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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 21 de noviembre de 2014

“La rubia de ojos negros”. de Benjamín Black.


La mortalidad es una putada. Si son ustedes personas adultas me comprenden perfectamente. Al ineludible final, a las perdidas inevitables de nuestros seres queridos, los lectores compulsivos tenemos que añadir la de nuestros escritores favoritos. Por eso, los innumerables fans de Philip Marlowe pueden estar de enhorabuena: después de tantos años desde la muerte de Raymond Chandler, llega a las librerías un nuevo caso del desengañado detective, que se diría firmado por la misma mano.

Hace algún tiempo, plasmé aquí la opinión conjunta que me había merecido la lectura de todas las historias de Marlowe. Puede suscribir, palabra a palabra, todo lo que escribí en aquella ocasión, para esta novela. La habilidad de Benjamín Black, también conocido como John Banville, nuestro flamante príncipe de Asturias, para resucitar el estilo de Chandler linda con lo nigromántico. No se queda en lo superficial, la trama, sino que es capaz de recrear la prosa de Chandler, su personalísima voz, no por imitada menos especial. Su música, en suma. Si no apareciera el nombre del autor, bajo el título uno creería encontrarse ante un manuscrito perdido de Chandler que sus herederos han encontrado en una caja polvorienta.

La calidad de “La rubia de ojos negros” resulta inferior a la de “El largo adiós”, algo inevitable. Ligeramente por debajo de “Adiós muñeca” y “La dama del lago” y por encima de “Playback”. Lo único que la distingue de las obras de Chandler es que en estas apenas hay referencias a las anteriores aventuras de Marlowe, y aquí, las referencias a “El largo adiós”, son continuas. Incluso podría decirse que se trata de una secuela de esta, a ubicar cronológicamente entre ella y “Playback”.

Chandler era un gran escritor. Esta novela parece de Chandler, como consecuencia es un muy buen libro. Lo único que echo de menos es algún tipo de toque personal. Me hace preguntarme como deben de ser los libros de creación propia de Benjamín Black. O los de John Banville.


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