Buscar este blog

No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 16 de septiembre de 2016

A vueltas con Aurora



En mi anterior post me centré en el análisis de las supuestas bondades literarias de esta obra. Para no eternizarme dejé fuera algunas dudas que me ha generado sobre sus aspectos científicos, sobre uno en particular.
No voy a pronunciarme sobre los virus/priones/o lo que sea que aparecen en este libro. A muchas personas le parecen muy improbables, creo que entre ellas está el propio Kim Stanley Robinson, pique nunca deja claro lo que es, supongo que porque ni el mismo lo sabe.

Pero no es de eso de lo que quería hablar. En la novela se habla largo y tendido de la biología insular. No he encontrado un equivalente exacto a las palabras de la traducción, pero parece que se refiere al “enanismo insular”. Éste si aparece en la wikipedia. Un proceso evolutivo por el que las especies animales en entornos cerrados de pequeño tamaño tienden a desarrollar una disminución de su propio tamaño para adaptarse a la escasez de recursos. Actualmente el caso mas famoso es el de la isla de Flores, donde se encontraron restos de una especia que medía aproximadamente 1 metro de estatura y que parece haber evolucionado de poblaciones de Homo Erectus. No hay entorno mas cerrado que una nave espacial, así que parece lógico que la tripulación de una nave generacional sufriera este mismo proceso. Aún así hay cosas que no me convencen.

Robinson lo presenta como una degeneración de la especie. Las nuevas generaciones no solo son mas pequeñas, sino mas enfermizas y menos inteligentes. Me parece un prejuicio. No veo porque esto tenga que ser así.

El proceso que describe la novela me parece muy rápido. Según la wikipedia, las alteraciones del tamaño son sorprendentemente rápidas, pero se habla de que todo ha ocurrido en siete generaciones. Imagino que la sobredosis de radiación provocaría muchas mas mutaciones de las normales, pero aún así, en términos evolutivos, mas que rápido me parece instantáneo, pero no soy biólogo ¿ahí alguno leyendo esto?

Por último, está el problema de la selección natural, o mas bien de la falta de selección natural. Tal como yo lo entiendo, en un ambiente salvaje, los individuos mas pequeños necesiten consumir menos alimentos que los mas grandes, por tanto, les resulta mas fácil conseguir el sustento para vivir, mas de ellos llegan a la edad adulto, viven mas tiempo que sus congéneres y se reproducen mas. En resumidas cuentas, tienen una ventaja evolutiva. En poco tiempo, todos los que quedan en este ambiente salvaje, son descendientes de la facción mas pequeña. Así es como entiendo que funciona la evolución.

Ahora bien, en una nave espacial, es de suponer que todo está gestionado para conseguir que todos sus habitantes tengan las raciones de alimentos o medicamentos que necesiten. Puesto que todos son atendidos mas o menos por igual, ser mas pequeño no supone una ventaja evolutiva y pequeños y grandes preservan sus genes por igual. La civilización es la peor enemiga de la evolución.

En ausencia de la criba sanguinaria de la selección natural no veo el motivo por el que la población de la nave debería adaptarse a su entorno de un modo tan radical. ¿Tengo o no razón? ¿Hay algún biólogo leyendo esto?

3 comentarios:

  1. No soy biólogo, pero para mi tiene mucho sentido tu razonamiento. Lo que he leído de este autor no me ha gustado mucho y, gracias a tu reseña, creo que no leeré el libro o caerá hacía el fondo de mi lista

    ResponderEliminar
  2. Kim Stanley Robinson sí que ha mutado: de pelmazo a pelmazo aguafiestas. Mira que disfruté con la primera lectura que hice de la trilogía de Marte, pero es que todo lo suyo que leí después me ha parecido plomizo. Incluso un intento de relectura de Marte Rojo que se quedó en la sexta página.
    Ahora, además, fastidia porque sí con una tesis discutible (como la pega que aportas) y a la que ni siquiera le presenta un asomo de alternativa (como también dices). Se ve que no le gusta la Space Opera.


    Alb

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tampoco hace falta encenderse, con el estado actual de la ciencia y la tecnología, discutir sobre la viabilidad o no de colonizar planetas de otras estrellas es como cuando los monjes medievales discutian cuantos ángeles podían bailar en una cabeza de alfiler. Supongo que su ecologismo le hace pensar que malgastamos demasiado tiempo y recursos soñando con las estrellas cuando deberíamos ocuparnos de cuidar la Tierra y tiene su parte de razón.

      Eliminar