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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

domingo, 18 de octubre de 2015

“Autoridad” de Jeff Vandermeer



Segunda entrega de la saga “Southern Reach”. Cambiamos de enfoque, salimos de la zona X y nos centramos en John Rodríguez (prefiere que le llamen Control), hijo y nieto de espías y nuevo director de la organización, sustituyendo a la psicóloga que descubrimos que fue el anterior.

Excepto esta última, el resto de miembros de la expedición protagonista de “Aniquilación”, han reaparecido en similar estado que los de la penúltima. Eso permite que Control pueda entrevistarse una y otra vez con la bióloga y tener esos brillantes diálogos tan habituales en algunas series de televisión, cortos, misteriosos y, en los que por encima de todo, no debe decirse absolutamente nada importante ni revelador.

Entre entrevista y entrevista, Control visita las instalaciones de Southern Reach, conoce a los que trabajan allí, se pelea con la ayudante de la psicóloga, hace footing, da de comer a su gato y recuerda a su infancia, a sus padres y a su abuelo.

Eso es todo durante la mayor parte del libro. Sólo en las últimas cincuenta páginas ocurre algo importante. Pueden saltarse todas las anteriores y leerse solo las últimas. Bueno, mejor pueden evitar leer el libro.

“Aniquilación” era un libro corto, sin casi personajes, en el que no pasaba casi nada. “Autoridad” es mas largo, tiene más personajes, y pasa mucho menos. Y lo de los personajes es discutible. Salen bastantes personas, pero la mayoría son meros comparsas y los que tienen algo de autenticidad, son ignorados. Por ejemplo, Cheney un científico brillante que arruinó su carrera al quedar asociado a una agencia gubernamental desprestigiada y en decadencia. Suena real, hay gente así, pero antes de haber acabado de presentarlo, ya está saliendo de la historia. Por el contrario, sale mucho Whitby, cuyo comportamiento es tan excéntrico que no tiene ningún sentido.

De Grace, la ayudante de dirección y los juegos de poder que libran ella y Control, mejor no hablemos, las estrategia a las que ambos recurren no es que sean absurdas o estúpidas, son infantiles. La aparente derrota final de Control es la mayor tontería que he leído en mucho tiempo, se basa en el conocimiento de una mentira, que solo ellos dos conocen que se realizó y que a nadie le importa.

El único personaje que, aparentemente, rezuma algo de vida, es el propio Control, pero eso es discutible. Podríamos decir que es un personaje bien definido, porque se incluyen flashbacks de su infancia, su adolescencia y sus relaciones con su padre, su madre y su abuelo paterno. Y se nos cuentan sus sueños. El caso es que todo ese trasfondo no nos ayuda a comprenderlo mejor. El punto crucial es cuando, acorralado por Grace, recuerda un suceso traumático que marcó su vida. Es una buena escena, funciona, es dramática y tiene emoción, pero lo que descubrimos no parece realmente encajar con la personalidad de Control y nada de lo revelado nos ilumina sobre sus motivaciones. ¿Por qué hace lo que hace? Seamos sinceros, porque a Jeff Vandermeer le da la gana.

Hay un fragmento, cuando Control está leyendo las entrevistas de reclutamiento de la expedición del libro anterior que dice: “el resto de reclutas habían sido imparables, géiseres imposibles de contener: auténticas máquinas parloteantes de lanzar clichés y carcajadas nerviosas. Personas que, en comparación, eran incapaces de morderse la lengua. Cuatro mil seiscientas veintitrés palabras; siete mil ciento cincuenta y cuatro. Y la auténtica campeona: la lingüista, que se había echado atrás en el último momento, con una marca de doce mil setecientas cuarenta y tres palabras que incluían sus respuestas y el relato heroicamente prolongado de un recuerdo de niñez, «tan entretenido como tener que sacar una piedra del riñón por la polla», tal y como alguien había anotado en uno de los márgenes.

Parece que en ese párrafo, el autor esté haciendo autocrítica. Casi todo lo que dice se podría aplicar, punto por punto a esta novela, que, como ya he dicho, incluye muchos recuerdos de niñez de su protagonista. Su mayor mérito, es que consigue que una novela en la que no pasa prácticamente nada, no se haga aburrida, al menos en mi caso, pues he encontrado por Internet muchos comentarios de gente que expresaba pareceres totalmente opuestos. En fin, si “Aniquilación” me decepcionó ligeramente, “Autoridad” confirma y ahonda esa decepción. Vandermeer se va consagrando como un especialista empaquetador, cuyos regalos, debajo de un envoltorio muy bonito, no contienen absolutamente nada.

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