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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

sábado, 16 de julio de 2011

"Ciudad Permutación" de Greg Egan



Esta nueva entrega de la así llamada trilogía solipsista supone un cambio en lo que estaba acostumbrado a leer de Grez Egan. Aquí abandona la narración en primera persona que caracterizaba sus relatos y “El instante Aleph”, y adopta además el multiperspectivismo.

No puedo decir que sea un cambio bienvenido. Era un registro en el que Egan se encontraba cómodo y que dominaba fácilmente. Desprovisto de ella la narración se hace mas fría. En contra de lo que suele decirse, encontraba fácil empatizar con sus narradores, muchos de ellos me parecían muy humanos. Parte de ello se ha perdido.

La novela comienza con una serie de experimentos a los que es sometida una copia software de una persona humana. En un ser humano de carne y hueso, los estados psíquicos o las configuraciones neurológicas se suceden unos a otros sin solución de continuidad. En el caso de una copia software eso no puede ser así, puesto que un ordenador no puede ejecutar mas que una instrucción por ciclo de máquina, a la fuerza han de ser discretos, en cada ciclo de ejecución han de reconstruirse con la información que dejó grabado el anterior y dejar lista la del siguiente. Durante los experimentos se procede a aumentar el tiempo del ciclo, a hacer correr el programa que es la persona entre grabaciones de diferentes estados no secuenciales en el tiempo y finalmente a hacer todos eso junto, pero con además las diferentes partes del programa distribuidas por todo el mundo, todo ello sin que nunca tenga ningún efecto en la visión subjetiva del mundo que tiene el programa.

Los experimentos son similares y monótonos, pero tienen una función en la historia, al final de ellos la copia, (y ese concepto se volverá muy cuestionable a lo largo de la narración) la conclusión de que el algoritmo, la estructura que es su personalidad es tan consistente que es capaz de encontrarse y organizarse a partir de números aleatorios repartidos al azar por el tiempo y el espacio. ¿Y que es el universo sino una interpretación de números aleatorios distribuidos por el tiempo y el espacio? Según esta revelación, otros universos pueden coexistir con el nuestro, pues no son mas que diferentes interpretaciones de la misma materia prima, siempre y cuando su estructura sea lo suficientemente consistente. A esto se refieren como teoría del polvo, aunque porque lo que veo, estrictamente hablando estas es un modelo de la conciencia.

O al menos eso he entendido. Como siempre, impresiona la longitud de miras de Greg Egan y lo ambicioso de su imaginación. Entonces surge el proyecto de crear un universo para copias software de personalidad de millonarios, para ello basta con ejecutar un programa que simula un androide autoreplicante Von Newman (estoy hablando de una estructura matemática que puede ejecutar cualquier algoritmo como una maquina de Turing, pero que además puede reproducirse), que simula el comportamiento de los ordenadores que ejecutarían el universo de las copias. Solo hay que tenerlo en funcionamiento un rato, y la coherencia de sus estructura organizará el polvo y creará su propio universo en continua expansión por eso se reproducen los autómatas).

Por motivos poco claros, mas allá de las necesidades narrativas, en este universo incluyen un autoverso, una ejecución de un planeta alienigena basado en unas reglas simplificadas de la física (átomos indivisibles, ausencia de principio de incertidumbre), que evolucionará hasta crear vida inteligente, y en el clímax de la novela subvertir el universo de bolsillo creado (la ciudad permutación que da título a la novela).

Bueno creo que he espoileado bastante la novela. Los que hayan entendido todo lo anterior se habrán percatado de que se trata de ciencia ficción de la buena, con una carga especulativa muy importante, aunque tenga mis dudas sobre su credibilidad, y nunca se podrá decir que nadie haya perdido el tiempo leyéndola. Sin embargo, como novela no acaba de funcionar bien.

Fuera de la exposición de sus tesis y reflexiones, la novela no acaba de tener un objetivo o un hilo conductor. Los distintos hilos argumentales no acaban de relacionarse entre ellos y son de dudosa eficacia. Así, la historia de los polizones, que tienen que afrontar la eternidad sin ser capaces de relacionarse con ninguno de los otros ocupantes del elíseo, Peer y Kate, me ha parecido conmovedora, y los cambios de personalidad autoinducidos que utiliza Peer para pasar el rato y las consecuencias finales de ello, fascinantes y un poco sobrecogedoras. Como sobrecogedora y escalofriante resulta la historia del millonario devorado por la culpabilidad y el purgatorio que crea para si mismo, hasta llegar al extremo de que la culpa y el dolor sean lo único que definan su personalidad.

Por el contrario Maria Deluca, la programadora de la semilla del mundo alienígena resulta mucho menos humana que las copias de ordenador (Vamos si hasta le da repelús el sexo por que es demasiado consciente de su función biológica), su obsesión por salvar a su madre no consiguen humanizarla ni volverla un personaje creíble. De Durhan no hablemos, a fin de cuentas llegado un momento hasta desaparecen los capítulos narrados desde su punto de vista, ignoro si porque eso eliminaría el suspense sobre sus intenciones o porque Egan sea incapaz de decidir como sería su visión del mundo.

El final parece apresurado, las cosas se van al garete tan deprisa que apenas hay tiempo de inquietarse, como si una vez expuestas sus teorías el autor hubiera perdido el interés en lo que narra, pocas veces he visto un desastre menos emocionante o aterrador, a pesar de que contenga carreras y heroicidades de última hora como mandan los cánones.

Resumiendo, una novela interesante por los temas y las ideas que trata, pero no como novela, como tal resulta una ficción mas bien fallida.

lunes, 4 de julio de 2011

"La soledad de Dickens" de Dan Simmons



5 años antes de su muerte, Charles Dickens sufrió un accidente ferroviario que estuvo a punto de costarle la vida. Poco después, le relatará a su amigo y colega, Wilkie Collins que vió una extraña figura paseándose entre los heridos y moribundos, que se presentará a si mismo como Edwin Drood. A lo largo de los siguientes años, la presencia entrevista y rumoreada de Edwin Drood, aparentemente un cabecilla del submundo criminal, dotado de grandes poderes hipnóticos, señor de una reino subterráneo que se extiende bajo las alcantarillas de Londres y sacerdote del culto a los antiguos dioses egipcios, acosará la vida de los dos escritores, sobre todo la de Wilkie Collins, aunque será el germen de la última e inconclusa novela de Dickens.

Como acostumbra a hacer, Dan Simmons se ha documentado muuucho, y se asegura de que se note. Eso quiere decir que, sobre todo al principio, el discurso narrativo se interrumpe continuamente para contarnos alguna anécdota de Dickens o Collins (con fechas y direcciones), introducir un fragmento de alguna carta, citar alguna de sus obras, o dedicarse a analizarlas.

Porque, por encima de todo, elementos terroríficos aparte, esta es una novela sobre Charles Dickens y Wilkie Collins. Esto no es una crítica, es una aclaración. Quien se lo compre solo porque es de Dan Simons que es un pope de la literatura fantástica, se puede llevar un chasco. Pero al que le interese la época, el escenario (el Londres victoriano), y estos dos autores, flipará.

En mi caso, mitad-mitad. Tenía intención de leerme algo de la obra de los dos antes de leerme esta novela, pero al final me han perdido las ganas de leer al Simmons, de modo que de Wilkie solo he leído "El hotel embrujado", y de Dickens un volumen de cuentos de fantasmas que salió hará un año mas adaptaciones al cómic de mi niñez de "David Copperfield", "Oliver Twist", y una lamentable condensación de "Bleak House" que me hicieron leer en clase de inglés, así que seguramente me he perdido un montón de guiños y referencias a sus obras, de las que no soy fanático precisamente. Sin embargo, los dos resultan lo suficientemente interesantes como personajes e incluso fascinantes, para que los hechos de sus vidas resulten de interés, y Simmons es un narrador muy hábil, que se apaña para mantener el interés.

Uno podría quejarse del tono demasiado episódico de la intriga. A fin de cuentas Simmons está engarzando su ficción en lo que se sabe de las vidas de dos personajes reales, de modo que la trama parece estancarse en las descripciones de sus giras y montajes teatrales, para luego de repente, cuando encuentra un hueco asestar un golpe de efecto al lector, darle un susto de ataque cardiaco o introducir momentos de delirio decimonónico.

A partir de la inmersión de Wilkie Collins en la oscuridad y la locura, resulta casi imposible despegarse del libro. Y digo casi. En ese momento Wilkie Collins se apodera de la novela, diría yo que a pesar del título de la edición española, la cantidad de paginas dedicadas a Wilkie Collins es mayor que las dedicadas a Charles Dickens. Y en ese momento empezó a caerme como el culo. Para que una novela sea buena, no es necesario que el protagonista te caiga bien, ni que te sientas identificado con él, lo que cuenta es que esté bien caracterizado y que se comporte de un modo coherente. El Wilkie Collins de Simmons cumple todas estas expectativas, pero llegó un momento en que empezó a resultarme desagradable sumergirme en la psique de este señoritingo mimado, egoísta y bien pagado de si mismo, amén de envidioso y de estar como una cabra. Ignoro si el Wilkie Collins real será así o no, pero es como me ha resultado el personaje ficticio. Y sin embargo cuanto mas desagradable me resultaba mas enganchado estaba.

Al final los supuestos elementos fantásticos resultan una especie de válvula de escape, que relaja brevemente el ambiente a fuerza de adrenalina, para permitirnos leer el resto de sus partes, que es una novela sobre dos escritores en particular, pero también sobre todos los escritores y su proceso creativo y que resulta tremendamente amarga y desoladora. El final, a mi personalmente me ha resultado predecible, pero, una vez mas, eso no es malo. Me ha resultado predecible porque es coherente con lo narrado y ha sido apuntalado a lo largo del camino, y tal vez a lectores menos empedernidos les resulte sorprendente. Y no es un final agradable . Simmons no hace concesiones, se niega a reconfortar al lector, no hay final feliz, ni redención, ni respiro que lo haga mas liviano.

En fin, poco queda por añadir. Lo que parecen fallos obvios (exceso de información que ralentiza la acción y ritmo demasiado moroso de la trama principal, que parece que no avanza por mas que pasen las páginas), pero eso es ponerse académicos. Lo que habría que valorar es si esos supuestos defectos la estropean, y no, en mi opinión no restan fuerza ni impacto a esta poderosa novela.

Como curiosidad diré que, a pesar de todo lo que he dicho en su contra, me ha dejado con muchas ganas de leer a Wilkie Collins, sobre todo "Armadale", "La dama de blanco" y, por supuesto, "La piedra Lunar".

Podéis encontrar otra crítica, aquí, escrita por Juan Carlos Planells, que al contrario que yo si sabe bien de lo que habla, pues conoce a fondo ambos autores y escribe bastante mejor que yo. Cometí la desgracia de leerla antes de escribir la mía, y he tenido el fantasma de sus palabras rondando por mi oreja, pensé en eliminar las partes en que me parece que digo lo mismo, pero entonces no estaría dando mi auténtica opinión.

viernes, 1 de julio de 2011

"Razas del futuro" de A. E. Van Vogt



Llevo un cierto tiempo dedicándome a hacer arqueología con las obras de Van Vogt y no sé si habrá llegado el momento de dejarlo o no, pues ya empiezo a percibir un cierto cansancio.

Leí por Internet hace un par de meses una reseña de la obra que nos ocupa "Razas del futuro" , que luego vi reproducida por otras páginas, centrada en sus posibles similitudes con "BattleStar Galactica". Bueno, como fan acérrimo posteriormente desilusionado y desencantado, debo decir que el pobre de A. E. Van Vogt no tuvo la culpa.

Para empezar todo el tema de los robots es confuso, puesto que los denominados robots Dellian son completamente orgánicos, además son fuertes, saludables y guapos, aunque poco creativos. En la incompleta explicación que se dán de sus orígenes no queda claro que sean una creación del hombre o no, al aparecer fueron creados por accidente con un prototipo de teletransportador, que producía cambios fisiológicos. Esta novela es muy anterior a Star Trek, por cierto, y mucha gente piensa que su autor fue una influencia clara para Gene Roddenberry. Yo no acabo de tenerlo claro, pienso que podría tratarse un caso de evolución convergente de ideas no tan originales,

En fin, Van Vogt es consciente que una máquina que es capaz de desintegrar cualquier objeto para luego reintegrarlo aparentemente de la nada, también debería ser capaz de montarlo sin necesidad de desintegrar nada. De hecho a lo largo de la historia lo hacen un par de veces, incluso son capaces de ¡!!RESUCITAR A LOS MUERTOS!!!! Aunque sólo si ha pasado poco tiempo desde el deceso. ¿?. Todo esto hace que no quede claro si los supuestos robots son seres humanos creados de la nada o seres humanos alterados por su paso a través del prototipo de transportador. Sean lo que fueren, la típica xenofobía humana les llevó a empuñar las antorchas y las horcas para exterminarlos.

La historia empieza cuando, mucho tiempo después, una nave exploradora de la tierra encuentra evidencias de una civilización robótica en un remoto rincón de otr.a galaxia. Este comienzo por cierto, es uno de los relatos incluidos en el tercer volumen de la antología "Imperios Galácticos", de Brian W. Aldiss. Y por cierto, ya se marca allí una primera incoherencia, el primer robot que encuentran es resucitado al recrear toda la materia inorgánica de la estación en que estaba (clara pista para que el lector avezado luego comprenda que es un robot), …..!!pero después resulta que los robots son de materia orgánica!!

La nave empieza a rastrear esta civilización para unirla a la terráquea, cosa que no les hace ninguna gracia a los interesados, que ya estuvieron a punto de ser exterminados. Los robots son de dos tipos, los Dellian y los no-Dellian. Los descendientes de matrimonios mixtos pueden controlar la mente de cualquiera de los otros y hace poco intentaron apoderarse del poder. El protagonista es el líder de estos hombres mixtos (optaron por liderato hereditario, para evitar guerras internas ¿?), que fue criado por el ejército, y tendrá que lidiar con los intentos de destruir la nave de la tierra, para evitar una guerra que los Dellian no podrían ganar, con la facción de hombres mixtos que trata de aprovechar la situación para hacerse con el poder, con la capitana de la nave de la Tierra y con la inevitable historia de amor, bastante curiosa por cuanto implica varios condicionamientos psicológicos.

La situación de partida es interesante, el relato avanza muy rápido y es ameno, y es menos confuso y delirante que otros (estoy pensando en "La Bestia"). Van Vogt hace un hábil truco de ilusionismo a cargo de la etnia no Dellian. Uno se imagina que son lo que son, luego, a fuerza de oír como les llaman robot una y otra vez, acaba imaginándose otra cosa, aunque se queda extrañado de que no lo expliquen, y luego, cuando por fin descubres lo que son, que era lo que creías en un principio, no puedes evitar sorprenderte de lo bien que encaja y de que, después de todo, tenia sentido.

La ciencia es ridícula, absurda y contradictoria. El estilo es sencillo y sin alardes, no carece de cierto atractivo, aunque la traducción resulta arcaica y fundamentalmente infecta. La novela es corta y se lee en un suspiro, lo que hla hace muy simpática. Resumiendo, una novela de aventuras intrascendente, agradable, a pesar de sus carencias, pero no especialmente memorable.