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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 30 de junio de 2017

Abuelo cebolleta


 


Ayer escribí en mi reseña de "Luz de otros días":

“Luz de otros días” pertenece a ese subgénero de la ciencia ficción para el que todavía no se ha oficializado una etiqueta, que versa sobre las consecuencias y transformaciones que provoca en el mundo un descubrimiento o un invento. 
Al final del post, puse un enlace a mi reseña de la novela de Bob Shaw "Otros días, otros ojos", que escribí hace dos años y medio y que no he vuelto a repasar desde entonces. Por curiosidad, me dio por hacerlo y me encuentro con:

Tan aficionados como somos los amantes de la ciencia ficción a inventar etiquetas, es raro que entre tanto “space opera”, “hard”, “cyberpunk”, “ucronías” y “distopías” (¿Qué fue de la anti-utopías?), todavía no hayamos inventado una para referirnos a ese subgénero que narra todas las consecuencias que tienen sobre nuestro planeta y nuestras sociedades un descubrimiento o una invención, llevando la idea hasta sus últimas consecuencias.

¡Son casi las mismas palabras! ¡Me repito mas que el ajo! ¡Soy un abuelo cebolleta! ¡El alzheimer está a la vuelta de la esquina! ¡NO, AL ASILO NO, NO QUIERO IR!

Por cierto, veo que en aquella ocasión también escribí:

Como curiosidad, terminaré reseñando que Stephen Baxter y el mismísimo Arthur Clarke perpetraron un plagio-homenaje reconocido de esta novela, titulado “Luz de otros días” que tuvieron el buen gusto de dedicarle a Bob Shaw. No lo he leído, pero se dice que es mejor que el original.

Bueno, pues ya la he leído y me temo que me dejé llevar a las habladurías, la influencia es evidente, Clarke y Baxter mismos la reconocían, pero la novela de Bob Shaw se centra mas en la desaparición de la intimidad y en la posibilidad de explorar el pasado reciente, posterior a la invención del “vidrio lento” y Clarke y Baxter en la exploración del pasado, sin cortapisas de ningún tipo, remontándose hasta el origen de la vida.

Y sí, “Luz de otros días” me ha gustado mas.

jueves, 29 de junio de 2017

“Luz de otros días” de Arthur C. Clarke y Stephen Baxter




A la oscura sombra de Gentry Lee, fue fácil pasar por alto esta novela en su día, como un intento más de colarnos la obra de un autor desconocido, bajo el venerable nombre de Arthur C. Clarke. Y sería un grave error, porque lo que diferencia a esta colaboración de Clarke de las que hizo con Gentry Lee o Paul Preuss, es que Stephen Baxter es un gran escritor de ciencia ficción, al que los editores españoles no han sabido hacer justicia, pero eso sería tema para otro post.

No sé hasta que punto fue estrecha la colaboración entre los dos autores. No he notado rupturas en el estilo, que, quieras que no, es bastante funcional. Yo siempre he pensado que la investigación previa a la novela y el bosquejo del argumento, se haría entre los dos y que luego Stephen Baxter escribió el libro. La nota final, tan típica de Clarke, en la que se detalla las fuentes, está escrita en plural, así que por respeto al deseo de los artífices del libro, en este post me referiré siempre a ellos como “los autores”, sin diferenciarlos. (1)

Luz de otros días” pertenece a ese subgénero de la ciencia ficción para el que todavía no se ha oficializado una etiqueta, que versa sobre las consecuencias y transformaciones que provoca en el mundo un descubrimiento o un invento. En este caso, se trata de la apertura de micro agujeros de gusano, que primero vuelven obsoletos los satélites de comunicaciones, luego acaban con la intimidad (2) y finalmente, en un giro sorprendente pero que ocurre a menos de la mitad de la novela, permiten el escrutinio del pasado.

Esta es una de esas novelas que podríamos llamar “literatura especulativa”. Hay especulaciones sociológicas, históricas, astronómicas, biológicas, puede que incluso geológicas. El hilo que tira del lector no son las peripecias que acontecen a los personajes, que las hay, sino las especulaciones sobre a lo que podrían llevar las “gusanocámaras”, sean estas posibles o no. Dicho hilo es una fuente de maravilla y continuado deleite para el intelecto. Ésta si que es una novela que he disfrutado plenamente, aunque no esté seguro de creérmela por completo: para poder espiar a una persona durante todos los momentos de su vida, se necesitarían tantos años como haya vivido esa persona y los autores solo admiten esa objeción en el proyecto que reconstruye la vida de Jesucristo.

Que por cierto, es uno de los grandes momentos de la novela y uno de muchos. La “Luz de otros días”, brilla precisamente en los grandes momentos aislados, que son legión, en sus exploraciones del espacio lejano, del origen de la vida y sobre todo, en su visión de la historia, como un puñado de mentiras que esconden la tragedia consustancial al ser humano. El momento mas brillante de toda la novela, a mi parecer, es una larga panorámica de la historia, contada hacia atrás, en la que los protagonistas se remontan por todo su árbol genealógico hasta llegar a los neandertales.

Los autores transmiten su pasión por estos temas y hasta su uso del lenguaje mejora. Estos pasajes me han parecido muy bien escritos desde un punto de vista litarario. Mucho mejor, en concreto, que los que cuentan las desgracias y aventuras de sus personajes. Dejemos claro que la novela no aburre: no paran de ocurrir cosas y son cosas importantes y cuando las cosas se complican, y hay quien tiene que huir de la ley, la historía se pone moderadamente emocionante, pero el libro nunca llega a transmitir verdadera empatía por sus protagonistas.

Kate Manzoni no deja de ser un personaje un tanto desdibujado. Al principio parece que va a ser algo así como la brújula moral del relato, pero no tarda en quedar relegada a la posición de “la chica” y posteriormente de dama en apuros. Es vergonzoso el modo en que se la quitan de en medio, justo antes del final de la novela y de la segunda, y un poco fatigosa, retrospectiva histórica.

Los verdaderos protagonistas son los Patterson, pero el padre, Hiram, no es mas que un villano iracundo, la crisis de fe de David no resulta conmovedora y Bobby, de lejos el personaje mas interesante de la novela, está muy desperdiciado. Por poner un ejemplo, la revelación ante Kate de su verdadera naturaleza, la primera revelación al menos, debería ser dramática, cataclísmica, pero, si lo es, no se transmite ese efecto al lector, quien comprende mejor a Bobby y quizá murmure en voz baja un “ahora lo entiendo”, pero, ciertamente, no se siente conmovido.

Los autores se guardan unos cuantos ases en la manga, hay algunas sorpresas muy bien colocadas, esqueletos que salen del armario y cosas así, que hacen la lectura amena. Como ya he dicho, no aburre, pero tampoco enamorará a los que vayan buscando acción, tensión emocional, complejidad psicológica o deleites estéticos. Esta es una de esas novelas de ciencia ficción en la que la parte de la ciencia es mas importante que la de la ficción y, dentro de su estilo, está muy lograda, pero no es plato del gusto de todos los paladares.

(1) En la wikipedia se dice que es una novela de Stephen Baxter, basada en una sinopsis de Arthur C. Clarke. En las reseñas que leí por internet de novelas posteriores de Clarke, abundaban los comentarios jocosos sobre como empeoraba el bueno de Arthur, cuando no tenía a Stephen Baxter enmendándole la plana.

 (2) La novela está dedicada a Bob Shaw y comparte título con uno de los relatos incluidos en su novela “Otros días, otros ojos”, en la que también se trata el final de la intimidad, cuya reseña pueden consultar aquí.

jueves, 22 de junio de 2017

“Azul, el poder de un nombre. Samidak” de Begoña pérez Ruiz. ¡No he podido!




Esto no es ni una crítica ni una reseña de la novela “Azul, el poder de un nombre. Samidak”, de Begoña Pérez Ruiz. Para hacer eso debería haberme formado una imagen completa de la obra, lo que habría requerido leerme sus 882 páginas y no he sido capaz de pasar de la 324.

Este libro me llamaba mucho la atención cuando lo veía en las librerías por los siguientes motivos: su portada, la apuesta por la ciencia ficción de aventuras que parecía prometer su sinopsis, que el autor fuera una mujer y española (aunque nacida en Francia), que una editorial hubiera apostado por una primera obra tan voluminosa, que aparentemente estuviera teniendo éxito y que fuera gloriosamente ignorada en las webs de literatura fantástica por las que suelo navegar.

No me decidí a comprarlo, debido a los problemas de espacio que tengo en mi casa. Al final lo encontré en mi biblioteca. Tiemblo de pensar en que podría haberlo comprado y encontrarme semejante mamotreto ocupando el escaso espacio del que dispongo.

Cuando llegué a la página 13, el final de prólogo, supe que había cometido un grave error. En el prólogo se cuenta como la madre de la recién nacida protagonista se deshace de su bebé enviándolo a otro mundo para mantenerlo a salvo de sus enemigos. Los tópicos no son tan malos como la gente cree, pero hay que saber salvarlos, ya sea subvirtiéndolos o haciéndolos propios con algún toque personal. Nada de eso hay en este prólogo. Lo mismo lo podría haber escrito un guionista de Holywood y no, no es un cumplido.

A partir de ahí, las cosas no paran de empeorar. El libro no está mal escrito, pero el estilo de la autora tiene varias cosas que se me atragantan.

Primero, los subrayados. No para de recalcar lo evidente. Si un personaje se lleva una sorpresa, tiene que decirnos que está sorprendido. Si varios se llevan un susto de muerte, tiene que decirnos que están asustados. Eso me hacía saltarme continuamente palabras y hasta frases. Este defecto, por cierto, también es muy característico de Joan Manuel Gisbert, autor al que adoro desde que tenía cinco años, convertido actualmente en uno de mis vicios secretos. Incluso he creído detectar similitudes entre el estilo de los dos autores, pero lo que puedo disculpar en una novela de entre 100 y 200 páginas, de ritmo vertiginoso, no es de recibo en un tocho de 882.

El consejo mas trillado sobre la escritura nunca fue mas indicado: No cuentes, ¡muestra!

A continuación viene el problema de las descripciones. Begoña Pérez Ruiz se obstina en describir absolutamente todo y lo hace en cuanto se menciona. No se trata sólo de que describa con detalle cada prenda de vestir que usan sus personajes, que lo hace, es que lo describe TODO. En el momento en que se menciona a una federación de planetas, nos cuenta su composición y sistema de gobierno. En cuanto traslada la acción a una ciudad, nos cuenta su arquitectura urbana. En cuanto aparecen unos alienígenas, su estructura social. Así con todo.

Hay que reconocer que son descripciones bastante precisas y cortas. El problema no es su longitud, es la cantidad. Y la cantidad de información irrelevante a consumir hasta que empiezan a pasar cosas.

Todo eso lo habría podido perdonar, pero lo que finalmente me hizo abandonar la lectura fue la historia de amor. O mejor dicho, la mala pinta que estaba adquiriendo la historia de amor. Eso de la parejita separada por causas de fuerza mayor que no paran de sufrir porque están separados, me ha provocado ganas de vomitar. Cuando empecé a leer sobre como la protagonista pasaba las noches llorando, mi frustración alcanzó tales cotas que, si el libro hubiera sido mio, podría haberlo arrojado por la ventana. Así que decidí dejar de sufrir y abandoné la lectura.

Esta es mi opinión personal, crudamente sincera. Una vez dicha debería hacer algunas matizaciones. Para empezar, parece evidente que no pertenezco al público para el que este libro ha sido pensado. Diría que tengo entre veinte y treinta años mas que la edad de su público ideal y eso ha podido condicionar mi experiencia. Quizá las quinceañeras y quinceañeros disfruten enormemente de su lectura. Quizá, una vez superadas las cursiladas, haya partes buenas. Recalco que no he leído la novela completa. En goodreads y en otras partes, la gente escribe muy elogiosamente sobre las escenas de acción, por ejemplo. Las pocas que yo leí no fueron nada extraordinario, pero estas cosas se suelen preparar para el gran final.

Tampoco he encontrado nada particularmente interesante en el mundo que Begoña Pérez Ruiz ha creado, aunque es evidente, dado el nivel de detalle, que ha invertido una gran cantidad de tiempo y esfuerzo en su creación. Aplaudo dicho esfuerzo y su creatividad. Le deseo sinceramente que tenga suerte con su obra, que cree un universo de fantasía que haga soñar a una generación de jóvenes lectores, pero no es probable que yo vuelva a acercarme a él. No había abandonado la lectura de una novela desde Mayo del 2015. En aquella ocasión fue “La balsa de piedra” de Saramago. Eso significa que Begoña Pérez Ruiz ha conseguido igualar a un premio nobel.

jueves, 15 de junio de 2017

“La última partida” de Tim Powers


Cada vez que empiezo una novela de Tim Powers, el primer pensamiento que viene a mi mente es: ¿porqué he tardado tanto? Esta vez no ha sido una excepción. Cada libro de Tim Powers es como una puerta abierta a un lugar en el que me siento tan a gusto que no querría abandonarlo nunca. En esta ocasión el autor no se remonta a tiempos históricos mas o menos lejanos, sino que ubica la acción en la época en la que la escribió, los años noventa, centrándola en el mundo de los tahúres profesionales y ubicándola en Las Vegas.

Así, tenemos a Scott Crane, un antiguo jugador profesional que veinte años antes, durante una partida de cartas, cedió su cuerpo a su oponente, la actual encarnación del rey pescador, que ahora intercambia su consciencia entre varios cuerpos y que, para acabar de arreglarlo todo, es su padre biológico. Al cumplirse los veinte años, el rey asumirá su cuerpo, acontecimiento que viene precedido por lúgubre presagios y desgracias, que harán que Crane vuelva a Las Vegas, para enfrentarse a él, en un intento desesperado de salvar su vida y la de su familia adoptiva.

Todas las virtudes de Tim Powers están presentes en la novela. Hay un apretado catálogo de conceptos asombrosos, conexiones descabelladas entre el folclore y la mitología con acontecimientos históricos e incluso con conceptos matemáticos, como el conjunto de Mandelbrot. Todo ello mezclado y agitado en la coctelera de la imaginativa cabeza de Tim Powers para obtener un resultado que sería único, de no ser por que Tim Powers parece repetirlo cada vez que escribe. En concreto, la imaginería que desarrolla alrededor del tarot, los juegos de naipes y los arquetipos de Jung es fascinante, a la par que inquietante. Ya en otras ocasiones las novelas de Powers contienen pasajes siniestros o truculentos, pero puede que esta sea una de las mas oscuras. Aunque no produjo en mi cabeza las mismas sensaciones que las historias de terror, esta va a ser la primera vez que ponga esa etiqueta entre los tags de este post, porque no se me ocurre otro modo de describir una obra que contenga la visita a la capilla peligrosa, la relación de Crane con el ¿fantasma? de su mujer y su descenso a la locura.

Hablando de locura, por primera vez me he dado cuenta de una cosa: las novelas de Powers, sobre todo esta que ahora reseño, se prestan a una doble lectura. Los elementos fantásticos de la trama suelen aparecer en medio de trances o visiones que difuminan las fronteras de la realidad. Si no fuera por los capítulos que transcurren desde el punto de vista de los villanos, podríamos creer que todo está en la cabeza de Crane, que, a fin de cuentas, es un alcohólico que no se encuentra en buen estado mental. Todo se presta a una interpretación solipsista, como la que hacía Rodolfo Martínez de las películas de Star Trek de la nueva generación.

Pero no solo de arriesgados conceptos vive el hombre. Como corresponde a toda novela de Tim Powers el argumento transcurre a un ritmo enloquecido, plagado de peripecias a cual mas trepidante, en el que los desafíos y las pruebas que afrontan sus protagonistas parecen no tener fin.

De hecho, tal vez sean demasiadas. Esta es una novela muy larga y ese es su principal defecto. Tim Powers se revela como un escritor incapaz de poner freno a su propia creatividad. Todo personaje, toda idea, todo trance peligroso que se le ocurra, debe ser incluido, lo que aumenta desproporcionadamente el número de páginas y diluye el interés por la trama principal. La inclusión de personajes con punto de vista propio cuando la historia ya está bastante avanzada y que, en el fondo, no aportan mucho, es uno de los mayores defectos de Powers como escritor y en “La última partida” se nota mas de lo habitual. 

Bernardette Dinh y su hermano se incorporan demasiado tarde al relato, sobre todo cuando Crane y su familia estaban sosteniendo muy bien la historia. Si lo que Powers tenía en mente era narrar la competición entre ellos, Scott, Diana y el Rey, deberían haber aparecido casi desde el comienzo, aunque soy de la opinión de que son personajes que se le ocurrieron a Powers sobre la marcha y que no pudo resistirse a incluir. Son fundamentales en esa especie de duelo a tres bandas que conforma el clímax final, pero lo mismo podría haberse logrado con alguna otra excusa. Tal como queda todo, cuando aparecen provocan un bajón del interés, porque ralentizan el desarrollo de la historia principal y tardan mucho en ser importantes. La novela ganaría con su desaparición.

Algo parecido ocurre con Al Funo, el asesino a sueldo obsesionado con relacionarse con sus víctimas. Es un personaje fascinante y él si que entra en la historia con suavidad. El problema es que, aunque parece que va a ser muy importante, al final no lo es tanto y el número de paginas empleado en seguirlo se me antoja desproporcionado.

Por último, "La última partida" puede resultar demasiado previsible para alguien que haya leído las mejores obras de Tim Powers. Tenemos a un protagonista de mediana edad, que bebe demasiado y que acaba de enviudad. ¡Otra vez! Tenemos el inevitable desencuentro con el protagonista femenino, que hunde al héroe en el abismo de la depresión y que siempre tiene lugar mas o menos hacia la mitad del libro. ¡Otra vez! Desencuentro que suele obedecer mas a las necesidades de la trama que a las psicologías de los personajes y que es sucedido por la reconciliación, poco antes del final.

En esta ocasión, la ruptura tiene un motivo mas comprensible que en otros, no así la reconciliación.

En resumen, me temo que Tim Powers ha adoptado las maneras de los escritores de betsellers, ha desarrollado una fórmula de éxito que repite hasta la extenuación y que vuelve muy parecidas todas sus novelas. Ya no innova, ni intenta hacer cosas diferentes. Se trata de una fórmula muy atractiva, que disfruto enormemente, pero me temo que no la disfrutaría tanto, si tardara menos tiempo en volver a leerlo.

viernes, 2 de junio de 2017

“Furia” de Lawrence O'Donnell (Herny Kuttner y Catherine L. Moore)




Volumen extraño este libro, tanto por su contenido como por su concepción: se trata de una colaboración oficial del matrimonio de escritores formado por Henry Kuttner y Catherine L. Moore

Comienza con un prefacio en el que Damon Knight hace un repaso a la obra de Henry Kuttner, anterior y posterior a su matrimonio. La impresión que produce este prefacio es que Henry Kuttner era un chalado que escribía historias sin sentido, pero bastante mas cuerdo que Damon Knight.

El libro se compone de una novela corta de sesenta y cinco páginas “Enfrentamiento en la noche” y una novela de doscientas once “Furia”. Ambas comparten escenario, un venus oceánico al que la humanidad se ha exiliado, después que que la Tierra fuera destruida por una guerra nuclear.

Enfrentamiento en la noche” viene precedida de una introducción, mucho mas breve y sencilla que la de Damon Knight, escrita por Isaac Asimov. En ella, las disputas entre las colonias submarinas se dirimen mediante enfrentamientos armados entre tropas mercenarias contratadas para la ocasión, que tienen lugar en horas y parajes prefijados. La guerra convertida en competición deportiva, salvo por la sangre y la muerte. El relato se centra en las inquietudes de un compañero libre, uno de estos mercenarios, que se plantea cambiar de vida, consciente de la falta de futuro de su profesión . Es una buena historia, a la que solo se la puede acusar de ser muy predecible: cada personaje lleva escrito en la frente el destino que le espera.

En “Furia” descubrimos que las mutaciones provocadas por la radiación han creado una raza de personas inmortales que han acabado convirtiéndose en la élite gobernante de Venus, por decisión o dejadez de los propios mortales. Cuando su compañera muere al dar a luz, un inmortal con problemas mentales ejercerá una cruel venganza sobre su propio hijo: eliminará quirúrgicamente cualquier parecido familiar y lo abandonará para que se crie ignorante de su herencia.

La novela sigue los pasos de este inmortal, Sam Reed, ignorante de su propia condición. Esa propia ignorancia le llenará inicialmente de la furia que da título a la novela, pues está en su naturaleza interesarse por temas y objetivos que le llevarían mas tiempo del que cree que durará su vida. Permanentemente furioso contra el mundo, no dudará en utilizar cual medio para conseguir el triunfo, mientras se abre paso por el mundo del hampa, la delincuencia, la alta sociedad y la política.

Es esta una novela bastante original. Uno de sus atractivos es que elige como protagonista a un personaje completamente amoral y con tendencia a la violencia. Para acabar de rematarlo, calvo y rechoncho, pero también infatigable y lleno de recursos. Sam Reed es como uno de esos héroes de la ciencia ficción clásica, llenos de recursos, capaces de conseguir cualquier cosa, salvo que carece de su idealismo. Sam Reed utiliza los medios mas viles para conseguir los objetivos mas nobles, por los peores motivos.

Junto con el relato precedente, “Furia” dibuja un mundo asombroso: el entorno decadente de las cúpulas submarinas, la vida espartana de las colonias exteriores, en esa superficie plagada de monstruos, a menudo tan feroces como fascinantes... La ambientación está llena de detalles tan extraños como perturbadores, que abarcan aspectos tan diversos como los vestidos, los muebles y la arquitectura. Tiene también reflexiones muy interesantes sobre la inmortalidad, el destino y la posibilidad de alterarlo. El momento del mayor triunfo de Sam Reed es excelente y sin embargo hay algo que no termina de funcionar.

En parte, no termina de gustarme el mensaje. “Enfrentamiento en la noche” puede verse como una oda a las virtudes castrenses, interpretándolas como un fin en sí mismas y de “Furia” podría desprenderse la idea de que las dictaduras son necesarias para el progreso de la humanidad, siempre y cuando logremos deshacernos a tiempo de los tiranos. En cualquier caso parece dividir a los seres humanos en dos únicas categorías: ovejas y pastores.

No creo que ese sea el problema.

Yo lo veo mas bien como que “Furia” se coloca en una incómoda tierra de nadie, entre la ingenua ciencia ficción de la época pulp y la producción de la era Campbell. Literaria y argumentalmente, es demasiado sofisticada para disfrutarse como lo primero, pero a la vez es demasiado ingenua para lo segundo. Las estrategias de algunos de los personajes son demasiado burdas e improvisadas. Es difícil hablar sin contar detalles importantes de la trama, pero el plan final que ponen en marcha los inmortales para parar a Sam, es lamentable, por improvisado y precipitado, parece algo que la pareja autoral pergueñara a toda prisa, para cerrar la novela. En otro par de momentos hay caídas de ritmo y pérdidas de objetivo en la narración que ensombrecen el resultado final.

No es para nada una mala novela. Tiene muchas ideas atractivas y aspectos positivos. Está bastante bien escrita, mucho mejor de lo habitual en la fecha de su publicación y no aburre en ningún momento. Me ha dejado con curiosidad por profundizar en la obra de sus autores. Pero no enamora. En general, no emociona ni provoca entusiasmo. No es un clásico oculto ni una pequeña joya desconocida al gran publico. Al contrario que en otros caso recientes, no lamento el tiempo que he empleado en su lectura, pero no por ello deja de ser una lectura completamente prescindible.