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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 30 de octubre de 2015

Primer paso inevitable

Copio:

"Tras estudiar la propuesta que nos hiciste llegar respondiendo a nuestra convocatoria te escribimos para comunicarte que, lamentablemente, pensamos que no encaja actualmente en nuestra línea editorial.

Te agradecemos la confianza que has depositado en Ediciones --- y te deseamos mucha suerte en todos tus futuros proyectos.

Saludos"

La verdd es que se han molestado en contestar, que no es poco y su tacto es irreprochable.

viernes, 23 de octubre de 2015

Trilogía "Vikingo" de Tim Severin






Veleidades tecnológicas han estado a punto de conseguir que esta reseña jamás fuera escrita y me han arrebatado el apoyo del corrector ortográfico. Pido por adelantado excusas ante cualquier falta de ortografía que se me escape. La saga "Vikingo" de Tim Severin, se compone de tres volúmenes: "El hijo de Odín", "Hermano de sangre" y "El hombre del rey". En ellos se nos cuenta la vida de Thorgils Leiffson, hijo del legendario Leiff el afortunado. Thorgils es un personaje guiado por una insaciable sed de conocimientos, que le llevan a explorar los más remotos confines de los dominios nórdicos de la época.

Thorgils nace en Islandia, se cria en Groenlandia, participa en los intentos de colonización de Vinland (Canadá al parecer) , vuelve repetidas veces a Islandia, participa en la batalla de Clontarf, es testigo de la muerte de Brian Boru y, tras la derrota, es esclavo en Irlanda. Visita Inglaterra, conoce fugazmene a Canuto el grande y se ve involucrado en alguna de sus guerras, es varego o varengo, como dice el libro, en Bizancio, donde conoce a Harald Hardrada, a cuyo servicio estará, mas o menos, hasta que, ya con sesenta años, presencie su muerte. En resumen, una vida muy ajetreada y llena de experiencias.

Si la novela histórica nace del matrimonio entre la información y la acción, en esta serie es la primera la que se ve privilegiada. Tim Severin se revela más como un divulgador que como un narrador. Los que acudan a esa serie buscando algo similar a las vibrantes andanzas de Uhtred de Benbangurd pueden llevarse un chasco. El ritmo es mucho mas pausado y apenas hay una progresión dramática, se trata de una sucesión de anécdotas, aparentemente interminable, que fuera de que le ocurren a la misma persona, guardan poca relación entre si.

El esquema que siguen es siempre el mismo. Thorgils llega a una nueva región. Conoce a alguien que le instruye en algún tema que resulte de interés al autor, como puede ser el funcionamiento de un Althing, la caza y la cetreria en la edad media, la acuñación de moneda, las tácticas de combate cuerpo a cuerpo, la fabricación de máquinas de guerra y un largo etcétera. Una vez finalizada la pequeña conferencia, ocurre alguna calamidad, pequeña o grande, hay alguna muerte y Thorgils ha de trasladarse a su sitio.

El caso es que Severin se explica bastante bien, con lo que estas charlas se leen con agrado y aunque no es un fino estilista, de hecho su prosa es totalmente funcional, resulta de agradable lectura y no se hace pesado, a lo que contribuyen las infinitas peripecias que le ocurren a su viajero protagonista. Aunque no es un guerrero, Thorgils se envuelto en un montón de batallas, peleas y asesinatos, además de naufragios, negociaciones, misiones de espionaje y fugas. Cierto que estos azares no están narrados con demasiada garra, pero la cantidad compensa la falta de calidad. Por desgracia, algunas de sus experiencias parecen metidas con calzador, en concreto la aparición de Macbeth en el tercer tomo, es como si el autor no pudiera resistirse a montar un cara a cara entre Thorgils y todos los personajes importantes de la época, aunque su aparición resulte puramente anecdótica y no se aporte ninguna información original sobre ellos. Thorgils tampoco es un personaje demasiado atractivo, básicamente es un mero observador, que hace de testigo a los hechos que Tim Severin quiere poner en conocimiento del lector.

Para animar un poco las cosas, hay unos ligeros toques fantásticos. Thorgils posee la "segunda visión" tiene sueños proféticos y ve visiones y fantasmas. Por desgracia, esto significa que un buen montón de sus preceptores le instruyen en la magia y la hechicería y, yo al menos, he encontrado muy poco interesantes sus múltiples experiencias chamánicas.

Estando avisados y salvando esos pequeños peros que acabo de señalar, me han resultado una lectura amena e interesante, que dibuja un extenso fresco, no solo del mundo vikingo, sino de la edad media de la época.

O eso habria dicho hace unos años. Por aquel entonces pensaba, que todo los datos que leía en una novela histórica, tenian por fuerza que ser ciertos. Por desgracia, Carlos Rilova Jericó, en su excelento sitio lanovelaantihistorica.wordpress.com ha acabado con esa ilusión y, como no soy historiador ni domino el tema, no sé si la información recibida es correcta o es un cúmulo de sandeces. Lo que se cuenta sobre las expediciones a Vinland concuerda con lo que ya sabía, así como lo que se cuenta de la batalla de Clontarg concuerda con la exposición que vi en el museo de Dublín durante estas vacaciones de verano, pero no puedo decir mucho más.

Disfrutaba mas de la lectura cuando vivia en la ignorancia.



domingo, 18 de octubre de 2015

“Autoridad” de Jeff Vandermeer



Segunda entrega de la saga “Southern Reach”. Cambiamos de enfoque, salimos de la zona X y nos centramos en John Rodríguez (prefiere que le llamen Control), hijo y nieto de espías y nuevo director de la organización, sustituyendo a la psicóloga que descubrimos que fue el anterior.

Excepto esta última, el resto de miembros de la expedición protagonista de “Aniquilación”, han reaparecido en similar estado que los de la penúltima. Eso permite que Control pueda entrevistarse una y otra vez con la bióloga y tener esos brillantes diálogos tan habituales en algunas series de televisión, cortos, misteriosos y, en los que por encima de todo, no debe decirse absolutamente nada importante ni revelador.

Entre entrevista y entrevista, Control visita las instalaciones de Southern Reach, conoce a los que trabajan allí, se pelea con la ayudante de la psicóloga, hace footing, da de comer a su gato y recuerda a su infancia, a sus padres y a su abuelo.

Eso es todo durante la mayor parte del libro. Sólo en las últimas cincuenta páginas ocurre algo importante. Pueden saltarse todas las anteriores y leerse solo las últimas. Bueno, mejor pueden evitar leer el libro.

“Aniquilación” era un libro corto, sin casi personajes, en el que no pasaba casi nada. “Autoridad” es mas largo, tiene más personajes, y pasa mucho menos. Y lo de los personajes es discutible. Salen bastantes personas, pero la mayoría son meros comparsas y los que tienen algo de autenticidad, son ignorados. Por ejemplo, Cheney un científico brillante que arruinó su carrera al quedar asociado a una agencia gubernamental desprestigiada y en decadencia. Suena real, hay gente así, pero antes de haber acabado de presentarlo, ya está saliendo de la historia. Por el contrario, sale mucho Whitby, cuyo comportamiento es tan excéntrico que no tiene ningún sentido.

De Grace, la ayudante de dirección y los juegos de poder que libran ella y Control, mejor no hablemos, las estrategia a las que ambos recurren no es que sean absurdas o estúpidas, son infantiles. La aparente derrota final de Control es la mayor tontería que he leído en mucho tiempo, se basa en el conocimiento de una mentira, que solo ellos dos conocen que se realizó y que a nadie le importa.

El único personaje que, aparentemente, rezuma algo de vida, es el propio Control, pero eso es discutible. Podríamos decir que es un personaje bien definido, porque se incluyen flashbacks de su infancia, su adolescencia y sus relaciones con su padre, su madre y su abuelo paterno. Y se nos cuentan sus sueños. El caso es que todo ese trasfondo no nos ayuda a comprenderlo mejor. El punto crucial es cuando, acorralado por Grace, recuerda un suceso traumático que marcó su vida. Es una buena escena, funciona, es dramática y tiene emoción, pero lo que descubrimos no parece realmente encajar con la personalidad de Control y nada de lo revelado nos ilumina sobre sus motivaciones. ¿Por qué hace lo que hace? Seamos sinceros, porque a Jeff Vandermeer le da la gana.

Hay un fragmento, cuando Control está leyendo las entrevistas de reclutamiento de la expedición del libro anterior que dice: “el resto de reclutas habían sido imparables, géiseres imposibles de contener: auténticas máquinas parloteantes de lanzar clichés y carcajadas nerviosas. Personas que, en comparación, eran incapaces de morderse la lengua. Cuatro mil seiscientas veintitrés palabras; siete mil ciento cincuenta y cuatro. Y la auténtica campeona: la lingüista, que se había echado atrás en el último momento, con una marca de doce mil setecientas cuarenta y tres palabras que incluían sus respuestas y el relato heroicamente prolongado de un recuerdo de niñez, «tan entretenido como tener que sacar una piedra del riñón por la polla», tal y como alguien había anotado en uno de los márgenes.

Parece que en ese párrafo, el autor esté haciendo autocrítica. Casi todo lo que dice se podría aplicar, punto por punto a esta novela, que, como ya he dicho, incluye muchos recuerdos de niñez de su protagonista. Su mayor mérito, es que consigue que una novela en la que no pasa prácticamente nada, no se haga aburrida, al menos en mi caso, pues he encontrado por Internet muchos comentarios de gente que expresaba pareceres totalmente opuestos. En fin, si “Aniquilación” me decepcionó ligeramente, “Autoridad” confirma y ahonda esa decepción. Vandermeer se va consagrando como un especialista empaquetador, cuyos regalos, debajo de un envoltorio muy bonito, no contienen absolutamente nada.

viernes, 16 de octubre de 2015

“Cristales de fuego” de José Antonio Suárez

El lector que aborde esta novela encontrará un universo complejo, nada menos que cuatro especies alienígenas, más humanos, en el poder y un argumento tan complejo como dicho universo, que incluye una crisis política y militar intergaláctica, conspiraciones dentro de conspiraciones, mucho politiqueo, elucubraciones sobre el origen de la vida, el funcionamientos interno del universo, cantidades ingentes de sátira y unos personajes protagonistas muy alejados de los estereotipos del space-opera.

Todo ello narrado con un ritmo endiablado, que puede llegar incluso a cansar al lector y comprimido en apenas 200 páginas.

Es decir nada con lo que no esté ya familiarizado el lector habitual de José Antonio Suárez.

Las pegas son las habituales, el autor toca muchos palos, una multitud de ellos y la narración apresurada impide desarrollarlos todos adecuadamente. Prima la cantidad sobre la calidad. Por ejemplo, a pesar del esfuerzo que hace por no caer en lugares comunes y ceder el protagonismo a pobres diablos, en vez de a héroes apolíneos, los personajes no dejan de ser meros esbozos. El modo de hablar de todos ellos es prácticamente el mismo y coincide con el del narrador. Las teorías cosmogónicas, apenas se insinúan. Abundan las escenas de acción, hay muchas batallas espaciales, por ejemplo, pero son penosas. Pienso en concreto en una persecución que debería ser trepidante, pero está narrada tan escuetamente que no consigue captar la atención del lector.

El fuerte narrativo del autor es su sentido del ritmo. El lector se ve arrastrado por una catarata interminable de sorpresas y giros imprevistos, que le hacen preguntarse eternamente que será lo que sucederá a continuación, y pasmarse ante la siguiente revelación. Así una y otra vez. Contra todo pronóstico, José Antonio Suárez consigue cerrar correctamente todas las tramas y darle un final satisfactorio al libro.

Como decía, nada nuevo para el lector habitual de la obra del autor. El aspecto más destacable de esta novela es el narrado elegido: un escritor de novelas históricas, que alcanzó el éxito como escritor de franquicia, escribiendo novelas de elfos galácticos. Novelas que odiaba, lo que le hacia tratar con malhumor y borderia a sus fans. Uno de ellos, después de que muriera, se las apañó para transferir su personalidad almacenada electrónicamente al cuerpo de un tapir, reconstruido por ingeniería genética, capaz de hablar y cuyo cerebro es utilizado como refuerzo por el ordenador de la nave de los protagonistas.

Cuesta explicarlo ¿eh? Resumiendo, el narrador es un tapir deslenguado, fumador, bebedor y eternamente hambriento. Este personaje memorable da mucho juego, permitiendo introducir más humor del habitual en las obras de José Antonio Suárez. Pero no demasiado. No puedo dejar de pensar que está un poco desaprovechado y que la mayor parte del tiempo solo es el típico narrador omnisciente, aunque un poco más cínico.

En resumen, una obra típica de José Antonio Suárez, mejor que la media del autor. Diría que es de las mejores que ha escrito, aunque, dada la uniformidad de su obra, tampoco se lleva mucho con las peores.

Creo que ya lo he dicho, pero no sé que voy a escribir la próxima vez que me lea una novela de José Antonio Suárez.


jueves, 8 de octubre de 2015

“Justicia auxiliar” de Ann Leckie



Ann Leckie consiguió hacer realidad en el 2013 el sueño húmedo de todos los aspirantes a escritores de ciencia ficción. Con su primera novela cosechó un gran éxito, ganó los premios Hugo, Nebula, Arthur Clarke y BSFA y entregó un nuevo universo para el disfrute, memorización y escrupuloso análisis de esos fans ávidos de exotismo y secuelos que proliferan por el fandom.

Para aquellos que no se conozcan ya el argumento, que serán pocos, “Justicia auxiliar” transcurre en un escenario galáctico en el que existe un imperio, el Radch, en continua expansión militarista, que no para de anexionarse nuevos sistemas y culturas.

Las naves de guerra del Radch están regidas por inteligencias artificiales con consciencia de sí mismas y emociones. Muchas de estas naves utilizan “auxiliares”. Los auxiliares son seres humanos, habitualmente capturados en campañas militares, cuya personalidad ha sido eliminada, es decir, han sido ASESINADOS y convertidos en periféricos de esas IAS. Los auxiliares, sin embargo, tienen cierto grado de autonomía y personalidad propios, la mente de la nave se compone de la suma de sus partes, incluyendo a los auxiliares.

En sus dos primeros tercios, la novela se compone de dos líneas argumentales paralelas, ambas narradas en primera persona. Una transcurre en el presente. La nave “Justicia de Toren” fue destruida. Lo único que queda de ella es una auxiliar, Esk Una, que busca venganza contra la suprema autoridad del Radcht. La segunda transcurre en el pasado, y nos cuenta los hechos que llevaron a la destrucción de la nave.

En los fragmentos que transcurren en el pasado Leckie se las arregla para transmitir la idea de una mente formada por múltiples yoes, narrando en primera persona sucesos que están ocurriendo a la vez en diferentes lugares. Es un recurso sencillo y elegante, que cumple a la perfección su objetivo, sin resultar lioso.

Otro aspecto curioso, es que en la cultura del Radch el género se considera irrelevante, por lo que la narradora no utiliza pronombres ni calificativos de género, o mejor dicho, sólo utiliza el género femenino, independientemente del sexo de la persona a la que se refieran. Supongo que lo que Leckie quiere decir, es que los hombres y las mujeres somos en el fondo lo mismo. El punto álgido de este discurso llega cuando la protagonista llega a una estación espacial perteneciente al Radch y reflexiona sobre que por fin puede dejar de intentar diferenciar el sexo de las personas con las que trata (al parecer, al ser una IA le cuesta distinguirlo) y sobre como los indicios que lo delatan, los diferentes tipos de peinados, vestuario e incluso anatomía, son culturales y no significan nada.

Ese es un momento particularmente logrado de la novela, pero mi opinión sobre lo de los pronombres, adjetivos y calificativos es ambivalente. Cuando al principio de la trama situada en el pasado, el personaje de la suma sacerdotisa resulta ser un hombre, se produce, o al menos en mi caso se produjo, uno de esos momentos de chasco que tanto le gustan a Miquel Barceló y que me hizo replantearme alguno de mis prejuicios, pero el resto del tiempo me resultó, más que nada un incordio menor. Para visualizar a alguien en mi mente tengo que imaginármelo como hombre o como mujer. O como andrógino, pero ese no es el caso, simplemente no se nos cuenta a que sexo pertenecen. Pasado un tiempo, mi mente empezó a ignorar los pronombres y calificativos de género y a imaginarme a los personajes de acuerdo a los roles preestablecidos en la sociedad actual, por ejemplo a los guardias y policías como hombres, independientemente de lo que dijeran.

Por lo demás, otro de los temas que recorren la novela es el viejo conflicto militar entre la conciencia y la obediencia. Se supone que, en un ejército, el deber sacrosanto de un oficial es respetar la cadena de mando y cumplir las órdenes, pero ¿Qué pasa cuando esas órdenes contradicen la ética? En el fondo el conflicto no existe, lo que una persona moral debe hacer es desobedecer, pero vivir la situación es mucho más complicado que pontificar sobre ella, sobre todo cuando las consecuencias de la desobediencia son un consejo de guerra, o más probablemente, una ejecución sumaria e inmediata. Leckie explora con sensibilidad este conflicto, incluyendo las consecuencias, los remordimientos, el derrumbamiento de la autoestima y las creencias, pero no me parece que lo haga con mucha profundidad y eso se extiende a toda la novela, los temas que trata son explorados con más corrección que ingenio y profundidad.

La novela se lee con facilidad y está convincentemente bien escrita, desde mi punto de vista, que parece que no es compartido por la mayor parte de la población mundial, entretiene, pero no entusiasma. Fuera del tema del género, lo único que me ha parecido original es la naturaleza del villano de la pieza, que no revelaré para no estropear la revelación más interesante de la historia.

Dicho esto, no quiero dar la impresión de estar haciendo una valoración negativa, es una novela agradable y ha sido una lectura amena, pero el éxito que arrastra me parece totalmente desproporcionado. Uno esperaría encontrarse un mundo la exposición de un universo tan complejo y apasionante como “Dune”, una historia tan emocionante como “Marea estelar”, una especulación de altos vuelos como “Ciudad Permutación” o “Visión ciega” o que sé yo, la intensidad emocional que había en los mejores relatos de Theodore Sturgeon y Harlan Ellison. En su lugar se encuentra con una space opera que no está mal, pero que no es la octava maravilla del mundo. ¿Tan flojas fueron las publicaciones de ciencia ficción en el 2013 como para que, como todo parece indicar "Justicia auxiliar" fuera lo mejor del año? ¿Me estaré volviendo un abuelo cebolleta? Recuerdo que hace veinte años, todos los meses se publicaban en España obras de un calibre similar a esta y, cada cierto tiempo, algunas mucho mejores. ¿Será la ciencia ficción la que ha perdido su magia o será mi propia capacidad de asombro la que se está extinguiendo?