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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 28 de junio de 2019

“La estrella de los gitanos” de Robert Silverberg




La premisa principal de esta novela, es que los gitanos son extraterrestres y que fueron los constructores de la Atlántida, antes de que su caída los convirtiera en los exiliados de la Tierra.















¿Hola? ¿Queda alguien ahí? ¿Han recogido ya su mandíbula del suelo? ¿Remitieron las carcajadas compulsivas? ¿Pueden seguir leyendo?

Hay cierta tendencia en la ciencia ficción a elegir las hipótesis o ideas más improbables, estrambótica o absurdas. Por eso el género es tan pródigo en alternativas “creativas” a la teoría de la evolución. Hasta cierto punto, es lo que quiere el lector, pero esto… Está claro que el propio Silverberg no se lo tomaba en serio, pero no logro concebir que pretendía con semejante … patochada.

Al tajo. Tenemos que los gitanos tienen un don particular para pilotar las naves espaciales, lo que los convierte al pueblo Rom en uno de los pilares principales de un futuro imperio galáctico. El protagonista y narrador de la historia es el rey de los gitanos, que ha abdicado y se ha retirado a un planeta helado y desértico. La primera parte de la novela consiste en que varios personajes vienen a visitarlo, para rogarle que vuelva a ocupar el trono y él se niega.

Esta parte es estupenda para conciliar el sueño.

No estoy diciendo, exactamente que sea aburrida. El lenguaje de Silverberg logra que los capítulos se sostengan por sí solos y son bastante cortos, así que resultan una lectura relajante. Lees uno, disfrutas con la prosa del autor y la lectura te aporta una especie de serenidad que facilita el sueño. El problema es que son unos cuantos y todos iguales. Pensándolo bien, quizá esta parte si que sea aburrida.

Finalmente, se entera de que su trono ha sido ocupado por su hijo mayor, un asesino brutal y de pésimos modales, totalmente inapropiado para el trono y decide recuperar su corona.

A partir de aquí la narración se ve interrumpida por flashbacks en los que recuerda su vida. Lo extraño es que esos flashbacks no siempre son secuenciales, es como si Silverberg optara por omitir las partes menos interesantes de la vida de su héroe y otras las mete con calzador, a regañadientes, como si fuera un deber que tiene que cumplir porque el narrador las ha anticipado. Para embrollar un poco más la narración, los gitanos son capaces de “espectrar” viajar mentalmente al pasado, donde pueden ser reconocidos por el resto de miembros de su especie y conversar con ellos. El propio Yacoub, el protagonista, ha sido visitado toda su vida por sus yoes futuros y los de sus amigos y aliados.

Lo de “espectrar” me resulta lo más atractivo de un libro muy irregular, que a pesar de todo, tiene sus virtudes. Para empezar, no aburre, que es lo fundamental, o al menos a mi no me ha aburrido. Algunos de los mundos que visita Yacoub durante su vida son muy atractivos, aunque no necesariamente originales (siempre es divertido encontrarse con un mar que en realidad es un organismo vivo) El fragmento en que Yacoub es vendido como esclavo por primera vez es estremecedor, al mostrar que a pesar de lo civilizada y moderna que es la esclavitud que describe, en el fondo, sigue siendo una barbarie. Las referencias históricas, a Roma o probablemente Bizancio, son interesantes y lo de “espectrar” es una gran idea, al igual que algunos de los viajes de Yacoub al pasado. Pero sobre todo, el libro se sostiene por la prosa de Silverberg. Es un caso claro de la forma por encima del contenido.

En el lado negativo, hay demasiados viajes al pasado, algunos de ellos y algunas de las vivencias de Yacoub no son más que paja. Al libro le sobran muchas páginas y para ser una space opera con cierto aire de cuento de hadas, le falta acción. Yacoub es un personaje muy logrado y carismático, pero sus estrategias son de peón caminero: consisten, básicamente, en no hacer nada hasta que alguien viene a rescatarlo. Y lo repite varias veces. Los demás personajes por el contrario, están mucho menos perfilados. Silverberg los presenta muy bien, es decir, cada uno tiene un fragmento en que Yacoub describe su aspecto y su personalidad. Esos fragmentos son muy buenos, pero son un caso de contar en vez de mostrar, el mayor de los defectos de Silverberg como escritor: siempre tiene que verbalizarlo todo, parece incapaz de transmitirlo. Y la mayoría de los personajes no se comportan como se les describen.

Que demonios, la mayoría de ellos no se comportan y punto. No tienen la menor importancia en la trama. Decir que son meros comparsas es dedicarles un cumplido. Hay un capítulo en que Yacoub describe a varios de sus camaradas y, a menos que retrocedas a ese capítulo cuando luego alguno de ellos habla, es imposible acordarse de quien demonios era cada uno, porque nada en su comportamiento o su habla sirven para distinguirlos. Tampoco es un gran problema, como ya dije no pintan nada. Lástima de páginas desperdiciadas.

Tampoco hay un discurso claro en la novela. Si todo lo que Silverberg pretendía era divertirse escribiendo una novela de aventuras, le sobran págins y le falta acción. Si pretendía algo más, no queda nada claro el qué, aparte de un magnífico estudió de un personaje y la glorificación de la cultura romaní.

Defectos estos que lastran esta estrambótica historia, de modo que ningún ejercicio de estilo puede salvar.

Una tontería magníficamente escrita.

sábado, 22 de junio de 2019

“La esfera luminosa” de Cixin Liu



Con su trilogía de “El problema de los tres cuerpos”, Cixin Liu se convirtió por derecho propio en un lector que debía ser leído por los aficionados a la ciencia ficción, a pesar de sus innegables defectos. El lector que se asome a “La esfera luminosa” encontrará en esta novela todos sus defectos, pero muy pocas de sus virtudes.

La historia de un científico obsesionado por descubrir la explicación de las “esferas luminosas” del título, un extraño fenómeno meteorológico con aspecto de globo de luz que todavía hoy tiene perplejos a los científicos, desde que presenció de niño como una de ellas reducía a cenizas a sus padres, discurre a bandazos, sin terminar de encontrar una dirección clara.

Sus lectores seguimos los estudios del doctor Chen, sus primeras investigaciones y cómo se alía con una militar, decidida a convertir las esferas luminosas en armas. sin demasiado interés. La trama carece de un objetivo claro, no hay un motivo incite al lector a seguir leyendo el libro. Los personajes, por supuesto, carecen de interés, esto es una obra de Cixin Liu, a fin de cuentas, pero en esta ocasión parecen tener más peso que en obras anteriores, lo que contribuye a empobrecer la lectura, puesto que son infantiles, superficiales o absurdos. Para que se hagan una idea, el momento “cumbre” de la novela, es cuando uno de ellos explica sus motivaciones en un largo y prescindible soliloquio, que no consigue captar la atención del lector mejor intencionado.

Personajes aparte, lo que les ocurre tampoco es particularmente entretenido,, aunque al final Cixin Liu intente animar la cosa un poco, con, guerra, batallas y catástrofes, para mi gusto sin conseguirlo. El punto fuerte del autor es su capacidad para especular y sus especulaciones en “La esfera luminosa” son muy comedidas. Aunque nunca estuviera seguro de cuan exacta era la ciencia que aparecía en el tercer tomo de su trilogía, no podía dejar de asombrarme ante lo aventurado de sus aplicaciones. Podía ser que la tecnología que describiera nunca llegara a existir, pero, si lo hiciera, era muy probable que cambiara el mundo del modo en que describía.

Es “La esfera luminosa”, se hace un gran descubrimiento científico, pero no se describe como ese descubrimiento afecta al mundo, lo que venía siendo el punto fuerte del autor. Y ante la probabilidad de ese “descubrimiento”...

Si en mi reseña de “El fin de la muerte” comentaba que me quedaba la duda de si con todo aquel rollo de las dimensiones estaba diciendo gilipolleces o realizando un brillante juego especulativo con teorías científicas, con la tesis central de “La esfera luminosa” no me queda ninguna duda: está diciendo gilipolleces. Y la mayor parte del tiempo, no son gilipolleces asombrosas, ni siquiera divertidas.

Recalco lo de “la mayor parte del tiempo”. Aquí y allá hay destellos del Cixin Liu que encandiló a los lectores occidentales. Desperdigadas a lo largo del libro hay alguna especulación cautivadora, los capítulos de “fenómenos extraños” son intrigantes y captan la atención del lector y el modo en que aplica a objetos macroscópicos las reglas de la mecánica cuántica es… curioso. También hay una reflexión, muy tímida y superficial, sobre las relaciones entre la ciencia y el desarrollo de armamento y el final, el último par de páginas, es bastante bueno. Además, no es demasiado larga y la cantidad de sucesos puede compensar la irrelevancia de la mayoría. Factores estos que pueden bastar para justificar su lectura, si no al común de los lectores, si a los fans de Cixin Liu.

En el epílogo, el autor afirma que cuando escribió “La esfera luminosa” ya tenía casi terminada la trilogía de los Tres Cuerpos, pero que la publicó primero porque pensó que sería más accesible al lector chino y que es una especie de precuela. No tengo motivos para dudar de su palabra, a fin de cuentas la cabeza de un escritor puede ser un auténtico caos en el que todas sus obras, nacidas de sus experiencias e intereses personales, se relacionan unas con otras, pero a mi no me lo parece. Es más, esas declaraciones lo que me parecen es un burdo truco publicitario, para intentar atraer a los lectores de obras anteriores.

En una palabra: floja.








viernes, 14 de junio de 2019

“El pescador” de John Langan


Vamos a empezar con advertencias. He disfrutado mucho con la lectura de “El pescador” pero quienes se embarquen en su lectura deben tener algunas cosas claras.

Los dos primeros capítulos, 73 páginas, son la historia de como un empleado de IBM se sobrepone del fallecimiento de su joven esposa al obsesionarse con la pesca y de su relación con un compañero más joven, que acaba de perder a toda su familia. Con “sobreponer” no quiero decir superar, esas cosas nunca se superan y con “obsesionar” no quiero decir “apasionar”, la pasión llega luego, pero inicialmente la pesca le da solamente una actividad en la que emplear el tiempo, le impone una rutina, una disciplina, una dieta, cualidades que acaban sacando al protagonista del pozo en el que se encontraba hundido.

Esas cuestiones son un poco irrelevantes. Lo que quiero decir con lo de las advertencias es que durante todo ese tiempo, fuera de algún presagio ominoso y alguna cosa que el narrador anticipa, no hay ningún acontecimiento terrorífico ni sobrenatural.

Luego, nuestros dos pescadores de fin de semana se van a un arroyo misterioso, paran a desayunar en una cafetería y el dueño les cuenta una historia.

Esa historia supone más de la mitad del libro.

Hay miles de novelas que siguen la estructura prólogo-novela-epílogo. El narrador expone las circunstancias que le convirtieron en oyente o lector de la verdadera historia y luego, cuando esta concluye, nos cuenta brevemente como esta le afectó, cambió su vida o su percepción de la realidad.

No es el caso. En “El pescador” el epílogo no tiene nada de breve y junto con el prólogo forma una novela de extensión aceptable. Esto convierte a “El pescador”, en su conjunto, en una novela con grandes problemas estructurales. En mi opinión.

La interrupción de la historia inicial, justo cuando parecía que estaba a punto de ponerse interesante, resulta anticlimática, sobre todo porque el relato que escuchan en la cafetería, que es apasionante, tarda mucho en encontrar a sus propios protagonistas.

Dicho relato, transcurre fundamentalmente durante la construcción de un gran embalse en las afueras de Nueva York, a comienzos del siglo pasado, aunque también se tarda en llegar a ese punto. Incluye difuntos que se levantan de sus tumbas, brujería y universos paralelos. La ambientación me parece muy lograda, o al menos creíble, al igual que los personajes. Su atmósfera está impregnada de intriga, secretos y oscuridad. En líneas generales me ha parecido excelente. Sólo le veo dos defectos: uno, que en determinado momento ocurre algo que se parece mucho a una pelea entre dos magos, tirándose hechizos y rayos por las manos, escena que rompe el tono de la novela y que me saca de lo que estoy leyendo.

El otro es otro problema estructural. Se sabe de uno de los personajes que es más de lo que parece y que guarda un terrible secreto en su biografiá. Cuando esta parte del libro ya casi ha terminado, le da por confesar con pelos y señales todo su pasado.

Este cuento, dentro del cuento, dentro del cuento, también es muy atractivo. Mas que de terror, lo clasificaría de fantasía oscura. Podría publicarse por separado y ojalá lo hubiera hecho. Me alegro de que esté ahí, la curiosidad me consumía por saber lo que pasaba con este tipo, pero llega cuando la gran crisis ha pasado y no hay mucha motivación para seguir leyendo. El momento en que, si fuera una película, mis padres se habrían apresurado a irse a la cama.

Finalmente, retomamos a nuestros dos pescadores y retomarles, después de tanto tiempo, supone un nuevo esfuerzo. Tras tanto tiempo, su peripecia ha perdido bastante interés e incluso resulta algo tópica. Pese a todo, tienen momentos muy buenos, muy sugerentes y evocadores y no poca emoción. Pero acaba… y todavía queda un capítulo de 22 páginas, la mayor parte de ellas prescindibles. Las últimas cuatro o cinco páginas son infumables y tópicas. Parecen sacadas de una película mala de terror, aunque el último párrafo es estremecedor y supongo que habrá a quien le parezca que compensa las páginas precedentes y todo el capítulo. No es mi caso.

En el epílogo, John Langan comenta que esta novela fue un proyecto largo, que le costó mucho sacar adelante. Me da la sensación de que durante ese tiempo se le ocurrieron muchas ideas, que juzgó buenas y quizá lo sean y no pudo resistir la tentación de incluirlas todas. Un escritor más disciplinado hubiera hecho el sacrificio de elegir entre los hijos de su mente y podar aquellos que en vez de sumar emoción, restaban y hacían el relato menos interesante.

Después de esta parrafada, imagino que he vuelto a dar una impresión equivocada de lo que me ha parecido esta novela. Para empezar John Langan es un buen escritor, de esos que no distinguen entre alta y baja literatura y que consideran que no hay género chico y tienen que hacerlo lo mejor posible en lo que sea que escriben.

En el epílogo también comenta que le costó encontrar una editorial que publicara la obra: las especializadas en terror la encontraron demasiado literaria, las literarias demasiado de género. Existe un placer estético en leer a John Langan. Su estilo es atractivo, sin ser pedante, adopta voces distintas en cada uno de los relatos y se permite pequeños experimentos, pero todos sus artificios están puestos al servicio de la historia, como debe ser. Sabe crear personajes creíbles y sabe hacer que se conduzcan como gente normal. Es fácil sentir empatía por ellos. Su visión de la vida en pareja y la familia, positiva pero en el fondo pesimista no carece de interés. Su cansado y destrozado narrador se mete al lector en el bolsillo desde el primer capítulo y, como ya dije, es un buen creador de atmósferas. Sabe mantener la intriga y convertirla en las espina dorsal que vertebra el relato y tiene “sentido de maravilla”.

Cumplido, supongo, hasta cierto punto inhabitual en escritores de terror, aunque no estoy seguro, Lovecraft mismamente, estaba lleno de “sense of wonder”. El caso es que Langan lo tiene, hay algunas imágenes realmente potentes y evocadoras en este libro: la presa del pescador y los métodos de este, esas ciudades misteriosas, apenas entrevistas, la logia de magos, las alteraciones que sufren los ecos…

El libro también contiene una de las ideas más cautivadoras que me he encontrado últimamente. La del relato que se transfiere de una persona a otra como si fuera una enfermedad y, una vez inoculado, crece dentro de su nuevo huésped, llenándose con más y más detalles de los que tenía inicialmente.

Aunque en el fondo no se más que una excusa para justificar su longitud y que contenga infinidad de detalles que sea imposible que el narrador pudiera conocer. 

jueves, 6 de junio de 2019

“Lago negro de tus ojos” de Guillem Lopez

 
Después del incidente (sea lo que sea), el mundo se ha llenado de misteriosos lagos negros que reflejan en sus aguas otros rincones del sistema solar. El más grande de ellos se encuentra en El Clot, pueblo valenciano en el que se crió la periodista Carla al que regresa para investigar la desaparición de una famosa.

El narrador de la novela es Bernat, un antiguo amigo de Carla, aficionado al dibujo, al cómic y a adultas reflexiones pesimistas, brillantemente expresadas en un lenguaje que sobrepasa su aparente nivel cultural. La mayor parte del libro está escrito como si fuera el guión del cómic que Bernat está dibujando, como parte de su terapia para superar los traumáticos acontecimientos que está a punto de narrar. Es un modo de contar la historia original y muy llamativo, en el que el lenguaje escrito se esfuerza por emular el lenguaje visual. No sé como resultará la lectura para las personas que no sean aficionadas al cómic, aunque supongo que enseguida acabarán cogiéndole el tranquilo. A mi me ha dado el problema de que, en vez de maginar lo que está pasando, tiendo a imaginármelo… como un cómic.

Bernat es el narrador y es un narrado poco fiable.

En muchas novelas es habitual que el narrador sea uno de los personajes y que tenga por costumbre relatar acontecimientos en los que no estuvo presente o dar explicaciones que no podía conocer. Es algo muy típico en la literatura antigua y normalmente uno se resigna, “suspende su incredulidad”. Bernat describe escenas en las que no estuvo presente y admite abiertamente que se las está inventando. Normalmente sería un modo elaborado del escritor de dar gato por liebre, de decir “Hey, sé que Bernat no puede saber que ocurrió esto, pero me da lo mismo, necesito esta escena para la historia”. No es el caso de Guillem López. Guillem López. quiere que desconfiemos de lo que se nos está contando. Para empezar, no olvidemos que Bernat está trastornado. Continuamente hace referencias a las conversaciones con su psiquiatra, algunas de las cosas que dice suenan a delirio desquiciado y cuando llega el momento culmen del relato…

Bueno, mejor no digo nada, pero parece claro que puede interpretarse de muchos modos y que el propio Bernat lo interpreta de muchos modos. Está claro que ocurrió algo, pero los lectores no llegamos a saber exactamente que. El autor quiere que interpretemos la novela y lleguemos a nuestra propia conclusión.

O quizá no. Mi propia conclusión es que es imposible saber que es lo que ocurrió realmente en El Clot, como, en el fondo, es imposible saber la verdad absoluta sobre cualquier evento en que intervienen seres humanos. Es una interpretación, de las múltiples posibles.

Lo curioso es que esa ambigüedad supone el verdadero atractivo de la obra. Esa incertidumbre, ese vacío que da forma al libro. Si ilumináramos los rincones oscuros y estos fueran lo que parecen, nos encontraríamos con el típico relato pulp que hemos leído mil veces.

Aún no sé muy bien que pensar de sus experimentos, o de sus ¿argumentos? Pero no hay duda de que el estilo del autor es excelente. En algún sitio leí a alguien decir que Guillem López. era un “mago de las palabras”. Lo corroboro.

Es una novelita corta, la he leído en un suspiro y me mantuvo enganchado durante su lectura. Sin embargo, en mi caso supuso una pequeña decepción. Y no porque no sea lo bastante “experimental” como escriben algunos, ¡Por Dios no! El motivo es mucho más terrenal, e infinitamente más personal: las expectativas. Me había visto el video de la presentación del libro. Es un hecho bien conocido que las intenciones de un autor siempre aventajan a sus resultados o que las cosas siempre parecen mejor cuando te las explican. En aquel video, daba la sensación de que “Lago negro de tus ojos” iba a ser la hostia y mal desde luego no está, pero no tanto como parecía. La culpa es de Guillem López, por explicarse tan bien. Luego lo leo y algunas de las cosas que mencionó no me aparecen apenas desarrollados. Pienso en los “lugares de paso” y en que no paraba de hablar de Carla, cuando Carla apenas aparece en la novela, para mi, el verdadero protagonista es Bernat, Carla es apenas el sueño de una joven que una vez conoció.

O esa es mi interpretación.