Buscar este blog

No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

domingo, 29 de enero de 2017

Tiro la toalla

Esta mañana, mientras desayunaba, oí en la cadena ser a Ginés Sánchez, hablando de su "Novela dos mil noventa y seis" protestar enconadamente cuando se la clasificó de novela de ciencia ficción, porque, según él, no lo era, era un "futuro probable", no había ovnis, zombies ni vampiros.

Ya ni me cabreo.

viernes, 27 de enero de 2017

Otros amores


La ciencia ficción es mi género favorito, pero no es mi único amor. Me encantan las historias de aventuras, independientemente de la época en que transcurran. No siento interés particular por la novela histórica, en sí misma, pero disfruto mucho con las historias de vikingos, de piratas y de samurais. Me siento atraído por las narraciones que transcurren durante las cruzadas, con su choque de culturas. Aunque ya lo estoy superando, fui un apasionado de las novelas artúricas. La bretaña del siglo V me parece un mundo mas fascinante que cualquier tierra media. Yendo a contracorriente, pienso que la realidad fue mucho mas fascinante que el mito, aunque el mito me fascine También me atraen la mitología nórdica y la mitología griega y la antigua Grecia es otro mundo que me gusta volver a visitar.

Me gustan los westerns y la serie negra, aunque prefiero las historias protagonizadas por criminales a las protagonizadas por detectives. Las de delincuentes profesionales y las que muestran el camino que lleva a convertirse en un criminal. Disfruto mucho de las historias de gente normal que se ve envuelta en circunstancias extrañas e incomprensibles. También las historias de intriga que transcurren en ambiente victorianos. No estoy seguro de que me gusten las de terror, aunque un toque siniestro anima terriblemente cualquier cosa. Tuve mi etapa Lovecraft. No me considero un gótico, pero las grandes mansiones iluminadas por la luz de la luna, los bosques en mitad de una tormenta nocturna y las calles envueltas por la niebla me resultan estéticamente atractivos.

Me parto con el humor absurdo.
 
Devoro las historias de atracos perfectos, de fugas de cárceles, de operaciones de comandos y, en general, aquellas en la que la vida de los protagonistas depende de ejecutar un plan con gran precisión. Como consecuencia, me fascinan las profesiones de riesgo que exigen una gran capacidad de atención. La figura emblemática es el astronauta y su primo cercano, el piloto, pero también los antiguos marineros, los alpinistas, los artificieros y los expertos en explosivos, que Dios me perdone, los francotiradores y los asesinos a sueldo.

Tal vez, simplemente, me fascinen las historias de personajes que llevan una vida menos aburrida que la mía.

PD: Luz perpetua está llevando bastante. Iba siendo hora de postear algo.

viernes, 13 de enero de 2017

“Luna: Luna nueva” de Ian McDonald





A pesar de ser el cuerpo celeste mas cercano a la Tierra, no recuerdo que nuestro satélite natural, haya sido tan frecuentado en la ficción como los planetas del sistema solar, en concreto Marte. A bote pronto, sólo recuerdo tres obras que transcurran principalmente en la luna: “Claro de Tierra” de Arthur Clarke, “La luna es una cruel amante”, de Robert A. Henlein y el excelente manga de Yasuo Otagaki “Moonlight Mile”. Me niego a incluir la serie de televisión “Espacio 1999” por mas cariño que le tenga. Esta incipiente saga de Ian McDonald promete remediar ese olvido.

Para los que no sepan nada del argumento, que ya es raro, transcurre en un futuro cercano, en el que la luna ha sido colonizada y su control está dividido entre cinco poderosas familias, los cinco dragones, cada una de ellas dueña de un monopolio sobre algún tipo de recurso o industria y emparentadas entre sí por medio de matrimonios de conveniencia. Los protagonistas son los Corta, familia de origen brasileño especializada en la minería de Helio 3. La novela se centra en las intrigas que enfrentan a los cinco dragones entre sí, junto a las que tienen lugar en el seno de la propia familia de los Corta, sus peripecias personales y las de algún personaje ajeno a la familia.
A los humanos nos encanta poner etiquetas. La publicidad define esta novela como un “juego de tronos en la luna”. En la mayoría de las reseñas que he leído se la compara con Dune. En la reseña de
sentidodelamaravilla.blogspot.com.es
se comenta que el autor, en una entrevista, definía Luna como una mezcla entre un western, la ya citada La Luna es una cruel amante de Robert A. Heinlein y la serie Dinastía. Esta definición me parece bastante acertada y explica porque al principio me costó entrar en la novela. No he visto un solo capítulo de Dinastía, o Dallas. Todo lo mas que llego es a una o dos temporadas de Falcon Crest. El problema no era el horario, sino que no me atraían en absoluto. ¿Comprenden el problema que tuve con esta novela?

Al principio me pasó lo mismo, las aventuras de estos niños ricos de segunda y tercera generación no lograban interesarme lo más mínimo, aunque transcurrieran a una séptima parte de la gravedad. El personaje de Marina Calzaghe, la recién llegada que casi por casualidad se ve arrastrada a la órbita de los Corta, a través de cuyos ojos vamos descubriendo el mundo de la luna, no bastaba para lograr captar mi atención. El caso es que perseveré y poco a poco me vi enredado por la luna y por las palabras de Ian McDonald.

En todas partes se ha alabado la ambientación de la novela y “Luna: Luna nueva” se merece todas las alabanzas. En la Luna de Ian McDonald hay que pagar hasta por el aire que respiras (y el agua, el carbono y los datos), no hay derecho criminal, pero todo es negociable, todos los tipos de sexualidad son habituales, incluyendo nuevos géneros sexuales, con nuevos pronombres, multi cultural, con multitud de lenguajes y religiones y un gusto muy chic por la moda retro, merced a las impresoras 3D. Lo sorprendente es que Ian McDonald logra esta gran ambientación sin grandes descripciones. Todo se deduce de como se comporta la gente, lo que habla y los lugares que se visitan.

Esta sutileza o economía de medios, parece un rasgo característico de la pluma de Ian McDonald. Sus descripciones son breves y acertadas, sus capítulos se componen de micro capítulos, narrados desde diferentes puntos de vista, que se alternan y se cruzan. No estoy seguro, pero diría que alguno de estos micro capítulos no llega ni a la página. Una conversación puede ser interrumpida en seco y reanudada varios cambios de punto de vista mas tarde. Tiemblo de pensar en como habría sido este libro en manos de un autor mas convencional, convirtiendo cada micro capítulo en un capítulo, que empiece siempre con una pormenorizada descripción del lugar donde se encuentra el personaje de turno, seguido de un breve resumen de como ha llegado allí, un poco de paja y un cliffhanger artificialmente extendido. Sin duda se habría acercado a las mil, mientras que en su edición en papel “Luna: Luna nueva” no tiene mucho mas de cuatrocientas páginas.

La economía autoimpuesta también tiene sus cosas malas. Algunos artefactos y escenarios, el ciclador y el tren ecuatorial de los McKenzie, se merecían una descripción mas detallada. Las acciones y los cambios de perspectiva se suceden tan rápidamente que en ocasiones parece que no exista el menor hilo argumental, simplemente una sucesión de acontecimientos inconexos levemente relacionados. Algunos recursos resultan escasamente creíbles (¿ordenadores que predicen el futuro? ¿comercio interplanetario en especie rentable? No me extraña que las microondas tarden tanto en aparecer) y sus atractivas ideas no están tan desarrolladas como deberían.

Porque, no nos engañemos, a pesar de su maravillo trabajo de ambientación, Ian McDonald este mucho menos interesado en especular que en narrar. “Luna: Luna nueva” es una novela río, un río que va creciendo y dividiéndose en múltiples cauces que se ramifican una y otra vez, para luego volver a cruzarse. El goce de la narración se traslada desde el autor al lector, que se ve irremediablemente atrapado en el tapiz que tejen los distintos hilos argumentales, a medida que este crece en complejidad.

Narrado siempre en presente, excepto las evocaciones que la matriarca Adriana Corta hace de su vida (según la reseña de sentidodelamaravilla estos capítulos se publicaron por separado), en esta novela todo tiene su lugar: conspiraciones políticas y de negocios, historias de amor, tramas policíacas, secretos familiares, enfrentamientos a vida o muerte, guerra, asesinatos y algo de humor. Ian McDonald consigue eso que parece tan difícil entre los escritores anglosajones de ciencia ficción de hoy día: tener una voz propia, un estilo personal, pero ese estilo esta puesto al servicio de lo que se cuenta y no al revés. Menos es mas. La mano del autor resulta invisible, pero está siempre presente. Cuando quiere Ian McDonald llega a ser poético sin que parezca que lo está siendo. La construcción de algunos pasajes es tan admirable, que es capaz de reflejar perfectamente las emociones de sus personajes, sin referirse directamente a ellas.

Y, evidentemente, a pesar del desinterés con el que empecé la lectura, “Luna: Luna nueva” acabó atrapándome a mí también.

No es el nuevo “Juego de tronos”, ni el nuevo “Dune”. Ni falta que hacen, por cierto. Es una novela con su propia personalidad y no es una novela perfecta, pero es decididamente brillante y será interesante ver como continúa. Habemus saga. Otra vez.

PD: “Luna: Luna nueva” ha sido opcionada para realizar una serie de televisión, aunque dudo que llegue a rodarse, debido a lo desmesurado de los presupuestos. La representación de los familiares obligaría a llegar de cgis cada plano y los efectos especiales todavía no han logrado una solución económica para representar la baja gravedad, que está continuamente presente en la novela, desde los tupés, los vestidos, la arquitectura de los estadios de balonmano ¡O la misma popularidad del balonmano!

jueves, 5 de enero de 2017

“Los traficantes de naufragios” de Robert Louis Stevenson


“La resaca” me supo a poco, así que, a continuación, me leí otra obra de Robert Louis Stevenson, desconocida para mi, que encontré por Internet. Mis habituales indagaciones navideñas me han descubierto que ésta si que puede encontrarse en las estanterías de las librerías. Una breve búsqueda por Internet me ha revelado que la versión que he leído está mutilada y le faltan nada menos que ocho capítulos. En fin, parece una aberración, pero no puede negarse que así la historia empieza antes, se echa en falta la presentación de personajes, pero esos capítulos parecen paja.

Dos amigos y socios se embargan hasta las cejas para hacerse con los derechos de rescate del barco naufragado Nube volante, cuando en la subasta de éstos un misterioso competidor empieza a igualar puja tras puja. Aunque incluye un viaje por mar, y algunos de los mejores personajes de la novela son marineros, esta no es una novela de aventuras marítimas, sino una novela de intriga. El hilo conductor es descubrir que fue lo que realmente le ocurrió al Nube volante y que había tan rematadamente valioso en sus restos.

Como es de esperar en Stevenson, está muy bien escrita y los personajes están muy bien retratados, en este caso bajo un prisma de ironía benevolente. La intriga se dosifica perfectamente, dejando siempre al lector con ganas de saber mas. Como en muchas aventuras de Sherlock Holmes, la narración final de los hechos es mucho mas interesante que la propia investigación. Si yo hiciera una adaptación al cine, prescindiría de casi toda la novela y me centraría en los hechos de esta, exclusivamente.

En esta ocasión, la traducción me ha parecido impecable.

Sin duda es una obra menor, pero envidiablemente redactada por la mano maestra de Stevenson, que la hace extremadamente legible, que no es poco.






lunes, 2 de enero de 2017

“La resaca” de Robert Louis Stevenson


La historia de tres perdedores en los mares del sur, sumidos en la mas completa indigencia, tres personas que han tocado fondo, que, de repente reciben la oportunidad de convertirse en la tripulación de un mercante con un cargamento de champán, diezmado por la viruela. A pesar de que dos de los tres carecen por completo de conocimientos marítimos, no dudan en embarcarse, con el objetivo de revender por su cuenta el cargamento y rehacer sus vidas.

“La resaca” es una novela de la que jamás había oído hablar, que he encontrado casualmente por internet. Jamás la he visto en una librería y su descubrimiento ha sido para mí una grata sorpresa. Investigando en la wikipedia, he descubierto que fue su última novela publicada, de ahí quizá lo abrupto del final.

Tiene dos puntos que pueden hacer difícil su lectura: primero, la mayor parte de la narración transcurre desde el punto de vista de un personaje que se odia y se desprecia a sí mismo y no para de fantasear con el suicidio; segundo la carga religiosa, siempre presente en Stevenson, está mas presente que nunca. Si el lector no tiene problemas en sortear esos dos escollos, se encontrará que, salvo por el final, tiene entre sus manos una pequeña obra maestra. Y lo de pequeño va por su escasa longitud.

 Todas las virtudes de Stevenson están presentes, un acertado retrato psicológico de los protagonistas, un sentido del ritmo impecable, unas descripciones fabulosamente evocadoras, sembradas de imágenes poéticas, una creación de atmósferas impresionante... En la sencilla descripción de Stevenson de un barco adentrándose en una laguna, hay mas sense of wonder que en todas las space opera que haya consumido en los últimos años. Es una novela de no parar de leer hasta que se acabe y consigue ser tan adictiva a pesar de que la edición digital que ha caído en mis manos y que no se corresponde con la imagen que decora este post está plagada de erratas e incorrecciones, muchas de las cuales parecen fruto de la traducción. Como muestra: repetidas veces se habla de la “cúpula de verdura”, cuando se está hablando del techo del bosque de palmeras. Una posible alternativa habría sido “cúpula de verdor” que no me acaba de gustar pero no trae a la imaginación tejados de lechugas, coles y alcachofas.

Compone además un personaje tan atractivo como repelente Attwater , que se comporta casi como la encarnación del dios del antiguo testamento, imponiendo su justicia arbitrariamente. Por desgracia, el último capítulo, y el final del penúltimo, resultan un poco decepcionantes, después de un clímax mas que logrado. Si no fuera por ellos, creo que la resaca sería tan famosa como “La isla del tesoro” o “El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde”.