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Feliz año de Stanislaw Lem

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  No se si se han enterado de que Polonia declaró el 2021 como el año de Stanislaw Lem. Pensaba celebrarlo leyendo el ciclo de Ijon Tichy (dos libros de relatos y tres novelas) … Pero no va a poder ser. La cosa empezó bien, el primer relato es muy divertido, pero cuanto más avanzaba en su lectura, menos ganas tenía de continuarla. No entiendo que ven de gracioso o ingenioso en sus bibliografías de libros imaginarios ni en sus taxonomías inventadas, que me han amargado el segundo. Por el bien de mi salud mental, en decidido abandonarlo, en favor de lecturas más livianas. En fin, feliz año de Stanislaw Lem.

“La llave de cristal” de Dashiell Hammett

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La mayor parte de las historias de serie negra derivan del molde de Raymond Chandler, narradas en primera persona por detectives privados ingeniosos y tristones que beben demasiado, tienen alguna afición pintoresca y un oculto buen fondo de don Quijote. Sin embargo los personajes del creador del género, Dashiell Hammett, son bastante diferentes. Fríos como el hielo, duros como el acero y brutalmente sinceros, se comportan, aparentemente, de un modo tan amoral como los criminales a los que se enfrentan y a los que enfrentan entre sí, puesto que su método favorito de trabajo sueles ser meter cizaña entre los sospechosos, mintiendo y manipulando. Ned Beaumont no es un detective privado, pero si pertenece a esa categoría. Es el mejor amigo y la mano derecha de un gangster metido en política, Paul Madvig, enamorado, por su parte, de la hija de un senador al que presta su apoyo. Madvig resulta un personaje mucho más simpático que Beaumont. Es más fácil identificarse con él. También es mucho

“Los cronolitos” de Robert Charles Wilson

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  Por la faz del mundo empiezan a aparecer monumentos enviados desde el futuro que conmemoran las victorias militares de un dictador desconocido, Kuin, que parece que, en un periodo de veinte años, se habrá apoderado, como mínimo, del continente asiático. Con este original punto de partida, Robert Charles Wilson construye lo que es, en el fondo, una clásica historia de viajes en el tiempo, con el típico conflicto entre la causa y el efecto, el libre albedrío y el destino. Las apariciones de los monumentos provocan inmensas catástrofes, graban a fuego una sensación de fatalismo en la psique de toda una generación y fascinan a los jóvenes y a los que no lo son tanto, creando un grupo de adoradores de Kuin, que tal vez sea el germen de sus futuras conquistas. A la vez aparecen también grupos de colaboracionistas, que consideran que, siendo la victoria de Kuin inevitable, no de debe intentarse combatirlo, a lo más lograr una rendición honorable. La novela transcurre a través de muchos años

"Alba de Tinieblas" de Eduardo Vaquerizo

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  Tengo todavía pendiente de lectura “Memoria de tinieblas” y eso que compré el libro en cuanto salió, sin embargo ha acabado adelantándolo la tercera novela de Eduardo Vaquerizo ubicada en este universo de ficción, quizá motivado por haber sido expuesto recientemente a u auténtico chute de historia de los Austrias. Como siempre que leo una obra de género fantástico, engarzada con aparente realismo en una realidad histórica, vuelo a lamentar el abandono del sitio lanovelaantihistorica.wordpress.com. Me encantaría asistir a un coloquio en el que un par de historiadores discutieran con el autor los acierto y los inevitables fallos de su obra. Puesto que soy incapaz de enjuiciar su rigor histórico, tengo que limitarme a disfrutar de su lectura. En contra de lo que se suele decir, el punto Jonbar, hermosa palabrota que tuve que buscar en el google para escribir correctamente, fue una plaga equina que acabó con todos los caballos de la Tierra, o de Europa, al menos. Los animales estaban tan

“Las cenizas de Babilonia” de James A. Corey

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  ¡Llegó la hora de la revancha! Si en “Los juegos de Némesis” los protagonista de la saga contemplaban con impotencia como el sistema solar se iba a la mierda, en “Las cenizas de Babilonia” recomponen sus fuerzas para intentar devolver el golpe. No sé, la saga literaria de “The Expanse” sigue siendo un entretenimiento inteligente plagado de buenas intenciones y aunque esta sexta entrega me ha gustado, no ha terminado de engancharme tanto como otras entregas. Quizás sea por el cambio de esquemas. La mayoría de los volúmenes de la saga parten del esquema situación-tensa-que-empeora-rápidamente-a-desesesperada. Con todos sus convencionalismos holywedenses, no se puede negar que es un esquema que atrapa. Sin embargo, en “Las cenizas de Babilonia” la narración sigue un trayecto en forma de dientes de sierra: pequeñas crisis, seguidas de instantes de calma, que dan lugar a nuevas crisis. Eso hace que los momentos de interés abunden, pero se pierde progresión dramática. No he tenido la la se

Las cosas que uno se encuentra, al mirar las novedades de Junio de Dolmen

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¡Felicidades, Alberto! Es emocionante encontrar a alguien que consigue hacer realidad uno de sus sueños.

“La isla de los eones y otras historias de mundos perdidos” de Robert E. Howard

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  Peculiar el libro que nos ocupa. Empieza con dos versiones de una misma historia “La isla de los eones” del título, ambas incompletas y termina con un posible final, cuya autoría no viene registrada. El volumen se completa con un par de poemas, un apéndice sobre los mundos perdidos en la obra de Robert E. Howard y un puñado de fragmentos y relatos. Todo ello lo convierte en una pieza atractiva para los seguidores del autor, pero en el libro menos adecuado que puedo pensar para aquellos que quieran iniciarse en su obra, aunque ejemplifica perfectamente sus temas preferidos: la creencia, compartida por su compañero de generación H. P. Lovecraft, en un pasado legendario, no recogido por la historia oficial, que esconde terribles prodigios, la concepción cíclica del devenir, en la que las civilizaciones son destruidas por cataclismos o guerras, olvidadas y seguidas por nuevas civilizaciones que repetirán el ciclo y la reencarnación y la posibilidad de revivir las experiencias de los ante