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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

sábado, 22 de junio de 2019

“La esfera luminosa” de Cixin Liu



Con su trilogía de “El problema de los tres cuerpos”, Cixin Liu se convirtió por derecho propio en un lector que debía ser leído por los aficionados a la ciencia ficción, a pesar de sus innegables defectos. El lector que se asome a “La esfera luminosa” encontrará en esta novela todos sus defectos, pero muy pocas de sus virtudes.

La historia de un científico obsesionado por descubrir la explicación de las “esferas luminosas” del título, un extraño fenómeno meteorológico con aspecto de globo de luz que todavía hoy tiene perplejos a los científicos, desde que presenció de niño como una de ellas reducía a cenizas a sus padres, discurre a bandazos, sin terminar de encontrar una dirección clara.

Sus lectores seguimos los estudios del doctor Chen, sus primeras investigaciones y cómo se alía con una militar, decidida a convertir las esferas luminosas en armas. sin demasiado interés. La trama carece de un objetivo claro, no hay un motivo incite al lector a seguir leyendo el libro. Los personajes, por supuesto, carecen de interés, esto es una obra de Cixin Liu, a fin de cuentas, pero en esta ocasión parecen tener más peso que en obras anteriores, lo que contribuye a empobrecer la lectura, puesto que son infantiles, superficiales o absurdos. Para que se hagan una idea, el momento “cumbre” de la novela, es cuando uno de ellos explica sus motivaciones en un largo y prescindible soliloquio, que no consigue captar la atención del lector mejor intencionado.

Personajes aparte, lo que les ocurre tampoco es particularmente entretenido,, aunque al final Cixin Liu intente animar la cosa un poco, con, guerra, batallas y catástrofes, para mi gusto sin conseguirlo. El punto fuerte del autor es su capacidad para especular y sus especulaciones en “La esfera luminosa” son muy comedidas. Aunque nunca estuviera seguro de cuan exacta era la ciencia que aparecía en el tercer tomo de su trilogía, no podía dejar de asombrarme ante lo aventurado de sus aplicaciones. Podía ser que la tecnología que describiera nunca llegara a existir, pero, si lo hiciera, era muy probable que cambiara el mundo del modo en que describía.

Es “La esfera luminosa”, se hace un gran descubrimiento científico, pero no se describe como ese descubrimiento afecta al mundo, lo que venía siendo el punto fuerte del autor. Y ante la probabilidad de ese “descubrimiento”...

Si en mi reseña de “El fin de la muerte” comentaba que me quedaba la duda de si con todo aquel rollo de las dimensiones estaba diciendo gilipolleces o realizando un brillante juego especulativo con teorías científicas, con la tesis central de “La esfera luminosa” no me queda ninguna duda: está diciendo gilipolleces. Y la mayor parte del tiempo, no son gilipolleces asombrosas, ni siquiera divertidas.

Recalco lo de “la mayor parte del tiempo”. Aquí y allá hay destellos del Cixin Liu que encandiló a los lectores occidentales. Desperdigadas a lo largo del libro hay alguna especulación cautivadora, los capítulos de “fenómenos extraños” son intrigantes y captan la atención del lector y el modo en que aplica a objetos macroscópicos las reglas de la mecánica cuántica es… curioso. También hay una reflexión, muy tímida y superficial, sobre las relaciones entre la ciencia y el desarrollo de armamento y el final, el último par de páginas, es bastante bueno. Además, no es demasiado larga y la cantidad de sucesos puede compensar la irrelevancia de la mayoría. Factores estos que pueden bastar para justificar su lectura, si no al común de los lectores, si a los fans de Cixin Liu.

En el epílogo, el autor afirma que cuando escribió “La esfera luminosa” ya tenía casi terminada la trilogía de los Tres Cuerpos, pero que la publicó primero porque pensó que sería más accesible al lector chino y que es una especie de precuela. No tengo motivos para dudar de su palabra, a fin de cuentas la cabeza de un escritor puede ser un auténtico caos en el que todas sus obras, nacidas de sus experiencias e intereses personales, se relacionan unas con otras, pero a mi no me lo parece. Es más, esas declaraciones lo que me parecen es un burdo truco publicitario, para intentar atraer a los lectores de obras anteriores.

En una palabra: floja.








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