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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

jueves, 11 de octubre de 2018

George R.R. Martin habla de “Cualquier otro día” de Dennis Lehane


 O habló para ser más exactos y muy bien, al menos durante el primer párrafo. En el segundo se le fue la pinza y empezó a divagar.

Pueden leerlo aquí.
¿Se están preguntando que demonios me importa lo que George R.R. Martin dijera o dejara de decir? Bueno, la verdad es que me estoy leyendo “Cualquier otro día” y es una novela muuuyyy laaaaarga. Así que necesitaba un post de relleno para que mis treinta seguidores no se olviden de mi y, de paso, quise poner a prueba la teoría de que basta con poner en tu blog el nombre de George R.R. Martin para que aumente el número de visitas.

jueves, 4 de octubre de 2018

“Estacion Hawksbill” de Robert Silverberg



Esta novela me ha parecido una combinación de lo excelente y lo rutinario. Su premisa es que, en un futuro tan cercano que ya es pasado, los estados unidos se han convertido en un estado totalitario y se deshacen de los disidentes políticos enviándolos a través del tiempo, al periodo Cámbrico, mediante un proceso que sólo permite el viaje de ida.

En capítulos alternos se nos cuenta la vida de uno de estos presos políticos, que acabará convirtiéndose en el líder de de la comunidad y el revuelo y las reticencias que provocan en esta extraña comunidad la llegada de un enigmático nuevo recluso, que no se comporta como el resto.
Encuentro cierto esquematismo en la parte que describe la vida del protagonista. Silverberg describe la pasión revolucionaria como un virus, una enfermedad que se apodera de la personas y, una vez en sus garras, no las deja escapar. Parece que sea incapaz de concebir algo tan básico como la indignación. A pesar de estos prejuicios y de la inclusión entre ellos de algunos exaltados, cosa inevitable, los disidentes protagonistas son, por lo general, gente bastante razonable, que nunca recurre a la violencia. Sus delitos son tan terribles como repartir panfletos y convocar protestas. La respuesta del estado, por supuesto, es demoledora y sus métodos no tienen nada que envidiar a los de las dictadura del tercer mundo.

Finalmente, el protagonista es detenido (no es ningún spoiler ¿cómo si no iba a acabar en la estación Hawksbill? Este capítulo quizá sea el más flojo de esta parte. La sombra de George Orwell es alargada y es peligroso intentar medirse con ella.

A pesar de ello, esta parte es excelente. Más que leerse se devora, los personajes son interesantes y me resultan creíbles y cumple su propósito de sacudir las conciencias. Encontré particularmente inquietante la reflexión sobre la facilidad con la que el paso del tiempo y la naturaleza conservadora de la humanidad convierten en básicas instituciones y tradicionales instituciones y gobiernos inadmisibles.

La parte que transcurre en el cámbrico es adecuadamente decadente. El ambiente forzosamente tiene que ser triste y desesperanzado y lo es. El escenario está muy bien desarrollado, pero los personajes parecen más estereotipados. Volverse loco en las condiciones descritas parece inevitable, peros sus locuras resultan demasiado pintorescas como para ser creíbles. Sólo falta alguno que se crea Napoleón. A pesar de algunos grandes hallazgos de ambientación y atmósfera, no ha conseguido que me interese por su leve intriga y la revelación final sobre el destino del protagonista ni sorprende ni conmueve. Esta parte me ha resultado rutinaria.

Lo dicho, una mezcla de lo excelente y lo rutinario.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

“Nada nuevo bajo el sol” de José Antonio Suárez



Esta novela de José Antonio Suárez se compone de dos tramas paralelas. Una de ellas es un thriller sobre una empresa farmacéutica que saca al mercado un fármaco que permite reducir a un tercio las horas de sueño, sin realizar correctamente las debidas pruebas y con terribles repercusiones.

La otra podríamos considerarla una distopia. Para acabar con las acusaciones de plagio, en el mundo de la novela, cualquier tipo de original debe verificarse contra una base de datos que contiene la totalidad del conocimiento humano. El resultado inevitable es que es casi imposible conseguir un certificado de originalidad. A fin de cuentas, toda obra artística o ingenieril se nutre de obras anteriores. Cabalgamos a hombros de gigantes y es imposible hacer un logro completamente original.

La casualidad ha querido que esta novela cayera en mis manos justo cuando los medios de comunicación están obsesionados con la originalidad de las tesis de los políticos, lo que demuestra que la obra de José Antonio Suárez ya se está empezando a hacerse realidad. Si, comprendo que no es lo mismo una novela que una tesis doctoral, pero que queréis que os diga, que un algoritmo decida si un trabajo es o no original, me parece de lo más siniestro. Como informático que soy, estoy acostumbrado a ver como funciona el software, es decir, estoy acostumbrado a que funcione como el culo. Someterlo todo a un algoritmo inflexible, no es una buena idea. Por ejemplo, en mi trabajo, mi código tiene que pasar las revisiones del SonarLint para asegurar la “calidad del código” y, aunque la mayor parte de las veces tenga razón, os aseguro que esa calidad es como poco “discutible”. Obligad a aplicar una serie de reglas fijas y estrictas a menudo incide en una proliferación de métodos no reutilizables que no representan ninguna funcionalidad y en llenarlo todo de constantes inútiles.

Supongo que se le puede dar la vuelta a mi argumento. Que si, con lo mal que funciona el software, si aún así, el algoritmo da un positivo, es que es un plagio descarado. De todos modos, insisto en que es dejar demasiado poder en una máquina. Me parece bien que se utilicen este tipo de softwares, siempre que luego una persona supuestamente imparcial se revise el trabajo y cada una de las supuestas coincidencias y compruebe que, efectivamente, lo son.

Es un trabajo ingrato, pero alguien tiene que hacerlo.

La novela sigue a un grupo de personajes, involucrados en mayor o menor grado con la trama de la empresa farmacéutica, cuyas ambiciones artísticas han sido frustradas por la imposibilidad de conseguir un certificado de originalidad. Como es habitual en la obra de José Antonio Suárez, los personajes son pobres diablos, llenos de defectos y con alguna virtud y el estilo es apresurado. Por desgracia, esta trama que he dado en llamar “distópica” está bastante falta de orientación y objetivo. Parece parte del escenario. Hay un proyecto de “hackeo” y una cierta relación con una inteligencia artificial, que pretende hacer… algo. Ese tipo de cosas sin mucho sentido que siempre pretenden hacer las inteligencias artificiales en las novelas de ciencia ficción, o, al menos, en los capítulos de Star Trek.

Las conclusiones finales son excelentes, tanto el descubrimiento de la verdad sobre los artistas “originales” que todavía consiguen difundir oficialmente su obra, como la estrategia final a la que se ven obligados los artistas, pero son aspectos muy colaterales de la novela.

Entretiene, por supuesto y es interesante, pero la parte entretenida no es interesante y la parte interesante no es entretenida.

(Esto último creo que es una cita de Rodolfo Martínez, espero que no me denuncie por plagio)

viernes, 14 de septiembre de 2018

"Las naves del tiempo" de Stephen Baxter. LO QUE NO ME HA GUSTADO



“Mitteleuropa: la Europa del Eje, un mercado único que se extendía desde la costa atlántica hasta los Urales.”
Esa es la idea del mal que expone Stephen Baxter en esta novela. Cierto que la contrapartida no es ningún paraíso. Baxter expone sin reparos los muchos defectos de su Gran Bretaña alternativa, aunque excusa dichos defectos como inherentes a la prolongada guerra en la que vive y son en última instancia, culpa de Alemania.

Alemania es la cuna de todos los males, la tierra de Mordor, mientras que el futuro de la Tierra y la libertad, se encuentra en manos de los países anglo-parlantes, Gran Bretaña y Estados Unidos. También Australia. Pero aunque no la riqueza ni el poder, el espíritu y el alma se encuentra en la madre patria, en Gran Bretaña.

¿Y cual es su némesis? Un mercado único, un mercado común.

Me da la sensación de que la eurofobia no ha sido cosa del Brexit. 

miércoles, 12 de septiembre de 2018

“Las naves del tiempo” de Stephen Baxter


En 1995, cuando se cumplían 100 años de la publicación de “La máquina del tiempo” de H.G. Wells, Stephen Baxter publicó esta continuación. Se trata de su primera novela en solitario que reseño en este blog (como mucho, habrá tres mas). Han pasado casi veinticinco años desde su publicación. No sé hasta que punto será factible hablar de spoilers, a estas alturas, pero Miquel Barceló desvela algo menos de la mitad del libro, en su introducción. Yo intentaré ser más precavido. Sólo diré que la novela sigue al viajero del tiempo en ese segundo viaje, del que nunca regresó, con el que terminaba la novela original.

(¡Oh, no! ¡Acabo de desvelar su final!)

El viajero descubrirá que las cosas no son exactamente como las recordaba en el futuro. La maquina del tiempo resultará ser también una máquina de generar líneas temporales alternativa. Y hasta aquí puedo decir.

Stephen Baxter adapta su lenguaje al estilo en el que estaba escrita la novela original y lo mismo hace el traductor, Pedro Jorge Romero. A pesar de lo respetuoso que suena, la idea no me seduce. Imitar estilo de un escritor, suele consistir en imitar sus tics, es decir, en exagerar sus defectos. Afortunadamente, autor o traductor andaron comedidos y ese no es el caso, aunque el uso de los signos de admiración por el narrador a veces me resultó irritante.

Para bien o para mal, Baxter no tarda en apoderarse de la novela y darle su propia personalidad. El lector que esperase un mero regreso al universo de los Eloi y los Morlocks se llevará una decepción. En lugar de ello, Baxter lo lleva hasta el infinito y más allá. La novela rebosa de ideas y temáticas, capaces de complacer a los aficionados a la ciencia ficción más variados. Si a usted le gustan las historias de objetos grandes, en “Las naves del tiempo” aparecen objetos grandes, pero grandes, GRANDES. Si es fan de las ucronías, se encontrará con una muy desarrollada y creíble. También se encontrará con algo que se parece mucho a una utopía. Si lo que le priva es el vértigo cósmico y las especulaciones sobre el final, o el comienzo del universo, también encontrará eso aquí y un proyecto de descomunal ambición, llevado a cabo por los herederos de la raza humana. Por unos de los posibles, porque hay aparecen como cerca de tres posibles especies/entidades candidatos a ser los sucesores de la especie humana. Y, por supuesto, si lo que le gustan son las historias de viajes en el tiempo, aquí encontrará bucles causales y paradojas.

En el debe, los problemas habituales de Baxter, patentes en colaboración o en solitario. Sus personajes son superficiales o esquemáticos y su prosa es funcional. Me ha parecido que esos defectos son mucho menos evidentes que en sus colaboraciones con Clarke, quizá por que estuviera más inspirado, o quizás porque la traducción sea mejor. Tampoco me ha interesado demasiado la inclusión de una trama a lo "Robinson Crusoe". También son típicas, pero a mi me aburren. Estos defectos no han sido un obstáculo para que disfrutara de la lectura.

Se me acaban los adjetivos. Una novela ambiciosa e imaginativa, que, a pesar del casi cuarto de siglo transcurrido desde su publicación, mantiene prácticamente intacta su capacidad de entretener, fascinar y maravillar. Quien sabe si aguantará el siglo tan bien como la de H.G. Wells.

Aún así, hay una cosita que no me ha gustado...

 

viernes, 7 de septiembre de 2018

“A través de un billón de años” de Robert Silverberg: LO QUE NO ME HA GUSTADO


Pongámonos en contexto. El protagonista y narrador de “A través de un billón de años” estaba tan enfrascado en la extracción de una misteriosa esfera, que ignoró deliberadamente que mientras el estaba excavando a su futura pareja le estaba metiendo mano otro de los miembros de la expedición, con un nivel de acoso punible legalmente. Justo es reconocer que, a pesar de su asqueroso comportamiento, el agresor, Leroy es, en el fondo, un pobre hombre inofensivo y que la agredida, Jan, es muy capaz de defenderse sola, cosa que forzosamente tuvo que hacer, dada la pasividad de su novio en ciernes y, cuando lo hace, se deshace de Leroy sin problemas.
Lo malo llega luego, cuando la pareja se reúne y ella, por supuesto, le afea su conducta. El narrador trata de quitar hierro a la situación y juega un poco a enojarla y no se lo ocurre mejor idea que soltar lo siguiente:
 
¿Sabes? Dicen que la violación no es realmente posible a menos que la víctima colabore. Es decir, todo cuanto tiene que hacer es defenderse, y si la muchacha tiene una fuerza normal y el atacante no es superhombre podrá librarse de él. De modo que cuando el violador tiene éxito, es o bien porque la muchacha está paralizada de miedo o bien porque secretamente ella quiere que la violen. Además, no recuerdo haberte oído gritar.
Se supone que no está hablando en serio, pero no deja de ser perturbador encontrarse esta sarta de barbaridades, expresadas con tal ligereza. No es el primer autor al que leo cosas parecidas, recuerdo que Robert A. Henlein en “Forastero en tierra extraña” hizo que uno de sus personajes expresara las mismas ideas, casi palabra por palabra, sólo que hablando completamente en serio. Encima, en ese caso, se trataba de un personaje femenino.

Ya es la segunda vez que me encuentro con momentos que me apestan a machismo en la obra de Silverberg, autor al que, si no fuera por ello, encontraría muy disfrutable. Tercera vez, si cuento la divertida anécdota con James Tiptree jr. 

jueves, 6 de septiembre de 2018

“A través de un billón de años” de Robert Silverberg


Novela que cuenta las investigaciones que una expedición arqueológica hace alrededor de una misteriosa civilización, los Superiores, de la que se han encontrado restos en varios planetas de la galaxia, datados con fechas de entre 1100 y 850 millones de años. Su misterio emana no sólo de su antigüedad sino del apabullante hecho de que su civilización duró al menos 250 millones de años y eso contando desde el momento en que empezaron a viajar por el espacio. Dado que la edad de la humanidad se cuenta en unos escasos tres millones de años, comparen.

Curiosamente, nadie en toda la novela plantea la posibilidad de que no dispusieran de un modo de propulsión más rápido que la luz, lo que hubiera sido una explicación bastante prosaica al misterio de su longevidad.

Se trata, por tanto de una novela sobre xeno arqueología. Otra más. Cualquier día, alguien se inventará una palabra para referirse a este sub género. Las ruinas extraterrestres tienen algo que resulta fascinante para los escritores… y los lectores. Los protagonistas de este tipo de relatos suelen pasearse por ruinas de miles de siglos, pobladas por extraños artefactos tecnológicos que funcionan demasiado bien. Bastante de eso hay en la última parte de “A través de un billón de años”, pero es de agradecer que, durante el resto de la obra, los personajes se comportan como arqueólogos de verdad, no como Indiana Jones con trajes espaciales y se dediquen a lo que suelen hacer los arqueólogos: excavar. He leído algún comentario que dice que Silverberg capta muy bien el ambiente de este tipo de expediciones y que, salvando las diferencias de especie, clava a los personajes y sus relaciones. No sabría decirlo, nunca estuve en ninguna.

El título está, evidentemente mal traducido, ya sabemos que para los americanos un billón son mil millones, pero a ver quien era el guapo que encontraba una opción mejor.

La novela se compone de diferentes cartas que el protagonista dicta para su hermana, en la que va contando la marcha de la expedición y la relación con sus compañeros. Este recurso ahorra a Silverberg el trabajo de escribir escenas para presentar a estos: en el primer capítulo los describe uno por uno y ya está, ole sus huevos. Aunque hay que reconocer que así va directamente al grano y la novela gana en fluidez, de otro modo, la presentación de personajes hubiera durado casi tanto como el resto del libro.

El colorido universo de la novela es un batiburrillo entrañable de diferentes ideas de la ciencia ficción clásica. Los humanos viven en paz con varias especies alienígenas, una de aspecto no antropomorfo, genéticamente compatible y otras no (de las cuales, una de ellas se embriaga comiendo flores), hay androides, ahora diríamos replicantes, que han conseguido que se les reconozcan sus derechos como seres humanos, las comunicaciones interestelares se hacen vía telépatas ¡y no me hagan contarles el medio que utilizan para transmitir imágenes! De sonido, video o programas, ni hablamos. Si tuviera que definirlo en una palabra, diría que es un universo encantador. Un futuro optimista y agradable.

Como agradable resulta la lectura de la novela. Aunque hay una única muerte, la violencia está prácticamente ausente. Todo es bastante blanco. El protagonista, joven inexperto, va madurando y superando sus prejuicios, tampoco muy grandes, mientras la excavación va dando paso a la exploración y la aventura. El final, sin ser excelente, es bastante bueno. Lo más soso es la inevitable historia de amor, bastante insulsa. Con todo aquí y allá hay ramalazos de ingenio, tanto en la forma como en el fondo, que calmarán a los lectores sedientos de transcendencia. Los demás se contentarán con un buen pasa ratos, que dejará un recuerdo entrañable.

No obstante, hay una cosa que no me ha gustado nada...