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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

sábado, 26 de mayo de 2012

Detective de ficción


Hacía mucho que no ponía un post de divagaciones. Allí van:

Después de tantos años vividos, viendo películas y series de televisión, leyendo libros y cómics, uno ha desarrollado cierta habilidad para desentrañar las tramas policíacas, que me propongo compartir con mis sufridos, y escasos, lectores. Así que vamos a listar una serie de métodos que permiten descubrir al asesino en el noventa por ciento de los casos. Dichos métodos no son aplicables a la vida real, porque se basan en las reglas que rigen los universos ficticios, que no son las mismas que las de la realidad.

El método Mike Hammer. Llamado así porque lo desarrollé durante mi infancia viendo episodios de la serie protagonizada por Stacy Keach. Puede definirse como "El asesino es el único sospechoso"

Parece una obviedad, pero resuelve mas del cincuenta por ciento de los casos, y todos los de aquella serie de televisión, cuyos episodios siempre empezaban con el asesinato de un amigo de su gafado protagonista. Podríamos expandirlo a algo así: el asesino es aquel personaje que no pinta absolutamente nada en la historia, a menos que al final resulte que es el asesino. Suele ser un tipo que presentan al principio de la historia, tiene un par de apariciones e intercambia algunas frases con el detective y no hace nada mas. La investigación descubrirá morbosos secretos sobre el resto de los sospechosos, a los que llegaremos a conocer muy bien, y sobre la víctima, pero sobre este personaje no, sus conversaciones son irrelevantes y podrían ser eliminadas del metraje sin afectar al desarrollo dramático. Es un personaje colocado para que sea el asesino y esa es su única finalidad.

El método del dato irrelevante: Ya adulto, hubo una temporada en la que volvía a casa del trabajo los viernes y mientras comía me tragaba el final de un capítulo de "Se ha escrito un crimen", que estaban viendo mis padres. Para mi sorpresa descubrí, que viendo solo los diez últimos minutos, puede ser muy fácil descubrir al asesino.

Justo antes de la escena final, una chica mona con la que está hablando la psicópata de Jessica Fletcher, recibe una llamada de teléfono, al parecer de los pintores que tienen manga por hombro su casa. !TACHAM!!! !Está tía es la asesina! !No sé a quien ha matado, como lo ha hecho, ni porqué, pero esta tía es la asesina! ¿Que como lo sé? Porque en las películas y en las series de televisión, incluso en las malas, al contrario que en la vida real, y salvo que el guionista sea Tarantino, nunca se dice nada superfluo, todo lo que muestran obedece a alguna función. ¿Y que demonios nos importan las obras en casa de esta chica? !Absolutamente nada! Eso quiere decir que esta estúpida acaba de abrir la boca ante quien no debía, y, por culpa de esa información aparantemente inofensiva y trivial, acabará sus días en el corredor de la muerte (la serie es americana)

Podríamos formularlo como: "El asesino es aquel personaje que proporciona una pieza de información absurda e insignificante, cuya presencia en el guión solo puede deberse a que es la pista que permitirá atraparle".

El método del asesino llorón Desarrollado también visionando "Se ha escrito un crimen", este método necesita de un mayor conocimiento de la trama que el anterior. Se puede definir como "El asesino es aquel personaje que cuando se vea acorralada y confiese, proporcionará la escena mas conmovedora". Típicamente es un personaje que sentía un gran afecto por la víctima.

El asesino es.....el asesino Mas eficaz de lo que parece a simple vista. En muchas películas nos encontramos con el caso de que existe un personaje bastante repelente, enemigo acérrimo del pobre inocente que se ha convertido en sospechoso de asesinato, que hace todo lo posible por entorpecer la investigación, mentir, manipular, amenazar al detective protagonista, intentar matarlo... Además, todo parece girar alrededor suyo, todos los trapos sucios que la investigación desvela están relacionados con él, y los esqueletos que salen de sus armarios le pertenecen. Además, se le vió abandonando la escena del crimen pocos momentos después de que este sucediera. Al final, para incomprensible sorpresa de algún personaje secundario, se descubre que es el asesino. Parece tonto, pero este es un método muy eficaz.

La aplicación de cualquiera de estos métodos no chafará ninguna sopresa al espectador, porque, reconozcámoslo, solo sirven para historias muy poco sorprendentes. De todos modos, como aficionadillo menor a ellas, he de decir que personalmente prefiero la coherencia a la sorpresa. Las sorpresas son divertidas, pero para involucrarme en una historia tengo que creérmela, y eso significa que las cosas no pueden cambiar bruscamente. ¿Que el asesino es el asesino? Que se le va a hacer, si la alternativa es que algún personaje de repente se comporte de modo opuesto a todo lo que sabemos o se ha insinuado de él, o que de un plumazo alteren el pasado de todo lo que llevamos observados tendré que darlo por bueno.

martes, 15 de mayo de 2012

"El espejo de Salomón" de León Arsenal



Bueno la novela va de que Alejandra, una joven historiadora que nunca ha podido ejercer su carrera, cae por casualidad tras la pista de un codicilo visigodo escrito en alfabeto ulfiliano (si quieren saber lo que es lean el libro), que está relacionado con una serie de misteriosas muertes, y esa investigación la llevará a la búsqueda de un portentoso tesoro, en el que están interesados organizaciones secretas, y misteriosos maleantes y......

¿He comentado lo mucho que odio los thrillers esotéricos? Si lo hice, lo repetiré, mil reseñas que hiciera, mil reseñas que lo diría, entretenimientos deshonestos disfrazados con pretensiones místicas para inmaduros que se avergüenzan de leer novelas policíacas, película tan aburrida "El código Da Vinci"....Desearía que existiera un infierno, para que Dan Brown pudiera quemarse en él por toda la eternidad.

¿Que pudo llevarme a leer este libro? Pues que he leído otros del autor, y aunque nunca me entusiasme, me resulta muy ameno, que no es poco, no insulta mi inteligencia y tiene sus detalles de veracidad.

¿Esta novela en concreto? Pues los personajes son mas planos que el pecho de una top-model moderna. La principal característica de Alejandra es que tiene una larga melena rizada color chocolate, que se menciona en todos los párrafos en que aparece, y que tiene propensión a vestir vaqueros y camisetas entalladas con los hombros descubiertos. La investigación en sí, carece por completo de interés, sus métodos consisten en pedir consejo a sus amigos, que la ponen en contacto con expertos que cuentan todo lo que se necesita saber. En los agradecimientos del libro se dice "es tan importante saber a quién recurrir en busca de información como contar con la ayuda de quienes pueden introducirnos a tales expertos". Pues la trama de la novela valida esa máxima, pues todo se descubre a golpe de conversación con expertos. Puede que así sea la vida real, pero me divertía mucho mas con los disfraces de Sherlock Holmes y sus rebuscadas deducciones, derivadas de hechos que habían escamoteado al lector.

Para que el lector no se aburra entre conversación y conversación, muy pronto entran en aparición los malos, con capítulos propios que e alternan entre las conversaciones con expertos. Tampoco es que hagan mucho, ni tampoco hacen demasiado los policías que se incorporan para darle mas vidilla a la trama, que es previsible, pausada y en nada emocionante. Mención especial merece el episodio a lo Indiana Jones en el barrio de Salamanca, en Madrid, aunque después de verme las películas de Nicholas Cage uno ya está curado de espanto.

El estilo es sencillo, eficiente, recalcando constantemente lo obvio, sin florituras ni defectos obvios, me ha recordado el de algunos libros juveniles.

Entonces, el infatigable lector que haya llegado hasta aquí se estará preguntando, si ni el estilo, ni los personajes, ni el argumento, tienen mayor interés ¿porque seguí leyendo este libro hasta el final? ¿Cabezonería?. Puede. A pesar de lo que llevo dicho, el libro es extremadamente fácil de leer, lo que no es ninguna tontería. La lectura de la novela me ha resultado sumamente agradable. Incluso diría relajante, aunque no es lo mejor que se puede decir de un supuesto thriller. Me gustó sumergirme un par de ratos al día en este universo de eruditos charlatanes en temas bizarros. El enigma histórico a tratar, por así decirlo, es bastante interesante, y a mi ignorante mente todo le ha parecido creíble y factible, históricamente hablando, aparte de que me ha iluminado algunas zonas de la historia de las que no tenía ni idea. Aunque están muy poco desarrollados, algunos personajes muestran conmovedores destellos de humanidad cuando menos te lo esperas. En particular, es muy difícil no simpatizar con Alejandra, cuando se hacen patentes sus verdaderos motivos para seguir con una investigación que se está volviendo peligrosa.

Así que bueno, no recomendaría a nadie que la leyera, pero me lo he pasado bien haciéndolo.

miércoles, 2 de mayo de 2012

"El puente de los asesinos" Arturo Pérez Reverte



Existen dos tipos de novelas del capitán Alatriste: las que tienen entidad como novelas por si mismas y las que no son mas que capítulos, incidentes en la novela mayor y mas larga que cuenta su vida y la de Iñigo. Así, mientras "El capitán Alatriste", "El caballero del jubón amarillo" o incluso "Limpieza de sangre", tienen entidad por si mismas, "El sol de breda" o "Corsarios del levante", no son mas que colecciones de anécdotas y descripciones de la época, que recogen aspectos de la vida de los protagonistas, son entretenidas y tienen sus peleillas, pero en las que en el fondo no pasa nada. Algo así ocurre también con "El oro del rey" y con esta "El puente de los asesinos", breves crónicas de "missiones imposilbes" del héroe y sus allegados.A pesar de la gravedad de los acontecimientos, nada de lo que ocurre tendrá demasiadas repercusiones en la serie, parece como uno de esos típicos episodios de relleno en la series de televisión americanas.

Carezco de datos para valorar históricamente la trama. Eso se lo dejo a novela antihistórica. Me limitaré a lo plenamente narrativo.

Arturo Pérez Reverte es un autor de reflexiones y personajes, que ha menudo resultan mas interesantes que sus tramas. Así cada frase suele estar jalonada con reflexiones sobre el carácter del personaje que ocupe la acción en ese momento, o la tesis que defienda la novela. El problema con el capitán Alatriste, es que independientemente de que funcionen bien en solitario o no, lleva ya siete novelas. Vale, sí, son cinco años desde la anterior, pero son siete novelas diciendo lo mismo una y otra vez. Al que las haya leído todas, como yo, empiezan a chirriarle los dientes cuando nos habla de "aquella época gloriosa y decadente", de la "madrastra ingrata" que es España, o del pesimismo y lo buen soldado que es el Alatriste.

Las disertaciones de política de la época tampoco dicen mucho. Lo bastante breves para no ponerse pesadas, pero demasiado superficiales para que un neófito encuentre nada de interés, se convierten en párrafos por los que pasar por encima. Algunos pasajes o descripciones, Roma, el astillero, se me hicieron bastante irrelevantes y me resultaron poco evocadores. Aparte del hecho de que el protagonista, justo al final, se comporte como un auténtico idiota irresponsable, que arriesga y sacrifica las vidas de los hombres a su cargo de modo absurdo e inútil, aunque curiosamente el narrador lo apoye y hable de traiciones, que jamás se habrían producido si se hubiera limitado a cumplir sus órdenes, como suelen hacer los soldados.

Dicho esto, aunque se habla demasiado, el crescendo de la trama es bastante modélico. El antiguo adversario convertido en aliado provisional, Gualterio Malatesta, con el que el capitán Alatriste tiene mas en común de lo que le gustaría reconocer, genera algunos momentos inolvidables. Todo desemboca en un climáx inolvidable y perfectamente orquestado, que, por desgracia, es completamente desaprovechado en un final apresurado y anticlimático.

"Nova" de Samuel R. Delany



Mi relación con Delany es curiosa. Mi hermano me regaló la primera parte de "Dhalgren", porque le confundió con Roger Zelazny y acababa de leer los "Nueve príncipes de Ámbar". Soy un completista nato. He llegado a perseguir por librerías de viejo las novelas de Gregory Benford del centro galáctico, o la culminación de "Campo de Batalla: la tierra", porque una vez que empiezo algo, no importa cual sea su calidad, llego hasta el final. No es el caso de "Dhalgren", que a día de hoy no he vuelto a reemprender. Quizá sea porque aquellas declaraciones del finado Planells, en las que decía que era un tour de force, una novela bien escrita que no aburre, pero en la que no pasa absolutamente nada, o quizá sea que la escena en la que un tipo al que recuerdo como un motorista vestido de cuero le hace una felación al protagonista fue demasiado para el adolescente que entonces era. En cualquier caso, desde entonces solo he leído "Babel-17", que mas que otra cosa es curiosa y como especulación lingüística carece de interés, no estando a la altura de "Los lenguajes de Pao", por poner un ejemplo.

El mismo Planells consideraba Nova una de las mejores obras de Delany, lo que me ha animado a leerla. Y que quieren que les diga, si esto es lo mejor...La novela empieza bien, y tiene sus momentos, pero defrauda las espectativas que crea al comenzar. Tenemos a un capitán con una cicatriz cruzándole la cara, que reune a una tripulación formada por un erudito, un gitano, dos gemelos (uno moreno y otro albino), una hechadora de cartas y un tipo rodeado de pájaros, para sumergirse en una estrella cuando se convierta en nova y extraer un elemento valiosísimo del que depende toda la economía.

Con estos mimbres uno se espera una space opera colosal, asistir a como esta variopinta tripulación se enfrenta a una serie de retos cada uno mas grande que el anterior, mientras visitan todo tipo de mundos exóticos y les vamos conociendo poco a poco.

Pero no, aunque me parezca un crimen, Delany ignora a este grupo tan pintoresco por completo, centrándose únicamente en el capitán, el erudito y el gitano. Y lo primero que hace es contarnos en un largo flashback que se lleva la mitad de la novela las razones de la enemistad de la familia del capitán, una de las mas ricas de las colonias, con una de la mas ricas de las familias de lo que podríamos llamar "el viejo mundo".

Se visitan un par de mundo, un par de peleillas y eso es todo. No hay épica ni sensación de auténtico peligro. El erudito, que es un personaje divertido, habla y habla sobre cualquier tema, y llega ponerse pesadito, aunque algunas de las cosas que diga sean interesantes, otras son pretenciosas y aburridas. Hay un cierto snobismo que recorre toda la novela. Por lo demás, hay alguna especulación curiosa, el tema de los enchufes principalmente y algunos apuntes socio económicos interesantes, pero poco trabajados. Donde Delany dispara toda su munición es en el estilo. Es uno de esos autores a los que no les preocupa lo que cuenta, ni sus personajes, sino como lo cuenta. Y su estilo se me hace demasiado artificioso. Exceso de adjetivos y de imágenes que producen largos párrafos en los que no pasa nada. Descripciones tan complicadas que no acabas de entender lo que se describe.

Leí no hace mucho un artículo en el país en el que el firmante ponía parir a Scorsese y a Spielberg diciendo algo como que "siempre tienen que ser geniales", "siempre tienen que hacer una obra maestra". Aparte de lo que me cabreara (Scorsese me parece el mejor cineasta en activo de Estados Unidos y, independientemente de si me guste o no sus películas, Spielberg es de los que mejor dominan su oficio), entendí la idea, y me parece aplicable a la prosa de Delany. Delany intenta deslumbrar en todos y cada uno de los párrafos. Trata de ser genial, poético y evocador en cada puñetera frase. El resultado es que carece de contrastes, que da un empaque innecesario a acontecimientos que carecen de ello, mientras que no profundiza en los aspectos mas interesantes de la trama, resultando un caramelo insulso, envuelto en un papel muy brillante.

Lo mejor: es una novela breve. No quiero ni pensar lo que Peter Hamilton o Iain Banks habrían hecho con el mismo argumento.