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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

sábado, 28 de marzo de 2020

“El proclamador – La ida” de Robert Silverberg




Durante mucho tiempo he sido capaz de mantener la media de una entrega semanal de este blog. Guarden ese hermoso recuerdo, por cierto. El secreto no estaba en que sea un lector compulsivo (que lo soy), ni que los trayectos de ida y vuelta al trabajo solían suponer hora y media de lectura diaria (que también), si no en ir con retraso y dedicarme a reseñar los libros que leí hace más de una semana.

Eso me permite rellenar esta entrega, dedicada al inevitable Robert Silverberg, que sube enormemente el nivel con respecto a mis últimas reseñas.

Este volumen se compone de dos novelas cortas “El proclamador” y “La ida”, las dos bastante interesantes, aunque con sus defectos.

“El proclamador” creo que puede considerarse una sátira, a costa de las religiones organizadas. Situado en un ficticio fin de milenio que nunca fue tan apocalíptico en la vida real, un predicador religioso convence a la población de la Tierra para que rece unida, pidiendo a Dios una señal, que les de esperanza en esos días sombríos. Como resultado, la Tierra detiene su rotación durante un largo periodo de tiempo. Esta señal ineludible, que debería unir a todos los credos, al final no sirve más que para crear discordia. Las religiones oficiales no se posicionan o la niegan, puesto que el profeta, el “proclamador” no viene de su seno, las minoritarias se la atribuyen y acaba siendo revindicada por los cultos apocalípticos a los que se pretendía combatir.

El “proclamador” no deja de ser una figura trágica, es un hombre de paja, un antiguo timador elegido por su carisma por la cúpula de su culto. Bastante más sensato que esta, se da cuenta pronto de la verdadera situación, pero sus intentos conciliadores son bloqueados por los verdaderos dirigentes, cuya sed de poder terminará en tragedia. Al final, el pobre hombre será declarado el anticristo por la iglesia católica.

La novela se compone de una mezcla de testimonios, noticias y semblanzas de personajes, con pocos momentos puramente narrativos. Este recurso sirve para dar una perspectiva global de la situación y resulta casi ineludible en este tipo de historia, pero no siempre funciona. Algunos de los testimonios son demasiado evidentes, demasiado funcionales. Se echa en falta una pizca más de desarrollo de personajes y quizá todo vaya demasiado deprisa.

Quizá esta historia hubiera resultado más eficaz en un registro más cómico o humorístico, algo que parece quedar fuera de las capacidades de Silverberg. No está mal de todas formas.

“La ida” es una obra muy distinga. Transcurre en un futuro en el que la medicina ha alcanzado tal desarrollo que la enfermedad ha sido completamente desterrada. Las personas sólo mueren en accidentes, crímenes o suicidio. Para mantener la población estable, sólo se permite un nacimiento cuando otra persona muere. Como consecuencia, como se dice en la propia novela, es la primera cultura humana que considera el suicidio como algo positivo. Apartarse de en medio para dejar paso a la siguiente generación, hacer girar la rueda. Cosas así.

¿Utopía o Distopía? Personalmente, yo me decanto por lo primero.

La novela sigue el proceso, o tal vez debería decir el ritual, de un anciano (casi todas las personas lo son, en la novela) que ha decidido despedirse de este mundo. Abandona sus posesiones y se va a vivir en una residencia donde otros que han tomado la misma decisión se preparan para la “ida”.

Todo es extraordinariamente civilizado en este lugar, en ningún momento se les mete prisa, es más, al protagonista le recalcan hasta el final que puede cambiar de opinión en cualquier momento, se trata de morir cuando se esté preparado o la vida ya no ofrezca alicientes. La residencia ofrece todas las comodidades posibles, cuidados médicos y psicológicos, incluso vacaciones pagadas y viajes a cualquier rincón del mundo que se desee ver, antes de morir.

El conflicto, si lo hay, reside en las motivaciones del músico protagonista para abandonar la vida, que insiste una y otra vez que no quiere cambiar de opinión, pero que retrasa la “ida” continuamente.

Expresé mis dudas sobre la existencia del conflicto, porque este es nimio. Tengo la sensación de que el interés de Silverberg era ilustrar el procedimiento de suicidio civilizado, pero que, aunque la idea le gustaba, no conseguía construir una historia con ella. Si creo que a “El proclamador” le habrían venido bien más páginas, a “La ida”, me parece que le sobran. Aún así son dos obras interesantes y un volumen recomendable.

viernes, 20 de marzo de 2020

“Los juegos de Nemesis” de James A. Corey


Con esto de teletrabajar estoy durmiendo tres cuartos de hora más, lo que significa que estoy más despierto por las noches y más capaz de prestar atención a lo que leo. Así que he sacrificado el tiempo que suelo dedicar a leer relatos de Robert Silverberg para terminarme esta novela, de la que ya llevaba cerca de dos terceras partes cuando estalló la crisis del coronavirus.
La novela resulta un entretenimiento eficaz, como tienen por costumbre las novelas de la saga de “The expanse” (que supongo que se refiere a la expansión de la humanidad por el cosmos y no al elongamiento de penes, como parecían pensar todos mis conocidos cuando les hablaba de la serie televisión ¿Cuántas veces habré hecho este chiste?)
Sin entrar en spoilers, supone un punto de inflexión dentro de la saga, el status quo se derrumba de tal modo que las cosas nunca volverán a ser las mismas. Todo sale mal y, aunque las tramas principales del libro se resuelven, no lo hacen así las tramas generales, que quedan en el aire de un modo espectacular. Quizá por eso, los aficionados del otro lado del charco sienten un gran cariño por esta entrega. Para ellos es como “El imperio contraataca” y “La boda roja”.
Mis propios sentimientos son más mezclados. Para mi gusto, la novela tarda demasiado en arrancar y demasiado en terminar. Eso si, durante el resto es casi imposible soltarla. Los autores han adquirido una innegable pericia en mantener el ritmo de su narración y crear expectativas en el lector.
En esta ocasión, no hay personajes nuevos, sino que la tripulación de la Rocinante se divide y cada uno de los tripulantes carga con su propia línea argumental. A estas alturas de la serie, si sigo leyéndola es porque les he cogido cierto cariño, pero no dejo de encontrar que son los personajes más flojos de una serie que no destaca por el desarrollo de los mismos. Para la ocasión, los autores relegan al fondo del escenario al antaño omnipresente Holden y desarrollan más el pasado y las personalidades del resto de la tripulación, con resultados desiguales. Mientras que Alex me sigue pareciendo algo forzado, Amos y Naomi se revelan mucho más interesantes. Por cierto que se nota que la serie de televisión se ha rodado con este libro en mente. Así, Amos que hasta ahora era simplemente el tipo duro de la tripulación, se parece más al psicópata de la serie, en la que se han revelado ya muchos de los secretos de Naomi, que deviene el personaje más interesante.
Por desgracia durante un tercio largo del libro, los protagonistas se enredan con sus problemas personales y con investigaciones tan carentes de interés como la de “El despertar del Leviathan”, consistentes en ir preguntando a gente que no les dice a nada. Finalmente la cosa se lía y se lía muy gorda. En esta ocasión, el desencadenante de la acción es puramente humano, político, dejando en pausa la trama alienígena para libros posteriores. Cada uno de los tripulantes de la Rocinante deberá luchar por su supervivencia, especialmente Amos, cuya trama, aunque tal vez necesaria, por el punto de vista que aporta, está completamente desconectada de las demás y quizá resienta el ritmo de la novela. La trama de Alex está bien y la de Naomi es de lejos la mejor.
Los autores hacen pasar a este personaje por un auténtico infierno, físico y mental, en el que tendrá que afrontar sus demonios del pasado y sobreponerse para salvarse a sí misma y a sus compañeros, revelándose como una mujer llena de recursos, tal vez demasiados, una auténtica McGyver del espacio.
Lástima que los autores no tengan la misma pericia demostrada en otros quehaceres en describir sentimientos, porque de tenerla, la parte de Naomi hubiera dado lugar a una gran obra. Por desgracia, las cosas son como son y su sentimentalismo es tan bienintencionado como pueril. Pero hacen una buena space opera.
Nada de ello particularmente sorprendente para los seguidores de la saga. Un buen entretenimiento y poco más, lo que no es poco. Personalmente, encuentro muy interesantes los escenarios y el modo, a mi parecer bastante realista, en que describen como podría ser la vida en el espacio, pero espero que próximamente sepamos más de la protomolécula y de los nuevos mundos que aguardan a la humanidad.
Bueno, ya está, he conseguido escribir la reseña. ¿Quedará alguien a quien pueda interesarle lo que opino de esta novela, con la que está cayendo? Estamos más necesitados que nunca de evasión, pero leer libros es una opción muy superior a leer sobre libros. Si al menos mis chistes fueran mejores ...

viernes, 13 de marzo de 2020

“Próxima parada: las estrellas” de Robert Silverberg





Una vez más, reseña una antología de relatos de Robert Silverberg, en esta ocasión, me temo que tan breve como decepcionante.

Por una vez, la antología empieza por el plato fuerte, la novela corta que da título al libro, una nueva lectura de un tema tópico, el hombre de la actualidad que se ve misteriosamente desplazado a un futuro lejano. No faltan casi ninguno de los tópicos más manidos: comunidades de humanos que han olvidado su pasado y retrocedido cultural y tecnológicamente a la edad de piedra, mutantes con poderes psíquicos, robots y cerebros electrónicos. Contiene sin embargo unos personajes muy atractivos, unos extraterrestres gigantes que observan a los humanos como si fueran un experimento de control de poblaciones. A pesar de sus esquematismos, tiene cierto encanto.

“Las canciones del verano” parece una versión complementaria de la anterior historia. Una vez más un hombre del presente es trasladado a un lejano futuro, pero en vez de ser un mesías salvador de una humanidad degenerada, en esta ocasión aterriza en una sociedad idílica y pastoril, a la que trastornará con sus groseros y codiciosos modos. A su modo es igual de tópica que “Próxima para: las estrellas”. Está mejor escrita, pero me gustó menos.

 “Saltador” es un relato más curioso, sobre un funcionario con aversión a las multitudes y los espacios cerrados, que investiga una serie de desapariciones. Gente que parece estar viajando hacia atrás en el tiempo, ya que la historia indica que en algún momento del pasado aparecieron un montón de fugitivos del futuro. Lo curioso es que no busca impedir el viaje temporal, sino conseguir que el gobierno obtenga beneficios con él. Curioso, pero poco más que anecdótico. Así y todo está mejor que el siguiente “Llama de gloria” la historia de una especie de mecánico de naves espaciales que se sacrificó heroicamente para salvar su navío, a pesar de tratarse de una persona desagradable y xenófoba.

Para afirmarlo con certeza, tendría que hacer unas investigaciones que no me apetecen lo más mínimo, pero da la sensación de que son relatos que Silverberg escribió al comienzo de su carrera, cuando todavía estaba muy verde como escritor y su habilidad narrativa no estaba aún lo suficientemente desarrollada como para salvar un argumento flojo. Por ello carecen casi por completo de interés, salvo algún detalle de ingenio, aquí o allá.

La antología se completa con un relato de J. G. Ballard.
¿Será esta la última entrada de mi blog? Tal vez en mucho tiempo, coronavirus aparte, el teletrabajo es seguro que va a disminuir gravemente mi ritmo de lecturas.

sábado, 7 de marzo de 2020

“Luna de Zambebwei” de Robert E. Howard





Dice el diccionario de la real academia española:
fetichismo

1. m. Culto de los fetiches.

2. m. Veneración excesiva de algo o de alguien.

3. m. Psicol. Desviación sexual que consiste en fijar alguna parte del cuerpo humano o alguna prenda relacionada con él como objeto de la excitación y el deseo.

fetichista

Del fr. fétichiste.

1. adj. Perteneciente o relativo al fetichismo.

2. m. y f. Persona que practica el fetichismo.

En varios de los relatos de “Luna de Zambebwei” se menciona a un “fetichista”. Se trata siempre de un siniestro hechicero que siembra el terror con sus embrujos. De acuerdo al diccionario de la RAE, la traducción es completamente válida, pero el uso del segundo significado está tan ampliamente extendido, que tal vez resulte poco afortunada. Al leerlos no podía evitar pensar: ¡Vaya con la moral ultrapuritana de Texas! Montar este jaleo por un tipo que igual solo tiene una fijación inofensiva con los tacones o los ligueros. Bueno, quizá si fuera con los látigos...

Esta antología recopila los relatos de Robert E. Howard relacionados, aunque sea remotamente con el vudú y la magia africana. Cualquier conocedor de su obra imaginará que su lectura lo expone a un riesgo muy desagradable y no me refiero a truculentas descripciones de sacrificios humanos, sino a las racistas opiniones de Robert E. Howard, más patentes aquí que en otros relatos. Dentro de lo malo, las cosas no son tan graves como cabría esperar. Los negros son descritos como holgazanes, ignorantes, asustadizos y siempre propensos a caer en el salvajismo, aunque en otras ocasiones Howard describe ese rasgo como consubstancial a la especie humano y, en el fondo, beneficioso. A pesar de ello, las personas de raza negra son descritas, en general, como inocentones inofensivos que sólo son peligrosos cuando son manipulados por algún villano carismáticos y Howard llega a permitirse algún comentario laudatorio, dicho sea de paso muy en plan perdonavidas, en “La mano de Obeah”:

 “Los negros también pueden ser héroes”

El libro se divide en dos secciones: “Magia africana” y “Historias de vudú”. La segunda es, a mi parecer mucho mejor que la primera, en la que los comentarios racistas son más gruesos y pueden ser ofensivos hasta para un blanco que no sea nórdico.

El seguidor de las publicaciones españolas de Robert E. Howard se llevará un par de sorpresas desagradables. Una es la inclusión de “Zarpas negras”, relato que fue incluido en el recopilatorio “Los hijos del odio” y “El hechizo de Damballah”, que lo fue en “La piedra negra” que he reseñado hace poco tiempo. Uno es flojo y el otro es tremendamente malo. Todo sea hecho en nombre de la completud temática.

Completud temática que también exige la inclusión de “Palomas del infierno” y “Canaán negra”. En este caso, me resulta mucho más difícil quejarme. “Palomas del infierno” es probablemente la mejor historia de terror de Howard. Transcurre en una mansión en ruinas, en medio de una antigua plantación sureña abandonada. Creo que es la única de sus historias que pertenece exclusivamente al subgénero de “casa encantada”, aunque podría equivocarme y hacía bastante que no se recopilaba.

Todo lo contrario de “Canaán negra” que no para de reeditarse y que sigo disfrutando igual, cada vez que lo leo. Funciona a muchos niveles, como historia de aventuras, de terror y de fantasía. No es extraño que la primera vez que la leyera fuese como aventura de Conan el bárbaro. La sombra de una revuelta que se extiende desde lo más profundo del pantano y pende como una espada sobre todo el relato, el personaje de la bailarina-hechicera y su destino, son recuerdos que se quedan grabadas a fuego en la memoria.

Quizás los hombres-cocodrilo sea lo único un poco más flojo.

Del resto de los relatos, puede que “Luna de Zambebwei” ya lo hubiera leído, editado por ediciones jaguar, no estoy seguro, algunos relatos de Robert E. Howard se parecen tanto que es confuso distinguirlos. Por cierto que es un relato bueno.

El resto del material incluido, más o menos la mitad, era la primera vez que lo leía. El conjunto es bastante equilibrado y una buena muestra de los defectos y virtudes de Robert E. Howard. Personajes estereotipados, supuestas revelaciones de lo más evidentes (“La mano de Obeah”), pero también una narración que avanza a base de impactantes golpes de efectos, con un sentido del ritmo avasallador, que hace atrapa al lector como pocos autores son capaces de hacer y y hace que no se cuestione demasiado lo que lee. En algunos relatos, aquí y allá, unos golpes de genio y una capacidad para crear expectación y atmósferas, especialmente las siniestras, sencillamente magistral, que brilla en relatos, como los ya mencionados y “Nación negra”. Diría más, en los mejores relatos de este volumen y hay unos cuantos, la atmósfera es el verdadero protagonista.

sábado, 29 de febrero de 2020

“La odisea de Green” de Philip José Farmer

Hubo un tiempo en que hubiera declarado que Philip José Farmer era mi escritor de ciencia ficción favorito. Me temo que tal afirmación se debía a que uno de mis hermanos era un gran fan suyo y por entonces calcaba todas mis opiniones de las suyas. Debido a su admiración le regalé todos los libros de la serie de “La mazmorra” creyendo erróneamente que los había escrito Farmer. Espero que algún día pueda perdonarme.

Me gustaron mucho los cinco libros de la serie de “El mundo del río”, aunque en retrospectiva, las mini-biografías de los personajes reales pueden hacerse un poco pesadas. Guardo un recuerdo maravilloso de “Noche de luz” y “Las ballenas volantes de Ismael”. Literalmente. No me refiero sólo a que recuerde que me gustaron mucho, sino a que las recuerdo como cumbres del sentido de lo maravilloso. “Mundo de día” me pareció original e imaginativa, aunque más curiosa que apasionante. Tanto ella como su secuela eran muy entretenidas. Nunca fui capaz de encontrar el tercer ejemplar de la serie. Ni siquiera en inglés.

“Los amantes” me parece sobrevalorada. “Mundo infierno”, que ha sido recientemente republicada por Gigamesh, también es original e imaginativa, supone un claro precedente de su saga del “Mundo del rio” y me pareció mala de solemnidad. Pero la que ya me resultó inaguantable fue “Lord Tyger” y lo peor de todo era que la publicidad decía que se trataba de la mejor obra, literariamente hablando, de Philip José Farmer. Por cierto que lo mismo dice el artículo de David Pringle y Johhn Clute que sirve de introducción a “La odisea de Green”.

Llegué a la conclusión de que Philip José Farmer era más un escritor de fantasía que de ciencia ficción, que en vez de hundir las raíces de su inspiración en las leyendas medievales, lo hacía en la cultura popular, en los pulps principalmente. Y que yo no compartía su fascinación por Tarzán.

El correr de los años transforma el rencor en nostalgia y me he acercado ilusionado a esta novela, esperando un reencuentro feliz.

“La odisea de Green” es una de las novelas burroughsianas de Farmer, como “El dios de piedra despierta” o “Las ballenas volantes de Ismael”. Con lo que quiero decir que es la historia de un terrestre lleno de recursos que da con sus huesos en un mundo alienígena, aunque poblado por seres humanos, o tan parecidos a los humanos que la distinción resulta ridícula. Como el Flash Gordon de Alex Raymond, que, por supuesto, también era un héroe burroughsiano. Alan Green incluso se parece físicamente a Flash Gordon, es rubio y musculoso.

Aunque ahí acaba el parecido. Farmer intenta romper algunos de los clichés del subgénero, con un protagonista más humano y menos aguerrido. Alan Green no es un astronauta, un explorador o un guerrero, sino un mero pasajero, que sobrevive a un accidente espacial en un mundo bárbaro y supersticioso, de tecnología apenas medieval. Sus habilidades marciales son más bien escasas y no tiene unos conocimientos científicos inusitados. Tropieza, cae y se da de morros bastante a menudo. Cuando empieza la novela lo encontramos esclavizado y convertido en amante forzoso de una aristócrata a la que detesta, a la vez que casado con otra esclava, madre de varios hijos, tan atractiva como dominante y de la que parece aterrorizado, porque es mucho más inteligente que él.

¡Que contraste con el típico héroe mesiánico del que se enamoran todas las princesas!

A pesar de estas buenas intenciones y de un cierto sentido del humor, la trama no tarda en encarrilarse por senderos más trillados cuando el personaje principal se embarque en un largo viaje, a bordo de un ¡barco terrestre! montado sobre ruedas.

Hago un inciso para detenerme en la creación más sorprendente del libro: el Xurdimur, una llanura de quince mil kilómetros de longitud, absolutamente llana, un auténtico mar de hierba, cruzado por barcos sobre ruedas, piratas e islas móviles, como no, habitadas por caníbales. No se puede negar a Farmer la potencia de su imaginación y si algo perdurará en mi recuerdo de esta novela, será este magnífico escenario, más que las peripecias de Alan Green.

Dichas peripecias, una vez embarcado, siguen un patrón episódico, muy habitual en las antiguas novelas de aventuras, quizá por su origen folletinesco, en el que el protagonista se enfrenta a una sucesión, aparentemente interminable de desafíos, unos más graves que otros, de los que siempre sale victorioso, hasta llegar a la conclusión, con muy poco sentido de progresión dramática. La verdad es que algunas de sus estrategias para salir victorioso son bastante pueriles y que en toda la novela no aparece un gran villano, digno de convertirse en la némesis de un héroe, a pesar de todo, demasiado acartonado.

A pesar de las buenas intenciones iniciales del autor, Green se comporta como un héroes muy convencional. A peor, Farmer no acaba de dotarlo de carisma, convirtiéndolo en un mero vehículo con el que recorrer situaciones de riesgo, en todo similar a otros héroes posteriores suyos. Resulta demasiado pragmático, demasiado calmado, incluso cuando afronta conflictos sentimentales que podrían resultar desgarradores (abandonar a una hija pequeña, nada menos). Green no parece afectado, no parece que le afecte nada, excepto los reproches de su mujer y no logra implicar al lector, más allá de la rutina.

Aunque la “Odisea de Green” está escrita con notable fluidez, adolece de una cierta bisoñez y apresuramiento, comprensibles en una primera obra. Hay soluciones improvisadas e inverosímiles, personajes poco definidos y descripciones confusas. Farmer se lía la manta a la cabeza en algunas escenas de acción, que resultan difíciles de entender y se esfuerza tanto en ser claro, que resulta farragoso y confuso, véanse los pasajes en los que el protagonista su tiempo y el del lector en orientándose.

A pesar de estos defectos, el resultado es una novela entretenida y agradable, que se lee con tanta rapidez como se olvida, ideal para leer en el metro, al regresar a casa después de un día de trabajo agotador. 

sábado, 22 de febrero de 2020

“La fiesta de Baco” de Robert Silverberg


“La fiesta de Baco” se compone de cuatro novelas cortas. La que da título al libro cuenta la historia de un astronauta de la NASA que, traumatizado por la pérdida de sus compañeros en una expedición a Marte, se une a una secta.
Estoy bastante seguro de que Robert Silverberg no resumiría a sí su historia, pero es como yo la interpreto. El autor se comporta como uno de esos escritores jóvenes, desesperados porque le tomen en serio, que cree ser profundo tecleando el mayor número de divagaciones posibles sobre Dios. El mismo mal que echó a perder “Battlestar Galactica”.

“Viajes” apenas puede considerarse un relato, puesto que la historia brilla por su ausencia. El protagonista se mueve por diferentes universos paralelos por medios inexplicados y el relato consiste, casi exclusivamente, en la descripción de los universos que visita. Así y todo, algunos de estos mundos no carecen de interés . Se encuentra dividida en capítulos y el último capítulo tiene su gracia. Podría haber sido un relato corto, eliminando todos los demás.

“La casa de las mentes dobles” transcurre en una “escuela” en la que se separan quirúrgicamente las mitades del cerebro de los niños alumnos (es decir, se les mutila) con el objeto de poder llegar a convertirlos en adivinos, de los que debe haber gran necesidad en el futuro. No había visto tomarse tantas libertades con la neurología desde que leí “Lámpara de noche” de Jack Vance. Ambos autores sueltan como si fueran verdades demostradas lo primero que les sale de las narices, lo que no quita fuerza al hecho de que lo que nos cuenta Silverberg es sorprendente y llamativo. Por desgracia, el relato apenas tiene más contenido que la descripción de la “escuela” y su fundamentos. Parece contar la historia de un prodigio que sufre el trágico destino que aguarda a los que son demasiado sobresalientes para su tiempo, pero digo parece, porque no cuenta mucho.

“He aquí el camino” cuenta todavía menos. Transcurre en un mundo en el que existen multitud de tipos o subespecies de humanos. Otra vez, es un escenario muy rico, que daría para una trilogía, de hecho, la historia de unos fugitivos que huyen de una invasión de bárbaros podría ser el comienzo de una saga de fantasía épica. Pero, una vez más, el relato se queda en la descripción del escenario. Prácticamente no pasa nada. Su finalidad, si la tiene, es una vaga alusión a los males de la humanidad que se hace al final.

Me resulta muy complicado valorar este libro. No incurre en el pecado mortal de aburrir al lector, pero ello se debe a la habilidad de Silverberg. El tipo de lectores que lo que buscan es aun autor con una voz propia, podrán saborearlo. Aquellos que lo que busquen es una historia que los atrape, no, porque prácticamente no hay historia en ninguna de la cuatro novelas. Su valor es puramente estético, Silverberg, en esta ocasión, prima la forma sobre el fondo, su habilidad literaria no se pone al servicio de la historia que quiere contar, sino todo lo contrario.

En resumen, me ha parecido un libro sumamente decepcionante.
 

sábado, 15 de febrero de 2020

“La piedra negra” de Robert E. Howard



“La piedra negra y otras aventuras sobrenaturales de Kirowan, Conrad y O'Donnel” es el título completo. Se trata de una recopilación de los relatos del autor pertenecientes al género que podríamos llamar “Horror cósmico”. La influencia de su colega y amigo Lovecraft es evidente y algunos de estos cuentos han sido recopilados en antologías dedicadas a los mitos de Cthulhu.

Este es un libro compilado por y para bibliófilos, estudiosos de la obra de Robert Ervin Howard. Los “protagonistas” son un dúo de investigadores de lo oculto, Kirowan y Conrad ,acompañados en ocasiones por O'donnel, que es más bien un pistolero. Pongo lo de “protagonistas” entre comillas porque tengo mis dudas de que esta aparente saga naciera del cerebro de Howard y no de sus editores. Es indudable que 3 o 4 relatos comparten protagonistas, pero el resto es más discutible, dada la querencia de Howard por los personajes de raíces célticas. No sería de extrañar que el protagonista de “La dentellada del oso negro” o incluso de “La perdición de Dermond” fuese un personaje distinto del mismo nombre.

Por otro lado, 4 de los relatos quedaron incompletos y fueron terminados por otro autor y dos de ellos parecen comienzos alternativos desechados, de otros relatos también incluidos. El resultado final de estos cuentos no es nada favorecedor para los colaboradores, demostrando, una vez más, que había más en el autor texano de lo que muchos quieren reconocer, con la notable excepción de “La casa en el robledal”, que fue completado por August Derleth, editor y colaborador del mismísimo H.P. Lovecraft, con el que logró un alto grado de compenetración estilística.

“La casa en el robledal” es uno de los mejores relatos incluidos en “La piedra negra”. El resto de los pastiches son medianamente entretenidos, pero muy olvidables. Aparte de él, los mejores relatos son: “La cosa en el tejado”, “Los que moran bajo las tumbas”, “La piedra negra”, “Los hijos de la noche” y los, para mí, sublimes “La perdición de Dermond” y “No me des sepultura”. Estos relatos conforman un tronco central de gran calidad, al que es muy difícil resistirse. La única pega es que la mayoría de ellos han sido ya incluidos en diversas antologías, algunas como ya dije, dedicadas a la obra de Lovecraft.

“Los hijos de la noche” es merecedor de otro post, que espero escribir algún día, no relacionado precisamente con sus virtudes literarias.

De los demás, “La dentellada del oso negro” es un típico cuento de sectas orientales malvadas que se podría haber incluido perfectamente en las antologías dedicadas a los detectives de Howard. Dentro de sus limitaciones argumentales, es entretenido y emocionante. “El morador del anillo” es el más “victoriano” de los cuentos, otros dicen que el más rosáceo, pero tampoco se puede decir que sea malo. El resto del volumen se compone de meras curiosidades, con algo de garra. Una cronología de la “saga”, poemas y fragmentos inacabados y dos cuentos completos, a los que parece faltar un pulido o una pequeña revisión para dejarlos listos para su publicación.

Para el lector aficionado a Robert E. Howard que sólo conozca su obra por las ediciones de “Los libros de Barsoom” y “La biblioteca del laberinto”, “La piedra negra” es una compra ineludible. También para sus bibliófilos, por su unidad temática, porque es la primera vez que aparecen todos juntos y por sus extras. En cambio, estos extras y complementos harán lamentar su compra al lector que sólo sienta un interés superficial por la obra del escrito texano.

sábado, 8 de febrero de 2020

“La brigada de la luz” de Kameron Hurley



Después de leer esta novela, desearía ser capaz de escribir una reseña que fuera tan buena como bueno es este libro. Por desgracia, estoy seguro de que no será así.

El argumento: En la primera página, un insurgente con la dentadura en un estado deplorable es detenido. Los interrogatorios a los que es sometido ese insurgente salpicarán el resto de la novela, en la que un soldado, de nombre Dietz, del que desconocemos su raza y género, narra en primera persona su entrenamiento y las misiones en las que participa.

Si hay una palabra que pueda describir este libro, sobre todo la parte que se refiere al entrenamiento es “visceral”. Jamás he visto una novela de ciencia ficción tan visceralmente anit-militarista, que describa de un modo tan crudo y sincero el proceso de convertir a casi adolescentes en máquinas de matar, sin justificaciones morales ni autoengaños. Desde el primer minuto, Kameron Hurley dispara certeramente al corazón del lector complaciente, llevándolo por senderos que preferiría no visitar.

En el futuro de la novela, la Tierra está, aparentemente, en guerra con Marte. Los soldados son “teletransportados” a los campos de batalla, convertidos en “luz”. Cada vez que Dietz da uno de estos saltos, además de en el espacio, salta en el tiempo, a otro de los saltos en los que ha participado, adelante y atrás dentro de su línea temporal. La novela se convierte en una historia de viajes por el tiempo en la que el protagonista vive su vida de forma no lineal, presenciando, por ejemplo, la muerte de sus amigos del alma, antes de conocerlos.

A través de sus idas y venidas por el tiempo, Dietz va evolucionando y adquiere consciencia de las mentiras que han condicionado su vida, los intereses ocultos tras la guerra, las atrocidades cometidas por su propio bando, pero sobre todo, la mentira de que cualquiera puede alcanzar la prosperidad a base de trabajo duro y la intrínseca injusticia de un mundo que culpa de su miseria a los propios desheredados que crea, sostenido por la colaboración de todos los que están demasiado asustados de perder sus pequeños privilegios. Todos nosotros.

Porque aunque nuestro mundo todavía no está, en apariencia, regido por las multicorporaciones y aún no haya empezado la guerra por los recursos que deje el caos climático, el mundo de Dietz no es más que un presente exacerbado. Más parecido a los Estados Unidos que a Europa, es cierto, pero tampoco tan diferente.

La lectura de “La brigada de la luz” puede resultar perturbadora para el lector que todavía tenga un poco de fe en el futuro y el funcionamiento de la instituciones. Kameron Hurley lo obligará a centrar su visión en las mentiras que aceptamos todos los días y en lo precario de nuestra comodidad.

Lo hace además, con muy poca retórica, con un estilo sencillo y directo al grano. No se demora en descripciones del armamento y los escenarios son descritos justo lo necesario. Las escenas de combates son vibrantes, horrendas y confusas. El gigantesco puzzle espacio-temporal alrededor del que gira la trama funciona con una perfección pasmosa.

Sin embargo, aunque pequeñas hay algunas debilidades que no sería honesto si no expusiera. A veces, pocas pero las hay, los personajes secundarios no están lo suficientemente perfilados, de modo que el lector puede despistarse y no saber de cuales se trata, cuando Dietz los llama por su nombre.

Hablar de esto es casi imposible, sin desvelar sorpresas, por otro lado bastante obvias, pero hay un personaje que en determinados momentos de la trama se expresa con un lenguaje mucho más retorcido y rebuscado que el que suele emplear en otros. Cierto que, entre los dos momentos han pasado años en los que ha adquirido mucha cultura, pero luego vuelve a hablar como ha hecho siempre.

Aunque, como ya dije, el engranaje espacio-temporal funciona casi con precisión de relojero, creo que justo al final se toma algunas licencias con las propias reglas que Kameron Hurley ha seguido hasta ese momento, aunque puede que no lo haya entendido bien.

La fijación con los módulos de tortura me parece morbosa y poco creíble. ¿Realmente a un ejército sensato le interesa traumatizar y crear taras mentales sistemáticamente a sus soldados? La explicación de que se trata de prepararlos para interrogatorios en caso de caer prisioneros no me convence. Es una herramienta que la autora necesita para llegar al final del libro. Y ese final, aunque emotivo, conmovedor y apropiado, no es realista, ni aún dentro de un relato fantástico. Kameron Hurley quiere incitar al lector a que tome el control de su vida, pero parece asumir que es algo que puede hacerse, simplemente deseándolo, por pura fuerza de voluntad. Usa la fuerza, Luke. Creo que Matrix ha hecho mucho daño en las mentes influenciables. O simplemente sea basura new-age.

Todas estas cuestiones son detalles menores. Si tuviera que puntuar “La brigada de la luz” con un número, como los exámenes del instituto, no le daría un 10, sólo le daría un 9. Aunque se merezca el 10 por el esfuerzo y las intenciones.

La atlántida y otros mitos

Las reseñas pendientes se me acumulan, pero no me resisto a incluir esta cuidada selección de extractos de mi blog, realizada por un amigo, así como las sesudas conclusiones que compartió por mail con el resto de mis amistades:

"Entre las cosas que uno termina leyendo, a veces por azar, otras por curiosidad o interés, se descubren reflexiones muy interesantes. En este caso os sonará el autor, pues se trata de alguien muy conocido. No puedo sustraerme a compartirlas con vosotros. Quiero destacar también algunos de los mejores extractos. ¡Ah!, y si una IA procesara el texto, probablemente concluiría que versa sobre borracheras y cerveza, en lugar de sobre novela de ciencia ficción":

"Tachán. Otra vez con la Atlántida. Que harto que estoy de la Atlántida. Podría rellenar post y posts hablando de lo mucho que detesto las teorías sobre la Atlántida y los dioses estelares que crearon a la especie humana y construyeron las pirámides. Supongo que se debe a que los amigos con los que me emborracho están convencidos de su autenticidad. En fin, me disculpo por contarles mi vida."

"El resultado se asemeja a lo que podría ser la transcripción de la tertulia entre un grupo de frikis de la ciencia ficción discutiendo en la sobremesa sobre la obra de Cixin Liu. Me encantaría vivir la experiencia, disfrutaría mucho pasando la tarde trasegando cervezas con mi grupo de amigos, mientras discutimos sobre los entresijos de la última novedad en ciencia ficción. Por desgracia, mis amigos no comparten hasta ese punto mis intereses, nada me aburre más que leer las divagaciones de desconocidos y, por último, me temo que no soy un fan y que me fastidia bastante que me vuelvan a contar la misma historia."

"Aunque de un modo místico y exagerado, lo que el protagonista hace es emplear una droga para superar las inhibiciones impuestas por su educación. No es algo tan raro, a fin de cuentas, cuando en una reunión de amigos empieza a correr el vino o la cerveza, es habitual que se hagan confidencias que cada cual guardaría en su pecho de otro modo. Exhibirse a sí mismo de un modo total, como se hace en “Tiempo de cambios”, no me atrae. Personalmente, a mi me aterraría que mis amigos conocieran mis fantasías sexuales, por ejemplo, aunque soy consciente de darle demasiada importancia al sexo y de avergonzarme por cosas sin importancia."

"Mi empresa me ha matriculado en una serie de cursos online que terminan todos en las mismas fechas. El número de horas de alguno de ellos es muy exagerado, así que mi tiempo de ocio ha sido absorbido por el Angular, el HTML5 y el Java avanzado, restándome apenas algunas horas para emborracharme con los amigos y ver películas de Star Wars."

"¿Nunca has salido del cine con unos amigos y en cuanto empezáis a tomaros unas birras cada uno de vosotros es capaz de detectar errores de bulto en el guión? ¿No es irritante?"

viernes, 31 de enero de 2020

“El final de la cuerda” de Joseph Conrad.



Hay poco que decir sobre el argumento de esta novela, que, a pesar de venderse como tal, quizá sea un relato largo. Un capitán de navío, ya anciano, ante las dificultades que atraviesa su hija, se asocia con el propietario de un vapor, el capitán lo dirigirá y aportará un generoso préstamo que deberá serle devuelto al cabo de 5 años, siempre que no se cumplan una serie de condiciones (incapacidad por embriaguez o enfermedad, por ejemplo). Hay muy poca acción, entendida como sucesos, el grueso de la novela es desarrollo de personajes, descripción de paisajes y reflexiones. Y me ha encantado.

Hacía tiempo que no leía nada de Joseph Conrad. Le considero un escritor difícil, porque exige de sus lectores grandes dosis de paciencia y atención. El polaco nacionalizado inglés comete todos y cada uno de los delitos que considero imperdonables: se anda por las ramas, construye frases interminables que se ramifican como el delta de un rio y parece que nunca van a llegar al mar, se enrolla en la descripción de cualquier paisaje de ínfima importancia en la trama, detalla pormenorizadas descripciones del carácter de sus personajes, en vez de dejar que se definan por sus propias palabras y acciones … 

 Henry Lawrence, que era un gran admirador suyo, decía que para Conrad la unidad mínima era el párrafo, no la oración. Y que razón tenía.

Normalmente, a un autor que cometiera esos pecados, le calificaría de “engolado”, “afectado” y quien sabe cuantos más otros adjetivos despectivos, terminados o no en “ado”, pero con Joseph Conrad ni se me ocurriría y no porque sea un grande reconocido de la literatura universal. Simplemente, porque cuando lo hace él, funcionan. Conrad te deja ensimismado con sus descripciones, te cautiva con sus reflexiones y dota de una humanidad impresionante a sus personajes. Hasta a los más miserables es difícil despreciarlos, por lo mucho que llegas a comprenderlos.

Vamos, hablando en plata, que el tío era un puto genio.

Como ya digo, ocurren muy pocas cosas en este pequeño y magnífico libro, pero eso no impide que el lector atento se maraville y se implique emocionalmente y sufra con las desgracias del pobre capitán Whalley. En suma, es un libro muy bueno y estoy seguro de que buena parte de su disfrute se debe a la traductora, Isabel Lacruz Bassols, que ha acometido con éxito la locura que debe ser traducir a Conrad.







sábado, 25 de enero de 2020

“Los demonios del lado oscuro y otras historias de Mercurio y las guerras interplanetarias” de Leigh Brackett


A lo que parece, la patria de Eric John Stark apenas dio para 4 relatos y el presente volumen tuvo que ser completado con otras historias de Leigh Brackett, en las que se hace referencia a los conflictos entre los diferentes planetas del sistema solar, la Tierra, Marte, Venus y Júpiter. Cada relato cuenta con una pequeña introducción, entiendo que debida al traductor, Pedro Cañas Navarro, en la que lo sitúa dentro de la cronología de la “historia del futuro” del universo de Leigh Brackett, con bastante acierto, aunque estoy completamente seguro de que es una cronología que debe más a la mente de Cañas Navarro que a la de Leigh Brackett.

Estos relatos se sumergen en esa variante de la ciencia ficción pulp que a veces homenajeaba “Futurama” y que todavía menudea por las series de televisión de capítulos autoconclusivos, en los que los alienígenas se dividen entre casi-dioses-todopoderosos y monstruos hambrientos, muchos monstruos hambrientos, enfrentados a cowboys y piratas que vagabundean de batalla espacial en batalla espacial.

Al contrario de lo que suele ser habitual en este tipo de historias, los protagonistas de Leigh Brackett no son el habitual héroe mesiánico y sabelotodo, sino delincuentes o buscavidas, cínicos y amorales, que descubren el idealismo y la integridad a lo largo de la aventura, muchas veces por la influencia de una mujer y muchas veces a costa de su propia vida.

A Brackett se le da mucho mejor empezar sus relatos que terminarlos. Presenta a sus personajes y al conflicto que los une con una gran elegancia y economía de medios, y aumenta hábilmente la tensión hasta llegar al clímax de cada relato, pero, una vez llega ahí, tras haber jugado de un modo brillante durante toda la partida, las más de las veces no acaba de rematar la jugada, con escenas de acción confusas y finales precipitados e inverosímiles. Diría que intenta seguir la reglas del juego, que dictan que el protagonista debe, o bien tener una revelación insospechable o dar un vuelco inesperado a la situación con una idea ingeniosa y las “revelaciones insospechadas” y las “ideas ingeniosas” de Leigh Brackett son bastante estrafalarias. El ejemplo paradigmático es “Esclavos de la noche infinita”, una historia, por lo demás modélica, sobre el clásico tema de los descendientes de los supervivientes de un naufragio espacial, que han olvidado el origen de su pueblo. El modo en que se impone el final feliz en este cuento es… bueno. Me resultaría más fácil creer que el protagonista ha muerto y está en el cielo, o experimentando una alucinación final en la que se cumplen todos sus anhelos, que lo que de verdad ocurre.

Además, muchos de los relatos aquí incluidos parecen sufrir de un trabajo de poda y tijera que los acomodase a las longitudes exigidas por las revistas para su publicación. Abundan los cambios de escena y de punto de vista bruscos, a veces dentro de un mismo párrafo, lo que no contribuye al disfrute del lector.

La escritura de Brackett pierde bastante al desligarse del exotismo de los mundos todavía en proceso de colonización, en cuyas profundidades inexploradas acechan viejas culturas en decadencia y oscuros secretos. No he leído “Las brumas de Venus”, en su ausencia “Los demonios del lado oscuro” ha sido el volumen más decepcionante que “Los libros de Barsoom” ha publicado de esta autora. Lo que no quiere decir que no contenga momentos brillantes, en incluso inolvidables:

… La mayor parte del ya citado, “Esclavos de la noche infinita”.
… La personalidad del protagonista de “Reportero interplanetario” y la descripción del comportamiento de la gente normal ante el comienzo de una guerra.

… El opresivo ambiente de pesadilla de “Campo de concentración en Io”.

… Las últimas páginas, absolutamente magistrales, de “Tierra de nadie en el espacio”

… Esa joya que es “La danzarina de Ganímedes”, enigmática, romántica y trágica, tal vez no de una gran originalidad, pero maravillosamente contada.

… El desarrollo de “Los demonios del lado oscuro” y como Leigh Brackett es capaz de redimir, con par de frases, un final mayormente insatisfactorio: “La llanura oscura y solitaria se extendía a su alrededor. La podía sentir, aunque sus ojos estaban ciegos en medio de la oscuridad. Por un instante, había podido sentir las negras eternidades de los vuelos a través del espacio, el silencio, la desolación, el terror de un universo que se acerca a su fin.

sábado, 18 de enero de 2020

Acronos de acero y sangre. Relatos de terror steampunk


Las antologías Acronos de relatos steampunk se han sucedido sin que nunca hayan despertado mi interés, hasta ahora. ¿Qué tiene esta de particular? En esta ocasión está especializada en relatos de terror. Una parte de mi sigue pensando que las historias de terror tienen que transcurrir en algo parecido al siglo XIX, entre coches de caballos que circulan por la noche en barrios pocos recomendables, protagonizadas por tipos estirados con chaquetas largas y cuellos altos que viven en mansiones y pasan su tiempo libre en clubs privados. Esa parte de mí, que en realidad lo que anhela es volver a visitar un territorio que fue importante para la formación de su personalidad. Supongo que tienen razón los que dicen que la auténtica patria es la infancia y que yo soy un sentimental.

Por lo demás, antes no había leído a ninguno de sus autores. Es más, salvo Santiago Eximeno, no los conocía ni de nombre. ¿Que me he encontrado? Relatos entretenidos, escritos con profesionalidad y carentes de originalidad.

De los diez relatos, sólo 2 me han llamado la atención “El corazón de las máquinas no late”, de Eva García Guerrero y “Engranajes familiares” de Santiago Eximeno.

“El corazón de las máquinas no late” transcurre en un una realidad alternativa, en la que el uso de autómatas está generalizado y las mujeres desempeñan todos los trabajos importantes. Es una historia muy creativa, plagada de invenciones fascinantes, contada de un modo interesante. (Iba a decir original, pero ya no hay estructura narrativa original en este mundo, ni siquiera en el género fantástico). Además, es un cuento que refleja una profunda fascinación, por el cine, que es otra de mis pasiones.

“Engranajes familiares”, es el relato que más me ha impactado. Situado en el último lugar de la antología, es un digno colofón a la misma. Es el único que consiguió que realmente sintiera algo por sus personajes y que me horrorizara por su destino. Un mal rollo bien conseguido que ha despertado mi curiosidad hacia la obra del autor.

El resto me han resultado tan entretenidos como intrascendentes. Ya los estoy olvidando.

sábado, 11 de enero de 2020

“Lo mejor de Robert Silverberg” de Robert Silverberg.

Esta antología se compone de una selección de relatos de Robert Silverberg, realizada por el mismo autor. Cada relato se complementa con unta introducción, también suya, en las que cuenta las circunstancias de su creación y sus intenciones al escribirlo. Para un estudioso de la obra de Silverberg, cosa que estoy muy lejos de ser, lo más interesante del libro es, de largo, esas introducciones.

Es difícil afirmar objetivamente que estos cuentos conformen lo mejor de la obra corta de Silverberg, aunque si dan una perspectiva de su carrera y su evolución literaria.

“Hacia el anochecer” es una historia sobre la dependencia de las ciudades de suministros del exterior, centrada en los esfuerzos del protagonista en no sucumbir al canibalismo. Como suena. Es un relato de un autor que todavía está un poco verde, de los primeros que escribió, del que el propio Silverberg parece avergonzarse, pero no es especialmente malo. Su construcción es más que decente, la única pega que le pondría es que la rapidez y facilidad con que la mayoría de la población abraza el canibalismo es poco creíble.

“Hombre cálido” trata sobre la irrupción de una especie de vampiro psíquico benevolente en una comunidad cerrada. No está mal, aunque los personajes de la comunidad son un poco estereotipados. En la vida real, la gente corriente también es original.

De “Para ver al hombre invisible” ya he hablado recientemente. Buen relato. No sabía que se inspiró en una frase suelta de Borges.

“El sexto palacio” es una historia muy pulp sobre buscadores de tesoros. Es simpática, pero no entiendo que pinta en esta antología.

También hable hace poco de “Moscas” y de “La estación de Hawksbill”. Como me olía, la versión en novela de este último cuento se obtuvo engordándolo con la inserción de los flashbacks del protagonista. Curiosamente, esos flashbacks son lo que más me gustó de la novela. El relato en sí, no es malo, pero me parece falso y exagerado. Curiosamente es una de sus obras más populares.

“Pasajeros” es un relato de un mal rollo insoportable, sobre la imposibilidad de mantener una relación en un mundo en el que los seres humanos son frecuentemente poseídos por unos entes desconocidos, que lo mismo podrían ser alienígenas incorpóreos que demonios del infierno. Desolador y precisamente por eso es tan bueno.

“Alas nocturnas” primera parte de una trilogía de novelas cortas que posteriormente se publicó como novela y que leí hace bastantes años. Tiene un encanto innegable, fruto de su gran labor de construcción de escenarios. Silverberg recrea en esta pieza breve un mundo que habría dado, no para una novela, sino para una heptalogía de novelas. Esa Tierra que parece una especie de nación del tercer mundo de la galaxia, regida por varias hermandades, una de las cuales, los vigilantes, escrutan continuamente los cielos para dar la alarma de una profetizada invasión extraterrestre. Y uno de estos vigilantes, ya anciano, que ha malgastado su vida en esta vigilia constante, junto con sus compañeros, llega en su peregrinación a una Roma muy parecida y, a la vez, muy diferente de la actual.

La única pega que le veo, es que, desvinculada de sus continuaciones, queda coja, parece un fragmento de una historia mayor, en vez de un relato autocontenido, que fue la intención del autor. Una vez más, mi opinión no es mayoritaria.

“Danza al sol” complicado decir de que va este relato. Podría ser de los remordimientos de un nativo americano que está participando en el exterminio de una especie natural de otro planeta, todo tremendamente similar a lo que le ocurrió a su propio pueblo. O no. Puede interpretarse de varias maneras. Personalmente yo me decanto por la que depara un peor destino al protagonista, porque es una tradición de la literatura corta. Creo que no es tan bueno como Silverberg cree que es, pero es muy bueno.

Buenas noticias del vaticano. Un grupo de turistas en Roma (otra vez) son testigos de la elección de un robot como nuevo cabeza de la iglesia católica. No hay más, es uno de esos casos en los que el relato es perfectamente sustituible por la sinopsis. Si Silverberg pretendía ser divertido, en este caso fracasó rotundamente.

El libro no está mal, es bastante mejor que “Juegos de Capricornio”, pero tampoco deslumbra. Si esto es lo mejor de Silverberg, puede que el relato no sea su terreno. Y las introducciones que escribía Asimov a sus propios relatos eran mucho más divertidas.

 

sábado, 4 de enero de 2020

“Hermano rey Arturo” Carlos G. Reigosa


Los que me conocen saben que durante un tiempo tuve un interés desmesurado por la mitología artúrica. Durante años me llevó a devorar toda novela remotamente relacionada con esta mitología. Pocos saben que es un fuego que ya se ha apagado. Mientras ardió, leí en un periódico una entrevista al autor de este libro, que en su momento me impactó. Ya no la recuerdo bien. Me pareció leer que pretendía dar una visión “gallega” del mito.

Lo busqué durante mucho tiempo en mi biblioteca habitual, pero no recordaba al autor o no lo tenían. Hace poco, el mismo día que decidí dejar de visitarla por culpa de sus caóticas alteraciones de mis intrincados planes de leerme toda la literatura mundial. El mismo día que fui a devolver los últimos cómics que había alquilado, se me ocurrió pasarme por la sección infantil y voila, allí estaba este ejemplar de “Hermano rey Arturo” esperándome.

Es un libro corto, muy corto. Se compone de dos introducciones, perfectamente prescindibles y tres relatos.

En el primero se cuentan las dudas de Lancelot sobre su servicio al rey Arturo. En el segundo los problemas amorosos de Merlín con Nimue, insinuándose, para esta historia de amor, un final diferente al oficial. El tercero narra los últimos días del rey Arturo.

Los tres se ajustan, en los hechos estrictos, a lo que podríamos llamar “canon oficial” si es que esto existe, establecido por Mallory, difiriendo en los puntos de vista elegidos, que presentan enfoques originales en lo que se refiere a las motivaciones de estos personajes legendarios y sus personalidades. El estilo intenta ser poético, pero sólo consigue ser farragoso: oraciones interminables plagadas de subordinadas, comas y paréntesis que ralentizan y entorpecen la lectura, pero, para compensar, es corto.

jueves, 2 de enero de 2020

Lo mejor del 2019

Sé que en otras ocasiones me he reído de este tipo de post que abundan en estas fechas, haciendo balance del año que se fue, pero en el 2019 descubrí lo fácil que son de hacer, para ello no hay más que limitarse a una búsqueda rápida entre todas las entradas del año.

Quede claro que no me refiero a lo mejor que se ha publicado durante el 2019, sino a lo mejor que he leído yo, o a lo que considero más recomendable.

“Los horrores del escalpelo” de Daniel Mares

“La deriva” de José Antonio Cotrina

“Herederos del tiempo” de Adrian Tchaikovsky

“Al final del invierno” de Robert Silverberg

“El pescador” de John Langan

“Buscando a Jake y otros relatos” de China Mieville

“Camino desolación” de Ian McDonald

“La investigación” de Stanislaw Lem

“La tierra errante” de Cixin Liu