Buscar este blog

No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

miércoles, 29 de marzo de 2017

“Earth: Final Conflict” una serie por encima de sus posibilidades.



Ahora que vivimos una época de devoción por las series de televisión, no está de mal recuperar el recuerdo de ésta, emitida originalmente entre 1997 y 2002, hace ya la friolera de 15 años.
Para los que sean demasiado jóvenes para recordarla, esta serie, supuestamente fruto de las notas de proyectos nunca realizados de Gene Roddenberry, empezaba 3 años después de que unos extraterrestres benévolos, los Taelons se aposentaran en la Tierra, trayendo la solución a males como el hambre, la enfermedad y la guerra, aunque no todo está tan claro sobre los Taelons y muchos sospechan que tienen secretos y objetivos ocultos que no supondrían nada buena para la humanidad. Los diferentes héroes de la serie son todos humanos infiltrados en el servicio de los Taelons, que fingen colaborar con ellos mientras los espían.

Resulta sorprendente que nadie se haya planteado hacer un remake de esta especie de cruce entre “V” y “Expediente X”. Quizá el nombre de Gene Roddenberry haya pesado demasiado, o lo hayan hecho los derechos de sus herederos. La premisa es terriblemente atractiva y la doble vida de sus protagonistas ofrece múltiples posibilidades para el suspense y el dramatismo: caminan por el filo de la navaja, siempre a punto de ser descubiertos y debatiéndose entre problemas de conciencia y lealtades divididas. Es más, sólo un personaje permaneció fijo entre sus cinco temporadas, anticipándose a la moda de los taquillazos actuales, en los que la audiencia se gana a fuerza de defunciones, aunque eso se debió mas que a la audacia de sus creadores a lo poco restrictivo de los contratos de sus actores.

Earth: Final Conflict” es una serie fruto de su tiempo, no está a la altura del nivel de sofisticación que ha alcanzado la televisión actual, tanto de guión como de puesta en escena. La realización es completamente impersonal, los guiones, rutinarios, las interpretaciones, siendo benevolentes, discretas. A pesar de ello y de los, tan innumerables como absurdos, intentos de hibridación humano-Taelon, se notaba en esta serie un esfuerzo por intentar hacer las cosas bien, por ser originales y explorar ideas inhabituales en el medio televiso de aquel entonces. En mi opinión, esta voluntad de superación la hace destacar entre las series de ciencia ficción contemporáneas. Incluso hay un intento de desarrollar un arco argumental a largo plazo, bastante ambicioso y en el fondo fallido. Esta serie es anterior a la entronización de los show runners, no hay ningún Straczinsky detrás de ella guiando todas las tramas hacia una conclusión lógica y con uno o varios destinos en mente para cada personaje. La ausencia de una mano firme en la producción ejecutiva y las salidas de los actores dan al arco argumental un tono improvisado, propenso a las incoherencias, cuyo epítome está en la figura de William Boone, protagonista de la primera temporada que:
 
 
- Parece morir, como cliffhanger final de la misma.
- Se insinúa que ha resucitado, aunque interpretado por otro actor, en la segunda temporada, sólo para darle una muerte mas dramática y significativa.
- Se le resucita por completo en la quinta temporada, interpretado de nuevo por Kevin Kilner.
- Sólo para que se nos comunique su muerte definitiva, al final de la misma, aunque fuera de cámara, sin que nadie la presencie.

Sin embargo, si estoy escribiendo esta entrada, no es tanto por lo que fue o no esa serie, sino por lo que pudo haber sido, por la potencia de sus metáforas. Es por eso que he subtitulado este post “Una serie por encima de sus posibilidades, porque lo que yacía bajo un envoltorio, las mas de las veces, mediocre, era un sustrato increíblemente atractivo, que excedía el talento y el entusiasmo de los que participaron en su producción.

Hablando claro, pocas veces he visto en la ficción una metáfora mas impactante del imperialismo y el colonialismo. Los taelons aparecen y, de repente, toda la humanidad se ve convertida en una nación del tercer mundo. Los taelons inundan a la humanidad con una tecnología innegablemente superior, pero que esta es incapaz de replicar y comprender, volviéndose tecnológicamente dependiente de sus productos. Se convierten en las nuevas celebridades mundiales, la moda les imita y surgen incluso cultos religiosos a su alrededor. Paralizan cualquier desarrollo propio e imponen sutilmente su propia cultura y sus valores y lo hacen convencidos de obrar por el bien de la humanidad. Una humanidad hacia la que la mayoría de ellos no siente mas que un ligero menosprecio. Hasta los taelons mas positivos (a veces parece que solo hay uno, el personaje de Da´an) consideran que su cultura es innegablemente superior. Lobotomizar a sus guardaespaldas para lavarles el cerebro les parece lo mas normal del mundo y en ocasiones usan del modo mas vil a los seres humanos, siempre con la connivencia de sus gobiernos.

El momento culminante de esta metáfora, es para mi el capítulo en el que se descubre que los taelons han creado instituciones benéficas, orfanatos, en los que se forma a los niños humanos en sus superiores valores. No tarda en descubrirse que los jóvenes formados en dichos centros, pasan a formar parte de un ejército en el que son usados como carne de cañón, voluntaria y entusiasta, en batallas allende el sistema solar, contra un imperio galáctico rival, del que nada sabe la Tierra y a la que poco puede importarle.

Según he oído, la serie recibió críticas por su supuesto contenido anti americano.

Pero eso no es todo. Entro ya de lleno en el terreno de los spoilers, porque lo que relato a continuación forma parte de la cuarta temporada, que, por lo que sé, jamás ha sido emitida en España ni en castellano.

Como en toda buena ciencia ficción pulp, la tecnología taelon está viva, no es tanto manufacturada sino cultivada y además, se basa en la energía, no en la materia.

Pues bien, en la cuarta temporada, la victoria final de la resistencia es arrebatada de las fauces de la catástrofe, no merced a uno de sus múltiples y heroicos sacrificios, sino por el avance inexorable de la entropia. A los artefactos taelons se les agotan las pilas. Como entes vivos que son, empiezan a enfermar y morir. Mientras sus naves se derrumban, los propios taelons lo hacen pasando de ser los señores de la creación a una especie en vías de extinción, a la que sus propios enemigos intentarán salvar.

De metáfora del imperialismo, en su tramo casi final, la serie se convierte en una metáfora del agotamiento de los recursos naturales, igual de impactante. No está mal para una serie de televisión canadiense de bajo presupuesto y menores pretensiones.

Lástima de quinta temporada. 3 años anterior a la publicación de la novela “Crepúsculo”, aunque posterior a las novelas de Anne Rice, se la podría considerar una advertencia contra la marea de ficción vampírica que estaba a punto de invadirnos, tan acertada como el resto de las temáticas de la serie, no se puede decir que sea igual de interesante.

 

martes, 21 de marzo de 2017

“Melanie” de Mike R. Carey

El estreno de la película “The girl with all the gifts” de Colm McCarthy hizo que recordara que en algún rincón de un armario, debajo de la ropa colgada entre unas cajas de zapatos, unas bolsas llenas de cómics y unas cajas de DVDs, tenía un ejemplar de esta novela.

En su día me fascinó la sinopsis, eso de la niña que vive en una celda en la que cada día, un sargento la apunta con una pistola mientras la atan a una silla de ruedas… para llevarla a clase.

Soy un admirador de los cómics de Mike Carey, como revelan los amargos post que dedico a la publicación de cada nuevo número de “The Unwritten” (ya salió el último tomo, ahora solo falta la novela gráfica “Tommy Taylor and the Ship that Sank Twice”) Pienso que su “Lucifer” fue casi una obra maestra, “The Unwritten” iba camino de de lo mismo, su Hellblazer fue una de las mejores etapas de John Constantine y hay historias muy buenas en sus X-men. Como mínimo, es un autor por encima de la media, cuyas historias tienen sentido y no se limitan a ser una acumulación de puñetazos. La segunda novela protagonizada por Félix Castor también me causó una buena impresión.

Melanie es una novela entretenida.
Es lo mejor que puedo decir.

Hace ya tiempo que comprendí que para disfrutar de la lectura, tienes que olvidarte de tus ideas preconcebidas y disfrutar de la historia que de verdad te está contando el autor, en vez de desesperarte porque no te está contando lo que a ti te gustaría o lo que la publicidad te hice creer que podías esperar. He leído bastantes libros que, a juzgar por sus contraportadas, eran grandes aventuras épicas, para luego descubrir que eran culebrones románticos y he logrado disfrutarlos como culebrones románticos. O intrigantes historias de exploración de mundos extraños, que luego resultaron ser ensayos filosóficos encubiertos y logré encontrarles interés como tales.

Pero, en ocasiones, al profundizar en la lectura, me encuentro atrapado en una historia que no es la que yo creía y, peor, que no es una historia que yo quisiera leer.

Eso es lo que me ha ocurrido con “Melanie”. Yo esperaba encontrarme con una desesperada historia de amor materno-filial, entre una niña a la que se considera un monstruo y una de sus profesores. Algo de eso hay, pero dura muy poco tiempo, alrededor de la cuarta parte de la novela. El resto es la típica historia del grupo de supervivientes deambulando por entre las ruinas del mundo, después de que haya sido asolado por una plaga zombie.

Esperaba algo en la onda de “El niño feo” de Asimov y me encontré con un capítulo de “Walking dead”. Y no de los mejores. El caso es que el subtítulo en español de la obra “Una novela de zombis” lo dejaba bien claro, no se les puede acusar de falta de sinceridad a los editores de Minotauro.

Parece mentira como puede cambiar uno en unos años. En mi blog hay un buen número de entradas bastante elogiosas dedicadas al cómic de Robert Kirkman. Acabé dejándolo aburrido, por lo repetitivo que se había vuelto y cogiéndole bastante manía a la temática zombie.

En fin, que la parte original de “Melanie”, aparte de justificar la epidemia con un hongo, se encuentra solo en las primeras páginas, el resto es una de esas historias de supervivencia que empiezan a estar tan tristemente manidas, en esta ocasión, escrita en presente de indicativo. Por lo demás, la prosa es simplemente correcta, de vez en cuando hay alguna metáfora o una imagen sorprendente, pero por lo general el estilo es totalmente convencional, carente del encanto que el uso de los clichés de la serie negra daban a las andanzas de Félix Castor. En un par de ocasiones, hasta ha llegado a cansarme el tiempo que dedica a preparar el clima o la atmósfera, justo antes de un golpe de efecto, como esas películas de miedo que hacen que me revuelta de impaciencia en mi asiento, mascullando entre dientes ¡Queréis dadme el susto de una vez, para que podamos seguir con la película!

Carey tiene bastante oficio como para que los paseos entre zombies aletargados y las carreras para huir de ellos cuando despiertan, mil veces vistos tanto unas como otros, resulten bastante entretenidos y tiene el buen gusto de no cargar las tintas en la extracción de tripas y casquerías que constituye una de las reglas del subgénero. Por el contrario, aunque sabe dotar a cada uno de sus protagonistas con su propia personalidad e incluso con su propio modo de hablar, los personajes principales resultan demasiado esquemáticos, con psicologías muy básicas, defecto que no habría llamado la atención en un guión cinematográfico o de cómic, pero si en una novela, al menos cuando no hay mas árboles en el bosque.

Mención aparte merece el grosero subrayado del personaje de Helen Justineau. Al igual que James Cameron en la versión extendida de “Aliens: el regreso” creyó necesario justificar el comportamiento protector de Ripley hacia las niñas con la historia de su hija perdida, aquí Carey cree necesario introducir un sentimiento de culpabilidad. Como si una mujer necesitara excusas para desarrollar sentimientos protectores hacia una niña de diez años que la adora.

La niña, Melanie, infectada por el hongo pero no completamente transformada, es sin duda el mejor personaje del libro. En mi opinión, Carey hace un trabajo mas que decente imaginando lo que pasa por la cabeza de una niña superdotada que ha pasado toda su vida en una celda y que descubre que la cercanía de un ser humano, aunque solo pretenda abrazarla, la producirá una frenesí de violencia y mordiscos. Los mejores momentos de la novela son los que transcurren desde su punto de vista. En los que descubre el mundo exterior no están mal, pero los mejores son los primeros capítulos, cuando el lector va comprendiendo poco a poco lo que pasa (que es horrible) y los últimos, cuando Melanie acepta su destino y el del mundo y toma una decisión que dudo que se hayan atrevido a incluir en la película (porque también es horrible). Entre esas dos rodajas de interés, el relleno del sandwich de la novela es una historia tópica y mil veces vista. Aún así, es entretenida. No es poco.











viernes, 10 de marzo de 2017

"El dinamitero" de Robert Louis Stevenson




La existencia de bibliotecas públicas me ha permitido degustar la novela "El dinamitero", que supone un broche final a “Las nuevas noches árabes”, incluidas en los cuentos completos de Robert Louis Stevenson con el título de “Mas mil y una noches”.

Ahora que estoy profundizando en su obra de estoy descubriendo una cosa: a Robert Louis Stevenson no le gustaba nada trabajar. No se trata solo de que en su bibliografía figure un “Elogio de la pereza”, para él, la condición de “asalariado” era la mas denigrante que existe. El hombre no había sido creado para ser esclavo de un horario sino para vagabundear, pasear, observar a la gente común, conversar agradablemente con sus amigos a cualquier hora del día o de la noche y levantarse tarde. Difícil de discutir, pero complicado de llevar a cabo.

En sus historias es habitual la figura de un señorito de buena familia, que ha recibido una buena educación y que, sin embargo, subsiste como puede únicamente gracias a una exigua pensión que le proporciona un albacea. A veces ni eso. Las simpatías de Stevenson hacia este tipo de figuras son evidentes.

Tres personajes de este tipo coinciden casualmente en un salón de fumar y acuerdan transgredir sus rutinas; la próxima vez que cada uno de ellos se encuentre ante lo inesperado, abrazará la oportunidad y se lanzará de cabeza a una aventura que le permita ejercer sus capacidades detectivescas y luego se volverán a reunir, para compartir sus gestas respectivas. Las historias de los tres jóvenes se entrecruzarán a partir de personajes comunes. Y como era de esperar, los tres jóvenes saldrán trasquilados de la experiencia.

Esta novela fue escrita por Stevenson en colaboración con su mujer Fanny Van Der Grift Stevenson y, aunque corregidos posteriormente por él, los capítulos “El ángel de la destrucción” y “La historia de la encantadora cubana” fueron escritos por ella en su totalidad. Me enteré mientras estaba leyendo el primero y fue un gran alivio, porque tengo a Stevenson en un pedestal y su lectura se me estaba haciendo insoportable. La artificiosidad del lenguaje, la cantidad de lugares comunes y amaneramientos me hacían creer que estaba leyendo una parodia de los folletines victorianos, en lugar de una obra de la época, solo que maldita la gracia que tenía. Era como esas cansinas exageraciones de los pulps, tan difíciles de leer, en las que a veces se enfrasca Allan Moore.

Y sin embargo… La cosa es que, a medida que ese capítulo se va volviendo cada vez mas delirante, también engancha cada vez mas y al final me tenía con el corazón en un puño. O lo mas cercano que puede estar un lector encallecido como yo. Y cuando en el capítulo siguiente descubres la verdad tras esos delirios, no pude menos que sonreír y reírme de mi mismo, tanto como del personaje que llevaba la batuta en aquel momento. Bravo, Stevenson y señora.

Robert Louis Stevenson tiene varias obras poco conocidas. Mientras que “La resaca”, también conocida como “Bajamar”, me pareció un gran novela, injustamente olvidada, “El dinamitero” tiene su olvido mucho mas merecido. No deja de ser un divertimiento, que puede incluso irritar al lector moderno, porque el tema principal de la novela es el terrorismo y podría acusarse al autor de tratarlo con frivolidad. Los terroristas de “El dinamitero” son intencionadamente ridículos, incompetentes, asustadizos, infantiles, de una crueldad tan absurda que los emparenta con los supervillanos y los genios del mal. Cero, a su modo el mejor personaje de la obra, resulta casi simpáticos, por su educación, su búsqueda de afecto, su entusiasmo y su inutilidad.

Tal vez Stevenson lo hizo aposta, para mostrar el absurdo de intentar defender causas justas masacrando inocentes. No me entiendan mal, ya desde las primeras páginas, la dedicatoria, condena enérgicamente el terrorismo y no muestra la menor duda en su postura moral, pero esa condena resulta demasiado fría y solemne, no puede decirse que llegue a conmover.

Me estoy metiendo en aguas demasiado revueltas. Consideraciones morales aparte, ciñéndome a lo puramente literario, me he referido antes a la novela como un “divertimiento” que no un “mero divertimiento” y que conste que no tengo nada en contra de los divertimientos, es mas, me encantan. Con esas palabras quiero decir que Stevenson es mucho Stevenson. Hay mucho provecho que puede sacarse de “El dinamitero”. Incluso una obra menor de Stevenson tiene fragmentos como “La historia de la bomba de Cero” que narra como el personaje de M'Guire se pasea por todo Londres intentando deshacerse de un maletín que contiene una bomba de relojería, con la cuenta atrás acercándose peligrosamente a su final y que, además, estallará si se abre el maletín. Este fragmento es, pura y llanamente, una obra maestra. Aparte de él, hay otros momentos muy emocionantes en la novela, la intriga y el suspense conviven con paletadas de sentido del humor e ironía supervisadas por una visión de la naturaleza humana tan pesimista como benevolente. Por si estas fueran pocas razones para leer “El dinamitero”, añadiré que sale el príncipe Florizel.

domingo, 5 de marzo de 2017

“Antrópica” de Alberto Moreno Pérez.



Ego nace, aparece o surge (que tendrá esta letanía que nadie que lea el libro puede resistirse a repetirla) en mitad de una planicie blanca. Sabe que se llama Ego, es capaz de mover y andar y de articular pensamientos coherentes, pero eso es todo. Eso y que en su interior siente una pulsión que lo obliga moverse y a explorar.

Así arranca esta novela, increíblemente valiente. Durante la mitad de la misma Alberto Moreno asume el reto de contar su narración a través de los ojos de un único personaje, que además carece de recuerdos y cuya personalidad exige que se limite a plasmar lo que le ocurre con la mayor objetividad posible. 

O sea,  que no hay flashbacks, ni soliloquios atormentados, ni arrebatos de inspiración poética en las descripciones, ni raptos de estilo que intenten hacer la trama mas interesante de lo que es. Solo una especie de muñeco blanco, desplazándose por un paisaje hecho del mismo material que lo compone. Parece el guión de uno de estos cortos de animación raros que hacen ahora, o de un juego de puzzles metales, de estos de conseguir que el avatar atraviese un paisaje plagado de obstáculos.

Y Alberto Moreno Pérez sale triunfador de este desafío. Consigue que nos enganchemos a los vagabundeos de su muñequito, en parte gracias a su uso del lenguaje, no por sencillo poco cuidado, que sabe ser objetivo sin resultar monótono, en el que destaco el uso preciso de las acotaciones, que en alguna ocasión me ha parecido casi magistral, habiendo sabido además limitar su número para que no se haga repetitivo:

La información que llegaba a mí a través de mis percepciones se sincronizaba con los conceptos que portaba ya dentro, y las etiquetas que encapsulaban esos conceptos – las palabras -


Pero, sobre todo, nuestra atención lectora es capturada por la extrañeza de los paisajes que rodean a Ego y del propio Ego, las estrategias que utiliza para atravesarlos, los sorprendentes encuentros con sus habitantes y el halo de misterio que lo envuelve todo. Aunque en algún momento las caminatas de Ego empiezan a alargarse demasiado, en general, la información está bien dosificada y el ritmo de lo narrado bien administrado. Conforme se avanza en la trama, llegan nuevas sorpresas, nuevas piezas del puzzle que aumentan la curiosidad del lector en los momentos adecuados.

Y el entorno en que transcurre todo resulta fascinante en su extrañeza.

Se que estoy siendo muy vago, pero, aunque cada vez lo repito mas, esta es OTRA de esas obras que no hay que dejar que te destripen.

Ahora bien, a pesar de su brevedad, mi interés encontró un bache notable. La segunda parte de la novela empieza con las explicaciones. Muy bien, en algún momento hay que darlas. El lector compulsivo de ciencia ficción ya tendrá en mente varias posibles explicaciones y sin duda la real será una de las que habrá considerado. Que Alberto Moreno lo insinúe cada vez que habla de Antrópica no ayuda a evitarlo. Nada que objetar en cualquier caso, son unas explicaciones convincentes a la altura de las expectativas creadas por el misterio. El problema es que terminan haya por la página 118 y hasta la 150 la narración parece haber perdido cualquier objetivo. Sin un Macguffin de altura que mantenga fija la atención, los nuevos vagabundeos por Antrópica carecen del interés previo.

En mi caso, además, algunas de las descripciones de paisajes montañosos o subterráneos me han resultado difíciles de visualizar, aunque no descarto que se deba a mi condición de urbanita calienta sillones, que conoce las palabras pero no entiende bien los conceptos.

A partir de la 150, la tercera parte, la cosa remonta. La aparición que marca el final de la novela es impactante, pero su, digamos “funcionamiento” parece tan ineficaz, que derriba mi “suspensión de incredulidad” pero un final, que plantea mas incógnitas que las que resuelve, me deja indeciso en mi valoración final. Al final no se trataba tanto de descifrar los misterios de Antrópica, como asistir al desarrollo de la personalidad de una nueva entidad. Al parecer. De ser así, ¿eran necesarias la segunda y tercera parte?

En cualquier caso, me ha resultado una lectura estimulante, distinta a lo que estoy mas acostumbrado.

Mención aparte merece el envoltorio en que viene servida, con unas ilustraciones en portada, contraportada y primera y última páginas, muy naifs, pero también muy fieles a la novela, que reflejan a la perfección la peculiar personalidad de la obra y le confieren una estética propia. En esta ocasión el envoltorio resulta a su manera tan atractivo como el contenido.

Parece mentira como pasa el tiempo, pero Ediciones el Transbordador ya tiene un buen puñado de títulos en el mercado. En los tiempos que corren nunca se puede saber con certeza, pero todo indica que empieza a consolidarse como editorial de literatura fantástica para escritores en castellano, que buena falta que hace, después de la desaparición de Espiral. Lo único que puedo reprocharles, es que hayan rechazado un manuscrito del que escribe estas palabras, aunque, seguramente, sus lectores se lo agradecerán.

jueves, 2 de marzo de 2017

“Futuros Perdidos” de Lisa Tuttle



Clare Beckett es una mujer madura, cuya vida fue marcada desde sus adolescencia por la muerte de su hermano. Con estudios de matemáticas, siempre se sintió interesada por la teoría de los universos paralelos, que le ofrecía la existencia de mundos en los que su hermano estuviera vivo. Al empezar la novela mientras languidece en un trabajo anodino y una vida solitaria en la que no es capaz de mantener una relación estable, empieza a experimentar recuerdos de esas otras vidas posibles, flahsbacks indistinguibles de sus propios recuerdos.

La novela parte de una premisa condenadamente atractiva y sabe desarrollarla. Lisa Tuttle no tira por el camino fácil, Clare no visita mundos en los que el imperio romano nunca desapareció, los nazis ganaron la segunda guerra mundial o los extraterrestres se pasean por nuestras calles, sino mundos virtualmente idénticos, en los que su vida siguió caminos diferentes, se casó con su ex y tuvo hijos, se convirtió en una matemática eminente o en una enferma mental. La novela digamos que se centra en los aspectos psicológicos y en el espacio interior. Es la historia de una mujer insatisfecha que quiere cambiar su vida y que no sabe como hacerlo, situación agravada por sus saltos de realidad.

 El personaje de Clare Beckett es la estrella de la función y los demás son meros comparsas. Algunos, como sus padres, reciben chispas de humanidad que los animan, otros, como sus ex novios o parejas de este u otro universo, resultan mucho mas esquemáticos. Sophie, su mejor amiga, me ha resultado irritante, porque es la típica mejor amiga y persona súper positiva que solo encontramos en la ficción y porque al comienzo hace de cicerón sobre determinadas teorías filosóficas y psíquicas que la autora necesitaba exponer. Es un modo clásico de hacerlo pero muy poco sutil.

Clare está bastante bien desarrollada como personaje, aunque tengo alergia a los que se definen por su pasado traumático, en esta ocasión el tópico está justificado por la trama.

En contra de lo que se ha dicho, no hay mucho suspense psicológico en la novela. Aunque en alguna ocasión se lo plantee, para el lector no existe la menor duda de que Clare esta cuerda. Sus recuerdos alternativos están demasiado elaborados y tienen tanto en común con aspectos de su realidad que ella no puede conocer, que lo hacen imposible.

La novela se lee muy bien y, además, es una novela breve, de apenas doscientas páginas, lo que resulta de agradecer en estos tiempos que corren. Sin embargo, me ha dado la sensación de que le sobran páginas, de que Lisa Tuttle tenía una idea brillante para su novela, construyó un personaje adecuado para protagonizarla y lo lanzó a sus páginas, para luego no saber que hacer con ella durante bastante tiempo.

Por casi la mitad del libro, Clare se limita a intentar contrastar las nuevas realidades que visita con su propio mundo, contándoselo a alguien con cuyo yo alternativo estuviera muy próxima la otra versión de sí misma, consiguiendo normalmente que la tomen por loca y destrozando su relación con esa persona. A esta parte le sobran muchas de sus escasa páginas. Los capítulos seis y siete, en los que va a visitar a su familia por navidad, me parecen totalmente prescindibles, incluyen algunas reflexiones interesantes sobre como el azar y decisiones que en su momento parecían triviales determinan el curso de nuestras vidas, pero que ya se hacen en otros momentos de la novela. Aunque aumentan algo la sensación de aislamiento de Clare, en el fondo, su único propósito es sacarla de la ciudad, para que su mejor amiga pueda ir a recibirla a su regreso. Podríamos habérnoslos ahorrado yendo directamente a esa escena, que sí es importante y si tiene repercusiones.

El último cuarto, cuando las cosas empiezan a ir mal, es realmente adictivo, pero aunque empieza con un clímax desasosegante, al final no resulta para tanto y, frente algunas reflexiones y observaciones de gran calado, abundan también muchas obviedades que parecen sacadas de libros de auto ayuda o galletitas de la fortuna: “Tendrás que elegir [..] solo te queda hacerlo lo mejor posible, hacer lo que creas correcto y recordad que tus opciones están limitadas por personas y fuerzas externas a ti”, Toma el control de tu vida”, “Sé tu misma en lugar de intentar satisfacer las expectativas de los demás”.

Eso no quita que el ¿final? tenga muchas cosas buenas, incluyendo ese sense of wonder al que tan adicto soy, pero a pesar de sus muchas cosas buenas, incluso excelentes, no me quito de encima la sensación de que la historia podía haber dado mas de sí, que Lisa Tuttle no consiguió extraerle todo su potencial.