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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

miércoles, 28 de marzo de 2018

“El ojo de Raven” de Giles Kristian


El éxito de la serie de televisión “Vikingos” ha propiciado que una auténtica inundación de novelas sobre guerreros nórdicos se apodere de las secciones de novela históricas de las librerías. No es la primera vez que ocurre, sin embargo. Aunque mucho más modesta, ya hubo una primera invasión vikinga hace alrededor de unos diez años, propiciada, a su vez, por el éxito de las novelas de Uhtred de Bebbanburg, que se saldó (nunca mejor dicho) con un par de sagas de publicación inconclusa y alguna novela suelta.

“El ojo de Raven” pertenece al primer tipo. Como casi todas las novelas de vikingos, a juzgar por sus contraportadas, cuenta la historia de un adolescente secuestrado por una expedición vikinga que se integra entre sus captores y asumes las creencias y valores de su sociedad. En este caso Osric, rebautizado Raven, es un joven amnésico que no recuerda su pasado, habla nórdico y tiene un ojo permanentemente encharcado en un coágulo de sangre (¿será tal cosa médicamente posible?)

“El ojo de Raven” es una novela sin más pretensión que hacer pasar un rato entretenido. Ocurren las suficientes peripecias como para que ese objetivo se cumpla, pero, en esta ocasión, no lo ha conseguido conmigo y eso que siento gran simpatía por este tipo de obras.

Todo es demasiado manido y demasiado tópico. Los personajes son estereotipos carentes de carisma, las batallas se cuentan por lo general con poca habilidad, la escritura es plana y, para colmo, el personaje principal pertenece a esa categoría de héroes que sobreviven a todo tipo de peligros, sólo porque alguien viene a rescatarlos en el último minuto, porque lo que es ellos, son incapaces de salir adelante por sus propios medios. Su único talento es conseguir arrastrar a otros a la muerte.

Quizá esto muy mal acostumbrado, pero este tipo de novelas se pueden escribir mucho, MUCHO mejor. 

Como, por ejemplo, ha demostrado Bernard Cornwell.


Lo mejor, sin duda, la portada.



jueves, 22 de marzo de 2018

Pitido en los oídos

En el prefacio que aparece al comienzo de “Las esferas de cristal” de Gregory Benford narra su primer encuentro con David Brin y dice:
“Una señal de alarma resonó en mi interior. Los escritores en ciernes […] Le pueden hacer perder a uno mucho tiempo pidiéndole que le indiquen los mejores mercados, que lean sus manuscritos, que colaboren en sus novelas plagadas de “grandes ideas”, etcétera.”

Salvo una notable excepción, yo me he limitado a perseguir a mis parientes, amigos y compañeros de trabajo, pero noté un agudo pitido en mis oídos al leer éstas líneas y me hizo valorar todavía más a las amables excepciones que se prestaron a caer en mis garras.

viernes, 16 de marzo de 2018

“Las esferas de cristal” de David Brin


Pocas veces he recibido con tanta alegría y expectación la publicación de un libro como con esta antología. En estos tiempos en los que prácticamente ya conoces en Enero lo que todas las editoriales tienen previsto publicar a lo largo de todo el año, la aparición de este libro me pilló completamente desprevenido. Y para colmo, se trataba de David Brin, el que fuera durante mucho tiempo mi autor favorito. Todo hay que decirlo, también recibí la noticia con un poquito de inquietud. Han pasado muchos años desde la publicación de “Gentes de barro”. Para ser concretos, ha pasado una década y media. En todo ese tiempo no he vuelto a leer a David Brin. Ya no soy la misma persona que era en aquel entonces y mis gustos han cambiado conmigo. Libros de autores que en su día idolatré, se me caen ahora de las manos. Me ha pasado, por ejemplo con Philip José Farmer y con Orson Scott Card. Y, con todo el dolor de mi corazón de fan, debo reconocer que las últimas obras de David Brin sufrían de un grave caso de paginitis aguda, en fase terminal.

Afortunadamente, mis temores han resultado infundados y David Brin parece arreglárselas perfectamente en el formato corto. Cierto que abusa mucho del mismo tipo de construcción, estructurar el relato a partir de fragmentos narrados desde diferentes puntos de vista, que se combinan como un rompecabezas, hasta que todo encaja, justo en el momento de poner fin al relato. El caso en que resulta más evidente esta técnica es “Pez pulmonado”, aunque, con matices (dos puntos de vista, dos líneas temporales...), la usa en casi todos.

Varios de los cuentos tratan el tema de la paradoja de Fermi, “Las esferas de Cristal”, “Pez pulmonado”, e incluso “Sentidos tres y seis”, aunque en este último no quede claro, al ciento por ciento, si los recuerdos del protagonista son reales. El tema del contacto con extraterrestre también aparece, de modo irónico y peculiar en “Chitón” y “Aquellos ojos”.

Aunque se trata de un volumen muy equilibrado, existen algunos altibajos, como es inevitable. “El rio del tiempo” y “Las esferas de cristal” me parecen relatos excelentes y maravillosos, utilizando este último adjetivo en el sentido en que solemos usarlo los aficionados a la ciencia ficción. “Un nivel de memoria”, protagonizado por una antigua estrella del teatro, adicta a drogas que estimulan la memoria, es el relato más tristes y desolador del volumen. Si tuviera algunos bucles menos, sería una obra maestra. “La epidemia de la generosidad”, “Pez pulmonado” y “Sentidos tres y seis”, por subjetivo orden descendente de interés, son también relatos muy buenos, aunque no tan redondos. Personalmente, encuentro la premisa de “La epidemia de la generosidad” demasiado inverosímil, pero el modo en que la desarrolla es brillante.

“Chitón”, “Esos ojos” y “Semáforo rojo” son relatos más cortos que los demás, dominados por la ironía. Supongo que no pasan de ser divertimentos menores, aunque “Chitón” me ha encantado (y podría verse como una historia de la elevación, en un universo paralelo), de “Semáforo rojo” (uno de los más flojos) me ha gustado mucho como en la última página baja de las estrellas a la vida diaria y convierte una anécdota sobre un posible medio de propulsión ínter-estelar en una reflexión sobre el comportamiento de la juventud. De “Esos ojos”, me fascina más la parte de realidad que se intuye en el cuento que la de ficción, encuentro más interesante el relato de lo que debieron ser esas largas conversaciones nocturnas en un programa de radio en el que un científico respondía llamadas de chalados de los ovnis que las tribulaciones de esos alienígenas bromistas que comparten nuestro planeta con nosotros.

“La guardería del doctor Pak” es una acertada y dramática satira sobe la obsesión de los padres por la “mejora y enriquecimiento de los hijos”. Además, describe de un modo que, desde mi desconocimiento, me parece muy acertado, el conflicto entre las tradiciones japonesas y el mundo moderno, sin embargo un final que encuentro demasiado “peliculero” o fantasioso, estropea lo que de otro modo podría haber sido un gran relato.

“NatuVida TM” es un relato sobre la realidad virtual, agradable de leer con algunas ideas interesantes.

La demostración del dicho de que para gustos colores se ejemplifica en que las dos historias favoritas del editor (supongo) son las que menos me han gustado, a saber “París todo lo puede” y “Vida al límite”.

“París todo lo puede” cuenta las experiencias de Julio Verne, durante la invasión marciana de “La guerra de los mundos” de H. G Wells. Creo que los pastiches de “La guerra de los mundos” se están convirtiendo en un género propio, como ya lo ha hecho Sherlock Holmes. Es entretenido, pero no lo encuentro a la altura del resto del libro. Además, si interpreto bien la introducción, en realidad lo escribió Gregory Benford.

“Vida al límite” satiriza muy bien algunas obsesiones actuales, los hobbies, la súper conexión cultural, los grupos de opinión... Efectivamente, se puede considerar la primera historia de la elevación, y acabó formando parte de la novela “Existence”

Y he guardado para el final el relato que más me ha impactado: “Detritus afectados”. No digo que sea el mejor, digo que es el que más poso ha dejado en mi mente y más tiempo me costará borrarlo de ella. Es un relato muy atípico para su autor y no creo que pueda considerárselo un cuento de ciencia ficción, ni que se le pueda etiquetar en ningún género. Un grupo de arqueólogos escava un vertedero de San Francisco. Encuentran los restos de un ser humano. Y luego otro, y otro. Los esqueletos se van acumulando y se exploran sucesivamente todas las explicaciones posibles, que van siendo descartados por el tremendo volumen de los restos. Inquietante, extraño, perturbador, ni siquiera ofrece el consuelo de una explicación o un desenlace tranquilizador.
En fin, en líneas generales, una antología excelente. Mi reencuentro con David Brin ha sido muy feliz. Espero que alguna editorial tome ejemplo y publique “Existence”. Entretanto, me voy a agenciar la antología “Hitler victorioso”, que contiene el relato “Thor se enfrenta al capitán América”.

viernes, 9 de marzo de 2018

First Born” de Stephen Baxter y Arthur C. Clarke.


Tercera parte de la “Odisea en el tiempo” de los dos autores británicos, aún inédita en castellano, lo que me ha obligado a leerla en ingles. El estilo es bastante transparente, así que no ha resultado una lectura difícil, pero las descripciones son complicadas de entender, un problema, pues componen la parte más interesante del texto.

A continuación, spoilers a mansalva, a fin de cuentas ni se ha publicado en España ni creo que nunca lo haga.

Después de los acontecimientos de “Tormenta solar”, la humanidad se ha expandido por el sistema solar. Hay colonos en Marte y multitud de hábitats espaciales, cuyos ocupantes están desarrollando una cultura propia que simpatiza poco con el gobierno central de la Tierra, que se ha embarcado en una frenética carrera de desarrollo de armamentos que puedan defender a la humanidad de un nuevo ataque. Su paranoia será gratificada, con la aparición de un misterioso “ojo” dirigiéndose, lenta pero inexorablemente, hacia la Tierra.

La novela recupera también el escenario de Mir de la primera parte de la serie. El nexo de unión es, una vez más, el personaje de Bisesa Dutt. La presión de la atención pública la llevó a someterse a hibernación, como alternativa al suicidio. Recién salida de la misma, perseguida por las autoridades por sus posibles conocimientos de los primeros nacidos, es guiada por los amigos de su hija en una larga huida hacia Marte, que habrá de llevarla de regreso a Mir.

Siempre he sospechado que estos libros son más obra de Stephen Baxter que de Clarke, pero toda la parte de la huida de Bisesa es puro Clarke y con eso no digo necesariamente nada bueno. Me recuerda a esas novelas suyas, como “Las arenas de Marte”, “Islas en el cielo” o “Regreso a Titan” en las que un personaje va viajando de un sitio a otro, para brindar la oportunidad al autor de describir esos sitios y eso es todo lo que ocurre. Así que Bisesa sube por un ascensor orbital desmontable, esta parte no la entendí muy bien (lo que permite describir dicho ascensor). Luego toma un velero estelar ) lo que permite describir en profundidad ese velero). Finalmente llega a Marte (lo que permite describir los asentamientos, lo rápido que varia la latitud y la posición del sol y los protocolos dobles de cuarentena, para evitar tanto que los humanos se contaminen con partículas marcianas como contaminar a Marte con las humanas).

Esta parte es demasiada largo y tiene mucho de eso que ahora llaman “porno para ingenieros”. Aunque no entra en detalles difíciles de comprender, está más orientada a transmitir información que en hacer avanzar la historia y, para colmo, casi toda la información que se da es irrelevante para la historia. Ningún crítico respetado la aprobaría, mientras que las personas a las que no interese la ciencia ficción y aquellos viles infieles a los que no interese la ciencia, se aburrirán mortalmente. Yo me lo he pasado muy bien con ella.

Y hablando de “Las arenas de Marte”, hay un momento en el que Bisesa inspecciona una biblioteca llena de obras de ficción sobre Marte y, entre las obras de Burroughs, Bradbury y Robinson, está la novela de Martin Gibson. Que fácil es hacer sonreír a un fan.

Bueno, finalmente Bisesa salta al otro lado del espejo y se encuentra con personajes de Mir, que han sido presentados en capítulos insertados en la corriente principal de la trama durante su periplo. En su compañía, emprende un nuevo viaje, a través de Mir. El objetivo principal de aquellos capítulos y del viaje, por supuesto, ¡Es describir lo que ha sido de Mir! La verdad es que esta parte la he encontrado menos interesante. Mir sigue siendo un escenario fascinante, pero no acaba de tener mucho que ver con el resto de la novela y su inclusión me parece un pegote.

En fin, a pesar de tantas descripciones, todas las tramas confluyen en un clímax en el que coinciden los intentos desesperados para detener al ojo, el conflicto entre las autoridades de la Tierra y los espacianos, la reaparición de las inteligencias artificiales de la novela anterior (o sus copias), la inesperada incorporación de aliados alienígenas y los esfuerzos de comunicación que promueve, por decir algo, Bisesa en Mir. Al igual que en “Tormenta solar”, es en este momento cuando la narración se pone las pilas y consigue enganchar plenamente al lector que no se conforme con las descripciones de artefactos tecnológicos y mundos imaginarios.

Aunque acaba de un modo satisfactorio, como las anteriores entregas de la serie, dista mucho de ser una conclusión. Los primeros nacidos siguen ahí, perfectamente capaces de volver a atacar a la humanidad y no hay la menor posibilidad de salvar a Mir de su trágico futuro. “First born” no fue concebida como el final de una saga, parece evidente que fue la muerte de Clarke la que le otorgó ese destino.

"First Born" es una lectura agradable y, en ocasiones, emocionante, pero no destaca ni por su estilo ni por la caracterización de los personajes. Por el contrario, está llena de explicaciones, vil pecado que parece alejar a algunos lectores del género de la ciencia ficción, sin duda esos mismos que piensan que solo consiste en disparar a marcianitos con pistolas de rayos.

En conclusión, una obra menor, sólo apta para incondicionales del género y fans de Clarke y Baxter.

O sea, para gente como yo. A estos les digo: flojita pero entretenida y puntualmente brillante.

sábado, 3 de marzo de 2018

"El joven Moriarty" de Sofía Rhei


A raíz de la lectura de “Domori”, adquirí un gran interés por la obra de Sofía Rhei. Fue así como descubrí este ciclo, compuesto hasta ahora por cuatro novelas:

El joven Moriarty. El misterio del Dodo.
El joven Moriarty y la planta carnívora.
El joven Moriarty y los misterios de Oxford
El joven Moriarty y la ciudad de las nubes


Sofía Rhei ubica al inexistente personaje de Conan Doyle en su infancia. Es un niño extremadamente inteligente. Su archienemigo es su hermana mayor, casi tan inteligente como él. Los dos se pasan la vida compitiendo entre ellos y retándose mutuamente, implicando en sus apuestas a múltiples personas, desde la criada que supuestamente los cuida, hasta lo más parecido que tiene James Moriarty a un amigo, el hijo del jardinero, un niño que quiere estudiar medicina y responde al nombre de ¡JOHN WATSON! Hacia la mitad de cada libro suele producirse algún misterio que es resuelto por James al final,

Watson aparte, en todos los libros hay cameos de personajes, históricos algunos y otros de ficción, por cierto que no siempre he sido capaz de identificarlos a todos. aún me pregunto por la identidad de algunos compañeros de estudios del cuarto volumen. Y si tuviera que ponerles obligatoriamente una pega a estas novelas, la única que les pondría, es que, en los dos últimos me ha parecido que los cameos le comen demasiado espacio a la trama.

Moriarty es presentado como un niño de gran inteligencia, como ya he dicho, fascinado por el método científico y por las historias de criminales, capaz de mantener la compostura contra viento y marea, novelero, algo morboso y decididamente travieso, cuyo mayor placer es saltarse las normas establecidas, gastar bromas pesadas, sobre todo a su hermana y sacar de sus casillas a los adultos. Es un niño, amoral como son todos los niños, aunque en proceso de maduración.

En otras palabras, es imposible no cogerle cariño.

A ver si nos entendemos, las novelas del joven Moriarty no han sido escritas para el tipo de público al que me dirijo habitualmente. Si, es cierto que desde hace unos años vivamos un auge del fantástico “young-adult” es que ni “young” ni “adult”, están claramente orientados a un público infantil, incluso tienen cierta intención divulgativa, que se concreta en epílogos en los que se detallan los aspectos reales de la historia. No estoy seguro de si todos los lectores adultos las disfrutarán, pero yo lo he hecho y mucho. Son novelas muy amenas, con muy buen ritmo y un gran sentido del humor. Además son muy cortos, cada libro me ha durado dos idas y vueltas del trabajo, lo que significa que pueden leerse en dos horas.

Creo que unos tales Andrew Lane y Shane Peacock se embarcaron en la tarea de contar las andanzas juveniles de Sherlock Holmes, pero apuesto a que las obras de cualquiera de los dos carecen del encanto de las que Sofia Rhei ha dedicado a su archienemigo.