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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

martes, 17 de mayo de 2011

"Mark" de Robin Wood y Ricardo Villagrán




"El viento gris soplaba arrachado a todo lo largo de la ciudad. Aquí y allá un remolino de papeles parecía volatilizarse por un segundo para luego silbar sobre el cemento y detenerse muerto otra vez. Muerto como la ciudad. Porque la ciudad está muerta, un gran cadáver de cemento con un millón de órbitas vacías mirando hacia el viento gris que continua desgastando ese inmenso cementerio silencioso. Un teléfono suena. Suena a intervalos perfectamente regulares y su sonido tintinea en el silencio del cemento, es llevado aquí y allá por el viento junto con papeles sucios y se pierde sin respuesta en el gran cadáver que nunca se pudrirá. El teléfono suena. Nadie responderá jamás. El cadáver de cemento está quieto en el viento, muerto petrificado, erizado de bocas vacías y órbitas cuadradas. Un cadáver de mil arquitecturas y de grandes venas grises. Algo se mueve en las venas de la ciudad muerta. Algo está quebrando la realidad polvorienta de ese cadáver perfecto."

¿He dicho ya lo mucho que me gusta la prosa de Robin Wood?

A Robin Wood debió de impactarle mucho la pelicula "The Omega Man", también conocida como "El último hombre vivo", pero también debió de parecerle que Charlton Heston era un media nena. Así que creó a Mark, un personaje dispuesto a dar a los mutantes su merecido.

La premisa inicial es totalmente similar, una nube tóxica arrasa la tierra, matando o convirtiendo en mutantes a casi toda la humanidad. Mutantes que visten hábitos con capucha como los de la película. También hay superviviente humanos, entre los que se encuentra una sorprendente cantidad de jovencitas en edad de merecer. Y por supuesto está Mark. Hijo de un militar que le enterró vivo para protegerlo y que le había enseñado a utilizar todo tipo de armas cuando solo debía contar con diez o doce años (lo que es muy útil para sobrevivir en mundos post-apocalípticos, pero da un mieeeedooooo..), se nos presenta al principio como el último adalid del espíritu humano. El hombre que lucha. Los humanos se han convertido en una raza mansa que sobrevive de los deshechos de la civilización, que mueren a manos de los mutantes sin defenderse, capaces de huir pero no de luchar por los suyos, abocados a un conformismo pesimista. Salvo Mark, claro está. Robin Wood no siente respeto por los que viven escondidos como conejos, incluso en el episodio 10 "Gloria",ajustará las cuentas con un trasunto del Robert Neville de Matheson, que saldrá malparado de la comparación.

Pero pronto, desde el primer capítulo de hecho, se añaden nuevos elementos a la mezcla de cosecha propia: La Ciudad. Arca de Noé protegida por una cúpula que debería ser el germen de un nuevo mundo, se revelan como un nuevo antagonista. Probablemente en su momento pretendió ser una metáfora de la deshumanización del mundo moderno, una advertencia de un horror tecnológico que ahora parece mas lejano, sustituido por versiones mas prosaicas. En la ciudad todo está regido por computadoras de luces de colores, hay un consejo de ancianos sobrevivientes de la catástrofe, pero todos los nuevos nacidos son genéticamente perfectos guapetones, idénticos y carentes de emociones, solo conocen la ciencia y no ningún tipo de manifestación artística. Nada mas alejado del horror diario, en el que la gente no solo desconoce la ciencia, sino que está orgullosa de ello, pero no me hagan hablar....




El caso es que la ciudad aspira a poblar el mundo y no quiere competencia, así que no duda en eliminar a los superviviente humanos, utilizando a los mutantes para ello, a los que soborna con medicamentos y alimentos.

A la ciudad luego se les añadirán los destructores, unos skin heads casi invencibles en el combate que destruyen todo signo de civilización.... porque sí, y las amazonas, mujeres que piensan que la culpa de la catástrofe la tuvieron los hombres a los que hay que exterminar para que el nuevo mundo sea de las mujeres durante una breve aunque gloriosa generación, pero esta facción nunca llega a suponer una amenaza seria.

La serie sigue el típico esquema de los comics de Robin Wood, personaje vagabundo que recorre el mundo metiéndose en líos y desfaciendo entuertos. La prosa de Robin Wood sigue siendo tan poética y brillante como siempre. Sus descripciones de las ciudades desoladas son de lo mas impactante. Robin Wood, al contrario que Matheson, no está por reflexiones sobre la normalidad y la diferencia, sus mutantes en general son monstruos malvados y peligrosos, pero aún así huye de los convencionalismos. A menudo los humanos con los que se encuentra son mucho peores que ellos, a lo largo del comic, en nombre de la supervivencia somos testigos de todo tipo de atrocidades egoístas, de como se violan todos los tabues y normas que intenta imponernos la civilización, pero también hay destellos puntuales de esperanza y sacrificio que no son exclusivos de la humanidad: en el capítulo 6 "Yo, mutante", aparece un mutante que se aferra a su humanidad a pesar de su transformación: "No creo en el odio. Me niego a él. Me negué a él cuando era un hombre y me niego a él ahora que soy....lo que soy" y que llegará a sacrificarse para salvar a Mark, solo porque este le ofreció la mano: "Ahora sé que nadie podrá acabar con su raza y con la mía, con la nuestra, la raza de los que aún podemos extender una mano. No podrán destruirnos, somos parte del mundo. !Somos el mundo!. !Somos el universo!. !Somos las fuerzas justas y jamás las fuerzas oscuras nos vencerán!. !Nunca! !Nunca!". En otros episodios aparecen otros mutantes mas humanos que muchos de los humanos que Mark se encontrará, y otros que, sin ser héroes, son personas normales, que solo buscan seguir con su vida.

Sin embargo, aunque el talento del guionista paraguayo permanece intacto, hay algo que funciona peor que en otras obras. Para empezar, la ciencia ficción nunca es el género que se le ha dado mejor. Cuando lo escribe es de temática muy pulp, así Mark se encuentra con un buen montón de científicos locos, que intentan pergeñar experimentos absurdos, con una clara fijación por los transplantes de cerebro. El nivel de las historias es algo irregular, aunque siendo justos, hay que reconocer que no se puede decir que escriba ninguna mala, y en algunos casos, me vienen a la mente el ya mencionado "Yo, mutante!", o el primer episodio Mark, son de puta obra maestra. Pero el otro escollo es que, al contrario que la mayoria de sus personajes, Mark resulta muy poco carismático. Es apenas un gigantón con armas, su personalidad carece de matices, nunca profundiza en ella y, lo que es peor, carece de encanto. Los personajes de Robin Wood suelen ser figuras de leyenda, héroes carismáticos que se alzan por encima de los mortales. Frente a ellos Mark parece decididamente gris, por comparación. Incluso su compañero durante la mayor parte de la serie, Hawk, el hombre del brazo negro, de sorprendente parecido con Nathan "DaySpring" Summers (aka Cable), resulta mas carismático que él.




Ricardo Villagrán no contribuye a solucionarlo,con su tendencia a vestirlo con ropas que mas parecen sacadas de una fraternidad universitaria pija de estados unidos, que del desierto post apocalíptico de Mad Max.

La serie tiene una duración muy prolongada, lo que da lugar a altibajos en el interés. Uno de sus picos es sin duda la caida de La Ciudad y la llegada de Beast. La Ciudad se había convertido en un antagonista poco brillante, y el grafismo de Ricardo Villagrán no ayudaba. Compañero de fatigas de Robin Wood en ese pequeño clásico de la fantasía heroica que es "Ord-Grund", se trata de un dibujante trabajador, que no se ausenta en ninguno de los 108 episodios que he encontrado, tendente a reutilizar dibujos y rostros, tiene un gran dominio de la anatomía y es capaz de dibujar casi cualquier cosa de un modo creíble, pero sus diseños para la ciudad no acaban de cuajar.

Esos trajes ajustados,



esos robots que parecen salidos de "Forbidden Planet",





no impresionan precisamente, así que no puedo decir que lamentara su pérdida, máxima cuando de sus cenizas se alza Beast, un enemgio de altura, un adversario imponente frente al que Mark encuentra por fin su razón de ser. Definido por su oposición, alcanza por fin su carisma cuando se convierte en el antagonista incansable de Beast, el líder que aglutina a los superviviente humanos y parece crear la resistencia con sus propias manos.

La época que va desde los primeros augurios del destino de La Ciudad hasta la resurrección de Hawk, (atormentado por un rebrote del virus tecnoórganico, ...digo..... de las mutaciones), es sin duda la mejor de la serie. Por desgracia después de ella Robin Wood parece perder el interés. Deja los guiones primero en manos del inferior talento de su discípulo Ricardo Ferrari, que, talentoso al fín, hará unas historias menos belicistas en las que se emprende la reconstrucción de la civilización, para caer finalmente en las terribles manos de Armando Fernandez, quien, al menos, supo darle una conclusión, y llegó al fin el enfrentamiento con Beast.

Queda una larga saga, tal vez menos memorable que otras del mismo guionista, pero repleta de interés, con su peculiar poética y humanismo, y un buen puñado de obras maestras.

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