Buscar este blog

No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

martes, 20 de diciembre de 2016

"Los cuentos de Rovarancolia 3 Finales" por José Antonio Cotrina



No tengo por costumbre reseñar relatos, pero si tengo por costumbre reseñar las entregas anuales de “Los cuentos de Rocavarancolia”. Dichas entregas siempre me han parecido un fan-fiction de “El ciclo de la luna roja”… realizado por su propio autor. Me parece evidente que Cotrina nunca tuvo intención de continuar la serie y que, bueno o malo, el final del último libro de la trilogía era el final que tenía en mente. Las sucesivas entregas me parecen un ejercicio de especulación sobre lo que podría haber pasado después, pero obviamente no es una historia planeada desde un comienzo. El primer recopilatorio me pareció, a su modo, una novela. El segundo me pareció un fragmento de una novela. Éste es un relato, anclado en los acontecimientos de los anteriores, pero cerrado en sí mismo. Y qué relato.

En su día, el final feliz de la trilogía me pareció poco verosímil. Cotrina parece pensar lo mismo. No sólo las cosas están dirigiéndose en una dirección que no pinta nada bien para los supervivientes de los primeros libros, sino que dichos supervivientes están cada vez mas alejados de sus buenas intenciones. En esta entrega, al menos aparentemente, nos despedimos de dos de ellos, dos de los personajes más importantes de toda la serie.

Me noto incapaz de analizar este relato. No soy capaz de desmenuzar los componente de los mecanismos que lo componen, no podría explicar razonadamente cuales son sus virtudes ni sus defectos, solo alcanzo a transcribir las sensaciones que despertó en mi, tristeza, melancolía, perdida y algo de repulsión. En un relato trágico y romántico, que logra todo lo que pretendía. Bravo, señor Cotrina.






jueves, 15 de diciembre de 2016

“Recuerdos del cuerpo” de Lisa Tuttle

 

Apenas han pasado unas semanas desde que declaraba el poco entusiasmo que me había provocado la antología de Lisa Tuttle “Nido de pesadillas” a pesar de su indiscutible calidad. ¿Cómo es que ahora estoy reseñando otra? En parte se debe a ese impulso irresistible que a veces me hace desear profundizar en la obra de un autor que desconozco hasta hacerme una idea propia. En parte a que los dos son libros bastante cortos y empecé a leerme uno casi a continuación del otro.

Subtitulado “Cuentos de deseo y transformación” este libro me ha encantado. ¿Cómo es posible? ¿Qué es lo que tiene “Recuerdos del cuerpo” de lo que carezca “Nido de pesadillas”? Ni yo mismo me lo explico. Una ironía que no estaba tan presente en “Nido de pesadillas”. O quizá se deba a que las historias de este volumen son un poco más enloquecidas. Aunque cuenta con muchos, y muy buenos, cuentos de terror, muchas de las historias son tan inclasificables como insólitas.

¿A que género intentarías adscribir “En piezas sueltas”, el relato de la mujer que, al día siguiente de que cada uno de sus amantes la abandone, encuentra partes de su cuerpo en su dormitorio? La palabra “surrealista” acude a mis labios, pero al parecer Lisa Tuttle no siente ninguna simpatía por este movimiento. Ella describe con escrupuloso realismo como sus personajes se enfrentan a lo imposible. Este relato me tuvo tan embebido que me pasé unas cuantas estaciones de metro. Sospecho que se debió mas al agotamiento laboral y a que los años empiezan a pesarme que a sus virtudes, pero lo cierto es que ocurrió y es un relato muy bueno.

¿O que decir del relato en el que la protagonista se ve transportada a un mundo en el que el género lo determina la posesión de un lagarto? Extraño, absurdo y de los mas terroríficos que he leído.

La lectura de “Recuerdos del cuerpo” es un experiencia imprevisible, los relatos son muy distintos unos de otros y cualquier cosa puede pasar en ellos, desafiando por completo la credulidad del espectador. El absurdo, la maravilla y el terror compiten por sus páginas. Casi todos los relatos terminan de modo desagradable para sus personajes, así que avisados quedan los lectores mas sensibles, al igual que algunos lectores masculinos, a los que pueden espantar los relatos que abordan la identidad del género, lo que diferencia a cada sexo y lo tenue que puede llegar a ser la barrera que los separa. El subtítulo está muy bien elegido, puesto que los cuentos incluidos hacen referencia al deseo y la transformación.

Una grata y agradable sorpresa.


domingo, 11 de diciembre de 2016

“Siete evas” de Neal Stephenson (2)


Por fin me he terminado “Siete evas” y si, me temo que comparto la desilusión general con la última parte del libro, a pesar de que como comentaré tiene muchas cosas buenas. Creo que lo que Stephenson se proponía con esta última parte era escribir un epílogo, en el que echáramos un vistazo al futuro del mundo creado por los descendientes de las supervivientes de la novela, cuando ellas mismas ya se han convertido en leyenda. Creo que este tipo de epílogos, vistazos al “futuro del futuro” son bastante habituales, casi una tradición en las novelas de ciencia ficción, aunque ahora mismo solo recuerde el epílogo de “Fuentes del paraíso” y la saga de Chanur. El caso es que Stephenson es un autor excesivo y desmadrado y donde otros se marcan un relato de diez o veinte páginas, él se monta una novela de trescientas.
Equilibrar el pulso entre información y narración es uno de los retos más difíciles de las novelas que crean su propio universo. En el caso de la parte final de “Siete evas”, la partida la gana de largo la información. Por momentos uno cree estar leyendo el manual de un juego de rol. Descripciones de aeronaves, descripciones de artefactos, de hábitats, de lugares, de armas, breves apuntes de historia y geografía… La cantidad de información es abrumadora y mientras el paciente lector la va masticando, lo único que le ocurre a la protagonista es que se mueve de un sitio a otro, como si estuviera leyendo una novela de Kim Stanley Robinson.
El caso es que la información que se nos presenta es interesante. Después de haber leído la parte principal (y muy superior) del libro, es raro que alguien no tenga curiosidad por el destino de la progenie de las siete evas. Los planeadores, la cadena, la cuna, son artefactos fascinantes. Hay "sense of wonder" y efecto ¡atiza! para dar y tomar. El complejo mundo que se nos describe tiene la suficiente personalidad para convertirse en objeto de culto, daría para ambientar una atractiva serie de televisión, pero, por muy apasionante que sea, después de tantas páginas de información, el lector acaba desesperado por un poco de acción.
Todo llega al que sabe esperar, pero a juzgar de lo largo que se me hizo, después de por lo menos ciento cincuenta páginas. El final de esta parte del libro es muy entretenido, pero transmite cierta sensación de apresuramiento, como si Stephenson hubiera dedicado tanto tiempo a reflexionar sobre la ambientación, que no le hubiera quedado nada para el argumento.
Por lo demás, los personajes son muy esquemáticos y es una pena, porque bien trabajados, muchos de ellos podrían haber sido fascinantes, el neoander, por ejemplo, pero, sobre todo, la moiriana protagonista y sus curiosas versiones de personalidad.
En fin me uniré al clamor popular y demostraré mi falta de originalidad, “Siete evas” habría estado mejor sin esta última parte, que podría haber constituido una atractiva segunda parte, con un mejor desarrollo de personajes y, sobre todo, un argumento mas trabajado. Con lo que odio la moda de los tochones y tratándose de un libraco de mil páginas, me duele decirlo, pero le habrían venido bien unas cuantas mas. Qué se le va a hacer, el género de estampitas de lugares impensables tiene muchos seguidores.

jueves, 24 de noviembre de 2016

“Nido de Pesadillas” de Lisa Tuttle



Hace unos años Lisa Tuttle era una perfecta desconocida en España, salvo por los forofos de George R.R. Martin, pues escribió en colaboración con él su primera novela “Refugio del viento”. Desde entonces se han publicado dos libros de relatos y una novela. No soy lo que se dice un fan de la literatura de terror. Las escasas novelas modernas que he leído me decepcionaron, opino que sus emocionantes desenlaces no compensaban sus desarrollos, morosos y faltos de interés. Los viejos clásicos mantienen su encanto, aunque suelen envejecer mal. Los relatos si que me atraen, pero, claro, en el fondo no he leído muchos mas que los de Poe y Lovecraft. Sin embargo, los comentarios fueron tan entusiastas que me animaron a probar.

Las bondades de Lisa Tuttle son evidentes. Sus relatos están perfectamente construidos, su estilo, engañosamente sencillo y eminentemente narrativo nunca se detiene en digresiones ajenas a lo narrado y sus descripciones nunca son gratuitas. Es perfecto para recrear los ambientes y disecciona con gran habilidad las personalidades de sus personajes, que, como otros han repetido hasta la saciedad, son personas normales perfectamente comprensibles, cuyas reacciones son completamente lógicas, ante los hechos que afrontan.

En sus relatos confluyen la amenaza externa con el conflicto interno. De algún modo, la irrupción de lo extraño, el hecho anómalo que altera las vidas de sus protagonistas, siempre femeninas, parece la exteriorización de un problema interno. Por poner algunos ejemplos obvios, en “La otra madre” sería la imposibilidad de compatibilizar una vocación artística con el cuidado de una familia, en “Sun city” la incapacidad de rehacer la vida después de una ruptura matrimonial, en “El nido” el agobio que la sobreprotección de su protagonista provoca sobre su hermana. Entonces aparece “algo” que rompe las reglas del mundo racional, que a veces ofrece una peculiar solución al conflicto y otras lo lleva a inevitable conclusión.

En las historias de Lisa Tuttle, las personas asustan casi mas que los monstruos, si es que existen. Lo mas inquietante de “El nido” no es si existía o no un monstruo refugiado en el desván, sino la reacción final de la protagonista. Para mi gusto, el relato mas horrible de todos es “Bienes compartidos” en el que no ocurre nada sobrenatural. Es tan creíble que no me sorprendería que se basara en hechos reales.

El libro se lee muy bien, es entretenido y está bien escrito. Con tanto de bueno, he de confesar que, aún así, no me ha entusiasmado. En parte es porque, después de haberlos visto tantas miles de veces por televisión, le tengo manía a algunos de los clichés del género. Me explico, en casi todos los relatos, la protagonista es consciente de algún trastorno sobrenatural, del que solo ella es consciente y que se esfuma en cuanto aparece otra persona, por lo que duda de sí misma y es incapaz de convencer a los demás de que es real. Es tan repetitivo que me enerva. Igual esas son las reglas de las historias de miedo. Eso explicaría porque no termino de aficionarme a ellas.

viernes, 18 de noviembre de 2016

“Siete Evas” de Neal Stephenson (1)



No se debe opinar sin conocimiento, no se puede enjuiciar una novela sin haberla leído por completo. Precisamente eso es lo que me propongo hacer en este post, reseñar una novela que no he leído, al menos no por completo.

Si no son ustedes aficionados a la ciencia ficción, no acabo de entender que hacen leyendo este post. Si lo son, difícil será que no sepan el argumento de esta novela: una catástrofe de origen desconocido, quizá una colisión con un objeto superdenso, destruye la luna. Como efecto colateral, la superficie de la Tierra será destruida en dos años. La única esperanza de la humanidad es emigrar la mayor cantidad posible de gente al espacio, a un hábitat (o hábitats, es largo de contar) construido sobre la marcha a partir de la estación espacial internacional ISS (Izzy para los amigos)

La contraportada ya nos avisa de que la última parte de la novela transcurre cinco mil años después cuando la descendencia de las protagonistas supervivientes vuelve a la Tierra. 

En ese punto es donde he interrumpido la lectura, para darme un respiro. En los últimos tiempos he desarrollado cierta alergia a los tochos y “Siete Evas” es un tocho muy grande. Dado que los vínculos emocionales con los personajes van a desaparecer, absorbidos por ese abismo de cinco mil años, me ha parecido un buen momento para hacer una pausa.

Lo que no quiere decir que el libro me haya cansado, en absoluto. Esta parte de la novela que estoy reseñando, que ocupa algo mas de sus dos terceras partes, me ha encantado. “Siete Evas” se puede considerar la historia de supervivencia definitiva. Un grupo variopinto de personas se enfrenta al enemigo mas despiadado y peligroso que pueda existir, el espacio. El motor de la novela es la lucha por la supervivencia en dicho ambiente, el mayor desafío que jamás haya afrontado la humanidad.

Stephenson hace un trabajo minucioso y detallado, definiendo todos los peligros y problemas que conlleva este desafío, sus posibles soluciones y las cosas que pueden dar al traste con ellas. Como no, al final la naturaleza de la humanidad determinará que ella misma sea su peor enemiga. El autor se apoya en un trabajo descomunal de documentación que hace digerible al lector sin dificultades, sin alardes didácticos, proporcionando la información estrictamente necesaria para comprender la trama y explicándolo todo con sencillez, no haciéndose nunca pesado.

Resulta alucinante pensar que la novela transcurre en un futuro de “pasado mañana”. La robótica parece algo mas avanzada que en la actualidad, digo parece, es el tipo de campo que te sorprende de las maravillas desconocidas que esconde, hasta que alguien las publica en youtube. Una iniciativa de minería espacial se encuentra en pañales y el asteroide Amaltea está pegado a la ISS. Tengo mis dudas sobre los avances que aparecen en secuenciación genética. Fuera de eso, toda la tecnología que aparece en el libro es prácticamente idéntica a la actual.

Frente a esta exhibición de buen hacer, lo mas flojo son los personajes. No me entiendan mal, si están ustedes acostumbrados a consumir betsellers, no encontrarán nada malo en ellos, son ligeramente mas profundos que los de una película de holywood, pero pueden ofender a los puristas de la alta literatura.

Como todo en esta novela, cumplen su función. Aunque se trate de una novela en la que acontece el fin del mundo, no se trata de una novela sobre el fin del mundo, sino sobre la supervivencia de la humanidad, cuando llega dicho fin. Contar de modo adecuado el devastador impacto emocional que sufren sus protagonistas, implicaría flashbacks, mayor número de personajes, efusión de momentos dramáticos y catastróficos… Nada malo, se ha hecho otras veces y ha dado lugar a buenas obras, pero habría dilatado todavía mas la altura del lomo de este tocho estratosférico y, mas importante aún, no era la historia que Stephenson quería contar, quién como ya he dicho, está mas interesado en las estrategias de supervivencia y en la adaptación al espacio.

Esto es lo que quiere contar y lo cuenta con un sentido del ritmo envidiable. Acción que no introspección. Romance que no novela (ja,ja,ja) Los personajes cumplen su función, están caracterizados lo justo, son nuestros ojos y oídos, consiguen que los amemos y odiemos, que simpaticemos y nos identifiquemos con ellos lo suficiente como para preocuparnos por su destino.

Lo mismo ocurre con el estilo. No es que sea cautivante, aunque no moleste. Sospecho que es el estilo con que Stephenson escribe habitualmente, aunque no puedo jurarlo, porque solo he leído previamente “SnowCrash” pero, en este caso al menos, es el estilo adecuado para lo que se cuenta. No puedo evitar acordarme de mi reseña de “Regreso a la isla del tesoro”. El estilo del poeta Andrew Motion podía ser cautivador, pero no era adecuado para la historia. El de Neal Stephenson es, siendo benevolentes, transparente, pero le sienta como un guante a lo narrado.

Lo único que me ha chocado un poco, es la última crisis, la que tiene lugar antes del epílogo. Es un momento crítico, en el que mueren un montón de personajes, la mayoría de los autores le hubieran dedicado entre cincuenta y cien páginas y hubieran intentado convertirlo en el gran clímax final. Sin embargo es contado con cierto descuido, en muy pocas páginas y con muy poco detalle, como si el autor estuviera ya agotado y quisiera concluir cuanto antes su tarea.

Fuera de eso, me ha parecido una excelente novela de ciencia ficción, que solo decepcionará a aquellos que no sientan la menor fascinación por la astronaútica, a los que recomiendo encarecidamente que se busquen otro blog que visitar.

Ahora, a leer un libro mas corto y luego nos pondremos a explorar el mundo que han construido las descendientes de las “Siete Evas”

sábado, 12 de noviembre de 2016

“Enseñar deleitando ¿y qué?”



Hace ya casi un siglo, se consideraba la ciencia ficción un género adecuado para las mentes jóvenes y que su objetivo debía ser “enseñar deleitando”. Examinando críticas y reseñas de otros sitios y blogs, me ha parecido detectar bastante ironía hacia estas aspiraciones, parece que se vean como algo ridículo, indigno de las aspiraciones artísticas e intelectuales y una de las lacras que hacen que nuestro género no se tomado en serio.

Vaya por delante que, cuando leo una novela, no suelo estar buscando la instrucción. Busco que me maravillen, me asombren, me fascinen, me emocionen, me asusten, me diviertan, me conmuevan e incluso, en ocasiones, que me depriman. Leer información objetiva puede ser una experiencia interesante, aunque menos visceral y habitualmente no leo libros de divulgación. En alguna ocasión he leído alguno novela histórica para aprender algo sobre un personaje o un periodo de una forma mas liviana, en la creencia de que, por muy poco escrupulosa que sea, los hechos mas destacados son imposibles de falsificar y pueden servirme de base para luego realizar búsquedas propias. En general, encuentro mas instructivas las reseñas de Carlos Rilova Jericó.

Dicho esto, no puedo evitar preguntarme. ¿Se puede saber que hay exactamente de malo en aprender algo? Sobre todo si se hace “deleitando”. Imagino que el motivo de las risitas es que cuando se refieren a “enseñar deleitando” en realidad están pensando en casos concretos en los que lo que se hizo fue “ignorar aburriendo” o “pasar corriendo las páginas de divulgación hasta que vuelva a empezar la acción”. Entiendo su punto de vista. “enseñar deleitando” puede ser algo muy difícil de lograr, pero si se consigue, si se “deleita” ¿cuál es el maldito problema? ¿Porqué hay cada vez mas gente que se enorgullece de no aprender nada?


PD: Éste ha sido uno de esos post auto complacientes que escribo para que la gente no se olvide de mi blog, cuando no tengo nada que reseñar, porque estoy leyendo un libro muy largo y no ha pasado nada digno de mencionar en la frikiesfera. Bueno, si, Hace unos pocos días Andrzej Sapkowski recibió el Premio Mundial de la Ciencia Ficción. Merece, o ha merecido, cualquier premio literario que se le conceda pero ¿ciencia ficción?

viernes, 4 de noviembre de 2016

Plan para la inmortalidad

Entre mis compras compulsivas y las nuevas tecnologías se están poniendo a mi alcance una variedad sorprendente de libros que de otro modo solo encontraría en tiendas de segunda mano y bibliotecas. Ante esta avalancha de oportunidades, lo difícil no es conseguir obras que te interesen, si no encontrar el tiempo para leerlas. Y organizarse.

Así, a bote pronto, antes de morir, me gustaría poder leer las obras que he encontrado por ahí de Stanislaw Lem, Arthur C. Clarke, Frederik Pohl, Robert Silverberg, Theodore Sturgeon, Harry Harrison, Roger Zelazny, Úrsula K. Le Guin, Phillip K. Dick y Tim Powers. Pero también profundizar en la obra de Stephen Baxter, Cliffor D. Simak, John Brunner, James Tiptree Jr, Henry Kuttner, Kevin O'donnel, Keith Laumer, Robert L. Forward, Nancy Kress, George R.R. Martin y la ficción de Fred Hoyle. Dar una oportunidad a Olaf Stapleton y a William Gibson y ¿porqué no? a Robert A. Henlein, a ver si termino de encontrarle la maestría narrativa que algunos le atribuyen, pero que yo jamás he encontrado.

Pero también a Lord Dunsany, a Abraham Merritt, Clark Ashton Smith, Mervin Peake, Fritz Leiber, Michael Moorcock, Terry Pratchet, Joe Abercrombie y Brandon Sanderson.

Pero también a Richard Matheson, Lisa Tutle, Clive Barker, Ramsey Campbell, algo de Stephen King y las obras que me quedan de William Hodgson.

Pero también Dashiell Hammett, los relatos de Raymond Chandler y su novela de fantasmas, Lawrence Block, Dennis Lehane, Patricia Highsmith y John le Carré.

Pero no hay que olvidar a Robert Louis Stevenson, a Joseph Conrad, Jack London, Ambrose Bierce y Guy Maupassant. Algo de Walter Scott y de Arthur Conan Doyle. Echarle un ojo a Patrick O'brian, a ver que tal y no perder de vista a Bernard Cornwell, aunque empiece a cansarme. Y recuperar, tal vez, a Arturo Pérez Reverte y a Rosa Montero.

Además de ponerme a leer a todos esos fantásticos autores españoles que me compro, pero, por un motivo u otro, pasa el tiempo sin que me ponga a leer sus obras, como Javier Negrete, Víctor Conde, Rafael Marín, Gabriel Bermúdez Castillo y Rodolfo Martínez (suspiro, no puedo creer la de tiempo que ha pasado desde "El adepto de la reina", sin emprender la lectura de sus continuaciones) A los que hay que añadir a Ángel Torres Quesada y Juan Antonio Fernandez Madrigal (a quién no he catado aún)

Todo esto sin perder de vista las novedades, ni de dejar de sacrificar cabras y gallinas para que alguna se publique en España "Existence" de David Brin, o nuevas obras de Robert Charles Wilson y Alastair Reynolds. Y mientras tanto, perfeccionar mi inglés.

Todo es fácil. Lo único que tengo que hacer es vivir un millón de años.

PD: Éste ha sido uno de esos post auto complacientes que escribo para que la gente no se olvide de mi blog, cuando no tengo nada que reseñar, porque estoy leyendo un libro muy largo y no ha pasado nada digno de mencionar en la frikiesfera.

viernes, 28 de octubre de 2016

“Regreso a la isla del tesoro” de Andrew Motion





El tesoro que Jim Hawkins y sus compañeros encontraron fue tan grande que no pudieron cargarlo por completo en la Hispaniola, debieron conformarse con el oro y abandonar la plata. En esta novela, Jim Hawkins Jr. Y Natty Silver, hija del mismísimo John Silver, emprenden un nuevo viaje a la isla del tesoro, para recuperar la plata.
Escribir una continuación de “La isla del tesoro” una novela mítica, reverenciada con cariño por cuantos la leyeron en su niñez o adolescencia, es una tarea de la que es imposible salir bien librado. Hagas lo que hagas, un coro de voces iracundas clamará que has violado su niñez. Como mucho obtendrás, a regañadientes, una alabanza desdeñosa, del estilo “no está mal, pero no puede compararse con el original”.

“Regreso a la isla del tesoro” no está mal, pero no puede compararse con el original.

El comienzo me dolió, debido a la imagen que muestra de un Jim Hawkins adulto. Le encontramos viviendo en una posada, exactamente igual que antes de que empezara su aventura. Después de desperdiciar parte de la fortuna obtenida en ella, ha acabado sus días regentando una posada, exactamente lo mismo que hacían sus padres. Se emborracha continuamente y pasa las noches contando la historia de la búsqueda del tesoro a sus parroquianos una y otra vez, consumido por la decepción de que su vida, que empezó de modo tan prometedor, con peligros y tesoros, haya acabado consumida por la rutina, mediocre y decepcionante como la de cualquier hijo de vecino.

Tan verosímil que duele. Este retrato tan poco halagüeño de Jim Hawkins no me parece un defecto, tristemente, me parece un acierto, por que, como ya digo, resulta muy creíble. Según Andrew Motion, John Silver el largo no ha acabado mejor, por cierto.

El principal defecto de la obra, en mi opinión, es el estilo elegido. No porque Andrew Motion escriba mal, la verdad es que escribe muy bien, sino porque el estilo no es adecuado para lo que se cuenta. ¿Hay por ahí algún carroza de mi edad que recuerde la serie de televisión “Aquellos maravillosos años”? En dicho show, cuando la voz en off de Kevin Arnold recordaba su niñez, cualquier acontecimiento irrelevante era elevado a la categoría de rito de madurez, un cambio de profesor, la mesa en la que te sientas en el comedor, las clases de conducir, las fiestas a las que asistes… El narrador era capaz de tirarse minutos y minutos reflexionando sobre cualquiera de estos hechos y encontrar en ellos profundidades filosóficas abisales. Andrew Motion sigue una estrategia parecida, el incidente mas nimio ha de estar cargado de significado, la frase mas causal posee matices que han de ser analizados meticulosamente.

La consecuencia es evidente, si Jim no puede saltar un charco sin quedarse embobado ante él durante varias páginas, dada la cantidad de millas náuticas que separan Inglaterra de la isla del tesoro, el ritmo ha de resentirse necesariamente. El énfasis y los subrayados de Andrew Motion consiguen captar la atención y disimularlo hasta cierto punto, pero la verdad es que, durante mas o menos la mitad del libro, no pasa absolutamente nada. Si juntamos todos los fragmentos, las aventuras de los protagonistas deben ocupar menos de la mitad de la novela, pecado imperdonable en una novela de aventuras.
 
En la novela de Robert Louis Stevenson (por cierto uno de los personajes es un gaviero escocés de apellido Stevenson) cada acontecimiento era un paso adelante en la trama, lo supieran o no sus protagonistas. En la de Motion, cada acontecimiento es estanco, puede ser relevante en sí mismo, pero no guarda relación con los demás. Capítulos enteros podrían suprimirse sin que el argumento sufriera lo más mínimo. Pienso en concreto en cierto baño con leones marinos, totalmente gratuito. Excepto por una recogida de reptiles, todo ese capítulo no es mas que relleno, motivado porque el autor se cree en la obligación de tener a los protagonistas haciendo algo, hasta que llegue el día siguiente y el momento de recoger la trama. El breve sub argumento con el sobrino de Israel Hands promete brevemente cambiar las cosas, pero es un espejismo que se desvanecerá sin repercusiones. Durante el viaje de la Hispaniola, sus pasajeros van siendo envueltos en una trampa mortal. Durante el el viaje del Silver Nightingale, los pasajeros contemplan a unas ballenas.

La intriga y el suspense están ausentes por completo y hay muy pocas sorpresas. El ritmo de lo narrado solo se sostiene en la parte central, pasada ya la primera mitad del libro, diría yo. Los personajes tampoco son particularmente brillantes, el trío de malvados antagonistas resultan en el fondo meros estereotipos: el megalómano, el asesino siniestro y el inútil. El bondadoso capitán Nightingale resulta quizá el mas memorable. Son defectos sufribles, no obligan a abandonar la lectura, pero no hacen de ella una experiencia memorable. Es un libro muy fácil de olvidar.

Apenas ha pasado una semana y el argumento ya empieza a borrarse de mi cabeza. Paradójicamente, lo que mas me ha impresionado ha sido la prosa de Andrew Motion. No me gusta el estilo que usa, los grandes autores son capaces de explicarse y provocar emociones en sus lectores sin tanta retórica, sin tanta complicación. Sin embargo, lo hace bastante bien, su lenguaje me ha parecido el mayor atractivo de la novela, pero no me ha gustado tanto como para dedicarme a buscar otras obras suyas, que además son de poesía. No me gusta como escribe, aunque está bien escrito. ¿Recomendaría el libro a otra persona? Me duele ser tan duro, sobre todo cuando he elogiado libros mucho peor escritos, pero creo que mi respuesta sería: rotundamente no. Lo mas llamativo del libro es su estilo y no es un estilo adecuado para la historia que pretende contar.
 

viernes, 7 de octubre de 2016

“El mar quebrado” de Joe Abercrombie

 
 
 
 
—¿Quieres que te narre un relato?
 
—¿Qué clase de relato, hermano Yarvi?
 
—Un relato de sangre y engaño, de dinero y asesinato, de traición y de poder[...]
 
—Son los únicos que me gustan. ¿Salen elfos? ¿Dragones? ¿Trolls?
 
 Yarvi negó con la cabeza.
 
—Las personas pueden hacer todo el mal que queramos.
 
—Tienes razón de nuevo. [..]
 
Este fragmento de dialogo del último capítulo de “Medio rey” define perfectamente la trilogía del mar quebrado. Un relato de fantasía, sin fantasía, sin magia, sin criaturas extrañas. Solo seres humanos imperfectos, capaces de lo mejor y de lo peor, traicioneros, vengativos, sanguinarios y crueles. Ocasionalmente leales y abnegados. Abercrombie aporta grandes dosis de realismo a la fantasía heroica. Fantasía heroica sin héroes. Fantasía épica sin fantasía y sin épica, casi pacifista. Hay grandes batallas en cada uno de los libros que la componen, pero no gloria, solo miedo, horror y sangre. Hasta me he sentido tentado de etiquetarla como ciencia ficción, cosa que es técnicamente cierta. Y todo eso lo hace dentro de lo que ahora han dado en llamar “young adult”, literatura para jóvenes, adolescentes algo crecidos, a los que puede atragantárseles una visión del mundo tan poco idílica.
 
La estructura de la serie se basa en la pluralidad de puntos de vista, que se van abriendo como un ramillete. “Medio rey” transcurre desde los ojos de un único personaje, en “Medio mundo” son dos, y en “Media guerra” tres. Atento a su público, los protagonista son todos jóvenes en la difícil encrucijada de pasar de adolescentes a personas adultas, buscando su sitio en un mundo que empiezan a comprender y afrontando decisiones que les cambiarán para siempre. Los personajes principales de cada libro no se repiten, lo que no evita que aparezcan en libros posteriores, contemplados desde el punto de vista de los nuevos protagonistas.
 
El personaje principal es Yarvi, un joven príncipe nacido con una mano deforme que lo incapacita para usar una espada y que se ha formado como clérigo. Cuando su padre y su hermano son asesinados por sus enemigos, jura vengarse de los responsables. La serie en el fondo es la crónica de como lleva a cabo su venganza “astuciosamente” y como se transforma en una persona cada vez mas despiadada.
 
Con sus largos viajes, los dos primeros libros me han recordado mas a los clásicos de las novelas de aventuras decimonónicos que al “Señor de los anillos” o a las novelas de fantasía mas modernas y lo considero un cumplido, además de un soplo de aire fresco. A su modo las dos son estupendas novelas de aventuras. La escena de la muralla de escudos de “Medio mar” es digna del mejor Bernard Cornwell. El tercero, como su título indica, es el volumen mas bélico de la trilogía y, en mi opinión el mas flojo. Por un lado, los personajes resultan menos veraces. En el fondo, todos los personajes de la serie son bastante tópicos, pero en los dos primeros libros Joe Abercrombie consigue trascender esos tópicos, consigue que el lector se los crea y los asuma como personas y no como estereotipos, mientras que en el tercero, aunque ronda el éxito en varias ocasiones, la magia no termina de producirse. Yo al menos no me los creí y no terminé de preocuparme por ellos. Segundo y mas importante, resulta algo apresurado.
 
Hay batallas en las que se decide el destino de reinos, se enfrentan enormes ejércitos y se destruyen ciudades y todo ello se cuenta en muy pocas páginas, de un modo correcto, pero poco impactante. Mucha gente le echa la culpa al target de público “young adult” al que la serie va dirigida. En cualquier caso es un final mas que correcto, en el que se atan todos los cabos sueltos, con alguna sorpresa y consecuencias desagradables para muchos de los protagonistas. Lo mas importante de todo, coherente con la evolución psicológica de los personajes, de modo el destino al que llegan es al que les avocaban sus personalidades. Aún así es un pobre contraste con el final de los dos primeros, en los que Abercrombie juega con los tópicos para trascenderlos. Cuando todo parece dirigirse en una dirección y el lector está esperando el inevitable triunfo de los héroes, las cosas cambian y el autor nos da gato por liebre, pero de un modo que resulta sorprendentemente lógico.
 
Ha sido mi primer contacto con la obra de Joe Abercrombie y lo he encontrado mayormente positivo. Es un autor con un buen pulso narrativo, talento para los diálogos y habilidad para confeccionar personajes, aunque sean esquemáticos. Lo mejor, siempre muestra las dos caras de la moneda y las consecuencias de las acciones de los protagonistas. Los enemigos no son una muchedumbre de orcos sin nombre, sino personas, con sus virtudes y sus defectos. En esta trilogía, cuando los “buenos” toman una ciudad, prenden fuego a las casa de los civiles y los venden como esclavos. Cuando la lucha termina, los reyes y reinas pasean por los campos de batalla cubiertos de cadáveres, los hospitales de campaña y las ciudades en llama y son conscientes de que ésa es su obra, independientemente de los motivos que tuvieran en un primer momento. De haberla leído con la edad del público a la que va dirigida, esta trilogía me habría abierto los ojos y habría cambiado mi visión del mundo. Lo peor, un cierto abuso de los lugares comunes, que hace muy previsible la historia en ocasiones.
 
 Lo peor: el desencuentro amoroso adolescente entre Brand y Espina en el segundo libro.
 
 
 
 
 
 
 

viernes, 23 de septiembre de 2016

“La noche a través del espejo” de Fredric Brown



Fredric Brown es un escritor de misterio y serie negra, que en España es conocido fundamentalmente por sus aportaciones a la ciencia ficción. El grueso de su obra son historias de crímenes y de suspense. También es verdad que este grueso tiene muy mala fama, su larga y exitosa saga de los Hunter ha recibido todo tipo de comentarios desfavorecedores, sin embargo, nadie se mete con “La noche a través del espejo”. Y con razón. Muchos la consideran la mejor novela de su autor. Lideró la lista de los mas vendidos de mi librería habitual durante muchos meses y sigue apareciendo en los primeros puestos de sus recomendaciones. Ha creado su propio culto de seguidores, pequeño y menos conocido que otros, pero igual de apasionado. Y con razón.

¿De qué va esta estupenda novela? El protagonista, Doc Stoeger, es un editor de un semanario local en una pequeña ciudad, que sueña con publicar algún día una gran exclusiva y que solo tiene dos vicios: Lewis Carroll y el alcohol. Los dos le apasionan por igual, en su día escribió artículos sobre el creador de “Alicia en el país de las maravillas” y, si la novela da una idea aproximada de su vida, no hay noche que no pille una buena. La novela transcurre durante una sola noche y esa noche no será una excepción. El bueno de Doc, bebe y bebe y bebe. “La noche a través del espejo” podría ser la novela mas etílica de todos los tiempos. Después de cada peripecia, Doc se toma un trago para reponerse y luego otro y otro. No bebe para olvidar, no es un tipo triste y amargado. Simplemente le gusta. Entre sus múltiples compañeros de borracheras se encontrará un hombrecito misterioso al que no ha visto nunca, también un experto en Lewis Carroll que afirma haber venido para iniciarle en una sociedad secreta de gente como ellos y revelarle la verdad oculta en los escritos del reverendo Dogson.

Mientras se van acumulando cadáveres, entre citas y referencias múltiples a Lewis Carroll, atracadores profesionales, policías brutales, litros de alcohol e incluso algún delirio, a Doc Stoeger le ocurrirá durante esa noche … todo lo concebible y más. Revelar detalles del argumento sería estropear una obra cuyo encanto se basa en compartir la perplejidad y el asombro con que el protagonista se enfrenta a cada nueva sorpresa y giro inesperado del destino, aunque es una tarea casi imposible, porque el argumento desafía cualquier explicación, a pesar de que al final quede todo atado y bien atado. No es una novela que provoque grandes carcajadas, pero si sonrisas, contada con fina ironía y sentido del humor y un sentido del ritmo sencillamente perfecto, que se apodera del relato y de la atención del lector en una lección magistral.

Por poner un pero, la tentación a la que nunca puedo resistirme, diré que la solución final a los problemas del protagonista no me pareció muy creíble, y desde luego, me pareció inadmisible ante un tribunal. Es lo de menos. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de una novela.






viernes, 16 de septiembre de 2016

A vueltas con Aurora



En mi anterior post me centré en el análisis de las supuestas bondades literarias de esta obra. Para no eternizarme dejé fuera algunas dudas que me ha generado sobre sus aspectos científicos, sobre uno en particular.
No voy a pronunciarme sobre los virus/priones/o lo que sea que aparecen en este libro. A muchas personas le parecen muy improbables, creo que entre ellas está el propio Kim Stanley Robinson, pique nunca deja claro lo que es, supongo que porque ni el mismo lo sabe.

Pero no es de eso de lo que quería hablar. En la novela se habla largo y tendido de la biología insular. No he encontrado un equivalente exacto a las palabras de la traducción, pero parece que se refiere al “enanismo insular”. Éste si aparece en la wikipedia. Un proceso evolutivo por el que las especies animales en entornos cerrados de pequeño tamaño tienden a desarrollar una disminución de su propio tamaño para adaptarse a la escasez de recursos. Actualmente el caso mas famoso es el de la isla de Flores, donde se encontraron restos de una especia que medía aproximadamente 1 metro de estatura y que parece haber evolucionado de poblaciones de Homo Erectus. No hay entorno mas cerrado que una nave espacial, así que parece lógico que la tripulación de una nave generacional sufriera este mismo proceso. Aún así hay cosas que no me convencen.

Robinson lo presenta como una degeneración de la especie. Las nuevas generaciones no solo son mas pequeñas, sino mas enfermizas y menos inteligentes. Me parece un prejuicio. No veo porque esto tenga que ser así.

El proceso que describe la novela me parece muy rápido. Según la wikipedia, las alteraciones del tamaño son sorprendentemente rápidas, pero se habla de que todo ha ocurrido en siete generaciones. Imagino que la sobredosis de radiación provocaría muchas mas mutaciones de las normales, pero aún así, en términos evolutivos, mas que rápido me parece instantáneo, pero no soy biólogo ¿ahí alguno leyendo esto?

Por último, está el problema de la selección natural, o mas bien de la falta de selección natural. Tal como yo lo entiendo, en un ambiente salvaje, los individuos mas pequeños necesiten consumir menos alimentos que los mas grandes, por tanto, les resulta mas fácil conseguir el sustento para vivir, mas de ellos llegan a la edad adulto, viven mas tiempo que sus congéneres y se reproducen mas. En resumidas cuentas, tienen una ventaja evolutiva. En poco tiempo, todos los que quedan en este ambiente salvaje, son descendientes de la facción mas pequeña. Así es como entiendo que funciona la evolución.

Ahora bien, en una nave espacial, es de suponer que todo está gestionado para conseguir que todos sus habitantes tengan las raciones de alimentos o medicamentos que necesiten. Puesto que todos son atendidos mas o menos por igual, ser mas pequeño no supone una ventaja evolutiva y pequeños y grandes preservan sus genes por igual. La civilización es la peor enemiga de la evolución.

En ausencia de la criba sanguinaria de la selección natural no veo el motivo por el que la población de la nave debería adaptarse a su entorno de un modo tan radical. ¿Tengo o no razón? ¿Hay algún biólogo leyendo esto?

jueves, 15 de septiembre de 2016

“Aurora” de Kim Stanley Robinson


No soy ningún fan de Kim Stanley Robinson, normalmente la parte científica de sus novelas suele ser lo único que encuentro interesante de ellas, pero me gustan mucho las historias de naves generacionales y no he podido resistirme a esta.

La novela empieza cuando, siendo niña, la protagonista Freya sale a navegar con su padre, Badim. Los problemas con que se encuentran para manejar el barco nos revelan que estamos en el interior de un gigantesco arca espacial. Creo. Algunos diálogos me hacen pensar que hay que tener en cuenta la fuerza de coriolis para atracar, pero la verdad es que estaba tan distraído por el uso de términos náuticos que no me enteré de nada. Supongo que por eso no me he leído las novelas de Patrick O'Brian.

La primera parte de la novela está presidida por la figura de la madre de Freya, Devi, la ingeniera jefe de facto de la nave. Para mi sorpresa, me ha parecido un gran personaje. Devi vive entregada a su trabajo, casi su misión, que básicamente consiste en evitar que la nave se caiga a pedazos: luchar contra el desgaste, la entropia y los errores de diseño, arreglando cualquier desastre que se produzca en cualquier parte de la nave. A pesar de lo mucho que se esfuerza, Devi es terriblemente pesimista, tiene muy pocas esperanzas de futuro para su nave y sus descendientes, aunque consigan llegar a Tau Ceti, cosa que están a punto de lograr. Me ha recordado a algunos ecologistas, que no tienen la menor esperanza de que la Tierra se pueda recuperar del desastre al que la raza humana la está dirigiendo, lo que no significa que se crucen de brazos, o algunos activistas por los derechos humanos. En cualquier caso Devi no es perfecta, es evidente que descuida a su familia y se muestra muy insensible con los problemas de aprendizaje de Freya.

Por desgracia, Devi desaparece bastante pronto de la novela y no he encontrado ningún interés en el resto del reparto. Freya, la protagonista, es una mujer maja y bien intencionada, al igual que su padre, tienen un amigo que comparte con Badim la afición a la poesía y luego está la computadora, que es una computadora. Poco mas. Nada sorprendente, no leemos a Kim Stanley Robinson por sus personajes.

Cuando Freya crece, emprende una especie de viaje personal de peregrinación por la nave, lo que da pie a uno de esos típicos fragmentos de los libros del autor, en los que uno de los personajes vagabundea sin rumbo fijo ni objetivo por un montón de sitios, en ninguno de los cuales le ocurre nada. En esta ocasión sirve al objetivo de describir la nave. Se trata de una construcción imponente, dos anillos rotatorios, cada uno formado por doce biomas, con sus propios ecosistemas, flora y fauna, pero, para ser algo tan increíble, Robinson la describe muy someramente, no transmite la sensación de “mundo cerrado” que sería de esperar, casi parece que los distintos paisajes se encuentren en la propia Tierra. Supongo que habrá gente a la que le parecerá una queja absurda, puesto que realmente emplea muchas páginas en describir la nave y son fragmentos puramente descriptivos en los que la trama brilla por su ausencia, pero yo esperaba algo mas del obsesivo pintor de paisajes marcianos. Me quedo con la impresión de que Robinson no siente mucho aprecio por su ficticia creación.

Finalmente la nave llega a su destino, la “Aurora” que da título al libro, una luna de uno de los planetas. Se empieza la colonización. Aquí si hay algunas descripciones interesantes, las de los eclipses, en particular. Las cosas empiezan a ir muy mal y las calamidades le sientan bien a la historia, que de verdad atrapa. Al tratarse de una novela recientemente publicada en castellano, no diré mucho para no chafársela a nadie. Por el camino, entre catástrofe y catástrofe hace algunas reflexiones muy interesantes, no solo de índole científico sino político, histórico incluso. Demasiado ligeras pero pertinentes a nuestro propio momento histórico son las relativas a la reconciliación después de un conflicto. Y mucha ecología, Robinson interpreta todo en clave de ecosistema, ecología de la política, ecología de los sentimientos, el cuerpo humano visto como ecosistema..

Pero hay una por encima de todas, la idea central del libro: la vida es algo ligado al planeta en que se originó. Los intentos de colonizar otras estrellas carecen de sentido. Sus planetas estarán vivos o serán rocas muertas. Si son rocas estériles, terraformarlos llevará demasiado tiempo como para que los descendientes de los colonos puedan escapar a las consecuencias de la biología insular, si están vivos serán venenosos, su vida será incompatible con la nuestra. Es una novela de tesis. Un alegato poco sutil contra cualquier intento de viaje interestelar.

Reconozco el valor de Kim Stanley Robinson al escribir una novela destinada a dinamitar los sueños y las ilusiones de su hipotético público. Es una idea interesante, sin duda con parte de verdad y que merece la pena considerar, aunque Robinson no debería preocuparse, dado el grado de abandono actual de la exploración espacial. Sus argumentos pecan de algo simplistas, los aspectos científicos han sido discutidos en otros foros, solo añadiré que no hay en “Aurora” sombra de debate: la postura contraria nunca es defendida por nadie que no parezca ni fanático ni obcecado, mientras que la del autor es considerada una verdad tan evidente que apenas hace falta defenderla. Aunque de signo político diferente, me ha recordado a Robert A. Henlein.

Donde resulta mucho mas convincente es en la exposición de la imposibilidad de mantener una ecología estable en un entorno cerrado durante periodos tan prolongados de tiempo. Ahí si que me ha convencido y su detallado estudio de la proliferación de bacterias es de lo mas interesante y creíble.

Si la historia engancha cuando empiezan a ocurrir catástrofes y calamidades, tras un cierto clímax, empieza a perder fuelle y no deja de hacerlo hasta concluir. El autor se va deshaciendo de los personajes principales; puede que no fueran gran cosa, pero su pérdida supone un obvio golpe a la capacidad del lector de empatizar con lo que está pasando, hasta que solo queda la heroica computadora. El calificativo de heroica lo he puesto completamente a posta, la computadora se lo gana. Llegados a este punto, hay que decir que hay bastantes capítulos narrados desde el punto de vista de la computadora. En realidad, es el personaje mas desarrollado. Son curiosos, hay un exceso de palabrería matemática, repetitiva y en el fondo no muy profunda. Hay una cierta crítica al ser humano, como era de esperar, pero también sobre el lenguaje y la literatura, lo que es mas sorprendente. El lenguaje es descrito como una herramienta muy inexacta, y se ríe continuamente de las metáforas, esas cosas que se supone que hay que usar para que un relato se lea mejor. Estos capítulos son de lo mas original de la novela. Son curiosos, pero tampoco puedo decir que me hayan impresionado.

Finalmente, “Aurora” se vuelve cada vez mas soporífero. Leí las espectaculares e improbables carambolas cósmicas a la que se somete la nave con un cierto cansancio, la sensación de que el autor hizo muy bien sus deberes y diseñó un plan muy interesante, pero que no consigue en ningún momento que la exposición de dicho plan resulte interesante al lector. Poca cosa comparada con su interminable y tedioso epílogo final. Creo que he quedado traumatizado y no podré volver a ir a la playa en la vida. Bañarse puede ser divertido, pero pocas cosas hay mas aburridas que leer decenas de páginas sobre como una persona se baña.

“Aurora” es una novela con bastantes puntos de interés, destinada a generar debates mucho mas interesantes que ella misma, lastrada mortalmente por su parte final. Tiene partes muy adictivas por la mitad, que son olvidadas por culpa del aburrido final, que deja un mal sabor de boca. No sé si volveré a leer algún libro de su autor.









lunes, 12 de septiembre de 2016

Cierra Espiral CF

El jueves pasado salió a la luz esta noticia.

http://notcf.blogspot.com.es/2016/09/espiral-ciencia-ficcion-deja-de-editarse.html

Ya han pasado demasiados días sin hacer ningún comentario. El cierre de la colección Espiral deja huérfana a la ciencia ficción española. Es innegable que se trata de la colección que mas ha hecho por el género en nuestro idioma y casi la única que realizaba la necesaria funcion de otorgar oportunidades a los nuevos talentos.

Tristemente, no conozco la colección tanto como debería y no sabía nada de las circunstancias de Juan José Aroz y Pilar. Lo único que puedo hacer es dejar constancia de mi agradecimiento por un trabajo bien hecho y por los buenos ratos pasados y desearles lo mejor en los tiempos por venir.

viernes, 19 de agosto de 2016

“La estación de la calle Perdido” de China Mieville


La incomparecencia de China Mieville este año a su cita veraniega anual me ha permitido, por fin, leer esta novela, la segunda publicada por su autor tras la, en mi opinión, muy mediocre “El rey rata”, la primera de las ubicadas en el universo de Bas-Lag y, si la memoria no me falla, la primera obra de China Mieville en ser publicada en España. A menudo se la cita entre las obras maestras del steam punk.

¿Cómo describir el universo de Bas-Lag? Pues, muy por encima, diría que es un mundo imaginario de reminiscencias victorianas, en el que la magia convive con las máquinas a vapor mas inverosímiles posibles, junto con alienígenas o razas de seres inteligentes diferentes del hombre.

Nueva Crobuzon, la inmensa urbe en la que transcurre la novela, es una especie de Londres victoriano, iluminado por farolas de gas recorrido por el metro, generalmente elevado sobre pilares, en el que los coches no son tirados normalmente por caballos, sino por pájaros que no vuelan, bueyes modificados por la magia (taumaturgia) para caminar sobre dos patas, o hombres rehechos por crueles sentencias judiciales. Simplificando su variopinta población, por sus calles circulan mujeres con cabezas de escarabajo, anfibios capaces de esculpir el agua, vegetales espinosos dotados de movimiento, hombres pájaros, hombres murciélago, robots movidos a vapor y dirigidos por ordenadores analíticos (con tarjetas perforadas) y veinte cosas mas.

Ahora por la red ha empezado a difundirse el término “worldbuilding” refiriéndose a la capacidad de los escritores de literatura fantástica para crear mundos imaginarios. Pues si tuvieras que explicarle a alguien lo que es el “worldbuilding” a una persona dotada de una paciencia infinita, lo mejor que podrías hacer es arrojar a sus manos un ejemplar de “La estación de la calle Perdido” y decirle: “Esto es worldbuilding”. Ante la imaginación desatada de China Mieville, el resto de autores famosos por sus “worldbuilding” palidecen en comparación. Nadie es capaz de crear lugar y biologías con un detallismo y una minuciosidad como los de China Mieville. Mieville es capaz de describir cada barrio de su ciudad, su arquitectura y su historia, así como la del pueblo que lo habita, sus costumbres, tradiciones y fiestas de guardar. No es que parezca que haya visitado en persona las tierras que sueña con sus palabras, es que parece que haya emigrado a ellas durante años.

Es innegable el atractivo que tienen los mundos imaginarios, es la razón del éxito de sagas como “Dune”, “El señor de los anillos” o la mismísima “Canción de hielo y fuego”. Me parece que cuando escribió esta obra, China Mieville era un escritor muy joven, deseoso de impresionar a la afición. La novela es una extensa carta de presentación y un grito de atención. ¡Mirad lo que soy capaz de hacer! ¡Esto sí que es un mundo bien descrito! La ciudad imaginaria mas bizarra y mejor descrita de todos los tiempos, con los alienígenas mas extraños, las imágenes mas impactantes y las escenas de acción mas espectaculares. Y todo eso en un entorno urbano, sin búsquedas de talismanes mágicos ni batallas definitivas contra el ejército del mal, pero si con putas y traficantes de drogas y una milicia omnisciente que reprime las huelgas de modo sangriento.

Podría decirse que toda la novela es “worldbuilding”. Sería una exageración, pero no tan gorda como parece sin haberla leído. Y ese es su principal problema. Tanta atención al detalle, tanto párrafo tras párrafo describiendo los diferentes barrios de la ciudad, resultan cansados. Es un tributo a Mieville lo poco aburridos que se hacen, dada su longitud. Peter Hamilton o Iain Banks me hacen bostezar con muchos menos. Tal vez sea porque estos autores te pasean por instantáneas turísticas, mientras que Mieville te pasea desde el ayuntamiento hasta los barrios bajos y su mundo vive, respira y resulta mucho mas auténtico. Aún así, él también cansa. Durante muchas páginas parece que, en vez de escribir una novela, haya querido crear un nuevo género, el de las guías turísticas de ciudades imaginarias. Aunque seguro que no es nuevo y hay precedentes. Siempre los hay.

Es una novela muy larga. La edición de bolsillo en que yo la he leído son 824 páginas. No se trata de que le sobren un par de docenas de páginas, desperdigadas por aquí y por allá, que ya sería grave. Es que le sobran un par de cientos. Pasan alrededor de 200 antes de que las piezas empiecen a encajar y la trama a coger forma. Antes de eso los personajes se limitan a hacer su vida: trabajan, conversan entre ellos y pasean por Nueva Crobuzon. Mucho de esto último. En ese periodo, la narración no parece tener ningún objetivo y no me sorprendería que así fuera. Tal parece que China Mieville fuera escribiendo el libro sobre la marcha, hasta que de repente se le ocurrió el argumento.

No se trata solo de las descripciones, otros apartados se me han hecho largos. En ocasiones, con el objeto de crear suspense o expectación, o que un hecho aparentemente insignificante pero que tendrá graves repercusiones futuras se grave en la cabeza del lector, lo subraya dilatando el ritmo estilístico, empleando muchas palabras para contar muy poco. Es lo que pasa en las cuatro páginas que tarda el constructo aspiradora en cobrar conciencia de si mismo, en las que, con sintaxis complicadas y muchísima soltura, no dice absolutamente nada hasta la última línea, o en las interminables vueltas y revueltas que ciertos cables dan por toda la ciudad, justo antes de su clímax final.

Se echa en falta una labor de poda. Mieville está demasiado enamorado de sus creaciones y es incapaz de desechar ninguna. En determinado momento, el protagonista Isaac Dan der Grimnebulin se marca una conferencia sobre “la torsión” durante seis páginas. A través de ella el autor hace una alegoría bastante inspirada sobre el bombardeo nuclear de Japón y un alegato anti nuclear. Muy bien, muy bonito y comprometido, pero ¿qué demonios tiene que ver con el resto de la novela? ¿porqué la ha interrumpido para contárnosla? Lo mismo pasa con los manecros, una creación realmente fascinante. Los presenta, los involucra en la lucha y, acto seguido, los mata a casi todos. Tras una escena de acción bastante lograda, los manecros desaparecen del mapa, dejando la historia en el mismo estado en que la encontraron. Al final, podrían haberse eliminado de la trama sin que esta se viera afectada, los lectores incluso pueden saltarse las páginas en que aparecen, sin tener el menor problema para seguir la historia.

A estos defectos, se les podría añadir otros de naturaleza estilística: la repetición machacona de metáforas, símiles e imágenes desagradables. En “La estación de la calle Perdido” todo es coagular y tumorizar, todo son heces, pus y flema. Tal vez pretenda con ello reflejar la decadencia de la ciudad, pero resulta monótono. También lo es su uso exagerado de los adjetivos (me debo estar haciendo muy viejo, esto nunca me molestó con Lovecraft, que es el que tiene la fama, pero ahora me molesta) y esos consabidos fragmentos escritos en cursiva, en los que se intenta reflejar el pensamiento de un ente no humano, o una visión interdimensional, con una escritura deliberadamente confusa. un lugar común dentro de la literatura fantástica, entendido como una regla, en vez de como un cliché con el que hay que acabar y otra forma de rellenar páginas que no dicen nada.

Por último, está el tema de los personajes. Mieville es genial con los personajes secundarios. Personajes que solo aparecen unas pocas páginas o que ni siquiera aparecen, el embajador infernal, Jack Mediamisa, los manecros, la propia tejedora, el consejo mecánico, pero también, sencillamente, los videntes, líderes callejeros, taberneros, mendigos y los diferentes vodyanoy que aparecen, gozan de un carisma y un empaque que, por contraste, resalta mas la poca entidad de los personajes principales. Durante la mayor parte de la novel, el reparto descansa en los hombros del trío formado por Grimnebulin, Derkhan y Yagharek. Yagharek, el hombre pájaro cuyas alas fueron cercenadas merecidamente por la justicia de su pueblo, es deliberadamente, un enigma. Derkhan es poco mas que un nombre. En cuanto a Grimnebulin, es agradable que Mieville haya querido romper con tópicos y que lo mas parecido al héroe de la historia sea un hombre de mediana edad y gordo, pero tampoco es un personaje muy definido. Mas allá de su pasión por la ciencia y por la khepri Lin, el único rasgo aparente de su carácter es su costumbre de hablar como un matón de colegio, que no parece casar mucho con un hombre de ciencia. Este problema también se agudiza porque, sin duda, el personaje mas interesante de la novela y el mejor desarrollado, es Lin. Por desgracia, tras haber dedicado un montón de tiempo a hurgar en su pasado y su personalidad, Mieville se deshace de la mujer escarabajo justo cuando la trama empieza a ponerse interesante.

Hemos llegado al momento en que doy un golpe al timón de mi reseña. Lo dicho hasta ahora podría dar una sensación muy negativa. Nada mas lejos de mi intención. He disfrutado mucho con “La estación de la calle Perdido”, como con casi todas las novelas de Mieville. Una vez la trama coge velocidad, es imposible abandonarla y estoy hablando de una 600 páginas. La historia se convierte en una novela que podríamos llamar “de terror”, pues hay monstruos sueltos en Nueva Crobuzon, depredando a su población. Mieville no crea un clima de pesadilla, ni transmite una sensación de indefensión e impotencia ante el mal, pero sus monstruos son criaturas bastante fascinantes y, a cambio nos da un vibrante historia de cacería, en la que seres humanos normales y las entidades mas extrañas compiten, colaboran y mueren mientras se enfrentan a un adversario animalesco y todopoderoso. En estas páginas se suceden todo tipo de lances, a cual mas violento, espantoso y espectacular. Hay carnicerías, persecuciones, tiroteos, evasiones y batallas, en medio de una ambientación magistral y un gran sentido de maravilla.

Después de tal frenesí, el epílogo resulta algo anticlimático, aunque también muy inquietante.

No es una novela genial, pero es una novela repleta de genialidades. Una demostración de talento e imaginación, portentosa y excesiva. Un escaparate de excesos. Una de esas novelas que, a pesar de sus innegables defectos, parecen nacer destinadas a convertirse en obras de culto.

PD: Este post ya dura demasiado y no he encontrado un hueco en él para referirme al capítulo que contiene la visita al burdel de las putas rehechas. No puede resignarme a no hacer ningún comentario. ¡Grrrrr! Que mal rollo, hacía décadas que no leía algo que me causara tanto repelús.

lunes, 1 de agosto de 2016

Una iniciativa interesante

Me acabo de encontrar con esto una peculiar iniciativa en la que se ofrecen 7 libros, en formato electrónico, de autores españoles y de ciencia ficción, al precio que el comprador elige, con la posibilidad de obtener otros siete, en caso de que el comprador haya realizado un pago superior a la media de los recibidos.

No conozco las novelas, salvo  "El legado de Prometeo", que se incluye entre los "bonus",  pero el precio y la iniciativa resultan de lo mas interesantes.

martes, 26 de julio de 2016

“El libro de las almas” de Víctor Conde

He estado a punto de titular a este post “diferencias irreconciliables”. Creo que es lo que tenemos Víctor Conde y yo en nuestra manera de entender la literatura. Estas diferencias se traducen en los picos y caídas que sufre mi afición a este autor, que me llevan a que, aunque nunca deje de comprarle, me pase grandes periodos de tiempo sin leerle, como demuestra el hecho de que no me haya leído esta antología hasta hoy, y probablemente hubiera seguido retrasando el momento de hacerlo si no hubiera buscado un libro de relatos con el que entretenerme en los tiempos muertos de mis vacaciones, cuando adquirí mi volumen en cuanto salió, allá por el 2010, o sea, hace seis años.

Por cierto que su búsqueda me descubrió la excelente librería Miraguano, pero esa es otra historia.

El caso es que nuestros diferentes puntos de vista hacen que demasiados de los relatos incluidos en esta antología me hayan resultado tan difíciles de leer como poco atractivos, por lo que tal vez no sea la persona mas adecuada para enjuiciarlo.

La excusa argumental para unirlos consiste en las vivencias de Krim la única persona despierta en una inmensa nave generacional cargada con una cantidad inmensa de futuros colonos hibernados. Cada relato viene introducido por un micro relato sobre dichas vivencias y se supone que los relatos principales son los sueños de los durmientes, que Krim escruta para obedecer la directriz de vigilancia onírica impuesta por el Ekukmenen. Algunos de los que he dado en llamar “micro relatos” no son mas que reflexiones de Krim, o tal vez del autor, camufladas como reflexiones del personaje, otras me han parecido pequeñas obras maestras de concisión e ironía, como las que encabezan “Continente lluvioso” y “Empalme en la cinta de Moebius” y el conjunto me ha parecido una vuelta de tuerca interesante al clásico tema de la nave espacial con un único, y solitario, tripulante. Nada que objetar por ahí.

Desde el comienzo, Krim tiene dudas sobre la realidad de los recuerdos o sueños que escruta, evidente manera de soslayar la imposibilidad de muchos, o la incompatibilidad de los universos en que transcurren.


La mujer encrucijada


Especie de steam punk, creo. En este relato y el siguiente, me ha irritado enormemente el uso de palabrería científica a la que no he visto el menor sentido. Entusiasta de la ciencia ficción hard como soy, cuando no entiendo de que me hablan considero que, o bien el autor es un incompetente que no sabe explicarse, o bien me está haciendo perder el tiempo con tonterías sin sentido como las que sueltan en los episodios de Star Trek. Ambos casos me cabrean.

Me disculpo por mi exabrupto, totalmente inmerecido para este pequeño relato, pero que llevaba clavado muy dentro de mi.

Volvamos al relato, que es lo que importa y no mis gilipolleces. Los personajes son arquetipos muy poco interesantes y muy poco trabajados, incluso para las limitaciones esperables en un relato. Esta será una constante en el resto del libro que explicito aquí para no tener que repetirla mas tarde. El argumento no parece ir a ninguna parte hasta el final, pero éste es tan impactante que lo redime, además, atesora sense of wonder y sentido del humor y me ganó para su causa desde las palabras: “monos que giraban manivelas de organillos, mientras sus amos danzaban mostrando sus sombreros

Tigre
 
Hay a quien le recuerda a “El crimen y la gloria del comandante Suzdal”. A mí me ha recordado mas al infausto remake de “El planeta de los simios” que perpetró Tim Burton. Al menos es entretenido. Me remito a “La mujer encrucijada” para mi opinión sobre la palabrería científica.
 
El águila tatuada

Un relato correcto, mas que una sincronía, que hubiera sucedido si… , es del tipo ojalá hubiera sucedido que… , una opinión muy poco favorable del general Custer y del trato recibido por los nativos americanos. Nada que objetar.

Bienvenida al club, señorita Ken

Apoteosis de humor negro sobre los foros y grupos de Internet, en este caso de postulantes al suicidio. Muy divertido.


Continente lluvioso

El continente por encima del contenido. Un día cualquiera en la vida de una mujer contemporánea, en el que no ocurre nada en espacial. Admirable la sinceridad del autor, que lo advierte desde el tercer párrafo: en este relato no va a pasar nada. No utiliza esas palabras, sino otras mas complejas, como hará en el resto del cuento. Esa es su supuesta gracia, el lenguaje barroco, las oraciones complejas, formadas por múltiples subordinadas y plagadas de metáforas y símiles. La propia narradora lo explica en su momento:

“A mí siempre me han puesto las palabras esos vapores modulados que nos salen de los pulmones manchados de cultura. Me gustan los exabruptos y las fricativas, sobre todo si su significado es tan breve como su duración.”
Pues eso. Esas palabras definen lo que cabe esperar de este ejercicio de estilo. Reconozco que a ratos me ha resultado fascinante, pero en general lo he encontrado tedioso.
Empalme en la cinta de Moebius

Historia de viajes en el tiempo bastante original a costa de un peculiar método de aplicar la pena capital. Además, sale Ada Lovelace, a la que rindo culto como todo buen informático. Interesante y entretenida, no estoy seguro de haber entendido bien el final. ¿Porqué me resulta tan fácil enrollarme cuando un relato no me gusta y me cuesta tanto con los que sí?


La última tentación

La teología y la metafísica me aburren, así que no puedo encontrar menos interesante la incompatibilidad entre la omnisciencia y la omnipotencia de Dios, aunque si que me ha gustado el modo en que humaniza a Jesús y sus discípulos.


Ysobelt y los visionautas

Que difícil me resulta hablar sobre este relato. Por un lado, la imaginación que despliega es portentosa, está lleno de imágenes, conceptos e ideas fabulosas, e incluso tiene un tonillo poético y metafórico muy interesante. Todos estos puntos fuertes, sin embargo, en vez de sumarse se anulan entre sí. Me da la impresión de que Víctor Conde está tan empeñado en asombrar al lector sacándose un nuevo conejo de la chistera cada pocas páginas que se olvida de lo fundamental, la historia que debería estar contando, así que el argumento naufraga por los cuatro costados hasta parecer la traslación literaria de una experiencia con el LSD.
 
Tiene una referencia a “La mujer encrucijada” que me pillo por sorpresa, a pesar de lo evidente.

Eso sí, las emisiones radiofónicas que jalonan la trama son muy divertidas.


Afilada hoja de madera

Después de la anterior, resulta agradable una historia que se entiende, aunque le sobre un poco de palabrería en las escenas bélicas. Triste, dramática y aterradora, su única pega son un par de escenas narradas de un modo excesivamente efectista y que no es demasiado original. A mi, sin ir mas lejos, me ha recordado una escena de la novela de Frederick Pohl “Homo Plus” y a un capítulo de “Mas allá del límite”.


Quince horas de cielo sobre Damasco

Entretenida historia de mundos virtuales, donde Víctor Conde vuelve a desplegar su imaginación (ah, esas mansiones piratas lanzándose cañonazos unas a otras) El final no es gran cosa, pero es coherente y efectivo.


Cartas a V2

Me rindo. Soy incapaz de entender este cuento, no sé qué es lo que he leído, cual era la intención del autor al escribirlo ni si la logró o no, y lo que es peor, no me importa. Minutos malgastados de mi vida.


Llegados a la hora de hacer balance tengo que remitirme al tema de las diferencia irreconciliables. Es indudable que Víctor Conde debe haber dedicado una cantidad considerable de esfuerzo a escribir “Continente lluvioso”, “Ysobelt y los visionautas” y “Cartas a v cuadrado” y supongo que estará orgulloso de su trabajo pues supongo que lo escrito es lo que esperaba conseguir, pero lo logrado no podría interesarme menos y mi criterio es mas estético que racional. No soporto la sintaxis retorcida, el abuso de neologismos o la ausencia de una lógica argumental que no sea onírica. Todos estos puntos normalmente los señalaría como defectos imperdonables y desde mi punto de vista lo son, pero son defectos buscados intencionadamente, integrados en la personalidad estilística de su autor y presentes en numerosas otras obras.

Algunos relatos me han gustado, algunos incluso mucho, otros me han parecido auténticas tomaduras de pelo. Aprecio la tremenda imaginación y el sentido de maravilla de Víctor Conde y en ocasiones, su narrativa, y pienso seguir comprándole, aunque no le lea, pero demasiado a menudo me hace bostezar con textos a los que no encuentro el menor sentido. Sospecho que el problema no está en el fabricante ni en el producto, sino en que el producto no es adecuado para mí.


















martes, 12 de julio de 2016

“El planeta de Shakespeare” de Clifford D. Simak



Disto mucho de ser un experto en este autor. Conservo un recuerdo idealizado de “Estación de tránsito” leída durante la adolescencia. He leído varias veces el relato que venía incluido en el volumen 2 de la antología de Brian Aldiss “Imperios galácticos” y la novela “La autopista de la eternidad” me pareció malísima. Internet le define como un autor de ciencia ficción “pastoril” que transcurre en entornos idílicos e idealiza la vida rural, lo que no me resulta demasiado atrayente.

Podemos decir que las espadas estaban en alto con “El planeta de Shakespeare” y que su lectura debía decidir si profundizaría o no en este autor en el futuro.

La primera decepción llega cuando me encuentro que la acción no transcurre en un planeta poblado por los personajes de las obras de Shakespeare, ni tampoco son la aventuras intergalácticas de un William Shakespeare abducido por extraterrestres.

Vayamos por partes. Tenemos una nave espacial, que viaja a velocidades relativistas, cuya consciencia está formada por las personalidades de tres personas, que partió hace un millar de años a buscar mundos habitables. Un accidente acabó con toda su tripulación criogenizada salvo uno, al que descongelan cuando por fin encuentran un mundo habitable. Da la casualidad de que en este mundo hay un portal de teleportación perteneciente a una red de transporte creada por seres desconocidos, ese portal sin embargo, está cerrado por el extremo del planeta, de modo que los que llegan a él, no pueden marcharse, como le ocurrió a un humano que consignó sus pensamientos en los espacios en blanco de una edición de las obras completas de Shakespeare. Ése es el Shakespeare del relato.

Hay mas: Ruinas misteriosas, un alienígena llamado Carnivore por motivos obvios, de buen corazón y no demasiado despierto y mas sorpresas que no revelaré por si algún día les da por leer esta novela. Ninguna de las muchas ideas que se exponen se desarrolla con mucha profundidad, Simak salta de una a la siguiente sin preocuparse demasiado. No es un especulador ni un científico, aunque tiene algo de poeta. Se limita a barajar las convenciones del género, dándoles un ligero toque personal.

El estilo es transparente, sin artificios dotado de una sorprendente serenidad. Algunos pasajes me han resultado intensamente líricos, como la descripción del entierro de los tripulantes de la nave en un planeta deshabitado. Los personajes son sencillos, escasamente caracterizados, algunos incluso caricaturescos y probablemente es intencionado, porque todo tiene un aire de fábula. Aunque tienen sus mezquindades y mantienen sus diferencias entre ellos, les une una especie de camaradería que cruza la barrera entre especies y entre máquinas. En “El planeta de Shakespeare” un robot puede asistir a un moribundo y velar su cadáver, un humano preocuparse de no herir los sentimientos de un ser que podría considerarse una bestia asesina y, aunque la comunicación sea imposible, se pueden establecer lazos de camaradería con unos seres con el aspecto y el tamaño de babosas. El momento cumbre de la novela, es, en mi opinión, la comunión mental del protagonista humano con una forma de vida extrañísima e incomprensible. A mi entender, Simak parece abogar por una especie de fraternidad entre todas las formas de vida y acepta una definición muy flexible de lo que es la vida. En un mensaje optimista, que muchos calificarán de ingenuo, pero con el que no cuesta nada simpatizar y que resulta refrescante, dado el pesimismo que campa por la ciencia ficción últimamente.

A pesar de este aparente buen rollismo, el misterio y la acción están presentes. La novela es corta y está plagada de acontecimientos, así que el aburrimiento no es una opción. Sin embargo, no carece de defectos. Abundan las digresiones filosóficas sobre el tiempo, el universo y su propósito, algunas interesantes, las mas, aburridas. Los diálogos entre las tres personalidades que componen la personalidad de la nave se vuelven progresivamente tediosos. El mas largo de ellos, que prácticamente cierra la novela, es un auténtico dolor de muelas que no le recomiendo a nadie.

Además, los acontecimientos se suceden unos a otros sin ningún tipo de lógica interna. El final, un tanto precipitado, ocurre porque sí, da un final a los frentes abiertos, pero no explica ninguno de los misterios. Uno de los personajes se planeta si no cometen un error al intentar imponer un sentido a las cosas, que carecen de información suficiente como para intentar comprender lo que ha ocurrido realmente. Buen intento, señor Simak, pero no me engaña, es usted el que no es capaz de dar sentido a su propia historia, así que no trate de engañarme dándoselas de profundo, que le he pillado. He leído a escritores que tratan sobre la imposibilidad de comprender el cosmos y usted no ha disparado contra ese blanco en toda la novela.

 Conclusión, una novela entretenida, bien escrita, con algunos momentos bonitos. También un disparate argumental sin pies ni cabeza. Las espadas siguen en alto para Clifford D. Simak.






jueves, 30 de junio de 2016

“El trono vacante” de Bernard Cornwell


Enésima aventura de Uthred de Bebbamburg. En esta ocasión Bernard Cornwell se aleja brevemente de las peripecias bélicas que tan bien se le dan, para imaginar las circunstancias que pudieron llevar a Etelfleda a convertirse en la señora de Mercia después de la muerte de su marido.

Durante el breve periodo de intrigas cortesanas, Uthred despliega su irreverente sentido del humor, que tanto se echó en falta en la adaptación televisiva de sus primeras andanzas rodada por la BBC y NBC, pero no se preocupen los lectores, hay mas de una batalla en la novela, mas de dos y mas de tres y no falta la inevitable invasión vikinga, en esta ocasión procedente de Irlanda.

Lo mas sorprendente del libro, es que el prologo con el que comienza está narrada en primera persona por el hijo de Uthred, aunque luego éste no tarda en recuperar el protagonismo en el primer capítulo. ¿Estará pensando Bernard Cornwell en el relevo generacional?¿Se convertirá la saga de Uthred en la saga de los Uthreds? Es difícil decirlo, Uthred empieza a estar muy mayor para las hazañas que caben esperar de un guerrero medieval, pero diría que aún le queda mucha cuerda y muchos cuellos que cortar.

Aparte de eso, la novela contiene un viaje a Gales en el que Uthred conoce al rey Hywel Dda, que resulta un personaje atractivo y que hace algunas reflexiones muy interesantes sobre sus dos naciones.

Todo lo demás, es lo de siempre, un personaje muy carismático, galopando de un lado a otro, haciéndose enemigos constantemente y ganando todas las batallas en las que se mete, descritas con mucho verismo y emoción, aunque quizá con menos garra que en otras entregas.

Tan entretenida como repetitiva.



viernes, 24 de junio de 2016

“El tríptico de Dios” de Miquel Barceló y Pedro Jorge Romero




Guardo un recuerdo bastante bueno de “El otoño de las estrellas”, la anterior novela de estos mismos autores. La recuerdo como una novela corta, entretenida, que leí con agrado y que tenía un puñado de ideas buenas, aunque fallaba en un final que no estaba a la altura de las expectativas creadas y que reconozco que he olvidado por completo.

Tal vez conscientes de aquella limitación, Miquel Barceló y Pedro Jorge Romero optaron en esta ocasión por empezar por el final. “El tríptico de Dios” se compone de tres historias, cada una de las cuales transcurre antes que la anterior, unificadas por la presencia del demonio. Si, han leído ustedes bien, he escrito “el demonio” aunque él prefiere que le llamen “el adversario”, al menos en esta encarnación literaria. En la primera historia asistimos a una gran batalla espacial, en la que la flota de la iglesia católica intenta destruir un artefacto con el que el Adversario podría acabar con la humanidad, en la segunda asistimos a las dudas que suscitan en la curia la sustitución de un papa robótico por un humano de toda la vida, y en la tercera a una historia de pacto faústico que llevará a la destrucción de la Tierra.

El hecho de que la historia transcurra hacia atrás implica que no he escrito ningún spoiler.

Me resulta difícil clasificar este librito. La aparición del Adversario lo convertiría en una novela de fantasía, a pesar de sus toques de ciencia dura. Sus autores hablan de escribir la historia que les habría gustado leer y de que querían demostrar que en España se puede escribir la mejor “space opera”. Si esto último era su objetivo, me temo que han fracasado por completo. De la “space opera” uno espera escenarios grandiosos, toneladas de sentido de maravilla y emoción. La única de las historias que siquiera se aproxima a ello es la primera, y, aunque tiene algunas ideas buenas, le falta exotismo, espectacularidad y aliento épico. Aunque ya no soy un entendido, el mundo está lleno de mejores “space opera”

La segunda historia plantea algunos dilemas y reflexiones interesantes, pero fracasa en lo principal, contar algo. Planteamiento, nudo y desenlace brillan por su ausencia. Es un relato en el que, en el fondo, no pasa nada.

Y llegamos al final. Sería de esperar que el comienzo atase todos los cabos sueltos y que arrojara una nueva luz sobre los hechos anteriores, o posteriores, que lío, pero si es así, yo no lo veo, si bien reconozco que no soy muy brillante y las mas de las veces no entiendo nada de las novelas de Gene Wolfe. Aquí si ocurre algo, y es bastante entretenida, tiene uno o dos momentos muy buenos, aunque el clímax, que homenajea a los videojuegos o a las películas de terror, no estoy seguro, no acabe de funcionar y la apoteosis final-inicial, me deja frio.

Yo esperaba ver a los seres de supersimetría, que se mencionan una y otra vez pero nunca aparecen, o descubrir que el Adversario no era en realidad un ente sobrenatural ni un ángel caído, si no que tenía un origen físico y científico, pero lo mas que encuentro es alguna reflexión interesante sobre los mitos y la insinuación de que el protagonista de la tercera historia pueda haberse convertido en la voz que escuchaba el protagonista de la segunda y de la que no estoy nada seguro.

El Adversario siempre ha sido un personaje fascinante, y en este libro mantiene parte de su carisma y fascinación. El resto de los personajes son meros comparsas sin interés alguno. Sin ser ninguna maravilla, el libro está bastante bien escrito. No se mencionará en ningún manual de literatura, pero el estilo es ágil, nunca se hace farragoso, ni siquiera cuando trata de física avanzada o matemáticas. No hay redundancias, ni muletillas, no se subraya lo obvio ni se recurre a convencionalismos fáciles. Los diálogos son fluidos, la narración progresa a buen ritmo… se nota una voluntad por parte de los autores de hacer las cosas bien, tomándose el tiempo debido para repasar su labor. No me entiendan mal, nunca recomendaría esta obra exclusivamente por el placer estético que pueda derivarse de su lectura, pero su uso del lenguaje me ha parecido muy superior al de, por ejemplo, Angel Torres Quesada o José Antonio Suárez.

Su lectura, sin embargo, me ha sabido a poco. No sólo por su extensión, me lo leí yendo y viniendo del trabajo y tardé cuatro días, incompletos, sino porque no me ha aportado nada relevante y ya está empezando a desvanecerse de mis neuronas.

A los interesados, recomiendo que se abstengan de la versión impresa, la relación cantidad/precio es absurda y calidad/precio tampoco es muy allá. La versión electrónica, que es la mía, resulta mas ajustada.






viernes, 17 de junio de 2016

“Astronautas” de Stanislaw Lem




Ya lo tenia todo listo para leerme “La voz de su amo” cuando en un paseo por la biblioteca pública Pedro Salinas me encontré esta novela, recién publicada en España por primera vez, aunque el original sea de 1951 y cuya temática parecía mas adecuada a mis gustos.

El volumen se abre con un prefacio del editor original de la obra, en la que se cuentan las circunstancias y consecuencias de su escritura. En dicho prefacio Jerzy Jarzebski se disculpa una y otra vez por la supuesta propaganda socialista que contiene la novela, que en su día era estrictamente necesaria para su publicación. Tanta excusa resulta chocante, porque en realidad en “Astronautas” hay muy poca exaltación del socialismo: si transcurre en un futuro en el que el capitalismo ha sido dejado atrás, se critica el imperialismo y la moralina se enseñorea del desenlace, pero no hay paginas puramente doctrinarias, como las que si podían encontrarse en “Que difícil es ser Dios” de los hermanos Strugatski. Yo incluso las he echado en falta, pensaba dedicarles unas risas. Se diría que esas partes, aunque minúsculas, avergüenzan terriblemente a Jarzebski. 

A continuación viene un prologo del propio Lem, en el que él mismo escribe: “Confieso que me sorprendería que Astronautas pasara a ser una de las obras de referencia de mi bibliografía. Creo que si alguien echa mano de este libro dentro de otros veinte años no será para adentrarse en una atrevida visión del futuro, sino más bien para esbozar durante la lectura alguna sonrisa de la misma manera que lo hacemos nosotros cuando leemos las obras de Julio Verne.”

Bien, parece que estamos ante una obra menor, muy menor. El propio autor no nos da muchas esperanzas sobre el interés de “Astronautas”, pero cada lector debe forjarse su propia opinión. La novela transcurre a un ritmo muy pausado, lo que no pillará por sorpresa a los seguidores de su autor. El primer capítulo consiste prácticamente en un ensayo divulgativo sobre la catástrofe de Tunguska. La verdad es que me ha gustado mucho, hoy día Tunguska sigue siendo un misterio tan apasionante como en 1951 y es un buen modo de abrir el apetito del lector.

La cosa se empieza a animar cuando se descubren los restos de un pecio extraterrestre en la zona de la ya antigua catástrofe, aparentemente procedente de Venus y con registros que indican que los venusianos se disponen a aniquilar la vida en la Tierra. Se impone una expedición al planeta nublado . En los siguientes capítulos se describe exhaustivamente la nave en la que se realizará el viaje y el ordenador de a bordo. A Lem se le daban muy bien las descripciones y consigue que el lector no se aburra demasiado, pero son capítulos largos en los que no pasa nada. Sufro de cierta fascinación hacia las naves espaciales, así que la descripción del cohete no me importunó demasiado, pero el ordenador es un cachorro analógico cuyas futuras hazañas parecen bastante descabelladas.

Con esto hemos llegado a la página 129, donde empieza la narración del piloto del Cosmocrátor, que es como se llama la nave. Tal vez un poco extenso para un comienzo. El resto de la novela es la crónica de este viaje. A pesar de lo desfasados que puedan haber quedado los aspectos científicos, Lem consigue resultar creíble la mayor parte del tiempo. Si la novela tiene algún objetivo es intentar transmitir al lector las sensaciones y vivencias que se podrían experimentar en un viaje a otro planeta. Por eso se detiene a detallar cuidadosamente su equipamiento, los trajes, los vehículos, así como lo que sus protagonistas sienten durante la ingravidez, una colisión con meteoritos o los aterrizajes y despegues, descritos estos últimos con una precisión sumamente vívida, que haría creer que el autor los ha experimentado en persona. Seguramente no son realistas, pero provocan la ilusión de realidad.

Como se infiere del párrafo anterior, “Astronautas” es una novela eminentemente descriptiva y donde mas brilla es en la descripción de los paisajes alienígenas. No creo que haya un autor de ciencia ficción que supere las descripciones de otros mundos de Stanislaw Lem. Nadie consigue que resulten tan extraños, tan ajenos y, al mismo tiempo, tan incomprensiblemente bellos. Su imaginación visual era tan portentosa que a veces resulta muy difícil entender sus descripciones, pero es que, para hacerle justicia, haría falta un James Cameron inspirado trabajando sobre ilustraciones de Moebius.

Esta novela no es una excepción. Las pormenorizadas descripciones de los paisajes venusianos y de los hallazgos de los astronautas son fascinantes y rebosan sentido de maravilla. También son bastante largas, pero no por ello dejan de ser uno de los grandes atractivos de la novela. Los personajes, por el contrario no son gran cosa. El protagonista es el mas logrado, con sus recuerdos de su abuelo, negro y nacido en Estados Unidos, su afición al alpinismo, sus imprudencias y sus flaquezas. El resto de la tripulación, sin embargo, se compone de una especie de valientes y amables súper científicos sobre humanos que solo acumulan virtudes. En su tiempo libre, escuchan conciertos de música clásica e intercambian historias. Ni en esta ni en ninguna de las novelas que he leído de Stanislaw Lem, aparece una mujer entre los científicos protagonistas, ni en un puesto de alta responsabilidad. Son personajes casi victorianos, a los que no cuesta nada imaginárselos en sus reuniones fumando puros y bebiendo coñac. Encarnan una idealización de la ciencia y los científicos que galopa por toda la novela y que sorprenderá a los seguidores de Lem, al chocar radicalmente con la visión desencantada que presidirá sus obras mas famosas.

Se trata de la primera novela publicada por Stanislaw Lem y es una novela claramente juvenil, con vocación didáctica dirigida a un público en el que pretende despertar vocaciones, el deseo de contribuir al bien común y de superar constantemente las propias limitaciones. Esta intención se hace de un modo muy poco sutil en los primeros capítulos y, aunque despierta mis simpatías, le puede resultar farragosa a un lector maduro. “Astronautas” no es una obra que pueda complacer a todos los tipos de lectores y debe ser degustada con paciencia. Un lector sin interés en la ciencia o la ciencia ficción, debería huir de ella como de la peste. No puede negarse que el lector moderno la encontrará bastante trasnochada. El que busque un entretenimiento rápido, se llevará también una gran decepción, por su tono pausado y por su crispante falta de objetivos, pues aparte del de describir un viaje espacial, no parece tener ninguno durante la mayor parte de la novela. Aún diría mas: Tiene mas en común con un libro de viajes que con una novela. No hay la menor sensación de que la historia avance, o de que la narración se dirija hacia algún lado. Simplemente se acumulan anécdotas e incidentes, que se van sucediendo hasta el final y no es hasta el último capítulo cuando se hace evidente su mensaje pacifista y anti nuclear.

Los seguidores de Stanislaw Lem, en cambio, no deben perdérsela. Podría decir que por su carácter histórico y seminal, que en esta novela se encuentran el embrión de lo que acabaría siendo su obra de ciencia ficción, y no mentiría, pero es el tipo de argumento que solo sirve para despertar el interés de estudiantes de literatura y articulistas. El motivo por el que no deben perdérsela, es porque, a pesar de sus incuestionables defectos, en “Astronautas” se encuentran muchas de las virtudes que cristalizarían en su obra posterior y al leerla podrán volver a experimentar algunas de las sensaciones que les cautivaron en su día.