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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 29 de junio de 2018

“Una luz extraña” de Nancy Kress


Por fin encontré tiempo para terminar este post.
 
Sin haberlo leído hasta ahora, este es un libro cuya presencia me ha acompañado gran parte de mi vida. Siendo adolescente, leí la sinopsis en la publicidad de alguno de los libros de mi hermano, no recuerdo cual y me fascinó. Recuerdo haberla releído una y otra vez, intrigado, intentando comprenderla por completo, pues parecía dibujar un universo de gran complejidad, en el que convivían conflictos galácticos, colonias perdidas y experimentos sociales. Por aquel entonces, no tenía dinero propio y no compraba libros. Cuando llegó mi época de comprador compulsivo, no conseguía encontrar la novela. Finalmente lo hice. Culminado este objetivo, perseguido durante tantos años, hice lo que se suele hacer con todas las metas, una vez se logran, es decir, olvidarlas. Hasta ahora.

El argumento es más simple de lo que me parecía de adolescente.

Los Ged son una raza alienígena que está en guerra con los humanos. Los Ged son incapaces de comprender a los humanos y predecir su comportamiento. Les resulta imposible comprender que una especie de alta diversidad genética y que practica la violencia contra su propia especie haya progresado lo suficiente como para alcanzar las estrellas. Así que realizan un experimento en el planeta Qom, habitado por humanos que han perdido el recuerdo de su historia y su ciencia y viven en una sociedad con un nivel tecnológico preindustrial.

Los Ged invitan a los humanos a vivir durante un año en un hábitat seguro y aislado del mundo exterior, prometiéndoles riquezas y armas. Durante ese año los Ged enseñarán su ciencia a quienes quieran aprenderla. Los humanos seleccionados pertenecen a dos comunidades enfrentadas, delysianos y jelitas, comerciantes y guerreros. Las dos comunidades se odian mutuamente, han estado en guerra antes y sin duda volverán a estarlo.

Superficialmente, parece el argumento de un capítulo de alguna de las múltiples series de Star Trek. Ha habido cientos de episodios en que los protagonistas son raptados por extraterrestres todopoderosos que los someten a experimentos que pretenden dilucidar la naturaleza de la humanidad. Normalmente, esos capítulos terminaban con la rebelión y triunfo de los humanos, o con los extraterrestres retirándose, maravillados, después de comprobar lo maravillosos que somos los humanos y lo admirable de los valores de los que somos portadores eternos.

No es el caso. Para empezar, los humanos participan en el experimento voluntariamente y, al menos inicialmente, los Ged son bastante superiores a ellos moralmente. Los Ged son una raza básicamente pacífica, cohesionada por la solidaridad, mientras que los humanos son un puñado de bárbaros de mentes cerradas. En vez de demostrar lo estupendos que somos los humanos, en “Una luz extraña” la humanidad expone su cara más fea, mostrándose llena de prejuicios, rencorosa, violenta y dura de mollera.

Pero este enfoque no es el correcto para interpretar la novela. Como ya dije los humanos voluntariamente apresados por los Ged pertenecen a dos comunidades enfrentadas. Por eso decía que el argumento era mas sencillo de lo que parecía. Lo que en realidad está contando “Una luz extraña” es la difícil relación entre dos grupos de gente que se odian, que se ven forzados a convivir. No hay nada risible en ello, es una situación tensa y terrible. Es sólo que ya me han contado historias parecidas innumerables veces, ya sea en libros como en el cine o la televisión. Las tensas reuniones entre los líderes, los compromisos odiados por ambas partes, la necesidad de entregar a tu propia gente para que sean juzgados por el enemigo (y en este caso “juzgar” quiere decir ser asesinados en el acto, Nancy Kress no se anda precisamente con medias tintas… todas estas situaciones me resultan excesivamente familiares, la repetición me las ha hecho cansinas y consumen la mayor parte de la novela, dejando aparte lo que me resulta más interesante, la historia del aprendizaje y adopción del método científico por parte de individuos de una sociedad pre tecnológica. La evolución de los personajes protagonistas, dos de ellos principalmente, que demuestran su capacidad para evolucionar y consiguen enfrentarse a sus prejuicios es interesante, pero me ha parecido que avanza a saltos, en vez de ir cambiando paulatinamente, se modifica bruscamente en los momentos indicados. Es digital, no analógica.

Por lo demás, quizá no las he entendido bien, pero las reflexiones sobre la naturaleza de la humanidad que tanto destaca la publicidad me han parecido rebuscadas y superficiales y, por el contrario, dedica muy poco tiempo a una subtrama que he encontrado de lo mas sugerente: la “quijotización de Sancho”, el modo en que el contacto con los humanos altera la conducta de algunos Ged.

Miquel Barceló dedica encendidos elogios a las virtudes literarias de la obra y se lamenta de lo mucho que se va a perder en la traducción. Bien, tal vez sea culpa de la traducción, pero no me han parecido tan extraordinarias, aunque existan y a veces embrujen. Nancy Kress demuestra una gran habilidad para transmitir, la confusión, la preocupación y el tormento que los conflictos de lealtades provocan a sus personajes. Por desgracia, eso hace que parezcan unos agobiados, que cargan permanentemente con el mundo sobre sus espaldas, sin tomarse un sólo minuto de respiro. Todos y cada uno de los personajes parecen al borde de un ataque de nervios en todos y cada uno de los capítulos y todos están siempre dándoles vueltas a los mismos temas, el modo, por ejemplo, en que los guerreros piensan en el honor, ronda la obsesión.
 
El personaje a mi juicio más importante, es una sopladora de vidrio y …
 
Aquí venían unas reflexiones que incorporé en mi anterior post, para hacer esta entrada un poco más ligera y también, reconozcámoslo, para publicar dos post en lugar de uno y animar un poco esta bitácora en esta temporada de sequía.
 
Y sí, esas reflexiones rondaban por mi cabeza, cuando escribí eso de la evolución de personajes digital.

A la hora de dar una valoración final, diré que la novela me ha parecido buena, pero no excepcional. Un poco confusa, a veces. Las relaciones entre humanos y Ged me han parecido fascinantes y tiene algunas ideas interesantes. Encontré su tramo final terriblemente emocionante y me enganchó mucho más que el de otras obras, supuestamente más comerciales, que he leído últimamente. Nancy Kress es una escritora lo suficientemente buena como para que merezca la pena explorar su obra un poco más, pero no lo suficiente como para que tenga prisa en hacerlo.

Mi mayor queja es que no está a la altura de los sueños que mi mente adolescente le dedicara.

 

sábado, 23 de junio de 2018

A vueltas con los personajes




Empiezo a percibir la luz al final del túnel. Acabé con el curso de angular y con el de HTML5 y CSS3 y el de Java "de básico a avanzado" está resultando demasiado básico. Dentro de poco podré retomar este blog con la prioridad habitual, coincidiendo con el verano, ese momento en que nadie lo lee, porque todos sabemos que estas cosas se hacen en el trabajo...

En fin, a ratos cortos tengo casi terminada la reseña de "Una luz extraña", pero al ver que me volvía a enrollar como una persiana, he decidido extraer de ella unos párrafos, que contienen unas reflexiones de carácter más general, aunque eso me obligará a eliminar un chascarrillo.

Verán, en esta novela, el personaje a mi juicio más importante, es una sopladora de vidrio y todos los símiles y metáforas que Nancy Kress utiliza cuando asume su punto de vista, hacen referencia al trabajo con el vidrio. Siempre lo compara todo con hornos, con el comportamiento de los aprendices, los elementos que componen el vidrio, sus colores, los matices de su color…

Este modo de definir a los personajes no es particularmente original y no sé si considerarlo un logro o un defecto. Por un lado, es un esfuerzo considerable por meterse en la cabeza de otra persona, por otro lado, no deja de ser un burda simplificación. Si leyera un libro en el que un personaje fuera un analista programador (que digo, ¡Un analista orgánico junior!) y para describir sus pensamientos el narrador lo comparara todo con vistas, clases de control y clases de acceso a datos, disparos de eventos, controles de versiones y capas de persistencia, me sentiría ofendido por el retrato tan superficial y estereotipado que se estuviera haciendo de una persona que, por encima de su profesión, es un ser humano corriente y moliente.

El problema es que la literatura EXIGE estas simplificaciones. Los seres humanos somos demasiado complicados como para representar esa complejidad con palabras, lo que fuerza obligatoriamente a simplificarlos. En este sentido, se parece a la ciencia, un modelo matemático tiene por fuerza que ser una representación simplificada de la realidad. Si no, carecería de utilidad, manejarlo sería igual de complicado que tratar con la propia realidad.
 
Así que supongo que habrá que conformarse con estas simplificaciones estereotipadas, tal vez hasta imitarlas.
 
Pero como le dijeron a un Indiana Jones adolescente "No tiene porque gustarte"

 

viernes, 15 de junio de 2018

"Parentesco" de Octavia E. Butler

Si no fuera por los cursos, estaría escribiendo la reseña de esta novela.
Reconozco que empiezo a estar harto de ellos.

miércoles, 6 de junio de 2018

"Una luz extraña" de Nancy Kress


Si no fuera por los cursos, estaría escribiendo la reseña de esta novela.

sábado, 2 de junio de 2018

Con los cursos hemos topado

Mi empresa me ha matriculado en una serie de cursos online que terminan todos en las mismas fechas. El número de horas de alguno de ellos es muy exagerado, así que mi tiempo de ocio ha sido absorbido por el Angular, el HTML5 y el Java avanzado, restándome apenas algunas horas para emborracharme con los amigos y ver películas de Star Wars.

Como consecuencia, creo que, en las próximas semanas, la actividad en este blog va a descender sensiblemente.