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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

“Edén”. De Stanislaw Lem




Una nave espacial se estrella en un planeta alienígena. Su tripulación intentará repararla, a la vez que exploran el planeta y tratan de comprenderlo. Hasta aquí bastante típico. Lo primero que llama la atención es que a los personajes no se les conoce por su nombre de pila, sino por el nombre de su especialidad. Así tenemos al coordinador, el físico, el cibernético, el químico, el médico… Esto es un poco más raro, pero Lem también hizo lo mismo en “El invencible”. Sin embargo, es el primer defecto de la novela. Los protagonistas son muy poco carismáticos. Son hombre de ciencia bien entrenados y resueltos, que se consideran a si mismos capaces de afrontar cualquier situación y resolver cualquier enigma. El médico, como no, es el mas humano de todos y el único consciente desde el principio de sus limitaciones, los demás, al contrario, pueden llegar a resultar inhumanos por su dedicación, especialmente el coordinador, el líder, pero tampoco sin exagerar. Esta no es una novela de personajes, si eres uno de esos lectores que, ante todo, requiere de unos personajes carismáticos a los que amar u odiar, búscate otro libro.

El planeta está habitado y su especie preponderante pronto les resultará incomprensible. Era de esperar. Uno ya lleva varias novelas de Lem y se hubiera dado cuenta de que consideraba el diálogo entre especies como imposible, aunque no lo hubiera leído en algún artículo por Internet. Se puede decir que era el autor de la incomunicación extraterrestre. Sin embargo, esta vez no desarrolla su tesis de una manera tan conmovedora como en “Solaris” ni tan exhaustiva como en “Fiasco”. Los protagonistas pasan páginas y páginas paseando por un planeta que  no comprenden, aventurando hipótesis interesantes que el médico se apresura a criticar con el irrebatible argumento de que los prejuicios y preconcepciones humanas no se pueden aplicar a otros mundos. Lem no transmite sensación de impotencia o frustración, si es que eso era lo que pretendía. Todo es demasiado vago y poco interesante. Se trata de una novela anterior a las que he mencionado, y parece como si aún estuviera dándole vueltas a las ideas que posteriormente desarrollaría con mayor éxito.

Junto con las excursiones, los náufragos del espacio pasan mucho tiempo reparando su nave. Estas reparaciones son descritas con gran detalle y abundantes términos técnicos. Soy incapaz de decir si son científicamente plausibles o no, pero carecen de interés. Aún así no son el principal problema, el principal problema son las largas descripciones de los paisajes del planeta Edén y de las obras de sus habitantes. Copan la mitad o tres cuartas partes de la novela, y son bastante aburridas. Si eres de los que consideraban tediosas las detalladas descripciones de H.P. Lovecraft de sus monstruos y ciudades de pesadillas, éste tampoco es tu libro, porque son como diez veces peores.



También son fascinantes, todo hay que decirlo. Transmiten genialmente la impresión de una biología y una inteligencia que nos es del todo ajena. La imaginación de Lem parecía no tener límites y éste si es un libro para los adictos a esa cosa tan difícil de definir que llaman “sense of wonder”. O efecto atiza.

Algunos de los momentos de la obra son inolvidables. El miedo y la confusión cuando los protagonistas se ven envueltos en un tumulto o estampida, la frialdad, casi crueldad con la que se le revela su destino a cierto personaje. Es difícil hablar sin revelar spoilers.


 Al contrario que en otras ocasiones, al final de la novela se llega a una especie de revelación de lo que podría estar pasando, aunque los protagonistas son conscientes de que podrían estar equivocándose, debido a la imposibilidad de desprenderse de su bagaje terrestre. Esta revelación me resulta insuficiente. Aunque es una idea brillante e interesante, se dedica poco espacio a desarrollarla. Lem no consigue hacerla real al lector, no pasa de la teoría a la práctica, se nos dice que explica casi todo, pero no cómo lo explica. En el fondo, lo mismo hubiera dado que, en vez de una nueva ciencia de la información (ahhh lo he soltado), hubiera dicho que todo era obra de un mago, no pone ejemplos de cómo se aplica, no consigue hacernos creer lo imposible, que es lo peor que se puede decir de un escritor de literatura fantástica.

Una nóvela interesante, distinta de lo que estamos acostumbrados a leer en la ciencia ficción anglosajona, pero no por ello de mayor calidad. Sólo apta para los fans irreductibles de su autor.

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