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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

lunes, 26 de agosto de 2019

“El hombre estocástico” de Robert Silverberg



En esta novela, Robert Silverberg nos cuenta la historia del asesor de un político de estados unidos, que espera llegar a presidente de la nación, Lew Nichols, que entra en contacto con Carvajal, un hombre (¡de antepasados españoles!) que aparentemente es capaz de predecir con absoluta precisión el futuro. Al menos hasta el instante de su propia muerte. Lejos de resultarle de utilidad, dicha habilidad le ha aplastado como persona, pues le reveló la inevitabilidad de su propia muerte y la inutilidad de cualquier intento de decisión, puesto que el libre albedrío no existe y al final cada persona realiza las acciones que siempre ha hecho y siempre ha estado destinado a hacer.

La obsesión de Nichols, primero por acceder a los conocimientos de Carvajal y luego por adquirir sus mismas habilidades, acabará por arruinarle la vida.

Que todos los sucesos ocurren a la vez y que la linealidad del tiempo es un engaño producto de la percepción humano, es una idea bastante desesperante y, por tanto, bastante atractiva para tratarla en la ficción. La misma idea ha sido expuesta, con mayor rigor científico, en obras posteriores como “La historia de tu vida” de Ted Chiang o “Flashforward” de Robert Sawyer. Para nuestra desgracia, parece que a los científicos no les parece absurda. Los lectores de ciencia ficción más tiquismiquis, esos a los que algunos tildan de frikis porque se toman la ciencia en serio, se partirán la caja con las pseudo explicaciones que da Silverberg a las habilidades de Carvajal, eso del contacto con un universo en el que el tiempo transcurre al revés. Aunque reconozco que es una hipótesis del propio Carvajal, que él mismo no se toma muy en serio, es la única que se baraja en toda la novela.

Creo que hasta en un capítulo de “Marvel Agents of S.h.i.e.l.d.” lo explicaban de modo más plausible.

Centrándonos en cosas serias, si alguna vez se hiciera una película de una novela de Robert Silverberg, esta seria la más fácil de adaptar. Transcurre en el lejano futuro del final del siglo XX y los cambios sociológicos o tecnológicos que aparece en ella son muy fáciles de obviar y es aconsejable hacerlo, porque la historia se puede ubicar perfectamente en el presente y, la verdad, son bastante ridículos. No hacen falta casi efectos especiales, todo está centrado en los personajes y las conversaciones entre los personajes. Y la colaboración de un guionista de cine hubiera sido muy de agradecer en esta novela.

Cualquier guionista medio decente tiene la suficiente capacidad de síntesis para poner en situación a un personaje como Lew Nichols, probablemente sólo contando como se levanta y llega al trabajo, ya podríamos saber que está felizmente casado y que es asesor de un político que quiere presentarse a la casa blanca. Para ello no es necesario que nos cuente brevemente su infancia y formación, ni como conoce al político, como se integra en su campaña ni las estrategias de la misma. 

 Por cierto, que durante la mitad de la novela parece que los políticos de Estados Unidos no se involucran lo más mínimo en sus carreras y que son sus asesores quienes deciden adonde deben encaminarse. Son Nichols y sus compañeros los que deciden encumbrar a su representado hasta lo más alto de la nación, para satisfacer su propia sed de poder.

El caso es que transcurren del orden de cien páginas, antes de que la historia llegue por fin a donde quiere llegar, al momento en que, de verdad, comienza.

La historia de Nichols y Carvajal se complementa con la de la mujer de Nichols, Sundara, que se inicia en un culto religioso, también bastante ridículo, que la va apartando progresivamente de Nichols. Esta parte aporta algo de dramatismo a la historia y está adecuadamente sincronizada con la relación entre Nichols y Carvajal. Sin llegar a ser por completo irrelevante, no es demasiado

El afecto que Nichos siente hacia Sundara no se cimienta tanto en la camaradería y las experiencias compartidas, como en que ella está muy buena y folla muy bien. Silverberg lo explica con mayor finura, pero lo que subyace es lo mismo. Hacía mucho que no me quejaba de su sexismo.

También hay unos cuantos trances y momentos visionarios, de esos que tanto le gustan al autor. Uno de ellos da forma a un capítulo entero y es completamente prescindible, porque no es más que una tomadura de pelo de Silverberg hacia el lector.

¿Qué nos queda entonces? La relación entre Nichols y Carvajal, columna vertebral de la novela, que está muy bien llevada. La exposición de una tesis que probablemente desafíe las creencias personales del lector y que precisamente por ello y porque está muy bien expuesta, resulta muy impactante y un final bastante brillante, que ronda la excelencia, aunque no la alcance. No son pocas virtudes. En mi opinión justifican la lectura, aunque no la hacen imprescindible, ni de lejos, porque están empañadas por la paja y los paisajes superfluos. “El hombre estocástico” parece una novelette alargada.

sábado, 17 de agosto de 2019

“Proyecto Marte” de L.J. Salart



Ha tardado, desde que lektu empezó a agobiarme con este librito, pero por fin me lo he leído. “Proyecto Marte” se publicó originalmente en el blog del autor y causó bastante revuelo en internet con su recopilación en forma de novela.

Es la historia de como un sueño une y transforma a la humanidad. El sueño: la terraformación de Marte, la construcción de un nuevo hogar para hombres y mujeres. El libro se compone de infinidad de testimonios, en primera persona, sin repetir nunca el mismo narrador, en los que múltiples personajes relatan sus vidas o sus creencias. Empieza con el momento en que Usha Leber se convierte en la primera persona que respira de forma oficial la atmósfera de Marte y, a partir de ahí, se bifurca, alternando momentos anteriores y posteriores, hasta llegar al comienzo del proceso de terraformación y a.. bueno, mejor no digo nada.

A lo largo del libro contemplaremos, o intuiremos, a partir de las voces de los innumerables protagonistas, como la humanidad se recupera de una gran catástrofe, unificada por el sueño de Marte, el precio a pagar por mantener vivo dicho sueño, la generalización de los bioimplantes, la coexistencia con inteligencias cibernéticas... y más de un paso atrás, inevitable supongo. Tragedias personales y universales, fundamentalismos y extremismos, que parecen a punto de acabar con el proyecto y con la humanidad, viejos errores que se repiten y algún error nuevo.

Con todo, es una visión fundamentalmente optimista del futuro y de la humanidad y una vindicación de la tolerancia y la diversidad. A continuación copio las palabras de uno de los personajes:

“No quiero ser tratada nunca más como una rara. No quiero que me digan qué no puedo ser. Quiero ser quien yo quiera ser.“

Me ha gustado mucho la estructura de la novela, con esa bifurcación simultánea hacia el pasado y el futuro. También me ha gustado mucho ese final tan cíclico (si quieren saber a que me refiero tendrán que comprar el libro) que cierra la historia de un modo redondo. Y, por supuesto, me gusta mucho el mensaje, o los valores que desprenden la mayor parte de los relatos. Sin embargo, no comparto el entusiasmo que ha despertado en otros. Le pongo dos pegas:

Una, cuesta mucho distinguir a un narrador de otro. Con pequeñas variaciones, todos hablan prácticamente igual. Dotar a cada personaje de una voz propia y característica es algo a lo que debería aspirar todo autor, aunque, desgraciadamente, está fuera del alcance de la inmensa mayoría. Ese defecto generalizado es demasiado evidente en “Proyecto Marte” en el que se supone que cada capítulo ha sido escrito por una persona diferente.

Y dos, ninguno de los relatos que componen el libro es demasiado memorable. No hay ninguno muy malo, es verdad, pero tampoco ninguno que te haga dar vueltas a la cabeza, ni llorar a moco tendido. Se leen con agrado, con una cierta tristeza a menudo, pero se olvidan fácilmente. Diría que es una obra en la que la cantidad prima sobre la calidad.

domingo, 11 de agosto de 2019

“Buscando a Jake y otros relatos” de China Mieville




Toca reseña de antología de relatos. ¡Ay Dios! ¿Porqué me meto en estos follones?

Vale, está muy bien este libro. Adiós.

¿Qué quieren algo más? Vale, de nuevo. China Mieville demuestra que es tan bueno en la distancias cortas que en las largas. De hecho, es mucho mejor en las distancias cortas que en las distancias muuuyyyy laaaaaaargas. Eso ha sido una referencia poco sutil a “La estación de la calle Perdido”. Adiós.

No pienso ponerme a comentar relato a relato.







Vale, diré algo más, pero esto es la última vez.

El contenido es bastante variado.

Incluye una reedición de “El azogue” que ya leí en su día y que me he saltado.

Un pequeño regreso al mundo de Nueva Crobuzón en “Jack”.

Un cómic que no me ha resultado demasiado interesante “Rumbo al frente”. Cómo si no hubiera tenido bastante con los guiones de China Mieville en “Dial H for heroe”

“Noche de paz”, una sátira descacharrante y muy divertida. Algo de eso hay también en “Acaba con el hambre”.

Unos cuantos cuentos que oscilan entre lo inquietante y lo escalofriantes, dignos de episodios de “Twilight zone”: “El parque de bolas”, “Detalles” y “Cielos diferentes”. Tal vez el propio “Buscando a Jake” entraría en esta categoría, aunque es más expositivo y quizá también “Mensajero”, aunque a este lo he encontrado mas Kafkiano. Todos ellos son excelentes.

Excelentes son también “Informes sobre diversos sucesos acaecidos en Londres” y “Entrada extraída de una enciclopedia médica”, aunque estos dos son relatos muy especiales, puesto que no tienen casi argumento. Consisten básicamente en la exposición de una idea. ¿Qué porque los considero excelentes entonces? ¡Porque que pedazo de ideas que son! ¡Que ocurrencias más imaginativas, insólitas, brillantes y cautivadoras! Me quedo sin adjetivos. Y luego dicen que la ciencia ficción es el género de las ideas.

Por último, “Cimiento” y “Familiar” me han parecido los más flojos, aunque el punto de partida de los dos es interesante.

La principal pega que se le puede poner, es que los finales impactantes no son la especialidad del autor. Varios relatos, no sólo “Informes sobre diversos sucesos acaecidos en Londres” y “Entrada extraída de una enciclopedia médica”, sino también “Familiar” no parecen tener un final claro y en otros los finales no están a la altura. Ello no me ha impedido disfrutarlos. Es más, creo que he disfrutado esta antología incluso más que alguna de sus novelas.

Todas las virtudes del China Mieville novelista están aquí: su desconfianza del mundo capitalista, la mezcla de admiración y aversión que siente hacia las grandes ciudades, la simpatía hacía los revolucionarios, pero sin justificar jamás la violencia, pero sobre todo su increíble imaginación. Pero si en muchas de sus novelas parece que se limita a acumular idea improbable sobre idea más improbable todavía, sin otro objetivo aparente que erigir una pila lo más alta posible, la longitud de los relatos le permite hacer desarrollos más adecuados, en los que dedica a cada idea el tiempo necesario y suficiente.

Un volumen imprescindible para los admiradores de China Mieville. Sobre todo, para los que no hayan leído “El azogue”.

domingo, 4 de agosto de 2019

“Arena” de Víctor Conde









Segunda y última novela que Víctor Conde dedicó al personaje de Piscis de Zhintra, a pesar de que concluye con un fragmento de una hipotética continuación que nunca llegó a concretarse.

En esta ocasión, el infortunado rescate que realiza la heroína en una nave espacial recién atacada, la involucrará en las intrigas entre clanes de familias aristocráticas que compiten por los favores de las grandes empresas en unos bestiales juegos de gladiadores a gran escala, cuya estética recuerda un poco a las películas de Mad Max.

Víctor Conde prescinde casi por completo del sentido del humor que, en mi opinión, tan mal funcionaba en la novela anterior y, en general, se muestra algo más contenido que en ella, aunque se permite extravagancias como un planeta cúbico con una geología de lo más peculiar. “Arena” es más coherente y tiene más sentido que su predecesora, pero algunas de las tecnologías “mágicas” que resultan vitales para la trama requerirían de una mejor presentación. No se trata de que tenga que explicarlas con cuidado, esto no es ciencia ficción hard ni lo pretende, sino que de que no queda nada claro que se supone que son, aparte de un deux ex machine como la copa de un pino. También digo esto EN MI OPINIÓN. Por otro lado, los fragmentos oníricos, que transcurren en una especie de mundo paralelo tampoco me parece que funcionen bien. Su relación con lo que está ocurriendo tarda demasiado en hacerse evidente y no aportan mucho… hasta el epílogo, que es escalofriante.
Por lo demás, el desarrollo del relato sigue un crescendo más que correcto: engancha y va enganchando progresivamente más, hasta culminar en un desenlace espectacular y emocionante.

Creo ver en esta novelita el germen de futuras creaciones del autor (¿universos oníricos? ¿un demente al que una tecnología extraña convierte en un una máquina de matar imparable y feroz?)

Las reacciones de Piscis me resultan desconcertantes. A veces se comporta como una veterana que lleva a sus espaldas cientos de aventuras espaciales y otras como si fuera una niña de doce años. Pienso que esto puede ser algo intencionado, porque la contraportada nos indica que, en realidad ¡Piscis es una niña de doce años! Lo que vuelve todavía más horrible su ya de por si horrible pasado y todavía más terribles los ultrajes que sufre a lo largo de la obra.

La novela cumple con su objetivo principal, entretener y, aunque parece tratarse de un producto alimenticio, el autor logra imbuirle su personal toque característico. Debido a ello, gustará a los admiradores de Víctor Conde, mientras que sus detractores no la soportarán, aunque la aborrecerán menos que a “Piscis de Zhintra”.