A vueltas con los personajes




Empiezo a percibir la luz al final del túnel. Acabé con el curso de angular y con el de HTML5 y CSS3 y el de Java "de básico a avanzado" está resultando demasiado básico. Dentro de poco podré retomar este blog con la prioridad habitual, coincidiendo con el verano, ese momento en que nadie lo lee, porque todos sabemos que estas cosas se hacen en el trabajo...

En fin, a ratos cortos tengo casi terminada la reseña de "Una luz extraña", pero al ver que me volvía a enrollar como una persiana, he decidido extraer de ella unos párrafos, que contienen unas reflexiones de carácter más general, aunque eso me obligará a eliminar un chascarrillo.

Verán, en esta novela, el personaje a mi juicio más importante, es una sopladora de vidrio y todos los símiles y metáforas que Nancy Kress utiliza cuando asume su punto de vista, hacen referencia al trabajo con el vidrio. Siempre lo compara todo con hornos, con el comportamiento de los aprendices, los elementos que componen el vidrio, sus colores, los matices de su color…

Este modo de definir a los personajes no es particularmente original y no sé si considerarlo un logro o un defecto. Por un lado, es un esfuerzo considerable por meterse en la cabeza de otra persona, por otro lado, no deja de ser un burda simplificación. Si leyera un libro en el que un personaje fuera un analista programador (que digo, ¡Un analista orgánico junior!) y para describir sus pensamientos el narrador lo comparara todo con vistas, clases de control y clases de acceso a datos, disparos de eventos, controles de versiones y capas de persistencia, me sentiría ofendido por el retrato tan superficial y estereotipado que se estuviera haciendo de una persona que, por encima de su profesión, es un ser humano corriente y moliente.

El problema es que la literatura EXIGE estas simplificaciones. Los seres humanos somos demasiado complicados como para representar esa complejidad con palabras, lo que fuerza obligatoriamente a simplificarlos. En este sentido, se parece a la ciencia, un modelo matemático tiene por fuerza que ser una representación simplificada de la realidad. Si no, carecería de utilidad, manejarlo sería igual de complicado que tratar con la propia realidad.
 
Así que supongo que habrá que conformarse con estas simplificaciones estereotipadas, tal vez hasta imitarlas.
 
Pero como le dijeron a un Indiana Jones adolescente "No tiene porque gustarte"

 

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