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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

lunes, 30 de diciembre de 2019

“La tierra errante” de Cixin Liu.


Los compromisos navideños han provocado que se me acumule el trabajo. Tengo varios libros que reseñar y todos son de relatos, curiosamente. El primero de ellos es la cita periódica con Cixin Liu. Después de la tremenda decepción que, para mí supuso, “Esfera luminosa”, la lectura de esta antología ha resultado una grata sorpresa, un reencuentro con el sentido de la maravilla y la imaginación con la que me cautivó Cixin Liu en sus anteriores obras.

Hablemos claro: todos sus defectos como escritor siguen presentes. Los relatos se componen, casi exclusivamente, de “infodumps” (como mola saber inglés) . Los traumas o los problemas emocionales de los personajes, cuando los hay, son expuestos con una indiferencia y una naturalidad que lo mismo podría estar relatando una conversación casual sobre el clima, en un ascensor. Todos los personajes hablan igual y hablan igual que el narrador y, para ser sinceros, su destino trae sin cuidado al lector.

En suma, como escritor, Cixin Liu acumula todos los defectos que los ignorantes atribuyen a la literatura de ciencia ficción.

A cambio, el lector se ve expuesto a unas ideas y conceptos asombrosos. No siempre son originales, he leído otros relatos sobre seres humanos microscópicos y el virus “maldición” fue reutilizado por el propio Liu en el segundo volumen de su famosa trilogía. Tampoco siempre están bien pensados, a veces es fácil encontrar agujeros en sus planteamientos.

Por ejemplo, en el primer relato “La tierra errante”, el que da nombre a la antología. La humanidad tiene que recurrir a la estrategia del caracol para huir de un futuro cambio en la actividad solar, justificándose en que ningún ecosistema artificial es lo suficiente grande para auto sostenerse indefinidamente. Muy bien. Y para ello exponen a nuestro planeta a unas condiciones que lo volverán inhabitable y destruirán todos sus ecosistemas. Brillante.

A menudo, también, resulta bastante ingenuo, casi tontorrón, como en la mencionada historia sobre los hombres microscópicos y en un desconcertante intento de humorismo.

Sin embargo, cuando Cixin Liu acierta, acierta de lleno. Hay momentos en este libro en los que dan ganas de interrumpir la lectura para ponerse a aplaudir. La propia odisea de la “Tierra errante”, la crónica de una civilización subterránea, tan improbable como fascinante, de la colonización del espacio por obreros no especializados, incluyendo un ¡Ay!, ya imposible homenaje a Stephen Hawking, las consecuencias del capitalismo llevado al extremo y del aumento de la longevidad… por cierto, esos dos últimos relatos que he mencionado están interrelacionados y, por algún motivo, la edición de nova los incluye en el orden incorrecto.

En suma, como escritor, Cixin Liu acumula todas las virtudes que amamos los aficionados a la literatura de ciencia ficción.

La lectura, aunque pueda parecerlo, no es nada complaciente con el lector. En estos relatos, raramente sus insulsos personajes encontrarán un final feliz o agradable. Con su habitual indiferencia, Cixin Liu plantea tesis de un pesimismo acojonante. No es el primero que lo trata, pero jamás he visto asumida con tal fatalismo el destino final de toda vida inteligente, como consecuencia del agotamiento de los recursos naturales.

La antología me ha resultado una mezcla de lo mejor y lo peor que puede encontrarse en la ciencia ficción, tan irregular como apasionante.

Aunque en lo literario es mucho peor escritor, sospecho que puedo acabar estableciendo una relación de amor odio con la obra de Cixin Liu que ridiculice la que ya tengo con la de Stanilaw Lem.

sábado, 14 de diciembre de 2019

“juegos de Capricornio” de Robert Silverberg



Si hay algo que admiro de Robert Silverberg es su habilidad narrativa. Silverberg siempre consigue que las páginas pasen con suma facilidad, sin importar lo que esté narrando. No importa de que se trate, como si dedica cuatro páginas a contar como el protagonista se hace el nudo de la corbata, sus páginas desfilan ante mis ojos con una facilidad pasmosa.

Eso era lo que pensaba, hasta ahora.

Por primera vez, un libro de Robert Silverberg se me ha atravesado y he estado a punto de abandonar su lectura durante casi la mitad. Se compone de siete relatos:

“Juegos de Capricornio” cuenta como una joven hipersexualizada acude a una fiesta, con la esperanza de conocer a un inmortal que comparta con ella el secreto de la vida eterna. Aún no sé que pretendía exactamente Silverberg con esta historia, pero lo que ha conseguido es aburrirme de mala manera.

“El salón de la fama de la Ciencia ficción” consiste en una serie de reflexiones sobre porque al protagonista le apasiona la ciencia ficción, intercalada con falsos fragmentos de historias de ciencia ficción que tal vez homenajeen a los orígenes pulp del género o tal vez no. Las reflexiones son retorcidas y pedantes y los homenajes no tienen interés, ni siquiera como parodia. Con lo que me apasiona la ciencia ficción, jamás pensé que hablar sobre ella pudiera ser tan aburrido.

“La señorita Found en una máquina del tiempo abandonada” va de … esto … pues ... no sé muy bien de que va. Una colección de planes de ciencia ficción o de villano de James Bond, para arreglar el mundo. Bien mirado, se parece mucho a “El salón de la fama de la Ciencia ficción” y no sólo figura en la misma antología, sino que lo hace justo a continuación. Llamarlo “relato” es un elogio que no se merece.

“Nave-hermana, estrella-hermana” Cuando parecía perdida toda esperanza, llega este RELATO sobre una nave espacial embarcada en un viaje de exploración, cuyo único enlace con la tierra es una telépata ciega que sólo se puede comunicar con su hermana gemela. Tal vez el final sea de un buen rollo un poco pueril, pero es un buen relato. Eso si, durante su lectura me salté todos los fragmentos que se refieren al juego del go. Acabé el libro gracias a él.

“Un mar de rostros” Un psicólogo se introduce en la mente de su paciente, dando lugar a todo tipo de secuencias oníricas absurdas. Deben de tener su público, a juzgar por lo mucho que aparecen en la literatura fantástica. Pierde su gracia en cuanto se entiende lo que está pasando. No es tan malo como la gente dice, pero muy bueno no es.

“El Dybbuk de Mazel Tov IV” Historia sobre una colonia judía en un planeta extraterrestre. La colonia está formada por una mayoría de judíos modernos y un pequeño grupo de ultra-ortodoxos. La historia nos cuenta la perplejidad y frustración de los primeros, cuando deben tratar con un fenómeno paranormal incomprensible, que si se ajusta a las creencias de los segundos. Aunque no se te cae la mandíbula por las carcajadas, su ironía es bastante disfrutable.

“Un pequeño burócrata” Mas bien una novela corta. Transcurre en un mundo superpoblado que se ha convertido en una gran ciudad que se extiende por toda la tierra firme disponible, dividido en innumerables distritos. Un sabotaje estropea la tecnología de la que depende uno de estos distritos, condenándolo a la catástrofe y un burócrata debe abandonarlo en busca de una solución. El mundo que describe es inquietante, porque se basa en tendencias presentes en el mundo actual, y está bien descrito. El pasaje en el que se describe como pasan la noche los sin techo es magistral. Sin embargo falla en lo principal: el argumento. La búsqueda del burócrata es un mcguffin demasiado evidente que se derrumba en su resolución.

O sea, que de 7 relatos sólo salvaría 3 y uno no por completo. Buscando por internet he visto que las reseñas de este libro no suelen ser muy positivas. Alguien se refirió a él como “Lo peor de Robert Silverberg”. Está considerado un compendio de los relatos que Silverberg escribió cuando se estaba quedando sin ideas y no sabía que hacer con su carrera. Sin ser tan tajante, puesto que tiene un puñado de relatos buenos, en lineas generales tengo que unirme a la opinión mayoritaria.

lunes, 9 de diciembre de 2019

“Espadas rojas de Castilla” de Eugenio Fraile



Los últimos meses ha sido publicada una avalancha de libros sobre la figura del Cid Campeador. La cima de este iceberg lo constituye la novela de Arturo Pérez Reverte. Ignoro si se debe a la serie de televisión que prepara Amazon o si es que se acaba de cumplir algún aniversario, del nacimiento de Rodrigo Díaz de Vivar, de su muerte o de la primera edición impresa del cantar del Mio Cid. Si hay por ahí algún historiador, me encantaría que me lo aclarara.

El caso es que, de entre el aluvión de novedades, me ha llamado la atención esta, porque la publica “La biblioteca del laberinto” y por incorporar elementos fantásticos a la figura, del Cid, algo que ya hizo Ricard Ibáñez en “Mio Sidi”, con gran acierto a la hora de anclar los elementos sobrenaturales al folclore y la historia española y fracasando en todo lo demás.

“Espadas rojas de Castilla” es un conjunto de relatos ambientados durante la ocupación musulmana de la península ibérica. En uno de ellos “Espadas en la frontera”, ni siquiera aparece la figura de Rodrigo Díaz. Su lectura me ha recordado la “Wolfgang Stark, el último templario” de Alexis Brito Delgado, por dos motivos. 

Uno, ninguno de los dos libros fue pensado originalmente para su recopilación. Los relatos de “Espadas rojas de Castilla” se publicaron originalmente en varios fanzines. Como consecuencia, en todos ellos se nos describe al protagonista, prácticamente con las mismas palabras. Es un problema que no es culpa de nadie, en concreto, no es culpa del autor ni del editor, pero acabé un poco harto de leer lo de su larga espada en su vaina de cuero repujado y algunas descripciones si que se podían haber obviado. Eugenio Fraile tiene tendencia a evidenciar los cambios de escena con la imagen de Rodrigo cabalgando o caminando por un nuevo escenario, ocasión que aprovechar para amenizar el relato con la enésima descripción de su aspecto, todas virtualmente idénticas. En particular, me resulto irritante en el relato “Los hijos de la media luna”. Admito que puedo ser demasiado quisquilloso.

El otro punto en que me recordó al libro de Brito Delgado, fue en la admiración y el homenaje por la obra de Robert E. Howard, aunque en este caso me parece que el verdadero homenajeado es más bien a Roy Thomas. Los argumentos de los relatos parecen guiones de cómics de Conan el bárbaro, ambientadas en la época de la reconquista. No puedo jurarlo, porque ya no dispongo de ese cómic, pero “Espadas en la frontera” me ha parecido casi una traslación de “Mas allá del rio negro”, pero sin el compañero inexperto. Hasta termina en una taberna.

Vaya por delante mi admiración hacia el trabajo de Robert E. Howard y de Roy Thomas. Me parece muy bien que los escritores modernos les recuerden y les tengan presentes, pero no veo el sentido en volver a contar las mismas historias, sin darlas ningún toque personal, porque un cambio de escenario no me parece suficiente. Los argumentos resultan tópicos y predecibles para un lector de cómics experimentado y los personajes muy esquemáticos.

Por desgracia, esta devoción hacia Thomas también se trasluce en lo estilístico, en una sobreadjetivación que empobrece la expresión, en vez de enriquecerla, por la pobre originalidad de los adjetivos y las expresiones utilizadas.

Por otro lado, la superioridad de las capacidades bélicas del futuro Cid Campeador con respecto a las de sus adversarios es tan abrumadora que los combates apenas tienen emoción, ni siquiera cuando se enfrenta a seres sobrenaturales.

Aún así, Eugenio Fraile sale vencedor en lo fundamental, allá donde Ricard Ibáñez fracasó estrepitosamente, porque, a pesar de sus innegables defectos, “Espadas rojas de Castilla” es un libro entretenido.

Un aprobado bajo.

lunes, 2 de diciembre de 2019

“La investigación” de Stanislaw Lem



Mi interés por la obra de Lem quedó en barbecho después del supremo aburrimiento que me supuso la lectura de “La voz del amo”. Aburrimiento y sensación de pérdida de tiempo. Sin embargo, el tiempo paso, los fuegos del odio se apagan y, en virtud del disfrute que me supusieron otras obras suyas, he decidido darle una oportunidad a “La investigación”, una obra en principio muy atípica en la obra de Lem, puesto que se trata de una novela policíaca. Mas o menos.

“La investigación” narra las pesquisas de Gregory, un joven e inexperto oficial de Scotland Yard de un fenómeno extrañísimo: los muertos parecen estar levantándose de sus tumbas, durante breves periodos de tiempo. Suceso tan desconcertante que la policía se ve obligada a considerarlo una superchería y se empecina en la búsqueda de un responsable, a pesar de que un colaborador matemático no tarda en encontrar un patrón estadístico en el que encajan todos los sucesos, tan complicado de desentrañar, que forzosamente tiene que responder a un fenómeno natural.

Como en toda obra de arte, en “La investigación” hay cosas que funcionan y cosas que no. Entre las cosas que no funcionan las hay literarias y las hay científicas. Empecemos por estas últimas:

Me disculpo por adelantado si el mal que los años están haciendo a mi capacidad de atención hizo que no entendiera bien algo del primer capítulo. Este narra una reunión en la que se presentan los detalles del caso y se resumen someramente los movimientos de cadáveres o las desapariciones de cuerpos ocurridos hasta entonces.

Pues bien, se mencionan, como mucho, cuatro o cinco casos. Mis conocimientos de estadística son muy básicos, pero me bastan para saber que con una muestra tan reducida es imposible hacer un análisis estadístico en condiciones, o, al menos uno que tenga un fiabilidad aceptable. Por otro lado, las supuestas correlaciones que el el matemático establece entre los sucesos y otros factores como el clima son absurdas, proviniendo de un matemático, que sabrá perfectamente que la correlación entre dos variables no implica, por si misma, ninguna relación de causalidad.

No soy ningún experto en el tema, simplemente es que he leído esto y esto:
Esas suposiciones serían perdonables en el ingenuo protagonista, pero no en una supuesta eminencia como el que las plantea. Son dos errores más gordos de lo que parece, porque dinamitan la propia tesis que plantea la obra. A lo largo de ella, desesperado, Gregory acabará soltando máximas como “Nuestros destinos son moldeados por la estadística”, “¡Sólo existe la estadística!”. No puede hacerse una novela sobre la estadística, dándole la espalda a la estadística. Lo peor de todo es que estos errores podrían haberse subsanado, documentándose un poquito y trabajándose más el argumento. No habría sido necesario más que multiplicar en varios órdenes de magnitud los casos ocurridos, aunque eso complicara otros aspectos de la novela.
En lo literario, Lem también exige demasiado de mi credulidad, cuando narra el día a día del protagonista, que consiste en gandulear hasta que se produzca un nuevo suceso. De verdad que me resulta muy difícil de creer que un oficial de policía no tenga ninguna otra cosa que hacer, mientras espera que se produzcan novedades.

Cuando estas se producen, la minuciosidad con la que se describe y analiza el lugar de una aparente resurrección, llega a hacerse tediosa. A pesar del aburrimiento, debo corregirme, porque esto no lo considero un error, era necesario dar tantos detalles y ser tan endemoniadamente preciso, para transmitir con eficacia el sinsentido de la aplicación de los métodos policiales tradicionales y, por extensión, el método científico, cuando se enfrentan a lo insólito o lo inexplicable. Por más que los agentes de policía sigan huellas, hagan mediciones, examinen cadáveres y hablen con testigos, la única conclusión a la que pueden llegar es aquella que no están dispuestos a aceptar.

“La investigación” se adentra pues en las obsesiones habituales de Stanislaw Lem, la incapacidad de la ciencia de llegar a desentrañar los entresijos del universo y las reacciones de las personas cuando se enfrentan a problemas sin solución.

El protagonista es demasiado pardillo, aunque joven, ya ostenta un cierto cargo en la policía y debería suponérsele algo de experiencia. En cambio, su comportamiento linda con lo infantil y su bisoñez no cuadra con lo elevado del lenguaje con el que expresa su negativa a aceptar la realidad de las resurrecciones. Problema éste que se extiende al resto de los personaje. Cuando se trata de expresar sus pareceres sobre cuestiones filosóficas o trascendentales, todos sufren ataques de elocuencia, que transforman los diálogos en monólogos, que siempre parecen declamados por la misma voz, hable el personaje que hable.

Eso si que me parece un error, y bastante frecuente en la obra de Lem, pero, siendo justos, hay que reconocerle que son unos pedazo de monólogos, impactantes y muy bien escritos, aunque algunos de ellos sobren, por no estar relacionados con la trama (me estoy refiriendo a las divagaciones de Sciss sobre los ordenadores durante la guerra fría)

Por lo demás, el resto de los personajes están muy bien caracterizados, más por sus palabra y sus actos que por lo que se dice de ellos, especialmente el matemático, Sciss, Sheppard, el superior de Gregory y sus pintorescos caseros, que dan lugar a un par de momentos tronchantes, a pesar de su amargo desenlace.

Al contrario que en alguna crítica que he leído, el final del libro me ha parecido muy bueno. Sinceramente, no creo que en la vida real la policía hubiera reaccionado de otro modo. También me ha parecido genial la ambientación. El escenario de “La investigación” es fundamentalmente Londres, pero, más que en la Inglaterra real, la novela transcurre en esa Inglaterra imaginaria de las novelas policíacas, perpetuamente cubierta por un manto de niebla, en la que las horas de oscuridad son mayores que las de luz. La pensión en la que reside Gregory, parece un palacio surgido de una novela gótica, los callejones están iluminados por lámparas de gas y aparentan esconder mil secretos. Es un gran escenario, brillantemente descrito, aunque Lem dedique demasiado tiempo a dar cuenta de él.

Creo que esa sería la mayor pega de la obra. Siendo una novela corta, le sobran muchas páginas. Lem se detiene a relatarnos muchos detalles irrelevantes, muchos deambular que no conducen a ningún sitio, muchos puntos de vista sobre asuntos que no tienen que ver con la trama. Es otro problema bastante común en su obra.

A pesar de ello, la novela funciona muy bien, consigue transmitir la impotencia y desesperación que pretende transmitir y ha logrado reavivar mi interés por la literatura de Stanislaw Lem.