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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

jueves, 24 de marzo de 2016

“La sombra sobre Marte” de Leigh Brackett




“Los libros de Barsoom” nos ofrecen una nueva entrega de los intensos relatos de Leigh Brackett, con la que, mas o menos, cierran su ciclo de relatos marcianos. Se compone de los siguientes relatos:

“El velo de Astellar” una de las mejores historias de su autora. Se dice pronto. La historia de un traidor a su especie, un humano convertido en inmortal por unos alienígenas y de las circunstancias que le llevan a volverse contra sus nuevos amos. Sorprende por muchas cosas, lejos de parecer unos monstruos, los extraterrestres aparecen como criaturas bellas e incluso amables, la autora se permite un momento de compasión ante su final. Aunque pueda parecerlo, no es una historia de redención. Su protagonista pagará un alto precio por su rebelión y tendrá mucho que lamentar. La amargura de sus últimas líneas es impresionante.

Creo. Porque lo mas sorprendente de “El velo de Astellar” son sus últimos párrafos, que no tienen absolutamente nada que ver con el resto de la historia. La primera vez que la leí, la encontré por Internet y pensé que había mezclado diferentes ficheros, pero no, parece que de verdad es así.
“El enigma de Marte” Aquí Brackett parece que intenta escribir una de esos relato-problema que tan habituales eran en la ciencia ficción. Por desgracia, sus conocimientos de química, de los que se burla el traductor en las notas a pie de página, no están a la altura. Queda una historia de un alfeñique que encuentra la dignidad y el valor, gracias en gran parte a un amor no correspondido. Psicología de manual expresada de modo muy poco sutil, mediante inverosímiles parlamentos, pero Brackett se las arregla para darle un final emocionante que compensa sus debilidades.
“El pirata del agua” En mi opinión, el peor relato del libro. Una historia de aventuras bastante tópica, incluyendo al clásico villano que expone todos sus planes al héroe de la historia, antes de matarlo, aunque en este caso no sea tan villano. La resolución es un poco traída por los pelos, una vez mas la falta de conocimientos científicos d Brackett se interpone y parece que el bueno le da la vuelta a la tortilla…..porque tiene que hacerlo, el modo no se entiende muy bien, aunque estuviera planificado. Es entretenida.
“Marte menos Bisha” Terrible historia, no por su falta de calidad, sino por todo lo contrario. Una niña marciana es entregada a un médico terrestre, en la esperanza de que pueda curarla, pues las tradiciones marcianas dictan su muerte. La niña es una especie de vampiro psíquico, pero no absorbe ni intencionada ni conscientemente la energía de las personas que tiene a su alrededor. Además es encantadora y el médico protagonista no tarda en sentir afecto por ella. Habría que ser muy incompetente como para echar a perder esta idea y Brackett no lo era. Imposible no simpatizar con el doctor mientras sus cada vez más desesperados intentos de salvar a la niña le arrastran a la locura , ni compadecerle, incluso cuando cae en la brutalidad. Una historia impactante, en la que se dan cita lo mejor y lo peor del ser humano, escrita con elegancia, sin caer en sentimentalismos fáciles.
“La sacerdotisa escarlata de la luna roja” Una típica historia pulp de sacrificios humanos. Sorprende, una vez más, la elegancia de la autora, que nos burla la descripción del monstruo, en el punto exacto en que Lovecraft habría dedicado varias páginas a describirlo. Notable la sátira con la que ridiculiza a la psiquiatría en la última página. Por lo demás, aunque narrada con cierto gancho, no deja de ser una colección de tópicos.


“La némesis de Terra” La sombra sobre Marte del título. Narración que da título al libro. Esta vez no es un relato sino una novela. Para ser exactos, una señora novela de aventuras, con todo lo bueno que eso significa. Desde la primera escena, una impactante lectura de la buenaventura que termina con sangre, las peripecias se suceden una tras otra, a un ritmo endemoniado. Muchos de los fragmentos resultan inolvidables, la huida por los rincones abandonados de una mina, perseguidos por sabuesos antropoides, las experiencias alucinatorias que el protagonista Rick tiene en un pozo de sacrificios inundado de humo de drogas y como logra salir de él, el descenso al interior de las ciudades del polo… Hay que leerlos para disfrutarlos.

Otros por contra resultan algo más flojos. A fin de cuentas, se nos está contando la rebelión de los colonos terrestres y los aborígenes marcianos contra la compañía que les oprime. La batalla cuando llega, no es gran cosa, carece de épica. Las peripecias se suceden a menudo de modo inverosímil. Las estrategias con las que Rick se enfrenta a sus enemigos a menudo son un poco absurdas. También resulta complicado creer que uno salte de un helicóptero en marcha, en medio de una tormenta y vaya a poner sus pies justo al lado de una ciudad. No es de recibo la facilidad con la que los marcianos entregan su lealtad a Rick, sin que éste haya hecho nada por ganarla, por mucho que sobre el pese una profecía y porte un símbolo de la realeza. Ni lo fácilmente que luego la pierde.

En esta novela Brackett juega con un amplío reparto de personajes, la mayoría de los cuales tienen una participación pequeña en el cuadro final. Les dota de una pincelada de carisma, de alguna característica que les distinga, a veces física (piel blanca como crema batida) cuya repetición siempre está en un tris de volverse tediosa, pero nunca tiene intención de componer personajes complejos ni creíbles. Especialmente sangrantes resultan las escenas de amor, no tanto porque ronden siempre la cursilería, que lo hace, sino por la facilidad con la que caen en las garras de cupido los personajes masculinos, incluso el más malvado de todos, que, como mandan los cánones de la época, retiene en su poder a la chica de la historia durante interminables días, sin plantearse nunca atentar contra su virtud. Por último, el auténtico tema de la novela, la evolución de Rick, que le lleva desde ser un anti héroe valiente, pero básicamente egoísta, hasta la decisión abandonar sus sueños de gloria por el bien del planeta que le ha dado la espalda, tras liberarlo, es demasiado repentina. Después de pensar de un modo durante toda la historia, en el último momento, adopta el curso de acción contrario.

Estos posibles defectos, se notan a posteriori. El hecho es que mientras uno está leyendo, lo único en lo que piensa es en como va a salir Rick del lío en que está metido y cual será su próxima acción.
Con respecto a la edición, algunas pegas. El número de erratas resulta excesivo, así como el de notas a pie de página, pensadas para relacionar entre si los distintos relatos y cohesionar el universo de la autora, pero que no paran de interrumpir la lectura. Por último, hay ocasiones en que se producen cambios de escena sin ningún tipo de separación ni aviso. En un párrafo estamos con un personaje y en el siguiente con otro en otra ciudad, aunque esto último tiene pinta de estar así en el original.
 
Concluyendo, que me estoy enrollando cosa mala. Entretenimiento del bueno, por encima de la media. Leigh Brackett solo buscaba entretener mientras escribía, y lo hacia muy bien. No hay ninguna búsqueda de contenido, ni cargas de profundidad. No hay en este libro profundidad psicológica, ni reflexiones filosóficas, ni intentos de analizar la actualidad del momento, mas allá de una cierta crítica al colonialismo y el imperialismo. La autora no intenta transmitir su visión de la vida, ni de lo divino y lo humano. Ni falta que haga. Historias sencillas, algo toscas a veces, narradas con inusitada elegancia, personajes arquetípicos, impresionantes descripciones de ciudades en ruinas y parajes desérticos y relatos que emocionen y arrastran, a pesar de sus convencionalismos.
Después de ver “El despertar de la fuerza”, en la que Lawrence Kasdan aparece acreditado como guionista, empiezo a plantearme si la contribución de Leigh Brackett al “El imperio contraataca” no sería mayor de lo que nos han hecho creer.

jueves, 17 de marzo de 2016

“Las puertas del infinito” de José Antonio Cotrina y Víctor Conde




La contraportada de este libro, contiene numerosos spoiler resulta bastante equívoca. Durante su mayor parte, efectivamente, consta de dos tramas paralelas. Efectivamente, una de ellas es la de Rebeca, la caza tesoros trans-universal, que, a lomos de su dragón invisible, explora múltiple universos y realidades, en pos de los objetos a cuya caza le ha enviado su amo-maestro el cerrajero. Pero la otra no es la de Riddly, sino la de sir Logan de Noxville, un aperimante, es decir, un estudioso de las puertas que abren pasajes a otros mundos, obsesionado por resolver los acertijos más difíciles y y desafiar los enigmas mas terribles, por el puro placer de hacerlo.

Riddy es importante en la historia, sale mucho mas de lo que parece en un principio, pero, en el fondo, no es uno de los protagonistas principales. Supongo que se debe al esfuerzo de la editorial de disfrazarla como una novela juvenil, protagonizada por una pareja de adolescentes guapos con un romance en ciernes. No lo es, es una novela para adultos, en la que las cosas no son lo que parece, que contiene algunos giros argumentales inesperados (y alguna sorpresa muy esperable, la verdadera identidad de cierto personaje) y muy apocalíptica.

Cotrina y Conde salen airosos de la difícil tarea de escribir una novela a cuatro manos. No se observan diferencias estilísticas, en apariencia, podría haber sido escrita por una sola persona. En ausencia de entrevistas que revelen el proceso de creación de la misma, lo fácil parece asumir que cada autor escribiría una de las tramas y que, cuando confluyen, tratarían de coordinarse. Puestos a hacer una porra, yo apostaría porque la parte que transcurre en un Londres victoriano steampunk sería la escrita por Víctor Conde, más que nada porque en determinado momento Logan afirma que los aperimantes “En épocas remotas fuimos llamados Mystes” y eso parece una confesión.

Si algo caracteriza a esta novela, es la imaginación desatada. Es una auténtica fiesta de la imaginación, en la que todo puede ocurrir, y ocurre, en sus páginas se dan citas desde autómatas encantados que juegan al ajedrez con olores hasta dragones del tamaño de ciudades que orinan tormentas. En segundo lugar, el entretenimiento, es uno de esos libros que se leen con una facilidad asombrosa, en el que nunca paran de pasar cosas, habitualmente malas.

Revelar mucho de la trama sería hacerle un flaco favor a los que la lean, o mejor devoren. Da pie a muchas mas reflexiones de lo que parece, entre sus escaramuzas y persecuciones hay reflexiones meta-literarias sobre los cuentos y sus arquetipos, una visión de la vida lucidamente desesperada: no se puede escapar al destino, todo se acaba, aunque al final deje una puerta abierta a la esperanza, en forma de renovación, aunque esta llegue con fecha de caducidad.

No se asusten, queridos lectores, el párrafo anterior son solo interpretaciones mías, no tiene porque ser necesariamente las que tenían en mente sus autores, ni, por supuesto, el resto de los lectores.

Si tuviera que ponerle algún pero, se le podría achacar algo de falta de profundidad a sus personajes, entre tanta carrera y tránsito inter-dimensional, no queda mucho tiempo para las meditaciones. Los autores recurren a los arquetipos del fantástico, a los que está acostumbrado el lector, lo que, por otro lado, ahorra tiempo y permite agilizar la trama, amén de causar una mayor impresión cuando estos arquetipos se subvierten.

También y esto es algo personal, echo en falta una mayor descripción de Colapso, el mundo de Rebeca. Se nos describe como “un mundo enloquecido en el que confluyen mil realidades distintas” (como la Cynosure del cómic Grimjack) pero solamente es algo que se nos cuenta, no se describe al lector de modo que éste pueda llegar a esa conclusión.

Por último, encuentro que se dedica demasiado tiempo al fallido intento de la flota inglesa de reconquistar Londres. El tiempo que se invierte en presentar a personajes que morirán ese mismo capítulo, me parece desproporcionado. No es un fragmento aburrido, ni siquiera es largo, es solo que, dada su escasa relevancia en la trama, su función es forzar a dos personajes a separarse, su longitud me parece desmedida.

Pegas menores ante una novela adictiva, llena de sense of wonder y de momentos tétricos que, cómo dije antes, es un auténtico festival para la imaginación.











viernes, 4 de marzo de 2016

“Retorno de las estrellas” de Stanislaw Lem




Una nave espacial regresa a la Tierra después de un viaje de diez años subjetivos, que se han traducido en ciento veintisiete para sus habitantes. Se encuentran con un mundo que ha cambiado de un modo increíble, no solo por los avances tecnológicos, sino por que se ha implantado un proceso llamado “betrización” al que se somete a todos los recién nacidos, que hace imposible concebir siquiera la agresividad.

En el primer capítulo, en el que el protagonista Hal Bregg, desciende por primera vez a la superficie del planeta, se encuentra lo mejor y lo peor de Stanislaw Lem. Nos describe, con una imaginación privilegiada, como Hal pasea entre portentos desconcertantes y asombrosos, que no entiende y que se han vuelto cotidianos para el resto de la humanidad. No es que Lem consiga transmitir la sensación de shock cultural que está sufriendo Bregg, es que hace que el lector la experimente en su propia carne. Por desgracia, este desconcierto se prolonga durante páginas y páginas, hasta dejar al lector mas que harto. La historia solo remonta cuando describe el encuentro de Bregg con una muchacha y su conversación posterior.

Esa es la tónica de la novela y casi de la obra de Lem, grandes ideas y muy buenos momentos, a menudo estropeados por exceso de palabrería. Lem parecía no saber cuando parar, era capaz de alcanzar altas cotas de interés y emoción, para luego desperdiciar todo ese trabajo, por mantener la misma situación demasiado tiempo, o alargar demasiado una descripción, o un diálogo. No es que no se de cuenta de que está tensando demasiado un hilo, es que ignora que ya hace un par de horas que se rompió. O si lo sabe, no le importa.

Ejemplos de esto abundan en esta novela, la bastante gratuita visita a un parque de atracciones, la visita a la fábrica… Por cierto, aunque no tiene mucho que ver con el resto de la obra, la escena del reciclado delos robots es lo más escalofriante que he leído en mucho tiempo.

Como muchos autores de ciencia ficción, Lem padecía el hábito de querer abarcar demasiado. Se apresuraba corriendo a exhibir ante nosotros cada nueva idea que se le ocurría, en lugar de centrarse en desarrollar una sola, alternativa que suele llevar a obras de mayor calado y persistencia en el tiempo. Lo que es una pena, porque la “betrización” es una idea total y absolutamente genial: Lem especula que la agresividad y el miedo a la agresión están tan íntimamente enraizados en la psique humana que una persona que careciera de ella y que fuera completamente incapaz de concebir el acto de la agresión, resultaría incompresible para un ser humano actual. Para un “betrizado” la práctica totalidad de la ficción, el arte o las creencias humanas anteriores al proceso de “betrización”, carecen de sentido, al igual que los deportes de competición, las actividades peligrosas, la exploración o el amor romántico. Este mismo desinterés pone en riesgo de desaparición la investigación científica.

Por desgracia, todo esto se nos expone, principalmente, en el resumen que hace Bregg, narrador en primera persona, de un libro que lee sobre la historia de la “betrización”, no por la interacción de Bregg con personas “betrizadas”.

No me entiendan mal, no se trata de que no haya interacción humana, que la hay, pero esta, con una notable excepción, se limita a ancianos que no pudieron sufrir el proceso, por ser peligroso para su edad, o a su amigo Olaf y estos momentos, estas conversaciones, son excelentes. “Retorno de las estrellas” es la novela más emotiva que he leído de su autor, en mi opinión, superior incluso a “Solaris”. Bregg deambula por una Tierra que ya no reconoce como su hogar, convertido en el desarraigado absoluto. Temeroso del ridículo y siempre próximo a la cólera, se ve a si mismo como un hombre de las cavernas, que inspira el terror en los que le conocen, mientras que lidia con la inutilidad de su gesta. Su viaje estelar le ha costado todo lo que conocía, sin realizar, a cambio, ningún descubrimiento espectacular y no despierta asombro ni admiración en una población que ha perdido por completo el interés en los viajes espaciales.

Sin embargo, le ha dejado un montón de recuerdos traumáticos, desgranados en memorables diálogos. Diríase que Hal Bregg, para bien o para mal, no puede escapar a los recuerdos de su viaje. Si no fuera porque resultaría poner una etiqueta demasiado simple y estereotipada, diría que el gran tema de la novela es el “trastorno de estrés postraumático”. La trama emocional gana la partida a la trama sociológica y se apodera de la novela. Esta bien que así sea, porque es excelente. Bregg intenta comprender el mundo que le rodea y comprenderse a si mismo, estudia, se retira al campo, conduce a toda velocidad, práctica deporte, se enamora…

Tal vez esto sea lo más flojo, en mi opinión. El enamoramiento de Bregg es un caso de amor a primera vista, de esos que he dicho y diré mil veces que no me creo y que nunca me creeré. El personaje femenino resulta fundamentalmente incomprensible, ignoro si porque está “betrizada” o por las trasnochadas ideas de Stanislaw Lem sobre el sexo femenino. El caso es que la historia de amor me resulta entre absurda e incomprensible, aunque Lem consiga emocionarme con ella. Se llega a un clímax y la novela continua durante otros dos capítulos.

El penúltimo capítulo, otra rememoración de lo ocurrido en el viaje estelar, sería un relato excelente, pero no aporta nada a una novela que ya ha terminado, pero se resiste a morir. Finalmente tenemos los últimos coletazos, un final bastante lógico e interesante, que desmonta, al ofrecer otro punto de vista, muchas de las ideas que se han tenido como irrefutables hasta ahora y un largo, excesivamente largo, paseo nocturno del protagonista, en el que mis ojos se saltaban las líneas, esperando que termine de una vez. Tal vez otros lectores menos impacientes encuentren en la visión final del amanecer un momento conmovedor que les compense del paseíto. No es mi caso, aunque las líneas finales sean buenas.

Sospecho que admiro mas la estructura que el estilo, el modo en que se elige lo que se cuenta para que produzca un determinado efecto, como se dosifica la información, se elimina lo irrelevante, se mantiene el ritmo de lo narrado… Bajo ese prisma, la literatura de Stanislaw Lem es una pesadilla. Dudo que planificara sus obras, mas bien parece que tenía una ligera idea y luego se enrollaba con lo primero que se le ocurría, ya fueran descripciones, diálogos o anécdotas, hasta que se cansaba y proseguía con la narración. En otro autor, tal modo de proceder me habría parecido una chapuza terrible y habría salpicado este post de comentarios sarcásticos y mal intencionados. Si no lo he hecho, es porque el talento de Lem es innegable, y ese talento logra salvar lo que en manos de un escritor menor habría sido un aburrido catálogo de incoherencias. Casi, pero no completamente. Es por eso que esta es una novela casi, pero no completamente genial.