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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Y para terminar el año ...



Y por ello, que viva la guerra, señores. La guerra que nos cambia y nos cambiará para siempre. Y que nos salvará de la humanidad. Esa humanidad que no nos da nada excepto el círculo cerrado de la vida, excepto el aburrimiento mortal y la cansina banalidad de lo cotidiano, excepto el dolor de los sueños incumplidos, excepto la desesperación de la consciencia de la propia menudencia y falta de significado. La guerra nos ampara de la humanidad en la que tan sólo nos puede esperar el adulterio de la mujer, la traición de los amigos, el desprecio hostil de los gobernantes, la indiferencia de la familia. La guerra nos protege de la humanidad y del cáncer de pulmón, de la neurosis, de la úlcera péptica, de la cirrosis hepática, de la hiperplasia prostática, de las piedras biliares y del infarto que esta humanidad trae consigo; enfermedades a consecuencia de las que la cama del hospital nos priva de los restos de humanidad, mientras que las residencias y hospicios nos quitan los remanentes de dignidad.

Optimistas reflexiones del alférez Pavel Levart de la novela “Víbora”. de Andrzej Sapkowski.

martes, 30 de diciembre de 2014

“Víbora”. de Andrzej Sapkowski



En esta novela, el autor polaco nos traslada a los tiempos de la intervención de la antigua URS en Afganistán, para contarnos la historia de Pavel Levart, un soldado soviético que desarrolla una peligrosa fascinación por una víbora que habita un barranco cercano a su campamento. Una víbora que parece poseer cualidades sobrenaturales, en cuya presencia Levart tiene visiones de las vidas de otros invasores de Afganistán, ya fuera con el ejército de Alejandro Magno o con la intervención inglesa en 1880 y que tal vez guarde un gran tesoro, la muerte o la entrada a otro mundo, difícil es saberlo, puesto que la realidad se distorsiona en su presencia y se confunde con la alucinación o el sueño.

Valga por delante que Sapkowski es un gran escritor, y, si no lo he dicho ya, lo repito es un gran escritor, a secas, no un gran escritor del género fantástico. Sin embargo, en esta breve novela ha habido varias cosas que no me han convencido.

Para empezar, está el uso exagerado de términos militares del ejército soviético: argot militar, abreviaturas y acrónimos. Puesto que la novela originalmente debió ser escrita en polaco, supongo que la inclusión de estos términos no es una característica de la traducción, sino de la obra original. La mayor parte de las veces, se explican la primera vez que se usan, y si no, siempre puede irse uno al glosario que aparece al final del libro, pero eso obliga a que te pases las primeras páginas interrumpiendo continuamente la lectura para ir a consultarlo. Supongo que su utilización obedece a un loable esfuerzo de documentación que pretende dotar de mayor realismo a la ambientación, pero que, en realidad, lo único que consigue es interrumpir continuamente la narración, restándole así fuerza a lo narrado. De todos modos, como ocurre como en muchas novelas de ciencia ficción, esas palabras extrañas que entorpecen la lectura desaparecen misteriosamente cuando llega el clímax y el final de la novela.

Luego, buena parte de la fuerza de Sapkowski está en sus diálogos. No puedo calificar sus diálogos con una palabra diferente de “cojonudos”, sin embargo en esta ocasión el uso del lenguaje que ejercen los protagonistas no me ha parecido acorde con lo que cabría esperar de unos soldados de infantería sin cultura. Cierto, el personaje de Lomonosov es un antiguo profesor universitario, y es este personaje el que más habla y hace mayor alarde de erudición, pero otros personajes, que son descritos como auténticos garrulos, a su debido tiempo, desgranan complicadas frases que, en castellano al menos, me parecen llenas de arcaísmos que recuerdan al siglo de oro. Nada que me hubiera extrañado en boca de Jaskier, de cualquiera de los amigos y enemigos de Geralt de Rivia, o de alemanes de la edad media, pero que aquí no terminan de convencerme.

Los expertos han repetido mil veces que nadie como Sapkowski refleja el polaco actual de las clases populares. Desconozco ese lenguaje, así que puede ser que el que esté confundido sea yo, y que dichos diálogos suenen perfectamente naturales en versión original.

De igual modo, las duras palabras de Vika, en las páginas 81 y 82, me han resultado demasiado panfletarias. ¿De verdad la gente habla así en un café? Yo creía que sólo se hacía en los mítines y entrevistas por televisión.

Por último, Sapkowski es un autor de una cultura impresionante y, por una vez, eso está a punto de convertirse en un obstáculo para la lectura. La página 138 consiste en una enumeración de monedas antiguas, la 139, de joyas y estatuas. Está currado, tiene ritmo, provoca un cierto placer estético, pero es monótono y cansino. Ese exceso de erudición también se deja notar en las partes de la novela que transcurren en los días de Alejandro Magno o en el siglo XIX, cuando se describe la situación política y militar de Afganistán, parece que se esté consultando algún libro antiguo de historia militar. Se citan un montón de líderes, lugares geográficos y pueblos y ya está. A menos que seas un experto en la historia del país no sacarás mucho en claro, porque no sabes quien es quien, ni cuantas provincias hay ni que importancia estratégica tienen los sitios de los que hablan. Lo más que se entiende es que, tanto los macedonios como los ingleses creyeron tenerlo todo ya ganado, y poco después, la situación se fue al garete.

En lo que se refiere a la descripción del ambiente bélico en Afganistán, si cambias la nacionalidad de los bandos, el opio por el hachís y la jungla por las montañas, recuerda mucho a la que hacen las películas de Estados Unidos de la guerra del Vietnam. En ambos casos tenemos soldados enviados a luchar a un país lejano, en una guerra carente de apoyo popular en la que su país no pinta nada, enfrentados a un enemigo fanático, sádico, cruel y sanguinario, soportado por una tercera potencia (Estados Unidos en este caso). Soldados que cuando vuelven a casa traumatizados se encuentran con el rechazo de sus paisanos, cuando no son considerados directamente culpables de la guerra y su fracaso.

No hay duda de la simpatía que Sapkowski muestra por estos soldados, no así por sus líderes, pero eso no les exime de comportamientos monstruosos. No hay en ésta novela blancos y negros. Al contrario que en las películas que antes mencioné, aquí si aparece el enemigo, en la genial escena de las negociaciones con el líder local. A pesar de algún fanático, este enemigo resulta tan terrenal como los propios protagonistas.

Estamos ante una novela anti belicista, en la que la guerra es mostrada con toda su crudeza, toda su confusión y todo su horror. Los mismos personajes que a veces muestran una inmensa humanidad, pueden hacer luego auténticas barbaridades. Sapkowski ni les juzga ni les absuelve, así es como son las cosas en la guerra, parece querer decir. El único pecado contra el que arremete es el conformismo, del que Pavel Levart acumula no poco. En comparación con otros personajes de Sapkowski es un personaje muy gris, no es ni un rebelde ni un libre pensador. Ni siquiera un pícaro con buen corazón, sólo es un mero superviviente que hace lo que se le ordena, procura no destacar y apechuga con el daño psíquico que dicha aquiescencia le va causando.

Como se ve por el espacio que he dedicado en mis comentarios, considero que la parte relativa a la guerra de Afganistán me ha resultado mucho más interesante que la parte fantástica, a pesar de que ésta se desarrolle con una profesionalidad rayana en la maestría. Las subtramas relativas a las invasiones realizadas por otros imperios, más que nada, estorban, o lo harían en manos menos expertas. Me dan la impresión de que sirven para aumentar el número de páginas hasta unas dimensiones que permitan su publicación en formato de novela. El librito tiene un cierto aire a relato alargado.

Lo mejor, para mi gusto, las páginas en las que se desglosa el destino de los soldados supervivientes de la historia, a muchos de los cuales, referenciados a lo largo de la misma apenas con un nombre. Da igual que no sepamos quien demonios eran, sus destinos son lo suficientemente dolorosos. Hay en ellos, y en las reflexiones sobre la evolución de la URS y posteriormente Rusia, demasiada realidad cómo para dejar indiferente al lector.

jueves, 25 de diciembre de 2014

“La fragua de Dios”. de Greg Bear


 
No hay mucho peligro en revelar los detalles del argumento de “La fragua de Dios” La publicidad y la introducción de Domingo Santos ya nos revelan que se trata de una novela sobre el fin del mundo, así que el desenlace parece inevitable. En concreto, la amenaza a la que se enfrenta nuestro planeta es una invasión de máquinas auto replicables, capaces de desguazarlo para convertirlo en un número casi infinito de copias de sí mismas. O algo así, porque en realidad, los medios de los que se valen esas máquinas pueden no encajar mucho.

Las escenas finales, en las que se narra la destrucción de la Tierra y, en particular del parque Yosemite, son escalofriantes y muy creíbles, aunque en mi caso pierden algo de impacto al no conocer en absoluto la geografía de dicho parque, a lo que añadiría que en esas escenas en particular me ha parecido notar algunos errores de traducción, los únicos en la novela claramente perceptibles para un lector casual. Sin embargo, a pesar de la impactantes de esas imágenes, en esta ocasión no es en el espectáculo y el sense of womder donde Greg Bear apuesta el valor de su narración, sino en los personajes.

La novela se centra en como un grupo de personas, y, en general, toda la humanidad, afronta la inminente destrucción de la Tierra y lo hace con lo que a mí me ha parecido un sorprendente realismo. Una vez hecha pública la noticia, el revuelo inicial es casi inexistente, la gente sigue con sus vidas, incapaz de reaccionar ante la enormidad de los hechos y poco a poco van pasando de la incredulidad a la desesperación y la aceptación. Bear centra su interés en los personajes y, en esta ocasión, sale ganador. Los defectos en la caracterización de los mismos que suelen acompañar su obra, están ausentes en esta ocasión. Las reacciones de todos resultan creíbles y coherentes con lo que se ha descrito de sus personalidades. Quizá la menos verosímil sea la del presidente de los estados unidos, que es uno de los motores de la trama y el acontecimiento de la novela que mas impactó a los lectores de dicho país. A mí en cambio, me resulta algo forzada, me da la impresión de ser ese tipo de acciones irracionales e infundadas que los ateos atribuimos siempre a los no creyentes, como si la creencia en un ser supremo supusiera la erradicación inmediata del sentido común. No lo sé, no puedo jurarlo.

No me entiendan mal, tampoco puede negarse que Bear está siguiendo paso a paso la Biblia de los escritores de bestsellers, sección catastrofismo, sin embargo, dentro de los límites y restricciones auto impuestas, consigue llenar a sus personajes de la suficiente humanidad para que lo que ocurre resulte conmovedor y emocionante, haciendo olvidar pequeños defectos de trama, por ejemplo, las razones que se esgrimen para que los destructores de planetas envíen diferentes emisarios a parlamentar con los humanos son de lo mas endeble.

Esta novela está considerada una de las mejores que se han escrito sobre el fin del mundo. También es una de las más populares de Greg Bear, lo que supone decir bastante. Después de leerla, debo reconocer que no me extraña. Curiosamente, en la introducción, Domingo Santos le describe como un autor joven y prometedor. Esta novela se publicó en España durante mi adolescencia, sino me equivoco, pero durante toda mi vida adulta he considerado a Grez Bear como un autor ya consolidado, con un montón de premios. En aquella juventud, supuestamente inmadura, Greg Bear era un escritor más sólido, literariamente hablando, de aquel en que se convertiría al alcanzar la madurez.

Como curiosidad, añadiré en último lugar que existe una secuela “Anvil of Stars” en la que creo que los supervivientes de la Tierra se toman la revancha y que, como no, permanece inédita en España.

viernes, 19 de diciembre de 2014

“Música en la sangre”. de Greg Bear


            Vergil Ulam un biotecnólogo que trabaja en la creación de biochips y proyectos militares, trata de crear computadores biológicos celulares, manipulando los genes de linfocitos obtenidos de su propia sangre. Cuando sus empleadores le obligan a destruir su proyecto, decide inocularse los linfocitos modificados, con la esperanza de poder evadir la seguridad en su lugar de trabajo sin ser detectado, y poder continuar sus trabajos en otra parte. Cualquier lector entrenado puede deducir que no va a ser una buena idea.
            Hay varias cosas de esta novela (o el relato que expande), independientemente de su calidad, que conviene resaltar. Una, que está considerada la primera aparición de la nanotecnología en la ciencia ficción. Es más, se la considera una obra visionaria, puesto que antecede por un año a la edición en 1986 del libro “Engines of Creation” de Eric Drexler, libro que define la idea de nanomáquina tal y como se le reconoce hoy en día, y que suele marcar el comienzo de la utilización de tal concepto de nanomáquina, como un argumento narrativo recurrente en la ciencia ficción.
            La exhibición de erudición que acaban de leer, está directamente sacada de la wikipedia.
            Lo segundo que llama la atención es lo mucho que se parece el argumento, al menos en un principio, al episodio 15 “Una nueva raza”, de la primera temporada del revival de “Más allá del limite” (En inglés Outer limits 1x15 The new breed) Tras realizar una búsqueda por Internet, para ver si es una adaptación, no parece serlo oficialmente, pero hay miles de post y comentarios del estilo: “Esto es una adaptación de Música en la sangre”. “¿Habrán pagado algo a Greg Bear por esto? Aparentemente no.
            Por último, no se lo van a creer, algunos pasajes, a su vez, me han recordado a la novela inacabada de Mark Twain “3000 años entre los microbios”, de reciente publicación en España a cargo de la biblioteca del laberinto, como si la novela de Bear fuera la versión sería de la de Samuel Clemens. Supongo que estoy hilando demasiado fino, debido al escaso periodo de tiempo que ha mediado entre las dos lecturas, aunque en Estados Unidos los estudiantes de literatura seguro que se saben de memoria la obra de Twain.
            Volvamos a la novela. Como decía es una expansión de un relato. Y se nota. Sin haberlo leído, creo que puedo decir hasta donde llegó exactamente el relato, y cual es la parte nueva, aunque seguro que rehizo el cuento original, porque el tiempo no pasa en balde. Ubicaría el comienzo de la expansión en el instante en que el inquietante cuento de terror que hemos estado leyendo se convierte en una novela de catástrofes. Como en todas las novelas de catástrofes, el protagonismo pasa a repartirse entre varios supervivientes de la misma.
Ahí comienzan los problemas. Vergil Ulam era un personaje no muy agradable pero pasablemente caracterizado. No ocurre lo mismo con los nuevos protagonistas. Tanto la muchacha “algo lenta” como los dos hermanos que se pasean por unos estados unidos transformados por los noocitos, que así dan en llamar a los linfocitos conscientes de la trama, son personajes bastante esquemáticos, especialmente los dos hermanos, cuya presencia es totalmente gratuita. La única función de sus capítulos es servir de separación entre los de Suzy y los del doctor Bernard, único personaje de la novela con algo de profundidad psicológica y humanidad. Aunque reconozco que las descripciones del paisaje alienígena en que se ha convertido Estados Unidos son fascinantes, estos dos hermanos no despiertan la menor empatía, lo que les ocurre no resulta emocionante, ni interesante y, al final, simplemente desaparecen, como si Greg Bear se hubiera olvidado de ello o hubiera perdido el interés en dichos personajes, como de echo le ocurre al lector.
            Bueno, podríamos decir que no es tan grave, a fin de cuentas no ocupan tantas páginas, pero si tenemos en cuenta que es una novela corta, la cosa pinta peor. ¿No será que Greg Bear necesitaba alcanzar un cierto número de páginas para que el libro se publicara como novela?
            Aún así, puede que esté montando un circo con esto de los personajes. No están peor caracterizados que los de cualquier novela de Michael Chricton. Probablemente lo estén más. Es lo que se espera en este tipo de novelas. También lo es el estilo, funcional y con mucha influencia cinematográfica, típico de Bear, pero menos trabajado que en otras ocasiones, quizá por tratarse de una obra más primeriza.
            Hacia el final, el argumento da un vuelco más que inesperado, casi metafísico, que a mi me resulta muy poco creíble. Se que realmente existen estudios sobre la física de la información, pero, aún así, creo que los escritores de ciencia ficción llevan entendiendo algo mal desde los tiempos de Schrödinger, probablemente porque ese error les da mas juego narrativo. La narración explora entonces dilemas éticos y filosóficos, con cantidades aplastantes de sense of wonder, uno de los puntos fuertes de Bear y alcanza un climático final. O finales.
            Es una pequeña joyita, una píldora de alta densidad especulativa, que además resulta muy entretenida. A pesar de ello y de que agradezco su brevedad, los temas tratados son de tan altos vuelos que habrían requerido un mayor desarrollo, echo en falta más profundidad y menos pasear por ciudades desiertas, más realismo y menos experiencias oníricas tipo Matrix o la escena final de 2001 y, sobre todo una estructura narrativa y unos personajes más sólidos.
            Para acabar, un comentario triste. Una parte destacable de la acción transcurre en  pleno World Trace Center. Es habitual que la ciencia ficción quede desfasada. Ojalá no lo hubiera sido de una forma tan salvaje y sangrienta.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Ya a la venta "Tanguy y Laverdure"



Si alguno de ustedes pasa asiduamente por este blog, se habrá encontrado a menudo breves avisos de las publicaciones de los tomos de Buck Danny. Pues, bien, olvídenlos porque ahora ha llegado Michel Tanguy. Si son de esos infelices que desconocen todo de este cómic, les diré que las diferencias entre ambos cómics son nacionales, técnicas y cualitativas. Buck Danny es americano, Michel Tanguy francés. Buck Danny pilota apaches, Michel Tanguy mirages. Buck Danny vive en portaaviones, Michel Tanguy en bases militares. El amigo torpe, sentimental y payaso que sirve de complemento cómico en las aventuras de Buck Danny es bajito y pelirrojo, mientras que el de Michel Tanguy es delgaducho. Pero lo que las diferencia, por encima de todo, es la calidad. El cómic de Michel Tanguy es todo lo que el de Buck Danny es, sólo que mejor. Charlier era ya un guionista mas experimentado y profesional, y la diferencia en la calidad del dibujo (los primeros números de Michel Tanguy están dibujados por Uderzo) es abismal.

Como curiosidad añadiré que existe una película de Michel Tanguy, en la que, por algún misterio, le pusieron un bigotito a él y a Laverdure les cambiaron los nombres. Se llama “Los caballeros del cielo”. Es muy mala, pero técnica y visualmente es acojonante.

viernes, 12 de diciembre de 2014

“La casa de la colina negra”. de José Antonio Cotrina



            Si “El ciclo de la luna roja  y “La canción secreta del mundo” son obras pensadas para un público juvenil que pueden ser perfectamente disfrutadas por un público adulto, sobre todo la segunda, no ocurre lo mismo con “La casa de la colina negra”. Primera novela del autor orientada hacia este tipo de público, los fans más encallecidos de Cotrina pueden encontrarla descafeinada. Los aspectos lúgubres y siniestros están mucho más comedidos, hay menos dramatismo y la habitual matanza de personajes secundarios brilla por su ausencia.

            En su favor hay que decir que elude el “colegueo” no comete el error de tratar como tonta a su audiencia potencial, y que también evita el sentimentalismo barato, a pesar de que los personajes se prestaban a los autocompasivos “¿porqué nadie me entiende?” y el “¿porqué todo el mundo me odia?” tan habituales en la ficción orientada a adolescentes. El uso del lenguaje es sencillo, sin defectos ni alardes, podríamos etiquetarlo como “transparente”, no habría nada sino supiera que Cotrina puede hacerlo mejor.

            Ubicada en el mismo universo que “La canción secreta del mundo” y “Las fuentes perdidas”, resulta mucho menos fascinante, aunque este plagada de innumerables aciertos, como son el origen de la amenaza a la que se enfrentan los protagonistas y la sorprendente y excelente revelación final sobre la naturaleza de uno de los adversarios. Hay algunas evocaciones interesantes, muchos personajes prometedores, a los que podría sacárseles mucho partido, pero que no se desarrollan, en particular la propia casa que da título a la novela, pero todo ello se sacrifica en nombre de la acción.

            Demasiada acción para mi gusto. Los protagonistas están demasiado ocupados peleando, huyendo de monstruos y esquivando trampas mortales que no tienen tiempo de interactuar o dar mayor sentido a la trama. Parece mentira que precisamente yo esté escribiendo esto. Quizá me esté volviendo demasiado viejo, pero el cinematográfico clímax final, en el que incluso hay una escena tomada directamente de “Indiana Jones y el templo maldito”, se me hizo demasiado largo. Para mi gusto, a Cotrina no acaban de quedarle bien las escenas de combates, que siempre le quedan como un cruce entre las películas de kung-fu y los enfrentamientos entre superhéroes. Aunque probablemente sea esta parte la que disfrute más un público más joven.

            Para eterna desgracia, el final no es tal final. Entendámonos, la trama principal de la novela acaba y acaba muy correctamente, pero hay otra que ha estado gravitando como espada de Damocles sobre las cabezas de los protagonistas y que a ratos se posesionaba de la trama, que no sólo no concluye, sino que se enseñorea de las últimas páginas, configurando un auténtico cliff-hanger que sigue todavía irresuelto, aunque puede que no por mucho tiempo más, creo que Cotrina ya prepara la segunda parte.

            En cualquier caso, consideraciones aparte, tampoco puede decirse que sea una mala novela, siempre que el lector maduro no mantenga muy altas las expectativas. Su lectura proporciona un rato agradable y bastante emocionante.

viernes, 5 de diciembre de 2014

“Luna de locos”. de José Antonio Cotrina


“Luna de locos”  me ha parecido una historia en la que el escenario lo es casi todo. Nabucco, una remota luna convertida en un inmenso desguace de naves espaciales, con sus cielos cubiertos continuamente por tormentas, habitada únicamente por robots y por presidiarios condenados a cadena perpetua, que han obtenido este destino en un sorteo. Un mundo tóxico que matará inevitablemente a sus habitantes, cuya existencia es prolongada mediante tratamientos médicos experimentales, para los que la locura es un destino inevitable. Un ambiente asfixiante, bastante horrible y también (¿porqué no?) fascinante.

            Gran parte de la novelette es la descripción de Nabucco y la descripción de sus tres habitantes, ya ancianos. Aquí empieza el problema y es que los tres personajes resultan totalmente inverosímiles, no porque estén locos, sino por lo llamativo de sus locuras. Uno traza pinturas rupestres sobre la superficie de las naves espaciales abandonadas, otro, obsesionado con las matemáticas, traza modelos de los grandes acontecimientos históricos que luego convierte en música. El último, escribe compulsivamente relatos sobre alter egos de sí mismos que fracasan siempre en los empeños que se proponen.

            Más que locuras son manías. Curiosas, bonitas y (otra vez) fascinantes pero no creíbles. Los personajes quedan desdibujados, se convierten quizá en metáforas, aunque ignoro en metáforas de qué. No hay en ellos profundidad psicológica y es algo que se echa en falta, en una historia protagonizada por locos. Se evidencia, particularmente, en la evolución de Constanza, el loco escritor, el personaje que sirve de narrador durante gran parte de la obra. Para ser exactos, en su falta de evolución. Le seguimos durante su llegada a la luna, sirviendo de medio para conocer el escenario y a los otros personajes y, de pronto, sin ninguna explicación, se vuelve loco y se pone a escribir.

            Esta falta de credibilidad imposibilita la empatía con los pobres diablos y le resta emoción a su lucha y sacrificio, aparte que las razones para que se embarquen en dicho sacrificio resultan forzadas e inverosímiles, a menos que asumamos que están locos y que la locura justifica todos sus actos.

            Las secuencias de batallas no son nada del otro mundo, un buen uso del lenguaje consigue salvarlas, pero no hay ni épica ni emoción en ellas. El final es bonito, conmovedor, redime en parte todo lo narrado hasta entonces, pero, aún así, a pesar de su corta longitud y de cierto gozo estético, no puedo quitarme de encima la sensación de que esta novelita me haya resultado en gran medida una pérdida de tiempo.

jueves, 27 de noviembre de 2014

“Los cuentos de Rocavarancolia”. de José Antonio Cotrina



            No puedo decir que la idea me ilusionara mucho, una recopilación de micro relatos publicados inicialmente vía twitter, pero Cotrina anda convirtiéndose en uno de mis autores favoritos, la ciudad de Rocavarancolia es uno de los entornos mas fascinantes a los que ha viajado mi imaginación estos últimos años y el precio era ajustado (mínimo un euro, recomendado 2, cuando lo adquirí), no sé si decir que barato, porque es un librito muy corto, de apenas cien páginas.

            En cualquier caso, fue una buena adquisición. Cotrina expande el final del ciclo de la Luna Roja, que, cómo por desgracia para los protagonistas me temía, no fue tan feliz para los protagonistas que quedaron con vida como parecía. Así, les veremos enfrentarse a nuevas amenazas, aumentar sus filas con nuevos cosechados, ahora voluntarios y enfrentarse a nuevos desafíos.

            Rocavarancolia sigue siendo un lugar tan fascinante como recordaba, donde lo maravilloso convive con lo horrible y la crueldad con destellos de inesperada ternura. La brevedad de los capítulos hace que algunos parezcan meros bosquejos de personajes, o de lugares, pero es una falsa impresión. Haya ocurrido por accidente, a medida que los micro relatos sembraban gérmenes de nuevas tramas en la mente del autor, o siguiendo un plan meticulosamente concebido, en el fondo, lo que tenemos aquí es una novela. Poco a poco, las personajes y los apuntes de tramas se van hilvanando en la madeja de una historia, que aunque acaba, deja muchos cabos sueltos, que imagino serán aprovechados en próximas entregas.

            La brevedad de la estructura elegida, obliga a despojar el estilo de todo artificio, separar el grano de la paja e ir directo a lo fundamental. Cotrina sale triunfador con nota del desafío, la escritura es brillante. Por supuesto que no es un libro, perfecto, nada en este mundo lo es, aunque a los fans de la Luna Roja les cueste admitirlo. Algunas veces se echaría en falta más páginas, aunque por otra parte sea refrescante liberarse de la elefantiasis de la literatura fantástica moderna. Es difícil explicarlo sin spoilers, pero el modo en que se convence a un adversario de que cambie de actitud se parece demasiado al modo en que se arregla la crisis principal, es como si ejecutaran el mismo truco dos veces seguidas, eliminando la capacidad de sorpresa.

            Y por último el personaje de Héctor. Aunque a mi, personalmente me gustaba mucho al principio, cuando era un muchacho gordito, torpe y gallina, Héctor brillaba al final de la saga, a pesar del escaso papel que terminaba teniendo en el desenlace, por el empeño en que se aferraba a su humanidad. A pesar de sus transformaciones físicas Héctor no se convertía en un monstruo porque elegía no hacerlo. Ahora se ha convertido en algo así como la conciencia del grupo, no estaría mal sino fuera porque apenas participa en las crisis. Ni lucha, ni aporta ideas, ni su presencia tiene relevancia. Lo único que hace es lamentarse por lo poco ético de las acciones que llevan a cabo, aunque no ofrezca alternativas. Si no se enmienda pronto, a los lectores les va a empezar a parecer un llorón insoportable.

viernes, 21 de noviembre de 2014

“¿Quién anda por aquí?”. de Bob Shaw.


Me acabo de dar cuenta de que me he acabado este libro y no sé a que viene el título, y eso que es una traslación literal del original en ingles “Who goes here?”. Es la historia de Warren Peace, un hombre que despierta, podríamos decir que nace, en la oficina de reclutamiento de la Legión del Espacio. Puesto que los reclutas se alistaban en la Legión Extranjera para olvidar, en el lejano futuro ese olvido es literal, mediante borrado de cerebro. Ese borrado, normalmente solo afecta a unos pocos días, o al motivo por el que se alistaron, pero Warren Peace no recuerda nada, es un amnésico total, lo que hace suponer a todo el mundo que ha llevado una monstruosa vida de crimen y depravación.

            Bob Shaw nos regala en esta novelita una pieza de ciencia ficción humorística. La contraportada la compara con Fredric Brown y Robert Sheckley, que debían de ser los ejemplos más representativos en el momento de su publicación, pero, sobre todo en su primera parte, recuerda más al Harry Harrison de “Bill, héroe galáctico”. En ella Bob Shaw reparte unos cuantos derechazos a la tradición militarista e imperialista de su país.

            Warren Peace es un personaje bufo, a pesar del terrible pasado que se le supone, no es más que un inocente desamparado en un universo hostil, al que la mala suerte le persigue, metiéndole en accidentes y situaciones embarazosas una y otra vez. Algunos de los mejores gags no tienen prácticamente nada que ver con lo fantástico, como el incidente con el niño en el cine o el de la cabina telefónica. En algunos casi se podría imaginar a Peter Sellers en el lugar del protagonista, llevando el caos a todas partes, a pesar de sus buenas intenciones.

            Quede para los aficionados al psicoanálisis la cualidad neutra de Peace, que no sólo no muestra ningún interés por el sexo, sino que al final parece abrazar con alegría el abandono de su naturaleza sexual y que, en este lejano futuro, las relaciones homosexuales estén mal vistas socialmente.

            No existe la menor profundidad en ninguno de los personajes, ni falta que hace. Todo está supeditado a la trama, tan trepidante como delirante, cómo es de esperar en este tipo de lecturas. Quede para el recuerdo ese memorable hallazgo del retrete de señoras que esconde una máquina del tiempo, con el que Bob Shaw se adelantó en décadas a “Frecuently ask questions about time travel”. La novela cumple con lo que se propone, un divertimiento ligero que entretiene, lo que no es poco. No llega a las alturas alcanzadas posteriormente por Terry Pratchet o por Douglas Adams en sus mejores momentos, pero es una novela que se recuerda con una sonrisa.


“La rubia de ojos negros”. de Benjamín Black.


La mortalidad es una putada. Si son ustedes personas adultas me comprenden perfectamente. Al ineludible final, a las perdidas inevitables de nuestros seres queridos, los lectores compulsivos tenemos que añadir la de nuestros escritores favoritos. Por eso, los innumerables fans de Philip Marlowe pueden estar de enhorabuena: después de tantos años desde la muerte de Raymond Chandler, llega a las librerías un nuevo caso del desengañado detective, que se diría firmado por la misma mano.

Hace algún tiempo, plasmé aquí la opinión conjunta que me había merecido la lectura de todas las historias de Marlowe. Puede suscribir, palabra a palabra, todo lo que escribí en aquella ocasión, para esta novela. La habilidad de Benjamín Black, también conocido como John Banville, nuestro flamante príncipe de Asturias, para resucitar el estilo de Chandler linda con lo nigromántico. No se queda en lo superficial, la trama, sino que es capaz de recrear la prosa de Chandler, su personalísima voz, no por imitada menos especial. Su música, en suma. Si no apareciera el nombre del autor, bajo el título uno creería encontrarse ante un manuscrito perdido de Chandler que sus herederos han encontrado en una caja polvorienta.

La calidad de “La rubia de ojos negros” resulta inferior a la de “El largo adiós”, algo inevitable. Ligeramente por debajo de “Adiós muñeca” y “La dama del lago” y por encima de “Playback”. Lo único que la distingue de las obras de Chandler es que en estas apenas hay referencias a las anteriores aventuras de Marlowe, y aquí, las referencias a “El largo adiós”, son continuas. Incluso podría decirse que se trata de una secuela de esta, a ubicar cronológicamente entre ella y “Playback”.

Chandler era un gran escritor. Esta novela parece de Chandler, como consecuencia es un muy buen libro. Lo único que echo de menos es algún tipo de toque personal. Me hace preguntarme como deben de ser los libros de creación propia de Benjamín Black. O los de John Banville.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

“Edén”. De Stanislaw Lem




Una nave espacial se estrella en un planeta alienígena. Su tripulación intentará repararla, a la vez que exploran el planeta y tratan de comprenderlo. Hasta aquí bastante típico. Lo primero que llama la atención es que a los personajes no se les conoce por su nombre de pila, sino por el nombre de su especialidad. Así tenemos al coordinador, el físico, el cibernético, el químico, el médico… Esto es un poco más raro, pero Lem también hizo lo mismo en “El invencible”. Sin embargo, es el primer defecto de la novela. Los protagonistas son muy poco carismáticos. Son hombre de ciencia bien entrenados y resueltos, que se consideran a si mismos capaces de afrontar cualquier situación y resolver cualquier enigma. El médico, como no, es el mas humano de todos y el único consciente desde el principio de sus limitaciones, los demás, al contrario, pueden llegar a resultar inhumanos por su dedicación, especialmente el coordinador, el líder, pero tampoco sin exagerar. Esta no es una novela de personajes, si eres uno de esos lectores que, ante todo, requiere de unos personajes carismáticos a los que amar u odiar, búscate otro libro.

El planeta está habitado y su especie preponderante pronto les resultará incomprensible. Era de esperar. Uno ya lleva varias novelas de Lem y se hubiera dado cuenta de que consideraba el diálogo entre especies como imposible, aunque no lo hubiera leído en algún artículo por Internet. Se puede decir que era el autor de la incomunicación extraterrestre. Sin embargo, esta vez no desarrolla su tesis de una manera tan conmovedora como en “Solaris” ni tan exhaustiva como en “Fiasco”. Los protagonistas pasan páginas y páginas paseando por un planeta que  no comprenden, aventurando hipótesis interesantes que el médico se apresura a criticar con el irrebatible argumento de que los prejuicios y preconcepciones humanas no se pueden aplicar a otros mundos. Lem no transmite sensación de impotencia o frustración, si es que eso era lo que pretendía. Todo es demasiado vago y poco interesante. Se trata de una novela anterior a las que he mencionado, y parece como si aún estuviera dándole vueltas a las ideas que posteriormente desarrollaría con mayor éxito.

Junto con las excursiones, los náufragos del espacio pasan mucho tiempo reparando su nave. Estas reparaciones son descritas con gran detalle y abundantes términos técnicos. Soy incapaz de decir si son científicamente plausibles o no, pero carecen de interés. Aún así no son el principal problema, el principal problema son las largas descripciones de los paisajes del planeta Edén y de las obras de sus habitantes. Copan la mitad o tres cuartas partes de la novela, y son bastante aburridas. Si eres de los que consideraban tediosas las detalladas descripciones de H.P. Lovecraft de sus monstruos y ciudades de pesadillas, éste tampoco es tu libro, porque son como diez veces peores.



También son fascinantes, todo hay que decirlo. Transmiten genialmente la impresión de una biología y una inteligencia que nos es del todo ajena. La imaginación de Lem parecía no tener límites y éste si es un libro para los adictos a esa cosa tan difícil de definir que llaman “sense of wonder”. O efecto atiza.

Algunos de los momentos de la obra son inolvidables. El miedo y la confusión cuando los protagonistas se ven envueltos en un tumulto o estampida, la frialdad, casi crueldad con la que se le revela su destino a cierto personaje. Es difícil hablar sin revelar spoilers.


 Al contrario que en otras ocasiones, al final de la novela se llega a una especie de revelación de lo que podría estar pasando, aunque los protagonistas son conscientes de que podrían estar equivocándose, debido a la imposibilidad de desprenderse de su bagaje terrestre. Esta revelación me resulta insuficiente. Aunque es una idea brillante e interesante, se dedica poco espacio a desarrollarla. Lem no consigue hacerla real al lector, no pasa de la teoría a la práctica, se nos dice que explica casi todo, pero no cómo lo explica. En el fondo, lo mismo hubiera dado que, en vez de una nueva ciencia de la información (ahhh lo he soltado), hubiera dicho que todo era obra de un mago, no pone ejemplos de cómo se aplica, no consigue hacernos creer lo imposible, que es lo peor que se puede decir de un escritor de literatura fantástica.

Una nóvela interesante, distinta de lo que estamos acostumbrados a leer en la ciencia ficción anglosajona, pero no por ello de mayor calidad. Sólo apta para los fans irreductibles de su autor.

jueves, 30 de octubre de 2014

“Ocúltame entre las tumbas”. De Tim Powers





“La fuerza de su mirada” es para mí un libro polémico, ignoro si lo será para alguien más. Siempre que he leído por Internet un artículo sobre Tim Powers o una reseña de “La fuerza de su mirada”, en el artículo se decía poco mas o menos que era la obra maestra de Tim Powers y en los comentarios se metía alguien que decía que sería por lo aburrida, o que era la cosa mas pretenciosa o plomífera que había hecho.

A veces pienso que el de los comentarios es siempre la misma persona, su lenguaje y expresiones me resultan familiares, pero nunca me he acordado de su dirección de correo ni su alias.

En cualquier caso, no tomo partido por ninguno de los dos bandos. Mis preferencias siempre irán por “Las puertas de Anubis”, nada demasiado original, por su derroche de creatividad y acción y porque fue la segunda novela de Powers que leí. Tal vez “La fuerza de su mirada” sea lo mas aburrido que he leído de Powers, pero tratándose de Powers, eso significa que es una obra muy emocionante que te atrapa por el cuello y no te permite soltarla hasta que la acabas.

Ya llevo demasiado tiempo hablando de “La fuerza de su mirada” Por lo que yo sé, es la primera secuela que Powers escribe de una obra anterior, al menos publicada en España. “Ocúltame entre las tumbas” parte con el handicap de las secuelas:

Punto primero tiene que deshacer el final de la anterior novela, porque si no, no habría amenaza a la que enfrentarse. De ellos se ocupó en la novela corta “Tiempo de sombrar piedras”. Es algo que de entrada me tira para atrás. Es obvio que no es lo que el escritor tenía en mente en un principio, me tira un poco de la historia, porque se nota que se está recurriendo a un artificio mas o menos rebuscado para continuar lo que se llevó a un fin. Afortunadamente, la calidad de la obra es bastante superior a las secuelas de “Highlander”.

Punto segundo, el enemigo que ya ha sido derrotado, resulta muchos menos aterrador, porque queda claro que no es invencible. Nunca he comprendido como se pueden sacar secuelas y secuelas de “Drácula”, “Pesadilla en Elm Street” o “Viernes 13”, monstruos que han sido derrotados una y otra vez. En el caso del drácula de las películas de la Hammer, nunca entendí como no ponía pies en polvorosa cada vez que oía el nombre de Van Helsing. Es un atributo al talento de Powers que los nefilim resulten más o menos aterradores. Si lo son es por cómo los describe, no por sus actos, porque, seamos sinceros los protagonistas los derrotan una y otra vez a lo largo del libro.

Por último, en “La fuerza de su mirada” las peripecias ficticias iban a caballo de las de la vida real de los más famosos poetas románticos: Byron, Shelley y Keats. A los primeros todavía se les mencionaba en mis tiempos de estudiante en clase de literatura en mis tiempos de estudiante y Gonzalo Suárez los sacó en una película. Aunque sólo sea por su participación en el mito de Frankenstein, forman parte ya del inconsciente colectivo de la humanidad. (Y Keats debe ser bien conocido por los aficionados a la ciencia ficción, por su aportación a la saga de “Hyperion” de Dan Simons) Por el contrario los prerrafaelistas son bastante menos conocidos. Christina Rosetti era para mí sólo una firma al final de algún poema en mis libros de texto. Hasta que se publicó esta novela, pensaba que era del siglo veinte y probablemente la confundía con Cristina Peri Rossi. (Por favor, que nadie me lapide) De Swinburne nunca había oído nada, aunque al parecer entusiasmaba a Lovecraft.

De modo que John Crawford, hijo de Michael Crawford revive el destino de su padre, asediado por los seres que se llevaron la vida de su esposa y sus hijos, une sus fuerzas con Adelaide McKee, una ex prostituta con la que tuvo un encuentro casual, para rescatar de la influencia de “las musas” a la hija de ambos, esté viva o muerta. Pronto recabarán la ayuda de los Rosetti y de Edward Trelawny, personaje histórico a quien conocimos en “Tiempo de sembrar piedras”

Parte del encanto de la obra de Powers es como logra insertar sus ficciones entre acontecimientos reales. En este caso se trata de la vida de los Rosetti. Este encaje obliga a repartir los acontecimientos ficticios en el tiempo, lo que da a la narración un carácter episódico, como si en vez una novela tuviéramos un fixeup de tres libros. Cada cierto número de años, las circunstancias hacen que los protagonistas se vuelvan a juntar y a aliar, para enfrentarse nuevamente al mal. Puede ser algo repetitivo, no lo es durante los libros primero y segundo, pero el tercero resulta más anticlimático, sin embargo Powers consigue retomar el relato hasta un emocionante final.

Los personajes femeninos brillan muy por encima de los masculinos. Son más inteligentes, más nobles y más valientes, y son las que llevan la voz cantante respecto a los planes a trazar, con una notable excepción: Edward Trelawny. Cada vez que el anciano caballero aparece, derrocha carisma y personalidad, y actitudes expeditivas. Trelawny se comporta como un héroe de una película de acción, y me encanta, a él se deben muchos de los mejores momentos del libro.

John Crawford, por el contrario, es el típico héroe de las novelas de Tim Powers. Es un personaje mas bien gris, una persona mediocre y normal atrapada en medio de una vorágine que le supera y que, sin embargo, una vez metido en vereda, se desenvuelve mucho mejor de lo que sería de esperar. Un tipo que indudablemente prefería pasar las noches en su casa, en una cama calentita que adentrándose en el submundo oculto de Londres, pero capaz de los más inesperados actos de valor. Se me metió en el bolsillo cuando en medio de una de estas peligrosas expediciones, no puede pensar más que en la cena que se está perdiendo y se le van los ojos detrás de cada plato que pasa delante de ellos. Además es veterinario y, como uno se conoce a Powers, estuve intrigado toda la novela, esperando el momento en que esta profesión resultaría de utilidad. Cuando lo hace es, para mí, uno de los mejores momentos de la novela. A algunos les parecerá la madre de todos los deux ex machine, o, simplemente, una chaladura, pero a mí me encantó, por lo inesperado y absurdo.

A su vez el libro abunda en la creación de secundarios inolvidables, algunos de los cuales no llegan a aparecer en mas que unas pocas páginas, como el misterioso barrendero que proporciona cambio o Chichuwee, los propios villanos, en usos de la magia creativos y que, de algún modo, no dejan de tener sentido, esos dados que hay que arrojar continuamente, esos fantasmas atrapados en animales, las sesiones de espiritismo, esos alucinatorios y sobrecogedores paisajes mentales de Polidori, que es de lo que mas huella me han dejado, apañándose para hacer una reconstrucción geográficamente muy precisa del Londres de la época, al que a la vez convierte en un reino mágico de leyenda.

En la publicidad se habla mucho del sentido del humor de Powers. Yo no creo haberme reído nunca durante su lectura, aunque aprecie su ironía. “Esencia oscura” por ejemplo, es mucho mas divertida de contar que de leer. Sin embargo en este libro hay algunos fragmentos que parecen sacados de un vodevil y que resultan muy divertidos. En cambio, siempre se le han dado bien las escenas de acción, y sigue brillando en ellas. Junto a momentos sombríos, llenos de atmósfera siniestra, hay ramalazos de actividad, llenos de combates y persecuciones.

Resumiendo, Powers es mucho Powers, y, aunque quizá la presente esté un par de puntos por debajo de sus mejores obras, “Ocúltame entre las tumbas” tiene muchas de sus mejores características. Es un libro muy imaginativo, emocionante y divertido. ¿Se puede pedir más? ¡Powers ha vuelto!

viernes, 17 de octubre de 2014

“Tiempo de sembrar piedras”. De Tim Powers




La publicación de un libro de Tim Powers siempre es una grata noticia, máxime cuando se trata del heraldo de nuevas obras del autor, que andaba un tiempo desaparecido en las estanterías de las librerías. Tim Powers es un autor que da gusto leer, su habilidad narrativa es endiablada, así como su imaginación. En este caso nos encontramos ante una antología de relatos, cosa sin precedentes hasta ahora en la historia de la publicación de Powers en España.

O tal vez si. El volumen se compone de 6 narraciones, cuatro de las cuales ya fueron compiladas en el volumen “El reparador de biblias”, que la editorial Gigamesh regaló con sus compras del día del libro, en algún año. A ello añádase que este libro apenas llega a las doscientas páginas y que cada cual tome las decisiones que le correspondan sobre si adquirido o no.

Ya me he referido alguna vez a mis dificultades para reseñar antologías. Intentaré hacer una excepción, pero me temo que voy a ser muy breve y decir lo menos posible de cada relato.

“Dondequiera que se oculten” una historia interesante. Sus únicas pegas: algunos momentos pueden ser difíciles de visualizar para la mente del lector y la explicación final de todo es un tanto rebuscada. Se parece mas a lo que uno esperaría de Philip K. Dick que de Tim Powers, pero es un buen cuento, que es lo que cuenta.

“Un alma embotellada” triste y pesimista relato sobre fantasmas y viajes en el tiempo, que deja muy malparada la naturaleza humana.

“El camino de bajada” casi una historia de terror, contar algo de ella la estropearía. Algunos detalles demasiado pulp para mi gusto y un desenlace que parece exigir mucho de las buenas intenciones de ciertas criaturas deslucen lo que, por otra parte, no deja de ser un trabajo brillante.

“El reparador de biblias” exposición contra narración. Uno de los puntales de Powers es su habilidad para encontrarle aplicaciones a la magia y la descripción que hace de esa magia, como algo que obedece a leyes propias, tan inmutables a su modo como las de la física. Es un maestro en conseguir hacer creíble lo increíble. En este cuento hay un auténtico catálogo de usos y orígenes de lo sobrenatural, decididamente brillante, pero hay muy poca narración. Aunque consigue apretar decentemente las tuercas sentimentales al lector, en el fondo, la peripecia del protagonista no es más que una excusa para pasearnos por su brillante escaparate de imaginación. Y se nota.

“Salvación y destrucción” el reverso luminoso de “Un alma embotellada”. Las dos narraciones comparten algunas características, las profesiones de sus protagonistas, una historia de amor que transciende el tiempo y los viajes temporales. Sin embargo “Salvación y destrucción” es una de esas historias que hemos visto mil veces en el cine o en televisión, en la que los héroes salvan el mundo de una terrible amenaza saltando continuamente por la línea temporal, el protagonista vive los hechos en una secuencia distinta que el resto del mundo y hasta el último momento no terminan de encajar todas las piezas. Powers resuelve este tour de force tan habitual con un gran sentido del ritmo. Es una historia emocionante, en la que destaca la naturaleza de la amenaza a conjurar, que es puro Powers, y el final, sorprendentemente amargo y lleno de pérdida para sus protagonistas. Las últimas líneas me han parecido de lo más conmovedor que he leído en mucho tiempo. En realidad es una novela corta, y, entre este relato y el siguiente, se llevan la mitad de la extensión de la antología.

“Tiempo de sembrar piedras” si de “Dondequiera que se oculten” dije que casi parecía una historia de Dick, “Tiempo de sembrar piedras” en Tim Powers al ciento por ciento. Todas las características que los aficionados a su obra aman se encuentran aquí. Lo único que la diferencia de alguna de sus novelas publicadas es su corta extensión, mitigada por el hecho de que se la puede considerar una especie de aperitivo a su próxima novela “Ocúltame entre las tumbas”, de próxima reseña en este blog.

Todos los cuentos del volumen son muy entretenidos, confirmando a Tim Powers como un narrador nato (otro mas) para aquellos que no lo supieran. He disfrutado mucho su lectura, máxime debido al tiempo que llevaba alejado de su obra, sin embargo me ha dejado la opinión, totalmente subjetiva de que falta algo. Quizá algún relato realmente excepcional, o simplemente, mas relatos, puesto que cómo ya he dicho es un libro corto, pero en fin, es una opinión totalmente subjetiva.

sábado, 11 de octubre de 2014

"El fin de los sueños" de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina


Desde la Revolución onírica, dormir se ha convertido en un proceso obsoleto. Gracias a un sofisticado proceso que se creó durante la Guerra con fines militares, ya nadie malgasta ocho horas diarias en el descanso. Pero el cerebro sigue necesitando soñar. Por eso, una red onírica elabora sueños artificiales según las necesidades del subconsciente de cada individuo, con el fin de poner a punto la mente en solo pocos minutos. Una joven morena de extraña belleza visita los sueños de dos muchachos muy diferentes. Ismael, hijo de un reconocido artesano onírico de los suburbios; Anna, una privilegiada que vive en las alturas de la ciudad, hija de una alta burócrata del Gobierno. La presencia extraña les suplica que la salven de un monstruo que la retiene en sus garras. Anna e Ismael (sí, ambos) se quedan prendados de la misteriosa chica y harán todo lo posible para averiguar quién es en realidad, al tiempo que en la ciudad empiezan a producirse muertes inesperadas.

He copiado el resumen que pone en amazon y así me ahorro escribirlo yo mismo. Nos encontramos ante una novela escrita a cuatro manos, entre José Antonio Cotrina, viejo conocido de este blog y la recién llegada Gabriella Campbell, cuya obra anterior se ha centrado en la poesía, por lo que leo en la misma insigne fuente de información. Ignoro de qué métodos se habrán valido para llevar a cabo su colaboración, escribir es algo muy personal y supuestamente solitario, sólo soy capaz de comprender la colaboración cuando se reparten las funciones, uno se documenta, otro escribe y el argumento lo definen entre los dos, cosas así. Aquí sin embargo parecen haberse decidido por una variante del método Pohl-Kornbluth (uno escribe mientras el otro duerme), o eso he deducido de una presentación vista por internet. En todo caso, la colaboración ha sido todo un logro en cuanto a integridad de estilo. En ningún momento se aprecia que unos capítulos hayan sido escritos por diferentes personas. Para mi gusto, además, la novela está bien escrita, tal vez algunos momentos demasiados obvios, pero nada que ver con la decepción que sufrí con otras obras dirigidas a un público juvenil, como “El corredor del laberinto”

En fin, vayamos a lo realmente importante: la historia. “El fin de los sueños” parte de una idea muy atractiva, tanto de escenario como de argumento. La idea de una humanidad que ha dejado de dormir, excepto por cincuenta minutos al día es sugerente e inquietante. Personalmente, hecho en falta una mayor descripción del mundo en el que viven los protagonistas. Me hubiera gustado que se explorasen como los nuevos hábitos de descanso cambian el día a día, cosas tan insignificantes o tan profundas como si se sigue manteniendo la jornada laboral de 8 horas, si los horarios comerciales abarcan las 24 del día, si todavía existe el prime-time en los medios de comunicación. Aparte de lo peligroso que resulta que sólo se sueñen sueños artificiales, aprobados por la autoridad, con la de posibilidades de manipulación de la opinión pública y control de la población que eso puede otorgar al gobierno.

Naturalmente esas son mis preferencias, las de un encallecido aficionado a la ciencia ficción obsesionado con la exploración de mundos y las consecuencias del “que pasaría si”. También podría considerarse que dedicar mas tiempo a explorar estas cuestiones habría ralentizado la acción y habría hecho perder ritmo a la narración y hay que reconocer que su sentido del ritmo es excelente. Además habría generado una novela más voluminosa. ¿Tuvo esto que ser tenido en cuenta? ¿Existirían requisitos editoriales sobre la longitud del libro? Lo ignoro. En otras ocasiones a Cotrina no le ha preocupado lo más mínimo escribir amplísimos tochos y, aunque supongo que serán mas caros de editar, parece que se venden mejor. Hay otros pasajes a los que me habría gustado que dedicaran más páginas.

A saber, en la definición de los personajes. Dos en concreto, Cordelia, la madre de Anna y Dominic se desarrollan mediante el método de dedicar prácticamente un capítulo entero a contarnos todo lo que siempre quisimos saber sobre ellos y nunca nos atrevimos a preguntar. Es un método eficaz, no voy a negarlo, pero es el menos sutil de los métodos posibles y subraya lo evidente. ¿Falta de espacio o subestimación de las capacidades mentales del público al que va dirigido? No sabría decirlo. Al menos el comportamiento de los personajes es coherente con lo que se nos ha contado, pecado que muy a menudo cometen otros escritores que utilizan el mismo recurso. Por el contrario, he encontrado muy desdibujados los personajes de Vito y Aaron.

 Puede que se nos haya contado mil veces la historia de un joven o grupo de jóvenes que emprenden una búsqueda guiados por una aparición recurrente en sus sueños, pero aquí se nos cuenta admirablemente bien. La primera mitad de la novela es una maravilla de intriga y emoción, que engancha admirablemente.

Luego, la cosa pierde, aunque se sigue leyendo con interés. Tras un muy logrado clímax de catástrofe, llegan las explicaciones y el contraataque. Al contrario que a la mayoría de la gente, al parecer, a mi me encantan las explicaciones. Las considero incluso necesarias, pero para que funcionen bien, deben ser convincentes, y hay un par de cosas que no revelaré por temor a spoilers, que me parecen un poco cogidas por los pelos. De ser un problema, es un problema menor, ocupan poco espacio y en seguida entramos de lleno en la gran batalla final, y ése si que me parece un problema mas gordo. El caso es que, una persona que haya leído mucho y visto muchas películas y series de televisión, puede predecir exactamente el curso que van a seguir los acontecimiento, aunque no los acontecimientos en sí. Sabe que plan saldrá mal, porque si no la historia se acabaría demasiado pronto, que a continuación vendrá el inevitable sacrificio heroico, que por inevitable resulta mucho menos conmovedor (aparte de por lo poco que conocemos al cordero del sacrificio y su escasa relevancia en la trama hasta ahora), que a continuación los buenos se sacarán un conejo de la chistera espectacular, que dará paso a la gran batalla final y que cuando todo parezca perdido, un duelo final arrancará la victoria de las mismas fauces de la derrota.

Bueno, como digo siempre, tal vez yo ya soy demasiado viejo para estos libros. Supongo que su público potencial no tendrá estos problemas. Las escenas oníricas están llenas de imaginación y sentido de maravilla, aunque eché en falta esa fascinante mezcla de horror y belleza melancólica que parece presidir las obras de Cotrina, pero pedírselo es injusto, porque esta en realidad no es una obra de Cotrina sino de la entidad Cotrina- Campbell, poseedora de su propia personalidad.

En fín con sus aciertos y desaciertos, los primeros más abundantes que los segundos, “El fin de los sueños” tal vez no sea una obra redonda, pero sí una obra interesante y emocionante, que puede ser disfrutada incluso por solterones descreídos de cuarenta años.

miércoles, 1 de octubre de 2014

"Periplo nocturno" de Bob Shaw




“Periplo nocturno” cuenta la historia de una miembro de los servicios secretos de la Tierra, capturado en un planeta lejano, que pierde la vista y la sustituye por un ingenioso aparato que le permite ver a través de los ojos de otros seres vivos, ya sean humanos o animales. A partir de aquí la novela es la historia de su fuga, su “periplo nocturno”. Bob Shaw parte de una idea interesante, que desarrolla bien y que permite imágenes interesantes. Uno no puede evitar plantearse, dado su atractivo visual, como habría quedado una adaptación al cine. Habría mareado un poco, creo.

Estamos ante una novela de aventuras, de muy agradable lectura, cuyo principal objetivo es entretener, y lo cumple con nota por encima de la media. Es eso que tanto me gustaría ser capaz de hacer a mí y que tan difícil de encontrar es hoy en día, un entretenimiento inteligente que no ofende a la inteligencia del lector. Corta, trepidante, con gran sentido del ritmo, tiene pausas cuando tiene que hacerlas y va directa al grano cuando no. Una vez la trama alcanza la velocidad de crucero ya no frena en ningún momento.

Se trata de la primera obra de su autor y se nota. Hay algunos fallos de principiante. Por ejemplo la obsesión con los gadgets. Es una de esas obras  de ciencia ficción en las que cada cinco páginas hay que exhibir algún invento descabellado. Los ojos postizos que sirven de mcguffin son el principal, pero ya en los primeros capítulos nos encontramos con unos zapatos-cohete, pistolas avispa, un eliminador de recuerdos y otros cachivaches que parecen salidos de una película de James Bond. La mayoría son totalmente innecesarios y lastran la “suspensión de incredulidad”, están ahí por que esto es una novela de ciencia ficción y en aquel momento de su carrera Bob Shaw pensaba que tenía que demostrarlo continuamente.

Por lo demás, la ambientación resulta arcaica hasta para su época. Publicada en 1967, salvo por las naves espaciales y alguna otra cosa, todo encajaría fácilmente con la ambientación de película clásica de cine negro americano o uno de los thrillers de Alfred Hitchcock y lo digo para constatarlo, en sí no es ningún defecto De hecho, yo personalmente le encuentro su encanto a este tipo de ambientación, tan habitual en las viejas historias de ciencia ficción.

Lo que si resulta un defecto es la escasa caracterización de los personajes. El malo es muy malo y muy sádico, un villano de opereta. La historia de amor es absolutamente increíble, todo ocurre demasiado rápido, sin que los personajes se conozcan realmente. Me parece imposible que los puntos de vista de la chica pudieran cambiar tan deprisa. En el caso del héroe, Tallon, hay una explicación subconsciente, así que podría resultar más creíble. Es con diferencia el personaje mas logrado de la novela, un científico o ingeniero al que una tragedia personal impelió a vagabundear, hasta acabar recalando en los servicios secretos. Dista mucho de ser un héroe entregado, los objetivos políticos de su patria le son indiferentes y los mira incluso con escepticismo. Básicamente intenta sobrevivir. Estos matices, a pesar de todo, no logran alejarlo demasiado de un súper hombre henleiano o vangotiano.

Lo que si que resulta increíble es la suma facilidad con la que se mueve con su invento, o con un simple sonar, que harían la envidia del mismísimo Matt Murdock.

En fin, con sus pequeños defectos, una atractiva historia de aventuras. A destacar, en lo positivo, el escalofriante interrogatorio con el eliminador de recuerdos de por medio y en lo negativo, el final, con la madre de todos los “deux ex machina” que no por habitual en aquellos tiempos resulta menos rebuscado e improvisado.

sábado, 20 de septiembre de 2014

"La suerte de luciano" de Jack Higgins




Se quejaba no hace mucho Rodolfo Martínez de las trampas de la nostalgia y tenía razón, no he podido evitar darme con ellas. Mi padre poseía una colección de novelas condensadas del Reader’s Digest, práctica esta, la condensación de novelas, que encuentro abominable donde las haya, una mutilación del esfuerzo y la obra del escritor. El caso es que, entre ellas, mis hermanos mayores parecían sentir devoción por “Ha llegado el águila” de Jack Higgins, quizá porque luego emitieron por televisión la adaptación cinematográfica de John Sturges, no lo sé.

En cualquier caso, me pareció una lectura muy emocionante que me dejó buen sabor de boca. Durante mi adolescencia fue normal que en las solapas de los libros que mis hermanos recibían como regalo apareciera el anuncio de “La suerte de Luciano” una novela del mismo autor sobre la supuesta colaboración de gangster Charlie “Lucky” Luciano con los aliados durante la segunda guerra mundial. Me despertó ganas de leerla, pero cuando yo mismo empecé a comprarme libros, no se encontraba disponible. Gracias a Internet he podido encontrarla ¿y qué me he encontrado?

Nada muy interesante. Una historia muy tópica y previsible, poblada de personajes muy tópicos, de los que, en el noventa por ciento de las casos, basta con que te los presenten como para que ya sepas cuando y como van a morir y que consecuencias tendrá su muerte. Esta novela está más cercana a un culebrón que a una novela de espionaje. No hay emoción ni suspense. Sospecho que ni siquiera es muy acertada históricamente, el retrato de Luciano que hace no me cuadra con lo que sé del personaje, aunque no sea ningún experto (me baso en los múltiples extractos de su supuesta autobiografía que jalonan las notas bibliográficas del cómic “Los secretos de la cosa nostra”)

¿Algo bueno? Es corta, ligeramente entretenida, se lee sin dificultad y sin interés. Una lectura que no aporta nada. Jamás lo habría dicho, pero parece que aquellas horrendas condensaciones le hacían un gran favor a la mayoría de las obrar condensadas, eliminaban la paja, centraban todo el interés en el argumento, cuyo ritmo aceleraban y las devolvían a su auténtica ser, novelas pulp para ser colocadas al lado de las obras de Marcial Lafuente Estefanía