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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

jueves, 30 de octubre de 2014

“Ocúltame entre las tumbas”. De Tim Powers





“La fuerza de su mirada” es para mí un libro polémico, ignoro si lo será para alguien más. Siempre que he leído por Internet un artículo sobre Tim Powers o una reseña de “La fuerza de su mirada”, en el artículo se decía poco mas o menos que era la obra maestra de Tim Powers y en los comentarios se metía alguien que decía que sería por lo aburrida, o que era la cosa mas pretenciosa o plomífera que había hecho.

A veces pienso que el de los comentarios es siempre la misma persona, su lenguaje y expresiones me resultan familiares, pero nunca me he acordado de su dirección de correo ni su alias.

En cualquier caso, no tomo partido por ninguno de los dos bandos. Mis preferencias siempre irán por “Las puertas de Anubis”, nada demasiado original, por su derroche de creatividad y acción y porque fue la segunda novela de Powers que leí. Tal vez “La fuerza de su mirada” sea lo mas aburrido que he leído de Powers, pero tratándose de Powers, eso significa que es una obra muy emocionante que te atrapa por el cuello y no te permite soltarla hasta que la acabas.

Ya llevo demasiado tiempo hablando de “La fuerza de su mirada” Por lo que yo sé, es la primera secuela que Powers escribe de una obra anterior, al menos publicada en España. “Ocúltame entre las tumbas” parte con el handicap de las secuelas:

Punto primero tiene que deshacer el final de la anterior novela, porque si no, no habría amenaza a la que enfrentarse. De ellos se ocupó en la novela corta “Tiempo de sombrar piedras”. Es algo que de entrada me tira para atrás. Es obvio que no es lo que el escritor tenía en mente en un principio, me tira un poco de la historia, porque se nota que se está recurriendo a un artificio mas o menos rebuscado para continuar lo que se llevó a un fin. Afortunadamente, la calidad de la obra es bastante superior a las secuelas de “Highlander”.

Punto segundo, el enemigo que ya ha sido derrotado, resulta muchos menos aterrador, porque queda claro que no es invencible. Nunca he comprendido como se pueden sacar secuelas y secuelas de “Drácula”, “Pesadilla en Elm Street” o “Viernes 13”, monstruos que han sido derrotados una y otra vez. En el caso del drácula de las películas de la Hammer, nunca entendí como no ponía pies en polvorosa cada vez que oía el nombre de Van Helsing. Es un atributo al talento de Powers que los nefilim resulten más o menos aterradores. Si lo son es por cómo los describe, no por sus actos, porque, seamos sinceros los protagonistas los derrotan una y otra vez a lo largo del libro.

Por último, en “La fuerza de su mirada” las peripecias ficticias iban a caballo de las de la vida real de los más famosos poetas románticos: Byron, Shelley y Keats. A los primeros todavía se les mencionaba en mis tiempos de estudiante en clase de literatura en mis tiempos de estudiante y Gonzalo Suárez los sacó en una película. Aunque sólo sea por su participación en el mito de Frankenstein, forman parte ya del inconsciente colectivo de la humanidad. (Y Keats debe ser bien conocido por los aficionados a la ciencia ficción, por su aportación a la saga de “Hyperion” de Dan Simons) Por el contrario los prerrafaelistas son bastante menos conocidos. Christina Rosetti era para mí sólo una firma al final de algún poema en mis libros de texto. Hasta que se publicó esta novela, pensaba que era del siglo veinte y probablemente la confundía con Cristina Peri Rossi. (Por favor, que nadie me lapide) De Swinburne nunca había oído nada, aunque al parecer entusiasmaba a Lovecraft.

De modo que John Crawford, hijo de Michael Crawford revive el destino de su padre, asediado por los seres que se llevaron la vida de su esposa y sus hijos, une sus fuerzas con Adelaide McKee, una ex prostituta con la que tuvo un encuentro casual, para rescatar de la influencia de “las musas” a la hija de ambos, esté viva o muerta. Pronto recabarán la ayuda de los Rosetti y de Edward Trelawny, personaje histórico a quien conocimos en “Tiempo de sembrar piedras”

Parte del encanto de la obra de Powers es como logra insertar sus ficciones entre acontecimientos reales. En este caso se trata de la vida de los Rosetti. Este encaje obliga a repartir los acontecimientos ficticios en el tiempo, lo que da a la narración un carácter episódico, como si en vez una novela tuviéramos un fixeup de tres libros. Cada cierto número de años, las circunstancias hacen que los protagonistas se vuelvan a juntar y a aliar, para enfrentarse nuevamente al mal. Puede ser algo repetitivo, no lo es durante los libros primero y segundo, pero el tercero resulta más anticlimático, sin embargo Powers consigue retomar el relato hasta un emocionante final.

Los personajes femeninos brillan muy por encima de los masculinos. Son más inteligentes, más nobles y más valientes, y son las que llevan la voz cantante respecto a los planes a trazar, con una notable excepción: Edward Trelawny. Cada vez que el anciano caballero aparece, derrocha carisma y personalidad, y actitudes expeditivas. Trelawny se comporta como un héroe de una película de acción, y me encanta, a él se deben muchos de los mejores momentos del libro.

John Crawford, por el contrario, es el típico héroe de las novelas de Tim Powers. Es un personaje mas bien gris, una persona mediocre y normal atrapada en medio de una vorágine que le supera y que, sin embargo, una vez metido en vereda, se desenvuelve mucho mejor de lo que sería de esperar. Un tipo que indudablemente prefería pasar las noches en su casa, en una cama calentita que adentrándose en el submundo oculto de Londres, pero capaz de los más inesperados actos de valor. Se me metió en el bolsillo cuando en medio de una de estas peligrosas expediciones, no puede pensar más que en la cena que se está perdiendo y se le van los ojos detrás de cada plato que pasa delante de ellos. Además es veterinario y, como uno se conoce a Powers, estuve intrigado toda la novela, esperando el momento en que esta profesión resultaría de utilidad. Cuando lo hace es, para mí, uno de los mejores momentos de la novela. A algunos les parecerá la madre de todos los deux ex machine, o, simplemente, una chaladura, pero a mí me encantó, por lo inesperado y absurdo.

A su vez el libro abunda en la creación de secundarios inolvidables, algunos de los cuales no llegan a aparecer en mas que unas pocas páginas, como el misterioso barrendero que proporciona cambio o Chichuwee, los propios villanos, en usos de la magia creativos y que, de algún modo, no dejan de tener sentido, esos dados que hay que arrojar continuamente, esos fantasmas atrapados en animales, las sesiones de espiritismo, esos alucinatorios y sobrecogedores paisajes mentales de Polidori, que es de lo que mas huella me han dejado, apañándose para hacer una reconstrucción geográficamente muy precisa del Londres de la época, al que a la vez convierte en un reino mágico de leyenda.

En la publicidad se habla mucho del sentido del humor de Powers. Yo no creo haberme reído nunca durante su lectura, aunque aprecie su ironía. “Esencia oscura” por ejemplo, es mucho mas divertida de contar que de leer. Sin embargo en este libro hay algunos fragmentos que parecen sacados de un vodevil y que resultan muy divertidos. En cambio, siempre se le han dado bien las escenas de acción, y sigue brillando en ellas. Junto a momentos sombríos, llenos de atmósfera siniestra, hay ramalazos de actividad, llenos de combates y persecuciones.

Resumiendo, Powers es mucho Powers, y, aunque quizá la presente esté un par de puntos por debajo de sus mejores obras, “Ocúltame entre las tumbas” tiene muchas de sus mejores características. Es un libro muy imaginativo, emocionante y divertido. ¿Se puede pedir más? ¡Powers ha vuelto!

viernes, 17 de octubre de 2014

“Tiempo de sembrar piedras”. De Tim Powers




La publicación de un libro de Tim Powers siempre es una grata noticia, máxime cuando se trata del heraldo de nuevas obras del autor, que andaba un tiempo desaparecido en las estanterías de las librerías. Tim Powers es un autor que da gusto leer, su habilidad narrativa es endiablada, así como su imaginación. En este caso nos encontramos ante una antología de relatos, cosa sin precedentes hasta ahora en la historia de la publicación de Powers en España.

O tal vez si. El volumen se compone de 6 narraciones, cuatro de las cuales ya fueron compiladas en el volumen “El reparador de biblias”, que la editorial Gigamesh regaló con sus compras del día del libro, en algún año. A ello añádase que este libro apenas llega a las doscientas páginas y que cada cual tome las decisiones que le correspondan sobre si adquirido o no.

Ya me he referido alguna vez a mis dificultades para reseñar antologías. Intentaré hacer una excepción, pero me temo que voy a ser muy breve y decir lo menos posible de cada relato.

“Dondequiera que se oculten” una historia interesante. Sus únicas pegas: algunos momentos pueden ser difíciles de visualizar para la mente del lector y la explicación final de todo es un tanto rebuscada. Se parece mas a lo que uno esperaría de Philip K. Dick que de Tim Powers, pero es un buen cuento, que es lo que cuenta.

“Un alma embotellada” triste y pesimista relato sobre fantasmas y viajes en el tiempo, que deja muy malparada la naturaleza humana.

“El camino de bajada” casi una historia de terror, contar algo de ella la estropearía. Algunos detalles demasiado pulp para mi gusto y un desenlace que parece exigir mucho de las buenas intenciones de ciertas criaturas deslucen lo que, por otra parte, no deja de ser un trabajo brillante.

“El reparador de biblias” exposición contra narración. Uno de los puntales de Powers es su habilidad para encontrarle aplicaciones a la magia y la descripción que hace de esa magia, como algo que obedece a leyes propias, tan inmutables a su modo como las de la física. Es un maestro en conseguir hacer creíble lo increíble. En este cuento hay un auténtico catálogo de usos y orígenes de lo sobrenatural, decididamente brillante, pero hay muy poca narración. Aunque consigue apretar decentemente las tuercas sentimentales al lector, en el fondo, la peripecia del protagonista no es más que una excusa para pasearnos por su brillante escaparate de imaginación. Y se nota.

“Salvación y destrucción” el reverso luminoso de “Un alma embotellada”. Las dos narraciones comparten algunas características, las profesiones de sus protagonistas, una historia de amor que transciende el tiempo y los viajes temporales. Sin embargo “Salvación y destrucción” es una de esas historias que hemos visto mil veces en el cine o en televisión, en la que los héroes salvan el mundo de una terrible amenaza saltando continuamente por la línea temporal, el protagonista vive los hechos en una secuencia distinta que el resto del mundo y hasta el último momento no terminan de encajar todas las piezas. Powers resuelve este tour de force tan habitual con un gran sentido del ritmo. Es una historia emocionante, en la que destaca la naturaleza de la amenaza a conjurar, que es puro Powers, y el final, sorprendentemente amargo y lleno de pérdida para sus protagonistas. Las últimas líneas me han parecido de lo más conmovedor que he leído en mucho tiempo. En realidad es una novela corta, y, entre este relato y el siguiente, se llevan la mitad de la extensión de la antología.

“Tiempo de sembrar piedras” si de “Dondequiera que se oculten” dije que casi parecía una historia de Dick, “Tiempo de sembrar piedras” en Tim Powers al ciento por ciento. Todas las características que los aficionados a su obra aman se encuentran aquí. Lo único que la diferencia de alguna de sus novelas publicadas es su corta extensión, mitigada por el hecho de que se la puede considerar una especie de aperitivo a su próxima novela “Ocúltame entre las tumbas”, de próxima reseña en este blog.

Todos los cuentos del volumen son muy entretenidos, confirmando a Tim Powers como un narrador nato (otro mas) para aquellos que no lo supieran. He disfrutado mucho su lectura, máxime debido al tiempo que llevaba alejado de su obra, sin embargo me ha dejado la opinión, totalmente subjetiva de que falta algo. Quizá algún relato realmente excepcional, o simplemente, mas relatos, puesto que cómo ya he dicho es un libro corto, pero en fin, es una opinión totalmente subjetiva.

sábado, 11 de octubre de 2014

"El fin de los sueños" de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina


Desde la Revolución onírica, dormir se ha convertido en un proceso obsoleto. Gracias a un sofisticado proceso que se creó durante la Guerra con fines militares, ya nadie malgasta ocho horas diarias en el descanso. Pero el cerebro sigue necesitando soñar. Por eso, una red onírica elabora sueños artificiales según las necesidades del subconsciente de cada individuo, con el fin de poner a punto la mente en solo pocos minutos. Una joven morena de extraña belleza visita los sueños de dos muchachos muy diferentes. Ismael, hijo de un reconocido artesano onírico de los suburbios; Anna, una privilegiada que vive en las alturas de la ciudad, hija de una alta burócrata del Gobierno. La presencia extraña les suplica que la salven de un monstruo que la retiene en sus garras. Anna e Ismael (sí, ambos) se quedan prendados de la misteriosa chica y harán todo lo posible para averiguar quién es en realidad, al tiempo que en la ciudad empiezan a producirse muertes inesperadas.

He copiado el resumen que pone en amazon y así me ahorro escribirlo yo mismo. Nos encontramos ante una novela escrita a cuatro manos, entre José Antonio Cotrina, viejo conocido de este blog y la recién llegada Gabriella Campbell, cuya obra anterior se ha centrado en la poesía, por lo que leo en la misma insigne fuente de información. Ignoro de qué métodos se habrán valido para llevar a cabo su colaboración, escribir es algo muy personal y supuestamente solitario, sólo soy capaz de comprender la colaboración cuando se reparten las funciones, uno se documenta, otro escribe y el argumento lo definen entre los dos, cosas así. Aquí sin embargo parecen haberse decidido por una variante del método Pohl-Kornbluth (uno escribe mientras el otro duerme), o eso he deducido de una presentación vista por internet. En todo caso, la colaboración ha sido todo un logro en cuanto a integridad de estilo. En ningún momento se aprecia que unos capítulos hayan sido escritos por diferentes personas. Para mi gusto, además, la novela está bien escrita, tal vez algunos momentos demasiados obvios, pero nada que ver con la decepción que sufrí con otras obras dirigidas a un público juvenil, como “El corredor del laberinto”

En fin, vayamos a lo realmente importante: la historia. “El fin de los sueños” parte de una idea muy atractiva, tanto de escenario como de argumento. La idea de una humanidad que ha dejado de dormir, excepto por cincuenta minutos al día es sugerente e inquietante. Personalmente, hecho en falta una mayor descripción del mundo en el que viven los protagonistas. Me hubiera gustado que se explorasen como los nuevos hábitos de descanso cambian el día a día, cosas tan insignificantes o tan profundas como si se sigue manteniendo la jornada laboral de 8 horas, si los horarios comerciales abarcan las 24 del día, si todavía existe el prime-time en los medios de comunicación. Aparte de lo peligroso que resulta que sólo se sueñen sueños artificiales, aprobados por la autoridad, con la de posibilidades de manipulación de la opinión pública y control de la población que eso puede otorgar al gobierno.

Naturalmente esas son mis preferencias, las de un encallecido aficionado a la ciencia ficción obsesionado con la exploración de mundos y las consecuencias del “que pasaría si”. También podría considerarse que dedicar mas tiempo a explorar estas cuestiones habría ralentizado la acción y habría hecho perder ritmo a la narración y hay que reconocer que su sentido del ritmo es excelente. Además habría generado una novela más voluminosa. ¿Tuvo esto que ser tenido en cuenta? ¿Existirían requisitos editoriales sobre la longitud del libro? Lo ignoro. En otras ocasiones a Cotrina no le ha preocupado lo más mínimo escribir amplísimos tochos y, aunque supongo que serán mas caros de editar, parece que se venden mejor. Hay otros pasajes a los que me habría gustado que dedicaran más páginas.

A saber, en la definición de los personajes. Dos en concreto, Cordelia, la madre de Anna y Dominic se desarrollan mediante el método de dedicar prácticamente un capítulo entero a contarnos todo lo que siempre quisimos saber sobre ellos y nunca nos atrevimos a preguntar. Es un método eficaz, no voy a negarlo, pero es el menos sutil de los métodos posibles y subraya lo evidente. ¿Falta de espacio o subestimación de las capacidades mentales del público al que va dirigido? No sabría decirlo. Al menos el comportamiento de los personajes es coherente con lo que se nos ha contado, pecado que muy a menudo cometen otros escritores que utilizan el mismo recurso. Por el contrario, he encontrado muy desdibujados los personajes de Vito y Aaron.

 Puede que se nos haya contado mil veces la historia de un joven o grupo de jóvenes que emprenden una búsqueda guiados por una aparición recurrente en sus sueños, pero aquí se nos cuenta admirablemente bien. La primera mitad de la novela es una maravilla de intriga y emoción, que engancha admirablemente.

Luego, la cosa pierde, aunque se sigue leyendo con interés. Tras un muy logrado clímax de catástrofe, llegan las explicaciones y el contraataque. Al contrario que a la mayoría de la gente, al parecer, a mi me encantan las explicaciones. Las considero incluso necesarias, pero para que funcionen bien, deben ser convincentes, y hay un par de cosas que no revelaré por temor a spoilers, que me parecen un poco cogidas por los pelos. De ser un problema, es un problema menor, ocupan poco espacio y en seguida entramos de lleno en la gran batalla final, y ése si que me parece un problema mas gordo. El caso es que, una persona que haya leído mucho y visto muchas películas y series de televisión, puede predecir exactamente el curso que van a seguir los acontecimiento, aunque no los acontecimientos en sí. Sabe que plan saldrá mal, porque si no la historia se acabaría demasiado pronto, que a continuación vendrá el inevitable sacrificio heroico, que por inevitable resulta mucho menos conmovedor (aparte de por lo poco que conocemos al cordero del sacrificio y su escasa relevancia en la trama hasta ahora), que a continuación los buenos se sacarán un conejo de la chistera espectacular, que dará paso a la gran batalla final y que cuando todo parezca perdido, un duelo final arrancará la victoria de las mismas fauces de la derrota.

Bueno, como digo siempre, tal vez yo ya soy demasiado viejo para estos libros. Supongo que su público potencial no tendrá estos problemas. Las escenas oníricas están llenas de imaginación y sentido de maravilla, aunque eché en falta esa fascinante mezcla de horror y belleza melancólica que parece presidir las obras de Cotrina, pero pedírselo es injusto, porque esta en realidad no es una obra de Cotrina sino de la entidad Cotrina- Campbell, poseedora de su propia personalidad.

En fín con sus aciertos y desaciertos, los primeros más abundantes que los segundos, “El fin de los sueños” tal vez no sea una obra redonda, pero sí una obra interesante y emocionante, que puede ser disfrutada incluso por solterones descreídos de cuarenta años.

miércoles, 1 de octubre de 2014

"Periplo nocturno" de Bob Shaw




“Periplo nocturno” cuenta la historia de una miembro de los servicios secretos de la Tierra, capturado en un planeta lejano, que pierde la vista y la sustituye por un ingenioso aparato que le permite ver a través de los ojos de otros seres vivos, ya sean humanos o animales. A partir de aquí la novela es la historia de su fuga, su “periplo nocturno”. Bob Shaw parte de una idea interesante, que desarrolla bien y que permite imágenes interesantes. Uno no puede evitar plantearse, dado su atractivo visual, como habría quedado una adaptación al cine. Habría mareado un poco, creo.

Estamos ante una novela de aventuras, de muy agradable lectura, cuyo principal objetivo es entretener, y lo cumple con nota por encima de la media. Es eso que tanto me gustaría ser capaz de hacer a mí y que tan difícil de encontrar es hoy en día, un entretenimiento inteligente que no ofende a la inteligencia del lector. Corta, trepidante, con gran sentido del ritmo, tiene pausas cuando tiene que hacerlas y va directa al grano cuando no. Una vez la trama alcanza la velocidad de crucero ya no frena en ningún momento.

Se trata de la primera obra de su autor y se nota. Hay algunos fallos de principiante. Por ejemplo la obsesión con los gadgets. Es una de esas obras  de ciencia ficción en las que cada cinco páginas hay que exhibir algún invento descabellado. Los ojos postizos que sirven de mcguffin son el principal, pero ya en los primeros capítulos nos encontramos con unos zapatos-cohete, pistolas avispa, un eliminador de recuerdos y otros cachivaches que parecen salidos de una película de James Bond. La mayoría son totalmente innecesarios y lastran la “suspensión de incredulidad”, están ahí por que esto es una novela de ciencia ficción y en aquel momento de su carrera Bob Shaw pensaba que tenía que demostrarlo continuamente.

Por lo demás, la ambientación resulta arcaica hasta para su época. Publicada en 1967, salvo por las naves espaciales y alguna otra cosa, todo encajaría fácilmente con la ambientación de película clásica de cine negro americano o uno de los thrillers de Alfred Hitchcock y lo digo para constatarlo, en sí no es ningún defecto De hecho, yo personalmente le encuentro su encanto a este tipo de ambientación, tan habitual en las viejas historias de ciencia ficción.

Lo que si resulta un defecto es la escasa caracterización de los personajes. El malo es muy malo y muy sádico, un villano de opereta. La historia de amor es absolutamente increíble, todo ocurre demasiado rápido, sin que los personajes se conozcan realmente. Me parece imposible que los puntos de vista de la chica pudieran cambiar tan deprisa. En el caso del héroe, Tallon, hay una explicación subconsciente, así que podría resultar más creíble. Es con diferencia el personaje mas logrado de la novela, un científico o ingeniero al que una tragedia personal impelió a vagabundear, hasta acabar recalando en los servicios secretos. Dista mucho de ser un héroe entregado, los objetivos políticos de su patria le son indiferentes y los mira incluso con escepticismo. Básicamente intenta sobrevivir. Estos matices, a pesar de todo, no logran alejarlo demasiado de un súper hombre henleiano o vangotiano.

Lo que si que resulta increíble es la suma facilidad con la que se mueve con su invento, o con un simple sonar, que harían la envidia del mismísimo Matt Murdock.

En fin, con sus pequeños defectos, una atractiva historia de aventuras. A destacar, en lo positivo, el escalofriante interrogatorio con el eliminador de recuerdos de por medio y en lo negativo, el final, con la madre de todos los “deux ex machina” que no por habitual en aquellos tiempos resulta menos rebuscado e improvisado.