monstruosas. Las dos islas en las que recaban los náufragos permanecerán en mi cabeza mucho tiempo. El modo en el que insinúa las amenazas y como, poco a poco, estas pasan de ser una vaga sensación de intranquilidad en la cabeza del narrador hasta hacerse reales, es genial.

Por cierto, que menudo gafe, que casualidad que todas los ataques ocurran siempre durante su guardia.
En fin, una obra muy entretenida, con algunas partes mediocres y otras geniales.

viernes, 25 de agosto de 2017

“Domori” de Sofía Rhei

 

Me va a costar escribir esta reseña, sin soltar spoilers como loco. “Domori” parte de una idea idea imaginativa y bien desarrollada, de esas que sirven perfectamente para ambientar largas trilogía, para contar la típica historia de descubrimiento y auto-descubrimiento, en la que un personaje joven aprende los recovecos de su mundo y empieza a entenderse a sí mismo. Lo hace muy bien. “Domori” es una novelita fresca y agradable de leer, con la que he disfrutado mucho. Está bien escrita, dosifica adecuadamente la intriga y la acción y contiene algunas vueltas de tuercas inesperadas.

La idea principal, esa que me muero de ganas de revelar, es, como ya he dicho, brillante y me ha recordado algunos detalles que he oído mencionar, de una obra reciente mucho más publicitada, aunque como no la he leído y no hay nada nuevo bajo el sol, omitiré decir más.

En este mundo no hay nada perfecto, sin embargo, y hay un par de detalles que me han chirriado un poco.

Uno es que hay un par de conversaciones que no me han resultado naturales, de esas en las que los personajes desnudan su alma con una habilidad expresiva que parece exceder sus capacidades. Es un defecto que he encontrado a menudo en obras destinadas a un público juvenil. ¿Es esta una de ellas? No sabría decirlo, aunque sigue uno de sus esquemas clásicos, el contenido sexual del pasaje “azul” (los que la hayan leído me entenderán) y algún otro no pegan con esa etiqueta. De la violencia y la muerte no hablo, la literatura juvenil ya no es lo que era.

Y el otro es uno de esos temas tan personales, que me hacen parecer tan tiquismiquis, que entendería que la autora o sus fans me corrieran a gorrazos por la calle. Es el siguiente: no me ha gustado el uso metafórico que se da del término “terraformación” en el libro. Para los aficionados a la ciencia ficción, es demasiado evidente, para el resto del público es incomprensible. Si soy capaz de usar bien internet, no es un término que haya sido todavía aceptado por la RAE, si lo empleo delante de la mayoría de mis conocidos, se quedarán mirándome, preguntándose que me pasa en la boca. Además, suena raro, tiene muchas sílabas, no me parece un palabra que pasase con facilidad al lenguaje. ¿Cual usar en su lugar? Ah, esa es una buena pregunta. Es mucho mas fácil quejarse de las cosas que ofrecer alternativas.

domingo, 20 de agosto de 2017

“Luna: Luna de lobos” de Ian McDonald


Esperadísima continuación de “Luna: Luna nueva”, continúa las aventuras de la familia Corta. “Luna de lobos” tiene el típico problema de las continuaciones: el elemento sorpresa se ha perdido, por más interesante que sea el mundo en el que transcurre, ya nos lo conocemos. Por otro lado, cuenta con la ventaja de que la historia ya está en marcha, puede ir al grano sin perder tiempo en presentaciones ni explicaciones.

Bueno, un poco explicaciones y presentaciones sí que hay, ha pasado un año y medio y en la primera parte del libro se recapitula que ha sido de los personajes y, con hábil y sádica mano, Ian McDonald se guarda para el final aquellos por los que el lector estará más interesado. Algunos ganan en humanidad y otros son dejados de lado. Por ejemplo, el personaje de Marina Calzaghe , tenía como función en “Luna nueva” ser los ojos del lector, que descubría a través de ellos el mundo lunar. Eso, y también salvar el día, de vez en cuando, con su rapidez de reacción y su valor. Como el mundo ya está presentado, en “Luna de lobos” ha perdido su función principal y pasa un discreto, no segundo, sino tercer plano, aunque deje a su paso una escena conmovedora.

Por el contrario, tenemos mucho más del lobo Wagner, con una cierta profundización en la cultura lobuna, a Lucasinho, personaje al que al principio tenia cierta tirria, pero que, a base de acumular tantos y tantos defectos, al final me es casi imposible no quererlo y, además, protagoniza uno de esos “momentos McDonald” para el recuerdo: párrafos y párrafos hablando de tartas. Puede hacerse cansino, pero acabó haciéndome gracia. Y, por supuesto, tenemos a Lucas, cuyo periplo terrestre nos permite conocer un poco mas la Tierra de este mundo futuro, analizado desde un punto de vista selenita, lo que nos permite comprender mejor la Luna ficticia y satirizar el mundo real.

Mas que una continuación, casi podríamos hablar de una prolongación, “Luna de lobos” no tiene sentido sin “Luna nueva” y es absurdo intentar leerla sin haber leído la anterior. Por otra parte, es casi de obligada lectura para los que la leyeron, como lo será una hipotética tercera parte. El estilo de la narración es coherente con la primera parte y no sorprenderá a los lectores, aunque algunas decisiones de Ian McDonald siempre resulten peculiares: dedica más tiempo a los recuerdos de infancia de un personaje que a un golpe de estado, a la música que escucha Lucas durante su entrenamiento para aclimatarse a la gravedad terrestre que al propio entrenamiento, dedica varios capítulos a presentar un personaje nuevo, que, aparentemente, no tiene nada que ver con la trama (aunque acabará siendo vital), se centra en los que padecen una crisis (bien por su ética) en lugar de en los que la provocan o gestionan, lo que tiene el inconveniente de que el lector no sabe lo que está pasando. Y dedica muchas, muchas frases a describir un aparato sexual masculino.

Diría que en comparación con el primer volumen, hay menos ideas y pasan menos cosas, pero las que ocurren se viven con mas intensidad. En este volumen, la aventura prima sobre la intriga. Ya he mencionado una cierta crisis. Gran parte de la novela consiste en los protagonistas intentando sobrevivir a esa crisis. Esta parte de la novela, cuajada de escenas espectaculares y dramáticas, aventaja a su predecesora en emoción y en acción. Sin duda el hecho de haberlo leído durante el periodo de jornada continua de mi trabajo ha influido en ello, pero hacía tiempo que no me veía tan absorto por la lectura de una novela, mas que leerla, la he devorado.

Recuerdo que en los comentarios de mi reseña de la primera parte Alb definía “Luna: Luna nueva” como “Un culebrón, sí, pero de primerísima.” Bueno, pues después de consumir la segunda temporada, me temo que ya estoy absoluta y completamente enganchado.
 

martes, 15 de agosto de 2017

“Jagannath” de Karin Tidbeck



Personalísima e inclasificable colección de relatos, que me confieso incapaz de enjuiciar.

Por un lado, reconozco mi admiración por el buen hacer de su autora. En estos relatos no sobra ni una coma. Son relatos breves que llegan a su conclusión ¿lógica? ¿apropiada?, sin que, a pesar de su brevedad, se produzca sensación de alguna de apresuramiento. Todo fluye al ritmo adecuado para lo que se está contando. Su estilo es transparente, sutil. No hace alardes ni subrayados: aparentemente se limita contar objetivamente lo que está sucediendo y crear esta ilusión de objetividad es uno de los mayores desafíos a los que se puede enfrentar un escritor. Su imaginación es portentosa. Prácticamente todos los relatos son sorprendentes, nunca utiliza clichés ni tópicos y algunos de sus ideas son asombrosas. También me encanta el modo en que Karin Tidbeck es capaz de dar la vuelta a sus argumentos, la sencillez con la que se las arregla para introducir el elemento fantástico en un relato costumbrista, para lo que, en una ocasión, le basta el sonido de unas campanillas.

Pero por otro lado, entre tantas cosas buenas, a veces tengo la sensación de que me están tomando el pelo. Si todos los relatos son desconcertantes, algunos de ellos lo resultan demasiado para mi gusto, como el que abre el volumen, que contiene la famosa descripción erótica de un dirigible, o el insustancial Her Cederberg, para mi gusto el peor del libro, que basculan en la delgada línea que a veces separa la genialidad de la chorrada.

lunes, 7 de agosto de 2017

“36” de Nieves Delgado


Historia de la vida y la evolución personal de una inteligencia artificial, “36” es un brillante alegato en contra de los prejuicios y la estrechez de miras de la raza humana. Nieves Delgado propone un mundo en que las inteligencias artificiales conviven con la raza humana sin llegar a estar a la altura de sus expectativas. Aunque súper inteligentes, su modo de pensar es tan ajeno al humano que no comparten nuestras motivaciones ni objetivos. Al contrario que en Star Trek, su objetivo no es ser humano, ni piensan que ser humano sea algo extraordinario. No les preocupa el éxito social, ni la riqueza, ni el sexo, ni el afán de conocimiento, ni, a la postre, la auto preservación. Y los seres humanos no pueden soportar que no compartan sus puntos de vista.

Es una especulación muy interesante y está muy bien explicada. El problema es que fuera del desarrollo de esa especulación, el volumen carece de interés. El hilo narrativo que lo sostiene es muy frágil, no logra involucrar al lector y cuando, finalmente, empieza a ponerse interesante con un misterio, es cortado en seco, interrumpido por listados de hilos de redes sociales.

“36” contiene algunos ataques muy certeros a las obsesiones del ser humano, como son la comida y el arte. En algún momento se habla de la adicción al melodrama de nuestra especie. Sin embargo, para ser mas disfrutable, esta novelita habría necesitado de un poco más de melodrama.

lunes, 31 de julio de 2017

“Rubicón” de J.G. Mesa


La contraportada de esta novela corta nos cuenta, que, cuando la Tierra está a punto de ser destruida por el impacto de un meteorito, el enloquecido capitán de una nave espacial se empecina en no abandonar el planeta hasta conseguir capturar vivo un ejemplar de león africano para su colección de depredadores. Esta sinopsis es el principal problema del volumen, porque es tremendamente atractiva. Hace que uno se imagina una especie de “Moby Dicken el espacio, o, al menos, un “Cazador blanco, corazón negro”.

Nada más lejos de la realidad. “Rubicón” es una sencilla novelita de aventuras. Las páginas 67-68 son las únicas en las que el autor intenta meterse en la cabeza de Guillermo Nox y la verdad, me ha parecido un fragmento muy bueno. El resto de la novela, se deja leer, pero no me ha llamado especialmente la atención y le sobran algunas explicaciones, en la página 18, por ejemplo, invierte demasiado tiempo en describir y explicar como funciona el casco traductor del comandante, algo que cualquier lector se puede imaginar sólito. A lo largo del texto, aparecen otras redundancias y subrayados, que serían imperceptibles en una novela larga, pero me resultan imperdonables en un texto tan breve, en el que la concisión debería ser ley y cada palabra cuenta.

Entretiene, que es lo mínimo que hay que pedir a una historia y que no siempre se consigue, pero no deja poso ni recuerdo duradero. No me ha provocado interés por su autor. Parece el guion del episodio piloto de una serie de televisión.

lunes, 17 de julio de 2017

“Los últimos días de Nueva París” de China Miéville



Antes de empezar a comentar esta novela, permítanme que sugiera este enlace a los que la estén leyendo, o se dispongan a hacerlo:

https://medium.com/@Nicky_Martin/graphic-annotations-of-china-mi%C3%A9villes-the-last-days-of-new-paris-fb2abe8fc578

Es un enlace muy útil. Sin su ayuda puede ser complicado imaginar las portentosas imágenes que evoca la prosa de China Miéville, a menos, claro que seas un experto en el movimiento surrealista.

La mayor parte de la historia transcurre en París, en 1950. Nos encontramos en una realidad alternativa. Durante la ocupación nazi detonó algo llamado “la bomba S”. Como resultado, París está repleto de manifestaciones del arte surrealista, fundamentalmente cuadros que cobran vida, pero también de cualquier forma de arte de este movimiento. A lo largo de la novela aparecen incluso manifestaciones de poemas. La ciudad permanece ocupada por los nazis, aliados con demonios del infierno que combaten contra el arte viviente.

La historia se centra en Thibaud, último superviviente de un grupo de resistentes surrealistas, que vagabundea por la ciudad intentando huir de ella, a la vez que se nos informa de su pasado por medio de flashbacks oportunos. También hay una segunda línea argumental, que transcurre en 1940, que nos cuenta el origen de esta extraña situación.

Me dan ganas de hacerme el listo y tratar de definir el interés del libro con esta sencilla ecuación:

Surrealismo + China Miéville = Delirio

Llamativo ¿eh?, pero no deja de ser un reduccionismo estúpido.
Una vez más, China Miéville demuestra la potencia de su poderosa imaginación. “Los últimos días de Nueva París” parte de una idea mas o menos original: el arte cobra vida para luchar contra el nazismo, pero desarrollada de un modo que ronda la genialidad. Resulta increíble la labor de documentación que hay detrás de este par de cientos de páginas. La cantidad de referencias artísticas es tan alta que hará las delicias de los entendidos en el surrealismo. (Yo eché en falta alguna a Buñuel, pero no soy ningún experto) La materialización de elementos surrealistas convierte las páginas en un catálogo de paisajes oníricos, poblados por figuras extrañas y peligrosas. La ambientación es fascinante, retorcidamente hermosa y a la vez amenazadora. La prosa de Miéville va pareja a lo que describe. Sinceramente, no se que pensar sobre su estilo. He leído a mucha gente echar pestes sobre él, otros decir que es intencionadamente malo. A mi me resulta desconcertante, me provoca una sensación de extrañeza, que lo hace muy adecuado para esta obra al menos.

Resumiendo, que los adictos al sense of wonder tienen frente a ellos un bocado al que es imposible resistirse, a lo que hay que añadir que las peripecias no dan descanso en ningún momento al lector, que las persecuciones, tiroteos y combates parecen no acabar en ningún momento y que el final es excelente, la revelación y el destino final del adversario definitivo es una de esas cosas que no deben dejar que les cuenten.

Pero…

La reseña hasta aquí estaba resultando demasiado elogiosa, cuando “Los últimos días de París” tiene algunos defectos muy marcados.

Para empezar, la subtrama sobre el origen de la bomba S, es totalmente prescindible y no aporta nada al resto del relato. Parece mentira que este sea el mismo China Miéville que en “La ciudad y la ciudad” afirmaba que ni sabía ni le preocupaba como se habían llegado a mezclar Beszel y Ul Qoma.

La trama principal, la de Thibaud, tampoco es que sea gran cosa. En el fondo no deja de ser un paseo bastante largo por este mundo desconcertante que Miéville ha creado. Otra vez. Además, reaparece uno de sus peores defectos, el de descriptor exhaustivo de parajes urbanos imaginarios. Hay veces en que parece decidido a seguir página por página un plano de París, explicando detalladamente en que ha cambiado cada uno de sus distritos y sus calles. Afortunadamente para sus lectores, la brevedad del volumen lo impide.

Y esa es otra de las cuestiones que deben tener en cuenta los que piensen adquirir este libro. En realidad, “Los últimos días de París” es una novelette, a la que le han puesto un tipo de letra grande, un espacio entre línea generoso y han llenado de extras para que alcance las dimensiones que exigen su publicación en tomo. Eso no es nada malo de por sí, a mí me encantan las novelettes, mientras que los grandes tochos cada vez me cansan mas, pero se vende a precio de novela y no es el tipo de información que te ofrecen en la contraportada.

Los extras incluyen la historia de como supuestamente China Miéville consiguió la historia y un largo listado de referencias sobre los orígenes de las manifestaciones, que es muy interesante.

Por último, diré que ya llevo bastante leyendo a este autor y empiezo a ver patrones en sus historias, que eliminan el elemento sorpresa. En concreto me refiero al aliado/salvador que guarda algún secreto oscuro en su interior, que casi parece una constante a toda su obra. Miéville debería tener cuidado con eso, si no quiere volverse repetitivo y eso es lo último que debe desear alguien que se esfuerza tanto por ser original. Cierto que, si “Los últimos días de Nueva París” me ha recordado a alguna obra anterior de Miéville, sería a “El azogue”, con la que guarda algún paralelismo, aunque creo que “Los últimos días de Nueva París” está infinitamente mejor.

En resumidas cuentas, si tuviera que ponerle nota, por la imaginación y la ambientación, “Los últimos días de Nueva París” se merecen un diez, pero por trama y personajes no llegan al cinco, un cuatro pelado.

martes, 11 de julio de 2017

“Kirinyaga” de Mike Resnick


 

Los kikuyu son la etnia principal de África oriental y Kenya. Yo tampoco lo sabía hasta que leí este libro. Este libro cuenta la historia de una colonia kikuyu establecida en un planetoide con el objetivo de llevar una vida basada en sus tradiciones ancestrales, antes de la llegada de los europeos. El protagonista de Kirinyaga es Koriba el mundumugu o brujo de la colonia, que es también el guardián y preservador de la tradición. Koriba es un hombre ilustrado, que estudió en las mejores universidades occidentales de la Tierra y es el único que tiene acceso a las comunicaciones con el mundo exterior, por medio de un ordenador con el que puede realizar ajustes en la órbita de Kirinyaga que controlan su clima.

También es un fanático intransigente, convencido de que la menor influencia de otra cultura sólo puede ser perjudicial para la suya y lo mismo sobre la desviación mas leve de la tradición.

El libro se compone de varios relatos. Casi todos ellos siguen la misma estructura: Koriba se encuentra ante un problema o un dilema que amenaza con alterar la sociedad kikuyu que considera perfecta y maniobra, mas o menos subrepticiamente para restablecer el orden, a menudo de modo cruel.

El personaje de Koriba es un gran acierto del libro. Como ya he dicho, Koriba es un fanático, como los peores de ellos, no acepta otra visión del mundo que la propia y por tanto se la impone a su pueblo. Lo triste es que es un fanático bien intencionado, que sufre y se preocupa sinceramente por su pueblo. En una ocasión, el relato Bwana, su intervención es beneficiosa. Aunque me cuesta reconocerlo, tengo que reconocer que hay parte de verdad en sus argumentos. Podríamos incluso decir que es un hombre bueno. Un hombre bueno que, por las mejores razones del mundo, comete actos incalificables, que impiden, aparentemente, que su pueblo evoluciones y digo aparentemente, porque tras cada crisis, algo cambia imperceptiblemente, que presagia el inevitable fracaso final de Koriba.

Koriba es uno, pero el libro está lleno de aciertos. Uno de ellos es la ambientación africana, que a mi al menos me ha resultado muy exótica. Resnick describe la cultura kikuyu imparcialmente, sin ocultar ni sus luces ni sus sombras. Una cultura bien integrada con su entorno si, pero atrozmente machista, en la que se practica la mutilación genital, los ancianos y enfermos se abandonan a las hienas y los recién nacidos pueden ser sacrificados por motivos absurdos.

Otros aciertos son las fábulas con las que Koriba se explica continuamente, que también son muy atractivas y, en general, el uso de los diálogos. En esta obra al menos, el diálogo es el motor de la escritura de Resnick. Son los diálogos los que hacen avanzar las tramas y la herramienta con la que los personajes expresan sus ideas y sus sentimientos y su uso me ha parecido casi genial.

Kirinyaga se subtitula ”Fábula de una utopía” y contiene reflexiones muy interesantes sobre las mismas, su carácter transitorio, su imposibilidad o como la utopía de una persona puede ser el infierno de otra. También obliga al lector a replantearse sus propios puntos de vista y considerar ideas ajenas.

Todos estos aspectos lo convierte en “casi” una obra maestra. ¿Qué defectos tiene? Bueno, pues lo que todo el mundo ha expresado antes que yo, obviamente. No se trata de una novela, sino de un fixup de relatos publicados a lo largo de varios años. Aunque hay una evolución y todos juntos forman una historia, leídos de seguido se hace patente que todos siguen el mismo esquema y puede hacerse repetitivo. Además, también hay ciertas reiteraciones, presentaciones de personajes y detalles de ambientación, que se repiten en cada relato. No son unos peros muy grandes, pero ahí están.

Mi vena friki y cretina me obliga a señalar un detalle que asaltó mi “suspensión de incredulidad”. En el primer relato, hay un momento en que Koriba amenaza con una especie de maldición al gran jefe y este se echa a temblar. Vamos a ver, que no se trata de una persona nacida en Kirinyaga, es un emigrante, que también tiene un ordenador en su casa y habla ingles. En otros momentos se nos dice que la población original de Kirinyaga estaba formada por fanáticos de las tradiciones ancestrales de Kenya que ya llevaban un tipo de vida similar en la Tierra. Aceptemos barco, a fin de cuentas tengo amigos y compañeros de universidad bastante supersticiosos, pero me sigue pareciendo demasiado exagerado que se aterre de tal modo, aunque ese abrazo a las supersticiones sea necesario para la historia que Resnick quería contar.

El volumen se complementa con un breve ensayo y una novela corta. En el ensayo Resnick explica que un escritor no tiene porque compartir los puntos de vista de sus personajes. No hacia falta que se molestara, pero parece que hubo polémica con estos relatos. Por su lado, la novela cuenta como los masai intentan construir su propia utopía en otro planetoide, aprendiendo de los errores de Koriba. Debo incluirla entre los defectos, porque es sensiblemente inferior al resto de la obra, parece incluso escrito a toda prisa, como si Resnick hubiera redactado una serie de notas sobre los problemas con los que se encontraría una colonia masai y las soluciones que adoptarían sus integrantes, si estos no fueran unos fanáticos. Tanto problemas como soluciones son interesantes, pero es como si se limitaran a enunciarlos, sin intentar hacerlos ni preocupantes ni divertidos para el lector. Aun así, es una novelette inteligente agradable de leer, que complementa el ciclo de Kirinyaga. Mientras que en uno asistimos a las decisiones de un fanático intransigente, aquí vemos como un grupo de personas bien intencionadas y mas abiertas de miras tratan de encontrar las mejores soluciones para todos. Es divertido y da buen rollo. El final es abierto, Resnick no garantiza que todos los problemas tengan solución, ni que a Kilimanjaro le vaya a ir mejor que a Kirinyaga, pero se permite cierta esperanza, resumida en la pregunta final:

¿No se te ha ocurrido nunca que la utopía tal vez no sea el resultado final, sino el mero hecho de luchar por ese fin?

Otras opiniones, que convierten la mía en redundante (por eso las listo al final)

http://sentidodelamaravilla.blogspot.com.es/2017/05/kirinyaga-de-mike-resnick.html
http://dreamsofelvex.blogspot.com.es/2017/06/kirinyaga-mike-resnick.html