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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

domingo, 8 de noviembre de 2015

"Los codices del apocalilpsis" de Elio Quiroga


La reciente publicación del premio Minotauro “Los que sueñan” del canario Elio Quiroga ha hecho que me interese por su obra. “La hora fría” era la única película suya que había visto hasta hace poco, en su momento me gustó mucho, a pesar de que recurriera al manido recurso del loco para precipitar el clímax y de que no se supiera de donde demonios salían aquellos bichos transparentes. “Fotos” me pareció una marcianada, a ratos torpe, pero con algunas secuencias fascinantes y un final estremecedor, que hacia que se te atragantara la diversión previa. “Nodo” me pareció visualmente fascinante, pero completamente lastrada por un guión torpe, que echaba a perder sus hallazgos.

De entre sus tres novelas previamente publicadas, “Los códices del apocalipsis” era la que mas parecía encajar con mis propios intereses. Lo primero que me llama la atención, es la excelente portada de Joe Day y el no menos excelente diseño de cubierta, que resembla el exterior de un libro antiguo, de esos que podrían encontrarse en la biblioteca de “El nombre de la Rosa”. Como poco, el aspecto exterior es muy atractivo.

La trama, atención con los spoilers, se centra en una pareja de ex amantes, todavía jóvenes, guapos e inteligentes, ella lingüista, él ex ingeniero de la NASA, que intentan esclarecer el asesinato del padre de ella, mientras son perseguido por todo tipo de organizaciones secretas, gubernamentales o no. Pronto descubrirán que todo está relacionado con unos misteriosos objetos de procedencia medieval, facturados con tecnología de la época, pero con un diseño que desafía a la ciencia moderna. Para colmo, alguno de ellos ha aparecido en la órbita de la Tierra.

La memoria te juega muy malas pasadas, así que no puedo estar seguro de ello al cien por cien, pero recuerdo que en una entrevista a Rodolfo Martínez, con motivo de su propio premio Minotauro, “Los sicarios de Dios” el comentó haber seguido la estrategia de ir introduciendo los elementos fantásticos de modo muy paulatino, de modo que el lector ajeno al género crea estar leyendo una tópica intriga de moda y, cuando se de cuenta de que en su lugar está con una de estas “cosas raras” esté ya tan metido en la historia que no sea capaz de abandonarla.

Elio Quiroga parece haber seguido la misma estrategia en esta novela. Sigue fielmente las reglas de los betsellers al uso, a saber diversas tramas y personajes en paralelo, capítulos muy cortos, que permitan interrumpir cómodamente su lectura en el transporte público, amplias dosis de erudición, sobre todo en los aspectos mas irrelevantes de la trama (de ser posible cada capítulo tiene que empezar con la descripción de un lugar real y venir acompañada de una breve nota histórica) y una narrativa muy cinematográfica. Viniendo de un director de cine seria muy fácil pensar que está poniendo en letra impresa la película para la que jamás conseguirá financiación, pero la trama es demasiado extensa, como poco tendría que ser una serie de televisión.

Los elementos fantásticos, aunque de hecho inauguran la novela, tardan en hacerse evidentes, tiran de toda la mitología conspirativa, desde el área 51 hasta los secretos del vaticano y entroncan más con la ciencia ficción que con el terror. Para mi disgusto, y eso es algo personal, utilizan algunos de los tópicos del fantástico a los que mas manía tengo, pero eso es materia para un post que deberá ser escrito en otra ocasión.

El punto fuerte de la novela, es la imaginación y la capacidad de fabulación del autor. Los pasajes atractivos y fascinantes abundan en ella y Elio Quiroga consigue hacérnoslos creíbles. Sus misteriosas sectas, sus códigos ocultos en todos los libros sagrados, sus profetas, sus puertas dimensionales, sus viajes a la luna no oficiales, sus alienígenas, componen un tejido variado y sugerente, con no pocos momentos de maravilla.

El problema principal es la sumisión a las reglas de la literatura de consumo. Por ejemplo, no parece cogerle nunca el tranquillo a los capítulos cortos, estos son, a menudo, demasiado cortos, dando la impresión de narración precipitada, que se corta abrúptamente, cuando no de completa irrelevancia. Algunos de los personajes secundarios, son totalmente prescindibles, el detective Will Beato, en concreto, no aporta nada de importancia a la novela. Las escenas de acción, que hay bastantes, están contadas sin ninguna garra ni emoción. La supuesta investigación de la pareja protagonista, está contada sin intriga ni interés, como detectives, son malísimos, porque realmente no investigan, simplemente se limitan a leer los documentos que caen en sus manos, o a escuchar los testimonios de los testigos implicados, La narración hubiera sido mas ágil si Elio Quiroga hubiera conseguido que los protagonistas dieran por sí mismos con sus tremebundas revelaciones, gracias a su ingenio y supuesta inteligencia, pero la prisas por exponerlas o la falta de pericia lo impiden, forzando a que las revelaciones tengan que ser reveladas y a interrumpir el curso de la acción durante muchas páginas, con esos documentos o testimonios, que, aunque interesantes, mantienen interrumpido el curso de la historia.

La pareja principal, Daniel Hudson y Bianca Dinovi, son lo más flojo de la novela, son personajes totalmente planos, carentes del menor carisma, debido a lo cual no resulta fácil identificarse con ellos. Lo que convierte la conexión emocional del lector es una auténtica misión imposible.

Por último, en el apocalíptico clímax de la historia, la narración no está a la altura de lo narrado. Lo que está ocurriendo es catastrófico, tremebundo, asistimos a la mayor de las hecatombes de la historia, pero se nos cuenta de un modo desganado, carente de emoción, al igual que los heroicos esfuerzos finales de los personajes positivos por atajarla. Es como si el autor se hubiera cansado del libro y lo único que quisiera fuera terminarlo ya, del modo que fuera. La cursileria de las últimas páginas es tan exagerada, que parece paródica, ahí el autor está dando lo que cree que el público espera de él, aunque ni él mismo se lo crea.

Para terminar, señalaré lo que a mi me parecen alguno errores de cajón, aunque soy muy despistado y puede habérseme escapado algo. La primera vez que aparece Bianca Dinovi, capítulo 3 de la primera parte, se refieren a ella como Bianca Stewart, lo que es claramente un gazapo, porque por lo que se nos cuenta después jamás ha estado casada. Poco después, en el capítulo 6 Daniel Hudson habla de una ex esposa y de una hija, que desaparecen misteriosamente de la novela, incluso se nos dice claramente que rompió originalmente con Bianca porque quería concentrarse en su carrera y huía de todas las relaciones con asomos de seriedad. Este tipo de meteduras de pata deberían detectarse en una revisión de la novela, parecen indignas de una edición profesional.

Por último, dejo que aparezca mi frikismo científico. En determinado momento, se habla de los misteriosos artefactos que dan cuerpo a la novela como “máquinas de movimiento perpetuo” cuando tal cosa no existe, ya que contradiría el principio de conservación de la energía. En otro, se refieren a ellas como “péndulos”. Que alguien me explique como leches puede funcionar un péndulo en ausencia de gravedad.
En fin, no descarto adquirir alguna otra de las novelas del autor, porque su capacidad de inventiva me ha gustado, así como la meticulosidad con la que aborda la construcción de sus tramas, pero a pesar de sus elementos de interés, creo que “Los códices del apocalipsis” falla en lo más importante, en contar una historia y contarla bien.






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