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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 26 de mayo de 2017

“La voz del amo” de Stanislaw Lem


Prosigue mi relación de amor odio con el escritor polaco. “La voz del amo”, anteriormente conocida como “La voz de su amo” recoge las memorias de uno de los científicos que participaron en la investigación de una transmisión de origen extraterrestre. “La voz del amo” se ha reeditado múltiples veces, ha sido ya reseñada innumerables veces por internet. Se ha glosado la crítica que hace del estamento científico, su carácter visionario, su profundidad filosófica, especulativa, científica, etc, etc. Pero ninguna de las múltiples críticas que he consultado hacen referencia a su principal característica: “La voz del amo” es aburrida. Muy aburrida.

Por decirlo con rudeza, un auténtico peñazo.

Aconsejo a los completistas de Lem que no puedan resistirse a intentar abordarla, que se salten el prefacio y los dos primeros capítulos. Consisten en el narrador divagando sobre los temas mas peregrinos y no tienen nada que ver con el resto del libro. Para colmo de males, están escritos de un modo pomposo y pedante. Quizá Lem lo eligió conscientemente, pensando que así se expresaría un asno pretencioso como su personaje. Felicidades, señor Lem, consiguió usted ser todavía mas tedioso que su personaje.

Con la lectura reciente, me parece que el prefacio y esos dos capítulos son lo peor que he leído en mi vida. Supongo que el tiempo, que todo lo calma, los pondrá en su lugar.

También debo advertir a los futuros lectores sobre la contraportada de la edición de Impedimenta. En ella se engaña al lector, dando a entender que toda la novela gira alrededor de un conflicto ético y ominoso, que es, en realidad, el único momento en que parece que va a ocurrir algo. Tiene lugar bien adentrada en la novela, es decir, casi al final y dura muy poco tiempo, aunque da forma al único par de capítulos legibles.

En cuanto a la profundidad de “La voz del amo” … No digo que no la tenga. Stanislaw Lem era un tipo muy profundo capaz de reflexiones de alto alcance y de hacer reflexionar a sus lectores. Sin embargo, permítanme una cita:

La comunicación es el envío de información entre un emisor y un receptor, a través de un canal, utilizando un código (sistema de signos que se utilizan para la producción del mensaje). La comunicación hace referencia a un contexto: las circunstancias de tiempo y lugar en las que se desarrolla el proceso, que es asumido como conocido, tanto por el emisor como el receptor.

Si suena poco exacto o preciso, es culpa mía, porque proviene de mis apuntes de primero de BUP. Pueden repetirla si quieren.

Los científicos protagonistas de “La voz del amo” han interceptado una comunicación, pero desconocen el código en el que está transcrita y el contexto al que hace referencia. Como consecuencia, son incapaces de descifrarla.

El sesenta por ciento de “La voz del amo” consiste en reiteraciones de las dos frases anteriores, expresadas de modo mucho mas rebuscado, con muchos rodeos, ejemplos, imágenes y metáforas. La crítica al estamento científico, que se alaba en algunas reseñas, existe, y es cierto que en esta obra se dan algunos buenos puntapiés a las relaciones entre la ciencia y los gobiernos, pero es una parte totalmente secundaria de la novela, que ocupa una mínima parte de su espesor: no va mas allá de la presentación de los personajes. El grueso consiste en Lem repitiendo cien mil veces lo mismo

Mención aparte merece el pasaje en el que, sin venir a cuento, Lem se pone a criticar las novelas de ciencia ficción. Pues si, la mayoría son poco originales, como la mayoría de toda la literatura que se produce. No puedo evitar ponerme conspirativo. ¿Estará Lem diciendo: “La ciencia ficción es un basura. No es lo que escribo, yo escribo literatura destinada a volar por los aires el cerebro del que lo lea”? Eso explicaría el motivo de tanta reseña elogiosa: el que la lea tiene que proclamar a los cuatro vientos lo mucho que le ha gustado, porque si no, significaría que pertenece a la misma plebe hacia la que Stanislaw Lem dirigió sus vituperios y él es distinto: ¡LEE A STANISLAW LEM!

Sinceramente, no doy mucho peso a mi propia teoría. Es bien sabido que Lem tenía tan mala opinión de su propia producción de ciencia ficción como de la ajena.

Llegados a este punto, creo que mi opinión, totalmente subjetiva, ha quedado bastante clara. ¿Hay algo que salvaría de la quema en este libro? El escenario, totalmente desaprovechado, en que transcurre, un antiguo centro de pruebas nucleares, me parece fascinante y encontré aterradoras las vivencias de uno de los personajes durante la segunda guerra mundial. Tal vez el problema esté en considerarla una novela, quizá entendiéndola como un ensayo novelado y publicitándola así, se podría disfrutar mas. En fin, literatura de ideas, porque no hay ni personajes ni peripecia. Si eres de los que no leen ciencia ficción porque piensas que consiste en una sucesión de aburridas explicaciones, esta novela confirmará todos tus temores. ¿La recomendaría? Bueno, como decían en el cuestionario de la extinta trabajobasura.info, claro que si. ¡A MI PEOR ENEMIGO!

domingo, 21 de mayo de 2017

ARREGLADO

¡CUATRO DIAS! Ese es el tiempo que LEKTU ha tardado en empezar a bombardearme con sus correos de ¿te ha gustado? ¿vas a pagar algo? Obviamente no sé si "Proyecto Marte" me va a gustar o no, pero he optado por el remedio lógico: pagar. A fin de cuentas estamos hablando de menos de un euro, por eso no me voy a arruinar. Tengo pilas de libros cogiendo polvo que me costaron veinte veces mas. El caso es que ganas de leerlo no me faltan, pero no sé cuando me pondré.

viernes, 19 de mayo de 2017

“La dama y el recuerdo” de Silver Kane (Francisco González Ledesma)


Francisco González Ledesma es un reputado escritor de serie negra. Ganó el premio planeta con su novela “Crónica sentimental en rojo”. La leí de adolescente impresionable y no me causó mala impresión, aunque menor que la que me llevé cuando descubrí que había escrito novelas del oeste con el seudónimo de Silver Kane. Mis hermanos tenían un par de cajas de zapatos bajo la cama, llenas hasta rebosar con novelitas de cien páginas del oeste y de ciencia ficción. Recuerdo la fascinación que me provocaban las portadas de estas últimas, como, en cierto modo, me aterrorizaban. Mi madre acabó tirándolas antes de que tuviera edad como para leer ninguna, aunque en casa de mi abuelo encontré otro alijo y tuve oportunidad de leer unas cuantas del oeste. Entre ellas había alguna de Silver Kane.

De entre los escritores de bolsilibros del oeste, creo que Silver Kane es el mas popular hoy día. Cuenta entre sus nostálgicos con personajes conocidos, por ejemplo, el artista multimedia Alejandro Jodorowsky (si, ese mismo Alejandro Jodorowsky que tanto a contribuido a impedir que exista un cómic europeo de ciencia ficción de calidad) No era de mis autores favoritos, yo prefería el sentido del humor de Keith Luger, aunque Silver Kane siempre superaba al tedio monótono de Marcial Lafuente Estefania.

En cualquier caso, cuando en el 2010 Francisco González Ledesma se lanzó de cabeza a un proyecto en apariencia tan suicida, en el mercado literario español, como publicar un western y además hacerlo con su antiguo seudónimo, la cosa no pudo menos que llamarme la atención. Finalmente he conseguido leerlo.

“La dama y el recuerdo” no aburre, su ritmo es vertiginoso y el primer párrafo, ese que aparece citado en la solapa, es magnífico. Fin de sus virtudes. En cuanto a sus defectos ¿por dónde empezar? No parece que el autor tuviera muy claro la historia que quería contar, mas bien parece que se la vaya inventando por el camino. Este problema lo soluciona cambiando constantemente de escena y personaje. Al final consigue algo parecido a atar todos los cabos sueltos, pero no lo consigue del todo. Por ejemplo, nunca se explica que demonios hacia el personaje de Taylor en la casa de Ford y es un acontecimiento crucial para la trama, sin el cual no tiene mucho sentido.

En la novela, todas las mujeres están buenas y el modo en que el autor se recrea en sus encantos roza la vulgaridad. Llamadme mojigato si queréis. Los personajes, salvo los que son clichés del género, están muy exagerados, tanto para glorificarlos como para vilipendiarlos. Los malos son muy malos y se refocilan en su maldad como si fueran supervillanos de viejos cómics de superheroes. Los dos pistoleros protagonistas son pintados al principio como asesinos sin entrañas, para luego terminar revelándose como hermanitas de la caridad, respetuosos con las mujeres y aficionados a tocar la armónica, a los que solo les falta leer o escribir poesía. Todos ellos hablan igual, un defecto muy común y hasta cierto punto irremediable: salvo para genios como el Sapkowski, los personajes de un libro están condenados a hablar del modo en que escribe su autor. Unos escritores solventan esta dificultad mejor que otros, en este libro Francisco González Ledesma ni siquiera lo intenta. No es solo que todos hablen igual, es que hablan igual que el narrador.

Narrador con tendencia a retruécanos y golpes de efecto, supuestamente impactantes, que empiezan a cansar a partir del tercero. Narrador, también, muy repetitivo. Quién sabe si tendría que llegar a un número mínimo de palabras para conseguir que le publicaran, pero repite veinte veces lo mismo. En ocasiones es para retomar el hilo de lo narrado: termina una escena con un cliffhanger, cambia de escenario y, cuando vuelve, repite palabra por palabra las dos o tres últimas frases del final de la escena que quedó interrumpido. No es excusa, devalúa la experiencia lectora y es fácil de arreglar. También es dado a repetir machaconamente algún dato, generalmente las razones por las que alguien odia al villano de la historia, como si no se le ocurrieran mas formas de transmitir al lector ese odio.

Algunas subtramas parecen metidas con calzador. Mete a su propio alter ego, Silver Kane, como personaje de la novela y le dedica un capítulo casi entero, capítulo en el fondo irrelevante. La trama es una especie de folletín decimonónico, cuajado de secretos y supuestas sorpresas, aderezado con pistoletazos. Por desgracia, la fuente de inspiración no parece haber sido los grandes clásicos del western, sino los filmes mas oscuros y olvidables que alguna vez salieron de las profundidades del desierto de Almeria, junto con la obra de sus coetáneos. Los tiroteos son inverosímiles y exagerados y no falta el sello distintivo del tiro en la frente.

En fin que se encuentran presentes todos los defectos disculpables en una novelita de cien páginas, nacida sin otro propósito que ayudar a pasar una tarde de verano, pero que no son de recibo en un novela mas larga y ambiciosa. Yo esperaba algo parecido a las novelas de ciencia ficción de Angel Torres Quesada, que Felipe González Ledesma se hubiera dado el gusto de escribir el western que nunca le hubieran dejado publicar, en el que hubiera volcado toda el conocimiento y la sabiduría literaria adquirida a lo largo de tantos años. En vez de eso, me he encontrado con un bolsilibro alargado.
 

martes, 16 de mayo de 2017

¡LO HE VUELTO A HACER!

Me odio a mi mismo. Se me fue el dedo. En el correo de Lektu vi que "Proyecto Marte" libro de LJ Salart del que he oído hablar muy bien estaba en "Paga si te gusta" y me lo he descargado. ¿Qué porque me arrepiento? Porque me conozco esto ya me pasó antes, con un libro de relatos de Ian Watson y, al final, me concentro con las novedades y me olvido y empiezan a llegarme correos de ¿te ha gustado? ¿vas a pagar algo? Y como no sé si me ha gustado, porque no me lo he leído me cabreo y lo dejo como está y digo yo ¿para que me lo bajo si no me lo leo? Es totalmente injusto para el autor. Lo peor es que "Proyecto Marte" tiene buena pinta.

viernes, 12 de mayo de 2017

“La taza de oro” de John Steinbeck



En esta pequeña joya, el premio novel estadounidense John Steinbeck narra la vida del famoso pirata Henry Morgan. Lo hace como si fuera una fábula o una parábola, empleando un lenguaje muy poético y melancólico. Steinbeck nos presenta a Henry Morgan como a un soñador, condenado a matar sus sueños, a fuerza de lograrlos.

Esta ansía por cumplir sus anhelos infantiles le harán abandonar su Gales natal, que se describe de un modo muy romántico e idealizado, cruzar el atlántico y establecerse en las Indias occidentales, donde emprenderá un cuidadoso ascenso, de esclavo a caudillo pirata. Morgan se mueve de triunfo en triunfo y cada victoria supone para él una decepción. Cada vez que logra una de sus metas, pierde todo interés en ella, no comprende como pudo desearla y pasa a centrarse en la siguiente. Dejo al lector que imagine lo que desencadenará la consecución de las ambiciones de toda su vida.

A pesar de contar la vida de uno de los mayores piratas de todos los tiempos, ésta mas que una novela de aventuras es una novela sobre los sueños. Los que renunciaron a ellos, como el padre de Morgan que no abandona su valle natal en toda su vida y los que luchan por ellos, como él, condenados a toparse con su banalidad. Tampoco insistiré sobre cual de los dos es mas feliz.

Morgan es un soñador, pero un soñador pragmático. Cualquier medio le parece bueno para conseguir sus fines. Jamás se cuestiona sus actos. No tiene escrúpulos ni remordimientos. A pesar de su tono elegíaco, esta novela presenta un retrato de Henry Morgan mucho más realista que el de varios documentales que he visto sobre los piratas, en los que el público y los historiadores anglosajones no pueden ocultar sus simpatías. No elude la faceta mas oscura de Morgan, aunque no escarba en ella: pasa de puntillas por las atrocidades cometidas en Maracaibo, omite las de Portobelo y sólo se menciona a dos de sus antiguos compañeros piratas a los que hizo ahorcar, ya como gobernador de Jamaica.

La prosa de Steinbeck es, por decirlo con una sola palabra, excelente. Sencilla, elegante, poética. El libro está llenos personajes fascinantes caracterizados con apenas una pincelada y de descripciones llenas de color, narrado todo con una facilidad y un sentido del ritmos magníficos. Aunque es una novela corta, ocurren un montón de cosas (los acontecimientos de toda una vida y una vida muy ajetreada) pero nunca se tiene sensación de apresuramiento.

La novela produce, en cambio, una sensación de serenidad y tristeza, atenuada por algún momento irónico. Por buscarle tres pies al gato, podría decir que el modo en que se expresan los personajes en los diálogos tiende a la grandilocuencia y que puede resultar inverosímil en muchos de ellos, pero aún esto es adecuado, dentro de las dimensiones de fábula o parábola del relato. La única vez en que uno de ellos resulta cargante, el autor lo hace intencionadamente, pues el personaje se convierte en objeto de burla de su interlocutor.

A pesar de la escasa simpatía que le tenía Luis Buñuel, parece que John Steinbeck no ganó el premio novel en una tómbola.

viernes, 5 de mayo de 2017

“Arañas de Marte” de Guillem López



Durante el aniversario de la muerte de su hijo Joan, Hanne sufre un ataque epiléptico. El reconocimiento médico posterior revela que su cerebro esta lleno de desconcertantes agujeros o manchas, tal vez un tumor cerebral. A partir de aquí, el relato se mueve hacia delante, hacia atrás y hacia los lados. El lector se enfrenta a capítulos en que se narra el pasado de Hanne, pero en los que el pasado no encaja con su realidad presente (hay pequeños detalle, tatuajes que aparecen y desaparecen) y que concluyen con la intromisión de lo incomprensible y lo portentoso (agujeros negros que aparecen en medio de una casa, visiones, hecatombes)

A peor: también hay capítulos en los que Joan está vivo y Hanne no, o en que Joan sobrevivió, pero su padre abandonó a Hanne. Tal vez Hanne se esté volviendo loca, tal vez su cerebro dañado esté reconstruyendo su pasado con recuerdos inventados, o con sueños. Tal vez esté accediendo a universos paralelos, o creándolos. Tal vez la realidad no sea mas que una construcción del cerebro. O tal vez unas arañas alienígenas de otra dimensión le estén devorando el cerebro. O tal vez Guillem López haya escrito esta novela como aquel poema ficticio de Borges, que exploraba todos los desenlaces posibles de una batalla.

Este libro no es para mí. Soy un lector muy clasicote, de los que les gusta que les cuenten una historia, con planteamiento, nudo y desenlace. Desde este punto de vista, no debería poder decir que haya encontrado mucho de interés en el libro, no he tenido sensación alguna de progresión dramática, ni de desenlace. Fuera de los dos primeros capítulos, los demás podrían leerse en cualquier orden. Me pregunto si no sería adecuado hablar de un fix-up de relatos relacionados, mas que de una novela. También prefiero un estilo literario “transparente”, una prosa en principio menos elaborada, como la de Karin Tidbeck en mi anterior entrada.

Pero todo eso son criterios subjetivos, “me gusta” y “no me gusta”, pulgares hacia arriba en facebook. Si tengo que ser objetivo, interpreto que lo que Guillem López se proponía era transmitir al lector la fragilidad, no solo de nuestros recuerdos, sino de toda la realidad. La inestabilidad cuántica de la realidad, si nos ponemos. Si mi interpretación es correcta, ha logrado su objetivo. Al contrario de lo que suele suceder, Intenciones y resultados concuerdan en esta obra.

Y no sólo eso. Vértigos demenciales aparte hay un retrato muy certero de personajes, de la pérdida y de como la gente se enfrenta a ella y sobre todo, de la depresión. Este no es un libro para lectores impresionables. Si me ha causado mal rollo no ha sido por la destrucción de Valencia ni por los horrores que acechan en los armarios, sino por lo que tiene de inmersión en la mente de una persona destrozada, que pierde o está perdiendo el control de su vida y es incapaz de rehacerse. Sin sentimentalismos ni ternurismos. Guillem López no juzga a sus personajes, pero tampoco les ofrece la menor compasión.

Por último resaltar que, independientemente de mis preferencias estilísticas, “Arañas de Marte” está bien escrito. Muy bien escrito. Condenadamente bien escrito. Me resulta increíble la cantidad de recursos que tiene este hombre, la creatividad aparentemente infinita que muestra en cada capítulo y cada párrafo, el aluvión de metáforas, imágenes y diálogos sorprendentes y originales que fluyen por este libro. Guillem López sería capaz de describir una hoja en blanco durante un capítulo entero y mantener al lector boquiabierto y maravillado durante su lectura. Sería capaz de lograr lo mismo en diez capítulos, cada uno describiendo de forma distinta y fascinante la misma hoja en blanco.

Aunque en este caso no haya podido conectar con la propuesta del libro, ahora mismito me voy a comprar “La polilla en la casa del humo”. Debo ser una víctima de la presión mediática.

viernes, 28 de abril de 2017

“Amatka” de Karin Tidbeck


La primera vez que oí hablar de esta novela, se referían al mundo en que transcurre como “lenguaje reactivo”. O algo así parecido. Un mundo sensible al lenguaje en el que el entorno responde al lenguaje, hablado o escrito. Me pareció una idea tan descabellada que en el acto supe que había de adquirirlo. Ahora que he terminado su lectura constato que la idea de partida era realmente fascinante, aunque no tan demencial como esperaba.

En el mundo de “Amatka” la realidad es definida por el lenguaje y tiene que ser reforzada continuamente. Los objetos llevan etiquetas que los definen y deben ser “marcados” periódicamente, alguien debe decir en voz alta lo que son, para que no pierdan su forma y reviertan a un fango indefinido. El cielo carece de astros, el suelo de horizontes, no hay animales, tan solo múltiples variedades de hongos que constituyen la dieta de la humanidad. Para defenderse de este estado de realidad en descomposición, la sociedad humana adoptó algo parecido al comunismo, aunque mas bien es una especie de “colectivismo” exacerbado, donde la colectividad se pondera sobre el individuo. Los ciudadanos están culturalmente obligados a trabajar para contribuir al estado, a reproducirse, para asegurar el futuro de la sociedad. Los niños se crían en instituciones gubernamentales, con escasas visitas de sus padres. Las jornadas de trabajo son extensas, las diversiones, inocentes y comunales. La ficción no existe. La propaganda incita a vigilar y denunciar a tus compañeros. Los disidentes son lobotomizados para privarles de la capacidad del habla.

En este ambiente, Vanja llega a la colonia de Amatka (el principal centro agrícola) para realizar un estudio absurdo sobre los hábitos de consumo de productos de higiene personal. En Amatka ocurrió algo de lo que nadie quiere hablar, que causó la desaparición de una gran parte de la población. Vanja es nuestros ojos, conocemos el mundo a través de sus viajes y conversaciones y, ocasionalmente de sus recuerdos.

El recurso del forastero que llega a la ciudad, es un clásico, que no por utilizado resulta menos eficaz. No es raro que este forastero sea un personaje gris, del que el lector apenas sepa nada, puesto que lo que importa no es él, sino lo que va descubriendo. Eso es lo que ocurre en Amatka y es su principal problema. Vanja es un personaje demasiado poco definido. No es que no sea carismática, que no lo es, sino que apenas tiene personalidad. Comprenderla es imposible, porque casi no existe, es un títere sin voluntad propia, llevado por los hilos de la narración. Fui incapaz de creerme cuando, a mitad de la novela, toma una decisión que trastocará por completo su vida, en apenas unos minutos, sin dudas ni remordimientos. Nadie es así en la vida real, nadie es tan impulsiva. Al menos nadie tan apática y asustadiza como Vanja se ha mostrado hasta ahora.

Estoy seguro de que esta opinión no será compartida por todo el mundo, sobre todo porque el personaje gana enteros al final del libro. El momento en el que se confiesa con Nina en la página 209 es una de las cumbres de la novela. Es conmovedor y define muy bien al personaje… mucho mejor de lo que lo han hecho las doscientas ocho páginas precedentes, flashbacks incluidos. Casi parece que se traten de dos personajes distintos.

La novela se lee muy bien, pero tiene un comienzo un poco deslavazado. Durante esa primera mitad, lo único que ocurre es que Vanja recorre Amatka y mantiene conversaciones. Esta parte es muy importante, durante ella se reparte información, se presentan enigmas y personajes y se plantan todos los argumentos que se desarrollarán a continuación. En resumen, se prende fuego a las mechas de todas las bombas que estallarán en la segunda parte del libro. Pero, por sí misma, carece de entidad propia y de objetivo. Y Karin Tidbeck se podía haber ahorrado los breves informes que Vanja envía sobre su trabajo, puesto que no aportan ninguna información relevante.

Una vez dispuestas todas las piezas sobre el tablero de ajedrez, la narración se acelera y el ritmo se vuelve excelente. Se suceden las sorpresas y los momentos impactantes, con una revelación adecuada a la altura de cada enigma y cada personaje encontrando su destino inevitable, hasta la llegada del gran final.

Aunque en esta vida todo sea mejorable, el final es bastante bueno. No tengo claro si la autora pretendía horrorizar o fascinar, o quizá ambas cosas a la vez. Prima la imagen impactante sobre la lógica, pero no todo el mundo es devoto de la lógica. Todas las reseñas que he leído mencionan el comunismo y el mundo post once de septiembre que nos ha tocado vivir. No seré yo quien lo niegue. Tal como yo lo veo, Amatka es una historia sobre el miedo y lo que la gente llega a hacerse a sí misma para protegerse de ese miedo. Las personas como Nina conocen la realidad, pero se niegan conscientemente a afrontarlo, ni siquiera a hablar de ello. Fingen que el peligro no existe para vivir un simulacro de normalidad en el que puedan cumplir con sus expectativas sociales, dejando el control de sus vidas ciegamente en otros, un comité que les oprime con su beneplácito, una entidad superior que no conocen ni comprenden. La conversación final con Ladis Harri en la que se expone el punto de vista contrario al de Vanja, también es excelente, como lo es el lenguaje empleado en la novela, aparentemente sencillo, sin grandes artificios, pero eficaz. “Prosa de cirujana” como dice la contraportada.

Como ya he dicho la idea es excelente, aunque pienso que una mente mas retorcida podría haberle sacado mas provecho, el desarrollo de la trama, una vez que coge velocidad, es bueno y está muy bien escrito. El mensaje no me acaba de convencer, a pesar de las imágenes desconcertantes e incluso siniestras, es demasiado “buenrollista” para mi gusto. Según lo interpreto, Karin Tidbeck está diciendo: es tu mente la que determina tu realidad, así que olvídate de todos los miedos que tu educación te inculcó y vuela libre. Lo que puede ser verdad en el mundo de Amatka, pero no en la vida real.

Dejémoslo en que, aunque no es una obra redonda, es una novela imaginativa y bien escrita, con cuya lectura he disfrutado mucho.

Contra mis costumbres habituales, terminaré citando unas palabras de la autora que, a mi entender, iluminan bastante su obra:
"Mi plan secreto es cambiar la realidad. Y como la realidad se construye con un consenso, si cambiamos este, podemos cambiar la realidad. Sueño con ese día en el que uno de mis lectores caminen por la calle y de pronto se cruce con un ciempiés gigante. ¿No sería maravilloso?"