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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 4 de marzo de 2016

“Retorno de las estrellas” de Stanislaw Lem




Una nave espacial regresa a la Tierra después de un viaje de diez años subjetivos, que se han traducido en ciento veintisiete para sus habitantes. Se encuentran con un mundo que ha cambiado de un modo increíble, no solo por los avances tecnológicos, sino por que se ha implantado un proceso llamado “betrización” al que se somete a todos los recién nacidos, que hace imposible concebir siquiera la agresividad.

En el primer capítulo, en el que el protagonista Hal Bregg, desciende por primera vez a la superficie del planeta, se encuentra lo mejor y lo peor de Stanislaw Lem. Nos describe, con una imaginación privilegiada, como Hal pasea entre portentos desconcertantes y asombrosos, que no entiende y que se han vuelto cotidianos para el resto de la humanidad. No es que Lem consiga transmitir la sensación de shock cultural que está sufriendo Bregg, es que hace que el lector la experimente en su propia carne. Por desgracia, este desconcierto se prolonga durante páginas y páginas, hasta dejar al lector mas que harto. La historia solo remonta cuando describe el encuentro de Bregg con una muchacha y su conversación posterior.

Esa es la tónica de la novela y casi de la obra de Lem, grandes ideas y muy buenos momentos, a menudo estropeados por exceso de palabrería. Lem parecía no saber cuando parar, era capaz de alcanzar altas cotas de interés y emoción, para luego desperdiciar todo ese trabajo, por mantener la misma situación demasiado tiempo, o alargar demasiado una descripción, o un diálogo. No es que no se de cuenta de que está tensando demasiado un hilo, es que ignora que ya hace un par de horas que se rompió. O si lo sabe, no le importa.

Ejemplos de esto abundan en esta novela, la bastante gratuita visita a un parque de atracciones, la visita a la fábrica… Por cierto, aunque no tiene mucho que ver con el resto de la obra, la escena del reciclado delos robots es lo más escalofriante que he leído en mucho tiempo.

Como muchos autores de ciencia ficción, Lem padecía el hábito de querer abarcar demasiado. Se apresuraba corriendo a exhibir ante nosotros cada nueva idea que se le ocurría, en lugar de centrarse en desarrollar una sola, alternativa que suele llevar a obras de mayor calado y persistencia en el tiempo. Lo que es una pena, porque la “betrización” es una idea total y absolutamente genial: Lem especula que la agresividad y el miedo a la agresión están tan íntimamente enraizados en la psique humana que una persona que careciera de ella y que fuera completamente incapaz de concebir el acto de la agresión, resultaría incompresible para un ser humano actual. Para un “betrizado” la práctica totalidad de la ficción, el arte o las creencias humanas anteriores al proceso de “betrización”, carecen de sentido, al igual que los deportes de competición, las actividades peligrosas, la exploración o el amor romántico. Este mismo desinterés pone en riesgo de desaparición la investigación científica.

Por desgracia, todo esto se nos expone, principalmente, en el resumen que hace Bregg, narrador en primera persona, de un libro que lee sobre la historia de la “betrización”, no por la interacción de Bregg con personas “betrizadas”.

No me entiendan mal, no se trata de que no haya interacción humana, que la hay, pero esta, con una notable excepción, se limita a ancianos que no pudieron sufrir el proceso, por ser peligroso para su edad, o a su amigo Olaf y estos momentos, estas conversaciones, son excelentes. “Retorno de las estrellas” es la novela más emotiva que he leído de su autor, en mi opinión, superior incluso a “Solaris”. Bregg deambula por una Tierra que ya no reconoce como su hogar, convertido en el desarraigado absoluto. Temeroso del ridículo y siempre próximo a la cólera, se ve a si mismo como un hombre de las cavernas, que inspira el terror en los que le conocen, mientras que lidia con la inutilidad de su gesta. Su viaje estelar le ha costado todo lo que conocía, sin realizar, a cambio, ningún descubrimiento espectacular y no despierta asombro ni admiración en una población que ha perdido por completo el interés en los viajes espaciales.

Sin embargo, le ha dejado un montón de recuerdos traumáticos, desgranados en memorables diálogos. Diríase que Hal Bregg, para bien o para mal, no puede escapar a los recuerdos de su viaje. Si no fuera porque resultaría poner una etiqueta demasiado simple y estereotipada, diría que el gran tema de la novela es el “trastorno de estrés postraumático”. La trama emocional gana la partida a la trama sociológica y se apodera de la novela. Esta bien que así sea, porque es excelente. Bregg intenta comprender el mundo que le rodea y comprenderse a si mismo, estudia, se retira al campo, conduce a toda velocidad, práctica deporte, se enamora…

Tal vez esto sea lo más flojo, en mi opinión. El enamoramiento de Bregg es un caso de amor a primera vista, de esos que he dicho y diré mil veces que no me creo y que nunca me creeré. El personaje femenino resulta fundamentalmente incomprensible, ignoro si porque está “betrizada” o por las trasnochadas ideas de Stanislaw Lem sobre el sexo femenino. El caso es que la historia de amor me resulta entre absurda e incomprensible, aunque Lem consiga emocionarme con ella. Se llega a un clímax y la novela continua durante otros dos capítulos.

El penúltimo capítulo, otra rememoración de lo ocurrido en el viaje estelar, sería un relato excelente, pero no aporta nada a una novela que ya ha terminado, pero se resiste a morir. Finalmente tenemos los últimos coletazos, un final bastante lógico e interesante, que desmonta, al ofrecer otro punto de vista, muchas de las ideas que se han tenido como irrefutables hasta ahora y un largo, excesivamente largo, paseo nocturno del protagonista, en el que mis ojos se saltaban las líneas, esperando que termine de una vez. Tal vez otros lectores menos impacientes encuentren en la visión final del amanecer un momento conmovedor que les compense del paseíto. No es mi caso, aunque las líneas finales sean buenas.

Sospecho que admiro mas la estructura que el estilo, el modo en que se elige lo que se cuenta para que produzca un determinado efecto, como se dosifica la información, se elimina lo irrelevante, se mantiene el ritmo de lo narrado… Bajo ese prisma, la literatura de Stanislaw Lem es una pesadilla. Dudo que planificara sus obras, mas bien parece que tenía una ligera idea y luego se enrollaba con lo primero que se le ocurría, ya fueran descripciones, diálogos o anécdotas, hasta que se cansaba y proseguía con la narración. En otro autor, tal modo de proceder me habría parecido una chapuza terrible y habría salpicado este post de comentarios sarcásticos y mal intencionados. Si no lo he hecho, es porque el talento de Lem es innegable, y ese talento logra salvar lo que en manos de un escritor menor habría sido un aburrido catálogo de incoherencias. Casi, pero no completamente. Es por eso que esta es una novela casi, pero no completamente genial.



4 comentarios:

  1. Jo. Diario de las estrellas fue mi libro de cabecera durante años, desde que lo leí en el lejano pleistoceno del instituto. En aquella época nada en él me molestaba. Era ese apabullante sentido de la maravilla que encontraba en la inmersión conjunta de Bregg y el lector en un mundo futuro incomprensible, las referencias a ese viaje tremebundo donde todo era tan poco convencional, tan realmente alienígena y desconocido que me ponía los pelos de punta y me provocaba escalofríos. Incluso la misma sociedad betrizada me resultaba fascinante. Releído ya de bastante adulto, me topé con todas esas pegas que tan bien has expuesto y me quedé completamente desilusionado. Incluso me hicieron perder buena parte del disfrute de sus aspectos fascinantes. Por suerte más adelante aún la volví a releer, ya sin expectativa alguna, y sí la encontré más equilibrada, con muchas pegas pero maravillosa. Plenamente disfrutable. Mi yo adolescente se desenfurruñó conmigo.

    Alb

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    1. Se ve que seguiste el camino opuesto que yo con Stanislaw Lem. Yo le conocí en el instituo con "Fabulas de robots" y le cogí una inquina que ha durado muchos años. Solo ahora, que estoy en el camino intermedio entre una persona adulta y un viejo y que estoy leyendo sus novelas, he empezado a disfrutarlo.

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  2. Yo lo descubrí con Diarios de las estrellas (en el comentario anterior me confundí, puse Diario en lugar de Retorno, pero por supuesto hacía referencia a Retorno), o sea las aventuras de Ijon Tichy, que son bastante más ingeniosas y divertidas que las fábulas de robots. De todas formas hay alguna novela suya que aún se me resiste.

    Alb

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    1. Yo, hasta ahora, estoy leyendo las que parecen mas indiscutidas. Hasta los fans mas entusiastas tienen sus novelas de las que reniegan y algunas parecen ser del propio Ijon Tichy, "Regreso a Entia" y "Paz en la Tierra"

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