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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

“Yabarí” de Lola Robles


Historia de la investigación que lleva a cabo una periodista sobre el maltrato a los nativos del planeta Yabarí por parte de las empresas explotadoras que están deforestando su jungla, “Yabarí” es una novela que me ha dejado indiferente.
Terminada la lectura, aún me pregunto que pretendía exactamente su autora.
Hay una crítica evidente a la explotación a la que son sometidas las poblaciones aborígenes, sobre todo cuando tienen la desgracia de vivir en una zona rica en materias primas y al agotamiento de los recursos naturales. Aunque acertada o no es demasiado profunda o Lola Robles no ha sabido vendérmela. No me provoca indignación, no sacude mis creencias. No me hace pensar.
Por otra parte, dicha crítica viene envuelta en una especie de aventura selvática, no demasiado interesante. La ambientación no es destacable. Los personajes no despiertan interés ni empatía, lo que les ocurre, con ser terrible, lo he visto o leído mil veces. La autora no consigue transmitirme su miedo y desesperación. No hay un destello de originalidad que dote a la historia de personalidad propia.
Con todo esto no quiero decir que la novela esté mal escrita, ni mucho menos. Su estilo es más que correcto. Aunque el fragmento que más me haya gustado sea la cita de “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, que abre el volumen, le encuentro todavía menos defectos al estilo que virtudes en el librito. Es sólo que no hay nada en él que me llame la atención. Es corto y es ameno, leerlo no supone ningún esfuerzo, pero me pregunto porque tomarse la molestia de escribirlo.

domingo, 24 de septiembre de 2017

“Las aventuras de un cadáver” de Robert Louis Stevenson


Curiosidad cómica, enredo, vodevil, todos ellos son apelativos que podrían darse a esta novelita. Tras un accidente de ferrocarril, las condiciones de una herencia y una confusión de identidades hacen que una pareja de hermanos intenten deshacerse de un cadáver que ha quedado irreconocible, empezando un juego de casualidades y coincidencias en el que el cuerpo va pasando de casa en casa, a la vez que sus dueños se apresuran a intentar librarse de él, sin plantearse siquiera llamar a la policía.
 
Todo en esta novela es exagerado. Los personajes son cómicos y en ocasiones su comportamiento no tiene mucho sentido, el recurso a las coincidencias, no es que sea inverosímil, es que es absolutamente increíble y el narrador se permite alguna pirulas léxico-sintácticas de aúpa. Y sin embargo, funciona. El lector se divierte con los apuros de los personajes y con sus rarezas y acaba cogiéndolos cariño. Una vez concluida la presentación de los mismos y entrados en faena es muy difícil soltar el libro. La narración avanza como un buque bien dirigido, a pesar de lo revuelto del cauce que sigue, a lo que sin duda contribuye su brevedad. Puede que el lector moderno no suelte grandes carcajadas, pero sin duda que tendrá una buena sonrisa plantada en la cara mientras dure su lectura.

Sin duda, al escribir “Las aventuras de un cadáver” Robert Louis Stevenson no se propuso más que hacer pasar un rato divertido al lector y vive Dios que lo consiguió.

viernes, 22 de septiembre de 2017

¡COMO ODIO PINTAR LA CASA! (2)

Pero lo que mas odio, es volver a colocar las estanterías y colocar en ellas los libros.
Y colocar los libros que van encima de los libros.
Y los libros que van encima del armario.
Y los que van en el hueco entre el armario y la pared ...

miércoles, 20 de septiembre de 2017

¡COMO ODIO PINTAR LA CASA!

Si, sé que esto no tiene nada que ver con la literatura o la ciencia ficción y no creo que le interese a nadie, pero tenía que decirlo.

viernes, 15 de septiembre de 2017

“El ojo del tiempo (Una odisea en el tiempo 01)” de Arthur C. Clarke y Stephen Baxter


Nueva colaboración entre Arthur Clarke y Stephen Baxter. En “El ojo del tiempo” diferentes personas, en diferentes momentos de la historia, experimentan la “discontinuidad” un parpadeo de confusión, el sol parece bailar y se encuentran en un nuevo planeta Tierra, compuesta por parches del nuestro, procedentes de diferentes periodos del tiempo.

Una idea que parece mas propia de Philip José Farmer que de Clarke o Baxter y que no es demasiado original, pero que está bien desarrollada. Los autores demuestran estar tan bien versados en las ciencias físicas como en historia: no sólo hacen un buen trabajo imaginando las posibles consecuencias de la “discontinuidad” sobre el clima y la ecología, sino que también aportan mucha información sobre el funcionamiento de los ejércitos imperiales británicos, macedonios y mongoles, además de los inevitables conflictos culturales, que desembocarán en una épica batalla entre los ejércitos de Alejandro Magno y Gengis Kan.

(Batalla épica, sí, pero que no puede compararse al combate del mismo Alejandro contra las legiones romanas en “Alejandro Magno y las águilas de Roma”, de Javier Negrete. ¿Veremos algún día la segunda parte?)

Narración aventurera de supervivencia, exploración y guerra, “El ojo del tiempo” es una novela muy amena y una buena obra de ciencia ficción, pero no excepcional. El conjunto se ve lastrado por dos problemas narrativos.

Primero, los personajes son demasiado tópicos. Los mejores son, con diferencia, los personajes históricos. Alejandro y Ruyard Kipling, sobre todo este último, tienen personalidades atractivas, pero, los que son de creación propia de los autores, resultan meros esbozos. Ellos lo intentan, si, hay que reconocer que, por lo menos, han hecho el esfuerzo. Les han buscado motivaciones plausibles y han procurado que no sean personajes de una sola pieza, que cuenten con sus defectos y virtudes. A pesar de ello, no han conseguido dotarlos de voz propia y en pocas ocasiones consiguen que nos preocupen sus destinos o nos conmuevan. La muerte de Kipling es una excepción.

Hay un personaje en concreto que es un desperdicio increíble. Es un personaje que no es de fiar, porque los que lo conocen no paran de repetirlo, pero que en ningún momento se muestra sospechoso. Al final comete una traición. El lector no presencia esa traición y tampoco se puede decir que tenga mucho efecto en la historia. El lector tampoco presencia las consecuencias que tuvo dicha traición sobre el traidor. Todo el tema de la traición no ocupa más que un par de frases. ¿A cuento de qué viene entonces? ¿Porqué no suprimir, no ya la parte de la traición, sino el propio personaje de la novela? Bueno, sabía griego.

El otro defecto principal, es la última parte del libro, que resulta larga y anticlimática. Una vez la batalla ha concluido, la novela pierde fuelle y los supervivientes se limitan a vagabundear de un lado a otro, sin objetivo aparente, más que describir un poco más el mundo creado por sus autores.

Hasta aquí las pegas literarias. En el terreno personal, la novela se me ha hecho demasiado british para mi gusto. Subyace en él una exaltación de Kipling, del ejército de su época y el convencimiento de lo gloriosa e importante que ha sido siempre Inglaterra, que ya me pareció detectar en “Luz de otros días”, pero más diluida.

Dado el intrigante cliffhanger con el que termina, tendré que leer la continuación, pero aunque, en general, me ha dejado un buen sabor de boca, creo que se podía esperar más de los autores.

jueves, 7 de septiembre de 2017

“El hacedor de estrellas” de Olaf Stapledon.


Permítanme que me ponga nostálgico. Uno de mis primeros libros de ciencia ficción, es decir, uno de los primeros que me regalaron, fue el número cuatro de la antología “Imperios Galácticos” recopilada por el recientemente fallecido Brian Aldiss. En ella, cada sección en la que el antologista agrupaba los relatos venía precedida por una cita de “El hacedor de estrellas” de Olaf Stapledon. Recuerdo la sensación que me produjo la lectura de aquellos párrafos grandilocuentes y alucinados. Pensaba que aquella novela debía ser un tremendo coñazo.

Sin embargo, aquellas pequeñas píldoras de pretenciosidad tenían algo que encendía la imaginación y que despertó mi curiosidad. Por eso ahora, tantos años después, he decidido darle una oportunidad. ¿Que opinión merece ahora la obra completa, ante los ojos de un hombre madura, tan distinto del adolescente que fui?

Bueno, en el prólogo de Jorge Luis Borges éste dice:

Hacia 1930, ya bien cumplidos los cuarenta años. William Olaf Stapledon abordó por primera vez el ejercicio de la literatura. A esta iniciación tardía se debe el hecho de que no aprendió nunca ciertas destrezas técnicas y de que no había contraído ciertas malas costumbres. El examen de su estilo, en el que se advierte un exceso de palabras abstractas, sugiere que antes de escribir había leído mucha filosofía y pocas novelas o poemas.

O dicho en otras palabras, el estilo de Olaf Stapledon es mas árido que la superficie de un desierto y convierte la lectura de sus obras en una auténtica travesía del Sahara. A ello hay que añadir que llamar a este libro novela es bastante inexacto. Veamos su argumento. Una noche, el narrador sube a una colina y se queda traspuesto, cual San Juan. En ese rapto místico, su alma se interna en las profundidades del espacio y el tiempo, vagando de mundo en mundo y fusionándose con las de otros viajeros mentales como él, lo que le permite ser testigo de la existencia de mas o menos toda la vida inteligente del universo, hasta su total existencia.

Esto si que es “literatura de ideas” y no lo que entendemos normalmente como tal. El protagonismo se da a las especies y a las sociedades, los individuos brillan por su ausencia. No es que los personajes carezcan de interés, es que no hay. El “Hacedor de estrellas”, al que hace referencia el título, la voluntad oculta y el poder definitivo que creó las estrellas, otra vez hablando en plata, es Dios, que también aparece hacia el final del libro.

Es un libro ambicioso hasta alturas astronómicas, mas cercano a un tratado filosófico que a una novela. Difícil de leer y, sí, aburrido, muy aburrido. Sin embargo, la desbordante imaginación de su autor hace que la travesía no resulte completamente infructuosa para el lector. Aunque algunas de sus ideas ya resulten muy ingenuas a un lector moderno, otras son muy atractivas y en sus muchas e interminables descripciones de otras especies, probablemente aparezcan algunos de los alienígenas más originales de la historia de la ciencia ficción.

viernes, 1 de septiembre de 2017

“Trilogía del abismo: Los piratas fantasmas” de William Hope Hodgson


Nos encontramos aquí con una pequeña obra maestra dentro de la temática de los barcos malditos o embrujados. Si ese es el caso. Enigmática como deben ser estas historias, nunca queda claro que es lo que realmente está pasando. La sugerente hipótesis que hace el protagonista es que el mundo encierra varias realidades y, por algún motivo, el buque de la narración es accesible para los seres de una de estas otras realidades que conviven con la nuestra. Pero es solo eso, una hipótesis.

La novela cuenta meticulosamente como las noches de la tripulación se convierten en una pesadilla, a medida que esta va perdiendo progresivamente el control de su propio barco. Empezando con misteriosas apariciones, entrevistas por el rabillo del ojo, que suben a bordo desde el fondo del mar, siguiendo por accidentes inexplicables y la pérdida de contacto con el resto del mundo, hasta llegar al gran y terrible final.

La narración avanza con un pulso excelente, aumentando progresivamente la tensión, conforme los protagonistas recorren todo el camino que pasa desde el escepticismo al pánico y la desesperación. Ninguno de ellos está muy perfilado, pero en este caso me parece permisible, puesto que todo el relato está subordinado a la narración y no hay tiempo ni necesidad de grandes complejidades psicológicas.

Mis únicas pegas, me parecen innecesarios los dos epílogos finales, el cuento ya había terminado. Puedo aceptar uno, por el cambio de punto de vista, que es relevante, pero dos ya es exagerado y, extrañamente, lo que se cuenta no acaba de encajar del todo con lo leído previamente. Además, el uso y abuso de términos náuticos vuelve incomprensibles párrafos y casi páginas enteras.

PD: Con esta reseña termino la trilogía del abismo de Hodgson, no tengo intención de reseñar “La casa en el confín de la tierra”, aunque probablemente sea la mejor de las tres narraciones, básicamente porque ya le he leído y no tengo ganas de volver a hacerlo.