Buscar este blog

No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

jueves, 26 de noviembre de 2015

"Muere el cesar" de Talbot Mundy


 
Hubo un momento en que parecía que no podía dejar de oír hablar de Talbot Mundy. Parecía que había sido fuente de inspiración para Robert E. Howard y Leigh Brackett, e incluso Robert A. Henlein hablaba bien de él. Y por supuesto, en las páginas dedicadas a él en Internet le ponían por las nubes. Por eso, cuando empezaron a publicarse obras suyas, me lancé sobre ellas. Adquirí el primer ejemplar del serial de “Tros de Samotracia” (era barato) y “El león de Petra”. Mi decepción no pudo ser mayor.
 
Ambas se caracterizaban por un exceso de protagonismo del protagonista. Tenían a un personaje principal, supuestamente carismático, que se paseaba de un lado a otro, exhibiendo, también supuestamente su inteligencia. Admiro mas la inteligencia que la fuerza física, pero aquellos héroes me hacían añorar los personajes de Howard. Mantenían el buen humor ante la adversidad, así como una actitud de superioridad moral en ocasiones bastante hipócrita, y parecían carecer del menor objetivo. Y la historia con ellos. Tros hacia algo al final, pero James Grim se comportaba sin la más mínima lógica. Desafío a cualquiera a que me explique que demonios era lo que pretendía en “El león de Petra”, como esperaba conseguirlo, que consiguió finalmente y como lo consiguió. Una trama confusa y carente de objetivos, que no parecía ir a ninguna y que de repente se acababa, igual que podía haberlo hecho un rato antes. Con ese recuerdo tuve que pasar de adquirir “Jimgrim y el diablo de Lud” recientemente publicado por “Los libros de Barsoon”.
 
Parece masoquismo que le diera una tercera oportunidad, pero me atrajo la sinopsis. La historia de una conjura para acabar con el emperador Cómodo, popularizado por películas como “Gladiador” y “La caída del imperio romano” en la que “la traición va a sacar lo peor” de todos los implicados.
 
Esta novela está escrita como si se tratara de una obra de teatro. Este comentario no es original, me lo ha inspirado a la reseña de uno de los libros de Tros de Samotracia, que leí para documentarme, pero al leerla me di cuenta de que también se aplicaba perfectamente a esta novela. Consiste en una sucesión de escenas, o más bien de conversaciones, en las que los protagonistas entran y salen de escena. Eso le da bastante ritmo, aunque tiene como consecuencia una falta completa de acción. No hay una mísera pelea. Los asesinatos, cuando ocurren, lo hacen fuera de foco, de modo que el espectador no los contempla directamente. El, digamos, protagonista principal, un noble romano que pierde a su padre y sus posesiones en una de las purgas del emperador, se convierte en un bandido legendario, sin que sepamos como, puesto que una elipsis abarca desde el momento en que decide hacerlo hasta que nos lo encontramos de incógnito en Roma y ya mitificado.
 
O sea, que como novela de aventuras, tiene una grave carencia de percances, peligros y combates. Es decir, de aventuras. Por el contrario, la recreación de los ambientes en que se desenvuelven sus personajes, la mayor parte históricos, es vívida y colorida, aunque ignoro si se corresponde con la realidad y los diálogos que componen el setenta por ciento del libro me han parecido muy bien escritos. En resumen, es una lectura amena e interesante, aunque en ningún caso imprescindible. A pesar de sus virtudes, no deja una huella profunda, pero tal vez me haya convencido para darle otra oportunidad a su autor.


sábado, 21 de noviembre de 2015

China Mieville en "Babelia"


 
Esta mañana, en el suplemento literario de los sábados del diario "El pais" ha aparecido una lista de "16 autores británicos que devorar". Para mi sorpresa, he descubierto que China Mieville se encontraba en esa lista. Repasemos con perplejidad lo que se dice en su entrada.
 
"La ciencia-ficción, género denigrado en sus primeras décadas, cobró rápidamente una merecida aristocracia literaria. Hoy su prestigio es indiscutible y China Mieville es uno de sus representantes más destacados. "
 
Como comienzo no está mal. Me ha dado una alegría descubrir que hoy en día, el prestigio de la ciencia ficción es algo indiscutible. Es la primera noticia que tengo. Hace algunos años, una encuesta desveló que era el género literario peor valorado por los lectores, solo superado por las novelas románticas, con las que ahora anda mezclándose. También es cierto que dicha valoración suele deberse a lectores que jamás han leído una novela de ciencia ficción, porque no les gusta. Justo lo mismo que me ocurre a mi con las novelas románticas. De todos modos, lo de incluir a Mieville también es peculiar, el tipo que el término "Weird fiction" porque no estaba satisfecho con "Science fiction" para definir su trabajo.
 
Continuemos.
 
"Dentro de ese campo, la obra de Miéville abarca varios géneros: el horror, la distopía, los universos paralelos, los vampiros y zombis. Ficciones que Miéville opone a la de Tolkien, autor que juzga reaccionario. "
 
¡Ah, coño! Es que la ciencia ficción no es un género, es un campo. Eso lo explica todo. Aunque la aparición de vampiros y zombis sigue dejándome perplejo. El género fantástico es más grande que la ciencia ficción, más grande que el terror e incluso mas grande que los culebrones medievales con algún toque de magia. Incluso se puede decir que, en el fondo, toda la ficción es fantasía. Pero el caso es que, aunque a muchos autores les gusta mezclarlos, son géneros diferentes. Admito lo de zombies, puesto que ahora se llaman infectados y no se les cae la carne a cachos y lo de vampiros, si por ejemplo hablamos de depredadores alienígenas chupa sangres, pero no los he visto por la obra de Mieville, aunque si a esos que se queman con la luz del sol y los matan con estacas en el pecho, que creo son los que tenía en mente el autor del artículo. Y por supuesto, nunca he oído que Tolkien fuera un escritor de ciencia ficción.
 
Esto de hacer distinciones a mucha gente les parece ridículo, como los nacionalismos, separa en lugar de unir a los fans, pero no lo es tanto como parece. Por ejemplo, la ciencia ficción es mi género favorito, pero el terror no suele interesarme y los aficionados a la fantasía épica se sublevarían de ver sus libros etiquetados como ciencia ficción. Si no se lo creen, miren el revuelo que se armó en la blog esfera cuando en "El sueño de los dioses" de Javier Negrete, quedó definitivamente claro que no había magia y que los dioses no eran tales.
 
"Sus novelas más notables son El Rey Rata, El azogue, Kraken y, sobre todo, Embassytown y La ciudad y la ciudad, donde teorías lingüísticas influyen o determinan la organización de una sociedad futura."
 
Una selección curiosa de las mejores novelas de China Mieville. Creo poder decir sin temor a equivocarme, ni a levantar ningún tipo de polémica que "El rey rata" es indiscutidamente la peor de las novelas de China Mieville, una obra primeriza y torpe, que sin embargo se las apañó para publicar. "El azogue" es mas bien un relato largo o novelette y estoy seguro de que tiene muchos de calidad similar. Con una excepción, "Kraken" no recibió críticas demasiado buenas en Internet cuando se publicó en España. Aunque me lo pasé muy bien con ella, la mía no fue la excepción. Completamente de acuerdo en lo que dice de "Embassytown" y "La ciudad y la ciudad" aunque lo que dice las teorías lingüísticas, de ser cierto, solo se aplica a "Ciudad embajada" que es el título con el que se publicó en España.
 
En fin me alegra que se haga referencia a un escritor que sigo y admiro en un medio "mainstream". Espero que esto sea una seña de reconocimiento a su obra y que sirva para nuevas páginas surgidas de sus dedos sigan llegando puntualmente a mi país. Personalmente yo sueño con una publicación de su obra breve, aunque no hay que olvidar que gran parte de su obra está descatalogada actualmente y resulta difícil de encontrar, pero el caso es que sigo teniendo la impresión de que, los que escriben en estos medio generalistas lo hacen de oído, basándose en referencias sacadas de Internet. O dicho en otras palabras, que no tienen ni puta idea de lo que dicen

“Los cuentos de Rocavarancolia 2” de José Antonio Cotrina




Ya hacía tiempo que José Antonio Cotrina no liberaba alguno de sus relatos por Internet. Fiel a su cita con la noche de Halloween, nos llega una nueva entrega de Rocavarancolia, la ciudad que se ha convertido en uno de los lugares imaginarios mas fascinantes que ha dado la literatura fantástica, al menos para mí.

Soy incapaz de ser imparcial con Rocavarancolia. Dentro de poco, seré incapaz de serlo con el propio Cotrina, pero este ejemplar me ha resultado un poco decepcionante. La historia no está mal, es entretenida y hay algunos fragmentos impactantes, pero tiene dos problemas claros.

El primero es que buena parte del embrujo del “Ciclo de la luna roja” residía en su escenario, en la enigmática, melancólica y amenazante ciudad en la que transcurre y en sus habitantes, tan terribles como fascinantes. Buena parte de esta novela, o de esta colección de relatos relacionados, transcurre en los mundos rivales de Rocavarancolia, que se describen muy someramente, o bien no se describen en absoluto y los villanos que los habitan no son nada del otro mundo.

En segundo lugar, el anterior volumen de cuentos gozaba de una cierta autonomía, contaba una historia que terminaba, aunque presentara personajes y tramas que iban a seguir dando de que hablar. No es el cao de éste, que queda brutalmente cortado, dejando la conclusión en el aire.

En resumen, me parece un claro exponente del síndrome del “libro intermedio” que afecta a tantas sagas y trilogías.

viernes, 13 de noviembre de 2015

“Terraformar la Tierra” de Jack Williamson


Después de que un meteorito se estrelle en la Tierra, los únicos supervivientes son un reducido grupo de personas, refugiados en una estación lunar. Esta estación es una especie de arca de Noé, que atesora muestras de tejidos de todo tipo de animales y seres humanos, semillas y tesoros artísticos. A lo largo de miles y miles de años, los descendientes de los supervivientes, clonados y educados por reproducciones holográficas de sus ancestros, generadas por un ordenador maestro, acometerán la tarea de restaurar la vida en la tierra. Al igual que en el primer capítulo de Futurama, los clones protagonistas verán resurgir la civilización en la Tierra, solo para volver a extinguirse una y otra vez.
 
Hay un par de cosas que advertir a los posibles lectores de este libro. Lo primero, es que en realidad no es una novela, es una colección de relatos relacionados. Pasada la introducción, en la que se nos cuenta el desastre que acaba con la vida en la Tierra, en cada uno de los relatos se nos cuenta como se cría una nueva generación de clones, como organizan un expedición a la Tierra … y habitualmente como mueren todos sus participantes. Afortunadamente para el lector, la parte en la que se cuenta como crece cada nueva generación se va adelgazando progresivamente, porque siempre se cuenta mas o menos lo mismo y siempre se establecen las mismas parejas y relaciones entre los clones
 
Lo segundo que hay saber, es que, a pesar de la presencia de la palabra “Terraformar” en el título, el proceso de terraformación en si jamás se nos describe con detalle. Los fans de las novelas de Kim Stanley Robinson que busquen algo similar, pero en la propia Tierra, que se abstengan de su lectura. Lo único que hacen los protagonistas es lanzar unas cuantas “bombas de semillas” por la atmósfera y, un par de miles de años después, la nueva generación se encuentra con un vergel.
 
El interés de los relatos es desigual, pero creciente. Los primeros son muy sosos, básicamente, como ya dije, los protagonistas descienden a la Tierra y mueren, pero, poco a poco, van ganando en complejidad e interés. La segunda parte “Ingenieros de la creación” es en mi opinión, la mejor. Un conmovedor relato sobre el abandono y la soledad, envuelto en una bella historia de amor. “Agentes de la Luna” aunque ubicada en la Tierra, es una space opera clásica, a la que sólo le falta el alzamiento final contra la tiranía. El final elegido, por lo trágico, cambia todo el tono del relato. “La Tierra definitiva” y “Adiós a la Tierra” componen una novela independiente, en la que los protagonistas afrontan la extrañeza de un futuro muy, muy lejano, en el que ellos mismos se han convertido en poco más que animales de compañía para la súper evolucionada humanidad de la época, a la que luego sobrevivirán. En estas dos últimas partes hay conceptos e ideas muy atractivos y sugerentes, pero estropeados por explicaciones y desenlaces manidos y sin atractivo.
 
A pesar de haber sido escrito en el 2001, este libro desprende un aroma a la ciencia ficción de la edad dorada, de los tiempos previos al advenimiento de la trinidad Asimov-Clarke-Henlein. La ciencia que aparece es ingenua y en todo similar a la magia. Está escrito en un estilo directo y sencillo, tal vez demasiado sencillo, aunque en ocasiones de una elegancia y belleza deslumbrante.
 
Por el contrario, los personajes resultan lo menos interesante con diferencia. Apenas esbozados o desarrollados, todos ellos tienen muy poco carácter, muy poca personalidad y, normalmente, no despiertan preocupación por su destino. El caso paradigmático son los clones femeninos, Tanya y Dian, tan irrelevantes en la trama que acaban desapareciendo por completo del libro. Seguro que hay incluso quien se indigna por ello, aunque lo mismo ocurre con Arne, que es un hombre. Sorprendente, por cierto, que el ordenador maestro siga clonando a Arne, cuando es más un obstáculo que un activo en la misión. El narrador, Duncan, es un personaje cuya única función es esa, ser el narrador y Navarro tampoco es demasiado interesante. En el fondo, Casey, el polizón, el chino de piel negra es el único personaje retratado con cuidado en el libro y carga sobre sus espaldas con los mejores pasajes del mismo, entre los que se encuentra la imprevista consumación de su historia de amor con el clon de su amada Mona, lograda a través del tiempo y el espacio.

Es un libro agradable de leer, casi diría bonito, con alguna historia muy buena, pero opino que el autor no fue capaz de extraer toda su profundidad al atractivo material del que partía.
 

domingo, 8 de noviembre de 2015

"Los codices del apocalilpsis" de Elio Quiroga


La reciente publicación del premio Minotauro “Los que sueñan” del canario Elio Quiroga ha hecho que me interese por su obra. “La hora fría” era la única película suya que había visto hasta hace poco, en su momento me gustó mucho, a pesar de que recurriera al manido recurso del loco para precipitar el clímax y de que no se supiera de donde demonios salían aquellos bichos transparentes. “Fotos” me pareció una marcianada, a ratos torpe, pero con algunas secuencias fascinantes y un final estremecedor, que hacia que se te atragantara la diversión previa. “Nodo” me pareció visualmente fascinante, pero completamente lastrada por un guión torpe, que echaba a perder sus hallazgos.

De entre sus tres novelas previamente publicadas, “Los códices del apocalipsis” era la que mas parecía encajar con mis propios intereses. Lo primero que me llama la atención, es la excelente portada de Joe Day y el no menos excelente diseño de cubierta, que resembla el exterior de un libro antiguo, de esos que podrían encontrarse en la biblioteca de “El nombre de la Rosa”. Como poco, el aspecto exterior es muy atractivo.

La trama, atención con los spoilers, se centra en una pareja de ex amantes, todavía jóvenes, guapos e inteligentes, ella lingüista, él ex ingeniero de la NASA, que intentan esclarecer el asesinato del padre de ella, mientras son perseguido por todo tipo de organizaciones secretas, gubernamentales o no. Pronto descubrirán que todo está relacionado con unos misteriosos objetos de procedencia medieval, facturados con tecnología de la época, pero con un diseño que desafía a la ciencia moderna. Para colmo, alguno de ellos ha aparecido en la órbita de la Tierra.

La memoria te juega muy malas pasadas, así que no puedo estar seguro de ello al cien por cien, pero recuerdo que en una entrevista a Rodolfo Martínez, con motivo de su propio premio Minotauro, “Los sicarios de Dios” el comentó haber seguido la estrategia de ir introduciendo los elementos fantásticos de modo muy paulatino, de modo que el lector ajeno al género crea estar leyendo una tópica intriga de moda y, cuando se de cuenta de que en su lugar está con una de estas “cosas raras” esté ya tan metido en la historia que no sea capaz de abandonarla.

Elio Quiroga parece haber seguido la misma estrategia en esta novela. Sigue fielmente las reglas de los betsellers al uso, a saber diversas tramas y personajes en paralelo, capítulos muy cortos, que permitan interrumpir cómodamente su lectura en el transporte público, amplias dosis de erudición, sobre todo en los aspectos mas irrelevantes de la trama (de ser posible cada capítulo tiene que empezar con la descripción de un lugar real y venir acompañada de una breve nota histórica) y una narrativa muy cinematográfica. Viniendo de un director de cine seria muy fácil pensar que está poniendo en letra impresa la película para la que jamás conseguirá financiación, pero la trama es demasiado extensa, como poco tendría que ser una serie de televisión.

Los elementos fantásticos, aunque de hecho inauguran la novela, tardan en hacerse evidentes, tiran de toda la mitología conspirativa, desde el área 51 hasta los secretos del vaticano y entroncan más con la ciencia ficción que con el terror. Para mi disgusto, y eso es algo personal, utilizan algunos de los tópicos del fantástico a los que mas manía tengo, pero eso es materia para un post que deberá ser escrito en otra ocasión.

El punto fuerte de la novela, es la imaginación y la capacidad de fabulación del autor. Los pasajes atractivos y fascinantes abundan en ella y Elio Quiroga consigue hacérnoslos creíbles. Sus misteriosas sectas, sus códigos ocultos en todos los libros sagrados, sus profetas, sus puertas dimensionales, sus viajes a la luna no oficiales, sus alienígenas, componen un tejido variado y sugerente, con no pocos momentos de maravilla.

El problema principal es la sumisión a las reglas de la literatura de consumo. Por ejemplo, no parece cogerle nunca el tranquillo a los capítulos cortos, estos son, a menudo, demasiado cortos, dando la impresión de narración precipitada, que se corta abrúptamente, cuando no de completa irrelevancia. Algunos de los personajes secundarios, son totalmente prescindibles, el detective Will Beato, en concreto, no aporta nada de importancia a la novela. Las escenas de acción, que hay bastantes, están contadas sin ninguna garra ni emoción. La supuesta investigación de la pareja protagonista, está contada sin intriga ni interés, como detectives, son malísimos, porque realmente no investigan, simplemente se limitan a leer los documentos que caen en sus manos, o a escuchar los testimonios de los testigos implicados, La narración hubiera sido mas ágil si Elio Quiroga hubiera conseguido que los protagonistas dieran por sí mismos con sus tremebundas revelaciones, gracias a su ingenio y supuesta inteligencia, pero la prisas por exponerlas o la falta de pericia lo impiden, forzando a que las revelaciones tengan que ser reveladas y a interrumpir el curso de la acción durante muchas páginas, con esos documentos o testimonios, que, aunque interesantes, mantienen interrumpido el curso de la historia.

La pareja principal, Daniel Hudson y Bianca Dinovi, son lo más flojo de la novela, son personajes totalmente planos, carentes del menor carisma, debido a lo cual no resulta fácil identificarse con ellos. Lo que convierte la conexión emocional del lector es una auténtica misión imposible.

Por último, en el apocalíptico clímax de la historia, la narración no está a la altura de lo narrado. Lo que está ocurriendo es catastrófico, tremebundo, asistimos a la mayor de las hecatombes de la historia, pero se nos cuenta de un modo desganado, carente de emoción, al igual que los heroicos esfuerzos finales de los personajes positivos por atajarla. Es como si el autor se hubiera cansado del libro y lo único que quisiera fuera terminarlo ya, del modo que fuera. La cursileria de las últimas páginas es tan exagerada, que parece paródica, ahí el autor está dando lo que cree que el público espera de él, aunque ni él mismo se lo crea.

Para terminar, señalaré lo que a mi me parecen alguno errores de cajón, aunque soy muy despistado y puede habérseme escapado algo. La primera vez que aparece Bianca Dinovi, capítulo 3 de la primera parte, se refieren a ella como Bianca Stewart, lo que es claramente un gazapo, porque por lo que se nos cuenta después jamás ha estado casada. Poco después, en el capítulo 6 Daniel Hudson habla de una ex esposa y de una hija, que desaparecen misteriosamente de la novela, incluso se nos dice claramente que rompió originalmente con Bianca porque quería concentrarse en su carrera y huía de todas las relaciones con asomos de seriedad. Este tipo de meteduras de pata deberían detectarse en una revisión de la novela, parecen indignas de una edición profesional.

Por último, dejo que aparezca mi frikismo científico. En determinado momento, se habla de los misteriosos artefactos que dan cuerpo a la novela como “máquinas de movimiento perpetuo” cuando tal cosa no existe, ya que contradiría el principio de conservación de la energía. En otro, se refieren a ellas como “péndulos”. Que alguien me explique como leches puede funcionar un péndulo en ausencia de gravedad.
En fin, no descarto adquirir alguna otra de las novelas del autor, porque su capacidad de inventiva me ha gustado, así como la meticulosidad con la que aborda la construcción de sus tramas, pero a pesar de sus elementos de interés, creo que “Los códices del apocalipsis” falla en lo más importante, en contar una historia y contarla bien.