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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

sábado, 18 de enero de 2020

Acronos de acero y sangre. Relatos de terror steampunk


Las antologías Acronos de relatos steampunk se han sucedido sin que nunca hayan despertado mi interés, hasta ahora. ¿Qué tiene esta de particular? En esta ocasión está especializada en relatos de terror. Una parte de mi sigue pensando que las historias de terror tienen que transcurrir en algo parecido al siglo XIX, entre coches de caballos que circulan por la noche en barrios pocos recomendables, protagonizadas por tipos estirados con chaquetas largas y cuellos altos que viven en mansiones y pasan su tiempo libre en clubs privados. Esa parte de mí, que en realidad lo que anhela es volver a visitar un territorio que fue importante para la formación de su personalidad. Supongo que tienen razón los que dicen que la auténtica patria es la infancia y que yo soy un sentimental.

Por lo demás, antes no había leído a ninguno de sus autores. Es más, salvo Santiago Eximeno, no los conocía ni de nombre. ¿Que me he encontrado? Relatos entretenidos, escritos con profesionalidad y carentes de originalidad.

De los diez relatos, sólo 2 me han llamado la atención “El corazón de las máquinas no late”, de Eva García Guerrero y “Engranajes familiares” de Santiago Eximeno.

“El corazón de las máquinas no late” transcurre en un una realidad alternativa, en la que el uso de autómatas está generalizado y las mujeres desempeñan todos los trabajos importantes. Es una historia muy creativa, plagada de invenciones fascinantes, contada de un modo interesante. (Iba a decir original, pero ya no hay estructura narrativa original en este mundo, ni siquiera en el género fantástico). Además, es un cuento que refleja una profunda fascinación, por el cine, que es otra de mis pasiones.

“Engranajes familiares”, es el relato que más me ha impactado. Situado en el último lugar de la antología, es un digno colofón a la misma. Es el único que consiguió que realmente sintiera algo por sus personajes y que me horrorizara por su destino. Un mal rollo bien conseguido que ha despertado mi curiosidad hacia la obra del autor.

El resto me han resultado tan entretenidos como intrascendentes. Ya los estoy olvidando.

sábado, 11 de enero de 2020

“Lo mejor de Robert Silverberg” de Robert Silverberg.

Esta antología se compone de una selección de relatos de Robert Silverberg, realizada por el mismo autor. Cada relato se complementa con unta introducción, también suya, en las que cuenta las circunstancias de su creación y sus intenciones al escribirlo. Para un estudioso de la obra de Silverberg, cosa que estoy muy lejos de ser, lo más interesante del libro es, de largo, esas introducciones.

Es difícil afirmar objetivamente que estos cuentos conformen lo mejor de la obra corta de Silverberg, aunque si dan una perspectiva de su carrera y su evolución literaria.

“Hacia el anochecer” es una historia sobre la dependencia de las ciudades de suministros del exterior, centrada en los esfuerzos del protagonista en no sucumbir al canibalismo. Como suena. Es un relato de un autor que todavía está un poco verde, de los primeros que escribió, del que el propio Silverberg parece avergonzarse, pero no es especialmente malo. Su construcción es más que decente, la única pega que le pondría es que la rapidez y facilidad con que la mayoría de la población abraza el canibalismo es poco creíble.

“Hombre cálido” trata sobre la irrupción de una especie de vampiro psíquico benevolente en una comunidad cerrada. No está mal, aunque los personajes de la comunidad son un poco estereotipados. En la vida real, la gente corriente también es original.

De “Para ver al hombre invisible” ya he hablado recientemente. Buen relato. No sabía que se inspiró en una frase suelta de Borges.

“El sexto palacio” es una historia muy pulp sobre buscadores de tesoros. Es simpática, pero no entiendo que pinta en esta antología.

También hable hace poco de “Moscas” y de “La estación de Hawksbill”. Como me olía, la versión en novela de este último cuento se obtuvo engordándolo con la inserción de los flashbacks del protagonista. Curiosamente, esos flashbacks son lo que más me gustó de la novela. El relato en sí, no es malo, pero me parece falso y exagerado. Curiosamente es una de sus obras más populares.

“Pasajeros” es un relato de un mal rollo insoportable, sobre la imposibilidad de mantener una relación en un mundo en el que los seres humanos son frecuentemente poseídos por unos entes desconocidos, que lo mismo podrían ser alienígenas incorpóreos que demonios del infierno. Desolador y precisamente por eso es tan bueno.

“Alas nocturnas” primera parte de una trilogía de novelas cortas que posteriormente se publicó como novela y que leí hace bastantes años. Tiene un encanto innegable, fruto de su gran labor de construcción de escenarios. Silverberg recrea en esta pieza breve un mundo que habría dado, no para una novela, sino para una heptalogía de novelas. Esa Tierra que parece una especie de nación del tercer mundo de la galaxia, regida por varias hermandades, una de las cuales, los vigilantes, escrutan continuamente los cielos para dar la alarma de una profetizada invasión extraterrestre. Y uno de estos vigilantes, ya anciano, que ha malgastado su vida en esta vigilia constante, junto con sus compañeros, llega en su peregrinación a una Roma muy parecida y, a la vez, muy diferente de la actual.

La única pega que le veo, es que, desvinculada de sus continuaciones, queda coja, parece un fragmento de una historia mayor, en vez de un relato autocontenido, que fue la intención del autor. Una vez más, mi opinión no es mayoritaria.

“Danza al sol” complicado decir de que va este relato. Podría ser de los remordimientos de un nativo americano que está participando en el exterminio de una especie natural de otro planeta, todo tremendamente similar a lo que le ocurrió a su propio pueblo. O no. Puede interpretarse de varias maneras. Personalmente yo me decanto por la que depara un peor destino al protagonista, porque es una tradición de la literatura corta. Creo que no es tan bueno como Silverberg cree que es, pero es muy bueno.

Buenas noticias del vaticano. Un grupo de turistas en Roma (otra vez) son testigos de la elección de un robot como nuevo cabeza de la iglesia católica. No hay más, es uno de esos casos en los que el relato es perfectamente sustituible por la sinopsis. Si Silverberg pretendía ser divertido, en este caso fracasó rotundamente.

El libro no está mal, es bastante mejor que “Juegos de Capricornio”, pero tampoco deslumbra. Si esto es lo mejor de Silverberg, puede que el relato no sea su terreno. Y las introducciones que escribía Asimov a sus propios relatos eran mucho más divertidas.

 

sábado, 4 de enero de 2020

“Hermano rey Arturo” Carlos G. Reigosa


Los que me conocen saben que durante un tiempo tuve un interés desmesurado por la mitología artúrica. Durante años me llevó a devorar toda novela remotamente relacionada con esta mitología. Pocos saben que es un fuego que ya se ha apagado. Mientras ardió, leí en un periódico una entrevista al autor de este libro, que en su momento me impactó. Ya no la recuerdo bien. Me pareció leer que pretendía dar una visión “gallega” del mito.

Lo busqué durante mucho tiempo en mi biblioteca habitual, pero no recordaba al autor o no lo tenían. Hace poco, el mismo día que decidí dejar de visitarla por culpa de sus caóticas alteraciones de mis intrincados planes de leerme toda la literatura mundial. El mismo día que fui a devolver los últimos cómics que había alquilado, se me ocurrió pasarme por la sección infantil y voila, allí estaba este ejemplar de “Hermano rey Arturo” esperándome.

Es un libro corto, muy corto. Se compone de dos introducciones, perfectamente prescindibles y tres relatos.

En el primero se cuentan las dudas de Lancelot sobre su servicio al rey Arturo. En el segundo los problemas amorosos de Merlín con Nimue, insinuándose, para esta historia de amor, un final diferente al oficial. El tercero narra los últimos días del rey Arturo.

Los tres se ajustan, en los hechos estrictos, a lo que podríamos llamar “canon oficial” si es que esto existe, establecido por Mallory, difiriendo en los puntos de vista elegidos, que presentan enfoques originales en lo que se refiere a las motivaciones de estos personajes legendarios y sus personalidades. El estilo intenta ser poético, pero sólo consigue ser farragoso: oraciones interminables plagadas de subordinadas, comas y paréntesis que ralentizan y entorpecen la lectura, pero, para compensar, es corto.

jueves, 2 de enero de 2020

Lo mejor del 2019

Sé que en otras ocasiones me he reído de este tipo de post que abundan en estas fechas, haciendo balance del año que se fue, pero en el 2019 descubrí lo fácil que son de hacer, para ello no hay más que limitarse a una búsqueda rápida entre todas las entradas del año.

Quede claro que no me refiero a lo mejor que se ha publicado durante el 2019, sino a lo mejor que he leído yo, o a lo que considero más recomendable.

“Los horrores del escalpelo” de Daniel Mares

“La deriva” de José Antonio Cotrina

“Herederos del tiempo” de Adrian Tchaikovsky

“Al final del invierno” de Robert Silverberg

“El pescador” de John Langan

“Buscando a Jake y otros relatos” de China Mieville

“Camino desolación” de Ian McDonald

“La investigación” de Stanislaw Lem

“La tierra errante” de Cixin Liu

 

lunes, 30 de diciembre de 2019

“La tierra errante” de Cixin Liu.


Los compromisos navideños han provocado que se me acumule el trabajo. Tengo varios libros que reseñar y todos son de relatos, curiosamente. El primero de ellos es la cita periódica con Cixin Liu. Después de la tremenda decepción que, para mí supuso, “Esfera luminosa”, la lectura de esta antología ha resultado una grata sorpresa, un reencuentro con el sentido de la maravilla y la imaginación con la que me cautivó Cixin Liu en sus anteriores obras.

Hablemos claro: todos sus defectos como escritor siguen presentes. Los relatos se componen, casi exclusivamente, de “infodumps” (como mola saber inglés) . Los traumas o los problemas emocionales de los personajes, cuando los hay, son expuestos con una indiferencia y una naturalidad que lo mismo podría estar relatando una conversación casual sobre el clima, en un ascensor. Todos los personajes hablan igual y hablan igual que el narrador y, para ser sinceros, su destino trae sin cuidado al lector.

En suma, como escritor, Cixin Liu acumula todos los defectos que los ignorantes atribuyen a la literatura de ciencia ficción.

A cambio, el lector se ve expuesto a unas ideas y conceptos asombrosos. No siempre son originales, he leído otros relatos sobre seres humanos microscópicos y el virus “maldición” fue reutilizado por el propio Liu en el segundo volumen de su famosa trilogía. Tampoco siempre están bien pensados, a veces es fácil encontrar agujeros en sus planteamientos.

Por ejemplo, en el primer relato “La tierra errante”, el que da nombre a la antología. La humanidad tiene que recurrir a la estrategia del caracol para huir de un futuro cambio en la actividad solar, justificándose en que ningún ecosistema artificial es lo suficiente grande para auto sostenerse indefinidamente. Muy bien. Y para ello exponen a nuestro planeta a unas condiciones que lo volverán inhabitable y destruirán todos sus ecosistemas. Brillante.

A menudo, también, resulta bastante ingenuo, casi tontorrón, como en la mencionada historia sobre los hombres microscópicos y en un desconcertante intento de humorismo.

Sin embargo, cuando Cixin Liu acierta, acierta de lleno. Hay momentos en este libro en los que dan ganas de interrumpir la lectura para ponerse a aplaudir. La propia odisea de la “Tierra errante”, la crónica de una civilización subterránea, tan improbable como fascinante, de la colonización del espacio por obreros no especializados, incluyendo un ¡Ay!, ya imposible homenaje a Stephen Hawking, las consecuencias del capitalismo llevado al extremo y del aumento de la longevidad… por cierto, esos dos últimos relatos que he mencionado están interrelacionados y, por algún motivo, la edición de nova los incluye en el orden incorrecto.

En suma, como escritor, Cixin Liu acumula todas las virtudes que amamos los aficionados a la literatura de ciencia ficción.

La lectura, aunque pueda parecerlo, no es nada complaciente con el lector. En estos relatos, raramente sus insulsos personajes encontrarán un final feliz o agradable. Con su habitual indiferencia, Cixin Liu plantea tesis de un pesimismo acojonante. No es el primero que lo trata, pero jamás he visto asumida con tal fatalismo el destino final de toda vida inteligente, como consecuencia del agotamiento de los recursos naturales.

La antología me ha resultado una mezcla de lo mejor y lo peor que puede encontrarse en la ciencia ficción, tan irregular como apasionante.

Aunque en lo literario es mucho peor escritor, sospecho que puedo acabar estableciendo una relación de amor odio con la obra de Cixin Liu que ridiculice la que ya tengo con la de Stanilaw Lem.

sábado, 14 de diciembre de 2019

“juegos de Capricornio” de Robert Silverberg



Si hay algo que admiro de Robert Silverberg es su habilidad narrativa. Silverberg siempre consigue que las páginas pasen con suma facilidad, sin importar lo que esté narrando. No importa de que se trate, como si dedica cuatro páginas a contar como el protagonista se hace el nudo de la corbata, sus páginas desfilan ante mis ojos con una facilidad pasmosa.

Eso era lo que pensaba, hasta ahora.

Por primera vez, un libro de Robert Silverberg se me ha atravesado y he estado a punto de abandonar su lectura durante casi la mitad. Se compone de siete relatos:

“Juegos de Capricornio” cuenta como una joven hipersexualizada acude a una fiesta, con la esperanza de conocer a un inmortal que comparta con ella el secreto de la vida eterna. Aún no sé que pretendía exactamente Silverberg con esta historia, pero lo que ha conseguido es aburrirme de mala manera.

“El salón de la fama de la Ciencia ficción” consiste en una serie de reflexiones sobre porque al protagonista le apasiona la ciencia ficción, intercalada con falsos fragmentos de historias de ciencia ficción que tal vez homenajeen a los orígenes pulp del género o tal vez no. Las reflexiones son retorcidas y pedantes y los homenajes no tienen interés, ni siquiera como parodia. Con lo que me apasiona la ciencia ficción, jamás pensé que hablar sobre ella pudiera ser tan aburrido.

“La señorita Found en una máquina del tiempo abandonada” va de … esto … pues ... no sé muy bien de que va. Una colección de planes de ciencia ficción o de villano de James Bond, para arreglar el mundo. Bien mirado, se parece mucho a “El salón de la fama de la Ciencia ficción” y no sólo figura en la misma antología, sino que lo hace justo a continuación. Llamarlo “relato” es un elogio que no se merece.

“Nave-hermana, estrella-hermana” Cuando parecía perdida toda esperanza, llega este RELATO sobre una nave espacial embarcada en un viaje de exploración, cuyo único enlace con la tierra es una telépata ciega que sólo se puede comunicar con su hermana gemela. Tal vez el final sea de un buen rollo un poco pueril, pero es un buen relato. Eso si, durante su lectura me salté todos los fragmentos que se refieren al juego del go. Acabé el libro gracias a él.

“Un mar de rostros” Un psicólogo se introduce en la mente de su paciente, dando lugar a todo tipo de secuencias oníricas absurdas. Deben de tener su público, a juzgar por lo mucho que aparecen en la literatura fantástica. Pierde su gracia en cuanto se entiende lo que está pasando. No es tan malo como la gente dice, pero muy bueno no es.

“El Dybbuk de Mazel Tov IV” Historia sobre una colonia judía en un planeta extraterrestre. La colonia está formada por una mayoría de judíos modernos y un pequeño grupo de ultra-ortodoxos. La historia nos cuenta la perplejidad y frustración de los primeros, cuando deben tratar con un fenómeno paranormal incomprensible, que si se ajusta a las creencias de los segundos. Aunque no se te cae la mandíbula por las carcajadas, su ironía es bastante disfrutable.

“Un pequeño burócrata” Mas bien una novela corta. Transcurre en un mundo superpoblado que se ha convertido en una gran ciudad que se extiende por toda la tierra firme disponible, dividido en innumerables distritos. Un sabotaje estropea la tecnología de la que depende uno de estos distritos, condenándolo a la catástrofe y un burócrata debe abandonarlo en busca de una solución. El mundo que describe es inquietante, porque se basa en tendencias presentes en el mundo actual, y está bien descrito. El pasaje en el que se describe como pasan la noche los sin techo es magistral. Sin embargo falla en lo principal: el argumento. La búsqueda del burócrata es un mcguffin demasiado evidente que se derrumba en su resolución.

O sea, que de 7 relatos sólo salvaría 3 y uno no por completo. Buscando por internet he visto que las reseñas de este libro no suelen ser muy positivas. Alguien se refirió a él como “Lo peor de Robert Silverberg”. Está considerado un compendio de los relatos que Silverberg escribió cuando se estaba quedando sin ideas y no sabía que hacer con su carrera. Sin ser tan tajante, puesto que tiene un puñado de relatos buenos, en lineas generales tengo que unirme a la opinión mayoritaria.

lunes, 9 de diciembre de 2019

“Espadas rojas de Castilla” de Eugenio Fraile



Los últimos meses ha sido publicada una avalancha de libros sobre la figura del Cid Campeador. La cima de este iceberg lo constituye la novela de Arturo Pérez Reverte. Ignoro si se debe a la serie de televisión que prepara Amazon o si es que se acaba de cumplir algún aniversario, del nacimiento de Rodrigo Díaz de Vivar, de su muerte o de la primera edición impresa del cantar del Mio Cid. Si hay por ahí algún historiador, me encantaría que me lo aclarara.

El caso es que, de entre el aluvión de novedades, me ha llamado la atención esta, porque la publica “La biblioteca del laberinto” y por incorporar elementos fantásticos a la figura, del Cid, algo que ya hizo Ricard Ibáñez en “Mio Sidi”, con gran acierto a la hora de anclar los elementos sobrenaturales al folclore y la historia española y fracasando en todo lo demás.

“Espadas rojas de Castilla” es un conjunto de relatos ambientados durante la ocupación musulmana de la península ibérica. En uno de ellos “Espadas en la frontera”, ni siquiera aparece la figura de Rodrigo Díaz. Su lectura me ha recordado la “Wolfgang Stark, el último templario” de Alexis Brito Delgado, por dos motivos. 

Uno, ninguno de los dos libros fue pensado originalmente para su recopilación. Los relatos de “Espadas rojas de Castilla” se publicaron originalmente en varios fanzines. Como consecuencia, en todos ellos se nos describe al protagonista, prácticamente con las mismas palabras. Es un problema que no es culpa de nadie, en concreto, no es culpa del autor ni del editor, pero acabé un poco harto de leer lo de su larga espada en su vaina de cuero repujado y algunas descripciones si que se podían haber obviado. Eugenio Fraile tiene tendencia a evidenciar los cambios de escena con la imagen de Rodrigo cabalgando o caminando por un nuevo escenario, ocasión que aprovechar para amenizar el relato con la enésima descripción de su aspecto, todas virtualmente idénticas. En particular, me resulto irritante en el relato “Los hijos de la media luna”. Admito que puedo ser demasiado quisquilloso.

El otro punto en que me recordó al libro de Brito Delgado, fue en la admiración y el homenaje por la obra de Robert E. Howard, aunque en este caso me parece que el verdadero homenajeado es más bien a Roy Thomas. Los argumentos de los relatos parecen guiones de cómics de Conan el bárbaro, ambientadas en la época de la reconquista. No puedo jurarlo, porque ya no dispongo de ese cómic, pero “Espadas en la frontera” me ha parecido casi una traslación de “Mas allá del rio negro”, pero sin el compañero inexperto. Hasta termina en una taberna.

Vaya por delante mi admiración hacia el trabajo de Robert E. Howard y de Roy Thomas. Me parece muy bien que los escritores modernos les recuerden y les tengan presentes, pero no veo el sentido en volver a contar las mismas historias, sin darlas ningún toque personal, porque un cambio de escenario no me parece suficiente. Los argumentos resultan tópicos y predecibles para un lector de cómics experimentado y los personajes muy esquemáticos.

Por desgracia, esta devoción hacia Thomas también se trasluce en lo estilístico, en una sobreadjetivación que empobrece la expresión, en vez de enriquecerla, por la pobre originalidad de los adjetivos y las expresiones utilizadas.

Por otro lado, la superioridad de las capacidades bélicas del futuro Cid Campeador con respecto a las de sus adversarios es tan abrumadora que los combates apenas tienen emoción, ni siquiera cuando se enfrenta a seres sobrenaturales.

Aún así, Eugenio Fraile sale vencedor en lo fundamental, allá donde Ricard Ibáñez fracasó estrepitosamente, porque, a pesar de sus innegables defectos, “Espadas rojas de Castilla” es un libro entretenido.

Un aprobado bajo.