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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 13 de enero de 2017

“Luna: Luna nueva” de Ian McDonald





A pesar de ser el cuerpo celeste mas cercano a la Tierra, no recuerdo que nuestro satélite natural, haya sido tan frecuentado en la ficción como los planetas del sistema solar, en concreto Marte. A bote pronto, sólo recuerdo tres obras que transcurran principalmente en la luna: “Claro de Tierra” de Arthur Clarke, “La luna es una cruel amante”, de Robert A. Henlein y el excelente manga de Yasuo Otagaki “Moonlight Mile”. Me niego a incluir la serie de televisión “Espacio 1999” por mas cariño que le tenga. Esta incipiente saga de Ian McDonald promete remediar ese olvido.

Para los que no sepan nada del argumento, que ya es raro, transcurre en un futuro cercano, en el que la luna ha sido colonizada y su control está dividido entre cinco poderosas familias, los cinco dragones, cada una de ellas dueña de un monopolio sobre algún tipo de recurso o industria y emparentadas entre sí por medio de matrimonios de conveniencia. Los protagonistas son los Corta, familia de origen brasileño especializada en la minería de Helio 3. La novela se centra en las intrigas que enfrentan a los cinco dragones entre sí, junto a las que tienen lugar en el seno de la propia familia de los Corta, sus peripecias personales y las de algún personaje ajeno a la familia.
A los humanos nos encanta poner etiquetas. La publicidad define esta novela como un “juego de tronos en la luna”. En la mayoría de las reseñas que he leído se la compara con Dune. En la reseña de
sentidodelamaravilla.blogspot.com.es
se comenta que el autor, en una entrevista, definía Luna como una mezcla entre un western, la ya citada La Luna es una cruel amante de Robert A. Heinlein y la serie Dinastía. Esta definición me parece bastante acertada y explica porque al principio me costó entrar en la novela. No he visto un solo capítulo de Dinastía, o Dallas. Todo lo mas que llego es a una o dos temporadas de Falcon Crest. El problema no era el horario, sino que no me atraían en absoluto. ¿Comprenden el problema que tuve con esta novela?

Al principio me pasó lo mismo, las aventuras de estos niños ricos de segunda y tercera generación no lograban interesarme lo más mínimo, aunque transcurrieran a una séptima parte de la gravedad. El personaje de Marina Calzaghe, la recién llegada que casi por casualidad se ve arrastrada a la órbita de los Corta, a través de cuyos ojos vamos descubriendo el mundo de la luna, no bastaba para lograr captar mi atención. El caso es que perseveré y poco a poco me vi enredado por la luna y por las palabras de Ian McDonald.

En todas partes se ha alabado la ambientación de la novela y “Luna: Luna nueva” se merece todas las alabanzas. En la Luna de Ian McDonald hay que pagar hasta por el aire que respiras (y el agua, el carbono y los datos), no hay derecho criminal, pero todo es negociable, todos los tipos de sexualidad son habituales, incluyendo nuevos géneros sexuales, con nuevos pronombres, multi cultural, con multitud de lenguajes y religiones y un gusto muy chic por la moda retro, merced a las impresoras 3D. Lo sorprendente es que Ian McDonald logra esta gran ambientación sin grandes descripciones. Todo se deduce de como se comporta la gente, lo que habla y los lugares que se visitan.

Esta sutileza o economía de medios, parece un rasgo característico de la pluma de Ian McDonald. Sus descripciones son breves y acertadas, sus capítulos se componen de micro capítulos, narrados desde diferentes puntos de vista, que se alternan y se cruzan. No estoy seguro, pero diría que alguno de estos micro capítulos no llega ni a la página. Una conversación puede ser interrumpida en seco y reanudada varios cambios de punto de vista mas tarde. Tiemblo de pensar en como habría sido este libro en manos de un autor mas convencional, convirtiendo cada micro capítulo en un capítulo, que empiece siempre con una pormenorizada descripción del lugar donde se encuentra el personaje de turno, seguido de un breve resumen de como ha llegado allí, un poco de paja y un cliffhanger artificialmente extendido. Sin duda se habría acercado a las mil, mientras que en su edición en papel “Luna: Luna nueva” no tiene mucho mas de cuatrocientas páginas.

La economía autoimpuesta también tiene sus cosas malas. Algunos artefactos y escenarios, el ciclador y el tren ecuatorial de los McKenzie, se merecían una descripción mas detallada. Las acciones y los cambios de perspectiva se suceden tan rápidamente que en ocasiones parece que no exista el menor hilo argumental, simplemente una sucesión de acontecimientos inconexos levemente relacionados. Algunos recursos resultan escasamente creíbles (¿ordenadores que predicen el futuro? ¿comercio interplanetario en especie rentable? No me extraña que las microondas tarden tanto en aparecer) y sus atractivas ideas no están tan desarrolladas como deberían.

Porque, no nos engañemos, a pesar de su maravillo trabajo de ambientación, Ian McDonald este mucho menos interesado en especular que en narrar. “Luna: Luna nueva” es una novela río, un río que va creciendo y dividiéndose en múltiples cauces que se ramifican una y otra vez, para luego volver a cruzarse. El goce de la narración se traslada desde el autor al lector, que se ve irremediablemente atrapado en el tapiz que tejen los distintos hilos argumentales, a medida que este crece en complejidad.

Narrado siempre en presente, excepto las evocaciones que la matriarca Adriana Corta hace de su vida (según la reseña de sentidodelamaravilla estos capítulos se publicaron por separado), en esta novela todo tiene su lugar: conspiraciones políticas y de negocios, historias de amor, tramas policíacas, secretos familiares, enfrentamientos a vida o muerte, guerra, asesinatos y algo de humor. Ian McDonald consigue eso que parece tan difícil entre los escritores anglosajones de ciencia ficción de hoy día: tener una voz propia, un estilo personal, pero ese estilo esta puesto al servicio de lo que se cuenta y no al revés. Menos es mas. La mano del autor resulta invisible, pero está siempre presente. Cuando quiere Ian McDonald llega a ser poético sin que parezca que lo está siendo. La construcción de algunos pasajes es tan admirable, que es capaz de reflejar perfectamente las emociones de sus personajes, sin referirse directamente a ellas.

Y, evidentemente, a pesar del desinterés con el que empecé la lectura, “Luna: Luna nueva” acabó atrapándome a mí también.

No es el nuevo “Juego de tronos”, ni el nuevo “Dune”. Ni falta que hacen, por cierto. Es una novela con su propia personalidad y no es una novela perfecta, pero es decididamente brillante y será interesante ver como continúa. Habemus saga. Otra vez.

PD: “Luna: Luna nueva” ha sido opcionada para realizar una serie de televisión, aunque dudo que llegue a rodarse, debido a lo desmesurado de los presupuestos. La representación de los familiares obligaría a llegar de cgis cada plano y los efectos especiales todavía no han logrado una solución económica para representar la baja gravedad, que está continuamente presente en la novela, desde los tupés, los vestidos, la arquitectura de los estadios de balonmano ¡O la misma popularidad del balonmano!

jueves, 5 de enero de 2017

“Los traficantes de naufragios” de Robert Louis Stevenson


“La resaca” me supo a poco, así que, a continuación, me leí otra obra de Robert Louis Stevenson, desconocida para mi, que encontré por Internet. Mis habituales indagaciones navideñas me han descubierto que ésta si que puede encontrarse en las estanterías de las librerías. Una breve búsqueda por Internet me ha revelado que la versión que he leído está mutilada y le faltan nada menos que ocho capítulos. En fin, parece una aberración, pero no puede negarse que así la historia empieza antes, se echa en falta la presentación de personajes, pero esos capítulos parecen paja.

Dos amigos y socios se embargan hasta las cejas para hacerse con los derechos de rescate del barco naufragado Nube volante, cuando en la subasta de éstos un misterioso competidor empieza a igualar puja tras puja. Aunque incluye un viaje por mar, y algunos de los mejores personajes de la novela son marineros, esta no es una novela de aventuras marítimas, sino una novela de intriga. El hilo conductor es descubrir que fue lo que realmente le ocurrió al Nube volante y que había tan rematadamente valioso en sus restos.

Como es de esperar en Stevenson, está muy bien escrita y los personajes están muy bien retratados, en este caso bajo un prisma de ironía benevolente. La intriga se dosifica perfectamente, dejando siempre al lector con ganas de saber mas. Como en muchas aventuras de Sherlock Holmes, la narración final de los hechos es mucho mas interesante que la propia investigación. Si yo hiciera una adaptación al cine, prescindiría de casi toda la novela y me centraría en los hechos de esta, exclusivamente.

En esta ocasión, la traducción me ha parecido impecable.

Sin duda es una obra menor, pero envidiablemente redactada por la mano maestra de Stevenson, que la hace extremadamente legible, que no es poco.






lunes, 2 de enero de 2017

“La resaca” de Robert Louis Stevenson


La historia de tres perdedores en los mares del sur, sumidos en la mas completa indigencia, tres personas que han tocado fondo, que, de repente reciben la oportunidad de convertirse en la tripulación de un mercante con un cargamento de champán, diezmado por la viruela. A pesar de que dos de los tres carecen por completo de conocimientos marítimos, no dudan en embarcarse, con el objetivo de revender por su cuenta el cargamento y rehacer sus vidas.

“La resaca” es una novela de la que jamás había oído hablar, que he encontrado casualmente por internet. Jamás la he visto en una librería y su descubrimiento ha sido para mí una grata sorpresa. Investigando en la wikipedia, he descubierto que fue su última novela publicada, de ahí quizá lo abrupto del final.

Tiene dos puntos que pueden hacer difícil su lectura: primero, la mayor parte de la narración transcurre desde el punto de vista de un personaje que se odia y se desprecia a sí mismo y no para de fantasear con el suicidio; segundo la carga religiosa, siempre presente en Stevenson, está mas presente que nunca. Si el lector no tiene problemas en sortear esos dos escollos, se encontrará que, salvo por el final, tiene entre sus manos una pequeña obra maestra. Y lo de pequeño va por su escasa longitud.

 Todas las virtudes de Stevenson están presentes, un acertado retrato psicológico de los protagonistas, un sentido del ritmo impecable, unas descripciones fabulosamente evocadoras, sembradas de imágenes poéticas, una creación de atmósferas impresionante... En la sencilla descripción de Stevenson de un barco adentrándose en una laguna, hay mas sense of wonder que en todas las space opera que haya consumido en los últimos años. Es una novela de no parar de leer hasta que se acabe y consigue ser tan adictiva a pesar de que la edición digital que ha caído en mis manos y que no se corresponde con la imagen que decora este post está plagada de erratas e incorrecciones, muchas de las cuales parecen fruto de la traducción. Como muestra: repetidas veces se habla de la “cúpula de verdura”, cuando se está hablando del techo del bosque de palmeras. Una posible alternativa habría sido “cúpula de verdor” que no me acaba de gustar pero no trae a la imaginación tejados de lechugas, coles y alcachofas.

Compone además un personaje tan atractivo como repelente Attwater , que se comporta casi como la encarnación del dios del antiguo testamento, imponiendo su justicia arbitrariamente. Por desgracia, el último capítulo, y el final del penúltimo, resultan un poco decepcionantes, después de un clímax mas que logrado. Si no fuera por ellos, creo que la resaca sería tan famosa como “La isla del tesoro” o “El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde”.

martes, 20 de diciembre de 2016

"Los cuentos de Rovarancolia 3 Finales" por José Antonio Cotrina



No tengo por costumbre reseñar relatos, pero si tengo por costumbre reseñar las entregas anuales de “Los cuentos de Rocavarancolia”. Dichas entregas siempre me han parecido un fan-fiction de “El ciclo de la luna roja”… realizado por su propio autor. Me parece evidente que Cotrina nunca tuvo intención de continuar la serie y que, bueno o malo, el final del último libro de la trilogía era el final que tenía en mente. Las sucesivas entregas me parecen un ejercicio de especulación sobre lo que podría haber pasado después, pero obviamente no es una historia planeada desde un comienzo. El primer recopilatorio me pareció, a su modo, una novela. El segundo me pareció un fragmento de una novela. Éste es un relato, anclado en los acontecimientos de los anteriores, pero cerrado en sí mismo. Y qué relato.

En su día, el final feliz de la trilogía me pareció poco verosímil. Cotrina parece pensar lo mismo. No sólo las cosas están dirigiéndose en una dirección que no pinta nada bien para los supervivientes de los primeros libros, sino que dichos supervivientes están cada vez mas alejados de sus buenas intenciones. En esta entrega, al menos aparentemente, nos despedimos de dos de ellos, dos de los personajes más importantes de toda la serie.

Me noto incapaz de analizar este relato. No soy capaz de desmenuzar los componente de los mecanismos que lo componen, no podría explicar razonadamente cuales son sus virtudes ni sus defectos, solo alcanzo a transcribir las sensaciones que despertó en mi, tristeza, melancolía, perdida y algo de repulsión. En un relato trágico y romántico, que logra todo lo que pretendía. Bravo, señor Cotrina.






jueves, 15 de diciembre de 2016

“Recuerdos del cuerpo” de Lisa Tuttle

 

Apenas han pasado unas semanas desde que declaraba el poco entusiasmo que me había provocado la antología de Lisa Tuttle “Nido de pesadillas” a pesar de su indiscutible calidad. ¿Cómo es que ahora estoy reseñando otra? En parte se debe a ese impulso irresistible que a veces me hace desear profundizar en la obra de un autor que desconozco hasta hacerme una idea propia. En parte a que los dos son libros bastante cortos y empecé a leerme uno casi a continuación del otro.

Subtitulado “Cuentos de deseo y transformación” este libro me ha encantado. ¿Cómo es posible? ¿Qué es lo que tiene “Recuerdos del cuerpo” de lo que carezca “Nido de pesadillas”? Ni yo mismo me lo explico. Una ironía que no estaba tan presente en “Nido de pesadillas”. O quizá se deba a que las historias de este volumen son un poco más enloquecidas. Aunque cuenta con muchos, y muy buenos, cuentos de terror, muchas de las historias son tan inclasificables como insólitas.

¿A que género intentarías adscribir “En piezas sueltas”, el relato de la mujer que, al día siguiente de que cada uno de sus amantes la abandone, encuentra partes de su cuerpo en su dormitorio? La palabra “surrealista” acude a mis labios, pero al parecer Lisa Tuttle no siente ninguna simpatía por este movimiento. Ella describe con escrupuloso realismo como sus personajes se enfrentan a lo imposible. Este relato me tuvo tan embebido que me pasé unas cuantas estaciones de metro. Sospecho que se debió mas al agotamiento laboral y a que los años empiezan a pesarme que a sus virtudes, pero lo cierto es que ocurrió y es un relato muy bueno.

¿O que decir del relato en el que la protagonista se ve transportada a un mundo en el que el género lo determina la posesión de un lagarto? Extraño, absurdo y de los mas terroríficos que he leído.

La lectura de “Recuerdos del cuerpo” es un experiencia imprevisible, los relatos son muy distintos unos de otros y cualquier cosa puede pasar en ellos, desafiando por completo la credulidad del espectador. El absurdo, la maravilla y el terror compiten por sus páginas. Casi todos los relatos terminan de modo desagradable para sus personajes, así que avisados quedan los lectores mas sensibles, al igual que algunos lectores masculinos, a los que pueden espantar los relatos que abordan la identidad del género, lo que diferencia a cada sexo y lo tenue que puede llegar a ser la barrera que los separa. El subtítulo está muy bien elegido, puesto que los cuentos incluidos hacen referencia al deseo y la transformación.

Una grata y agradable sorpresa.


domingo, 11 de diciembre de 2016

“Siete evas” de Neal Stephenson (2)


Por fin me he terminado “Siete evas” y si, me temo que comparto la desilusión general con la última parte del libro, a pesar de que como comentaré tiene muchas cosas buenas. Creo que lo que Stephenson se proponía con esta última parte era escribir un epílogo, en el que echáramos un vistazo al futuro del mundo creado por los descendientes de las supervivientes de la novela, cuando ellas mismas ya se han convertido en leyenda. Creo que este tipo de epílogos, vistazos al “futuro del futuro” son bastante habituales, casi una tradición en las novelas de ciencia ficción, aunque ahora mismo solo recuerde el epílogo de “Fuentes del paraíso” y la saga de Chanur. El caso es que Stephenson es un autor excesivo y desmadrado y donde otros se marcan un relato de diez o veinte páginas, él se monta una novela de trescientas.
Equilibrar el pulso entre información y narración es uno de los retos más difíciles de las novelas que crean su propio universo. En el caso de la parte final de “Siete evas”, la partida la gana de largo la información. Por momentos uno cree estar leyendo el manual de un juego de rol. Descripciones de aeronaves, descripciones de artefactos, de hábitats, de lugares, de armas, breves apuntes de historia y geografía… La cantidad de información es abrumadora y mientras el paciente lector la va masticando, lo único que le ocurre a la protagonista es que se mueve de un sitio a otro, como si estuviera leyendo una novela de Kim Stanley Robinson.
El caso es que la información que se nos presenta es interesante. Después de haber leído la parte principal (y muy superior) del libro, es raro que alguien no tenga curiosidad por el destino de la progenie de las siete evas. Los planeadores, la cadena, la cuna, son artefactos fascinantes. Hay "sense of wonder" y efecto ¡atiza! para dar y tomar. El complejo mundo que se nos describe tiene la suficiente personalidad para convertirse en objeto de culto, daría para ambientar una atractiva serie de televisión, pero, por muy apasionante que sea, después de tantas páginas de información, el lector acaba desesperado por un poco de acción.
Todo llega al que sabe esperar, pero a juzgar de lo largo que se me hizo, después de por lo menos ciento cincuenta páginas. El final de esta parte del libro es muy entretenido, pero transmite cierta sensación de apresuramiento, como si Stephenson hubiera dedicado tanto tiempo a reflexionar sobre la ambientación, que no le hubiera quedado nada para el argumento.
Por lo demás, los personajes son muy esquemáticos y es una pena, porque bien trabajados, muchos de ellos podrían haber sido fascinantes, el neoander, por ejemplo, pero, sobre todo, la moiriana protagonista y sus curiosas versiones de personalidad.
En fin me uniré al clamor popular y demostraré mi falta de originalidad, “Siete evas” habría estado mejor sin esta última parte, que podría haber constituido una atractiva segunda parte, con un mejor desarrollo de personajes y, sobre todo, un argumento mas trabajado. Con lo que odio la moda de los tochones y tratándose de un libraco de mil páginas, me duele decirlo, pero le habrían venido bien unas cuantas mas. Qué se le va a hacer, el género de estampitas de lugares impensables tiene muchos seguidores.

jueves, 24 de noviembre de 2016

“Nido de Pesadillas” de Lisa Tuttle



Hace unos años Lisa Tuttle era una perfecta desconocida en España, salvo por los forofos de George R.R. Martin, pues escribió en colaboración con él su primera novela “Refugio del viento”. Desde entonces se han publicado dos libros de relatos y una novela. No soy lo que se dice un fan de la literatura de terror. Las escasas novelas modernas que he leído me decepcionaron, opino que sus emocionantes desenlaces no compensaban sus desarrollos, morosos y faltos de interés. Los viejos clásicos mantienen su encanto, aunque suelen envejecer mal. Los relatos si que me atraen, pero, claro, en el fondo no he leído muchos mas que los de Poe y Lovecraft. Sin embargo, los comentarios fueron tan entusiastas que me animaron a probar.

Las bondades de Lisa Tuttle son evidentes. Sus relatos están perfectamente construidos, su estilo, engañosamente sencillo y eminentemente narrativo nunca se detiene en digresiones ajenas a lo narrado y sus descripciones nunca son gratuitas. Es perfecto para recrear los ambientes y disecciona con gran habilidad las personalidades de sus personajes, que, como otros han repetido hasta la saciedad, son personas normales perfectamente comprensibles, cuyas reacciones son completamente lógicas, ante los hechos que afrontan.

En sus relatos confluyen la amenaza externa con el conflicto interno. De algún modo, la irrupción de lo extraño, el hecho anómalo que altera las vidas de sus protagonistas, siempre femeninas, parece la exteriorización de un problema interno. Por poner algunos ejemplos obvios, en “La otra madre” sería la imposibilidad de compatibilizar una vocación artística con el cuidado de una familia, en “Sun city” la incapacidad de rehacer la vida después de una ruptura matrimonial, en “El nido” el agobio que la sobreprotección de su protagonista provoca sobre su hermana. Entonces aparece “algo” que rompe las reglas del mundo racional, que a veces ofrece una peculiar solución al conflicto y otras lo lleva a inevitable conclusión.

En las historias de Lisa Tuttle, las personas asustan casi mas que los monstruos, si es que existen. Lo mas inquietante de “El nido” no es si existía o no un monstruo refugiado en el desván, sino la reacción final de la protagonista. Para mi gusto, el relato mas horrible de todos es “Bienes compartidos” en el que no ocurre nada sobrenatural. Es tan creíble que no me sorprendería que se basara en hechos reales.

El libro se lee muy bien, es entretenido y está bien escrito. Con tanto de bueno, he de confesar que, aún así, no me ha entusiasmado. En parte es porque, después de haberlos visto tantas miles de veces por televisión, le tengo manía a algunos de los clichés del género. Me explico, en casi todos los relatos, la protagonista es consciente de algún trastorno sobrenatural, del que solo ella es consciente y que se esfuma en cuanto aparece otra persona, por lo que duda de sí misma y es incapaz de convencer a los demás de que es real. Es tan repetitivo que me enerva. Igual esas son las reglas de las historias de miedo. Eso explicaría porque no termino de aficionarme a ellas.