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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Todo parece correcto en "La herida"

Pues sí, ECC Comics ha publicado un nuevo tomo de "The unwritten" y, en principio, no parece haber nada de lo que quejarse. Esto no debería ser noticia, pero como he convertido en costumbre maldecir en hebreo cada vez que se publica un nuevo tomo, supuse que, cuando nada parece ir mal, también deberia indicarlo.

El tomo recopilatorio con los últimos números de la serie salió en USA en Mayo del 2015. ¿Significará esto que algún dia veremos en España los tres tomos que faltan y la novela gráfica "Tommy Taylor and the Ship that Sank Twice " Me gustaría creerlo, pero no puedo hacerlo.

viernes, 18 de septiembre de 2015

“Por sendas estrelladas” de Fredric Brown



Poseer ya “Universo de locos” y “Marciano vete a casa”, este último en la magnífica edición de Bibliopolis, me hizo prescindir de la adquisición del tomo de las obras completas de ciencia ficción Fredric Brown que las contenía, aunque ello supuso prescindir también de esta novela. Finalmente, he recurrido a Internet para solventar esta cuenta pendiente.

“Por sendas estrelladas” es una novela sorprendentemente amarga. No hay en ella ni rastro de la ironía de “Universo de locos”, “Marciano vete a casa” o incluso “El granuja espacial”. La historia empieza en 1997, en un 1997 imaginado más de cincuenta años antes, que seria indistinguible de nuestro presente de no ser porque tienen helitaxis, vuelos en cohetes y la informática no ha alcanzado la omnipresencia de la actualidad. Bueno, en realidad, se parece más a los años cincuenta. Donde si acierta por completo es en el descrédito, el abandono y la desidia en que ha caído la exploración espacial. En ese sentido, la clarividencia de Brown es desconcertante, acierta plenamente en la pérdida de interés que sufrió el gran público, después de que, con la llegada a la Luna, los estados unidos dieran por ganada la carrera espacial, y el derrumbamiento de la unión soviética hiciera desaparecer la motivación política.

Cuenta los esfuerzos realizados para poner en marcha el proyecto de la primera expedición a Júpiter, llevados a cabo, fundamentalmente, por su protagonista, un antiguo astronauta, de casi sesenta años, que perdió una pierda y se vio apartado de la exploración, pero que nunca ha dejado de ser un “loco de las estrellas”.

No es una novela perfecta, tiene multitud de defectos fáciles de señalar. El modo en que, justo al principio, Max,  así se llama el protagonista, se las apaña para desarticular la carrera de un político corrupto, ganándose  un futuro puesto en el proyecto Júpiter, es completamente peliculero, de tan fácil que le resulta, se hace imposible de creer. Increíbles también, resultan los personajes femeninos, por lo tremendamente positivos que son. Además, es una novela muy corta, y sin embargo le sobran muchas páginas. Brown se eterniza describiéndonos una serie inacabable de maniobras políticas. Probablemente sean una descripción muy exacta del funcionamiento de la administración de Estados Unidos, pero en ningún momento captan la atención del lector y las maniobras de los protagonistas a veces resultan hasta infantiles. También resultan excesivos, por lo largos, un par de monólogos de Max, en los que este describe sus puntos de vista sobre cuestiones filosóficas o científicas (a partir de cierto nivel ambas materias se mezclan con facilidad). Probablemente esté exponiendo los puntos de vista del propio Fredric Brown y pueden resultar apasionantes para los estudiosos de su obra, puesto que su elegante pluma solía evitar este tipo de fregados y dejar que sus historias hablaran por si mismas, pero, si su intención era tratar extenderse en estos temas, debió haber buscado un modo mas ameno de hacerlo.

Demonios, probablemente, ni siquiera sea una buena novela. Sin embargo, es una novel apasionante y dura, porque narra la frustración total de las esperanzas del protagonista, y con ellas las del lector. Hay tres mojones que llevan al final de libro, tres auténticos disparos metafóricos en la cara de lector. Después de muchas páginas en las que las cosas han ido viento en popa y parece una de esas novelas de Henlein en las que los protagonistas son tan listos que todo les sale bien, llega el primero. Bueno, se ve venir, se iba preparando y algún exceso de sentimentalismo le hace perder fuerza, pero entonces llega el segundo.

Es difícil de describir, hacerlo estropearía la lectura de la novela. No hay absolutamente nada en lo leído previamente que te prepare para cruzar ese segundo mojón. Es una sorpresa total, que trastoca por completo la idea que tenías de Max y sin embargo, encaja completamente con lo que ya sabíamos. Es algo tan triste, tan patético, que querrías que no fuera verdad y, sin embargo, es completamente humano. Es una revelación genial, que justifica la lectura de una novela bastante floja.

Después de esto, el desconsolado lector se agarraría a un clavo ardiente por un atisbo de final feliz, y parece que Brown se lo va a dar. Parece que va a recurrir a un misticismo bobo de telefilme de sobremesa o serie de televisión para toda la familia. Craso error. En su lugar, llega el tercer pistoletazo en la cabeza. No hay atajos, no hay esperanza, solo la cruda realidad, tras la caída, la pérdida final de todas las ilusiones y esperanzas.

No, en realidad no. La perdida, aunque inconmensurable, no es total, porque Max mantiene un círculo de seres queridos que le apoyan y en última instancia, ponen a salvo lo que queda de él. Finalmente, será la fraternidad la que le salve y, en una conclusión tan triste como conmovedora, Max alcanza la paz al renunciar a sus sueños individuales, pero manteniendo a la vez su fe en la humanidad y en el futuro.

Ojalá yo pudiera decir lo mismo.

Tal vez, este libro hubiera quedado mejor como relato, aligerándolo de páginas y eliminando algunas subtramas, como ese tercer pistoletazo final, al menos en ciencia ficción, Brown fue mejor escritor de relatos que de novelas. Incluso hay algunos paralelismo, en el tono, que no en el argumento, con “Las verdes colinas de la tierra”, desolación y amargura en estado puro, embotelladas para su consumo en un puñado de líneas. He tenido que ser deliberadamente críptico para no revelar ninguno de los mejores momentos de la trama. Como les decía, no es una buena novela, pero es conmovedora y apasionante.

viernes, 11 de septiembre de 2015

“Éxodo estelar” de Alfred E. Van Vogt



Las maravillas de Internet han hecho llegar a mis manos otra novela de este autor, cuando ya creía completo el repaso de sus obras publicadas en castellano. Ojalá no lo hubiera hecho.

La cosa empieza bien, con lo que parece ser la historia del conflicto entre la primera y la segunda generación de una nave generacional, rumbo a colonizar el espacio. Los tripulantes originales quieren seguir con su misión, mientras que los nacidos en la nave quieren volver a la Tierra. Este conflicto viene ejemplarizado por el que ocurre entre el capitán de la nave y su propio hijo. El argumento promete, sobre todo para un fan de las historias de naves generacionales como yo (inciso, me duele mucho no haber sido capaz nunca de encontrar “Dentro del leviatán” de Richard Paul Russo)

La cosa, por desgracia, degenera rápidamente en una especie de lista de los reyes godos del espacio. Asistimos impotentes y cada vez más desinteresados a una serie interminables de conspiraciones y golpes de mano, en los que a lo largo de generaciones, mas o menos, cada capitán de la nave accede al poder al deshacerse del anterior y es depuesto por el siguiente.

Tal vez esta parte de la novela sea uno de esos Fix-up a los que tan aficionado era el autor. En cualquier caso, las estrategias son muy evidentes y resulta imposible empalizar con ninguno de los contendientes, así que la cosa carece de emoción y los encuentros con civilizaciones alienígenas no ayudan, en dos de tres los tripulantes de la Esperanza de la humanidad se limitan a alejarse tras verlos.

Para alegría de todos, después de más de cien páginas, la enumeración de los reyes godos termina y por fin tenemos un reparto estable. La novela mejora mucho, Van Vogt despliega su imaginación y su mayor virtud, su vertiginoso sentido del ritmo y de la intriga, que convertirían lo que queda de la novela en algo muy entretenido, si esta terminara de entenderse. Los motivos por los que no lo hace son varios:

1)      La traducción, atribuida a Francisco Cazorla Olmo  es penosa. Muchas oraciones parecen sintácticamente incorrectas, las formas de los verbos no coinciden con los sujetos, hay atributos sin sentido, desórdenes varios…
2)      La ciencia de Van Vogt carece de la más mínima consistencia. Ojo, no me estoy quejando de que no tenga sentido científicamente, que no creo que lo tenga, sino de eso tan manido de que todo universo de ficción debe tener sus propias reglas y debe ceñirse a ellas, para resultar creíble. A Van Vogt la credibilidad le importaba una higa. Sus personajes son más listos que nadie, son capaces de salirse con la suya, en el último momento, gracias a un aparato mágico que acaban de inventar medio minuto atrás, cuyo funcionamiento deja al lector perplejo, porque parece servir para casi todo (tiene preferencia por los controles remotos) y se basa en un descubrimiento que acaban de hacer, que les ha revelado la Última Verdad Suprema sobre el universo, que es descrita en tres líneas sin sentido.
3)      Por último, el propio Van Vogt procuraba que no se le entendiera. En el fondo Van Vogt era un escritor con poca chicha, su único interés, que no debe ser menospreciado era dotar a sus historias de un ritmo enloquecido y plagarlas de giros inesperados. Consciente o inconscientemente, para paliar sus carencias científicas e imaginativas, hacia gala de un lenguaje grandilocuente y artificioso, propio del líder de una secta, que bajo su apariencia trascendente, ocultaba la mayor de las vacuidades. Tanta retórica absurda también entorpece la lectura.

De la originalidad y profundidad psicológica de los personajes, ya ni hablo.

Conclusión: un libro olvidable, con una primera parte lamentable y una segunda entretenida, pero cuyos defectos no permiten disfrutarla plenamente.