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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

sábado, 27 de abril de 2019

“El largo viaje a un pequeño planeta iracundo” de Becky Chambers

Esta novela cuenta las vivencias de la tripulación multi especie de una nave espacial. Una fórmula que ha sido explotada con eficacia en innumerables series de televisión, no todas ellas de Star Trek. La originalidad de la novela reside en dos puntos:

En primer lugar, la Peregrina no es una nave de guerra, ni un buque científico, ni el arca que acoge a los supervivientes de una hecatombe, ni el refugio de unos náufragos estelares. Por no ser, ni siquiera es el hogar de una banda de fugitivos, atracadores y contrabandistas. Es simplemente una “tuneladora” que construye los agujeros de gusano que usan otras naves para circular por la galaxia, tripulada por un variopinto grupo de curritos.

En segundo lugar, en el universo la novela, los humanos no somos ni los reyes del de la creación ni una plaga a exterminar por civilizaciones de máquinas avanzadas. Existe una confederación galáctica y la especie humana forma parte de ella, pero es una especie de segunda fila, sin importancia política, militar o científica. En otras palabras, somos irrelevantes.

El atractivo de la novela reside en los personajes y su facilidad para hacerse entrañables. La pega que se le puede poner es que todos ellos son demasiado majos. No me entiendan mal, no hay absolutamente nada aburrido en la bondad y la tolerancia. Pero esa tolerancia y comprensión que se dispensan unos a otros, elimina cualquier posibilidad de conflicto. Los protagonistas me caen bien, me gustaría irme de copas con ellos o incluso de vacaciones, pero me cuesta mucho encontrar un motivo para seguir leyendo ellos y sobre lo que les pasa. Sobre todo porque no les pasa demasiado.

La situación se corrige parcialmente en la segunda mitad de la novela, en la que se producen revelaciones interesantes sobre algunos de ellos y Becky Chambers nos cuela sutilmente algunas reflexiones interesantes sobre las relaciones entre especies y las relaciones personales, a secas. Además, casi al final, hay un, un ÚNICO, momento de peligro que anima la movida, aunque el adversario, introducido únicamente para provocarlo y que luego no vuelve a aparecer, parece un personaje pegote, improvisado a última hora.

La alarmas, las luces que se encienden en los paneles de mandos como si fueran un árbol de navidad, los zarandeos y las averías detectadas, cantadas a voz en grito en medio de chapuzas heroicas y sin sentido, son recursos que funcionan bien en el cine y la televisión, pero no tanto sobre el papel. Aún así, cumplen su cometido.

Un mensaje tolerante, incluso pacífico, algunos alienígenas muy chulos y unos personajes simpáticos, cofiguran una novela agradable y fácil de leer, a pesar de la falta de acción, a la que sólo se le puede objetar que no deja demasiado poso.

jueves, 18 de abril de 2019

“Al final del invierno” de Robert Silverberg


Suele considerarse que el periodo dulce de la obra de Robert Silverberg fue el que transcurrió entre 1966 y 1976. “Al final del invierno” se publicó en 1988 y en casi todas las webs que he consultado se la considera una obra estimable, pero inferior a las de ese tiempo. A pesar de ello, es de las obras del autor que más he disfrutado durante este año. Cuenta la historia de una comunidad de seres humanos (seres humanos con pelaje, dotados del don de la telepatía, que reside en el “órgano sensorial”, que tiene todo el aspecto de ser una cola). La comunidad ha vivido encerrada en un refugio subterráneo durante milenios, después que una catástrofe sumiera la Tierra en una nueva era glacial. La novela sigue su odisea cuando salen al mundo de la superficie.

Es la historia de un pueblo que afronta el desafío de cambiar por completo su forma de vida, a través de los ojos de un buen puñado de personajes, todos ellos muy bien definidos y, a su modo, muy humanos. Mi favorito es el protagonista principal, Hresh el de las preguntas, devenido con el tiempo en Hresh el de las respuestas, consumido desde niño por el ansía de conocimiento, siempre desesperado por aprender más, muy sabio para su edad en algunos aspectos y muy inmaduro en otros. Incluso su tendencia a monopolizar el conocimiento adquirido me resulta muy humana.

Condición esta, la de la humanidad, muy importante en la novela. La revelación de la verdadera naturaleza del pueblo y como afecta a los protagonistas, es excelente. También me ha gustado que la novela transcurre en un futuro, tan, tan, pero que tan lejano, que la fauna de la Tierra ya no se parece prácticamente en nada a la actual y que en la época mítica anterior a la catástrofe, estaba habitada por más razas que la humana y, en principio, ésta no era la dirigente.

El libro está muy bien escrito, la prosa de Silverberg brilla especialmente en los momentos oníricos y visionarios, como tiene por costumbre. Cierto que, como también tiene por costumbre, son un poco artificiosos. Exudan sentido de maravilla, pero también son un recurso facilón para hacer avanzar la historia o solventar un problema. En ese sentido, lo que menos me ha gustado es el final. Hresh resuelve la situación más desesperada a la que su pueblo se ha enfrentado jamás con poco más que pase mágico de manos. Literalmente, se saca un conejo del sombrero que lo arregla todo.

Existe una continuación, inédita en España. Parece que Silverberg tenía prevista una trilogía que abandonó a causa de la poca recepción obtenida, lo que es un poco injusto, puesto que he leído trilogías, tetralogías y hexalogías mucho peores. Es fácil inferir por donde irían los tiros de la continuación y un vistazo a Internet confirma dicha suposición. Aún así, el desenlace es lo suficientemente cerrado para hacerla innecesaria.

Por último, añadiré que no he encontrado nada demasiado sexista en el libro. Los personajes femeninos positivos superan a los masculinos (aunque en el fondo sólo haya uno auténticamente negativo) y la sociedad del pueblo es un matriarcado.

Con tanto a su favor ¿porqué esta obra ha sido tan minusvalorada que nunca se la incluye entra las listas de lo mejor de Silverberg mientras que “El libro de los cráneos” si? Creo que se debe a su longitud y a su ritmo. Me ha llevado mucho tiempo leer “Al final del invierno”. Es un libro largo, que está narrado de un modo muy pausado, con lo que no sería de extrañar que muchos lectores se aburran. Quizá la razón de mi entusiasmo se deba a que he tenido la suerte de leerlo precisamente al ritmo que la obra requiere.

viernes, 12 de abril de 2019

“El último argumento de los reyes” de Joe Abercrombie



Con esta novela, Joe Abercrombie pone punto final a su trilogía de “La primera ley”, aunque existen otras tres novelas auto conclusivas ubicadas en el mismo mundo, un libro de relatos y está previsto que este año se publique el primer ejemplar de otra trilogía, de cuyas continuaciones ya ha escrito el borrador.
La novela mantiene las mismas características de sus predecesoras, es un libro orientado a personajes, de ritmo sosegado, salpicado por explosiones de violencia.

En “El último argumento de los reyes” el círculo se cierra, los protagonistas exponen sus verdaderos rostros y afrontan su destino. El arco de Logen me ha resultado el más impactante de todos. Hasta llegar a este libro, no había comprendido bien lo de que el único modo de convertirte en otra persona es viajar a lugares donde nadie haya oído hablar de ti. En cierto modo, el Logen que conocemos hasta ahora es el Logen que se ha reinventado a sí mismo y el lector ha aprendido a quererlo, incluso a ser indulgente con su “problemilla”, que aparecía en los momentos más críticos como un Hulk surgido del cuerpo de Bruce Banner. Pero ahora Logen vuelve al norte, a su hogar y el lector le ve a través de los ojos de los que de verdad le conocen y es testigo del tipo de actos por los que ganó el sobrenombre de “el sanguinario”. No es agradable.

Siendo, en líneas generales, un buen libro, “El último argumento de los reyes” para mi gusto es demasiado largo. Sus casi mil páginas se consiguen a fuerza de acumular acontecimientos, pero no todos igual de interesantes. Si bien lo relativo a la guerra del norte es excelente, los problemas personales de Jezal , aunque no carezcan de interés, parecen poca cosa en comparación y Ferro carece de su propio arco dramático, se limita a acumular escenas de combate, hasta que llega su hora decisiva. Me parece el personaje más desaprovechado de la saga. Los aspectos mágicos del relato cobran mayor importancia en este libro que en los anteriores. Lo malo es que son de escaso interés, a Joe Abercrombie ni se le dan muy bien ni le interesan. Su objetivo es más bien retratar la crudeza de la vida real, aunque sea desde el interior de un relato fantástico y eso si que lo consigue, aunque regodeándose con exceso en la tortura y el asesinato.

Para mi gusto, hay una cierta bajada de interés en el tercio final. Cada vez estoy más convencido de que es casi imposible narrar más de una gran batalla en el mismo libro, sin provocar el cansancio del lector. Después de la brillantez con la que se ha descrito la guerra del norte, el asedio de Adua, que debería ser el momento cumbre de toda la saga, resulta flojo. El modo en que cada personaje resulta vital para su desenlace y el punto de vista del narrador salta de uno a otro, abandonándolos siempre en medio de un colosal cliffhanger, suena a algo ya visto, o leído. Me ha parecido rutinario y manido.

Lo peor viene cuando termina la batalla final. Entonces Abercrombie dedica nada menos de cien páginas a atar cabos sueltos, desvelar las maniobras y motivaciones ocultas de cada personaje y guiar a cada uno hacia su destino. No son escenas aburridas, están bien contadas y lo que se descubre es interesante. Lo malo es que lo hace cuando la historia, a todas luces, ya ha terminado y al lector no le queda motivo alguno para seguir leyendo. Y si, se que Tolkien hizo exactamente lo mismo, pero tampoco me gustó en su momento.

viernes, 5 de abril de 2019

Posibles nueva entrega del Metaverso


El pasado día 24 de Marzo, Víctor Conde tuvo a bien pasarse por este blog. Como de pasada comentó que tiene ya escritas otras dos novelas del Metaverso, que están esperando en la cola, a ver si son publicadas por Alamut.

Curioso los vaivenes editoriales que está teniendo esta saga.

He tenido mis mas y mis menos con la obra de Víctor Conde, pero siempre he disfrutado su creatividad y admirado su profesionalidad. El ritmo de producción y publicación de este hombre es apabullante. 

Lo he pasado muy bien con las dos últimas entregas del Metaverso, así que espero que lo mismo le ocurra a Luis G. Prado.