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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

jueves, 13 de agosto de 2015

“Un Lun Dun” de China Mieville



En mi ya tradicional cita veraniega con China Mieville, este año le ha tocado el turno a “Un Lun Dun”. La novela empieza con las aventuras de dos niñas londinenses, Zanna y Deeba, que después de varios sucesos proféticos, acaban transportadas a la fantástica ciudad de Alondres, una especie de reverso mágico de Londres, en el que Zanna está destinada a salvar a sus habitantes del smog.

¿Fantasía juvenil? Quizá. No estoy seguro. El argumento es mucho más sencillo y lineal de lo que parecen ser los sempiternos libros de Harry Potter. Si intentara buscar una obra conocida ampliamente con la que tuviera puntos en común, me decantaría por “Alicia en el país de las maravillas”. Un “Alicia en el país de las maravillas” más moderno, urbano, algo más siniestro, con más acción y una protagonista con más carácter, aunque mejor no adelantemos acontecimientos. Lo que quería decir al empezar el párrafo es que el público potencial al que va dirigida la novela es de una edad sensiblemente inferior al de algunas sagas juveniles que se han convertido en grandes éxitos de público. ¿Es eso un problema para que los cuarentones la disfruten? No lo ha sido en mi caso.

La novela empieza un poco floja. El lector puede creer que se ha metido en una película de Walt Disney y no de las mejores. Si, claro, las ocurrencias de Mieville son siempre brillantes, no será la primera ni la última vez que alabe su prodigiosa imaginación, pero uno le ha visto imaginar cosas más improbables que Alondres. Su imaginación parece estar a medio gas, o en piloto automático, imaginando el tipo de cosas que el público está acostumbrado a esperar. Los personajes con las que las protagonistas se encuentran también siguen ese patrón, son tipos estrafalarios, amables y simpáticos, pero carentes de fondo. Tampoco es que Zanna ni Deeba parezcan tener mucho carácter, además de que se pasan la vida dando abrazos, costumbre que se mantendrá hasta el final.

Entonces se produce un giro inesperado en la historia. Su verdadera protagonista se apodera de la trama y de ahí al final es una auténtica gozada. Mieville subvierte algunos de los tópicos de las novelas fantásticas, hace gala de un sentido del humor mucho menos presente en el resto de sus novelas que he leído, pero mantiene todo su ingenio y su imaginación. La novela está llena de conceptos y pasajes excepcionales, como el retrovolver o las aracnoventanas. Los pronunditos y don Parlante, por ejemplo, me han parecido dos de sus mejores creaciones, que ya es decir.

Mieville suaviza el estilo de su prosa para adecuarlo al público al que va dirigido el libro. Lo que es de agradecer. Aquí no se encuentran presentes los problemas que mucha gente detectó en “Kraken”. La narración es muy fluida y ágil, se acaba casi sin darse cuenta, a lo que sin duda contribuye que esté estructurado en capítulos muy cortos, normalmente terminados en el cliffhanger de rigor.

Sobre la traducción, pues no me ha disgustado. Creo que, dentro del reto que afrontaban Gema Facal y Joan Eloi Roca, lo han hecho lo mejor posible. No nos engañemos, si su nivel de inglés lo permite (no es mi caso), éste es un libro que debe ser leído en su idioma original. En el fondo, todos lo son, pero éste más todavía, debido a la enorme cantidad de juegos de palabras y neologismos que incluye. La mayoría quedan bastante bien, otros chirrían un poco y algunos no tienes ni idea de que querrían decir en el original. He leído que, en dicho original, Mieville incluyó un diccionario para dejar claro el sentido que daba a sus palabras inventadas, porque fuera de contexto, algunas podían resultar hasta malsonantes. Tal vez habría convenido algo así. Llenarlo todo de notas a pie de página entorpece mucho la lectura, pero a veces es un mal menor. Con todo, creo que solo ha habido una ocasión en la que me he encontrado con una frase que me ha chirriado, diciéndome, esto tiene que ser un juego de palabras en el original.

En fin, ha sido una lectura muy agradable, que me ha dejado muy buen recuerdo, a su manera, me parece a la altura de “La ciudad y la ciudad” y de “Ciudad embajada”, las que hasta ahora me parecían las mejores obras de su autor.

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