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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 26 de enero de 2018

Adios a Ursula K Leguin


Ursula K Leguin no ha aparecido nunca por este blog. No se trata de que no me interese su obra o no la admire. Durante un tiempo la leí con mucha asiduidad, pero encontré sus libros cuando era un lector ya formado, así que no se puede decir que consolidara mi afición ni nada parecido. "Un mago de Terramar" es una de mis novelas de fantasía favoritas de todos los tiempos. "Los desposeídos" me gustó mucho, igual que "La mano izquierda de la oscuridad" y "El nombre del mundo es bosque", aunque cada una un poco menos que la anterior. Unas novelas me gustaron más que otras, pero siempre admiré la forma en que estaban escritas. Si dejé de leerla fue porque perdí la curiosidad, ya me había leído sus obras más famosas y me picaban otros autores. Me gustaría decir que su muerte ha servido para recordarme las obras salidas de su pluma que me faltan por leer, pero ya dije algo parecido con Harry Harrison y luego pasó lo que pasó.

Es triste que esta sea la primera vez que apareces, señora Leguin. Nunca nos conocimos, pero le agradezco su trabajo. Adiós.

jueves, 25 de enero de 2018

"Lona de tinieblas" de Rafael Marín


Tercera entrega de las aventuras de Torre, segunda para mí. En esta ocasión, el viejo ex boxeador amnésico, responde a la petición de ayuda de Kid Levante, el boxeador que lo dejó amnésico en el combate en que se dirimía quien de los dos sería el aspirante al título de campeón de Boxeo de España. Bien lejos de su fugaz momento de gloria, ahora Kid Levante está acusado del asesinato de su compañera, una mujer china.

Los capítulos de la investigación de Torre se alternan con capítulos en los que se visitan sus tiempos mozos, esos que Torre ya no recuerda, en los que sobrevivía a base de pequeños hurtos y era uña y carne con Kid Levante, su iniciación en el mundo del boxeo, de la mano de éste y su evolución posterior.

Ya en “Los espejos turbios” quedó claro que el punto fuerte de las aventuras de Torre es la descripción de ambientes y personajes (entre los cuales, en “Lona de tinieblas”, hace un cameo el mismísimo Ángel Torres Quesada) Si allí el protagonismo lo llevaban las navidades gaditanas, aquí, es la crónica de la Andalucía de finales de los sesenta y principios de los setenta, pues el escenario no se limita a Cádiz, sino que incluye una visita a Almeria, con una magnífica evocación de los tiempos del auge del spaghetti western. Multitud de personajes llenos de humanidad y anécdotas, contadas con gracia y desparpajo, como la crónica de la actuación de Joan Manuel Serrat, jalonan esta crónica.

Si hablo tanto de la parte que transcurre en el pasado y tan poco de la que transcurre en el presente, es porque ahí es donde está todo el interés de la novela. La intriga no sobrepasa los parámetros de lo estrictamente correcto. En el fondo, los capítulos en los que Torre ejerce su oficio de “Detective sin licencia”, sirven únicamente para separar los capítulos que transcurren en el pasado, que es dónde está el verdadero intríngulis de la historia.

Al poco interés de la trama policíaca hay que sumar que ya ha desparecido la novedad que encontré en la personal voz del narrador en “Los espejos turbios”. Y no es porqué hable en dialecto, es por su tendencia a irse por las ramas, que hay quién dirá que es la gracia de la obra, pero que coraje da la jartá veces que uno se encuentra perdió en la lectura, no porque la historia sea liosa o rebuscada, sino porque cuando se llega al final de una frase ya no se acuerda de que carajo estaba diciendo Torre cuando la empezó.

Tienes sus cosas buenas y muy buenas, pero “Lona de tinieblas” me ha resultado una lectura muy fatigosa.

jueves, 18 de enero de 2018

“De las ciudades vuestras tumbas” de Víctor Conde


Jarek Kôdz, es un maquinista polaco judío, nacido en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial, del que pudo huir, con su hermano, gracias al ataque de un horrible ser. Una tragedia que asola uno de sus trenes hará que se obsesione con los vampiros, lo que le llevará a convertirse en un lingüista experto en lenguas muertas y muchas cosas más, cuando por fin encuentre el objeto de su búsqueda. Momento en que realmente comenzará su historia.

“De las ciudades vuestras tumbas” supone un reencuentro con el Víctor Conde escritor de terror, del que me mantenía alejado desde “Naturaleza Muerta”, hará ocho años. No es que sea mi género favorito, pero también me atrae.

“De las ciudades vuestras tumbas” es una vuelta de tuerca interesante al mito vampírico. Ni héroes románticos ni carnaza para superhéroes, pero tampoco figuras amenazantes que aguardan en las sombras, sus vampiros son viejos, muy viejos, ricos y poderosos, egocéntricos, gobiernan el mundo desde el anonimato y se refieren a la humanidad como “el ganado”. Su existencia sigue una serie de ciclos, marcados por el resurgimiento de la figura del Antiguo y el proceso de “mesmerización”. No entraré en más detalles pues me han parecido grandes hallazgos y no quiero estropearle a nadie la lectura.

Lectura que a mí me ha resultado de lo más amena. No tengo nada en contra de otros modos de enfocar el desarrollo de una novela, más pausados o menos episódicos, pero para mi siempre es un placer encontrar una en la que en cada capítulo ocurre “algo”, un “algo” vital que hace avanzar la historia, transforma la vida de sus protagonistas y después del cual es imposible la marcha atrás. Así mismo, el elaborado estilo del autor es muy llamativo y termina convirtiéndose en el mayor atractivo de la obra.

Mucho más atractivo que los personajes. A pesar de alguna buenas ideas, los vampiros de Víctor Conde resultan personajes muy esquemáticos. Apenas apuntados con una característica, se parecen mucho a los arquetípicos de supervillanos. Jarek, narrador en primera persona casi omnisciente, fuera de su obsesión, no tiene mucha más personalidad. Es un vehículo para el desarrollo de la trama. Aparte de esto, me ha resultado chocante lo friki que es.

Vamos a ver, puede ser un prejuicio mío, a fin de cuentas, durante la obra, queda claro que es aficionado al cine y un catedrático en lenguas clásicas de la universidad de Praga tiene derecho a interesarse por la cultura popular como el que más, pero a mí no me acaba de convencer que la mayor parte de los símiles y metáforas que utiliza los saque de películas muy populares, más alguna mención a personajes de cómic, e incluso una referencia a las Fundaciones de Asimov. Sin conocerlo, parecen referencias que pertenecen más al autor del libro que a su personaje.

Y aunque el estilo me ha gustado mucho y me ha parecido lo mejor de la novela, tampoco aquí todo es de color de rosas. Hay algunas intromisiones de lecturas pulp que no sé si tomarme en serio. Me hacen plantearme si “De las ciudades vuestras tumbas” no será en realidad una sátira del género al que pretende pertenecer. Ejemplo paradigmático es la página 43, cuando dice:

“Era un idioma difícil de pronunciar por gargantas humanas y que sonaba a grandes cataclismos acontecidos en la noche de los tiempos. Una lengua que se me antojó tan antigua que su gramática había sido establecida, antes de que los monos se transformaran en hombres.”

Este tipo de frases me encantan, pero cuando me las encuentro en las obras de Lovecraft o Howard. En la presente novela, me han sonado como una parodia de los anteriormente mencionados. Resultan tan artificiosas que me hacen sonreír en el momento menos apropiado. ¿Es creíble que un narrador moderno se exprese así, o es que pretendía ser un homenaje?

Mucho más grave es que, en ocasiones, Víctor Conde abusa de las referencia e imágenes, interrumpiendo constantemente el discurso, con excesivas oraciones subordinadas y un molesto uso de los paréntesis. En resumen, empleando demasiadas palabras para decir muy poco, atenuando así el efecto de alguna escena impactante por culpa de la intromisión de información irrelevante.

La estructura de la novela tampoco me convence. A partir de un momento dado, empiezan a aparecer pequeños capítulos titulados “interludios”. En ellos vemos como un peligroso enemigo realiza un viaje que lo lleva inexorablemente hacia nuestros protagonistas. En un recurso muy utilizado en los cómic books y las series de televisión, que también funciona bien en algunas novelas, generalmente muy largas. Sirve para crear expectación alrededor de la figura de este nuevo personaje y del enfrentamiento que ha de llegar. Para que el recurso cumpla su función, el personaje debe ser carismático y cada nueva aparición debe aportar un poquito más de información, sobre él o sobre lo que se propone.

En mi opinión, Víctor Conde no lo ha hecho bien. Cada “interludio” es casi una repetición del anterior, que sigue el siguiente esquema: Unos personajes humanos, creados expresamente para el “interludio”, se tropiezan con lo que parece ser un mendigo harapiento y éste barre el suelo con ellos. Eso es todo. Los humanos del tercer interludio están algo más preparados, pero el esquema se repite del mismo modo. No producen expectación ni deseo de saber más, sólo ganas de que acaben pronto, para poder seguir leyendo la historia.

Lo mismo ocurre cuando, en medio del clímax de la novela Jarek se toma unas drogas y su estado de flipe sirve de excusa para la inclusión de una serie de pequeños relatos. Algunos mejores que otros, la sensación general que provocan al lector es de bajón, Han parado de contarnos una historia que nos estaba interesando, para sustituirla por un carrusel de estampas desagradables, que tienen su atractivo y quizá ofrezcan una visión más global de la trama, pero que no son algo que le interese leer en ese momento.

Por último, frente a todas estas dilaciones, el final resulta, por el contrario, apresurado. En las últimas treinta páginas ocurren muchas cosas, demasiadas. Pasan años, incluso décadas y los personajes supervivientes experimentas transformaciones más radicales que las sufridas anteriormente. Nada de ello resulta adictivo o conmovedor para el ya extenuado lector.

Estos problemas de estructura y ritmo devalúan lo que, de otro modo, habría sido una estupenda lectura.

viernes, 12 de enero de 2018

Resumen del 2017

En la temporada que sigue a las navidades, todos los blogs de aficionados a la lectura florecen con resúmenes con lo mejor del año pasado.

¡PUES SI ESPARÁBAIS QUE YO HICIERA LO MISMO, VAIS LISTOS!

Anda, como que no tengo mejores cosas en las que perder mi tiempo (y el vuestro)

viernes, 5 de enero de 2018

“El corazón de Tramórea” de Javier Negrete


Decía en mi reseña de “El sueño de los dioses” que me había quedado con ganas de saber como terminaba “El corazón de Tramórea” y que esperaba leerlo antes de que terminara el 2018. Bueno, pues el 2018 no ha hecho más que empezar, pero ya conozco el final de la saga de Tramórea. Ha sido un largo camino, desde que empezara en el 2003, apenas puedo reconocerme a mí mismo en el hombre que recuerdo de aquel entonces. Lo mismo ha pasado con la saga que inició “La espada de fuego” y terminó por extenderse a cuatro volúmenes.

Empecemos por dejar claro que “El corazón de Tramórea” es una conclusión que está a la altura de las expectativas creadas. Todos los enigmas son resueltos de modo satisfactorio, todas las tramas llegan a su conclusión y todos los personajes encuentran su destino, lo que no significa que no se puedan contar nuevas historias de los supervivientes, pero no tengo ganas de ponerme a citar a Michael Ende.

La novela está escrita con la maestría narrativa que se ha convertido en habitual en su autor. A pesar de su longitud, se lee con rapidez, que digo, se devora. Hay emocionantes duelos y batallas, catástrofes apocalípticas, momentos espectaculares dignos de una superproducción de Hollywood y escenarios grandiosos, que parecen salidos de una novela de ciencia ficción del subgénero “objetos grandes”.

En otro orden de cosas, ignoro si el efecto es buscado o no, pero también me ha resultado atractivo el modo en que en unos capítulos pareces estar leyendo una fantasía heroica desaforada y en otros una novela de ciencia ficción, según el personaje cuyo punto de vista sea usado para la narración y lo bien que funciona el dúo de Derguin Gorión y el Mazo como pareja de aventureros, a lo Fafhrd y el ratonero gris o Gotrek y Félix.

Habiendo dejado claro que ha sido una lectura satisfactoria, no me resisto a quejarme de que no ha sido todo lo satisfactoria que podría llegar a ser. Algunas de las cosas que me chirrían ya estaban en el volumen anterior: Tubilok, como villano, se parece demasiado al típico científico loco, obsesionado con destruir el mundo, me fastidia que algún personaje tenga que liquidar unos cuantos soldados para demostrar lo molón que es y hubiera deseado una presencia más explícita de las enigmáticas Moiras, aunque entiendo la necesidad de que su presencia sólo sea intuida.

A pesar de la parrafada anterior, los defectos que he creído encontrar se refieren, principalmente, a problemas con el ritmo del relato y desequilibrios en el pulso entre información y narración.

Para empezar, “El sueño de los dioses” terminaba en un cliffhanger tremendo y, en vez de continuar la historia donde se dejó “El corazón de Tramórea” comienza con un frustrante y largo flashback.

Las desventuras de Tarimán son importantes y sin ellas no se entendería bien la historia, porque aportan información vital, pero funcionan mucho peor que el resto de las tramas, a lo que no ayuda su carácter eminentemente descriptivo, ya que gran parte de su función es presentarnos los escenarios en los que va a transcurrir el resto de la novela y las motivaciones de algunos personajes.

Javier Negrete está preparando la función, disponiendo la tramoya y colocando cada pieza en su casilla del tablero. Tal vez emplea demasiado tiempo en ello y demasiado poco en la conclusión. No hay cosa que odie más en la lectura que el exceso innecesario de páginas, sin embargo, “El corazón de Tramórea” me ha dejado la sensación de que se podría haber desarrollado mejor con más páginas, quizá incluso con algún libro más en la serie.

Resulta extraño que, después de dedicar tantas páginas al principio de la novela, la historia de Tarimán se interrumpa y no se retome, de modo que nunca se conozcan las circunstancias de su rescate del Onkos. También resulta extraño el alto número de páginas que se dedican a la biografía del primer Zelmanit, cuando en ella no se cuenta ningún dato muy relevante y eso que aquí habría encajado perfectamente el detalle del rescate de Tarimán. Habría quedado mejor como una trama paralela, insertada entre las demás y contada con más detalle. Tal como queda, la crónica de Zenort lo que hace es volver a interrumpir una historia que se estaba poniendo de lo más emocionante, para profundizar en el pasado y aportar muy poco.

Incluso la visita a la ciudad pérdida que se deriva de esta crónica es casi, no completamente pero casi, gratuita y podría haberse eliminado con unos pocos retoques de la trama.

Finalmente, aunque lo mismo ocurre en muchas novelas de muchos autores distintos, nunca me ha convencido la acumulación de clímax sucesivos. Ya saben, cosas como que, muy cerca del final de un libro, ocurra una épica y emocionante batalla y después de la misma, el protagonista se separe del ejército para tener el duelo final con el villano. Negrete tenía que hacer encaje de bolillos con muchos personajes y tramas paralelas. Ha hecho lo mejor que ha podido: lo ha resuelto haciendo que muchos de los personajes se reúnan y sus tramas confluyan y luego, lo ha repetido con los personajes y tramas restantes, a tiempo para el gran final.

Criticar es fácil, cierto, a mi no se me ocurre como habría podido hacerse, pero sin duda habría resultado mucho más emocionante si hubiera conseguido que todos los personajes y todas las tramas confluyeran a la vez.

Mi impresión personal y totalmente subjetiva, es que Javier Negrete se vio condicionado por la ansiedad de terminar un proyecto en el que llevaba ya muchos años embarcado. Eso hizo que en algunos pasajes de la segunda mitad su sentido del ritmo, habitualmente tan medido, se acelerara indebidamente, para quitar de en medio las partes menos interesantes, mientras que, por otro lado la ansiedad de terminar bien, de dejarlo todo atado y bien atado, hace que se exceda con las explicaciones y las descripciones, en su intento de cubrir cualquier agujero de la trama y eliminar los cabos sueltos.

lunes, 1 de enero de 2018

¡Que bueno eres, Ginger Baker!


Tienen todo el derecho del mundo de decirme: “zapatero a tus zapatos”. Nunca he hablado de música en este blog y no soy ningún experto. No es un tema que domine. Aún así, no puede resistirme a comentarlo. Los guitarristas siempre han sido mis músicos preferidos. Ando escuchándome la discografía de Cream, grupo al que, me disculpo por mi incultura, llegué a través de Eric Clapton que es uno de mis guitarristas favoritos. Al contrario que la guitarra, la batería y la percusión, en general, siempre han sido los instrumentos que menos me llaman la atención. El caso es que, escuchando a Cream, noto que Clapton es buenísimo, eso ya lo sabía, pero lo que me ha sorprendido es que el batería (Ginger Baker me informa la Wikipedia) debe ser la hostia, porque hasta a mí, que en alguna ocasión el sonido de la batería ha llegado a molestarme, flipo con él.