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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

domingo, 20 de agosto de 2017

“Luna: Luna de lobos” de Ian McDonald


Esperadísima continuación de “Luna: Luna nueva”, continúa las aventuras de la familia Corta. “Luna de lobos” tiene el típico problema de las continuaciones: el elemento sorpresa se ha perdido, por más interesante que sea el mundo en el que transcurre, ya nos lo conocemos. Por otro lado, cuenta con la ventaja de que la historia ya está en marcha, puede ir al grano sin perder tiempo en presentaciones ni explicaciones.

Bueno, un poco explicaciones y presentaciones sí que hay, ha pasado un año y medio y en la primera parte del libro se recapitula que ha sido de los personajes y, con hábil y sádica mano, Ian McDonald se guarda para el final aquellos por los que el lector estará más interesado. Algunos ganan en humanidad y otros son dejados de lado. Por ejemplo, el personaje de Marina Calzaghe , tenía como función en “Luna nueva” ser los ojos del lector, que descubría a través de ellos el mundo lunar. Eso, y también salvar el día, de vez en cuando, con su rapidez de reacción y su valor. Como el mundo ya está presentado, en “Luna de lobos” ha perdido su función principal y pasa un discreto, no segundo, sino tercer plano, aunque deje a su paso una escena conmovedora.

Por el contrario, tenemos mucho más del lobo Wagner, con una cierta profundización en la cultura lobuna, a Lucasinho, personaje al que al principio tenia cierta tirria, pero que, a base de acumular tantos y tantos defectos, al final me es casi imposible no quererlo y, además, protagoniza uno de esos “momentos McDonald” para el recuerdo: párrafos y párrafos hablando de tartas. Puede hacerse cansino, pero acabó haciéndome gracia. Y, por supuesto, tenemos a Lucas, cuyo periplo terrestre nos permite conocer un poco mas la Tierra de este mundo futuro, analizado desde un punto de vista selenita, lo que nos permite comprender mejor la Luna ficticia y satirizar el mundo real.

Mas que una continuación, casi podríamos hablar de una prolongación, “Luna de lobos” no tiene sentido sin “Luna nueva” y es absurdo intentar leerla sin haber leído la anterior. Por otra parte, es casi de obligada lectura para los que la leyeron, como lo será una hipotética tercera parte. El estilo de la narración es coherente con la primera parte y no sorprenderá a los lectores, aunque algunas decisiones de Ian McDonald siempre resulten peculiares: dedica más tiempo a los recuerdos de infancia de un personaje que a un golpe de estado, a la música que escucha Lucas durante su entrenamiento para aclimatarse a la gravedad terrestre que al propio entrenamiento, dedica varios capítulos a presentar un personaje nuevo, que, aparentemente, no tiene nada que ver con la trama (aunque acabará siendo vital), se centra en los que padecen una crisis (bien por su ética) en lugar de en los que la provocan o gestionan, lo que tiene el inconveniente de que el lector no sabe lo que está pasando. Y dedica muchas, muchas frases a describir un aparato sexual masculino.

Diría que en comparación con el primer volumen, hay menos ideas y pasan menos cosas, pero las que ocurren se viven con mas intensidad. En este volumen, la aventura prima sobre la intriga. Ya he mencionado una cierta crisis. Gran parte de la novela consiste en los protagonistas intentando sobrevivir a esa crisis. Esta parte de la novela, cuajada de escenas espectaculares y dramáticas, aventaja a su predecesora en emoción y en acción. Sin duda el hecho de haberlo leído durante el periodo de jornada continua de mi trabajo ha influido en ello, pero hacía tiempo que no me veía tan absorto por la lectura de una novela, mas que leerla, la he devorado.

Recuerdo que en los comentarios de mi reseña de la primera parte Alb definía “Luna: Luna nueva” como “Un culebrón, sí, pero de primerísima.” Bueno, pues después de consumir la segunda temporada, me temo que ya estoy absoluta y completamente enganchado.
 

martes, 15 de agosto de 2017

“Jagannath” de Karin Tidbeck



Personalísima e inclasificable colección de relatos, que me confieso incapaz de enjuiciar.

Por un lado, reconozco mi admiración por el buen hacer de su autora. En estos relatos no sobra ni una coma. Son relatos breves que llegan a su conclusión ¿lógica? ¿apropiada?, sin que, a pesar de su brevedad, se produzca sensación de alguna de apresuramiento. Todo fluye al ritmo adecuado para lo que se está contando. Su estilo es transparente, sutil. No hace alardes ni subrayados: aparentemente se limita contar objetivamente lo que está sucediendo y crear esta ilusión de objetividad es uno de los mayores desafíos a los que se puede enfrentar un escritor. Su imaginación es portentosa. Prácticamente todos los relatos son sorprendentes, nunca utiliza clichés ni tópicos y algunos de sus ideas son asombrosas. También me encanta el modo en que Karin Tidbeck es capaz de dar la vuelta a sus argumentos, la sencillez con la que se las arregla para introducir el elemento fantástico en un relato costumbrista, para lo que, en una ocasión, le basta el sonido de unas campanillas.

Pero por otro lado, entre tantas cosas buenas, a veces tengo la sensación de que me están tomando el pelo. Si todos los relatos son desconcertantes, algunos de ellos lo resultan demasiado para mi gusto, como el que abre el volumen, que contiene la famosa descripción erótica de un dirigible, o el insustancial Her Cederberg, para mi gusto el peor del libro, que basculan en la delgada línea que a veces separa la genialidad de la chorrada.

lunes, 7 de agosto de 2017

“36” de Nieves Delgado


Historia de la vida y la evolución personal de una inteligencia artificial, “36” es un brillante alegato en contra de los prejuicios y la estrechez de miras de la raza humana. Nieves Delgado propone un mundo en que las inteligencias artificiales conviven con la raza humana sin llegar a estar a la altura de sus expectativas. Aunque súper inteligentes, su modo de pensar es tan ajeno al humano que no comparten nuestras motivaciones ni objetivos. Al contrario que en Star Trek, su objetivo no es ser humano, ni piensan que ser humano sea algo extraordinario. No les preocupa el éxito social, ni la riqueza, ni el sexo, ni el afán de conocimiento, ni, a la postre, la auto preservación. Y los seres humanos no pueden soportar que no compartan sus puntos de vista.

Es una especulación muy interesante y está muy bien explicada. El problema es que fuera del desarrollo de esa especulación, el volumen carece de interés. El hilo narrativo que lo sostiene es muy frágil, no logra involucrar al lector y cuando, finalmente, empieza a ponerse interesante con un misterio, es cortado en seco, interrumpido por listados de hilos de redes sociales.

“36” contiene algunos ataques muy certeros a las obsesiones del ser humano, como son la comida y el arte. En algún momento se habla de la adicción al melodrama de nuestra especie. Sin embargo, para ser mas disfrutable, esta novelita habría necesitado de un poco más de melodrama.

lunes, 31 de julio de 2017

“Rubicón” de J.G. Mesa


La contraportada de esta novela corta nos cuenta, que, cuando la Tierra está a punto de ser destruida por el impacto de un meteorito, el enloquecido capitán de una nave espacial se empecina en no abandonar el planeta hasta conseguir capturar vivo un ejemplar de león africano para su colección de depredadores. Esta sinopsis es el principal problema del volumen, porque es tremendamente atractiva. Hace que uno se imagina una especie de “Moby Dicken el espacio, o, al menos, un “Cazador blanco, corazón negro”.

Nada más lejos de la realidad. “Rubicón” es una sencilla novelita de aventuras. Las páginas 67-68 son las únicas en las que el autor intenta meterse en la cabeza de Guillermo Nox y la verdad, me ha parecido un fragmento muy bueno. El resto de la novela, se deja leer, pero no me ha llamado especialmente la atención y le sobran algunas explicaciones, en la página 18, por ejemplo, invierte demasiado tiempo en describir y explicar como funciona el casco traductor del comandante, algo que cualquier lector se puede imaginar sólito. A lo largo del texto, aparecen otras redundancias y subrayados, que serían imperceptibles en una novela larga, pero me resultan imperdonables en un texto tan breve, en el que la concisión debería ser ley y cada palabra cuenta.

Entretiene, que es lo mínimo que hay que pedir a una historia y que no siempre se consigue, pero no deja poso ni recuerdo duradero. No me ha provocado interés por su autor. Parece el guion del episodio piloto de una serie de televisión.

lunes, 17 de julio de 2017

“Los últimos días de Nueva París” de China Miéville



Antes de empezar a comentar esta novela, permítanme que sugiera este enlace a los que la estén leyendo, o se dispongan a hacerlo:

https://medium.com/@Nicky_Martin/graphic-annotations-of-china-mi%C3%A9villes-the-last-days-of-new-paris-fb2abe8fc578

Es un enlace muy útil. Sin su ayuda puede ser complicado imaginar las portentosas imágenes que evoca la prosa de China Miéville, a menos, claro que seas un experto en el movimiento surrealista.

La mayor parte de la historia transcurre en París, en 1950. Nos encontramos en una realidad alternativa. Durante la ocupación nazi detonó algo llamado “la bomba S”. Como resultado, París está repleto de manifestaciones del arte surrealista, fundamentalmente cuadros que cobran vida, pero también de cualquier forma de arte de este movimiento. A lo largo de la novela aparecen incluso manifestaciones de poemas. La ciudad permanece ocupada por los nazis, aliados con demonios del infierno que combaten contra el arte viviente.

La historia se centra en Thibaud, último superviviente de un grupo de resistentes surrealistas, que vagabundea por la ciudad intentando huir de ella, a la vez que se nos informa de su pasado por medio de flashbacks oportunos. También hay una segunda línea argumental, que transcurre en 1940, que nos cuenta el origen de esta extraña situación.

Me dan ganas de hacerme el listo y tratar de definir el interés del libro con esta sencilla ecuación:

Surrealismo + China Miéville = Delirio

Llamativo ¿eh?, pero no deja de ser un reduccionismo estúpido.
Una vez más, China Miéville demuestra la potencia de su poderosa imaginación. “Los últimos días de Nueva París” parte de una idea mas o menos original: el arte cobra vida para luchar contra el nazismo, pero desarrollada de un modo que ronda la genialidad. Resulta increíble la labor de documentación que hay detrás de este par de cientos de páginas. La cantidad de referencias artísticas es tan alta que hará las delicias de los entendidos en el surrealismo. (Yo eché en falta alguna a Buñuel, pero no soy ningún experto) La materialización de elementos surrealistas convierte las páginas en un catálogo de paisajes oníricos, poblados por figuras extrañas y peligrosas. La ambientación es fascinante, retorcidamente hermosa y a la vez amenazadora. La prosa de Miéville va pareja a lo que describe. Sinceramente, no se que pensar sobre su estilo. He leído a mucha gente echar pestes sobre él, otros decir que es intencionadamente malo. A mi me resulta desconcertante, me provoca una sensación de extrañeza, que lo hace muy adecuado para esta obra al menos.

Resumiendo, que los adictos al sense of wonder tienen frente a ellos un bocado al que es imposible resistirse, a lo que hay que añadir que las peripecias no dan descanso en ningún momento al lector, que las persecuciones, tiroteos y combates parecen no acabar en ningún momento y que el final es excelente, la revelación y el destino final del adversario definitivo es una de esas cosas que no deben dejar que les cuenten.

Pero…

La reseña hasta aquí estaba resultando demasiado elogiosa, cuando “Los últimos días de París” tiene algunos defectos muy marcados.

Para empezar, la subtrama sobre el origen de la bomba S, es totalmente prescindible y no aporta nada al resto del relato. Parece mentira que este sea el mismo China Miéville que en “La ciudad y la ciudad” afirmaba que ni sabía ni le preocupaba como se habían llegado a mezclar Beszel y Ul Qoma.

La trama principal, la de Thibaud, tampoco es que sea gran cosa. En el fondo no deja de ser un paseo bastante largo por este mundo desconcertante que Miéville ha creado. Otra vez. Además, reaparece uno de sus peores defectos, el de descriptor exhaustivo de parajes urbanos imaginarios. Hay veces en que parece decidido a seguir página por página un plano de París, explicando detalladamente en que ha cambiado cada uno de sus distritos y sus calles. Afortunadamente para sus lectores, la brevedad del volumen lo impide.

Y esa es otra de las cuestiones que deben tener en cuenta los que piensen adquirir este libro. En realidad, “Los últimos días de París” es una novelette, a la que le han puesto un tipo de letra grande, un espacio entre línea generoso y han llenado de extras para que alcance las dimensiones que exigen su publicación en tomo. Eso no es nada malo de por sí, a mí me encantan las novelettes, mientras que los grandes tochos cada vez me cansan mas, pero se vende a precio de novela y no es el tipo de información que te ofrecen en la contraportada.

Los extras incluyen la historia de como supuestamente China Miéville consiguió la historia y un largo listado de referencias sobre los orígenes de las manifestaciones, que es muy interesante.

Por último, diré que ya llevo bastante leyendo a este autor y empiezo a ver patrones en sus historias, que eliminan el elemento sorpresa. En concreto me refiero al aliado/salvador que guarda algún secreto oscuro en su interior, que casi parece una constante a toda su obra. Miéville debería tener cuidado con eso, si no quiere volverse repetitivo y eso es lo último que debe desear alguien que se esfuerza tanto por ser original. Cierto que, si “Los últimos días de Nueva París” me ha recordado a alguna obra anterior de Miéville, sería a “El azogue”, con la que guarda algún paralelismo, aunque creo que “Los últimos días de Nueva París” está infinitamente mejor.

En resumidas cuentas, si tuviera que ponerle nota, por la imaginación y la ambientación, “Los últimos días de Nueva París” se merecen un diez, pero por trama y personajes no llegan al cinco, un cuatro pelado.

martes, 11 de julio de 2017

“Kirinyaga” de Mike Resnick


 

Los kikuyu son la etnia principal de África oriental y Kenya. Yo tampoco lo sabía hasta que leí este libro. Este libro cuenta la historia de una colonia kikuyu establecida en un planetoide con el objetivo de llevar una vida basada en sus tradiciones ancestrales, antes de la llegada de los europeos. El protagonista de Kirinyaga es Koriba el mundumugu o brujo de la colonia, que es también el guardián y preservador de la tradición. Koriba es un hombre ilustrado, que estudió en las mejores universidades occidentales de la Tierra y es el único que tiene acceso a las comunicaciones con el mundo exterior, por medio de un ordenador con el que puede realizar ajustes en la órbita de Kirinyaga que controlan su clima.

También es un fanático intransigente, convencido de que la menor influencia de otra cultura sólo puede ser perjudicial para la suya y lo mismo sobre la desviación mas leve de la tradición.

El libro se compone de varios relatos. Casi todos ellos siguen la misma estructura: Koriba se encuentra ante un problema o un dilema que amenaza con alterar la sociedad kikuyu que considera perfecta y maniobra, mas o menos subrepticiamente para restablecer el orden, a menudo de modo cruel.

El personaje de Koriba es un gran acierto del libro. Como ya he dicho, Koriba es un fanático, como los peores de ellos, no acepta otra visión del mundo que la propia y por tanto se la impone a su pueblo. Lo triste es que es un fanático bien intencionado, que sufre y se preocupa sinceramente por su pueblo. En una ocasión, el relato Bwana, su intervención es beneficiosa. Aunque me cuesta reconocerlo, tengo que reconocer que hay parte de verdad en sus argumentos. Podríamos incluso decir que es un hombre bueno. Un hombre bueno que, por las mejores razones del mundo, comete actos incalificables, que impiden, aparentemente, que su pueblo evoluciones y digo aparentemente, porque tras cada crisis, algo cambia imperceptiblemente, que presagia el inevitable fracaso final de Koriba.

Koriba es uno, pero el libro está lleno de aciertos. Uno de ellos es la ambientación africana, que a mi al menos me ha resultado muy exótica. Resnick describe la cultura kikuyu imparcialmente, sin ocultar ni sus luces ni sus sombras. Una cultura bien integrada con su entorno si, pero atrozmente machista, en la que se practica la mutilación genital, los ancianos y enfermos se abandonan a las hienas y los recién nacidos pueden ser sacrificados por motivos absurdos.

Otros aciertos son las fábulas con las que Koriba se explica continuamente, que también son muy atractivas y, en general, el uso de los diálogos. En esta obra al menos, el diálogo es el motor de la escritura de Resnick. Son los diálogos los que hacen avanzar las tramas y la herramienta con la que los personajes expresan sus ideas y sus sentimientos y su uso me ha parecido casi genial.

Kirinyaga se subtitula ”Fábula de una utopía” y contiene reflexiones muy interesantes sobre las mismas, su carácter transitorio, su imposibilidad o como la utopía de una persona puede ser el infierno de otra. También obliga al lector a replantearse sus propios puntos de vista y considerar ideas ajenas.

Todos estos aspectos lo convierte en “casi” una obra maestra. ¿Qué defectos tiene? Bueno, pues lo que todo el mundo ha expresado antes que yo, obviamente. No se trata de una novela, sino de un fixup de relatos publicados a lo largo de varios años. Aunque hay una evolución y todos juntos forman una historia, leídos de seguido se hace patente que todos siguen el mismo esquema y puede hacerse repetitivo. Además, también hay ciertas reiteraciones, presentaciones de personajes y detalles de ambientación, que se repiten en cada relato. No son unos peros muy grandes, pero ahí están.

Mi vena friki y cretina me obliga a señalar un detalle que asaltó mi “suspensión de incredulidad”. En el primer relato, hay un momento en que Koriba amenaza con una especie de maldición al gran jefe y este se echa a temblar. Vamos a ver, que no se trata de una persona nacida en Kirinyaga, es un emigrante, que también tiene un ordenador en su casa y habla ingles. En otros momentos se nos dice que la población original de Kirinyaga estaba formada por fanáticos de las tradiciones ancestrales de Kenya que ya llevaban un tipo de vida similar en la Tierra. Aceptemos barco, a fin de cuentas tengo amigos y compañeros de universidad bastante supersticiosos, pero me sigue pareciendo demasiado exagerado que se aterre de tal modo, aunque ese abrazo a las supersticiones sea necesario para la historia que Resnick quería contar.

El volumen se complementa con un breve ensayo y una novela corta. En el ensayo Resnick explica que un escritor no tiene porque compartir los puntos de vista de sus personajes. No hacia falta que se molestara, pero parece que hubo polémica con estos relatos. Por su lado, la novela cuenta como los masai intentan construir su propia utopía en otro planetoide, aprendiendo de los errores de Koriba. Debo incluirla entre los defectos, porque es sensiblemente inferior al resto de la obra, parece incluso escrito a toda prisa, como si Resnick hubiera redactado una serie de notas sobre los problemas con los que se encontraría una colonia masai y las soluciones que adoptarían sus integrantes, si estos no fueran unos fanáticos. Tanto problemas como soluciones son interesantes, pero es como si se limitaran a enunciarlos, sin intentar hacerlos ni preocupantes ni divertidos para el lector. Aun así, es una novelette inteligente agradable de leer, que complementa el ciclo de Kirinyaga. Mientras que en uno asistimos a las decisiones de un fanático intransigente, aquí vemos como un grupo de personas bien intencionadas y mas abiertas de miras tratan de encontrar las mejores soluciones para todos. Es divertido y da buen rollo. El final es abierto, Resnick no garantiza que todos los problemas tengan solución, ni que a Kilimanjaro le vaya a ir mejor que a Kirinyaga, pero se permite cierta esperanza, resumida en la pregunta final:

¿No se te ha ocurrido nunca que la utopía tal vez no sea el resultado final, sino el mero hecho de luchar por ese fin?

Otras opiniones, que convierten la mía en redundante (por eso las listo al final)

http://sentidodelamaravilla.blogspot.com.es/2017/05/kirinyaga-de-mike-resnick.html
http://dreamsofelvex.blogspot.com.es/2017/06/kirinyaga-mike-resnick.html






martes, 4 de julio de 2017

“El Barón de Ballantrae” de Robert Louis Stevenson


He leído a mas de una persona afirmar que, con “La isla del tesoro” aprendieron que el mal podía ser atractivo, incluso simpático. No fue mi caso, los ilustradores dibujaban a un John Long Silver tan patibulario que me resultaba difícil olvidar mis juicios preconcebidos para ver al protagonista como Stevenson lo concibió y no como lo dibujaban. En mi caso, dicha revelación ocurrió con esta novela, conocida en ediciones anteriores como “El señor de Ballantrae”.

Para los que no la conozcan, la trama empieza en Escocia, durante el levantamiento jacobita de 1745. El cabeza de familia de una familia aristocrática decide, con buen tino, que, de sus dos hijos, uno se unirá a la rebelión y otro permanecerá fiel al rey de Inglaterra. Una moneda lanzada al aire decide el destino, el primogénito y heredero James, conocido a lo largo de la novela como el barón, será quien se una al bando jacobita y el menor, Henry quien permanezca leal.

Tras la derrota de Culloden Moor el barón es dado por muerto y Henry ocupa su lugar, acabando incluso casado con la prometida de su hermano, pero el barón volverá de su tumba, para alterar y arruinar para siempre las vidas de los que lo conocieron.

Creo que esta novela no me habría afectado tanto si mi primer contacto con ella no hubiera sido la película de 1953 de William Keighley, protagonizada por Errol Flynn. Lejos de ser un clásico, es un buen entretenimiento, pero una traición absoluta a la novela que pretende adaptar. Así que, en su día, empecé a leerla esperando encontrarme una divertida historia de espadachines y piratas, para encontrarme con un melodrama, centrado en la rivalidad entre dos hermanos.

Y el barón, el personaje interpretado por el jocoso Errol Flynn, es valiente, apuesto, elegante y seductor. Soldado, pirata, viajero. Es un líder que se hace con el mando allá donde va. Es un aventurero que recorre medio mundo, incluyendo lugares exóticos como la India y el oeste americano. También es un ser amoral y traicionero. Un egocéntrico, que sólo se preocupa por sí mismo, que manipula y utiliza a las personas que lo rodean, especialmente a los que lo quieren y que se divierte jugando con ellos como títeres y atormentando a su hermano, el pobre Henry, que es un ser básicamente bueno y honrado, pero gris: silencioso, reservado, paciente y trabajador. Mientras que su hermano es idolatrado en vida y en el recuerdo por su padre, su prometida y su pueblo, Henry es incapaz de conseguir ser amado. Sus súbditos le consideran injustamente un tirano, un avaro y, mas adelante, un traidor. Su padre y su mujer le estiman y le están agradecidos, pero eso es todo. El único afecto inquebrantable con el que contará a lo largo de su vida será el de su fiel asistente, Mackellar, el narrador.

El mal es atractivo, el bien resulta aburrido.

Aunque en algunas partes hay ecos de lo mejor de la novela de aventuras, “El barón de Ballantrae” es, básicamente, un melodrama, centrado en la ya mencionada rivalidad entre los dos hermanos, y un melodrama muy poco complaciente, en el que las vidas de sus protagonistas se echan a perder sin remedio. No hay redención, ni final feliz y, lo que es peor, en su parte final, asistimos a la degradación moral y psíquica a la que las humillaciones y desgracias sufridas acaban llevando a Henry, el personaje que hasta entonces contaba con la mayor parte de las simpatías del lector.

Es tan fácil convertir en el mal eso que llamamos el bien.

Y ese trágico final... Para los que no lo conozcan, no lo comentaré, pero es un final terrible, cruelmente alejado de las expectativas del lector, en el que todo lo que puede salir mal, sale mal. Recuerdo a mi yo adolescente, cerrando el libro, intentando convencerme a mi mismo de que no había leído lo que había leído, de que eso no había ocurrido. Y sin embargo… Sin embargo era un final tan adecuado … No era el final que yo quería, no era un final que me gustara, pero era un final magnífico.

Acabando, esta es una novela para pasarlo mal y con la que se lo pasa uno muy mal. Magníficamente mal. Al releerla ahora, tantos años después, en la edición de Valdemar, siendo un lector ya muy curtido, la impresión ha sido menor, aunque ha seguido siendo alta. Uno ahora se implica menos en lo emocional y se fija mas en la técnica: la reconocida apuesta por la sencillez, el elegante modo en que el texto trasluce la impresión de que el narrador, Mackellar, es un puritano, escrupuloso y puntilloso, sin que ello incida en su legibilidad, el agradable interludio de novela de piratas, la impecable construcción de las escenas cumbre (esa partida de cartas que termina en duelo, ese desenterramiento... momentos de auténtica MAESTRÍA con bien merecidas mayúsculas)

Una gran obra, si, aunque una obra pensada para llorar y gastar incontables paquetes de kleenex, cosa que deben tener en cuenta quienes se animen a leerla.