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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 11 de mayo de 2018

“El fin de la muerte” de Cixin Liu


Culminamos con esta novela la trilogía de “El problema de los tres cuerpos”. “El fin de la muerte” cuenta con una ventaja respecto a sus predecesoras: Es casi imposible que su lectura sea afrontada por un lector que no haya leído las dos primeras partes. Llegado hasta aquí, ya se habrá acostumbrado al peculiar estilo narrativo de Cixin Liu (peculiar, al menos, para un lector occidental, para el resto no sabría decirlo), así que estará habituado a los extraños vericuetos de su narrativa. Por lo tanto, es de esperar que no se deje amedrentar por ese prologo, totalmente prescindible, ubicado durante la caída de Constantinopla, que apenas tiene conexión con el resto de la obra, o por las sucesivas bifurcaciones del argumento.
Es muy típico de Cixin Liu centrarse en un personaje, dedicarle muchas, pero que muchas páginas, y luego olvidarse de ellas por completo. A veces recupera al personaje, unos pocos cientos de páginas más tarde, a veces no. Otras veces la novela da unos vuelcos, más que inesperados, extrañísimos, que parecen no tener que ver absolutamente nada con lo que se estaba contando hasta ahora, aunque la mayor parte de las veces acaben confluyendo. El más extremo, la inclusión de una especie de cuento de hadas (un cuento chino si me permiten el chiste fácil) es también el que resuelve con más ingenio: el modo en que consigue encajar el cuento con el resto de la historia, es decididamente pasmoso.

Sumemos a ello su tendencia a forzados y largos diálogos expositivos, y a deleitarse con detalles supuestamente científicos y llegaremos a una conclusión: Cixin Liu es un autor al que hay que leer con mucha paciencia, con “El fin de la muerte” mucho más que con sus predecesoras, por su tamaño y porque abandona por completo los ecos de thriller que animaban las dos entregas anteriores, para ofrecernos un curso acelerado de historia del futuro. Su protagonista oficial es Cheng Xin, una mujer atractiva y bondadosa, condenada a tomar siempre, las peores decisiones para el futuro de la humanidad, por los mejores motivos posibles. Aún me pregunto que habrá pretendido decir Cixin Liu con eso. Pero el verdadero protagonista, es la humanidad y los retos que ha de enfrentar ante la civilización trisolariana y el Bosque Oscuro.

Me resulta fácil imaginarme a Cixin Liu preparando sus novelas, sentado en un sillón, con los pies en alto y un cuaderno en el regazo, haciendo ejercicios mentales del tipo ¿cómo reaccionaría la humanidad si recibiese tal noticia? Reflexiona un par de horas, mientras apunta en el cuaderno todas las posibilidades que se le ocurren, las diversas acciones que se tomarían, que resultados positivos y negativos se obtendrían, como reaccionarían las masas y luego se levanta y pasa a limpio sus notas.

“El fin de la muerte” parece componerse de varios ejercicios similares, uno a continuación de otro.

No lo digo con ánimo de crítica. Los desarrollos de Cixin Liu me parecen muy interesantes. “El fin de la muerte” es una novela capaz de rivalizar en ambición con, por ejemplo, “El hacedor de estrellas”, pero, a la vez, es bastante más amena. Como le gustaba tanto decir a Miquel Barceló, es un auténtico festín para la imaginación. Un manjar irresistible para los adictos al sense of wonder, que, a mi entender, supera a su inmediata predecesora. Si en mi reseña de “El bosque oscuro”, me quejaba de que, a pesar de sus virtudes, no había ningún momento tan bueno como la, a su manera, ya clásica construcción de un ordenador en “El problema de los tres cuerpos”, “El fin de la muerte” tiene a mi juicio un momento que puede rivalizar con ella, convertido en tesis fundamental del libro: el influjo de la vida inteligente sobre la propia evolución física del universo.

No estoy cometiendo ningún spoiler, ya se insinúa en el segundo prólogo. Tarda toda la novela en evidenciarse y cuando lo hace, se enuncia de modo casual, a través de una sencilla conversación, pero ¡que idea, señores míos! ¡Que impacto! ¡Qué consecuencias! Por unos instantes, Cixin Liu pone el mundo patas arriba y, aunque está llenas de cosas que no me haya gustado, la imaginación que despliega en la última parte del libro es portentosa.

Todo ello convierte a Cixin Liu en un autor a seguir con atención y a la lectura de “El fin de la muerte” en imprescindible para un buen aficionado a la ciencia ficción.

Ahora bien, no es un plato para todos los gustos.

Las caracterizaciones de muchos personajes son de una simpleza un tanto infantil. Sus motivaciones no acaban de estar bien definidas y su comportamiento resulta errático y confuso, más pendiente de la trama que de sus personalidades. A veces parece que, simplemente Cixin Liu no sabe que hacer con ellos.

Si un personaje cuya vida amorosa no ha preocupado al narrador lo más mínimo hasta ahora, de repente se enamora perdidamente de otro a primera vista, se me ocurre que pueden ocurrir dos cosas:

a) Vamos a asistir al paulatino acercamiento sentimental de la pareja, que tendrá su clímax cuando se besen o echen un polvo por primera ve. Oh, ¡es tan romántico!
b) El personaje objeto de deseo, se liará con otro o morirá. El drama está servido.

Lo que no espero de ninguna manera es que, a las pocas páginas de conocerse, la pareja se separe y no vuelvan a verse en el resto de sus vidas.

Conozco a gente a la que esta frustración de las expectativas les parecerá un rasgo de genio. A mí, preparar el escenario para la representación de una tragedia que nunca tendrá lugar, me parece simplemente una chapuza.

Pero no es eso lo que realmente me duele de “El fin de la muerte”. Lo que realmente me duele han sido dos momentos bastante extensos que han puesto a prueba mi paciencia de lector, relacionados con la geometría. Con la “tetradimensionalidad” y la “bidimensionalidad”, para ser exactos. Son pasajes muy imaginativos, repletos de maravilla, que te hacen preocuparte por el bienestar de Cixin Liu, dada la dureza de la legislación anti-droga de la China, pero que se hacen largos, muy largos. El primero logré pasarlo, e incluso disfrutarlo, abusando de esas reservas de paciencia de las que hablé al comienzo de la reseña, acumuladas antes de empezar la lectura. El segundo, sin embargo, que se refiere a la “bidimensionalización” de un conocido ente astronómico, acabó con ellas.

Hace tiempo que no tenía un desencuentro tan grande con un autor. Es evidente que a Cixin Liu debió fascinarle esta parte de su obra, que la juzgó muy importante y dedicó muchas horas a pensar en ella. Aplaudo su esfuerzo y su imaginación, una vez más, pero ¿porqué tiene que exhibirla ante mí? Al principio me dejó alucinado, porque lo que cuenta es alucinante, pero conforme se explayaba durante más y más páginas, acabé perdiendo el interés y deseando que esa parte de la novela se acabara de una maldita vez.

Defectos estos que devalúan la que, por otra parte, sería una estupenda lectura.

1 comentario:

  1. En esta trilogía todo va de menos a más. Empecé con los tres cuerpos y no me gustó mucho. Ni el estilo, ni las ideas, ni los personajes... pero me dejó cierta curiosidad por saber cómo seguía (bueno, eso y la insistente e intrigante campaña a favor de toda la fandomada). Con cierta renuencia leí el Bosque Oscuro y para mi sorpresa me gustó mucho más. El estilo acartonado y el tratamiento naíf/infantiloide de los personajes se mantenía, pero los bandazos de la trama y ese pedazo de concepto del "bosque oscuro" me aseguraron la lectura del Fin de la Muerte. Todos los defectos siguen ahí, pero es que la osadía especulativa de este hombre me ha dejado con la boca abierta. A ver, muchas veces no sabes si está hablando de chorradas como un templo (todo el asunto de la multidimensionalidad p.e.) que igual no aguantan una reflexión seria, pero va tan y tan lejos que no puedo si no aplaudirle. De hecho, es flipante que todo lo conceptualmente enorme de las dos primeras novelas se queda en un apunte minúsculo del viaje final. Como bien dices, un Stapledon pero en ameno y más osado.

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