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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

lunes, 17 de julio de 2017

“Los últimos días de Nueva París” de China Miéville



Antes de empezar a comentar esta novela, permítanme que sugiera este enlace a los que la estén leyendo, o se dispongan a hacerlo:

https://medium.com/@Nicky_Martin/graphic-annotations-of-china-mi%C3%A9villes-the-last-days-of-new-paris-fb2abe8fc578

Es un enlace muy útil. Sin su ayuda puede ser complicado imaginar las portentosas imágenes que evoca la prosa de China Miéville, a menos, claro que seas un experto en el movimiento surrealista.

La mayor parte de la historia transcurre en París, en 1950. Nos encontramos en una realidad alternativa. Durante la ocupación nazi detonó algo llamado “la bomba S”. Como resultado, París está repleto de manifestaciones del arte surrealista, fundamentalmente cuadros que cobran vida, pero también de cualquier forma de arte de este movimiento. A lo largo de la novela aparecen incluso manifestaciones de poemas. La ciudad permanece ocupada por los nazis, aliados con demonios del infierno que combaten contra el arte viviente.

La historia se centra en Thibaud, último superviviente de un grupo de resistentes surrealistas, que vagabundea por la ciudad intentando huir de ella, a la vez que se nos informa de su pasado por medio de flashbacks oportunos. También hay una segunda línea argumental, que transcurre en 1940, que nos cuenta el origen de esta extraña situación.

Me dan ganas de hacerme el listo y tratar de definir el interés del libro con esta sencilla ecuación:

Surrealismo + China Miéville = Delirio

Llamativo ¿eh?, pero no deja de ser un reduccionismo estúpido.
Una vez más, China Miéville demuestra la potencia de su poderosa imaginación. “Los últimos días de Nueva París” parte de una idea mas o menos original: el arte cobra vida para luchar contra el nazismo, pero desarrollada de un modo que ronda la genialidad. Resulta increíble la labor de documentación que hay detrás de este par de cientos de páginas. La cantidad de referencias artísticas es tan alta que hará las delicias de los entendidos en el surrealismo. (Yo eché en falta alguna a Buñuel, pero no soy ningún experto) La materialización de elementos surrealistas convierte las páginas en un catálogo de paisajes oníricos, poblados por figuras extrañas y peligrosas. La ambientación es fascinante, retorcidamente hermosa y a la vez amenazadora. La prosa de Miéville va pareja a lo que describe. Sinceramente, no se que pensar sobre su estilo. He leído a mucha gente echar pestes sobre él, otros decir que es intencionadamente malo. A mi me resulta desconcertante, me provoca una sensación de extrañeza, que lo hace muy adecuado para esta obra al menos.

Resumiendo, que los adictos al sense of wonder tienen frente a ellos un bocado al que es imposible resistirse, a lo que hay que añadir que las peripecias no dan descanso en ningún momento al lector, que las persecuciones, tiroteos y combates parecen no acabar en ningún momento y que el final es excelente, la revelación y el destino final del adversario definitivo es una de esas cosas que no deben dejar que les cuenten.

Pero…

La reseña hasta aquí estaba resultando demasiado elogiosa, cuando “Los últimos días de París” tiene algunos defectos muy marcados.

Para empezar, la subtrama sobre el origen de la bomba S, es totalmente prescindible y no aporta nada al resto del relato. Parece mentira que este sea el mismo China Miéville que en “La ciudad y la ciudad” afirmaba que ni sabía ni le preocupaba como se habían llegado a mezclar Beszel y Ul Qoma.

La trama principal, la de Thibaud, tampoco es que sea gran cosa. En el fondo no deja de ser un paseo bastante largo por este mundo desconcertante que Miéville ha creado. Otra vez. Además, reaparece uno de sus peores defectos, el de descriptor exhaustivo de parajes urbanos imaginarios. Hay veces en que parece decidido a seguir página por página un plano de París, explicando detalladamente en que ha cambiado cada uno de sus distritos y sus calles. Afortunadamente para sus lectores, la brevedad del volumen lo impide.

Y esa es otra de las cuestiones que deben tener en cuenta los que piensen adquirir este libro. En realidad, “Los últimos días de París” es una novelette, a la que le han puesto un tipo de letra grande, un espacio entre línea generoso y han llenado de extras para que alcance las dimensiones que exigen su publicación en tomo. Eso no es nada malo de por sí, a mí me encantan las novelettes, mientras que los grandes tochos cada vez me cansan mas, pero se vende a precio de novela y no es el tipo de información que te ofrecen en la contraportada.

Los extras incluyen la historia de como supuestamente China Miéville consiguió la historia y un largo listado de referencias sobre los orígenes de las manifestaciones, que es muy interesante.

Por último, diré que ya llevo bastante leyendo a este autor y empiezo a ver patrones en sus historias, que eliminan el elemento sorpresa. En concreto me refiero al aliado/salvador que guarda algún secreto oscuro en su interior, que casi parece una constante a toda su obra. Miéville debería tener cuidado con eso, si no quiere volverse repetitivo y eso es lo último que debe desear alguien que se esfuerza tanto por ser original. Cierto que, si “Los últimos días de Nueva París” me ha recordado a alguna obra anterior de Miéville, sería a “El azogue”, con la que guarda algún paralelismo, aunque creo que “Los últimos días de Nueva París” está infinitamente mejor.

En resumidas cuentas, si tuviera que ponerle nota, por la imaginación y la ambientación, “Los últimos días de Nueva París” se merecen un diez, pero por trama y personajes no llegan al cinco, un cuatro pelado.

martes, 11 de julio de 2017

“Kirinyaga” de Mike Resnick


 

Los kikuyu son la etnia principal de África oriental y Kenya. Yo tampoco lo sabía hasta que leí este libro. Este libro cuenta la historia de una colonia kikuyu establecida en un planetoide con el objetivo de llevar una vida basada en sus tradiciones ancestrales, antes de la llegada de los europeos. El protagonista de Kirinyaga es Koriba el mundumugu o brujo de la colonia, que es también el guardián y preservador de la tradición. Koriba es un hombre ilustrado, que estudió en las mejores universidades occidentales de la Tierra y es el único que tiene acceso a las comunicaciones con el mundo exterior, por medio de un ordenador con el que puede realizar ajustes en la órbita de Kirinyaga que controlan su clima.

También es un fanático intransigente, convencido de que la menor influencia de otra cultura sólo puede ser perjudicial para la suya y lo mismo sobre la desviación mas leve de la tradición.

El libro se compone de varios relatos. Casi todos ellos siguen la misma estructura: Koriba se encuentra ante un problema o un dilema que amenaza con alterar la sociedad kikuyu que considera perfecta y maniobra, mas o menos subrepticiamente para restablecer el orden, a menudo de modo cruel.

El personaje de Koriba es un gran acierto del libro. Como ya he dicho, Koriba es un fanático, como los peores de ellos, no acepta otra visión del mundo que la propia y por tanto se la impone a su pueblo. Lo triste es que es un fanático bien intencionado, que sufre y se preocupa sinceramente por su pueblo. En una ocasión, el relato Bwana, su intervención es beneficiosa. Aunque me cuesta reconocerlo, tengo que reconocer que hay parte de verdad en sus argumentos. Podríamos incluso decir que es un hombre bueno. Un hombre bueno que, por las mejores razones del mundo, comete actos incalificables, que impiden, aparentemente, que su pueblo evoluciones y digo aparentemente, porque tras cada crisis, algo cambia imperceptiblemente, que presagia el inevitable fracaso final de Koriba.

Koriba es uno, pero el libro está lleno de aciertos. Uno de ellos es la ambientación africana, que a mi al menos me ha resultado muy exótica. Resnick describe la cultura kikuyu imparcialmente, sin ocultar ni sus luces ni sus sombras. Una cultura bien integrada con su entorno si, pero atrozmente machista, en la que se practica la mutilación genital, los ancianos y enfermos se abandonan a las hienas y los recién nacidos pueden ser sacrificados por motivos absurdos.

Otros aciertos son las fábulas con las que Koriba se explica continuamente, que también son muy atractivas y, en general, el uso de los diálogos. En esta obra al menos, el diálogo es el motor de la escritura de Resnick. Son los diálogos los que hacen avanzar las tramas y la herramienta con la que los personajes expresan sus ideas y sus sentimientos y su uso me ha parecido casi genial.

Kirinyaga se subtitula ”Fábula de una utopía” y contiene reflexiones muy interesantes sobre las mismas, su carácter transitorio, su imposibilidad o como la utopía de una persona puede ser el infierno de otra. También obliga al lector a replantearse sus propios puntos de vista y considerar ideas ajenas.

Todos estos aspectos lo convierte en “casi” una obra maestra. ¿Qué defectos tiene? Bueno, pues lo que todo el mundo ha expresado antes que yo, obviamente. No se trata de una novela, sino de un fixup de relatos publicados a lo largo de varios años. Aunque hay una evolución y todos juntos forman una historia, leídos de seguido se hace patente que todos siguen el mismo esquema y puede hacerse repetitivo. Además, también hay ciertas reiteraciones, presentaciones de personajes y detalles de ambientación, que se repiten en cada relato. No son unos peros muy grandes, pero ahí están.

Mi vena friki y cretina me obliga a señalar un detalle que asaltó mi “suspensión de incredulidad”. En el primer relato, hay un momento en que Koriba amenaza con una especie de maldición al gran jefe y este se echa a temblar. Vamos a ver, que no se trata de una persona nacida en Kirinyaga, es un emigrante, que también tiene un ordenador en su casa y habla ingles. En otros momentos se nos dice que la población original de Kirinyaga estaba formada por fanáticos de las tradiciones ancestrales de Kenya que ya llevaban un tipo de vida similar en la Tierra. Aceptemos barco, a fin de cuentas tengo amigos y compañeros de universidad bastante supersticiosos, pero me sigue pareciendo demasiado exagerado que se aterre de tal modo, aunque ese abrazo a las supersticiones sea necesario para la historia que Resnick quería contar.

El volumen se complementa con un breve ensayo y una novela corta. En el ensayo Resnick explica que un escritor no tiene porque compartir los puntos de vista de sus personajes. No hacia falta que se molestara, pero parece que hubo polémica con estos relatos. Por su lado, la novela cuenta como los masai intentan construir su propia utopía en otro planetoide, aprendiendo de los errores de Koriba. Debo incluirla entre los defectos, porque es sensiblemente inferior al resto de la obra, parece incluso escrito a toda prisa, como si Resnick hubiera redactado una serie de notas sobre los problemas con los que se encontraría una colonia masai y las soluciones que adoptarían sus integrantes, si estos no fueran unos fanáticos. Tanto problemas como soluciones son interesantes, pero es como si se limitaran a enunciarlos, sin intentar hacerlos ni preocupantes ni divertidos para el lector. Aun así, es una novelette inteligente agradable de leer, que complementa el ciclo de Kirinyaga. Mientras que en uno asistimos a las decisiones de un fanático intransigente, aquí vemos como un grupo de personas bien intencionadas y mas abiertas de miras tratan de encontrar las mejores soluciones para todos. Es divertido y da buen rollo. El final es abierto, Resnick no garantiza que todos los problemas tengan solución, ni que a Kilimanjaro le vaya a ir mejor que a Kirinyaga, pero se permite cierta esperanza, resumida en la pregunta final:

¿No se te ha ocurrido nunca que la utopía tal vez no sea el resultado final, sino el mero hecho de luchar por ese fin?

Otras opiniones, que convierten la mía en redundante (por eso las listo al final)

http://sentidodelamaravilla.blogspot.com.es/2017/05/kirinyaga-de-mike-resnick.html
http://dreamsofelvex.blogspot.com.es/2017/06/kirinyaga-mike-resnick.html






martes, 4 de julio de 2017

“El Barón de Ballantrae” de Robert Louis Stevenson


He leído a mas de una persona afirmar que, con “La isla del tesoro” aprendieron que el mal podía ser atractivo, incluso simpático. No fue mi caso, los ilustradores dibujaban a un John Long Silver tan patibulario que me resultaba difícil olvidar mis juicios preconcebidos para ver al protagonista como Stevenson lo concibió y no como lo dibujaban. En mi caso, dicha revelación ocurrió con esta novela, conocida en ediciones anteriores como “El señor de Ballantrae”.

Para los que no la conozcan, la trama empieza en Escocia, durante el levantamiento jacobita de 1745. El cabeza de familia de una familia aristocrática decide, con buen tino, que, de sus dos hijos, uno se unirá a la rebelión y otro permanecerá fiel al rey de Inglaterra. Una moneda lanzada al aire decide el destino, el primogénito y heredero James, conocido a lo largo de la novela como el barón, será quien se una al bando jacobita y el menor, Henry quien permanezca leal.

Tras la derrota de Culloden Moor el barón es dado por muerto y Henry ocupa su lugar, acabando incluso casado con la prometida de su hermano, pero el barón volverá de su tumba, para alterar y arruinar para siempre las vidas de los que lo conocieron.

Creo que esta novela no me habría afectado tanto si mi primer contacto con ella no hubiera sido la película de 1953 de William Keighley, protagonizada por Errol Flynn. Lejos de ser un clásico, es un buen entretenimiento, pero una traición absoluta a la novela que pretende adaptar. Así que, en su día, empecé a leerla esperando encontrarme una divertida historia de espadachines y piratas, para encontrarme con un melodrama, centrado en la rivalidad entre dos hermanos.

Y el barón, el personaje interpretado por el jocoso Errol Flynn, es valiente, apuesto, elegante y seductor. Soldado, pirata, viajero. Es un líder que se hace con el mando allá donde va. Es un aventurero que recorre medio mundo, incluyendo lugares exóticos como la India y el oeste americano. También es un ser amoral y traicionero. Un egocéntrico, que sólo se preocupa por sí mismo, que manipula y utiliza a las personas que lo rodean, especialmente a los que lo quieren y que se divierte jugando con ellos como títeres y atormentando a su hermano, el pobre Henry, que es un ser básicamente bueno y honrado, pero gris: silencioso, reservado, paciente y trabajador. Mientras que su hermano es idolatrado en vida y en el recuerdo por su padre, su prometida y su pueblo, Henry es incapaz de conseguir ser amado. Sus súbditos le consideran injustamente un tirano, un avaro y, mas adelante, un traidor. Su padre y su mujer le estiman y le están agradecidos, pero eso es todo. El único afecto inquebrantable con el que contará a lo largo de su vida será el de su fiel asistente, Mackellar, el narrador.

El mal es atractivo, el bien resulta aburrido.

Aunque en algunas partes hay ecos de lo mejor de la novela de aventuras, “El barón de Ballantrae” es, básicamente, un melodrama, centrado en la ya mencionada rivalidad entre los dos hermanos, y un melodrama muy poco complaciente, en el que las vidas de sus protagonistas se echan a perder sin remedio. No hay redención, ni final feliz y, lo que es peor, en su parte final, asistimos a la degradación moral y psíquica a la que las humillaciones y desgracias sufridas acaban llevando a Henry, el personaje que hasta entonces contaba con la mayor parte de las simpatías del lector.

Es tan fácil convertir en el mal eso que llamamos el bien.

Y ese trágico final... Para los que no lo conozcan, no lo comentaré, pero es un final terrible, cruelmente alejado de las expectativas del lector, en el que todo lo que puede salir mal, sale mal. Recuerdo a mi yo adolescente, cerrando el libro, intentando convencerme a mi mismo de que no había leído lo que había leído, de que eso no había ocurrido. Y sin embargo… Sin embargo era un final tan adecuado … No era el final que yo quería, no era un final que me gustara, pero era un final magnífico.

Acabando, esta es una novela para pasarlo mal y con la que se lo pasa uno muy mal. Magníficamente mal. Al releerla ahora, tantos años después, en la edición de Valdemar, siendo un lector ya muy curtido, la impresión ha sido menor, aunque ha seguido siendo alta. Uno ahora se implica menos en lo emocional y se fija mas en la técnica: la reconocida apuesta por la sencillez, el elegante modo en que el texto trasluce la impresión de que el narrador, Mackellar, es un puritano, escrupuloso y puntilloso, sin que ello incida en su legibilidad, el agradable interludio de novela de piratas, la impecable construcción de las escenas cumbre (esa partida de cartas que termina en duelo, ese desenterramiento... momentos de auténtica MAESTRÍA con bien merecidas mayúsculas)

Una gran obra, si, aunque una obra pensada para llorar y gastar incontables paquetes de kleenex, cosa que deben tener en cuenta quienes se animen a leerla.

viernes, 30 de junio de 2017

Abuelo cebolleta


 


Ayer escribí en mi reseña de "Luz de otros días":

“Luz de otros días” pertenece a ese subgénero de la ciencia ficción para el que todavía no se ha oficializado una etiqueta, que versa sobre las consecuencias y transformaciones que provoca en el mundo un descubrimiento o un invento. 
Al final del post, puse un enlace a mi reseña de la novela de Bob Shaw "Otros días, otros ojos", que escribí hace dos años y medio y que no he vuelto a repasar desde entonces. Por curiosidad, me dio por hacerlo y me encuentro con:

Tan aficionados como somos los amantes de la ciencia ficción a inventar etiquetas, es raro que entre tanto “space opera”, “hard”, “cyberpunk”, “ucronías” y “distopías” (¿Qué fue de la anti-utopías?), todavía no hayamos inventado una para referirnos a ese subgénero que narra todas las consecuencias que tienen sobre nuestro planeta y nuestras sociedades un descubrimiento o una invención, llevando la idea hasta sus últimas consecuencias.

¡Son casi las mismas palabras! ¡Me repito mas que el ajo! ¡Soy un abuelo cebolleta! ¡El alzheimer está a la vuelta de la esquina! ¡NO, AL ASILO NO, NO QUIERO IR!

Por cierto, veo que en aquella ocasión también escribí:

Como curiosidad, terminaré reseñando que Stephen Baxter y el mismísimo Arthur Clarke perpetraron un plagio-homenaje reconocido de esta novela, titulado “Luz de otros días” que tuvieron el buen gusto de dedicarle a Bob Shaw. No lo he leído, pero se dice que es mejor que el original.

Bueno, pues ya la he leído y me temo que me dejé llevar a las habladurías, la influencia es evidente, Clarke y Baxter mismos la reconocían, pero la novela de Bob Shaw se centra mas en la desaparición de la intimidad y en la posibilidad de explorar el pasado reciente, posterior a la invención del “vidrio lento” y Clarke y Baxter en la exploración del pasado, sin cortapisas de ningún tipo, remontándose hasta el origen de la vida.

Y sí, “Luz de otros días” me ha gustado mas.

jueves, 29 de junio de 2017

“Luz de otros días” de Arthur C. Clarke y Stephen Baxter




A la oscura sombra de Gentry Lee, fue fácil pasar por alto esta novela en su día, como un intento más de colarnos la obra de un autor desconocido, bajo el venerable nombre de Arthur C. Clarke. Y sería un grave error, porque lo que diferencia a esta colaboración de Clarke de las que hizo con Gentry Lee o Paul Preuss, es que Stephen Baxter es un gran escritor de ciencia ficción, al que los editores españoles no han sabido hacer justicia, pero eso sería tema para otro post.

No sé hasta que punto fue estrecha la colaboración entre los dos autores. No he notado rupturas en el estilo, que, quieras que no, es bastante funcional. Yo siempre he pensado que la investigación previa a la novela y el bosquejo del argumento, se haría entre los dos y que luego Stephen Baxter escribió el libro. La nota final, tan típica de Clarke, en la que se detalla las fuentes, está escrita en plural, así que por respeto al deseo de los artífices del libro, en este post me referiré siempre a ellos como “los autores”, sin diferenciarlos. (1)

Luz de otros días” pertenece a ese subgénero de la ciencia ficción para el que todavía no se ha oficializado una etiqueta, que versa sobre las consecuencias y transformaciones que provoca en el mundo un descubrimiento o un invento. En este caso, se trata de la apertura de micro agujeros de gusano, que primero vuelven obsoletos los satélites de comunicaciones, luego acaban con la intimidad (2) y finalmente, en un giro sorprendente pero que ocurre a menos de la mitad de la novela, permiten el escrutinio del pasado.

Esta es una de esas novelas que podríamos llamar “literatura especulativa”. Hay especulaciones sociológicas, históricas, astronómicas, biológicas, puede que incluso geológicas. El hilo que tira del lector no son las peripecias que acontecen a los personajes, que las hay, sino las especulaciones sobre a lo que podrían llevar las “gusanocámaras”, sean estas posibles o no. Dicho hilo es una fuente de maravilla y continuado deleite para el intelecto. Ésta si que es una novela que he disfrutado plenamente, aunque no esté seguro de creérmela por completo: para poder espiar a una persona durante todos los momentos de su vida, se necesitarían tantos años como haya vivido esa persona y los autores solo admiten esa objeción en el proyecto que reconstruye la vida de Jesucristo.

Que por cierto, es uno de los grandes momentos de la novela y uno de muchos. La “Luz de otros días”, brilla precisamente en los grandes momentos aislados, que son legión, en sus exploraciones del espacio lejano, del origen de la vida y sobre todo, en su visión de la historia, como un puñado de mentiras que esconden la tragedia consustancial al ser humano. El momento mas brillante de toda la novela, a mi parecer, es una larga panorámica de la historia, contada hacia atrás, en la que los protagonistas se remontan por todo su árbol genealógico hasta llegar a los neandertales.

Los autores transmiten su pasión por estos temas y hasta su uso del lenguaje mejora. Estos pasajes me han parecido muy bien escritos desde un punto de vista litarario. Mucho mejor, en concreto, que los que cuentan las desgracias y aventuras de sus personajes. Dejemos claro que la novela no aburre: no paran de ocurrir cosas y son cosas importantes y cuando las cosas se complican, y hay quien tiene que huir de la ley, la historía se pone moderadamente emocionante, pero el libro nunca llega a transmitir verdadera empatía por sus protagonistas.

Kate Manzoni no deja de ser un personaje un tanto desdibujado. Al principio parece que va a ser algo así como la brújula moral del relato, pero no tarda en quedar relegada a la posición de “la chica” y posteriormente de dama en apuros. Es vergonzoso el modo en que se la quitan de en medio, justo antes del final de la novela y de la segunda, y un poco fatigosa, retrospectiva histórica.

Los verdaderos protagonistas son los Patterson, pero el padre, Hiram, no es mas que un villano iracundo, la crisis de fe de David no resulta conmovedora y Bobby, de lejos el personaje mas interesante de la novela, está muy desperdiciado. Por poner un ejemplo, la revelación ante Kate de su verdadera naturaleza, la primera revelación al menos, debería ser dramática, cataclísmica, pero, si lo es, no se transmite ese efecto al lector, quien comprende mejor a Bobby y quizá murmure en voz baja un “ahora lo entiendo”, pero, ciertamente, no se siente conmovido.

Los autores se guardan unos cuantos ases en la manga, hay algunas sorpresas muy bien colocadas, esqueletos que salen del armario y cosas así, que hacen la lectura amena. Como ya he dicho, no aburre, pero tampoco enamorará a los que vayan buscando acción, tensión emocional, complejidad psicológica o deleites estéticos. Esta es una de esas novelas de ciencia ficción en la que la parte de la ciencia es mas importante que la de la ficción y, dentro de su estilo, está muy lograda, pero no es plato del gusto de todos los paladares.

(1) En la wikipedia se dice que es una novela de Stephen Baxter, basada en una sinopsis de Arthur C. Clarke. En las reseñas que leí por internet de novelas posteriores de Clarke, abundaban los comentarios jocosos sobre como empeoraba el bueno de Arthur, cuando no tenía a Stephen Baxter enmendándole la plana.

 (2) La novela está dedicada a Bob Shaw y comparte título con uno de los relatos incluidos en su novela “Otros días, otros ojos”, en la que también se trata el final de la intimidad, cuya reseña pueden consultar aquí.

jueves, 22 de junio de 2017

“Azul, el poder de un nombre. Samidak” de Begoña pérez Ruiz. ¡No he podido!




Esto no es ni una crítica ni una reseña de la novela “Azul, el poder de un nombre. Samidak”, de Begoña Pérez Ruiz. Para hacer eso debería haberme formado una imagen completa de la obra, lo que habría requerido leerme sus 882 páginas y no he sido capaz de pasar de la 324.

Este libro me llamaba mucho la atención cuando lo veía en las librerías por los siguientes motivos: su portada, la apuesta por la ciencia ficción de aventuras que parecía prometer su sinopsis, que el autor fuera una mujer y española (aunque nacida en Francia), que una editorial hubiera apostado por una primera obra tan voluminosa, que aparentemente estuviera teniendo éxito y que fuera gloriosamente ignorada en las webs de literatura fantástica por las que suelo navegar.

No me decidí a comprarlo, debido a los problemas de espacio que tengo en mi casa. Al final lo encontré en mi biblioteca. Tiemblo de pensar en que podría haberlo comprado y encontrarme semejante mamotreto ocupando el escaso espacio del que dispongo.

Cuando llegué a la página 13, el final de prólogo, supe que había cometido un grave error. En el prólogo se cuenta como la madre de la recién nacida protagonista se deshace de su bebé enviándolo a otro mundo para mantenerlo a salvo de sus enemigos. Los tópicos no son tan malos como la gente cree, pero hay que saber salvarlos, ya sea subvirtiéndolos o haciéndolos propios con algún toque personal. Nada de eso hay en este prólogo. Lo mismo lo podría haber escrito un guionista de Holywood y no, no es un cumplido.

A partir de ahí, las cosas no paran de empeorar. El libro no está mal escrito, pero el estilo de la autora tiene varias cosas que se me atragantan.

Primero, los subrayados. No para de recalcar lo evidente. Si un personaje se lleva una sorpresa, tiene que decirnos que está sorprendido. Si varios se llevan un susto de muerte, tiene que decirnos que están asustados. Eso me hacía saltarme continuamente palabras y hasta frases. Este defecto, por cierto, también es muy característico de Joan Manuel Gisbert, autor al que adoro desde que tenía cinco años, convertido actualmente en uno de mis vicios secretos. Incluso he creído detectar similitudes entre el estilo de los dos autores, pero lo que puedo disculpar en una novela de entre 100 y 200 páginas, de ritmo vertiginoso, no es de recibo en un tocho de 882.

El consejo mas trillado sobre la escritura nunca fue mas indicado: No cuentes, ¡muestra!

A continuación viene el problema de las descripciones. Begoña Pérez Ruiz se obstina en describir absolutamente todo y lo hace en cuanto se menciona. No se trata sólo de que describa con detalle cada prenda de vestir que usan sus personajes, que lo hace, es que lo describe TODO. En el momento en que se menciona a una federación de planetas, nos cuenta su composición y sistema de gobierno. En cuanto traslada la acción a una ciudad, nos cuenta su arquitectura urbana. En cuanto aparecen unos alienígenas, su estructura social. Así con todo.

Hay que reconocer que son descripciones bastante precisas y cortas. El problema no es su longitud, es la cantidad. Y la cantidad de información irrelevante a consumir hasta que empiezan a pasar cosas.

Todo eso lo habría podido perdonar, pero lo que finalmente me hizo abandonar la lectura fue la historia de amor. O mejor dicho, la mala pinta que estaba adquiriendo la historia de amor. Eso de la parejita separada por causas de fuerza mayor que no paran de sufrir porque están separados, me ha provocado ganas de vomitar. Cuando empecé a leer sobre como la protagonista pasaba las noches llorando, mi frustración alcanzó tales cotas que, si el libro hubiera sido mio, podría haberlo arrojado por la ventana. Así que decidí dejar de sufrir y abandoné la lectura.

Esta es mi opinión personal, crudamente sincera. Una vez dicha debería hacer algunas matizaciones. Para empezar, parece evidente que no pertenezco al público para el que este libro ha sido pensado. Diría que tengo entre veinte y treinta años mas que la edad de su público ideal y eso ha podido condicionar mi experiencia. Quizá las quinceañeras y quinceañeros disfruten enormemente de su lectura. Quizá, una vez superadas las cursiladas, haya partes buenas. Recalco que no he leído la novela completa. En goodreads y en otras partes, la gente escribe muy elogiosamente sobre las escenas de acción, por ejemplo. Las pocas que yo leí no fueron nada extraordinario, pero estas cosas se suelen preparar para el gran final.

Tampoco he encontrado nada particularmente interesante en el mundo que Begoña Pérez Ruiz ha creado, aunque es evidente, dado el nivel de detalle, que ha invertido una gran cantidad de tiempo y esfuerzo en su creación. Aplaudo dicho esfuerzo y su creatividad. Le deseo sinceramente que tenga suerte con su obra, que cree un universo de fantasía que haga soñar a una generación de jóvenes lectores, pero no es probable que yo vuelva a acercarme a él. No había abandonado la lectura de una novela desde Mayo del 2015. En aquella ocasión fue “La balsa de piedra” de Saramago. Eso significa que Begoña Pérez Ruiz ha conseguido igualar a un premio nobel.

jueves, 15 de junio de 2017

“La última partida” de Tim Powers


Cada vez que empiezo una novela de Tim Powers, el primer pensamiento que viene a mi mente es: ¿porqué he tardado tanto? Esta vez no ha sido una excepción. Cada libro de Tim Powers es como una puerta abierta a un lugar en el que me siento tan a gusto que no querría abandonarlo nunca. En esta ocasión el autor no se remonta a tiempos históricos mas o menos lejanos, sino que ubica la acción en la época en la que la escribió, los años noventa, centrándola en el mundo de los tahúres profesionales y ubicándola en Las Vegas.

Así, tenemos a Scott Crane, un antiguo jugador profesional que veinte años antes, durante una partida de cartas, cedió su cuerpo a su oponente, la actual encarnación del rey pescador, que ahora intercambia su consciencia entre varios cuerpos y que, para acabar de arreglarlo todo, es su padre biológico. Al cumplirse los veinte años, el rey asumirá su cuerpo, acontecimiento que viene precedido por lúgubre presagios y desgracias, que harán que Crane vuelva a Las Vegas, para enfrentarse a él, en un intento desesperado de salvar su vida y la de su familia adoptiva.

Todas las virtudes de Tim Powers están presentes en la novela. Hay un apretado catálogo de conceptos asombrosos, conexiones descabelladas entre el folclore y la mitología con acontecimientos históricos e incluso con conceptos matemáticos, como el conjunto de Mandelbrot. Todo ello mezclado y agitado en la coctelera de la imaginativa cabeza de Tim Powers para obtener un resultado que sería único, de no ser por que Tim Powers parece repetirlo cada vez que escribe. En concreto, la imaginería que desarrolla alrededor del tarot, los juegos de naipes y los arquetipos de Jung es fascinante, a la par que inquietante. Ya en otras ocasiones las novelas de Powers contienen pasajes siniestros o truculentos, pero puede que esta sea una de las mas oscuras. Aunque no produjo en mi cabeza las mismas sensaciones que las historias de terror, esta va a ser la primera vez que ponga esa etiqueta entre los tags de este post, porque no se me ocurre otro modo de describir una obra que contenga la visita a la capilla peligrosa, la relación de Crane con el ¿fantasma? de su mujer y su descenso a la locura.

Hablando de locura, por primera vez me he dado cuenta de una cosa: las novelas de Powers, sobre todo esta que ahora reseño, se prestan a una doble lectura. Los elementos fantásticos de la trama suelen aparecer en medio de trances o visiones que difuminan las fronteras de la realidad. Si no fuera por los capítulos que transcurren desde el punto de vista de los villanos, podríamos creer que todo está en la cabeza de Crane, que, a fin de cuentas, es un alcohólico que no se encuentra en buen estado mental. Todo se presta a una interpretación solipsista, como la que hacía Rodolfo Martínez de las películas de Star Trek de la nueva generación.

Pero no solo de arriesgados conceptos vive el hombre. Como corresponde a toda novela de Tim Powers el argumento transcurre a un ritmo enloquecido, plagado de peripecias a cual mas trepidante, en el que los desafíos y las pruebas que afrontan sus protagonistas parecen no tener fin.

De hecho, tal vez sean demasiadas. Esta es una novela muy larga y ese es su principal defecto. Tim Powers se revela como un escritor incapaz de poner freno a su propia creatividad. Todo personaje, toda idea, todo trance peligroso que se le ocurra, debe ser incluido, lo que aumenta desproporcionadamente el número de páginas y diluye el interés por la trama principal. La inclusión de personajes con punto de vista propio cuando la historia ya está bastante avanzada y que, en el fondo, no aportan mucho, es uno de los mayores defectos de Powers como escritor y en “La última partida” se nota mas de lo habitual. 

Bernardette Dinh y su hermano se incorporan demasiado tarde al relato, sobre todo cuando Crane y su familia estaban sosteniendo muy bien la historia. Si lo que Powers tenía en mente era narrar la competición entre ellos, Scott, Diana y el Rey, deberían haber aparecido casi desde el comienzo, aunque soy de la opinión de que son personajes que se le ocurrieron a Powers sobre la marcha y que no pudo resistirse a incluir. Son fundamentales en esa especie de duelo a tres bandas que conforma el clímax final, pero lo mismo podría haberse logrado con alguna otra excusa. Tal como queda todo, cuando aparecen provocan un bajón del interés, porque ralentizan el desarrollo de la historia principal y tardan mucho en ser importantes. La novela ganaría con su desaparición.

Algo parecido ocurre con Al Funo, el asesino a sueldo obsesionado con relacionarse con sus víctimas. Es un personaje fascinante y él si que entra en la historia con suavidad. El problema es que, aunque parece que va a ser muy importante, al final no lo es tanto y el número de paginas empleado en seguirlo se me antoja desproporcionado.

Por último, "La última partida" puede resultar demasiado previsible para alguien que haya leído las mejores obras de Tim Powers. Tenemos a un protagonista de mediana edad, que bebe demasiado y que acaba de enviudad. ¡Otra vez! Tenemos el inevitable desencuentro con el protagonista femenino, que hunde al héroe en el abismo de la depresión y que siempre tiene lugar mas o menos hacia la mitad del libro. ¡Otra vez! Desencuentro que suele obedecer mas a las necesidades de la trama que a las psicologías de los personajes y que es sucedido por la reconciliación, poco antes del final.

En esta ocasión, la ruptura tiene un motivo mas comprensible que en otros, no así la reconciliación.

En resumen, me temo que Tim Powers ha adoptado las maneras de los escritores de betsellers, ha desarrollado una fórmula de éxito que repite hasta la extenuación y que vuelve muy parecidas todas sus novelas. Ya no innova, ni intenta hacer cosas diferentes. Se trata de una fórmula muy atractiva, que disfruto enormemente, pero me temo que no la disfrutaría tanto, si tardara menos tiempo en volver a leerlo.