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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

lunes, 16 de octubre de 2017

“Rachel rising” de Terry Moore


Me considero un gran aficionado al cómic. No suelo postear sobre ello, por la sencilla razón de que tardo mucho menos en leer un cómic. que un libro, lo que se traduce en que si reseñara cada cómic. que me leo, mi vida privada consistiría únicamente en actualizar este blog. Lo que no me daría tiempo para leer cómics, pero eso es otra historia …

El puente del 12 de Octubre me ha dejado mas tiempo libre y he decidido saltarme esta norma.
El caso es que tenía un gran agujero en mi curriculum lector, no había leído nada de Terry Moore, autor de culto desde que publicara “Strangers in Paradise”. No he empezado con esta obra, como sería lógico y he preferido tirarme a algo más comercial.
“Rachel Rising”, teóricamente, cuenta la historia de una joven que, después de ser asesinada, se levanta de su tumba anónima en medio de un bosque, decidida a buscar a su asesino.
Premisa impactante, ¿verdad? ¡PUES ES MENTIRA! “Rachel Rising” no va de eso. En realidad va de una niña, llamada Zoe, que no para de matar gente. Las motivaciones son complejas, en realidad no es exactamente una niña y muchos de sus asesinatos, no todos, están justificados. En prácticamente cada capítulo, Zoe mata a alguien. El resto de las páginas se ocupan con alguna escena de los supuestos protagonistas conversando, sin hacer nada y con algún acontecimiento ominoso, generalmente un ridículo ritual de brujería o algún presagio. Para terminar, cada capítulo termina con un golpe de efecto que te incita a leer el siguiente, a pesar de que la historia global no ha avanzado nada.
Me ha parecido un Seinfield siniestro, una serie que no va sobre nada y en la que, en el fondo, no pasa nada. ¿Nunca has estado enganchado a alguna serie de televisión que en cada capítulo te tiene comiéndote las uñas, pero, cuando terminan, te das cuenta de que, en el fondo, no ha pasado nada? Pues eso es “Rachel Rising”.
Aunque eso sí, muy bien contado. Terry Moore es un gran dibujante, aunque me da la sensación de que todos sus personajes se parecen mucho, un gran dialoguista y un gran narrador, que sabe capturar la atención del lector en cada episodio, aunque la historia global no se dirija hacia ninguna parte. Su habilidad narrativa, es parte del problema en el fondo. Pongamos por ejemplo que quiere presentar a un nuevo personaje y quiere que su aparición resulte impactante. Pues hacer que aparezca le lleva tres o cuatro páginas, mínimo y sí, resulta impactante, pero en el número queda poco espacio para algo más.
Para colmo de males, da la sensación de que Terry Moore se hartó de la serie, o ésta empezó a darle problemas económicos, y la termina de cualquier manera, en un número final bastante bueno, pero que deja un montón de cabos sueltos, entre ellos unos cuantos personajes que han aparecido intermitentemente por la trama, sin llegar a pintar nada en ella y que entra en conflicto con lo que se iba preparando en los números anteriores.
Lo que mas me sorprende es que Terry Moore se supone que es un autor independiente y alabado por la crítica y este cómic. casi lo podía haber escrito Brian Michael Bendis.¡Que viva el decompressive storytelling!
Me lo he pasado muy bien, pero es una lectura que me ha dejado muy frío. El caso es que, algún día, volveré a leer algo de Terry Moore, porque es un gran dibujante y un gran narrador.

Evasión

Escribir en mi blog exige una cierta tranquilidad, la tranquilidad de que puedo darme el lujo de gastar tiempo en mis aficiones, de que en medio del batiburrillo de confusión y malas noticias de cada día, merece la pena emplear algo de tiempo para exponer mis opiniones, normalmente sobre novela, a través del gran escaparte de internet.

Sinceramente, estos últimos días estoy perdiendo esa tranquilidad. Parece que, en España, nos dirigimos directos, sino a una guerra civil, al menos a OTRA crisis económica, cuando decir que hemos salido de la anterior es mucho decir. En estas circunstancia ¿a quién pude importarle lo que opino de la última novela de marcianitos que he leído? Parecería que lo único de lo que se puede hablar es del GRAN TEMA omnipresente. A mi mismo, empieza a obsesionarme cuanto más durará mi propio puesto de trabajo, aunque en este terreno sea mi propio peor enemigo.

En este ambiente, este blog más que un medio de expresión, o una diversión, está empezando a convertirse en un medio de evasión, un modo de abstraerme de la realidad que me rodea.

jueves, 12 de octubre de 2017

“Cena en el palacio de la discordia” de Tim Powers




Ignoro si está en los planes de Gigamesh reeditar esta novela, pero he tenido la fortuna de encontrarla en mi biblioteca.

Antes que nada, un minuto de silencio. Una nota a pie de página en la bibliografía indica que su información ha sido proporcionada por Juan Carlos Planells. Hacia seis años que nada me recordaba su nombre. El mundo puede ser un lugar muy perro y el tiempo no espera a nadie.

En fin...

Imagino que “Cena en el palacio de la discordia” debe ser considerada una obra menor de Tim Powers. Como mínimo, su extensión es bastante reducida y es una obra atípica. Para empezar, tiene un único protagonista, la trama es lineal y no transcurre en ningún momento de la historia, ni siquiera en el presente, sino en un futuro post nuclear. Además, no busca su inspiración en el pasado, en el folclore o en la ciencia. Eso elimina algo del placer intelectual que suponen las obras de Tim Powers: no hay encaje de bolillos para insertar las peripecias de los protagonistas en medio de acontecimientos reales, ni explicaciones descabelladas a acontecimientos históricos, ni reinterpretaciones peculiares de mitos y creencias. Por una vez en la vida, Tim Powers no intenta rehacer nuestro mundo.

¿Qué nos queda entonces?

El placer de narrar. La aventura pura y dura. “Cena en el palacio de la discordia” es una novela basada en la acción, de corta extensión extensión (son 238 páginas y transcurre en apenas diez días) en la que difícilmente podrían caber mas peripecias y que, a pesar de ello, en ningún momento causa la sensación de apresuramiento o compresión. A cada acontecimiento y cada incidente se le dedica el tiempo justo, ni más ni menos.

Narra la historia de Gregorio Rivas, un músico de un club nocturno que antaño había trabajado como “redentor”, lo que ahora llamaríamos un “desprogramador”, aunque no es exactamente lo mismo. Oficio que consiste en secuestrar a jóvenes adeptos del culto de Norton Jaybush. Dicho culto, más que una secta, es un auténtico estado. Para realizar sus misiones los redentores tienen que infiltrarse en su país, uniéndose al culto y compartiendo sus sacramentos, lo que incluye una imposición de manos que deja a los adeptos reducidos a idiotas babeantes.

Rivas era el mejor en este peligroso trabajo, gracias a lo aprendido cuando él mismo formó parte del culto Jaybush. Ya retirado, es contratado a cambio de una cantidad exorbitante por el padre de Urania, su primer amor para que la rescate, pues se ha unido a los Jay. Durante esta búsqueda, a Gregorio le ocurrirá, como ya he dicho, de todo. Todo saldrá mal, quebrantará sus propias reglas, correrá todo los riesgos que juró no correr y vivirá un auténtico calvario, físico y psíquico, que incluye alguna mutilación.

A pesar de la corta extensión, Powers tiene tiempo de desarrollar un mundo complejo, con algunos escenarios y personajes fascinantes. El “hemoglobin”, por ejemplo, es una creación cien por cien powersiana, de esas que uno piensa que sólo se le pueden ocurrir a Tim Powers y lo mismo ocurre con el propio Norton Jaybush, cuya verdadera naturaleza y el modo en que se revela, son uno de los grandes aciertos de la novela. El final es emocionante. El epílogo, o último capítulo, según se interprete, puede parecer que queda abierto o que cierra perfectamente la historia, con Gregorio Rivas convirtiéndose en la encarnación del heroísmo según Frank Miller. A mi, la verdad, me ha gustado.

Si hay algo que no me ha convencido, sin embargo, ha sido la evolución de Gregorio Rivas. Se supone que es un egocéntrico que sólo piensa en sí mismo que recupera la humanidad a fuerza de traumas y pesares. El problema es que nunca parece tan egoísta. Lo único que nos apunta esa naturaleza es que procura esquivar a las chicas con las que rompe y que regatea por el rescate de la supuesta mujer de su vida. Una vez en marcha, aunque discuta sus motivos y tenga dudas, se comporta como cabría esperar de un héroe arquetípico, cosa que, en el fondo, el personaje es. Eso deja su supuesta evolución en nada. Es difícil que el lector duda de su respuesta, cuando es tentado por el mal, ya que lleva toda la novela viéndolo tomar decisiones éticamente correctas, que lo único que hacen es perjudicarlo.

Si en mi reseña de “La última partida”, me quejaba de que las obras de Tim Powers seguían un patrón que se estaba volviendo predecible, leer “Cena en el palacio de la discordia” ha resultado una experiencia refrescante, pues en ella todavía no han aparecido los esquemas que mas tarde jalonarán sus obras. No hay la primera escena, que aparentemente no tiene nada que ver con el resto del libro y que tardaremos mucho en comprender, ni la ruptura con la pareja justo antes del clímax del libro, por ejemplo. En vez de seguir una formula definida, Tim Powers se suelta el pelo y se deja llevar por el placer de narrar.

A la altura de “Esencia oscura”, aunque para mi gusto un poquito mejor, “Cena en el palacio de la discordia” es, ciertamente, una novela menor, mucho menos compleja y ambiciosa que las que habrían de seguirla, pero muy entretenida y para mi gusto, completamente disfrutable.

Con su lectura, acabo de concluir toda la obra traducida al castellano de Tim Powers, así que me declaro a mi mismo gran maestre de la orden del poder y me otorgo la medalla del lector impenitente e incrédulo.

viernes, 6 de octubre de 2017

“Ese mundo desaparecido” de Dennis Lehane


Años después del trágico final de “Vivir de noche” Joe Coughlin acude a su cita con el destino en “Ese mundo desaparecido”. Mafioso retirado que ya ejerce sólo de consigliere, padre afectuoso y entregado, su vida empieza a volverse patas arriba cuando empieza a tener visiones de un niño fantasmal, que podría ser tanto el espíritu del hijo que esperaba su mujer cuando fue asesinada como él mismo, durante su infancia. Poco después, recibe el soplo de que alguien pretende matarlo. A la vez que avanza en las indagaciones de su propio asesinato, la paz que reinaba entre las diferentes bandas de Tampa se quebrará y sus calles volverán a teñirse de sangre.

El final de "Vivir de noche" parece el de un cuento de hadas, comparado con el de este libro.
Las virtudes que encontré en “Vivir de noche” siguen presentes en “Ese mundo desaparecido”, aunque quizá su calidad esté haya disminuido un punto. Bajo la aparente sencillez de la escritura de Dennis Lehane se esconde un gran constructor de personajes y un magnífico dialoguista, que atrapa al lector con suma facilidad, a pesar de su profundo pesimismo. Por si estas virtudes fueran pocas, en esta novela utiliza recursos del género fantástico, a los que me referiré más adelante. He estado a punto de incluir entre la etiquetas de este post “Terror”.

Cualquiera que haya visto “Mystic River” sabrá que hay mucho de tragedia en la narrativa de Dennis Lehane. “Ese mundo desaparecido” es, en el fondo, justamente eso, una tragedia presidida por la muerte. La fatalidad, el destino o como queramos llamarlo, lleva a la muerte a prácticamente todo el reparto, a menudo en contra de los deseos de los propios verdugos, como algo inevitable contra lo que no se puede luchar.

La muerte está siempre presente en el relato, acechando y obsesionando a todos los protagonistas, al igual que la violencia, pero en el universo Lehane, la violencia es como en la vida real: deja secuelas. Nadie escapa a las consecuencias de sus actos y, tanto las víctimas como sus verdugos, quedan marcados para el resto de sus vidas.

Sin embargo, hay algunas pequeñas pegas que poner a “Ese mundo desaparecido”. Primero, la intriga, por llamarlo de algún modo, es bastante previsible. Segundo, hay algunos fragmentos en los que he detectado lo que yo llamaría un “exceso de virtuosismo”. Uno es la visita que hace Joe al peculiar director de una agencia de asesinos a sueldo, en una casa flotante. Es un fragmento escalofriante, pero muy exagerado y ,a la postre, baldío. Es como si Dennis Lehane se hubiera propuesto en él demostrar todo lo lejos que es capaz de llegar, en cuanto a crear atmósferas amenazantes y personajes siniestros. Lo consigue, hasta cierto punto, aunque a mí no me parezca creíble, pero no tiene consecuencias. Ese tipo tan horrible no vuelve a salir en la novela y casi no se le vuelve a mencionar. ¿A qué ha venido entonces todo este capítulo?

El otro es el capítulo que narra la historia del doctor Lenox, mientras éste hace un reconocimiento a Joe. Con sinceridad, es un capítulo magnífico. Merecería ser publicado individualmente en una antología de relatos de fantasmas y llevarse todos los premios habidos y por haber a relatos de terror, pero, una vez más, no tiene nada que ver con el resto de la trama.

“Ese mundo desaparecido” es una novela bastante breve. ¿Consideró Dennis Lehane que necesitaba una ración de “paginitis” para mejorar su suerte editorial o tuvo un ataque del conocido síndrome de “Mira mamá, que bien escribo”?

En fin, no son consideraciones muy importantes. Sus defectos, no quitan que sea un libro muy bueno.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

“Yabarí” de Lola Robles


Historia de la investigación que lleva a cabo una periodista sobre el maltrato a los nativos del planeta Yabarí por parte de las empresas explotadoras que están deforestando su jungla, “Yabarí” es una novela que me ha dejado indiferente.
Terminada la lectura, aún me pregunto que pretendía exactamente su autora.
Hay una crítica evidente a la explotación a la que son sometidas las poblaciones aborígenes, sobre todo cuando tienen la desgracia de vivir en una zona rica en materias primas y al agotamiento de los recursos naturales. Aunque acertada o no es demasiado profunda o Lola Robles no ha sabido vendérmela. No me provoca indignación, no sacude mis creencias. No me hace pensar.
Por otra parte, dicha crítica viene envuelta en una especie de aventura selvática, no demasiado interesante. La ambientación no es destacable. Los personajes no despiertan interés ni empatía, lo que les ocurre, con ser terrible, lo he visto o leído mil veces. La autora no consigue transmitirme su miedo y desesperación. No hay un destello de originalidad que dote a la historia de personalidad propia.
Con todo esto no quiero decir que la novela esté mal escrita, ni mucho menos. Su estilo es más que correcto. Aunque el fragmento que más me haya gustado sea la cita de “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, que abre el volumen, le encuentro todavía menos defectos al estilo que virtudes en el librito. Es sólo que no hay nada en él que me llame la atención. Es corto y es ameno, leerlo no supone ningún esfuerzo, pero me pregunto porque tomarse la molestia de escribirlo.

domingo, 24 de septiembre de 2017

“Las aventuras de un cadáver” de Robert Louis Stevenson


Curiosidad cómica, enredo, vodevil, todos ellos son apelativos que podrían darse a esta novelita. Tras un accidente de ferrocarril, las condiciones de una herencia y una confusión de identidades hacen que una pareja de hermanos intenten deshacerse de un cadáver que ha quedado irreconocible, empezando un juego de casualidades y coincidencias en el que el cuerpo va pasando de casa en casa, a la vez que sus dueños se apresuran a intentar librarse de él, sin plantearse siquiera llamar a la policía.
 
Todo en esta novela es exagerado. Los personajes son cómicos y en ocasiones su comportamiento no tiene mucho sentido, el recurso a las coincidencias, no es que sea inverosímil, es que es absolutamente increíble y el narrador se permite alguna pirulas léxico-sintácticas de aúpa. Y sin embargo, funciona. El lector se divierte con los apuros de los personajes y con sus rarezas y acaba cogiéndolos cariño. Una vez concluida la presentación de los mismos y entrados en faena es muy difícil soltar el libro. La narración avanza como un buque bien dirigido, a pesar de lo revuelto del cauce que sigue, a lo que sin duda contribuye su brevedad. Puede que el lector moderno no suelte grandes carcajadas, pero sin duda que tendrá una buena sonrisa plantada en la cara mientras dure su lectura.

Sin duda, al escribir “Las aventuras de un cadáver” Robert Louis Stevenson no se propuso más que hacer pasar un rato divertido al lector y vive Dios que lo consiguió.

viernes, 22 de septiembre de 2017

¡COMO ODIO PINTAR LA CASA! (2)

Pero lo que mas odio, es volver a colocar las estanterías y colocar en ellas los libros.
Y colocar los libros que van encima de los libros.
Y los libros que van encima del armario.
Y los que van en el hueco entre el armario y la pared ...