Buscar este blog

No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

miércoles, 25 de marzo de 2015

“El marciano” de Andy Weir



Esta novela nos cuenta la lucha por la supervivencia de un astronauta abandonado en Marte. O sea, nos encontramos ante “Robinson Crusoe” en Marte. Bueno, no exactamente, el protagonista, Mark Watney, reza bastante menos, es bastante más simpático y, en general, la novela es más amena, cosa fácil, puesto que recuerdo “Robinson Crusoe” como uno de los libros más aburridos de todos los tiempos.

Publicitada más porque, aparentemente, vaya a ser la próxima película de Ridley Scott, con un casting que parece sacado de “Interestellar”  que por sus propios méritos, la novela ha despertado un agradable entusiasmo en la red, y en el público en general. Lo que no deja de parecerme irónico.

Los detractores de la ciencia ficción siempre se están quejando de que es un género que tiene demasiadas explicaciones. Dicen que se aburren con tantas explicaciones, que lo importante son los personajes y cosas así. ¿Qué tienen de malo las explicaciones? Las novelas policíacas están llenas de explicaciones y nadie se queja de ello. En cualquier caso, lo curioso es que cuando algún autor sube el nivel expositivo de su obra a cotas que rondan lo inaguantable, no solo suelen ser bien recibidos, sino que a menudo se convierten en grandes éxitos que traspasan las fronteras del género. Ocurrió con la saga de Marte de Kim Stanley Robinson y con un poco de suerte volverá a ocurrir con “El marciano” de Andy Weir., una vez más sobre la superficie del planeta rojo.

En esta ocasión la sobredosis de información no se refiere a la geografía marciana sino a los infinitos problemas que presenta para la supervivencia. La novela es una serie ininterrumpida y casi interminable de retos. Consiste en su mayor parte en el diario de Mark Watney: Mark Watney nos cuenta que tiene un problema. Mark Watney nos cuenta como lo ha resuelto. Así una y otra vez. En conjunto me ha resultado tan ameno como leerme un libro de problemas de matemáticas. Enunciado, seguido de solución, una y otra vez.

Estoy exagerando. Hay que reconocer, a favor de Andy Weir que el habla de Mark Watney es un gran hallazgo. Sin contarnos casi nada de su vida, Andy Weir construye un gran personaje, simplemente dejándole hablar. El uso del lenguaje de Mark Watney es siempre irónico y está salpicado de chistes y momentos de humor que hacen más amena la lectura. Por contraste, el resto de los personajes, que los hay aunque tarden en aparecer, resultan mucho más planos y parecen salidos de un cajón de saldos de guiones cinematográficos.

El ritmo de la historia tiene un atractivo muy justito, justo cuando las cosas empiezan a mejorar, ocurre algún desastre que lo manda todo al garete y que complica la existencia del infatigable Watney. No es demasiado sorprendente, ni demasiado aburrida. Se nota que es una primera obra.

Su principal atractivo está en lo que cuenta. Son muchos los que han soñado alguna vez con ser astronauta y viajar a otros mundos, yo entre ellos y la mayor parte de los aficionados a la ciencia ficción, aunque no todos. Todos los que lo han hecho encontrarán en esta novela una plasmación muy detallada y realista de su sueño, un acercamiento a lo que puede ser la vida en otro planeta.

También es una obra muy recomendable para todos aquellos a los que les gusta identificarse con un personaje muy inteligente, capaz de resolver los puzzles más complicados que se le presenten. En esta novela, hay uno así, para tampoco hay que menospreciar a los equipos de la NASA, el JPL y el Hermes.

En fin, tal vez yo sea un público mal predispuesto. Tengo un grave problema para retener números en la cabeza, lo que hacía que me perdiera cada vez que Watney empezaba a hacer virguerias para que funcionaran todos sus cachivaches con las baterías disponibles. Además, desde el final de mi adolescencia, cuando dejé de leer libros de Julio Verne, las historias sobre náufragos me parecen de lo más aburrido, a menos que naufraguen en una isla por la que campen a sus anchas los enloquecidos experimentos de un doctor diabólico, y lo que Weir nos ofrece es una odisea de la mente, más que del cuerpo, una celebración del ingenio y la inteligencia.

Como colofón, añadiré que la edición española cuenta con una introducción del entrañable Miquel Barceló, dedicada casi en exclusividad a lamentarse de que la fantasía heroica venda más que la ciencia ficción. Una grata sorpresa saber que todavía vive y que aún disfruta de la ciencia ficción, ¿pero no podría hablar de temas mas relacionados con la novela?

jueves, 19 de marzo de 2015

“Vlad” de C.C. Humphreys



La edición española viene subtitulada como “La última confesión del conde Drácula”, el título original es, simplemente “Vlad: the last confession”, obviamente sin referencia a ningún conde, pues esta es una novela sobre la vida del personaje histórico Vlad Draculea, conocido ampliamente como Vlad Tepes, y no aparecen vampiros en ella. En el epílogo, el autor comenta que Bram Stoker no sabía nada del personaje real, que solo le gustó el nombre. Así que esto es una novela histórica, no hay detalles sobrenaturales.

Humphreys se aplica a lo poco que se sabe realmente del personaje. En ese mismo epílogo hace una lista de los detalles conocidos a ciencia cierta y no es mucho más lo que ocurre, así que supongo que el libro será correcto desde el punto de vista histórico, pero me falta conocimiento para poder afirmarlo con seguridad. Por cierto, que todos esos detalles también pueden encontrarse en e cómic “Drácula” de Robin Wood y Alberto Salinas. No es lo mejor de Robin Wood, pero es un trabajo bastante decente, y en el prólogo, en el que el protagonista comienza a dictar su historia a un escriba, hay más calidad literaria que en toda esta novela.

El autor se esfuerza por tratar a su personaje con ecuanimidad, no se refocila en exceso con ninguna de sus barbaridades, aunque tampoco las oculta, pero se echa en falta un análisis psicológico más profundo. Vlad parece alternativamente un héroe atormentado por sus experiencias en la prisión de Tokat, o un monarca frío y calculador, que cultiva una imagen de crueldad cómo un recurso más a emplear. La del trauma me parece una visión demasiado simplista y tópica, la segunda tiene el inconveniente de que se da de narices con la apasionada naturaleza de la que hace gala el resto del tiempo, pareciendo en ocasiones un fanático religioso. Vlad Draculea, además, no me parece gran cosa como estratega. Aunque se justifica la mayor parte de las veces cómo que no tenía más opciones, la verdad es que, por lo que se lee, se precipitó una y otra vez a la hora de enfrentarse a sus enemigos y que siempre lo fiaba todo en el apoyo de gente de muy poca confianza, que acabaron traicionándolo.

La excusa que se utiliza para tejer la narración es una encuesta realizada más de una década después de su muerte, para estudiar si es posible limpiar su imagen y rehabilitar la orden del dragón. Tres personas que lo conocieron van relatando, supuestamente, su vida entre todos. Digo “supuestamente”, porque fuera de hacer pequeñas introducciones, nunca lo cuentan en primera persona, se limitan a ceder el testigo al clásico narrador omnisciente que, además, narrará sucesos que ninguno de los tres pudo presenciar.

No me quejo exactamente. El tema de los diversos narradores en primera persona, cuando se realiza con talento, queda de puta madre, pero es un auténtico engorro del que pocos autores salen ilesos: hay que dar su propia voz a cada narrador y el hecho de que sólo puedan contar lo que vivieron directamente es un verdadero desafío para los escritores (y lectores) criados con el cine y la televisión. Mi única objeción es, si al final lo vas a narrar todo en tercera persona, incluyendo incluso escenas de los malos discutiendo de sus cosas en habitaciones cerradas, ¿para que te molestas en montar este artificio? ¿Y para que haces que el lector se tenga que tragar las páginas sobre la preparación y el desarrollo de la vista, que mayormente no afectan para nada a Vlad? Con lo mucho que me molesta peder el tiempo.

Bueno, en una ocasión sirve de elipsis. Interrumpimos la conexión y uno de los presentes hace avanzar la trama varios años, resumiendo lo que le ocurrió al príncipe de Valaquia entre el final del anterior capítulo y el comienzo del siguiente. Podría haber servido, también, para exponer los diferentes modos de enjuiciar sus actos y los posibles puntos de vista con los que se puede ver el personaje, pero no se hace, esa posibilidad se desperdicia totalmente, los asistentes a la vista no hacen más que repetir los mismos pareceres, una y otra vez. En el fondo, su única finalidad, es prepararnos una previsible sorpresa final, que todo lector atento y experimentado vendría esperando desde la mitad del libro. Una sorpresa poco creíble, innecesaria, destinada sólo a dar una especie de final feliz a su protagonista, e incluso una especie de triunfo final.

Por lo demás, la vida de Vlad Draculea es tan pródiga en batallas, traiciones, asesinatos y ejecuciones (con estacas de punta roma), como para mantener entretenido al lector más exigente. Se podría decir que el mérito es de la Historia, con mayúsculas y no del bueno de C.C. Humphreys, pero creo que ya lo he machado demasiado. Él es quién decide que fragmentos de su vida narrar y como narrarlos y estructura su narración con notable eficacia. Así, asistimos a su época de rehén de los turcos, su traumática estancia en la prisión de Tokat, su primer reinado, como títere turco, su segundo reinado, la venganza contra los boyardos, su brutal instauración del orden, la guerra contra los turcos, los bosques de empalados, la derrota, la traición, la prisión y su última guerra.

Todo es aceptablemente entretenido. A veces la puesta en escena resulta muy teatral, con lo que no quiero decir que no resulta natural, sino que el modo en que transcurren las escenas y los diálogos recuerdan a una obra de teatro. No sé si lo hubiera pensado si no hubiera leído que el autor fue actor. Correcto, como he dicho que me parece en lo histórico, Humphreys no es particularmente brillante en las descripciones, que por lo general carecen de colorido y vitalidad. Las escenas de torturas o empalamientos, siendo horribles, se escriben con los detalles mínimos necesarios para no cargar las tintas en los aspectos truculentos. Igualmente, se cuenta casi lo menos posible de las batallas y las campañas militares, de toda una vida envuelta en ellas, sólo dos se describen en profundidad. No estamos ante un Bernard Cornwell, no son particularmente emocionantes o realistas. Con todo, entre ejecuciones y batallas, puede que sean el sesenta por ciento de la novela.

La impresión general que me ha producido, es de profesionalidad. Es un libro honrado, bien escrito y entretenido, pero sin rastro de pretensión artística. O, caso de tenerlas, el autor fracasa en ellas. Calma  el hambre, pero no cautiva con el sabor de la buena mesa. No sobresale por encima de la media en ningún aspecto. Ni grandes defectos ni grandes aciertos. Se lee tan rápidamente como se olvida. Una típica novela histórica, como cualquier otra de los cientos de novedades que pueden encontrarse en nuestras estanterías. Ni más, ni menos.

martes, 10 de marzo de 2015

“World without end” de Joe Haldeman



Reseño esta novela, con el corazón ligeramente turbado, la casualidad ha querido que la lectura de esta novela haya coincidido con la muerte de Leonard Nimoy.

En esta ocasión, el Enteprise encuentra, en mitad de ninguna parte, lo que parece un reactor Bussard abandonado sin rumbo. Como no, pronto un equipo de exploración se interna en sus interioridades, equipo que pronto queda atrapado, y empieza la odisea por salir de la gigantesca nave, que no sólo no está abandonado, sino que está muy poblada.

Por si no quedó claro en su reseña, la otra novela de Joe Haldeman ubicada en el universo de Star Trek supuso para mí una completa decepción. No ha sido el caso de esta. “World without end” es todo lo que habría querido que “Planet of judgment” fuera y no fue. En “World without end” Joe Haldeman abraza con entusiasmo los códigos de la aventura pura y dura. Consigue una historia fresca y trepidante, en la que, como en los mejores capítulos de las múltiples series de televisión de Star Trek, la situación se va complicando progresivamente, hasta alcanzar un emocionante final.

Por el camino nos encontraremos con una buena cantidad de sorpresas, servidas con un gran sentido del ritmo, unos alienígenas interesantes, un cierto respeto por las leyes de la física, peligros de lo más variopinto y mucha ironía y sentido del humor. Lo único que puede molestar a algunos de los fans más acérrimos es el poco peso que el capitán Kirk tiene en la trama. Resulta evidente que Spock y McCoy son los personajes preferidos del autor, pero es que hasta Scott tiene un momento que supera todos los del buen capitán.

En resumen, una novela tal vez no muy memorable, pero de lectura muy agradable. Probablemente un trabajo de encargo, hay muy poco de los rasgos personales de Haldeman, y no interesará a los entusiastas de su obra, pero si les hará pasar un muy buen rato.

miércoles, 4 de marzo de 2015

“Una guirnalda de estrellas” de Bob Shaw



Dice la wikipedia que Bob Shaw casi perdió la vista, debido a la enfermedad, y que toda su vida padeció de migrañas, inducidas por distorsiones visuales, lo que se refleja en su obra. Parece cierto. De las novelas de Bob Shaw que he leído recientemente, tres tratan temas relacionados con la visión: “Periplo nocturno”, “Otros días, otros ojos” y “Una guirnalda de estrellas”.

En esta ocasión, el desencadenante de la acción es el invento de las gafas de visión nocturna. Hay que ver como pasa el tiempo. El caso es que dicho invento no ha llegado a tener la repercusión que en esta novela, y eso que las aplicaciones que Bob Shaw les da parecen totalmente racionales. ¿Misterios de la economía de mercado? Quien sabe. Tal vez el producto real no funcione tan bien como el imaginario. En todo caso las supergafas de Bob Shaw resultan que tienen un efecto totalmente inesperado, hacen visible lo invisible, en particular, la materia hadrónica.

No tengo ni idea de lo que es la materia hadrónica. Sospecho que Bob Shaw tampoco la tenía. Tiene que ver con los quarks. Sospecho que un físico sería incapaz de tomarse en serio los intentos de verosimilitud de esta obra. Tampoco tiene importancia. Este es uno de esos casos en los que la idea es tan bonita que no importa la base en que se sustenta, da lo mismo que esto sea ciencia ficción hard o una novela de fantasía. Simplemente es una idea preciosa, de esas que deberían ser verdad, porque reflejan una verdad subjetiva. ¿Qué verdad es esa? Que hay mundos dentro de mundos. Un sol dentro del sol. Una tierra dentro de la tierra. En esta caso, compuestos por diferentes tipos de partículas, ignorantes el uno del otro e incapaces de entrar en contacto unos con otros.

Los dos tipos de materia ocupan el mismo espacio, pasan uno a través de otro como si se tratara de fantasmas invisibles, inadvertidos, hasta la invención de las dichosas gafas. A partir de ese momento, somos testigos de cómo un astro del otro tipo de materia atraviesa el sistema solar, hasta casi colisionar con la Tierra, del descubrimiento de que existe otro planeta en el interior del nuestro y de los primeros intentos de contacto con sus habitantes.

Los protagonistas principales son Gilbert Snook, una persona que siempre ha procurado aislarse voluntariamente de las relaciones humanas, que se define a sí mismo como un “neutrino humano” y que irónicamente resultará poseer poderes telepáticos imprescindibles para este contacto y  Boyce Ambrose, un físico adinerado, director de un observatorio, que obtuvo sus laureles más gracias al dinero que a sus estudios, cuya mayor ambición es lograr el respeto de sus colegas académicos. A ellos dos habría que sumar a Prudence Devonald, la chica de la historia y a los malos.

Es una novela corta, de poco más de doscientas páginas. Se lee en un suspiro y se acaba antes de que te des cuenta de que ha terminado el comienzo. Con algunos altibajos, debido a los tiempos muertos que impone el argumento, la narración fluye de un modo adecuado, aumentando progresivamente el interés, hasta un clímax adecuadamente interesante y un epílogo excesivamente prolongado. A pesar de lo atractivo de la historia, me da la sensación de que Bob Shaw no sabía muy bien como terminarla, aunque hasta cierto punto lo logra en lo que incumbe a la evolución personal de Snook.

Esta es tanto una novela de primer contacto como la historia de la reconciliación de un solitario con la humanidad, o al menos con la otredad. A través de sus peripecias y del contacto con alienígenas, Snook desarrolla los lazos afectivos que toda su vida ha intentado rehuir y, al final, acepta la necesidad de los mismos. La evolución de Snook, es correcta, pero no emociona ni conmueve y, probablemente, no transmite autenticidad.

Es el único de los personajes que evoluciona. Ambrose es presentado de un modo magnífico, pero luego pasa a comportarse como el típico científico sabelotodo desprovisto de emociones, aunque sus actos finalmente lo rediman ante la opinión del lector. Prudence lo mismo parece una mujer liberada e independiente que la típica dama en apuros. La interacción entre los tres, típica mezcla de desconfianza, celos, colaboración forzosa y peleas, es bastante penosa, en mi opinión, más que nada molesta.

Los mejores momentos de la novela no son los que describen la interacción entre personajes, sino la interacción entre mundos. Las apariciones fantasmales de los forasteros y las descripciones de su mundo. Es en estos momentos donde más brilla la prosa de Shaw. El fragmento en que Snook imagina cómo sería la separación entre los dos mundos vista con las gafas de amplite, es una pequeña obra maestra, sense of wonder inyectado en vena.

Una pequeña joya de la imaginación.

Puesto que no tengo intención de releer la trilogía de los astronautas harapientos, ya que fueron de los primeros libros de ciencia ficción de mi propiedad y el primero lo he releído un montón de veces, con esta reseña he terminado el repaso a la obra de Bob Shaw publicada en España. Me ha parecido un autor interesante, por encima de la media, tal vez no de los más grandes, pero con momentos muy grandes, en ocasiones, magistral en su uso del lenguaje. Otras no. Creativo, con una imaginación muy bien entrenada, capaz de muchos registros y que no temía correr riesgos. Mientras que otros autores parecen escribir siempre la misma novela una y otra vez, las de Bob Shaw son muy diferentes entre sí. Por lo que he leído, la mayor parte de sus mejores obras han sido traducidas al castellano, con una notable excepción: “Orbitsville”, una de sus novelas más famosas y una de las dos que incluyó David Pringle en su lista de las 100 mejores novelas de ciencia ficción.

En otros tiempos, terminaría este post alzando mi voz, haciendo una llamada para que alguna editorial española se compadeciera y la publicara, pero ya no sé si merece la pena, habida cuenta de que, más allá de las novelas apocalípticas y de las distopías adolescentes (lo que ya es una mejora), el género parece haber desaparecido de nuestras estanterías de novedades. Además, creo recordar que el foro de sedice dedicado a las novedades de Alamut, en una ocasión el mismísimo Luis G. Prado mostró su interés por la obra de Bob Shaw, para a continuación lamentar que conseguir los derechos sobre la misma fuera una auténtica misión imposible.

En fin, hasta la vista Bob Shaw.