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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

jueves, 27 de agosto de 2015

“La carta 44 1: Velocidad de escape” de Charles Soule y Alberto Jiménez Alburquerque



Este cómic cuenta como el recién elegido presidente de los estados unidos encuentra en su mesa del despacho oval una carta de su predecesor en la que le informa de que siete años atrás, la NASA detectó un artefacto de origen extraterrestre en el cinturón de asteroides, una nave o una estación espacial, que se envió una nave a investigar y que ésta está a punto de llegar.

A partir de aquí, la narración se estructura en dos líneas paralelas, la que cuenta la historia del presidente y la que cuenta las peripecias de los astronautas.

La publicidad intenta relacionar la obra con “Expediente X”, “Contact”, “Gravity” o “El marciano”. Creo haber leído en algún sitio a Charles Soule definiéndola, con mucho más acierto, como una mezcla entre “Cita con Rama” y “El ala oeste de la casa blanca”.

A juzgar por la reacciones que he leído en Internet, el cómic ha sido muy bien recibido por su público potencial. El guionista se gana el corazón de los aficionados ala ciencia ficción con un par de nombres bien elegidos: la nave de la NASA se llama “Clarke”, el módulo de exploración “Bowman”. Con la ayuda de su socio, el dibujante español Alberto Jiménez Alburquerque, nos regala con una sorpresa muy bien ejecutada en el primer capítulo. Por desgracia muy poco más puedo decir de bueno.

La trama que transcurre en el espacio es muy tópica, poco interesante y en ningún momento consigue atrapar la atención del lector, fuera por algunos detalles curiosos de las relaciones entre los astronautas, sus relaciones sexuales y una sorpresa interesante con la que se cierra el volumen.

La trama sobre el presidente de los estados unidos es tan apasionante como decepcionante. Uno piensa que utilizar como protagonista al mismísimo cabecilla de la nación más poderosa del mundo serviría para especular sobre el enorme impacto que la revelación de vida extraterrestre más avanzada que nosotros y en nuestro propio sistema podría tener sobre el mundo, la de crisis políticas, económicas, culturales y religiosas que podría desencadenar. En lugar de ello, Charles Soule desaprovecha su propia idea para endilgarnos una trama conspirativa mecánica y repetitiva, que no llega a la suela de los zapatos a los peores momentos de la ya mencionada “Expediente X”, con lo que no pretendo ensalzar la serie de televisión, sino denigrar el comic.

El dibujo de nuestro compatriota, tosco y caricaturesco, no ayuda en lo más mínimo. Hay dibujantes muy espectaculares y otros que son grandes narradores. Los hay que dibujan muy bien las máquinas, o los paisajes, o son maestros de la anatomía. Que son geniales en las escenas de acción, o que son capaces de dar a sus personajes una gran expresividad, Alberto Jiménez Alburquerque todavía no sé en lo que es bueno y no muestra una especial sintonía con Soule que haga que el resultado final supere la suma de sus partes.

En resumen, una idea muy atractiva, desarrollada del peor modo posible. Queda por ver si mejorará en sucesivos volúmenes, como parte de una historia mayor, que solo pueda juzgarse con justicia en su totalidad, o al menos cuando vaya por la mitad, pero si esto fuera el episodio piloto, no sé yo si produciría la serie.

jueves, 20 de agosto de 2015

“Aniquilación” de Jeff Vandermeer (Southern Reach 1)



Dice el texto de la contraportada:

El Área X es un lugar remoto y escondido declarado zona de desastre ambiental desde hace décadas. La naturaleza salvaje ha conquistado el lugar y su acceso está prohibido. La agencia estatal Southern Reach ha enviado diversas expediciones pero casi siempre han fracasado: todos los miembros de un a expedición se suicidaron; otros enloquecieron y acabaron matándose entre sí, y los integrantes de la última expedición regresaron convertidos en sombras de lo que un día fueron. Ésta es la expedición número doce. El grupo está compuesto por cuatro mujeres: una antropóloga, una topógrafa, una psicóloga y la narradora, una bióloga. Su misión es cartografiar el terreno y recolectar muestras, anotar todas sus observaciones tanto de su entorno como de sus compañeras. Pronto descubren una gran anomalía geográfica y formas de vida más allá de todo entendimiento. Mientras se enfrentan a una naturaleza tan bella como claustrofóbica, el pasado y los secretos con los que cruzaron la frontera se vuelven cada vez más amenazantes.

He cortado lo de “En un futuro no determinado” porque en realidad, nada en este libro (ya veremos en los siguientes) indica que transcurra en el futuro. En realidad, dado los pocos detalles que da, podría estar ambientada perfectamente en el presente. No entiendo porque esa fijación con dejar claro que es el futuro. El resumen es bastante completo. Sólo omite algún detalle interesante, cómo que al Área X sólo se puede llegar bajo hipnosis y que nadie recuerda ese tránsito y que la hipnosis juega un papel importante en la trama.

Hay gente que dice que la literatura no debe estar enfocada en los acontecimientos sino en los personajes. Desde ese punto de vista, “Aniquilación” NO es literatura. Los personajes son inexistentes. Para empezar solo hay 4. No se nos cuenta absolutamente nada de 3 de ellos, ni su pasado, ni sus motivaciones, ni sus inclinaciones, ni su nombre. Ni siquiera su aspecto físico. Además no duran mucho y apenas interaccionan entre ellas. Esto no es una historia paranoica sobre un grupo aislado de personas que empiezan a desconfiar unas de otras y a tirarse los trastos a la cabeza. No da tiempo a ello, el grupo se desmenuza demasiado rápido. El único personaje de toda la novela es la bióloga, y tal vez su desaparecido marido. La bióloga se describe a si misma como una solitaria patológica, incapacitada para las relaciones sociales, cuya única pasión es sumirse en la contemplación de los ecosistemas que estudia. Lo que en el fondo, la convierte casi en una carcasa vacía, solo los flashbacks sobre la relación con su marido aportan algo de humanidad al cotarro.

Alguna vez he criticado a los personajes de las novelas de Stanislaw Lem diciendo que eran el nombre de una especialidad a un personaje pegado. No he cambiado de opinión, pero, después de leer “Aniquilación” tengo que disculparme con el autor polaco. Las mujeres de Vandermeer si que son el nombre de una especialidad a un personaje pegado.

La bióloga se expresa con un lenguaje a menudo grandilocuente y artificioso que en ocasiones, reconozco que pocas, puede ser cargante. Digamos que el autor siempre elige expresarse del modo mas complicado posible. En los momentos supuestamente impactantes o en las reflexiones profundas, emplea muchas palabras para decir muy poco, o emplea, al menos en la traducción, construcciones verbales complejas y palabras eruditas, para decir cosas, en el fondo, muy sencillas.

Todo eso hace que la lectura sea un poco trabajosa. Ojo, hay muchas maneras de despellejar un gato, como dicen los yankies. No simpatizo con la opción estilística que ha elegido Vandermeer, pero eso no quiere decir  que no la ejecute con maestría. No se puede negar que “Aniquilación” engancha y que es una novela emocionante, lo que no es poco decir, cuando, en el fondo, lo único que se nos cuenta son los paseos de la protagonista por un páramo desolado.

Porque de eso va la historia, la bióloga dando vueltas por la zona, recordando de vez en cuando su infancia y a su marido. De vez en cuando hay un susto, muy bien ejecutado y finalmente, se acaba, sin llegar a ningún clímax ni un desenlace claro.

Conque ni personajes ni trama. ¿Qué nos queda? La atmósfera, por supuesto. En “Aniquilación” los auténticos protagonistas son el paisaje y la atmósfera, especialmente está última. Una atmósfera opresiva, de extrañeza, y amenaza latente que se apodera de cada una de sus páginas y que a buen seguro es la responsable de su éxito. Y la torre y el reptador, hay que reconocer que los pasillos de la torre y sus inscripciones son todo un hallazgo y una ocurrencia fascinante.

La atmósfera y la habilidad estilística de su autor, que logran que se devore el relato.

¿Me ha gustado? Si, ya he dicho que es una historia emocionante. ¿Tengo ganas de leer la continuación? Ni lo más mínimo. En contra de lo que pueda parecer, me parece que “Aniquilación” es una historia cerrada, que llega a su final y creo que las poco precisas y poco creíbles divagaciones finales de la bióloga son todas las explicaciones jamás leeremos sobre el Área X en toda la trilogía completa.

El problema para mí, es que su lectura es algo trabajosa. Esta historia me habría resultado mucho más simpática si me la hubiera contado de un modo más sencillo. Para mí, por poner un ejemplo, leer a Joseph Conrad, me resulta un auténtico dolor de cabeza, sin embargo, el esfuerzo resulta completamente compensado por el brillante retrato psicológico que hace de sus personajes, el modo en que ilumina los aspectos más oscuros del alma humana, lo interesante de sus reflexiones y muchas cosas mas. Por el contrario, en esta ocasión al menos, Vandermeer resulta un tanto alimenticio. El esfuerzo no resulta compensado. El contenido no está a la altura del continente. Para contar un cuento de miedo normalito, no era necesaria tanta retórica.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Previa a “Southern Reach”



En los próximos días espero publicar una reseña de “Aniquilación” de Jeff Vandermeer. Sin embargo he decidido anticipar este post, con algunas cuestiones referentes a su autor y lo que se de la serie, para de este modo aligerar la longitud de la reseña en sí.

Para empezar, esta no es la primera obra de Vandermeer que se publica en España. Por lo que sé, ese honor le corresponde a“Veniss Soterrada” novela publicada por la Factoría de ideas, que cosechó buenas críticas y poco éxito. Una desafortunada reseña que encontré por Internet de esta novela me hizo cogerle manía a su autor. Injustamente, puesto que la culpa no era suya, sino del reseñador. La crítica en cuestión, tras poner la novela por las nubes, la arremetía sin que viniera a cuento contra Greg Egan y culminaba con lo que me pareció una apología de la ignorancia.

Ello me llevó a acoger con muchas reservas la publicación de la trilogía de “Southern Reach”, a pesar del entusiasmo mediático inicial, la primera novela incluso fue reseñada en el suplemento cultural del diario “El País”, Babelia, es decir, en una publicación no especializada en el género fantástico. Y elogiosamente, admás. Sin embargo la segunda y tercera parte, que se publicaron en un intervalo de tiempo muy corto, fueron gloriosamente ignoradas y me resulta difícil encontrar reseñas de ellas por Internet.

Una cierta búsqueda ociosa me ha revelado que la intención de Vandermeer era que:

-         El primer libro fuera una historia de terror o suspense.
-         El segundo fuera una sátira sobre la burocracia.
-         El tercero consistiera en darle la vuelta a los dos anteriores y que resultase que no eran lo que parecía que eran.

Jeff Vandermeer está muy orgulloso del segundo y dice que la gente que trabaja para el gobierno no puede resistir las ganas de reír al leerlo.

Por el contrario, sus lectores se llevaron una gran decepción con el segundo, que parece ser el más largo de la trilogía. En los comentarios en castellano, se repiten mucho las palabras “peñazo”, “rollo”, “tedioso”, “aburrido”.

Con estos mimbres, no puedo decir que su lectura me apeteciera mucho. Me recuerda a esas series de televisión que tienen un episodio piloto muy emocionante, envuelto en una atmósfera de intriga y misterio, que luego se van volviendo cada vez mas aburridas, cuando caes en la cuenta de que sus misterios nunca se resolverán porque los guionistas no solo no tienen ni idea de la solución, sino que son incapaces de contar una historia.

Ha sido la aparición de los tres tomos en mi biblioteca habitual la que me ha decidido a leerlos, aunque fiel a mis costumbres, intercalaré entre ellos la lectura de uno o varios de diferente temática.

En breve, mi propia opinión de la primera novela.

domingo, 16 de agosto de 2015

“El azogue” de China Mieville



Este año, he decidido prolongar la cita veraniega con China Mieville, con esta novela corta, apenas cien páginas, que tenía desde hace tiempo entre mis libros pendientes (más que una pila, forman) una torre de babel, que conseguí gracias a la intermediación de la librería “Estudio en escarlata”.

Los imagos, los seres que viven al otro lado de los espejos, o de cualquier superficie reflectante, obligados por una maldición ancestral a adoptar la forma y reproducir los movimientos de lo que quiera que se muestre ante ellos, han conseguido escapar de su forzosa esclavitud, llegar a nuestro mundo a través de espejos hechos trizas y han desencadenado el caos, acabando con nuestra civilización.

Inquietante, ese adjetivo es el que mejor casa con esta novelita y supongo que lo repetiré muchas veces a lo largo de la reseña. El autor toma prestada la idea directamente de Borges (“El libro de los seres imaginarios”). Al final del volumen aparece reproducida la página exacta, lo que demuestra la honradez de Mieville y su valor suicida: ante la transparencia y exactitud de las líneas de Borges, su prosa se antoja retorcida y rebuscada.

La trama se cementa en dos líneas paralelas: por un lado tenemos a Sholl, un sobreviviente de la guerra que después de estudiar a los imagos durante mucho tiempo ha forjado un plan y, en el otro, aparentemente, uno de los imagos que se hicieron pasar por humanos, trabajando durante años como quintacolumnistas, también llamados vampiros. A través de este último conoceremos toda la historia de los imagos, incluyendo su influencia sobre la historia humana. Las dos líneas culminan en sendas sorpresas. La del vampiro me ha parecido demasiado rebuscada, o, al menos, no lo suficientemente justificada, en sus últimos capítulos rompe de un modo excesivamente brusco con lo que sabíamos del personaje. La de Sholl es, a partes iguales, decepcionante, inesperada y, quizá, inevitable. Además de inquietante, claro. Mieville no hace concesiones a los convencionalismos, ni a los finales felices, ni cierra la historia.

Como casi siempre en el autor, la ambientación es excepcional y está llena de hallazgos que demuestran una imaginación fuera de serie, que pueden resultar difíciles de imaginar al lector. La historia transcurre en un Londres en el que la luz ya no se refleja ni en los charcos, ni en el Támesis, ni en los cristales de las ventanas, efecto difícil de concebir. Las bandadas de “manos”, los rebaños de “labios” son imágenes inolvidables. La excursión de Sholl por el metro es escalofriante.

La traducción ha sido muy criticada en las reseñas que he podido encontrar en la red. Soy de la opinión de que ni tanto ni tan poco. Mieville es un autor muy difícil de traducir y hay que tener en cuenta que no es una traducción pensada para un lector de España. A éste, el uso de pronombre “ustedes” que hace el supuesto vampiro para referirse a los humanos, le puede resultar extraño, junto con algún otro localismo, pero son de poca importancia. No así el término “pachogo” para referirse a los infiltrados imagos o vampiros, que más que sorprendente. Ignoro que escribiría Mieville en ingles, pero este término me resulta incomprensible, ridículo ¿no se les ocurrió ninguna otra palabra? Aparte, hay algunas frases que no se entienden bien y no parecen sintácticamente correctas, pero eso es típico de Mieville.

Con todo, si fuera de los que ponen puntuaciones numéricas, tendría que darle un número muy alto. Es un relato fascinante y muy, muy inquietante.

jueves, 13 de agosto de 2015

“Un Lun Dun” de China Mieville



En mi ya tradicional cita veraniega con China Mieville, este año le ha tocado el turno a “Un Lun Dun”. La novela empieza con las aventuras de dos niñas londinenses, Zanna y Deeba, que después de varios sucesos proféticos, acaban transportadas a la fantástica ciudad de Alondres, una especie de reverso mágico de Londres, en el que Zanna está destinada a salvar a sus habitantes del smog.

¿Fantasía juvenil? Quizá. No estoy seguro. El argumento es mucho más sencillo y lineal de lo que parecen ser los sempiternos libros de Harry Potter. Si intentara buscar una obra conocida ampliamente con la que tuviera puntos en común, me decantaría por “Alicia en el país de las maravillas”. Un “Alicia en el país de las maravillas” más moderno, urbano, algo más siniestro, con más acción y una protagonista con más carácter, aunque mejor no adelantemos acontecimientos. Lo que quería decir al empezar el párrafo es que el público potencial al que va dirigida la novela es de una edad sensiblemente inferior al de algunas sagas juveniles que se han convertido en grandes éxitos de público. ¿Es eso un problema para que los cuarentones la disfruten? No lo ha sido en mi caso.

La novela empieza un poco floja. El lector puede creer que se ha metido en una película de Walt Disney y no de las mejores. Si, claro, las ocurrencias de Mieville son siempre brillantes, no será la primera ni la última vez que alabe su prodigiosa imaginación, pero uno le ha visto imaginar cosas más improbables que Alondres. Su imaginación parece estar a medio gas, o en piloto automático, imaginando el tipo de cosas que el público está acostumbrado a esperar. Los personajes con las que las protagonistas se encuentran también siguen ese patrón, son tipos estrafalarios, amables y simpáticos, pero carentes de fondo. Tampoco es que Zanna ni Deeba parezcan tener mucho carácter, además de que se pasan la vida dando abrazos, costumbre que se mantendrá hasta el final.

Entonces se produce un giro inesperado en la historia. Su verdadera protagonista se apodera de la trama y de ahí al final es una auténtica gozada. Mieville subvierte algunos de los tópicos de las novelas fantásticas, hace gala de un sentido del humor mucho menos presente en el resto de sus novelas que he leído, pero mantiene todo su ingenio y su imaginación. La novela está llena de conceptos y pasajes excepcionales, como el retrovolver o las aracnoventanas. Los pronunditos y don Parlante, por ejemplo, me han parecido dos de sus mejores creaciones, que ya es decir.

Mieville suaviza el estilo de su prosa para adecuarlo al público al que va dirigido el libro. Lo que es de agradecer. Aquí no se encuentran presentes los problemas que mucha gente detectó en “Kraken”. La narración es muy fluida y ágil, se acaba casi sin darse cuenta, a lo que sin duda contribuye que esté estructurado en capítulos muy cortos, normalmente terminados en el cliffhanger de rigor.

Sobre la traducción, pues no me ha disgustado. Creo que, dentro del reto que afrontaban Gema Facal y Joan Eloi Roca, lo han hecho lo mejor posible. No nos engañemos, si su nivel de inglés lo permite (no es mi caso), éste es un libro que debe ser leído en su idioma original. En el fondo, todos lo son, pero éste más todavía, debido a la enorme cantidad de juegos de palabras y neologismos que incluye. La mayoría quedan bastante bien, otros chirrían un poco y algunos no tienes ni idea de que querrían decir en el original. He leído que, en dicho original, Mieville incluyó un diccionario para dejar claro el sentido que daba a sus palabras inventadas, porque fuera de contexto, algunas podían resultar hasta malsonantes. Tal vez habría convenido algo así. Llenarlo todo de notas a pie de página entorpece mucho la lectura, pero a veces es un mal menor. Con todo, creo que solo ha habido una ocasión en la que me he encontrado con una frase que me ha chirriado, diciéndome, esto tiene que ser un juego de palabras en el original.

En fin, ha sido una lectura muy agradable, que me ha dejado muy buen recuerdo, a su manera, me parece a la altura de “La ciudad y la ciudad” y de “Ciudad embajada”, las que hasta ahora me parecían las mejores obras de su autor.

lunes, 3 de agosto de 2015

“El mundo sombrío” de Henry Kuttner




(No tengo nada contra esa tienda, pero mira que me fastidia cuando la única imagen que encuentro de la portada tienen el logotipo de cyberdark. Ya me ha pasado unas cuantas veces. A la próxima le hago una foto.)

El verano me ha permitido rescatar de la pila de libros pendientes esta entrega de entretenimiento puro, perteneciente a “LosNorwest Smith” y “Jirel de Joiry” y las colaboraciones entre ambos, así como las teorías conspirativas que versan sobre la autoría de muchas obras de Henry Kuttner.
libros de Barsoom“. No conozco a Henry Kuttner, aunque se que en su vida tocó todos los palos de la literatura fantástica y que se ganó un cierto respeto de la afición. Ese desconocimiento ha sido cubierto, en parte, por el prólogo de Javier Jímenez Barco. Los prólogos de “Los libros de Barsoom” son, a menudo, lo mejor de sus ejemplares, debido a que los escritores de la era pulp eran unos auténticos personajes. Probablemente, lo que mas recuerde de este libro sea la relación de Henry Kuttner con su mujer, la también escritora Catherine L. Moore, de quien si he leído los ciclos de “

Lo que no quiere decir que este libro carezca de interés. La mayor parte de él lo compone la novela que le da título. La premisa podría parecer de lo más tópica, hombre de nuestro tiempo trasladado a otra dimensión donde se convierte en el adalid de la lucha contra la tiranía. El giro maestro que le da la vuelta a esta trama tópica y cuya revelación puede ser un grave spoiler es que en realidad el héroe intercambio su cuerpo con su alter ego de la otra dimensión, un despiadado y temible hechicero y que al hacerlo se mezclaron sus recuerdos. La novela empieza cuando el malvado brujo es traído de vuelta a su mundo y es narrada por él mismo. Es decir, es contada desde el punto de vista de un súper villano que cree ser un hombre del siglo veinte y que poco a poco va recuperando su memoria y sus poderes.

Esta brillante idea, que según apunta el prólogo no es del todo original, es lo que da personalidad propia y vida a una trama folletinesca que, si no, sería muy tópica, junto con algunos personajes y detallas de ambientación muy inspirados, como es el caso del inmóvil Ghast Rhymi, que oculta un secreto que esta vez no revelaré y sobre todo el terrible Llyr, tal vez el gran hallazgo de la novela, una presencia incorpórea, ultraterrena y todopoderosa.

A su favor juega también una gran imaginación en lo referente a los usos de la magia y las consecuencias de los mismos y un gran sentido del ritmo, que hace que la narración se devore. En su contra juega el exceso de racionalismo, Kuttner, como otros escritores de la época, parece impelido a buscar explicaciones científicas a los elementos sobrenaturales, explicaciones rebuscadas y poco creíbles que no hacen ningún bien al relato, todos sabemos que esto es fantasía y que la magia es magia y una prosa grandilocuente y efectista, plagada de puntos suspensivos y signos de admiración, fruto de  las convenciones literarias de la literatura popular de la época, que ha envejecido mal aunque no carezca de cierto encanto y unos personajes incapaces de proyectar sombra, por lo planos que son.

Los mismos defectos y virtudes se encuentran en los dos relatos del príncipe Raynor que acompañan a la novela. Salvo por el excesivo delirio zodiacal del segundo de ellos, Kuttner se las apaña muy bien describiendo escenarios y seres fantásticos, pero el resto de personajes son meros estereotipos y ahora no hay ningún narrador peculiar que los redima con su punto de vista original. Aún así, son muy entretenidos, muy howardianos y quedarían muy bien adaptados al cómic.

Entretenimiento sin prejuicios, imaginativo que no renuncia del todo a ciertas ambiciones literarias.