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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

sábado, 30 de abril de 2016

“La máquina de la felicidad” de José Antonio Suárez




Me he aficionado a las novelas de José Antonio Suárez. No es la primera vez que aparece por aquí ni será la última. Sin embargo, cuanto mas conozco su obra, mas patentes se me hacen sus defectos literarios. A saber:

- Carencia total de sutileza. En sus novelas el lector no llega conocer la personalidad de sus protagonistas por como se comportan o hablan, sino porque el narrador omnisciente nos cuenta todo lo que necesitamos saber, o lo hacen los propios protagonistas en alguno de sus innumerables diálogos. Eso hace que la historia avance mas deprisa, pero también la hace menos impactante y elimina la “inmersión” en el relato. En sus novelas no se tiene la sensación de estar dentro de la historia, sino de que alguien te la está contando, muy deprisa.

- Todos los personajes hablan igual. En “La máquina de la felicidad”, precisamente, hay un cierto esfuerzo por paliar este defecto, los elementos más criminales, vulgares o de peor estrato social, dicen mas tacos, pero es un esfuerzo insignificante. El autor no intenta dotar a cada personaje de voz propia. A veces parece que estemos en un ejercicio de debate estudiantil, en el que un mismo alumno intenta adoptar diferentes puntos de vista. Parece que sea la misma mente la que habla por todas las bocas. Frecuentemente esta mente además, se expresa con un exceso de formalidad, que no cuadra con el personaje o la situación y todos tienen una habilidad condenada para exponer sus puntos de vista, contra argumentar o idear posibles explicaciones alternativas a lo que se está discutiendo. Las novelas de Suárez. están muy dialogadas, por lo que esté defecto resulta muy llamativo.

- Esquematismo de los personajes, que hace casi imposible la identificación del lector. Recuerdo que en una entrevista José Antonio Suárez. comentó que lo primero que hacia era buscar las virtudes de sus villanos y los defectos de sus héroes. Eso no es un defecto, es una de sus virtudes, en sus novelas si hay villanos, pero no héroes. Los personajes positivos son pobre diablos metidos en situaciones que les sobrepasan, pero tan poco desarrollados que no hay modos de creérselos o de simpatizar con ellos. Además, las escenas dramáticas se le dan condenadamente mal. En “La máquina de la felicidad” por ejemplo, tenemos la conversación final entre Félix y su madre, que debería ser conmovedora y parece impostada, falsa, aunque no tan falsa como la escena de la página 312, entre Ester, su ex marido y su hija.

- Giros argumentales improvisados e incoherentes. Hay momentos en sus novelas en que se introduce de repente un hecho o un dato de vital importancia que ni siquiera ha sido insinuado previamente y que a veces entra en conflicto con lo que sabemos de un personaje o situación. Es lo que ocurre con todo lo relativo al virus Nirvana. Es el tipo de cosas que te hacen pensar que el autor ha insertado sobre la marcha una idea que ha tenido mientras estaba escribiendo, sin preocuparse de que no acabe de encajar bien del todo. No digo que sea lo que ocurre, dado que parece que José Antonio Suárez. planifica muy bien sus obras, pero es lo que parece.

- Escritura sencilla, ay, demasiado sencilla. Esto puede ser un tema personal. Curiosamente, prefiero a los escritores que practican un estilo sencillo y sin artificios que a los que intentan deslumbrar constantemente al lector con su talento (Si yo también he oído lo de “Mira mamá, que bien escribo” de Stephen King) Sin embargo, al final lo que cuenta es el talento con el que se haga. Escribir bien, de modo eficaz, con un estilo transparente, es mucho mas difícil que hacerlo con un estilo recargado. Otros escritores han conseguido emocionarme, mientras que Suárez, me deja frio. Admito que puede ser algo personal. En todo caso, en “La máquina de la felicidad” hay momentos que deberían ser escalofriantes, la transformación de la personalidad de Félix, cuando Dario se da cuenta de que ha perdido el control de su propia mente,... desperdiciados por culpa de una escritura demasiado sencilla.

Estos no son defectos de un escritor principiante que puedan ser corregidos en el futuro. Por desgracia ya se han convertido en rasgos de estilo, distintivos de la personalidad del autor. Pueden echar para atrás a muchos lectores y le alejaran de los premios de la crítica. No impiden el disfrute de la lectura de su obra, aunque si que lo atenúan. No quiero decir con esto que vaya a dejar de leerle, le sigo con interés y debo de tener como cinco novelas suyas todavía pendientes de lectura. Simplemente, cuando las reseñe, ya no comentaré nada de lo anterior.

¿De qué va “La máquina de la felicidad”? Bueno, el tema fundamental es la posibilidad de manipular la mente, principalmente por el uso de nano tecnología, aunque en el fondo sea una extensión de la neurología. Transcurre en un futuro supuestamente cercano, en España, donde se han instituido unas pruebas que solo permiten acceder a cargos públicos a aquellas personas que no carezcan de empatia hacia los demás seres humanos (no los llaman psicópatas, los llaman “cerebros fríos”) No es una mala idea, pero ha sido impulsada por un gobierno fuertemente ideologizado: la homosexualidad acaba de ser categorizada como enfermedad, por ejemplo. Sigue a un grupo de personas relacionadas entre sí, que se van a ver envueltos en una de las tramas conspirativas típicas del autor.

Así tenemos al doctor Albino, que utiliza la estimulación neuronal para reconciliar parejas en crisis, amigo de Andrés, que realiza pruebas con escáner cerebral para detectar cerebros fríos, padre de Laura, cuyo novio ciego se ofrece a participar en un experimento que le devolverá la vista y doctor de Dario, policía que empieza a tener problemas mentales… La lista es mas larga y quizá uno de los aspectos más inverosímiles de la trama sea esa tela de araña de relaciones de las que no parece escapar ningún personaje.

Leer a José Antonio Suárez. es el equivalente literario de tantear con la punta del dedo gordo donde vas a apoyar el pie al caminar por las aguas de una playa y verte tragado por un remolino oculto. Una vez empiezas a leer una novela suya, estás perdido, te ves atrapado sin remisión en la cadena de acontecimientos que se ensamblan unos con otros y parece que no van a terminar nunca, hasta que llega el abrupto final.

Esta es una de las novelas más inquietantes del autor, construida en torno a conflictos y decisiones difíciles. ¿Tiene sentido salvar a los drogadictos de su adicción, al precio de eliminar su personalidad o quitarles la libertad? ¿Es lícito alterar la mente de un ser querido, aunque sea por su propia seguridad y le hagas feliz? ¿Renunciarías a ser tú mismo, a cambio de esa felicidad? Una vez esa tecnología se divulgue ¿cuánto tardarán las empresas en utilizarlas para obligar a la gente a comprar sus productos, o los políticos a votarles?

Las respuestas de José Antonio Suárez. no pueden ser mas pesimistas. No hay atajos hacia la felicidad y el mal uso de esa tecnología es inevitable. La novela termina con un final agridulce, los buenos ganan, pero no es una victoria definitiva y muchos de los malos escapan a su merecido castigo. La conclusión es que la libertad es un bien muy preciado y que mantenerla requiere de una lucha constante.

El final sabe a poco, como siempre en las novelas del autor, a veces parece que lo situee arbitrariamente, cuando cumple un determinado número de páginas, aunque aquí quedan atados casi todos los cabos.

Una novela muy amena e interesante, a la que los defectos a los que ya me he referido demasiado extensamente impiden desarrollar todo su potencial. De hacerlo, estaríamos ante una obra maestra.






viernes, 22 de abril de 2016

“Galveston” de Nic Pizzolatto




Ni la primera temporada de “True detective” me pareció tan buena, ni la segunda tan mala. Tras finalizar el visionado de la segunda, decidí darle una oportunidad a esta novela, por lo que sé, la única hasta ahora escrita por el guionista de la serie.

No soy un experto en literatura de serie negra, aunque me encanta el cine. Adoro a Raymond Chandler, pero mis historias favoritas no son las de detectives privados, sino las protagonizadas por delincuentes. “Galveston” es el tipo de historias que me gustan: Roy Cady es un maduro matón profesional que acaba de descubrirse víctima de un cáncer terminal. Como las desgracias nunca vienen solas, poco después su jefe intenta deshacerse de él. En el subsiguiente baño de sangre, Roy se hace con pruebas incriminatorias que podrían mandar a su ex jefe a prisión y termina cargando con una joven prostituta que tuvo la mala suerte de verse envuelta en todo el fregado, junto con una pequeña pariente de ésta. No se le ocurre nada mejor que ir a refugiarse en Galveston, Texas, la ciudad en la que por una breve e idealizada temporada, fue feliz.

En este tipo de historias, a su modo, hay mucho de tragedia griega. Ya desde el primer momento, mucho antes de que empiece la segunda línea temporal, veinte años después sabemos que las cosas no van a terminar bien, que sus no muy convincentes intentos de hacer lo correcto sólo van a servir para que Roy se hunda mas y mas en el abismo. La tristeza el fatalismo están presentes casi desde la primera página, junto con una violencia muy cruda y explícita.

Hay que reconocerle a Pizzolatto que no hace concesiones, ni respecto al uso de la violencia ni con sus personajes. Rocky, la prostituta casi adolescente, dista mucho de ser una angelical dama en apuros, pero Roy, la estrella de la función, no es precisamente un héroe. Capaz de lo mejor y lo peor, no duda en comportarse en ocasiones con crueldad, si la ocasión lo requiere y tras su fachada de tipo duro esconde mas debilidades de lo que parece. Roy es el narrador, la voz que sostiene y une el relato y lo hace convincentemente. Los mejores momentos de la novela, para mí, son en los que se enfrenta a sus propias mentiras y descubre las verdades amargas que constituyen su vida.

Los diálogos son bastante naturales y carecen de la pretenciosidad verbosa que hicieron famoso a Pizzolatto. Éste también tiene buena mano en la descripción de ambientes, que es otro de sus atractivos de la novela. Por el lado negativo, la falta de originalidad. Abusa demasiado de los tópicos del género, en innumerables ocasiones te da la sensación de que esto que estás leyendo ya lo has visto en alguna película.

La narración, por cierto es muy cinematográfica, como si Pizzolatto no tuviera claro si escribir una novela o el guión de una película, o si se decidiera a escribir la novela de la película que no consiguió que se filmara.

En cualquier caso, los pros superan los contras. Aunque imperfecta, es una novela atractiva, seca, áspera . A ratos, conmovedora. Hay modos mucho peores de pasar un rato.

jueves, 14 de abril de 2016

“Soplo mortal” de Isaac Asimov




Enterarme de la existencia de una novela de Asimov que aún no había leído fue todo un alegrón para mí, que desencadenó la inevitable búsqueda y su inevitable consumo en 4 días laborales, a pesar de que, como suele ocurrir con estas obras perdidas de Asimov, la traducción sea horrible, aunque, al menos por esta vez, legible. “Soplo mortal” no es una novela de ciencia ficción, aunque la ciencia es una parte muy importante de la novela. Cuenta la investigación que realiza un profesor universitario de química de la muerte aparentemente accidental de uno de sus alumnos.

La investigación no es particularmente memorable, Brade el profesor, se limita a mantener conversaciones con todos los implicados y a elucubrar continuamente. Los seguidores habituales del buen doctor no se sorprenderán al encontrar que la novela está montada alrededor de los diálogos y se olerán en seguida la identidad del asesino. A pesar de ello, es totalmente disfrutable. Es un Asimov de primera época, con un estilo aparentemente muy sencillo, que va siempre directo al grano y un gran sentido del ritmo, que engancha al lector con facilidad, aunque en el fondo sea muy poco lo que se está contando.

Por razones obvias, a Asimov no le cuesta lo más mínimo meterse dentro de la cabeza de un profesor de universidad de química, para más inri, criado durante la gran depresión, para el que la vida académica es una vía de escape de la dureza del mundo laboral y que busca la titularidad como el santo grial de la seguridad económica. En el fondo, durante casi toda la novela, la posibilidad de perder su trabajo parece preocupar a Brade mucho más que la de ser culpado de un crimen que no ha cometido.

Brade y los demás personajes están muy bien definidos, aunque con superficialidad. A través de ellos Asimov traza un retablo muy poco complaciente de la vida en una universidad de los estados unidos: un nido de mezquindades e hipocresías, personas pequeñas con egos grandes, en competencia por los mejores puestos y los subsidios, a los que la investigación y la enseñanza preocupan muy poco.

Dejo a los estudiosos de la biografía de Asimov dilucidar cuánto de auténtico hay en ello y cuánto del propio Brade en Asimov. El libro en sí, es una lectura ágil y agradable, que sigue fielmente las convenciones de las novelas policíacas, en el que brilla la agilidad expositiva de su autor. Tal vez las reflexiones finales suenen un poco impostadas, como en algunos de sus relatos, al final no puede resistirse a arrojar una moraleja a los ojos del lector, pero es una pega irrelevante. Tal vez lo mejor que se pueda decir de él, es que es corto y se hace corto

viernes, 8 de abril de 2016

“Dentro del Leviatán” de Richard Paul Russo




Hace ya unos años que andaba detrás de esta novela. Cuando se publicó, me llamó la atención, pero en ese momento vivíamos un momento de bonanza editorial, no se podía leer todo lo que se publicaba y, aunque tenía buena pinta, no tenía una pinta extraordinaria, parecía un poco tópica y no creó ningún maremoto en el mar digital

La novela transcurre en el Argonos. El Argonos es una nave espacial enorme, densamente poblada por personas que han nacido allí y jamás han conocido otro lugar. Sus habitantes están divididos entre una casta privilegiada y otra que realiza todas las tareas pesadas y enojosas, que habita los niveles inferiores de la nave. Decir que es una nave generacional, en el sentido clásico, podría ser exagerado, pues es más rápida que la luz y no tiene un destino claro, los registros se perdieron, se desconoce cual era la misión original de la nave, si es que la tenía. Llevan al menos trescientos años dando tumbos por el espacio. Una gran catedral con vidrieras que dan al espacio exterior ocupa el centro de la nave y la religión es muy importante en ella. El personaje mas negativo del libro es un obispo intrigante que se comporta más como un político ambicioso y sin escrúpulos que como un hombre de fe.

Creo que se puede deducir de estas líneas que el escenario en el que transcurre es lo más atractivo de la novela. Un escenario al que yo encuentro un cierto halo romántico (me pirran las naves enfrascadas en viajes interminables) y que tiene mucho de gótico y pulp.

Porque, a pesar de su lenguaje mas moderno, lo que Richard Paul Russo nos está ofreciendo es, en el fondo, un pulp. Cuando, transcurrida ya un tercio de la novela el Argonos se encuentra, como avisa la contraportada, con una nave espacial extraterrestre aparentemente abandonada, comienza una historia de terror espacial de las de toda la vida. Es de agradecer la ausencia de exclamaciones, efectismos y subrayados diversos propios de la edad dorada, pero no por ello hay mas complejidad estilística. También han desaparecido algunos de sus defectos ideológicos. Ahora los personajes femeninos ocupan puestos importantes en la tripulación, pueden ser eficientes y tener sus propias preocupaciones, pero eso es todo. Uno clichés han sido cambiados por otros.

No hay ninguna especulación digna de interés en esta novela. La imaginación del autor es limitada, no hay conceptos descabellados que provoquen gran asombro en el lector, ni parajes grandiosos ni entornos exóticos. Aunque atractivo, el escenario no es descrito con gran detalle. No se tratan temas demasiado interesantes y, de hacerlo, no lo hace en profundidad.

Los personajes no son dignos de tal nombre. El caso mas sangrante es el de propio Bartolomeo, el protagonista, nacido con graves deformidades que debe utilizar un exoesqueleto y brazos artificiales para llevar su vida normal. ¿Cómo puede afectar semejante origen a la psique de una persona? Tal como nos lo plasma Richard Paul Russo, en absolutamente nada. Es fácil olvidarse de sus deformidades, porque, salvo en una escena, no pintan absolutamente nada en la historia. Bartolomeo podría ser cualquier oficial, bien intencionado y atractivo, de la flota estelar y lo mismo ocurre con el resto del reparto.

El único personaje dotado de un cierto barniz psicológico es la madre Verónica, la contrapartida del obispo malvado, un personaje creyente que no es descrito ni como una fanática ni como una ingenua. La pega es que cada vez que abre la boca parece verse compelida a explicar sus creencias.

Hay un cierto didactismo religioso en la novela, que no llega a entorpecerla pero si la empaña. Tanto Richard Paul Russo como sus personajes tienen todo el derecho del mundo a creer lo que les da la gana, y la religiosidad que impregna la novela es una religiosidad no dogmática perfectamente respetable, pero la madre Verónica parece decidida a hacérnosla tragar, con un embudo si hace falta, caiga quien caiga. En fin, tal vez sea demasiado susceptible con el tema, sus parlamentos no son tan largos y, si son de aquellos lectores con hambre de “contenido”, que no son capaces de disfrutar de una historia sino les ofrece "algo mas", dichos parlamentos serán el único alimento que encuentren en esta lectura.

He dedicado muchas palabras a decir lo que la novela no es. ¿Qué es entonces? Una narración muy entretenida. Podría parecer por lo dicho anteriormente que no me ha gustado, pero la verdad es que la he disfrutado enormemente. Simplemente, lo cortés no quita lo valiente. La novela se lee con gran facilidad. Los puntos fuertes de Paul Russo son su capacidad para la intriga y el sentido del ritmo. Con el primero crea un clima tenebroso que envuelve y atrae al lector, y con el segundo le mantiene enganchado. Es una de esas historias en las que el ritmo de la narración está perfectamente llevado, en que cada cosa ocurre justo en el momento adecuado y ayuda a mantener la tensión.

He leído reseñas que definían “Dentro del Leviatán” como una mezcla entre “Alien” y “Cita con rama”. El que se crea tales críticas se llevará una terrible decepción. Hay una amenaza y llegan al planeta en el que empieza la historia siguiendo la señal de una baliza. Fin de los paralelismos con el octavo pasajero. Si, se explora un artefacto alienígena, pero no hay en esta novela nada de la fascinación del género de los “objetos grandes”. La nave en el fondo, no es mas que una sucesión interminable de salas vacías, con gravedad y atmósfera cambiante, nada que ver con la trabajada y fascinante creación de Clarke. A lo que si que se parece es a uno de esos capítulos de Star Trek, de la variante de naves abandonadas. Esos son, sin duda, los grandes referentes de esta obra de Richard Paul Russo.

viernes, 1 de abril de 2016

“Cibertormenta” de Matthew Mather




Vivimos tiempos difíciles para los aficionados a la ciencia ficción adultos. Los grandes nombres del género ya no se comercializan en nuestro país y las novedades se han reducido prácticamente a cero. Con algunas excepciones. Una de ellas son los autores primerizos que han conseguido un gran éxito auto publicando su obra en Internet. Sobre todo si se da el caso de que se está preparando una película o una serie de televisión sobre ella. Ese fue el caso de Andy Weir y parece ser el caso de Matthew Mather.

Reducida a su mínima esencia, la novela cuenta como una serie de ciber ataques desarticulan la administración de Estados Unidos y como la ciudad de Nueva York se hunde en el caos.

Hay dos maneras de enjuiciar el libro, como tesis o como novela.

Como tesis, plantea algunas cuestiones tan interesantes como preocupantes: nuestra creciente dependencia tecnológica, el conflicto entre libertad y seguridad, el riesgo que comporta la creciente complejidad del mundo y el modo en que aumenta la probabilidad de que sucesos sin ninguna relación aparente entre sí acaben produciendo resultados catastróficos. Esto último, aviso de spoilers, se encuentra en las explicaciones introducidas de modo muy poco sutil en el desenlace, y aunque la mayor parte de la gente las considera poco creíbles, a mi si me han convencido. También incluye una frase que lleva dándome vueltas por la cabeza desde hace días, relacionada con la otra gran obsesión, la del “lo quiero todo gratis” o “quiero todo lo que sea gratis”. No tengo ganas de buscarla, pero dice algo así como “Cuando no pagas por un producto, tu te conviertes en el producto”

Por desgracia, estas cuestiones solo se plantean, no se entra en profundidad en ninguna de ellas.

También se da una descripción bastante realista del comportamiento de la gente ante las situaciones límite y una visión muy desfavorable de la naturaleza humana.

En cuanto a la novela… Cuando descubrí que el protagonista, Mike está casado con Lauren, quien, además de ser muy guapa, es de familia rica y sus padres no aguantan a Mike, pero en cambio simpatizan mucho con su vecino, Richard, también un aristócrata privilegiado, al que Mike no soporta porque piensa que pasa demasiado tiempo con Lauren, por un momento estuve a punto de arrojarla por la ventana. Si no lo hice fue porque disponía de ella en formato electrónico y le tengo mucho cariño a mi viejo y baqueteado e-reader.

Al comienzo del libro, tenemos un prólogo situado en el futuro, en el que Mike sale por la noche a buscar comida para alimentar a su familia. Ese prologo es el mayor logro narrativo de Matthew Mather en toda la novela, si no existiera, no habría sido capaz de soportar los primeros capítulos. Su promesa de futuros peligros y pesares es lo que me sostiene mientras recorro página tras página de lugares comunes, prosa convencional y personajes sin alma. No es que sean demasiados capítulos, ni que sean demasiado largos, es que son demasiado malos. La idea es mostrar como, poco a poco, la amenaza va introduciéndose en la vida cotidiana. Es como están construidas muchas novelas de terror y la razón por la que no las leo, porque para llegar a la chicha tienes que apechugar con decenas de páginas intrascendentes. De todos modos, mis gustos a parte, se puede hacer mejor o peor y Mather lo hace rematadamente mal. Es triste pensar que probablemente pensara que estaba enriqueciendo su obra, añadiendo interés humano, cuando los conflictos sentimentales que introduce, al ser tan manidos y superficiales, en realidad lo que hacen es empobrecerla. Quien sabe, supongo que, leídos con buen humor, pueden encontrarse divertidos. Involuntariamente divertidos, eso si. En fin, un catálogo de los tópicos de los tele filmes de sobremesa, tratados con menos profundidad.

Finalmente, las cosas se animan y comienzan las tribulaciones para los protagonistas. Llegados a este punto, había dos enfoques posibles. O bien mantienes al lector enganchado centrándote en la lucha por la supervivencia, con un enfoque a medio camino entre la novela de aventuras y la de terror y un ritmo diabólico que no le dé descanso, o bien has conseguido que el lector se identifique y se encariñe con los personajes y que sea la empatía la que lo mantenga en vilo. Los grandes autores consiguen que desees que no pase nada, porque no quieres que nada malo les pase a los personajes.

Mather tira por la calle de en medio, pero creo que, en un setenta o un ochenta por ciento, ha optado por la segunda opción. El problema es que sus personajes son meros monigotes sin personalidad hacia los que resulta imposible sentir la menor empatía. Además, el modo en el que decide contar la historia juega en su contra. Durante mas de la mitad de la novela, los capítulos siguen un esquema de lo más predecible. La acción transcurre en navidad, así que en la parte central de cada uno, hay un conato de recuperar el espíritu navideño a pesar de la adversidad, una fiesta, una comida o algún detalle cariñoso, que es inevitablemente interrumpido por una nueva hecatombe, cuya revelación cierra el capítulo.

El siguiente capítulo, empieza con un brusco cambio de escena, transcurrido un periodo de tiempo variable pero no inferior a unas cuantas horas, sin explicación alguna de como Mike y los que le acompañan han acabado donde están ahora, ni porque están haciendo lo que hacen, aunque esa información se nos presentará en seguida unas pocas páginas después. Es un recurso muy habitual, inspirado probablemente en los cliffhangers de series de televisión y cómics. Cada vez lo odio mas. En ocasiones, tiene su justificación, pero a menudo es terriblemente anti climático. A ver, si, para entender la historia, tienes que contarme como se va de A a B ¿porque no me lo cuentas directamente después de A, sobre todo cuando lo que estaba ocurriendo en A era mucho mas interesante que lo que ocurre en B? Con la tontería, Mather nos escamotea lo que podrían ser los pasajes mas intensos de su obra y, al menos en una ocasión, uno vital.

Algunas cosas, además, no resultan creíbles. Con la luz cortada en toda la ciudad, sus habitantes crean una red de malla con los teléfonos móviles, que cargan con gasolina extraída de coches abandonados. ¡Anda ya! Con la ayuda de manuales de supervivencia bajados de la red, gente de ciudad sin ninguna experiencia construye trampas para animales salves y les funcionan. ¡Anda ya! Si yo me vi mil veces una demostración en YouTube de como hacer el nudo de una corbata y menos mal que guardo en un cajón la que me anudó mi padre hace seis años ...

No niego que hay algunas escenas impactantes y escabrosas, como ya he dicho, en la novela hay buenas ideas, pero el modo en que las describe no resulta interesante. Por decirlo con poca suavidad, literariamente hablando, esta novela no vale absolutamente nada. Lo mejor que puedo decir del estilo de Mather, es que no cansa demasiado, lo que a menudo no me parece poco, pero en este caso si. Sinceramente, no he encontrado nada memorable en esta obra y sus detalles ya están desapareciendo de mi cabeza. No hay en ella nada que me emocione, cosa extraña, porque, como ya digo, no me ha parecido descabellada, no soy joven y soy incapaz de sobrevivir por mi cuenta en medio de una sociedad civilizada, como esta se desplomase, estoy seguro de que no sobreviviría durante unas semanas sino, como mucho, unos poco días. Sin embargo, la lectura de este ciber apocalipsis no me ha tocado ninguna fibra sensible, al contrario que a muchas personas más jóvenes cuyas opiniones he leído o escuchado.

Quien sabe, tal vez Matthew Mather haya radiografiado el mayor temor de nuestra sociedad: que nuestro smartphone no tenga a que conectarse.